McGRATH, Alister (2007). El acompañante bíblico de la NVI

McGRATH, Alister (2007). El acompañante bíblico de la NVI

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EL ACOMPAÑANTE BÍBLICO DE LA NVI

ALISTER McGRATH 2007 - Editorial Vida

CONTENIDO Introducción EL ANTIGUO TESTAMENTO Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Rut 1 y 2 Samuel 1 y 2 Reyes 1 y 2 Crónicas Esdras Nehemías Ester Job Salmos Proverbios Eclesiastés Cantar de los cantares Isaías Jeremías Lamentaciones Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahúm Habacuc

Sofonías Hageo Zacarías Malaquías Tabla de tiempo del Antiguo y Nuevo Testamento EL NUEVO TESTAMENTO Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos 1 Corintios 2 Corintios Gálatas Efesios Filipenses Colosenses 1 Tesalonicenses 2 Tesalonicenses 1 Timoteo 2 Timoteo Tito Filemón Hebreos Santiago 1 Pedro 2 Pedro 1. 2 y 3 Juan Judas Apocalipsis

INTRODUCCIÓN El cristianismo constituye las mejores noticias que el mundo jamás ha conocido. Enfoca la esperanza de la vida eterna y la resurrección que son hechas posible por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Los que han descubierto el gozo del evangelio conocerán la paz y deleite que viene al conocer a Cristo. La Biblia, a la que los creyentes a menudo se refieren como las «Escrituras», relata los grandes sucesos históricos sobre los que se basa el evangelio cristiano. Nos asegura que el evangelio se fundamenta sobre la roca de la verdad histórica. Da sustancia a la esperanza y alegría de la vida cristiana. Nos permite tener un cuadro de la persona de Jesucristo y darnos cuenta de la enorme atracción que él tuvo hacia la gente común. Leer los cuatro Evangelios nos proporciona un entendimiento y apreciación de Jesucristo. No hay mejor lugar para empezar a leer las Escrituras que con uno de los Evangelios. El libro de los Hechos de los Apóstoles también indica la gran alegría y deleite que las buenas nuevas trajeron a los hombres y mujeres al empezar su expansión explosiva por el mundo civilizado. Sin embargo, la Biblia hace más que permitirnos apreciar la atracción del evangelio y su figura central, Jesucristo. Va más allá de la venida de Jesucristo, y nos ayuda a entender el gran sentido de expectativa que había levantado en el judaísmo. Al leer el Antiguo Testamento, podemos entender la manera en que Dios estaba preparando el camino para Jesús. Podemos retroceder en la historia y apreciar las esperanzas y expectativas de la comunidad de fe del Antiguo Testamento, mientras ellos miraban al futuro sabiendo que contendría la benignidad del largamente esperado Mesías de Dios. A leer los relatos de los Evangelios en cuanto a Jesucristo, podemos ver cómo Cristo cumple esas grandes esperanzas. La Biblia también nos ayuda a entender la diferencia que conocer a Jesucristo implica para la manera en que los creyentes piensan y se conducen. Las cartas del Nuevo Testamento nos ayudan a comprender las ideas básicas del evangelio cristiano: las doctrinas centrales que resumen el entendimiento cristiano de la manera en que las cosas son, y la esperanza que el evangelio trae al mundo. También nos ayudan a entender la manera en que conocer a Cristo debe afectar la forma en que nos comportamos. Las

cartas de Pablo, por ejemplo, están llenas de consejos sabios sobre cómo los creyentes deben vivir en un mundo pagano... consejos que continúan siendo pertinentes y útiles hoy. ¿Por qué un comentario? Así que, ¿por qué un comentario? ¿Por qué no simplemente leer la Biblia y empaparse de su sabiduría? La respuesta más sencilla es que la Biblia se lee mejor en compañía. Una de las razones por las que los grupos de estudio bíblico son tan populares es que le permiten a uno escuchar a otros hablando de sus nociones en cuanto al significado y pertinencia de la Biblia. Los comentarios son así. Le dan a uno acceso a la sabiduría de otros. Los comentarios vienen en formas diferentes. Algunos son muy técnicos, tratan de los detalles del trasfondo histórico de los libros, y exploran a profundidad el significado gramatical y teológico preciso del texto. Otros son devocionales, destinados a ayudar al lector a acudir a la oración y a la adoración como resultado de leer las Escrituras. Algunos dedican volúmenes enteros a un solo libro de la Biblia. Otros tratan de examinar la Biblia en un espacio más breve; esta obra es uno de estos. Este comentario en un solo volumen está diseñado para darle al lector un vistazo de las principales características de la Biblia. Está escrito por un solo autor, lo que asegura el mismo nivel y estilo de escritura en toda la obra. Aunque no hay espacio en un solo volumen para tratar con todas las preguntas posibles, tal libro puede despertar el apetito del lector para buscar más y fortalecer su confianza en su propia capacidad de leer y beneficiarse de la Biblia. Si usted ha sido creyente por algún tiempo, es probable que se considere listo para empezar a leer la Biblia de inmediato. Si usted es un creyente nuevo, o piensa que podría aprovechar un poco más de información... ¡siga leyendo! ¿Qué hay en la Biblia? La Biblia se divide en dos secciones principales, a las que nos referimos como Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento consiste de treinta y nueve libros, empezando con Génesis y terminando en Malaquías. La primera sección de la Biblia trata de la historia del pueblo de Dios antes de la venida de Jesucristo. La misma nos ayuda a entender los planes de Dios para su pueblo y la forma en que él escogió redimirlos. Nos presenta las grandes esperanzas de intervención divina en la historia, que a

la larga se cumplirán por medio de Jesucristo. Es imposible apreciar la plena importancia y maravilla del evangelio sin darse cuenta de la preparación para la venida de Cristo en la historia del pueblo de Dios. El Antiguo Testamento en sí mismo incluye diferentes clases de escritos. Apreciar sus diferentes naturalezas le ayudará a captar más al leerlos. Las principales secciones del Antiguo Testamento son las siguientes: 1. Los cinco libros de la ley (a los que a veces también se les llama Los cinco libros de Moisés, o el Pentateuco): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Tratan de la creación del mundo, el llamado de Israel como pueblo y su historia temprana, incluyendo el éxodo de Egipto. La historia que relatan termina con el pueblo de Israel a punto de cruzar el río Jordán y entrar en la tierra prometida. Uno de los temas más importantes de estos libros es el otorgamiento de la ley a Moisés y sus implicaciones para la vida de Israel. 2. Los libros históricos: Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester. Estos libros tratan de varios aspectos de la historia del pueblo de Dios desde su entrada a la tierra prometida de Canaán hasta el regreso del pueblo a Jerusalén después del exilio en Babilonia. Incluyen relatos detallados de la conquista de Canaán, el establecimiento de una monarquía en Israel, los grandes reinados de los reyes David y Salomón, la ruptura de la sola nación de Israel en dos partes (el reino del norte de Israel y el reino del sur de Judá), la destrucción de Israel por los asirios, la derrota de Judá y el exilio de su pueblo por parte de los babilonios, y el retorno final del exilio y la reconstrucción del templo. Los libros están compilados en orden histórico. 3. Los profetas. Esta sección principal del Antiguo Testamento contiene los escritos de un grupo de individuos, inspirados por el Espíritu Santo, que trataron de dar a conocer al pueblo la voluntad de Dios en un período de tiempo. Hay dieciséis escritos proféticos en el Antiguo Testamento que por lo general se dividen en dos categorías. Primero, están los cuatro Profetas mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. A estos le siguen los doce Profetas menores: Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías. El uso de las palabras «mayor» y «menor» no implica un juicio en cuanto a la importancia relativa de los profetas. Se refiere solo al largo de los libros que se consideran. Los escritos proféticos están compilados aproximadamente en orden histórico.

Otros tipos de libros que se pueden destacar incluyen los Escritos de sabiduría: Job, Proverbios y Eclesiastés. Estas obras consideran la pregunta de cómo se puede hallar la verdadera sabiduría, y a menudo proveen ejemplos prácticos de sabiduría. También se debe notar otra categoría de escritos que está fuera del Antiguo Testamento: los Apócrifos. A veces se les llama «escritos deuterocanónicos». Incluyen una serie de escritos posteriores a los tiempos del Antiguo Testamento que, aunque informativos, los cristianos no los han considerado como de importancia obligatoria. Algunas Biblias incluyen esta sección de escritos; otras, como la NVI, no la incluyen. El Nuevo Testamento es de vital importancia para los cristianos, y presenta los sucesos básicos y creencias del evangelio cristiano. El Nuevo Testamento, que consta de veintisiete libros, es mucho más corto que el Antiguo Testamento. Se recomienda fuertemente a los nuevos lectores de la Biblia que empiecen leyendo uno de los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La palabra «evangelio» en esencia quiere decir «buenas noticias». Cada uno de los cuatro escritores de los Evangelios —o «evangelistas», como a veces se les conoce— presenta los acontecimientos básicos que están detrás de las buenas noticias. Estos cuatro libros describen desde diferentes puntos de vista la vida de Jesucristo, la cual alcanza su clímax glorioso en su resurrección, así como también presentan sus enseñanzas. Los cuatro Evangelios tienen características distintivas: por ejemplo, Mateo se preocupa por presentar la enseñanza de Jesús, en tanto que Marcos se interesa más en concentrarse en la última semana de su vida terrenal. Tomados en conjunto, todos los cuatro se combinan para dar un relato comprensivo de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Proveen los principales bloques de construcción de la fe cristiana, permitiendo a los lectores entender por qué los creyentes creen que Jesucristo es en verdad el Señor y Salvador del mundo. A veces se hallará que se usa el término Evangelios Sinópticos para referirse a los primeros tres Evangelios (Mateo, Marcos y Lucas); y este es un término que se refiere a su estructura literaria similar. Por lo general se hace referencia a los Evangelios simplemente por el nombre de su autor —tal como «Marcos»— en lugar de usar la frase más larga «el Evangelio según Marcos». A los Evangelios les sigue un relato de la expansión del cristianismo. ¿Cómo fueron recibidos en ese tiempo los sucesos que se describen en los Evangelios? ¿Cómo se extendió el evangelio de Palestina a Europa? Estas preguntas las considera el libro de los Hechos de los Apóstoles, al que casi

siempre se le menciona solo como «Hechos». El Evangelio de Lucas y Hechos fueron escritos por el mismo personaje: Lucas. La próxima sección principal de material del Nuevo Testamento son las Cartas, a las que a veces todavía se las menciona por la palabra más antigua Epístolas. Estas cartas proveen enseñanzas con respecto a las creencias y la conducta cristianas, las cuales son tan importantes hoy como lo fueron en el momento en que se escribieron. Algunas de las enseñanzas falsas que surgieron en el período temprano de la historia del cristianismo continúan surgiendo en tiempos presentes, y estas cartas proveen recursos importantes para defender la integridad de la fe cristiana hoy. La mayoría de las cartas fueron escritas por Pablo, cuya conversión a la fe cristiana le llevó a emprender un programa amplio de evangelización e iniciación de iglesias. Muchas de sus cartas fueron escritas a las iglesias que había iniciado, brincándoles consejo. Todas las cartas de Pablo están escritas a individuos (tales como Timoteo o Tito) o a iglesias (como la iglesia de Roma, Corinto o Filipos). Aunque a veces se menciona estas cartas usando la forma de «Primera Carta de Pablo a Timoteo» o «Segunda Carta de Pablo a los Corintios», de forma más común se las menciona solo como «Primera a Timoteo» o «Segunda a los Corintios»; y en forma escrita simplemente como «1 Timoteo» o «2 Corintios». Otros escritores de cartas son los apóstoles Pedro y Juan, así como también el autor desconocido de la carta a los Hebreos (posiblemente Bernabé o Apolos). A menudo las cartas describen la adversidad que enfrentaban por el evangelio, o el gozo que este le proporcionaba al escritor y a los destinatarios de la carta. Nos recuerdan que el cristianismo no es simplemente un asunto de ideas. ¡Es una cuestión de vidas cambiadas! Las cartas no son textos aburridos de doctrina, sino testimonios vivos de la fe que incluyen una enseñanza doctrinal. Hay que notar que todas estas cartas se identifican por la persona que las escribió antes que por las personas a las que fueron escritas. Aunque a veces se usa los títulos completos, tales como «Primera carta de Pedro», de modo más común se mencionan en su forma más breve, como por ejemplo «Primera de Pedro». Aquí se deben hacer notar dos términos, A las cartas de Santiago, Juan, Judas y Pedro a veces se las menciona como «Cartas generales» o «Epístolas católicas», para indicar que se destinan a los lectores en general. A diferencia de las de Pablo, no parecen haber sido escritas para un público específico, sino que tenían el propósito de que se las leyera de forma amplia. El término «Cartas pastorales» a veces se usa para referirse a las dos cartas de Pabló a Timoteo y su carta a Tito, que tratan en particular de

asuntos de importancia pastoral (es decir, el cuidado de las personas en la iglesia). El Nuevo Testamento termina con Apocalipsis, que forma una clase por derecho propio. Representa una visión del fin de la historia, en la que al escritor se le permitió ver el cielo y obtener un vistazo de la nueva Jerusalén que está preparada para los creyentes. ¿Dónde empiezo? Una posibilidad sería empezar en Génesis —el primer libro del Antiguo Testamento— y recorrer todo el texto hasta el último libro del Nuevo Testamento. Sin embargo, esa no es una idea muy buena. La manera más apropiada de leer la Biblia es empezar leyendo uno de los Evangelios. Al hacer esto se enfoca en Jesucristo, y se familiariza con el cimiento histórico de la fe cristiana. A menudo se ha dicho que «el cristianismo es Jesucristo». Leer uno de los cuatro Evangelios le pondrá cara a cara con la figura central de la fe cristiana. Así que, ¿por cuál de los cuatro Evangelios debe empezar? Cada uno tiene un carácter distintivo. Mateo se preocupa en especial por destacar cómo la vida, muerte y resurrección de Jesucristo cumple las grandes profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías y Salvador que vendría. Marcos es breve y de paso rápido, destacando con claridad el impacto asombroso que Jesús ejerció sobre los que le rodeaban. Lucas se interesa en particular por destacar la importancia de Jesús para los que no son judíos. Juan es el más reflexivo de todos los Evangelios, y le dará un material sólido para pensar. La decisión es suya. Sin embargo, sea cual sea el Evangelio por el que usted decida empezar a leer, asegúrese de leer los otros tres, todos o en parte, en algún momento. ¿Cuál es su siguiente paso? Usted puede empezar a leer la rápida expansión del evangelio según la relata los Hechos de los Apóstoles. Esto es algo muy apropiado en especial si usted acaba de leer el Evangelio de Lucas, puesto que Hechos empieza donde termina Lucas. También puede tratar de leer una de las Cartas, para ver cómo el evangelio puede cambiar las vidas y esperanzas de las personas. La Carta de Pablo a los Filipenses es una selección en particular apropiada para el siguiente paso. Es breve y muy fácil de leer. Para los que quieren algo de material de carácter más doctrinal, la carta a los Romanos o a los Gálatas son especialmente importantes.

Después de adquirir una comprensión del evangelio, tal vez quiera regresar al Antiguo Testamento y explorar el trasfondo de la venida de Jesucristo. Muchas traducciones y ediciones de la Biblia facilitan la lectura proveyendo notas al pie de la página o referencias al margen (véase la próxima sección) a pasajes pertinentes en otras partes de la Biblia. El mejor consejo, sin embargo, es estudiar la Biblia con otros, sobre todo en grupos que incluyan creyentes de mayor edad y más experiencia. Ellos podrán explorar tanto el significado como las implicaciones de los pasajes bíblicos para la vida cristiana hoy. Su iglesia local, universidad, o incluso su lugar de trabajo, tal vez tengan un grupo de estudio bíblico cristiano que auspician. ¡Búsquelo, y únase! Si no ha empezado a asistir a una iglesia evangélica, hágalo. Trate de hallar una que tome la Biblia en serio. Esta clase de iglesia tendrá sermones que examinan pasajes bíblicos importantes, y también tendrán grupos de estudios bíblicos como parte integral de su programa de enseñanza y respaldo. Cómo referirse a los libros bíblicos Es preciso considerar un punto final. ¿Cómo usted identifica el pasaje bíblico que quiere estudiar o considerar? Para hacer esto lo más fácil posible se ha desarrollado una especie de forma abreviada para referirse a los pasajes bíblicos a través de los años. Una vez que la entienda, usted la conocerá para el resto de su vida. A continuación, exploraremos esto de forma breve. Para ubicar un versículo en la Biblia necesita identificar tres cosas: el libro de la Biblia, el capítulo de ese libro, y el versículo de ese capítulo. Para cerciorarse de que entiende esto, busque Hechos de los Apóstoles, capítulo 27, versículo 1; ¿Cuál es el nombre del centurión que se menciona en este versículo? Si su respuesta no es «Julio», verifique su referencia de nuevo. Ahora, pase a la carta de Pablo a los Romanos, capítulo 16, versículo 5. ¿Quién fue el primer convertido a Cristo en Asia? Si su respuesta no es «Epeneto», verifique de nuevo. El sistema mencionado antes es incómodo. Escribirlo todo: como «Carta de Pablo a los Romanos, capítulo 16, versículo 5», lleva demasiado espacio. Así que se abrevia como sigue: Ro 16:5. Esta es la forma estándar de referencia, con las siguientes características: 1. Una abreviatura del libro de la Biblia a que se hace referencia, que consiste por lo general de dos o tres letras (tales como 1R para «1 Reyes», Mt para «Mateo», Ro para «Romanos», y 1Co para «1 Corintios»);

2. El número del capítulo de ese libro, seguido por dos puntos (:); 3. El número del versículo en ese capitulo. Una lista completa de los libros de la Biblia, con sus abreviaturas regulares, se puede hallar en una tabla que sigue a esta introducción. Para verificar que ha aprendido cómo usar este sistema, pruebe lo siguiente. Haga corresponder los siguientes versículos bíblicos con la ciudad a la que se refiere cada uno. Hallará las respuestas al final de esta sección.

2Ti 4:12

Éfeso

Lc 24:50

Betsaida

Jn 1:44

Betania

2R 24:16

Jerusalén

Is 51:17

Babilonia

Ahora establezca una correspondencia entre los siguientes versículos bíblicos y los individuos a los que se refieren: 1Co 16:19

Pablo

Hch 18:1

Aquila y Priscila

Ro 4:1

Abraham

Ef 6:21

Silas

1P 5:12

Melquisedec

Heb 7:15

Tíquico

Ya que está familiarizado con este sistema, hay algunos puntos menores que es necesario mencionar.

Primero, algunos libros de la Biblia son tan breves que consisten solo de un capítulo (Abdías; Filemón; 2 Juan; 3 Juan; Judas). En este caso, solo se cita el número del versículo. Así, Flm 2 es una referencia al versículo 2 de Filemón. Segundo, un comentario que trata de un pasaje de un libro bíblico específico (tal como Génesis) tal vez necesite referirse a otro pasaje del mismo libro. En este caso, el nombre del libro se omitirá. Así, en un comentario sobre Génesis, una referencia a Gn 12:1 simplemente aparecerá como 12:1. Tercero, a cada Salmo individual se le trata como un capítulo del salterio. Así, una referencia a Sal 23:1 es una referencia al versículo 1 de Salmo 23. Por último, en los libros más viejos hallará que no siempre se seguía este sistema. Se ha usado numerales romanos, números en voladita, y toda clase de puntuación. Para darle una idea de la variedad, las siguientes son algunas de las maneras para referirse a la Segunda Carta de Pablo a los Corintios, capítulo 13, versículo 14: 2Co 13:14 II Cor. xiii.14 2Cor 1314 II Cor 13.14 También necesitará saber cómo referirse a un pasaje que contiene más de un versículo. Esto es muy sencillo. Mire la siguiente referencia: Mt 3:13-17 Esta referencia es al pasaje que empieza con Mt 3:13 y termina en Mt 13:17. Para indicar un pasaje dentro del mismo capítulo de un libro bíblico se necesita identificar solo el versículo inicial y el final de esta manera. A veces el pasaje incluirá material de dos o más capítulos. La siguiente referencia es de este tipo: 1Ts 4:13-5:11 Esto se refiere a un pasaje que empieza en 1Ts 4:13 y termina en 1Ts 5:11. Respuestas a las pruebas de referencia. (A) Ciudades 2Ti 4:12

Éfeso

Lc 24:50

Betania

Jn 1:44

Betsaida

2R 24:16

Babilonia

Is 51:17

Jerusalén

(B) Individuos 1Co 16:19

Aquila y Priscila

Hch 18:1

Pablo

Ro 4:1

Abraham

Ef 6:21

Tíquico

1P 5:12

Silas

Heb 7:15

Melquisedec

EL ANTIGUO TESTAMENTO

GENESIS Con el libro de Génesis se levanta el telón sobre el escenario de la historia del mundo. Conforme el libro avanza los lectores empiezan a aprender la gran historia de la redención que Dios planeó para su pueblo. Tal como una obertura de ópera introduce los temas de la obra musical al público que espera, así Génesis les presenta a sus lectores los grandes temas que dominarán la Biblia. Aprendemos cómo Dios creó al mundo, y acerca de la rebelión de este contra él. Conocemos la decisión de Dios de restaurar a su creación a la comunión con él, y su llamado a un pueblo para servirle y llevar las buenas noticias hasta los fines de la tierra. En breve, Génesis pone la escena para el gran drama de la redención que conforma el tema de la Biblia. GÉNESIS 1:1-2:3 EL PRIMER RELATO DE LA CREACIÓN

1:1-25 El principio. El título de este libro quiere decir «orígenes», (y por consiguiente no es sorpresa que Génesis trate de los orígenes de la humanidad, y en especial con relación al Dios que la creó. Hay dos relatos de la creación del mundo, cada uno relatado desde una perspectiva diferente y con distintos puntos de enfoque. El primer relato de la creación en Génesis (1:1-2:3) empieza con su famosa declaración de que Dios creó los cielos y la tierra (1:1). Todo tiene su origen en Dios. En esos seis días de creación, todo lo que ahora es una parte familiar del mundo es realizado y declara que debe su existencia a una acción soberana de creación de parte de Dios. El relato de la creación del sol, la lupa y las estrellas es de especial interés. Para muchos pueblos antiguos estos cuerpos celestiales representaban poderes divinos o sobrenaturales, y eran objeto de adoración y superstición. Génesis los pone firmemente en su lugar: son partes de la creación de Dios, y por consiguiente están sujetos a su poder. No hay que adorarlos, ni tampoco hay que temerles. Dios tiene autoridad y dominio

sobre ellos. Ninguna parte de la creación debe ser adorada. La creación entera es la obra del mismo Dios Creador, y solo a él hay que adorar. En una poderosa serie de afirmaciones Génesis declara lo bueno de la creación de Dios (1:4, 10, 18, 21). La obra de la creación se lleva a cierre con la afirmación de que lo que se ha hecho es «muy bueno» (1:31), tal vez refiriéndose a la humanidad como el clímax de la obra de la creación, o la compleción de esta obra como un todo. El tema de lo «bueno» de la creación es de importancia central. Los orígenes del pecado no se deben a Dios, sino a la rebelión de su creación contra él. Lo único que Génesis declara de forma explícita que no fue bueno fue la soledad de Adán (2:18). Sin embargo, incluso esto es remediado de inmediato con la creación de la mujer. 1:26-31 La humanidad creada a imagen de Dios. La creación de la humanidad es de especial importancia. El primer relato de la creación pone a la creación de la humanidad al fin de la obra creadora de Dios (1:26-27). Este es el punto más alto de la creación, en el cual se presenta a la única criatura que lleva la imagen del Dios Creador. El pasaje que se acaba de citar es desusado, puesto que abre con algo parecido a una fanfarria, una declaración de que algo principal está a punto de tener lugar. Está claro que la humanidad tiene el propósito de que se la vea como la cúspide de la acción y poder creadores de Dios. La palabra hebrea que a menudo se traduce como «hombre» se entiende aquí mejor como «humanidad» en general, antes que como «un ser humano varón» en particular. La humanidad, varón y mujer, es creada a imagen o semejanza de Dios (1:26-27). ¿Qué significa esto? Se pueden notar dos ideas como de particular importancia. Primero, ser creado a imagen de Dios implica una semejanza entre Dios y la humanidad. Aquí aparece la base para una relación en los orígenes de la raza humana. Ser hecho a imagen de Dios es ser creado con el potencial de ser capaz de relacionarse con Dios de forma personal. Solo la humanidad, de toda la buena creación de Dios, tiene la posibilidad distintiva de ser capaz de entrar en una relación mutua con su Creador. Segundo, la imagen de Dios sugiere su propiedad o autoridad sobre su creación. En el mundo antiguo a menudo los reyes levantaban imágenes de sí mismos por todos sus territorios a fin de afirmar su autoridad sobre ellos. (Hay una referencia importante a esta práctica en el libro de Daniel, que relata cómo el rey Nabucodonosor levantó una imagen de oro de sí mismo en Babilonia, y ordenó que se la adorara; Dn 3:1-6). Ser hecho a imagen de Dios es una afirmación de la autoridad suprema de Dios sobre su creación, y

un recordatorio de que todos los seres humanos son en última instancia responsables ante Dios. 2:1-3 Dios descansa. El primer relato de la creación concluye declarando que Dios «descansó» el séptimo día (2:2). Esto no quiere decir que Dios estaba físicamente cansado; es solo una afirmación de que su obra de creación estaba completa. Nada quedaba por hacerse. Este tema de «reposo» volverá a aparecer por toda la Biblia. Así como Dios descansó de su obra de creación, los seres humanos deben descansar de sus trabajos en el séptimo día (2:3). El descanso sabático es, de este modo, un recordatorio importante de la obra de Dios, y permite una oportunidad de reflexionar en su obra de creación y redención. La imagen de «reposo» también llega a ser una imagen de la salvación que Dios ofrece a su pueblo después de que le han servido en esta vida (Ap 14:13). GÉNESIS 2:4-25 EL SEGUNDO RELATO DE LA CREACIÓN

2:4-7 El hálito de vida soplado en el hombre. El segundo relato de la creación (2:4-25) toma una forma diferente a la del primer relato, sin embargo, indica muchos de los mismos puntos. El segundo relato empieza con la creación de la humanidad (2:7), afirmando que la humanidad es el aspecto más importante de la creación. Se indica con claridad absoluta que la vida humana depende por completo de Dios. La referencia a Dios soplando el «hálito de vida» en la humanidad (2:7) es de importancia particular, puesto que a la vez recalca los orígenes de la vida dados por Dios y también indica de antemano el importante papel del Espíritu Santo al dar vida. (El término hebreo ruaj puede significar «espíritu», «viento» o «aliento», apuntando a las estrechas conexiones entre estas ideas). Es solo cuando Dios sopla sobre la humanidad que esta cobra vida. 2:8-17 El jardín del Edén. Ahora se nos presenta el celebrado jardín del Edén (2:8), en el cual es colocado el hombre. Este jardín se describe en términos resplandecientes (2:9-14). No es algo que la humanidad haya creado. Más bien, es algo que Dios creó y le confió a la humanidad. El hombre fue colocado en este maravilloso jardín «para que lo cultivara y lo cuidara» (2:15). La responsabilidad del hombre es la de ser un mayordomo de la buena creación de Dios. Esta autoridad delegada se extiende a los animales y a las aves. Génesis nota que al hombre se le permitió ponerle nombre «a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo» (2:20). (En el mundo antiguo, ponerle

nombre a alguien o a algo era una aseveración de autoridad sobre esa persona o cosa. Los padres les ponían nombres a sus hijos como una expresión de autoridad sobre ellos). Sin embargo, la humanidad no es dueña del jardín o de todo lo que hay en él. El hombre simplemente es colocado en este lugar y se le pide que lo cuide. No obstante, como será claro demasiado pronto, el hombre fracasó por completo en esta responsabilidad. 2:18-25 Creación de la mujer. El primer relato de la creación en Génesis pudiera dar lugar a la impresión de que varón y mujer son solo versiones alternas de la humanidad, sin necesariamente poseer alguna característica distintiva. El segundo relato de la creación en Génesis añade otra importante perspectiva, varón y mujer son creados para complementarse uno al otro: Luego Dios el SEÑOR dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (2:18). Para algunos hablar de la mujer como «ayuda» pudiera solo implicar que la mujer es subordinada al varón. Sin embargo, de acuerdo a Génesis 1 y 2, la mujer no fue creada para servir al varón, sino para servir con el varón. Al varón y a la mujer se les confía la tarea de ser mayordomos de la buena creación de Dios. ¡Hay que recordar que se hace referencia a Dios mismo como una «ayuda» en varios puntos del Antiguo Testamento! Este es un pasaje en extremo importante. Hasta aquí, Dios ha pronunciado que su creación era buena. Note cómo el estribillo: «Y Dios consideró que esto era bueno» se repite en Génesis 1. Pero ahora Dios declara que un aspecto de su creación no es bueno. Una humanidad sin distinción entre sexos se ve como inadecuada. La creación del varón y la mujer produce de este modo una complementación dentro de la creación. La palabra hebrea que se traduce «adecuada» implica una correspondencia entre varón y mujer. Su complementación es un aspecto integral de la creación. Varón y mujer son distintos, y el propósito es que así lo sean. Sin embargo, ambos llevan la imagen de Dios, y a ambos se les encarga ser mayordomos de la creación de Dios. Este punto se destaca con claridad más adelante en este capítulo, cuando Génesis habla de que el varón «se une» a la mujer: Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser (2:24). Este pasaje se refiere de forma clara a una relación personal comprometida entre el varón y la mujer, y a su unión en amor emocional y físico. El pasaje usa de modo explícito las palabras hebreas para «varón» y

«mujer», indicando sin ninguna ambigüedad que las diferencias sexuales dentro de la humanidad se deben ver como buenas y algo que Dios ha dado. A menudo se ha recalcado que hay similitudes entre los relatos de Génesis de la creación y algunos de los relatos de la creación que existían en el Cercano Oriente antiguo. No obstante, hay que notar aquí un punto importante. Génesis 2 nos presenta un relato de la creación de la mujer que no tiene ningún paralelo en ninguna de tales historias. GÉNESIS 3:1-24 LA CAÍDA

3:1-5 La serpiente engaña. Después de ofrecernos dos relatos complementarios de cómo el mundo llegó a existir, Génesis pasa a tratar de los orígenes del pecado. ¿Cómo pudo la creación buena de Dios convertirse en algo caído y pecador, requirente de redención? La respuesta la provee Génesis 3, que da un vívido y poderoso relato de la rebelión de la humanidad contra su Creador. A Adán y Eva se les trata como representantes de la raza humana como un todo, al tratar ellos de librarse de la autoridad de Dios su Creador. El relato de la caída empieza con el hombre y la mujer disfrutando de una comunión íntima con Dios y uno con el otro en el jardín del Edén. Esto no durará. Se introduce la figura de la serpiente (3:1), posiblemente como símbolo ya sea de Satanás o de la seducción de la sabiduría y poder mundanales. Parte de la estrategia de la serpiente es tergiversar a Dios (3:1). ¿En realidad Dios dijo que Adán y Eva no debían comer del fruto de ese árbol especial? La respuesta de la mujer también es interesante; en tanto que la serpiente pone en tela de juicio la palabra de Dios, la mujer le añade (3:3): el mandamiento de no tocar el árbol en la mitad de jardín no era parte del mandamiento original de Dios. Sin embargo, el poder real del acercamiento de la serpiente está en ofrecerles la deslumbrante posibilidad de ser «como Dios» (3:4). El pensamiento de ser inmortal y divino ha sido una constante tentación para la humanidad en toda su larga historia. El hombre y la mujer no querían que Dios les dijera lo que estaba bien y lo que estaba mal. Querían hacer sus propias reglas. Llegaron a creer que Dios estaba tratando de mantenerlos en su lugar, reteniéndoles información vital. Así desobedecieron a su Creador. 3:6-15 El hombre y la mujer desobedecen a Dios. Una vez que su desobediencia quedó descubierta, tanto el hombre como la mujer trataron de

echarle la culpa a algún otro. El hombre le echa la culpa a la mujer, la mujer culpa a la serpiente (3:12-13). La mujer es engañada primero, y luego ella engaña al hombre. (El pasaje indica que Dios pone la responsabilidad primaria de la desobediencia sobre el hombre antes que sobre la mujer). No obstante, no está claro si es importante el orden de este engaño. El pasaje es muy claro en un punto: ambos fueron engañados, y ambos consintieron en el engaño. Es apropiado argumentar que fueron engañados de maneras diferentes y en momentos distintos. Con todo, el pasaje indica de forma evidente que ambos fueron engañados. 3:16-20 Las relaciones con Dios y entre el hombre y la mujer quedan trastornadas. El resultado de la desobediencia del hombre y la mujer está claro. La relación entre Dios y la humanidad se interrumpió. La relación original, íntima, de confianza, quedó destruida, y la reemplazó una de hostilidad y suspicacia. Nótese también cómo la relación original íntima y de cooperación entre el hombre y la mujer quedó destrozada. La recriminación mutua aparece. El mandamiento a reproducirse sigue vigente; sin embargo, ahora el tener hijos será una cuestión dolorosa (3:16). El mandamiento de cuidar la creación de Dios permanece, pero esto ahora será asunto penoso y tedioso. En ambos casos, una tarea existente que es buena, y parte de la intención original de Dios para su creación —es decir, el trabajo manual (3:19) y tener hijos— se vuelve difícil. El trabajo tenía originalmente el propósito de ser algo agradable y disfrutable. En ese momento se vuelve una carga. Un nuevo tema, que parece ser un resultado directo de la caída, hace ahora su aparición: el dominio de la mujer por parte del varón. No hay una declaración explícita en ninguna parte de Génesis 1 ó 2 que diga de que la mujer tenía el propósito o fue creada para ser subordinada al hombre. El tema de la complementación domina los primeros dos capítulos de Génesis. Pero, como un resultado de la caída, esta situación cambia de modo drástico: A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás á luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará» (3:16). Como resultado de la caída, el hombre «dominará» a la mujer. Hay dos maneras principales de entender esta nueva realidad. 1. La subordinación (es decir, los varones «dominando sobre» o «gobernando» a las mujeres) es un resultado directo de la caída. Como tal, esto es un aspecto de la influencia del pecado en el mundo, así que se debe considerar como algo que no es en sí

mismo la voluntad de Dios para su creación, y por consiguiente los creyentes se deben oponer a esto. La mujer llegó a ser subordinada y el varón dominante como consecuencia de la entrada del pecado en el mundo. De este modo, es significativo que Adán no le pusiera nombre a Eva (3:20) sino hasta después de la caída, lo que indica qué la autoridad sobre ella que esto implica no existía antes de caer. 2. Una forma particular de subordinación es resultado directo de la caída: es decir, la subordinación basada en la fuerza o la opresión. De acuerdo a esta noción, la mujer es naturalmente subordinada al hombre en algún sentido de la palabra; el nuevo elemento introducido por la caída es que esta subordinación fue impuesta o exigida por medios inaceptables. La segunda posición tiene algunos puntos a su favor. Por ejemplo, el verbo hebreo que aquí se traduce como «dominar» tiene matices de opresión. Hay palabras hebreas para, la clase correcta de subordinación y otras para la clase incorrecta; la palabra que se usa apunta al nuevo elemento que es, no la idea de dominación en sí misma, sino la clase de dominación que resulta. Una consideración adicional es el contexto en el cual está este versículo. Notamos arriba que la caída hizo de las obligaciones existentes (tales como el trabajo y el tener hijos) un dolor antes que un placer. Por extensión de esta analogía, parecería que el nuevo elemento introducido por la caída es que una obligación existente (la subordinación de la mujer al varón) es hecha desagradable por la introducción del elemento de la fuerza. La clase de dominio que se vislumbra parecería ser la que existe entre el amo y el esclavo, o entre un poder conquistador y el pueblo conquistado, en donde a este último se le obliga por la fuerza a hacer cosas que de otra manera escogería no hacer. 3:21-24 Adán y Eva son expulsados del jardín del Edén. Génesis 3 muestra ciertas cosas nuevas sucediendo como resultado directo de la caída. Por ejemplo, el hombre y la mujer sienten vergüenza por su desnudez por primera vez como resultado de su desobediencia (3:7, 10-11). Su estado de desnudez ya existía, el nuevo elemento que se añade es el de la vergüenza. Hay un paralelo fácil y natural entre la vergüenza y la subordinación, por el cual un nuevo elemento se introduce a una situación existente. La complementación entre varón y mujer se vuelve polarizada en dominio de parte del varón y sumisión. La idea de «inferioridad» de la mujer dentro del orden creado no se puede rastrear a los relatos de la creación de Génesis.

Es interesante notar el fuerte paralelo dentro de la Biblia con respecto al pecado y la redención. Por la desobediencia de Adán la humanidad perdió su comunión con Dios; por la obediencia de Jesucristo se restauró la posibilidad de esa comunión. Eva fue una mujer desobediente; María, la madre de Jesucristo, fue obediente a Dios. La desobediencia de Adán tuvo lugar en un jardín (Edén); la obediencia de Cristo a Dios se hizo evidente en otro jardín (Getsemaní). El árbol de la vida de Adán acabó siendo un árbol de muerte; el árbol de la muerte de Cristo (la cruz) acabó convirtiéndose en un árbol de vida. En todos estos sentidos, la obra de salvación de Cristo se puede ver como deshaciendo el daño causado por la desobediencia en el Edén. El énfasis general del pasaje que estamos considerando está claro. No fue el propósito de Dios que su creación fuera arruinada por el pecado. Tampoco Dios es de ninguna manera el autor del pecado. El pecado surge directamente del abuso de la libertad y de la responsabilidad que Dios le confió a la humanidad como la cúspide de su creación. La creación se rebela contra su Creador amante y atento, y decide seguir su propio camino... con resultados trágicos. La esencia de este pecado original es querer ser como Dios. No tuvo que pasar mucho para que las consecuencias de ese pecado se evidenciaran. A la primera desobediencia pronto le sigue el primer asesinato. GÉNESIS 4:1-26 CAÍN Y ABEL

4:1-7 Los hijos de Adán y Eva. El efecto del pecado es trastornar el orden de la buena creación de Dios y hacer que empiece a desbaratarse. Génesis 3 documentó la introducción del pecado, la desconfianza y la dominación. Génesis 4 continúa esto introduciendo más síntomas de este destrozo dentro de la creación. Para el final de este capítulo habremos encontrado la introducción de los celos, el homicidio deliberado de seres humanos, y la negación de la responsabilidad por otros. Caín y Abel son hijos de Adán y Eva. El pecado de Caín demuestra la manera en que la desobediencia de Adán y Eva ha quedado profundamente arraigada en la naturaleza humana. No está claro por qué Dios mira con agrado a Abel, pero no a Caín (4:4-5). Ambos traen ofrendas a Dios como reconocimiento de que todo lo que poseen se lo deben en sus orígenes al SEÑOR. Sin embargo, por alguna razón Caín no halla agrado. La significación real de la historia está en la reacción de Caín a este acontecimiento: él se

enfureció (4:5). Dios afirma su propia integridad y justicia; si Caín hace lo que es debido, será aceptado. No obstante, si Caín se rehúsa hacer lo que es debido, acabará siendo dominado por el pecado (4:7). Lo que sigue confirma la sabiduría de estas palabras. 4:8-16 Caín asesina a Abel. Caín empieza su rebelión deliberada contra Dios engañando a Abel (4:8), y luego intentando engañar a Dios (4:9). El asesinato deliberado de un inocente ilustra el efecto devastador del pecado sobre la humanidad. Caín trata de negar toda responsabilidad por la obra: ¿Por qué debería él ser responsable por su hermano? Con todo, Dios conoce la obra y sus motivos, y los condena en términos inequívocos (4:1112). Caín reconoce que la pena debida por este pecado es la muerte (4:14). Sin embargo, Dios interviene para limitar los efectos de este pecado, mediando para impedir que su pena total y justa se realice. Caín pierde todo derecho de estar en presencia de Dios, pero se le libra de la muerte (4:1516). 4:16-24 Los descendientes de Caín. El catálogo de pecado continúa en los descendientes de Caín. Lamec añade la poligamia a la lista de pecados (4:19), y se jacta de matar al que le ha hecho daño (4:23-24). Aduce que esta acción de quitar la vida humana es una venganza por la desgracia de Caín, lo cual se puede ver como un acto de desplante adicional contra Dios. Lamec quiere ser su propio amo. Al hacerlo así, extiende más la espiral de pecado por la que la humanidad ha descendido. 4:25-26 Los seres humanos empiezan a invocar al SEÑOR. Una nota de esperanza se inyecta en este relato de pecado y violencia. «Desde entonces» se nos dice, la gente «comenzó a invocar el nombre del SEÑOR» (4:26). (El escritor usa aquí el nombre personal especial de Dios, «el SEÑOR», que le será revelado mucho más adelante a Moisés, en Éx 3:14). Alguien parece haberse dado cuenta de que no hay esperanza de salvación en la violencia, poder o fuerza humana. La salvación quiere decir volverse al SEÑOR, y confiar en él. GÉNESIS 5:1-32 DE ADÁN A NOÉ

La siguiente sección empieza con una reafirmación de que los hombres y mujeres son creados a semejanza de Dios, y de que él los bendijo (5:1-2). De muchas maneras el material de esta sección se puede ver como un

puente entre el período de la desobediencia de Adán y la decisión de Dios de erradicar el pecado y empezar todo de nuevo. El pasaje incluye varios puntos de interés. Lo único que se dice de algunos de los personajes mencionados es que vivieron (tales como Cainán y Jared, 5;12-14, 18-20). De otros, sin embargo, se dice que anduvieron con Dios (tales como Enoc, 5:24). Se hace una clara distinción entre simplemente vivir a nivel biológico y vivir para Dios. El hecho de que tan pocos se destaquen de esta manera es un indicador importante de la rebelión continua de la humanidad contra Dios durante este período. El aspecto de esta sección que provoca el mayor comentario, no obstante, son las edades registradas para los personajes. Por ejemplo, se anota que Matusalén vivió por novecientos sesenta y nueve años (5:27), lo que quiere decir que debe haber muerto en el año del diluvio que se describe en el siguiente capítulo. Los estudiosos están divididos en cuanto a si estas cifras se deben tomar de forma literal o si son simbólicas. Hay por cierto indicaciones de que las cifras pueden tener un significado más profundo: por ejemplo, la edad de Enoc de trescientos sesenta y cinco años (5:23) podría bien ser un símbolo de plenitud o de alga completo, basado en los trescientos sesenta y cinco días de un año. No obstante, las cifras son relativamente de escasa importancia para comprender la significación de este pasaje, que tiene que ver con destacar la línea directa de continuidad entre Adán y Noé. A este último personaje se le presenta al final de esta sección (5:29), y será un tema de considerable atención durante los siguientes capítulos. GÉNESIS 6:1-8 LA MALDAD HUMANA

6:1-7 Dios se aflige por la humanidad. El relato del diluvio se inicia con una descripción poderosa de la maldad y el pecado humanos. El mal ha triunfado, corrompiendo lo bueno de la creación de Dios hasta sus mismos cimientos. El significado de los versículos con que empieza (6:1-4) no está claro. Una posibilidad es que el pasaje se refiera a la corrupción de los seres angélicos (una posible interpretación de «los hijos de Dios»); otra es que se haga alusión a la extensión de los matrimonios mixtos y al destrozo de las estructuras tradicionales de la familia. Pero, sea cual sea la explicación de estos versículos, su significado espiritual no es ambiguo: la creación de Dios está en ruinas.

La paradoja de todo esto es que los seres humanos fueron creados a imagen de Dios, y por lo tanto con la libertad y capacidad de amar y respetar a Dios. Sin embargo, se abusó de esta libertad dada por Dios conforme los seres humanos se volvieron contra su Creador. Tanto en sus acciones como en su motivación interna (6:5) la humanidad ha caído víctima voluntaria del mal. Con impresionante candor el escritor de esta sección describe la reacción de Dios a esta situación. Lamenta haber creado a la humanidad. Por doloroso y angustioso que esto evidentemente es para él, Dios piensa que debe llevar a su creación a un fin (6:7). 6:8 Noé. Al final de este relato de maldad humana se introduce una palabra pequeña: «pero» (6:8). El uso del término «pero» en la Biblia a menudo puede ser dramático, señalando un nuevo desarrollo que abre el camino a algo que de otra manera sería solo un sueño. Y aquí hallamos justo esto. «Pero Noé contaba con el favor del SEÑOR». La anhelante búsqueda de Dios de un ser humano justo, la cual hallará su clímax cuando él mismo provea a esa persona justa en Jesucristo, se enfoca en Noé, que ahora llega a ser una señal de esperanza y redención. GÉNESIS 6:9-8:22 EL DILUVIO

Muchas civilizaciones del Cercano Oriente antiguo sabían de un diluvio en la aurora de la civilización. Lo que es distintivo en cuanto al relato del diluvio en Génesis es su interpretación. El diluvio es el medio por el que Dios extermina de la faz de la tierra a la humanidad pecadora. Tiene lugar para limpiar a su creación de la mancha de la maldad y el pecado humanos (6:1112). Muchos de los primeros escritores cristianos vieron un paralelo poderoso entre el diluvio y el bautismo: así como el diluvio limpió al mundo de su pecado, el bautismo simboliza la limpieza del pecado humano por la sangre de Cristo. 6:9-17 Se le instruye a Noé que construya un arca. Se identifica a Noé como «un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios» (6:9). Es evidente que él no está contaminado por la maldad y el pecado del mundo. Hay un principio bíblico importante aquí: la obediencia de un justo puede ser el medio de salvación para otros. La cuestión en juego es hallar a ese justo... o, si no se puede hallar a ninguno, proveer uno. Noé es el medio de salvación de la raza humana. Se le indica que construya un

arca, que debe conducirlo a él y a su familia, junto con un macho y una hembra de toda criatura viva, a la seguridad. Conforme avanza el relato del diluvio surgen puntos adicionales. Por ejemplo, se le ordena a Noé que suba a bordo siete de varias clases de criaturas (7:2-3), tales como las que serán ofrecidas como sacrificios en el futuro. Noé obedece (6:22; 7:5). 6:18-7:10 Pacto de Dios con Noé. Aquí no se debe pasar por alto un tema principal de gran importancia. Dios promete establecer un pacto con Noé (6:18). En este punto encontramos un tema bíblico que resonará por toda la Biblia y alcanzará su clímax en Jesucristo. Un pacto es en esencia un conjunto de promesas que Dios hace, el cual requiere una respuesta apropiada de confianza y obediencia de parte de aquellos con los que establece el pacto. 7:11-24 Las aguas del diluvio suben. El diluvio viene, y llueve por «cuarenta días» (7:17). La frase «cuarenta días y cuarenta noches» a menudo se vincula en la Biblia con sucesos de importancia principal relacionados con la redención divina de la humanidad, tal como el período del encuentro de Moisés con Dios (Dt 9:11) y la tentación de Cristo en el desierto (Mt 4:1-11). La inundación continúa por otros ciento cincuenta días después de que la lluvia termina (7:24). Todo y todos quedan exterminados, excepto el arca y sus ocupantes. (De forma interesante, no se hace mención de ninguna vida acuática: es evidente que se da por sentado que estos seres pudieron sobrevivir, y en efecto lo hicieron, sin necesidad de ayuda especial). 8:1-22 El fin del diluvio. Cuando el diluvio termina Dios se acuerda de Noé (8:1). El hebreo original de esta expresión conlleva mucho más que solo recordar mentalmente a alguien o algo. Quiere decir actuar de tal manera que exprese interés y preocupación. Esta hermosa frase resume la actitud de Dios hacia su pueblo. Ellos pueden olvidarse de Dios, pero él los recuerda. La infidelidad de ellos no cancela la fidelidad de él. En su ira, Dios se acuerda de su misericordia y de su pacto con los que permanecen fieles a él. Así que la inundación empieza a bajar, y la esperanza brota de nuevo. El juicio de Dios se ha ejecutado... ahora puede empezar el proceso de reconstrucción. Cuando es evidente que las aguas del diluvio han bajado, Dios le ordena a Noé y todos los ocupantes del arca que salgan. Se les dice que vayan y se multipliquen sobre la tierra: una renovación del mandamiento de la creación (1:22). El tema de la renovación de la creación surge como algo importante en este punto. Ya no habrá más diluvios (8:21-22). Si el pecado surge una vez más como amenaza a su creación, Dios le hará frente de otra manera.

GÉNESIS 9:1-29 PACTO DE DIOS CON NOÉ

9:1-17 El pacto y su señal. El pacto que Dios ha prometido establecer con Noé ahora se hace de manera formal. (Como se verá con claridad más tarde, el pacto en realidad es hecho con toda la vida sobre la tierra [9:17], y no simplemente con Noé y su familia). Dios le ordena a Noé y a sus hijos que se multipliquen, y llenen la tierra (9:1, 7). Se pone todo a cargo del remanente de la humanidad (9:3). Se afirma la santidad de la vida humana (9:5-6). Entonces se proclama el pacto: nunca más volverá a haber un diluvio que destruya la tierra. Como señal de su pacto Dios puso su arco iris en las nubes (9:13). La idea de una señal del pacto es de importancia principal: trae a la mente la compasión de Dios por su pueblo, sus promesas hacia ellos, y las obligaciones que el pacto les impone a ellos. 9:18-29 El pecado de Noé. Se podría pensar que el relato de Noé podía terminar felizmente en este punto. Noé ha quedado establecido como un ser humano justo y obediente, por medio de cuya justicia se ha preservado un remanente fiel. Sin embargo, la debilidad humana se hace evidente casi de inmediato. Noé planta un viñedo y se emborracha con el vino que produjo (9:20-21). En esté relato se exhibe de forma poderosa la debilidad potencial de la naturaleza humana para pecar. ¿Qué sucederá cuando otras formas de tentación aparezcan en el camino de Noé y sus descendientes? Incluso conforme el relato del triunfo de Noé llega a su conclusión, se nos advierte de antemano que el pecado continúa agazapado a la puerta (Gn 4:7), esperando oportunidades para dominar a los que de modo insensato creen que pueden dominar el pecado. GÉNESIS 10:1-32 DE NOÉ A BABEL

El mandamiento a Noé y sus descendientes fue sencillo: vayan y multiplíquense. La siguiente sección de Génesis provee detalles sobre cómo se cumplió este mandamiento. Los detalles precisos de los descendientes de Noé no son de importancia vital para entender los temas centrales de Génesis. Un examen detallado de la información provista indica que los descendientes de Noé se esparcieron por una amplia área geográfica,

probablemente abarcando toda la región mediterránea oriental extendiéndose hacia el este hasta el Golfo Pérsico y el mar Caspio.

y

GÉNESIS 11:1-32 LA TORRE DE BABEL

11:1-5 Se construye una ciudad y una torre. La repoblación del mundo lleva a una confianza renovada de parte de la humanidad. Todos hablan la misma lengua y pueden colaborar en varias empresas. El pecado empieza a expresarse en sus acciones. De nuevo surgen los mismos instintos humanos básicos. Hay un deseo de obtener fama, de lograr la inmortalidad, y de alcanzar seguridad total (11:4). Estas aspiraciones conducen a la construcción de una ciudad en la llanura de Sinar (término que se usa para referirse a lo que más tarde se conocería como Babilonia. Hay un juego de palabras aquí entre la palabra hebrea para «Babilonia» [Babel] y la palabra hebrea para «confundir», que suenan de modo similar). Es probable que la «torre» en cuestión haya tomado la forma típica de la región, que a menudo se le llama un zigurat, la cual tiene una base cuadrada con una serie de ladrillos escalonados hacia la punta. Este era un símbolo de desafío. ¡Aquí estaba lo que la humanidad podía hacer sin Dios! ¡Podemos llegar al cielo por nosotros mismos! 11:6-9 Dios confunde su idioma y esparce a la gente. De nuevo, el pecado amenaza frustrar los propósitos de Dios para su creación. La torre es un potente símbolo del orgullo humano y su rebelión contra Dios. Sin embargo, Dios ha prometido no destruir nunca al mundo de nuevo. Para contener el poder del pecado, Dios esparce a la gente y confunde sus idiomas. El poder colectivo del pecado queda reducido por la sencilla medida de limitar la capacidad humana para conspirar: «Será mejor que bajemos a confundir su idioma» (11:7). El «nosotros» de majestad implícito en esta frase es una expresión de autoridad y dominio frente al intento humano de rebelión contra Dios y a su negativa de aceptar las limitaciones colocadas sobre la humanidad en el orden creado. 11:10-32 De Sem a Abram. Después del episodio de Babel se nos lleva de regreso a considerar otros descendientes de Noé por medio de su hijo Sem. La importancia de este relato reside primordialmente en el hecho de que nos presenta a un hombre llamado Abram, el cual se ha establecido en la ciudad de Jarán, como a unos cuatrocientos kilómetros al oeste de Nínive. Abram

estaba casado con Sarai (a la que más adelante se le cambió el nombre a Sara, Gn 17:15), que era estéril (11:27-30). Con estos escasos detalles se nos presenta al primer patriarca, al que más tarde se le cambia el nombre por Abraham, Gn 17:5, el cual es una figura central en la historia de Israel. (El término «patriarca» se usa para referirse a Abram, Isaac y Jacob, a los que se les ve como los grandes antepasados del pueblo de Israel). GÉNESIS 12:1-20 EL LLAMADO DE ABRAM

12:1-9 Abram es llamado para ir a Canaán. Sin que se indique ninguna razón, se llama a Abram para que deje Jarán y vaya a Canaán. Este llamado de Abram está ligado a una promesa: que Dios le haría una gran nación, por medio de la cual todas las naciones de la tierra serían bendecidas (12:2-3). Aunque no se da ninguna explicación para este llamado, es evidente que Abram siente que puede y debe obedecer y confiar en esté llamado. Así que él y su familia extendida salen rumbo a la tierra de Canaán (12:4-5). Con el tiempo llegan a Siquén, sitio importante en la región central de Canaán. En ese tiempo Canaán era el centro de los varios cultos religiosos paganos. Sin embargo, Abram no adora a ninguno de los dioses locales. Más bien edifica un altar al SEÑOR en la región de Betel, e invoca al nombre (12:8), en respuesta a la promesa del SEÑOR de que esa región les pertenecería a sus descendientes. 12:10-20 Abram en Egipto. Abram no se establece en la región de Canaán. Continúa su peregrinaje, avanzando más hacia el sur y al oeste, y pasa por el Néguev hasta Egipto. Una hambruna se había cernido sobre Canaán; Egipto, sin embargo, continuaba disfrutando de fertilidad debido a la inundación anual del río Nilo, que aseguraba una tierra fértil y húmeda en las cercanías de sus riberas. Debido a costumbres locales que no son claras por completo, Abram le pide a su esposa que diga que es su hermana. El monarca egipcio, al que de modo invariable se le menciona por el título real de faraón (que literalmente significa «una gran casa»), se siente atraído hasta Saray, y trata a Abram con bondad como resultado (12:14-16). Al descubrir que Saray es en realidad esposa de Abram, el faraón expulsa de Egipto a toda la familia (12:20), enviándolos de regreso a Canaán. GÉNESIS 13:1-14:24 HISTORIA ADICIONAL DE ABRAM

13:1-18 Abram y Lot se separan. Para cuando Abram deja Egipto, ya es bastante rico. Esto es evidente en especial por las referencias a su gran cantidad de ganado (13:2). La gran cantidad de animales en cuestión condujo a fricción con su colega Lot en cuanto a los derechos de pastos. A Lot se le ha presentado antes en la narración, y se le identifica como hijo de Jarán, uno de los hermanos de Abram (Gn 11:27). Por consiguiente, Lot y Abram eran parientes («hermanos» en el sentido bíblico del término: 13:8, RVR). Tal vez era inevitable que se fueran por caminos separados. Lot escogió establecerse cerca de las ciudades de la llanura, ya notorias por su conducta pecaminosa (13:10-13). Abram, sin embargo, recibe una nueva garantía de parte del SEÑOR de que la tierra que le rodea será su herencia. Con esta nueva seguridad, levanta sus carpas en la región. Otra vez Abram responde construyendo un altar para) el SEÑOR, esta vez en Hebrón (13:18). 14:1-24 Abram rescata a Lot. En tanto que Dios reafirma a Abram, Lot se halla en dificultades. Una serie de alianzas cambiantes entre los reyes locales conduce a una confrontación seria que tiene lugar en la región en que él se ha establecido (14:1-11). En el transcurso de su abortiva acción militar contra los reyes vecinos, Sodoma y Gomorra y sus aliados son derrotados, y sus bienes son arrebatados y llevados. Lot, que estaba viviendo en Sodoma en ese tiempo (14:12) también es llevado cautivo. Abram, al enterarse de la captura de su pariente, sale en su persecución con trescientos dieciocho hombres, y se las arregla para derrotar a los captores de Lot y ponerlo en libertad (14:13-16). La victoria de Abram atrae una atención considerable, sobre todo de Melquisedec, que era probablemente un rey y sacerdote cananeo (14:1820). Melquisedec quizá tenía la intención de que su «Dios altísimo» se refiriera a una deidad cananita local. Abram, sin embargo, lo toma como una referencia al SEÑOR (14:22), y se rehúsa a hacer nada que pudiera ponerlo bajo una obligación con algún otro. GÉNESIS 15:1-17:27 PACTO DE Dios CON ABRAM

15:1-21 El pacto. Al acto de obediencia de Abram le sigue de inmediato el hecho de que Dios establece con él y sus descendientes un pacto que va más allá del establecido antes con Noé. Abram sigue sin hijos, y ha

designado a su criado Eliezer (15:2) como su heredero legal. Dios, sin embargo, promete que Abram tendrá un hijo, y este hijo será su heredero (15:4). En uno de los momentos más conmovedores de este libro, Dios lleva a Abram fuera de su carpa y le pide que contemple los cielos estrellados. Los descendientes de Abram, le promete, serán tan numerosos como esas estrellas (15:5). Abram confía en Dios y pone su fe en su insólita promesa (15:6). La fe, de este modo, se ve como la respuesta natural y apropiada a las promesas del SEÑOR, lo que se cuenta como justicia a la vista de Dios. A la promesa de un hijo le sigue una nueva afirmación de que Abram poseerá la tierra que le rodea (15:7). Abram pide una nueva garantía en este punto (15:8), y se le concede una visión del futuro de su pueblo, incluyendo el exilio venidero en Egipto (15:9-16). Dios entonces marca el pacto con una variedad de maneras que, aunque tal vez extrañas a los lectores modernos, se reconocerían en ese tiempo como incluyendo los juramentos más solemnes y obligatorios. El pacto de Dios con Abram es real (15:18), y se puede confiar por completo en él. El pacto será confirmado y amplificado al presente. La narrativa ahora pasa a las mujeres en la vida de Abram. 16:1-6 Agar e Ismael. Saray continúa sin hijos (16:1). Siguiendo una costumbre del Cercano Oriente antiguo, ella le dice a Abram que se acueste con Agar, una criada que tal vez adquirieron durante su período en Egipto. Abram acepta, y Agar queda encinta (16:2-4). Un cierto grado de hostilidad personal ahora surge entre Agar y Saray, con el resultado de que Agar deja la casa. Sin embargo, Dios le habla en una visión y le ofrece seguridad en cuanto su futuro. Su hijo se llamará Ismael (16:11), y será el cumplimiento de la promesa de Dios a Abram. Sin embargo, como se aclara en el siguiente capítulo. Dios tiene intenciones por igual para Saray. 17:1-27 El pacto de la circuncisión. La sección principal que sigue da paso a la siguiente etapa del pacto entre Dios y Abram. La primera etapa de este pacto incluyó la promesa de la tierra. Ahora Dios afirma que él será el Dios tanto de Abram como de sus descendientes (17:7). Como señal de esta nueva relación, el nombre de Abram se cambia formalmente por el de Abraham (17:5), y a Saray ahora se la conocerá como Sara (17:15). Abraham y Sara serán bendecidos por Dios, y a pesar de sus años avanzados tendrán un hijo, al que llamarán Isaac (17:15-20). El pacto de Dios con los sucesores de Abraham será por medio de Isaac, y no de Ismael (17:19-21). Esta clara afirmación de que Ismael no es el hijo de la promesa es, no obstante, moderada por la evidente bondad de Dios y su misericordia tanto hacia Agar como hacia Ismael.

El pacto que Dios hace ahora con Abraham y Sara es condicional. Sus privilegios y beneficios están ligados a ciertas obligaciones, las cuales se deben observar para que el pacto permanezca vigente. Su rasgo central es la circuncisión, que es la señal externa de este pacto (17:9-14). La circuncisión (que consiste de forma básica en la remoción del prepucio del pene) está limitada a los niños varones, y se considera como una señal esencial de ser miembro del pueblo del pacto de Dios. Abraham obedece esta exigencia, y hace arreglos para ser circuncidado él mismo, su hijo Ismael y todos los varones de su casa como una señal de su nueva relación con Dios (17:23-27). GÉNESIS 18:1-19:38 SODOMA Y GOMORRA

18:1-15 Los tres visitantes. La siguiente sección empieza con un relato de una visita que el SEÑOR le hizo a Abraham, en la forma de tres visitantes que resultan ser el SEÑOR y dos ángeles. (Muchos comentaristas ven esta visita como un indicio temprano de la doctrina cristiana de la Trinidad). Aunque Abraham no tenía idea de quiénes eran, él atendió a sus visitantes con la cortesía tradicional del Cercano Oriente, cerciorándose de que se les lavara los pies y se les proveyera alimento y agua. El propósito de la visita es volver a asegurarle a Abraham que su esposa Sara en verdad tendrá un hijo. Sara, que sabe que ella y su esposo son viejos, halla esto divertido. Pero el SEÑOR es contundente: «¿Acaso hay algo imposible para el SEÑOR?» (18:14). 18:16-33 Abraham ruega por Sodoma. Cuando los visitantes se preparan para irse, miran a la ciudad de Sodoma, notoria por su pecado (18:16-22). Es evidente que la ciudad está destinada a la destrucción. No obstante, como cuestión de justicia, dos de los tres visitantes irán a la ciudad para cerciorarse por cuenta propia de si las cosas en realidad son así de malas. En el diálogo entre Abraham y el SEÑOR que sigue (18:23-33), el tema de la preservación del justo surge como de principal importancia. El SEÑOR librará a un pueblo por causa del remanente justo que hay allí. Abraham está convencido de que Dios, el juez de la toda la tierra, es justo (18:25), y halla esto confirmado en la repetida afirmación de Dios de que la presencia de un pequeño número de justos, incluso en una ciudad tan notoriamente pecadora como Sodoma, asegurará su preservación. 19:1-29 Destrucción de Sodoma y Gomorra. La narrativa entonces pasa a Sodoma misma. Lot, pariente de Abraham, está sentado a la puerta de la

ciudad cuando los ángeles llegan. Esto sugiere que él era un personaje de alguna importancia en la ciudad, puesto que la puerta de la ciudad era el lugar tradicional en donde se ejercía justicia y se atendía los asuntos locales. Lot los lleva a su casa y les ofrece la misma hospitalidad tradicional que Abraham les había mostrado antes (19:2-3). Los visitantes entonces hallan confirmados sus temores en cuanto a Sodoma, puesto que por poco son víctimas de una violación homosexual (19:4-11). Lo que sigue destaca con claridad la preocupación del SEÑOR por la seguridad de los justos. Lot y su familia son sacados de Sodoma para escapar de su destrucción, y hallan seguridad en una población cercana de Zoar (19:20-22), la cual es librada por causa de la presencia de ellos allí. El relato de la esposa de Lot volviéndose a mirar hacia atrás parece haber llegado a ser proverbial, puesto que el mismo Jesucristo hace referencia a esto (Lc 17:32). 19:30-38 Las hijas de Lot. Pronto se revela de forma clara que Lot y sus parientes son tan débiles y falibles como cualquier otro. El relato de cómo las hijas de Lot sedujeron a su padre en dos noches sucesivas (19:30-38) a fin de asegurar la continuación del linaje familiar es un recordatorio poderoso de la presencia continua del pecado en el mundo y de las tentaciones a las cuales es proclive el pueblo de Dios. GÉNESIS 20:1-25:11 LA VIDA POSTERIOR Y MUERTE DE ABRAHAM

20:1-34 Nace Isaac. La siguiente sección de Génesis enfoca el período posterior de la vida de Abraham. Al relato de la reunión de Abraham con Abimelec (20:1-17, y desarrollado más en 21:22-32) le sigue un breve recuento del cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham y Sara: nace Isaac (21:1-7). En respuesta a la fidelidad de Dios, Abraham circuncida a su hijo. Tal como Dios ha sido fiel a su pacto, así Abraham hace honor a su parte de este mismo pacto. El nacimiento de Isaac conduce a una alienación mayor entre Sara y Agar, con el resultado de que Agar y su hijo Ismael dejan la casa de Abraham (21:8-21). Sin embargo, a pesar de la hostilidad de Sara hacia ellos, Dios continúa vigilándolos y cuidándolos. 22:1-24 Abraham es probado. Después del nacimiento de Isaac, la consagración de Abraham a Dios es puesta a prueba en uno de los incidentes más famosos del Antiguo Testamento. Dios le pide a Abraham que tome a su hijo Isaac y lo sacrifique como acto de obediencia. Antes Abraham había declarado su fe en que el juez de toda la tierra haría lo que es justo: ahora esta fe es puesta a prueba. El relato es poderoso,

conmovedor y perturbador, con fuertes paralelos a los días finales de la vida de Cristo. Por ejemplo, Isaac lleva la leña para su propio holocausto (22:6), tal como Cristo llevó su propia cruz al lugar de la crucifixión. Abraham está a punto de sacrificar a su hijo cuando se le impide que lo haga. Su confianza y obediencia a Dios ahora está más allá de toda duda. Al mirar Abraham a su alrededor, nota un carnero atrapado en algunos espinos (22:13). Entonces ofrece este carnero como sacrificio a Dios en lugar de Isaac. Es difícil que los cristianos puedan leer este pasaje sin recordar la manera en que Jesucristo, como Cordero de Dios, fue coronado con espinas y se ofreció a sí mismo como sacrificio a Dios en lugar de la humanidad pecadora (Mc 15:17; Jn 1:29). Como resultado de la obediencia de Abraham, Dios le confirma sus promesas. Los descendientes de Abraham serán tan numerosos como las estrellas del cielo y los granos de arena de la orilla del mar (22:17). Las noticias del nacimiento de los hijos de Najor, hermano de Abraham (22:20-23) se pueden ver como principio del cumplimiento de esta promesa. 23:1-20 Muerte de Sara. Sara y Abraham ahora son muy viejos. Sara muere en la región de Canaán, ocupada por los hititas en ese tiempo. Abraham, que es «extranjero», no tiene privilegios de tierra, y compra un terreno de los hititas como sitio de sepultura para su esposa. Al final entierran a Sara en una cueva en un campo en Canaán. 24:1-25:11 Isaac y Rebeca; muerte de Abraham. Consciente de que su propia muerte no puede estar muy lejos, Abraham empieza a hacer arreglos para que su hijo Isaac tome esposa. Despacha «al criado más antiguo de su casa» (quizá Eliezer de Damasco, al que él primero había considerado su heredero antes del nacimiento de Isaac) para que busque una mujer apropiada. Aunque al presente están viviendo en Canaán, Abraham no quiere que Isaac se case con una mujer cananita, con todos los peligros de sincretismo que eso implicaría (tema que se analiza más adelante). Él quiere que se case con alguien de su propia tierra natal, y por eso envía a su criado a esa región (24:1-11). Mientras se prepara para dar de beber a sus camellos fuera de la ciudad de Najor, el criado conoce a Rebeca (24:15), que ha venido para sacar agua para su familia. Convencido de que es la persona apropiada, el criado logra que ella le presente a su familia (que incluye al hermano de ella, Labán), se identifica como criado de Abraham, y explica por qué piensa que Dios le ha guiado en este asunto (24:12-49). Tanto Rebeca como su familia están persuadidas. Rebeca y sus siervas se preparan para el largo viaje a Canaán con el criado de Abraham. Por último, Isaac y Rebeca se casan (24:50-66). Poco después el mismo Abraham

muere, y lo sepultan junto a Sara en la cueva cerca de Hebrón (25:1-11). La era del primer patriarca ha terminado. GÉNESIS 25:12-28:9 ISAAC Y SUS HIJOS

25:12-34 Los hijos de Ismael y los hijos de Isaac, Jacob y Esaú. Después de mencionar a los hijos de Ismael (25:12-18), la siguiente sección enfoca la historia de Isaac. Al inicio Rebeca es estéril; después de que Isaac ora por ella, concibe, y da a luz a gemelos. El primero que nace es Esaú, nombre que le pusieron por su apariencia velluda; al segundo le ponen por nombre Jacob, puesto que sale del vientre aferrado al talón de su hermano. Como el primero en nacer, Esaú adquiere el privilegio de la primogenitura: el derecho de heredar la propiedad de Isaac a su muerte. Sin embargo, es evidente que él considera esto como de escasa importancia y, en un momento de hambre, se la da a Jacob a cambio de un plato de guiso de lentejas (25:31-34). 26:1-33 Dios renueva su pacto con Isaac. Durante una hambruna en los años que siguen, el SEÑOR renueva su pacto con Isaac (26:1-6), confirmando que las mismas promesas hechas a Abraham ahora se extienden a Isaac. La misma promesa se confirma una vez más poco después (26:24), luego de que Isaac se establece en el valle de Guerar. 26:34-27:40 Jacob consigue la bendición de Isaac. Las relaciones entre Esaú y sus padres se deterioran. A los cuarenta años se casa con dos mujeres hititas (26:34); más tarde se menciona una tercera esposa (28:9). Esta acción es fuente de mucha preocupación para Isaac y Rebeca; más tarde ellos tratarán y evitarán que Jacob se case con una hitita o una cananita, insistiendo en que se case solo con alguien de su propia región natal (27:46-28:2). Con todo, Esaú es el primogénito, y como tal tiene ciertos derechos, incluyendo el derecho de recibir la bendición de su padre. Cuando la vista de Isaac empieza a fallarle, siente la necesidad de bendecir a Esaú. Rebeca, no obstante, está disgustada con Esaú, y decide que Jacob debe apoderarse de este privilegio, disfrazándose de tal manera que se le tome por Esaú. Isaac es engañado, y bendice a Jacob (27:5-29). Cuando Esaú vuelve de su cacería se descubre el engaño. Las relaciones entre los hermanos quedan interrumpidas de forma severa (27:30-46). 27:41-28:9 Jacob huye a donde Labán. Las relaciones entre Isaac y Jacob también se deterioran. Tal vez en parte tratando de alejarle de casa por un

tiempo, Isaac envía a Jacob a la región natal de Rebeca en Padán Aram, con instrucciones de que busque una esposa de entre las hijas de Labán, hermano de Rebeca (28:1-5). Rebeca ya le ha aconsejado que vaya y se quede con su hermano, para evitar a Esaú hasta que la cólera de este hacia su hermano menor se aplaque (27:42-45). Su consejo es que se quede allá «por un tiempo» hasta que las cosas se calmen. Según resultó, Jacob se quedó allí por veinte años (siete años por Lea, siete años por Raquel, y seis años por el ganado). La narración ahora se enfoca en Jacob, que surge como el personaje principal por derecho propio. GÉNESIS

28:10—36:40

JACOB

28:10-22 El sueño de Jacob en Betel. Así Jacob sale para Jarán, la ciudad natal de Abraham. Durante su viaje se detiene en un lugar conocido como Luz, pero que desde entonces se le conocerá como Betel. Mientras duerme, Jacob sueña con una «escalera» (no una escalera de madera con travesaños, como algunas veces se sugiere, sino quizá una grada de ladrillos), por la cual los ángeles suben y bajan. Mientras sueña, el SEÑOR le extiende a Jacob el pacto que hizo con Abraham e Isaac, prometiéndole tierra y descendientes (28:10-22). A pesar de todos los engaños de Jacob, Dios se prepara para bendecirlo. Con esta garantía de la bendición del SEÑOR, Jacob continúa su viaje a Jarán. 29:1-25 Jacob en Padán Aram. Al llegar a la región pregunta si alguien conoce a Labán. Por supuesto él es bien conocido en la región. Sin embargo, el primer miembro de la familia de Labán que Jacob encuentra es la más joven y más hermosa de las dos hijas de Labán: Raquel (29:1-12). Después de recibir la bienvenida en la casa de Labán, Jacob empieza a trabajar para ganarse su sustento. Labán le pregunta cuánto le gustaría ganar como salario: Jacob responde que le gustaría tener la mano de Raquel en matrimonio a cambio de siete años de trabajo (29:18). Labán consiente, pero es evidente que tiene otros planes. La noche de la fiesta nupcial, le da a Jacob su hija mayor, Lea, en lugar de Raquel. Tal vez era muy oscuro, o tal vez grandes cantidades de vino fluyeron en la fiesta de bodas. En cualquier caso, Jacob no nota la sustitución. Se acuesta con ella y solo descubre el engaño a la mañana (29:25). Hay una sutil ironía aquí: después de dejar un rastro de engaño detrás de sí en Canaán, Jacob mismo ahora es en verdad engañado. Como lo indican de forma clara los acontecimientos que se registran con respecto a la posesión del ganado

(30:25-43), tanto Labán como Jacob continúan tratando de engañarse el uno al otro. 29:26-30:24 Jacob se casa con Raquel y tiene hijos. Labán le informa a Jacob que puede tener a Raquel a cambio de otros siete años de trabajo. El texto indica con claridad (29:28-30) que no se le exige a Jacob que espere estos siete años antes de que Raquel le sea dada, así que se le permite acostarse con ella de inmediato a cambio de una promesa de siete años más de trabajo. El hecho de que Jacob tenga dos esposas simultáneamente no se consideraba como algo inusual o inaceptable. Es solo cuando Dios establece su pacto con Moisés en el Sinaí que la monogamia llega a ser la norma para su pueblo. Con Lea, Jacob tiene una serie de hijos; Raquel, sin embargo, es estéril. Al acostarse con la criada de Raquel (y más tarde con la de Lea, cuando Lea es demasiado vieja para tener hijos), Jacob engendra varios hijos más (30:1-21). Luego, al fin Raquel concibe y da a luz un hijo. Le ponen por nombre José (30:24). 30:25-31:21 Jacob huye de Labán. Después de un incidente que incluye el engaño mutuo en cuanto a los rebaños (30:25-43), las tensiones crecen entre Labán y su familia y Jacob. Jacob se ve obligado a huir de Labán (31:1-55), llevándose consigo a sus esposas, sus hijos y su ganado. Vuelven donde Isaac. Jacob continúa engañando a Labán al no decirle sus intenciones (31:20). De modo interesante, sin que Jacob lo sepa, Raquel se lleva los ídolos familiares de Labán (31:19), tal vez reflejando sus creencias paganas o creyendo que la posesión de estos artículos impediría que Labán actuara en forma letal contra ellos. 31:22-55 Labán persigue a Jacob. Labán, furioso porque le hayan quitado a sus hijas y nietos sin su conocimiento o permiso, persigue a Jacob y a su grupo, y a la larga los alcanza. Sin embargo, Labán, a pesar de ser pagano, tiene, un sueño en el que Dios le dice que no le haga daño a Jacob (31:24). Con todo, Labán está furioso por el robo de sus ídolos familiares, y exige que se los devuelvan. Jacob, ignorando el robo de Raquel, sugiere que los busque. Raquel, que ha escondido los ídolos en la montura de su camello, le dice a Labán que no puede moverse debido a que está en su período. Según resulta, no se hallan los ídolos. Después de alguna explicación de parte de Jacob, él y Labán acuerdan remendar sus diferencias. Jacob jura que cuidará a Raquel, a Lea y a sus hijos, y que no tendrá más esposas. Separándose reconciliados, Labán vuelve a su casa, y Jacob sigue para visitar a su hermano Esaú, que se ha establecido en la región de Edom. 32:1-33:20 Jacob se prepara para encontrarse con Esaú. Jacob le envía mensajeros a Esaú para hacerle saber de su llegada; los mensajeros

debidamente informan al regresar que Esaú viene a su encuentro con cuatrocientos hombres. Temiendo lo peor, Jacob divide a su gente en dos grupos, esperando que un grupo pueda sobrevivir a cualquier ataque que pudiera venir (32:1-21). Mientras espera para encontrarse con Esaú, Jacob tiene una reunión nocturna con un ángel en Peniel (32:22-32). Por primera vez se usa el nombre «Israel» para referirse a Jacob, y en última instancia a sus descendientes. El ángel se rehúsa revelar su nombre, y solo en Sinaí permitirá Dios que Moisés sepa su nombre. En esta etapa Israel no está listo para aprender más del SEÑOR que lo ha llamado a existir. Por último, Jacob y Esaú se encuentran (33:1-20). No se han visto en veinte años, y se separaron en términos muy hostiles. Esaú, sin embargo, se alegra mucho de ver a su hermano una vez más (33:4). Cuando se separan de nuevo lo hacen como amigos. 34:1-35:15 Jacob vuelve a Betel. El problema surge ahora en un frente diferente. Siquén, un gobernante local, viola a Dina, hija de Jacob y Lea. Jacob y su familia se enfurecen. Dos de los hijos de Jacob sugieren que si Siquén y su gente acuerdan circuncidarse (proceso muy doloroso) ellos permitirán que Dina se case con él y se establecerán en la región. Mientras los hombres se recuperan del dolor de su circuncisión y no pueden resistir, Simeón y Leví los atacan a espada y saquean sus posesiones (34:1-29). Jacob queda anonadado, tanto por el engaño como por sus posibles implicaciones. Ya no será seguro que ellos vivan en la región. Así que empiezan a mudarse a Betel, escena del sueno anterior de Jacob, en el cual el SEÑOR una vez más reafirma su compromiso con él y sus descendientes (34:30-35:15). 35:16-36:43 Muertes de Raquel e Isaac. A estas alturas, Jacob tiene once hijos: seis hijos con Lea; dos con Bilhá, que es criada de Raquel; dos con Zilpá, que es criada de Lea, y uno con Raquel, José (para los detalles, véase 35:23-26). En las etapas finales de su viaje a la ciudad de Efrata (también conocida como Belén), Raquel muere al dar a luz a otro hijo, a quien Jacob le pone por nombre Benjamín (35:16-18). Sepultan a Raquel cerca de Belén. Jacob vuelve a la casa de su padre Isaac cerca de Hebrón (35:27-29). Finalmente, el mismo Isaac muere, y lo sepultan en la tumba de la familia en el campo cerca de Macpela (véase 49:29-32). Después de mencionar los varios descendientes de Esaú y los gobernantes de la tierra de Edom en donde residía Esaú (36:1-43) la narración ahora cambia de forma decisiva para concentrarse en uno de los hijos de Jacob: José. GÉNESIS 37:1-50:26 É

JOSÉ

37:1-38:30 Los hermanos venden a José. José fue hijo de Jacob y Raquel, a la cual Jacob había amado. Como resultado, parece que él se inclinaba en especial por este hijo, lo cual irritaba de modo intenso a sus otros descendientes (37:1-4). El mismo José hizo poco para ganarse la simpatía de sus hermanos: sus sueños, que sugieren que ellos eran inferiores a él, solo los enfurecieron más (37:5-11). A la larga, ya no pudieron aguantarlo, así que lo vendieron como esclavo a un grupo de comerciantes madianitas que pasaba. Después de mojar en sangre de cabra la ricamente ornamentada túnica de José, se la trajeron a Jacob. Él concluye que algún animal salvaje ha matado a su hijo (37:12-35). La verdad era que José había sido vendido como esclavo y llevado a Egipto (37:36). (En este punto se interrumpe la narración en cuanto a José para relatar el matrimonio de Judá, hijo de Jacob, con una cananita, y su subsiguiente enredo con su nuera Tamar: 38:1-30). 39:1-23 José y la esposa de Potifar. La historia de José se reanuda. Ahora José es esclavo en la casa de Potifar, uno de los principales funcionarios del faraón. Dios le concede a José éxito en sus responsabilidades, lo que resulta en su progreso dentro de la casa (39:1-6). Sin embargo, sus rasgos atractivos pronto le meten en problemas con la esposa de Potifar, que, al no lograr seducirlo, lo acusa de intentar violarla (39:7-18). Como consecuencia lo arrojan a la cárcel. No obstante, Dios sigue con José, incluso en esa situación al parecer sin esperanza (39:20-23). 40:1-23 El copero y el panadero. Al poco tiempo otros dos hombres de la casa del faraón se unen a José en la prisión: un copero y un panadero. Cada uno tiene su sueño, que no pueden interpretar. José interpreta el sueño del primero de ellos como una profecía de restauración, y el del segundo como una profecía de condenación. Le pide al copero que le recuerde cuando sea restaurado a su puesto. A su debido tiempo, el copero es restaurado al favor del faraón, y el panadero ejecutado. Pero el copero se olvida de José, que continúa languideciendo en la cárcel, olvidado por todos excepto por Dios. 41:1-57 Sueños del faraón; José a cargo de Egipto. Ahora el mismo faraón empieza a soñar, y halla que no hay nadie que pueda darle una interpretación satisfactoria de sus sueños. Finalmente, el copero se acuerda de José, al que traen de la cárcel, y él demuestra ser capaz de interpretar los sueños. Habrán siete años de rica cosecha, seguidos de siete años de hambruna. Todo esto se lo ha dicho de antemano Dios, que ha decidido que tal cosa va a tener lugar. Convencido de que Dios ha elegido a José para

esta tarea, el faraón lo pone a cargo de los preparativos de Egipto para la hambruna que se avecina. Como resultado, mientras las otras naciones de alrededor sufren bajo una hambruna severa, Egipto no tiene escasez de alimentos. 42:1-38 Los hermanos de José van a Egipto. La hambruna parece haber sido en especial Severa en Canaán. Jacob y su familia sufren por ella. Con el tiempo, Jacob, oyendo que hay grano en Egipto, envía a todos sus hijos excepto a Benjamín, el segundo hijo de Raquel, a comprar grano allí. Al llegar ellos a Egipto, José los reconoce, los acusa de espías y los mete a la cárcel (42:1-17). Después de tres días los pone en libertad con la condición de que vuelvan con su hermano menor Benjamín. Sin embargo, Jacob se rehúsa a permitir que Benjamín vaya a Egipto. Es demasiado peligroso. Ya ha perdido a uno de los dos hijos de Raquel, y no tiene deseos de perder también al otro (42:18-38). 43:1-44:34 Segundo viaje a Egipto; la copa de plata. La hambruna persiste, y Jacob y su familia sufren una escasez peligrosa de comida. Por último, se toma la decisión. Ellos volverán a Egipto buscando más comida. Y esta vez Benjamín irá con ellos (43:1-25). Al llegar, José ve a su hermano Benjamín por primera vez en muchos años y se conmueve profundamente (43:29-31). Sin embargo, cuando ellos se disponen a volver a Canaán, José hace poner su propia copa especial en el saco de grano de Benjamín. Al salir ellos, José los acusa de robarle la copa. Exige que se busque en sus sacos. Cuando se la halla en el saco de Benjamín, los hermanos vuelven a José y se ofrecen a sí mismos como esclavos. Le imploran que no les quite a Benjamín. Su padre tenía dos hijos con su esposa: ha perdido a uno de ellos y no podría soportar la pérdida del segundo (44:1-34). 45:1-47:27 Jacob va a Egipto. José entonces revela su identidad a sus aturdidos hermanos y los abraza (45:1-15). Les dice cómo Dios lo ha bendecido. El faraón, fascinado por estos sucesos, ordena que se ponga a disposición de Jacob y su familia medios de transporte a fin de que puedan mudarse a Egipto y se establezcan en la tierra como bienvenidos e invitados de honor (45:16-24). Los hermanos vuelven a Canaán y le cuentan a su regocijado padre que José no solo está vivo; ahora es gobernador de todo Egipto (45:25-28). Así Jacob y toda su familia se mudan a Egipto y se establecen, con la bendición del faraón, en una de las partes más ricas de Gosén (46:1-47:12). Aun cuando la hambruna continúa en Egipto, José se cerciora de que haya grano disponible para todos, inclusive para los israelitas (47:13-27).

47:28-48:22 Manasés y Efraín. Jacob ahora ya está muy viejo. Sabiendo que morirá pronto, pide que lo sepulten en la tumba de la familia en Canaán (47:28-31). Les dice a José y a sus dos hijos cómo Dios ha establecido un pacto con él. Después de bendecir a Manasés y Efraín, los dos hijos de José, Jacob le dice a José que Dios un día le llevará de regreso a la tierra de sus padres (48:1-22). Dios les ha dado Canaán a sus descendientes. Sin embargo, José morirá en Egipto. La historia de cómo el pueblo de Israel volvió a Canaán apenas ha empezado. 49:1-50:21 Jacob bendice a sus hijos y muere. Finalmente, Jacob bendice a cada uno de sus doce hijos de forma individual (49:1-28) y a las tribus que llevarán sus nombres. Repite su petición de ser sepultado en la tumba de la familia en el campo de Macpela en Canaán, junto a Abraham, Sara, Isaac, Rebeca y Lea. (A Raquel, como se recordará, la sepultaron cerca de Belén). Después de estas palabras, Jacob muere (49:29-33). José se cerciora de que se acaten los deseos de su padre moribundo, y acompaña a toda la familia que vuelve a Canaán para sepultarlo. Después vuelven a Egipto para quedarse allí de modo permanente (50:1-21). 50:22-26 Muerte de José. Las palabras de Jacob al morir habían incluido una referencia a Canaán como la tierra prometida, que un día heredaría su descendencia. De la misma manera, cuando José está muriendo, habla del día en que Dios sacaría de Egipto a su pueblo y lo llevaría a la tierra que le había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. José pide que, cuando venga ese gran día, sus restos sean sepultados en esa tierra. Génesis termina relatando la muerte de José, y su sepultura en Egipto. Así, al lector se le deja preguntándose: ¿volverá algún día el pueblo de Israel a la tierra prometida? ¿O se quedarán para siempre en Egipto? ¿Serán alguna vez los restos de José sepultados en Canaán? ¿Será Dios fiel a sus promesas a Abraham, Isaac y Jacob? Son justo estas preguntas las que reciben respuesta en el próximo libro del Antiguo Testamento, al cual pasamos ahora.

ÉXODO La palabra «Éxodo» literalmente quiere decir «partida» o «salida», y enfoca la forma en que Dios libertó al pueblo de Israel de su cautiverio en Egipto. Génesis concluye con el relato de la sepultura de José y su esperanza de que un día sería enterrado en la tierra que Dios le había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Éxodo retoma el relato, estableciendo la escena para el retorno de Israel a Canaán para entrar en esta tierra prometida. ÉXODO 1:1-22 INTRODUCCIÓN

Éxodo empieza describiendo cómo los israelitas (como se conoce ahora a los descendientes de Jacob) florecen en el período después de la muerte de José, La promesa de Dios a los patriarcas de muchos descendientes se cumple de forma más que abundante, para alarma de los egipcios nativos. Cada vez más a los israelitas se les llega a ver como una amenaza. El recuerdo de José y su trabajo en Egipto parece que ha quedado en el olvido en el período de aproximadamente doscientos años que separa la muerte de José y los acontecimientos que se describirán en este libro. Por último, «llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José» (1:8). A menudo se piensa que el faraón en cuestión fue Amose, a quien se le conoce como hostil a los semitas. (El término «semita», que se deriva de «Sem», a menudo se usa para referirse a los pueblos de la región de Palestina, y en especial a los israelitas). Alarmado por el poder creciente de los israelitas, el faraón se dispone a limitar su número e influencia. Para empezar, reduce a los israelitas a la esclavitud (1:11-14), luego intenta hacer matar a todo niño varón israelita al nacer (1:15-22). Sin embargo, la estrategia fracasa; las parteras temen a Dios, y no cumplen los deseos del faraón. ÉXODO 2:1-2 NACIMIENTO DE MOISÉS

En medio de este esfuerzo por eliminar a todos los niños varones israelitas, le nace un niño a una familia levita. Bajo el edicto del faraón, había que ahogar al niño en el río Nilo. Sin poder concebir tal pensamiento, su madre lo coloca en una canasta entre los juncos de la ribera del río. (La palabra que se usa para «canasta» es la misma que se usa en Gn 6:14 para referirse al arca de Noé, que también fue un medio de liberación de la muerte por ahogamiento). La hija del faraón descubre al niño y lo salva. Por la gracia de Dios, un miembro de la propia familia del faraón salva al futuro libertador de Israel. La princesa reconoce que el niño es israelita. Ella usa el término distintivo «hebreos» (2:6) para referirse a los israelitas. La hermana del niño, que más adelante se nos dirá que se llama Miriam, ofrece buscar a alguna de las «mujeres hebreas» para que amamante el niño para la princesa. De forma astuta, ella busca a su madre, y así logra la reunión de madre e hijo. Cuando el niño crece, es adoptado por la familia del faraón, y le ponen por nombre «Moisés». La narración avanza (2:11-24). Moisés ya es «mayor de edad», tal vez cumpliendo los cuarenta. Aunque criado en la casa del faraón, no se ha olvidado de su propio pueblo. Después de matar por accidente a un egipcio que estaba maltratando a un israelita, Moisés se ve obligado a huir de Egipto (2:15). Se establece en la región de Madián, una región desolada al este del golfo de Acaba, a varios cientos de kilómetros de Egipto. Mientras está allí, se casa con una mujer local, hija de Jetro, sacerdote madianita, y se establece en esa región con su familia por muchos años. Pero allá en Egipto continúa la opresión de Israel (2:23-25). No obstante, Dios no se ha olvidado de su pueblo. El gran tema del pacto entre Dios y Abraham, Isaac y Jacob empieza a aparecer. La promesa de Dios a su pueblo sigue abierta. Pero, ¿cómo puede llevarse a cabo? ¿Qué se puede hacer? El siguiente capítulo empieza a preparar la escena para el gran acto de liberación que pronto tendrá lugar. ÉXODO 3:1-6:30 LLAMAMIENTO DE MOISÉS

3:1-22 Moisés y la zarza ardiente. Moisés está cuidando los rebaños de Jetro en tierra de Madián cuando Dios le llama por su nombre. En lo que sigue (3:5-10) Dios reafirma su compromiso al pacto qué hizo con Abraham,

Isaac y Jacob, y su determinación de liberarlos de la esclavitud en Egipto. Los llevará a una «tierra donde abundan la leche y la miel» (3:8). Él ha escogido a Moisés para que vaya ante el faraón y saque de Egipto a Israel. Moisés titubea por esta comisión. ¿Por qué él? ¿Qué dirán los israelitas cuando trate de conseguir su respaldo? Dios le vuelve a tranquilizar. Moisés debe llamar a Dios por nombre: «Yo SOY EL QUE SOY» (3:14). Este no es un nombre que Moisés ha escogido para Dios. Es el nombre por el que Dios desea que su pueblo le conozca. En el Antiguo Testamento ponerle nombre a alguien significaba tener o asumir autoridad sobre el individuo. Así como nadie tiene autoridad sobre Dios, nadie tiene derecho de ponerle nombre. Dios escoge revelar su nombre. Él es «el SEÑOR» (3:15). La palabra hebrea «Yahvé», a veces llamada el «tetragrámaton» (las «cuatro letras» JHWH, que a veces se escribe «Yahvé» y a menudo de forma incorrecta como «Jehová» en algunas traducciones al español), también es un nombre personal de Dios. El nombre no se debe confundir con el título general de «Señor», que solo se refiere a la autoridad de Dios. «El SEÑOR» es un nombre especial para Dios, por el que se le debe conocer y que se debe usar al dirigirse a él en el culto y la oración. Para evitar confusión, la NVI imprime este nombre en versalitas, de esta manera: SEÑOR. Dios también afirma que él es el mismo Dios que Abraham, Isaac y Jacob adoraron y obedecieron. Sus promesas a estos grandes patriarcas siguen firmes. Él es, de este modo, el «Dios de Abraham, Isaac y Jacob» (3:16). A Moisés entonces se le ordena volver a Egipto, reunir a los ancianos (literalmente, a los «hombres viejos»; en el Antiguo Testamento a menudo se consideran ligadas de forma muy estrecha a la sabiduría y a la edad) de Israel, y decirles lo que ha sucedido. El momento de liberación de ellos no está muy lejos. Israel será liberada de su esclavitud (3:18-22). 4:1-17 Señales para Moisés. Moisés, sin embargo, todavía titubea. Puede vislumbrar que se cuestionará su autoridad (4:1-9). Le falta confianza en su capacidad de hablar bien (4:10-12). No quiere hacerlo, de todas maneras (4:13-17). Pero Dios es inflexible. Moisés es su hombre escogido. Si Moisés se preocupa por su capacidad de hablar, Dios usará a Aarón, hermano de Moisés, como su portavoz (véase Éx 4:27-31). No obstante, Moisés debe ser el libertador del pueblo de Israel. Debe aplicarse a la tarea que tiene a mano. 4:18-5:23 Moisés vuelve a Egipto. Así Moisés obtiene permiso de Jetro para llevar a su familia de regreso a Egipto (4:18-23). Sin embargo, aunque Moisés ahora evidentemente está dentro del pacto entre Dios y Abraham, todavía no ha cumplido una de sus exigencias centrales: la circuncisión de su hijo (Gn 17:9-14). Su esposa, más alerta en esto que su esposo, realiza

la operación en su hijo (4:24-26). Después de que Moisés llega a Egipto, él y Aarón reúnen a los ancianos de Israel. Les aseguran que el SEÑOR no se ha olvidado de ellos. La escena ahora pasa a la confrontación con el faraón. Moisés y Aarón presentan su famosa exigencia a nombre de Dios: «Deja ir a mi pueblo». Al faraón no le interesa eso. ¿Quién es este SEÑOR que exige que él actúe de esta manera? Irritado por sus exigencias, el faraón decide hacerles la vida más difícil a los israelitas. Ya no les dará paja para su labor de hacer adobes. Ellos deben conseguirla por cuenta propia (5:1-21). Los israelitas se enfurecen contra Moisés y Aarón por provocar, al faraón de esa manera. Moisés queda desconsolado. ¿Por qué Dios lo ha tratado de esta manera? (5:22-23). 6:1-30 Dios promete liberación. Dios se revela a Moisés una vez más, y le vuelve a asegurar su presencia y poder (6:1-27). El mismo Dios que se les apareció a Abraham, Isaac y Jacob se da de nuevo a conocer a Moisés. Ha oído los gemidos de su pueblo, y será fiel a su pacto. El tema de la «fidelidad del pacto de Dios», que es de vital importancia en el Antiguo Testamento, hace que se sienta con fuerza su presencia en los capítulos 19 al 24 de Éxodo. Sin embargo, también aparecen otros temas: tales como la negativa del pueblo de Dios a escuchar a sus siervos escogidos, y la falta de confianza de esos siervos tanto en sí mismos como en el Dios que los ha escogido. Por ejemplo, cuando a Moisés se le dice que le hable al faraón, él titubea: no me va a escuchar (6:28-30). No obstante, al final, Dios puede usar incluso a aquellos que no tienen «facilidad de palabra». ÉXODO 7:1-11:10 JUICIO CONTRA EL FARAÓN

Si el faraón no hace caso a las palabras de Moisés, entonces tendrá que vérselas más bien con las acciones de Dios. La principal sección que ahora empieza tiene que ver con el persistente rechazo de Dios de parte del faraón y su obstinada negativa a permitir que los israelitas dejen su cautiverio en Egipto. Un tema que se vuelve importante en está sección es el del «endurecimiento del corazón del faraón». Esto no se debe entender como queriendo decir que Dios de forma deliberada hace que el faraón rechace las palabras de Moisés o la voluntad de Dios. Más bien se debe tomar como queriendo decir que Dios confirma lo que ya está presente en el propio corazón del faraón. Por cada pasaje que habla de que Dios endureció el corazón del faraón (por ej., Éx 7:3; 9:12; 10:20) hay otro que habla de que el

mismo faraón endurece su corazón (por ej., Éx 7:13, 22; 8:15, 32; 9:7). Dios saca a la luz los motivos y deseos secretos e íntimos del faraón. 7:14-11:10 Una serie de plagas. Es evidente claro que el faraón no tiene la más leve intención de permitir que los israelitas se vayan, a pesar de las obvias señales de la presencia y poder del SEÑOR (7:1-13). Entonces tienen lugar una serie de plagas, cada una de las cuales trastorna severamente la vida en Egipto. Cada una de estas plagas se puede ver en términos de sucesos naturales. Por ejemplo, la plaga de sangre (7:14-24) puede haber sido una severa erupción de un volcán que descargara la ceniza volcánica en el Nilo y de esta manera contaminara el agua potable de la que bebían tanto los animales como los seres humanos, así como también produciría el oscurecimiento del cielo. Los israelitas, que se hallaban en la región de Gosén, mucho más lejos del Nilo, no habrían sido afectados. Detrás de estos fenómenos naturales está la mano de Dios en castigo. En el orden en que ocurrieron, las plagas son: sangre (7:14-24), ranas (8:1-15), mosquitos (8:16-19), tábanos (8:20-32), plaga en el ganado (9:1-7), úlceras (9:8-12), granizo (9:13-35), langostas (10:1-20) y oscuridad (10:21-29). En cada caso se repite el mismo estribillo: faraón endureció su corazón y no permitió que el pueblo de Dios se fuera. La escena está preparada de esta manera para el ataque final a la total obstinación del faraón, conforme tienen lugar los acontecimientos que de aquí en adelante se celebrarán en el festival de la Pascua. ÉXODO 11:1-12:30 LA PASCUA

11:1-10 Plaga contra los primogénitos. El castigo final sobre Egipto es paralelo a una de las medidas más represivas que adoptó el faraón contra los israelitas. El faraón había ordenado que se les diera muerte a todos los recién nacidos israelitas varones. Ahora ese mismo juicio se ejecuta contra Egipto, partiendo de la casa real y hasta abajo. Sin embargo, incluso aquí, el castigo divino está moderado por la misericordia: en tanto que el faraón le quitó la vida a todo niño varón israelita, solo el primogénito de cada familia egipcia debe sufrir la misma suerte. Israel, no obstante, no sufrirá por este castigo. La nación será marcada como él propio pueblo de Dios, y no sufrirá por este acto. 12:1-13 La cena de la Pascua. Como señal del hecho de que algo nuevo está a punto de suceder, a Moisés se le ordena que empiece un nuevo

calendario religioso, basado en lo que ahora tiene lugar. (El tiempo del año que se identifica aquí corresponde al período entre marzo y abril en los calendarios modernos). Cada familia o grupo de familias debe sacrificar un cordero o cabrito perfecto y untar la sangre del animal en los postes y el dintel de sus puertas. Esto los marcará como el pueblo de Dios. Deben disfrutar de una comida para recordar su tiempo en Egipto, el cual ahora está llegando a su fin. Tanto el tipo de comida que se sirve como la manera en que se debe comer le recordará al pueblo sus años amargos en Egipto, mientras esperaba su redención. El hecho de comer «hierbas amargas» (12:8), hierbas nativas de Egipto, simboliza la amargura de su esclavitud, tal como el «pan sin levadura» señala la prisa con la que se le pide al pueblo que se prepare para salir de Egipto. Al festival se le llama «la Pascua del SEÑOR», y se refiere al hecho de que Dios «pasa de largo» por las casas de su pueblo mientras ejecuta su venganza contra los egipcios. 12:14-28 Conmemoración de la Pascua. En conmemoración de esta acta de liberación se debe celebrar la Pascua todos los años como «ley perpetua». Más adelante se mencionan regulaciones adicionales con respecto a esta celebración (12:43-49). No es accidente que en el Nuevo Testamento la «última cena» de Jesucristo sea una cena pascual (Mt 26:1729; Mc 14:12-25; Lc 22:7-20). Al celebrar la gran acción divina de liberación en el pasado, Jesucristo se prepara para el gran acto de liberación que tendrá lugar mediante su muerte en la cruz. El castigo de Dios contra el pecado, al inicio hecho contra el primogénito de los egipcios (12:29-30), a la larga conduce a la muerte expiatoria de su Hijo unigénito y primogénito. ÉXODO 12:31-18:27 EL ÉXODO

Este acto final de castigo rompe la determinación del faraón. Israel puede salir de Egipto. Temiendo más calamidades, los egipcios desean que los israelitas se vayan de su tierra lo más rápido posible (12:31-39). Más tarde (14:5-6) cambiarán de opinión, y decidirán obligarlos a volver a la esclavitud. 13:1-16 Consagración del primogénito. Conforme los israelitas se preparan para salir, se establece la costumbre de ofrecer a todo varón primogénito (sea animal o humano) al SEÑOR. Una vez que Israel se ha establecido en la tierra prometida, continuará esta costumbre como medio de recordar su encarcelamiento en Egipto, así como el gran poder y amor del SEÑOR al librar a los israelitas del cautiverio y llevarlos hacia una «tierra donde abundan la leche y la miel». La costumbre se establece como un

recordatorio, por si acaso Israel se olvida de que el SEÑOR los sacó de Egipto con mano poderosa. El tema de recordar todo lo que Dios ha hecho por su pueblo tiene lugar con frecuencia en toda la Biblia. 13:17-15:21 El cruce del mar. Un tema adicional que surge a menudo en el relato del viaje de Israel y su entrada en la tierra prometida es el de la fidelidad de Dios a sus promesas. Dios prometió darles a los descendientes de Abraham la tierra de Canaán. Él será fiel a esa promesa, a pesar de la desobediencia frecuente de su pueblo y de su rebelión contra él. Como muestra de la fidelidad de Dios a sus promesas, Moisés hace exhumar los huesos de José y se los lleva consigo en su viaje (13:19), a fin de que pueda participar de la promesa de descansar en Canaán. Pero, ¿cómo van a llegar a Canaán? La ruta más directa sería dirigirse de Gosén a la costa, y seguir la orilla por Filistea hasta Canaán. Esta, sin embargo, era una posible ruta de invasión de los enemigos de Egipto. Como resultado, estaba defendida por una serie de fortalezas. Guiados por una «columna de nube» de día y una «columna de fuego» por la noche, los israelitas viajaron hacia el sureste en lugar de hacia el noreste, evitando las muy transitadas rutas de comercio por la península del Sinaí. El camino que toman los lleva a lo que de forma tradicional se conoce como el Mar Rojo, aunque las palabras hebreas yam suf en realidad quieren decir «Mar de cañas». No se sabe a ciencia cierta en dónde estaba ubicado este mar. La referencia no necesariamente tiene que ser a un «mar» en el sentido estricto del término, y es posible que pueda referirse a algún lago tierra adentro. A estas alturas los egipcios lamentan su decisión de haber permitido que los israelitas se vayan sin impedírselo (14:1-9). Ahora se dan cuenta de que han perdido una enorme cantidad de mano de obra barata de los esclavos. Toman la decisión de perseguir a los israelitas y volver a capturarlos. Los grupos de búsqueda parten, y persiguen a los israelitas hasta Pi Ajirot (14:9). El pánico estalla en el campamento israelita, y las recriminaciones surgen rápido y fuertes contra Moisés (14:10-12). Moisés, sin embargo, insta al pueblo a confiar en Dios. En uno de los incidentes más dramáticos y más conocidos de la Biblia, un fuerte viento oriental divide las aguas de este mar, permitiendo que el pueblo de Israel pase al otro lado. Sin embargo, el mar se traga a los egipcios. De nuevo hay un fuerte elemento de ironía aquí. Los egipcios hicieron ahogar a todo primogénito varón de Israel, y acabaron siendo ahogados ellos mismos. Este gran acto de liberación divina hace recapacitar a Israel. Ahora temen y confían en Dios, y están preparados para escuchar a Moisés su siervo (14:13-31). Con un gran canto de triunfo, Israel se goza en la victoria gloriosa de un Dios que es fiel a sus promesas, y que

los llevará de Canaán (15:1-21). Por un tiempo, Israel confía en su Dios y en su siervo. 15:22-27 Las aguas de Mara y Elim. No obstante, esto no dura. La naturaleza humana pecadora pronto se cansa de confiar y adorar a Dios, y vuelve a concentrarse en sus necesidades puramente físicas. A poco, el pueblo rezonga por la calidad de su provisión de agua. El problema es pronto remediado. Sin embargo, al lector de Éxodo se le ha introducido a un tema que volverá a repetirse en toda la historia de los peregrinajes de Israel en su camino a la tierra prometida: las murmuraciones de un pueblo impaciente, que exige gratificación instantánea y que se ve tentado a abandonar a Dios cuando las cosas se ponen difíciles. Como se verá con claridad, Israel es un pueblo que necesita ser refinado y probado antes de estar listo para entrar en la tierra prometida. 16:1-36 Maná y codornices. Los rezongos pronto empiezan de nuevo (16:1-3). Esta vez el problema es la comida. Israel echa de menos sus ollas de carne. La frase: «¡Nos iba mejor en Egipto!» se vuelve una especie de tema repetitivo en la larga lista de quejas del pueblo contra Dios. El cuidado providencial de Dios por su pueblo ya se ha demostrado en la manera en que él los salvó de la esclavitud en Egipto. Sin embargo, ese cuidado está lejos de agotarse, como lo indica de modo notorio lo que sigue. Por ejemplo, Dios provee codornices (16:11-13) para que tengan carne. También ordena que Israel tenga «pan del cielo» (16:4), un aspecto de la bondad de Dios que halla su expresión suprema en la venida de Jesucristo (Jn 6:32-33). La palabra «maná» se usa para referirse a este pan (16:31). No es por completo claro qué era el maná. Algunos han sugerido que puede haber sido alguna forma de resina dulce. Sin embargo, las elaboradas precauciones con respecto a la recolección y conservación del maná sugieren que no fue algo natural, sino más bien ordenado por Dios para la alimentación de su pueblo en este momento crucial en su historia. De modo interesante, la idea del reposo en el séptimo día empieza a aparecer (16:23), aunque no se impondrá formalmente como un requerimiento del pacto sino hasta el mismo Sinaí. 17:1-7 Agua de la roca. Una vez resuelto el asunto de la comida, Israel ahora empieza a quejarse en cuanto al agua de nuevo (17:1-2). En un maravilloso pasaje se nos dice cómo Moisés golpeó la roca e hizo salir un arroyo de agua (17:6). Este suceso se conmemoraría en muchos de los escritos posteriores del Antiguo Testamento (tales como Sal 78:15-16 e Is 48:21) como una señal de la bondad de Dios y su presencia entre su pueblo.

17:8-16 Derrota de los amalecitas. Hasta este punto Israel ha deambulado por el desierto sin enfrentar mucha oposición. Ha habido quejas de parte del pueblo en cuanto a la comida y al agua, pero no amenazas externas. Ahora esta situación cambia, puesto que Israel se halla bajo el ataque de los amalecitas. El relato de la derrota de los merodeadores amalecitas es de particular importancia, puesto que nos presenta a Josué. Después de la muerte de Moisés, a la larga Josué dirigirá a Israel para entrar en la tierra prometida. Sin embargo, incluso en esta etapa temprana, se le destaca como una persona obediente y competente. Más adelante se le identificará como el ayudante de Moisés (24:13), que ascendió al monte Sinaí con él. 18:1-27 Jetro visita a Moisés. El relato de este período temprano del peregrinaje en el desierto llega a su conclusión con la reunión entre Moisés y su suegro Jetro. Madián no estaba lejos de la región en la que Moisés había escogido acampar, y parece que envió a su esposa e hijos a Madián para saludar a Jetro y arreglar una reunión. Jetro no adoraba al SEÑOR, siendo sacerdote de Madián. Sin embargo, las noticias de las grandes obras que el SEÑOR había hecho por su pueblo causaron una profunda impresión en él. Reconoce que el SEÑOR es Dios y le ofrece sacrificios (18:9-12). Jetro, al que ahora ya se le considera seguidor del SEÑOR, le enseña entonces a Moisés la esencia de la destreza de la delegación, algo que Moisés, según todo lo que se dice, todavía tenía que aprender (18:13-27). Moisés no podía hacerlo todo por Israel, y la administración de la justicia estaba llegando a ser una carga insoportable e impráctica. Se puede ver que los principios de un sistema organizado de gobierno y de ley están empezando a tomar forma. Esto se consolidará más adelante en el futuro, conforme Israel avanza hacia Sinaí. Han pasado tres meses desde que salieron de Egipto. ÉXODO 19:1-24:18 EL PACTO EN SINAÍ

Israel acampa al pie del monte Sinaí, en la región sur oriental de la península del Sinaí. Dios llama a Moisés a que suba al monte, y declara su intención de hacer de Israel «un reino de sacerdotes y una nación santa» (19:6). Dios apartará a Israel de todos los demás pueblos y naciones, y lo dedicará al servicio del SEÑOR. El Nuevo Testamento retoma ambas ideas, afirmando que los creyentes cristianos ahora son el sacerdocio real de Dios y su pueblo (1P 2:5, 9). La característica distintiva de Israel será salvaguardada por el pacto entre Dios y su pueblo, el cual establecerá la identidad peculiar de Israel como pueblo.

Moisés e Israel se preparan para oír el pacto de Dios. En una serie de actos rituales se purifican (19:10-25). Hay una noción importante en este pasaje: los pecadores no pueden estar ante un Dios santo. Hay que hacer algo para poder entrar a la presencia de Dios. Estas ideas se desarrollan en el sistema de sacrificios, que recalca la necesidad de la purificación y la santidad de parte de los que desean acercarse a Dios. Sin embargo, esto alcanza su clímax en el Nuevo Testamento: por la fe en la sangre expiatoria de Cristo, los pecadores al fin tienen permitido venir con confianza y gozo a la presencia de un Dios santo. 20:1-17 Los Diez Mandamientos. Dios ahora entrega el pacto entre sí mismo y su pueblo Israel. A esta estructura básica por lo general se hace referencia como «los Diez Mandamientos», o el «decálogo». Hay similitudes importantes entre el pacto entre Dios e Israel y los pactos antiguos del Cercano Oriente entre los monarcas y sus pueblos, los cuales a menudo empezaban con una declaración de la identidad y logros del rey en cuestión. El pacto empieza con una afirmación resonante de que el SEÑOR es el Dios que libró a Israel de su cautiverio en Egipto. Al haberse identificado a sí mismo, Dios le impone a su pueblo las siguientes diez condiciones. Las primeras cuatro se refieren a la relación de Israel con Dios, y las restantes seis a los deberes con los otros israelitas. 20:3 No deben tener otros dioses. Israel debe ser fiel al solo y único Dios que los libró de Egipto. En la práctica, Israel no guarda este mandamiento: con regularidad flirtean con otros dioses y diosas, en especial durante su establecimiento en Canaán. Se usa la palabra «celoso» (por ej., 20:5) para referirse a la exigencia de Dios de una consagración total de parte de su pueblo. Esto no se refiere a una envidia mezquina o al resentimiento de parte de Dios, sino a su amor apasionado por su pueblo y a su negativa de compartirlos con otros dioses. 20:4 Se prohíben los ídolos. Muchas de las naciones paganas de la región adoraban ídolos, es decir, imágenes de dioses hechas de piedra, madera o metal. A Israel se le prohíbe por completo que haga eso. Solo deben adorar al SEÑOR. La Biblia también condena otras prácticas idólatras, incluyendo la adoración al sol, la luna y las estrellas. Además, se prohíben muchas de las prácticas asociadas con la idolatría, tales como las perversiones sexuales y el hecho de quemar a los hijos en sacrificio. A pesar de estas advertencias, Israel cae en la idolatría en muchos momentos de su historia, incluyendo el tiempo de los patriarcas y Moisés, el período de los jueces y el período de la monarquía. Además de identificar los peligros espirituales de la idolatría, el Antiguo Testamento también destaca lo absurdo de la práctica. ¿Cómo,

pregunta, puede alguien tratar seriamente algo hecho de madera como si fuera dios? Debajo de esta prohibición hay otra consideración: no hay manera de poder representar de forma adecuada al SEÑOR mediante algún objeto humano. Es fatalmente fácil confundir al Creador y a la creación, y acabar adorando a esta última en lugar de al Creador. Este mandamiento acaba con una afirmación poderosa de la total fidelidad de Dios a su pacto. 20:7 No se debe usar mal el nombre del SEÑOR. No se debe usar mal el nombre de Dios, como al jurar en falso. 20:8-11 Hay que guardar santo el sabat. Este mandamiento establece el séptimo día como santo. Según el relato de la creación que da el Antiguo Testamento (Gn 1), Dios descansó en el séptimo día de su obra de la creación. Por esta razón, se ordenó que el séptimo día de la semana (sábado) sea un día de descanso, costumbre que continúa en el judaísmo moderno. No se permitía ningún trabajo manual de ningún tipo en este día, el cual se debía observar como una ocasión de descanso físico y de agradecimiento a Dios. Como Jesús lo destacó de esta manera (Mc 2:2328), el sabat fue ordenado para beneficio de la humanidad. Para el tiempo del Nuevo Testamento, sin embargo, las regulaciones respecto al sabat se habían ampliado de modo considerable. El sabat ahora era materia de varias clases de legalismo, y su intención original se había opacado. Jesucristo, que de forma manifiesta rompió las regulaciones más restrictivas del sabat, declaró que el mismo fue hecho para la humanidad, y no la humanidad para el sabat. La resurrección de Cristo de los muertos en el primer día de la semana (domingo) estableció este día como siendo de importancia especial para los cristianos. Como resultado, los cristianos observan «el día del Señor» (domingo) como período de descanso sabático, en lugar del sábado original. Los cristianos pueden mantener el principio del sabat sin obedecer la letra de la ley del Antiguo Testamento. 20:12 Los israelitas deben honrar a sus padres. Como Pablo lo señala (Ef 6:2), este es el primer mandamiento que contiene una promesa. El respeto por los padres está ligado con el bienestar de Israel en la tierra que Dios le ha prometido. Hay un fuerte sentido de obligación familiar aquí, que es en especial notoria para los lectores occidentales modernos, los cuales están más acostumbrados a una manera de pensar muy individualista. El Antiguo Testamento, aquí y en otras partes, recalca la responsabilidad del pueblo de Dios de unos a otros, y dedica muy poco a la ética de la pura realización e indulgencia propias que es tan común en la sociedad occidental hoy.

20:13 Se prohíbe el asesinato. La palabra hebrea que se usa aquí de forma habitual llevaría el sentido de un acto deliberado y premeditado para matar. Se ha trazado una distinción entre el homicidio y el asesinato, siendo la principal diferencia que el primero fue accidental y el otro deliberado. Sin embargo, el mandamiento no se entendió en los tiempos del Antiguo Testamento como prohibiendo la ejecución de ofensores serios, o de quitar la vida humana durante la guerra. 20:14 Se prohíbe el adulterio. La Biblia prohíbe de forma explícita y repetida esta práctica como ruptura de la confianza. Se la describe como algo que es una trampa para el incauto, y destructiva para ambos individuos y la sociedad. El Antiguo Testamento a menudo compara ciertas formas de infidelidad espiritual, tal como la adoración de otros dioses o ídolos, con el adulterio. Al SEÑOR se le trata como esposo de su pueblo Israel. El flirteo de Israel con otros dioses, en especial con los dioses cananitas de la fertilidad (cuyos rituales incluían elementos sexuales), por consiguiente, se considera como una violación del pacto entre Dios y su pueblo, de la misma manera que el adulterio es una violación del pacto del matrimonio. 20:15 Se prohíbe el robo. 20:16 Se prohíbe el falso testimonio, el decir mentiras. 20:17 Se prohíbe la codicia. La palabra «codicia» es un poco anticuada, y se pudiera traducir tal vez mejor cómo «tener envidia de» o «sentir celos de». Lo básico que se condena es anhelar tener algo que le pertenece a otra persona. Hay necesidad de estar preparados para aceptar lo que tenemos sin envidiar a otros. Esa envidia muy fácilmente puede conducir a la violencia y al asesinato, y permite que el pecado se exprese de maneras peligrosas. A los Diez Mandamientos les sigue un suplemento de una serie de leyes adicionales, que amplían algunas de las ideas expresadas en los mismos mandamientos. Estas leyes tienen que ver con la prohibición de la idolatría (20:22-26), la manera en que hay que tratar a los criados (21:1-11), la manera en que se debe compensar las lesiones personales (21:12-36), la protección de la propiedad personal (22:1-15), el cuidado de la comunidad en general (22:16-23:9), y regulaciones para observar el reposo sabático (23:10-13) y los festivales anuales (23:14-19). Dios afirma su fidelidad a su parte del pacto, siempre y cuando Israel continúe fiel a la suya. De muchas maneras, como ya lo hemos referido más arriba, hay un paralelo directo entre el pacto entre Dios e Israel y en pacto matrimonial, con la infidelidad de parte de Israel comparada al adulterio o la prostitución. Dios ofrece darle a Israel la tierra prometida, y él irá delante del

pueblo para sembrar confusión y terror en las tierras qué va a poseer (23:2033). Con todo, hay una advertencia aquí: Israel puede corromperse con facilidad por las creencias religiosas y prácticas de los pueblos que ya viven en esa región. El pueblo entonces confirma el pacto, declarando que están listos para recibirlo y obedecerlo (24:3). En medio de grande rituales, Moisés lee al pueblo el libro del pacto (24:7), el cual jura obedecerlo. Moisés entonces vuelve con Josué al Sinaí, «el monte de Dios», en donde permanecerá por cuarenta días y noches (24:18). ÉXODO 25:1-31:18 EL TABERNÁCULO

Después de la información en cuanto a los requisitos que el pacto de Dios exige del pueblo, Moisés recibe los detalles prácticos para la adoración que es apropiada para Israel. Los detalles minuciosos de esta sección son complejos. Para apreciar por completo su función e importancia es preciso leerlos con atención, a la luz de un comentario técnico. Lo que sigue aquí enfoca la importancia de estas provisiones para los lectores cristianos. Luego de haber llamado a su pueblo y establecerlo como «un reino de sacerdotes y una nación santa» (19:6), Dios ahora declara que él morará entre ellos en un santuario (literalmente, «un lugar santo») al que se le conocerá como el tabernáculo (literalmente, «un lugar de morada», 25:8-9). Las dos tablas de piedra en las cuales estaban grabados los Diez Mandamientos han de ser un componente importante de este santuario (25:10-22). El cofre en el que se debían transportar las piedras durante el período de los peregrinajes de Israel se conocerá como «el arca del testimonio», aunque también se le mencionará como «el arca del Señor» en otras partes del Antiguo Testamento (como en 2S 6:11). El pacto entre Dios e Israel estará de este modo físicamente presente en Israel mientras la nación sigue sus andanzas por el desierto. El arca al final descansa en el templo de Jerusalén, después de la conquista de parte de David de esta ciudad antes Jebusea. 26:31-35 La cortina del templo. De los detalles restantes del tabernáculo y su mobiliario, hay que notar algunos aspectos del diseño del tabernáculo mismo. La «cortina del templo» era un rasgo en especial importante del tabernáculo. Se la incluyó a fin de proveer un medio de restringir el acceso al «Lugar Santísimo», la parte del tabernáculo que se consideraba como sacrosanta. Aunque la cortina tenía una función práctica importante con relación a la adoración de Israel, llegó a tener un significado más profundo.

El hecho de que la cortina evitaba que los adoradores ordinarios entraran en el «Lugar Santísimo» llegó a ser visto como señalando una separación mucho más honda entre Dios y la humanidad pecadora. La cortina, de esta forma, llegó a ser símbolo de la barrera que el pecado humano colocó entre Dios y la humanidad. Cuando tuvo lugar la crucifixión de Jesucristo, la cortina del templo se rasgó (Mt 27:51). Este acontecimiento dramático, anotado en los Evangelios, se ve como un símbolo de uno de los principales beneficios producidos por la muerte de Cristo: la barrera entre Dios y la humanidad que el pecado causó ha quedado rota, y así ahora para los creyentes hay libre acceso a Dios debido a la muerte de Cristo. 28:1-29:46 El sacerdocio. La selección del hermano de Moisés, Aarón, y sus hijos como sacerdotes asegura una provisión continua de individuos para el sacerdocio dentro de Israel. Los detalles del sacerdocio se extienden a la ropa que deben llevar ellos (28:1-43). Está claro que los sacerdotes deben tener una posición en especial importante y respetada en Israel, con la tarea de asegurarse de que este siga siendo un pueblo santo. Por esto, se presta especial atención a la manera en que los sacerdotes deben ser consagrados (29:1-46), y el cuidado que deben tener por todo aspecto del culto en Israel. 30:1-31:18 El culto en Israel. Israel es una nación santa escogida por un Dios santo, y cuyo futuro depende de que siga siendo santa. El pasaje en consideración es una poderosa afirmación de la necesidad de que Israel siga siendo santo, así como Dios es santo, para que siga siendo el pueblo de Dios. Para los cristianos muchos de los detalles que se describen en estos pasajes caen bajo la categoría general de la «ley ceremonial» o «ley del culto», que trata de la manera precisa en que se ordenó a Israel su culto y sacrificio. Los escritores cristianos hacen alguna distinción entre la ley moral (tal como los Diez Mandamientos), que permanece válida y obligatoria para los creyentes; y la «ley ceremonial» o «ley del culto», que se ve como perteneciendo a un período específico de la historia de Israel, y por consiguiente ya no como obligatoria para los cristianos. Cristo vino a cumplir la ley de tal manera que la ley del culto del «antiguo pacto» ya no es obligatoria, habiéndola superado por el «nuevo pacto» de Jesucristo. Este tema se indica con claridad de manera especial en la carta a los Hebreos. ÉXODO 32:1—34:35 REBELIÓN CONTRA DIOS Y RENOVACIÓN DEL PACTO A MOISÉS

32:1-35 El becerro de oro. Hemos visto cómo el tema del pecado humano reaparece repetidas veces en toda la narración de la redención divina de su pueblo. Ahora se hace sentir en uno de los episodios más conocidos del peregrinaje de Israel por el desierto: la hechura del becerro de oro (32:1-4). En ausencia de Moisés, Israel empieza a rebelarse contra los temas destacados del pacto con el SEÑOR. Nótese como el pueblo atribuye a Moisés el éxodo de Egipto, y no al SEÑOR (32:1). A pesar de la total prohibición de ídolos dentro de Israel, los israelitas se hacen un becerro de oro (quizá diseñado para que se viera como Apis, el dios egipcio en forma de toro, cuyas representaciones con toda seguridad ellos habían visto mientras estuvieron en Egipto). El pueblo adora a este ídolo, declarando que representa a los dioses que los sacaron de Egipto (32:4). Aarón tolera esta caída en la idolatría, y no hace nada para prevenir los excesos que siguen (32:5-6). Dios se enfurece por la desobediencia de Israel (32:7-10), e indica de forma clara que desheredarán la nación por violar tan flagrantemente su pacto. Moisés, sin embargo, suplica a favor del pueblo. Pide que Dios recuerde su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, y su promesa de hacer a sus descendientes tan numerosos como para que hereden la tierra prometida. El SEÑOR accede a no castigar a su pueblo rebelde (32:11-14). Al descender de la montaña Josué se une a Moisés. Al llegar ellos al campamento de Israel se dan cuenta de que están presenciando una total ruptura del pacto. Como poderoso símbolo de esta violación del pacto, Moisés rompe las dos tablas de piedra en las que Dios había grabado la ley (32:19). Moisés se enfurece por la rebelión de Israel. Su primera acción es destruir con fuego el becerro (esto sugiere que el becerro puede haber sido hecho con una delgada capa de oro, enchapada en un marco de madera). Increpa a Aarón, y exige saber cómo hicieron el becerro. La respuesta de Aarón no convence: él echó al fuego montones de adornos de oro, y salió un becerro de oro (32:24). El pueblo pecador lo obligó a hacerlo. Esta artificiosa evasión de la responsabilidad solo confirma lo profundamente que se ha arraigado el pecado, incluso en los niveles más altos del pueblo de Dios. Moisés responde purgando de Israel a los que se han rebelado contra Dios, matando con la espada a unos tres mil idólatras (32:25-35). 33:1-11 La fidelidad del SEÑOR. Las consecuencias del pecado ahora son claras. Dios no retirará sus promesas de los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Ellos todavía poseerán la tierra que prometió con juramento a sus antepasados. Pero él mismo no los acompañará. Él retirará de su pueblo su presencia debido al pecado de ellos (33:1-3). Esto hace que el pueblo se

entristezca, y así se quitan sus ornamentos como señal de lamento y arrepentimiento (33:4-6). Moisés ruega una vez más a Dios que permanezca con Israel. A pesar de las faltas de ellos, todavía son su pueblo (33:13). ¿De qué sirve ir a la tierra prometida sin la presencia del que la prometió? ¿Qué será diferente en Israel si carece de la presencia de su Dios? El SEÑOR accede estar presente con su pueblo, porque se ha agradado con Moisés (33:17). 33:12-23 Moisés y la gloria del SEÑOR. Moisés entonces solicita un favor personal. Quiere ver a Dios en toda su gloria (33:18). Sin embargo, nadie es capaz de ver a Dios en su pleno resplandor y gloria. Dios pasará frente a Moisés, permitiéndole captar un vislumbre de sus espaldas al hacerlo. Pero ni Moisés ni nadie jamás tendrá permitido ver la cara de Dios (33:19-23). Solo Jesucristo ha visto la plena gloria de Dios, y ha dado a conocer esa gloria a la humanidad pecadora (Jn 1:18). Habiéndose revelado de esta manera, Dios confirma a Moisés su pacto. Él irá con su pueblo a la tierra prometida. 34:1-35 Las nuevas tablas de piedra. Sin embargo, su pueblo debe evitar toda forma de compromiso con las creencias paganas de esa región (34:114). En lo que sigue (34:15-28), se vuelve a indicar los principales puntos de los Diez Mandamientos. Esta vez es Moisés el que graba las letras. Como resultado de su encuentro con Dios la cara de Moisés es transfigurada. Al haber estado en la presencia de la gloria de Dios, Moisés mismo resplandece, reflejando esa gloria (34:29-35). Aquí hay importantes vistazos anticipados de la transfiguración de Jesucristo (Mt 17:3-4; Mc 9:4-5; Lc 9:3032), en donde Moisés resplandecerá de nuevo por la gloria de Cristo. ÉXODO 35:1-40:38 REGULACIONES ADICIONALES Y CONCLUSIÓN

Éxodo concluye con una repetición de las regulaciones que preservarán el carácter distintivo del pueblo de Dios. Los rasgos básicos de estas regulaciones para la construcción del tabernáculo y el culto que se realizará en él ya se han establecido (véanse 25:1-28:43; 30:1-5; 31:1-11), y se repiten aquí con el propósito de asegurar que se recuerden y se pongan en práctica. Éxodo concluye dejándonos con un cuadro del pueblo de Israel vagando por el desierto, mientras avanzan hacia la tierra que Dios les ha prometido. A pesar de su pecado y rebelión, Dios permanece presente en medio de ellos. Afirmado por la presencia visible de Dios (40:38), Israel avanza a su objetivo. El relato de los peregrinajes en el desierto continuará en el libro de

Números. Ahora hay una breve pausa en la narración, mientras aprendemos más de la voluntad de Dios para su pueblo en esta etapa de su peregrinaje a través del libro de Levítico.

LEVÍTICO El libro de Éxodo concluyó con la construcción del tabernáculo, que llegaría a ser el punto central del culto de Israel mientras el pueblo viajó por el desierto camino a la tierra prometida. El relato de cómo Israel avanzó desde el monte Sinaí a la tierra de Moab, y a las fronteras de Canaán, se vuelve a retomar en el libro de Números. La atención ahora pasa al mismo tabernáculo, concentrándose en las leyes y regulaciones del culto. También se complementa con instrucciones detalladas con respecto, a asuntos tales como la limpieza ritual. El libro de Levítico toma su nombre de los levitas, a los que, junto con Aarón y sus hijos, se les dio la responsabilidad de celebrar el culto en el tabernáculo y del mantenimiento general de la santidad entre el pueblo. Un tema central de Levítico es el de la «santidad». El pueblo de Dios debe ser santo, tal como Dios es santo. Las regulaciones detalladas establecidas en Levítico dan testimonio de la necesidad de que todo aspecto de la vida esté sujeto a la voluntad de un Dios santo. De importancia particular es el tema del sacrificio, el cual se trata y se desarrolla en el Nuevo Testamento, y que afirma que Jesucristo es el perfecto sacrificio expiatorio por el pecado humano. Su perfecto sacrificio supera tanto el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento como también las muchas leyes ceremoniales o rituales asociadas con él. Como comenta la carta a los Hebreos, es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados (Heb 10:4). Por esto, los cristianos que leen Levítico a menudo se hallan perplejos y confundidos por las estipulaciones detalladas con respecto al sacrificio y a la pureza ritual. Así que, ¿significa esto que Levítico no tiene valor para el lector cristiano? ¡No! Leer Levítico recalca para el lector cristiano la suprema importancia de la santidad por parte del pueblo de Dios. Subraya la seriedad del pecado y sus efectos dañinos en nuestra relación con Dios. Enfatiza la necesidad de la expiación por el pecado, y afirma la bondad y fidelidad de Dios a su pacto al perdonar tal conducta pecaminosa. Todos estos temas hallan su enfoque supremo en la muerte sacrificial de Jesucristo, por cuya sangre los creyentes son redimidos. Leer Levítico es apreciar con mayor plenitud el trasfondo de la venida de Jesucristo y el significado pleno de su sacrificio expiatorio (Heb

8:1-6; 10:1-7). Con estos puntos en mente podemos empezar a explorar sus temas. LEVÍTICO 1:1-7:38 TIPOS DE OFRENDAS AL SEÑOR

Levítico empieza detallando diferentes tipos de ofrendas que se pueden presentar al SEÑOR. Se identifican y se explican cinco. 1:1-17 El holocausto. Este toma la forma de un animal macho (tal como un toro, carnero o macho cabrío). Sin embargo, en el caso de los más pobres, un ave macho (tal como una paloma) es una alternativa aceptable. Este tipo de ofrenda sirve para varios propósitos. Puede ser una expresión de dedicación o consagración a Dios, un acto de adoración, o una forma de expiación por algún tipo de pecado cometido sin intención. (Véanse también los detalles adicionales en 6:8-13; 8:18-21). Levítico recalca la necesidad de que la ofrenda sea perfecta, sin defecto de ningún tipo (1:3). La idea de un sacrificio perfecto, sin tacha, alcanza su cumplimiento en el Nuevo Testamento con la muerte obediente en la cruz de Jesucristo, que no tuvo ningún pecado, a fin de que el pecado humano pueda ser al fin perdonado, y perdonado por completo (véase Heb 9:14). 2:1-16 La ofrenda de grano. Esta forma de ofrenda no incluye quitarle la vida a algún animal, sino que toma la forma de una ofrenda de productos agrícolas de varias clases. Los artículos que se consideran como apropiados incluyen los granos, la harina y el aceite de oliva. Aunque este tipo de ofrenda no incluye el derramamiento de sangre, tiene el propósito de acompañar a algunos de los otros tipos de ofrendas (véanse 6:14-15; Nm 28:3-8). Puesto que las otras ofrendas incluyen el derramamiento de sangre de algún animal, será claro que toda ofrenda en última instancia incluye el quitar la vida (véanse también las regulaciones adicionales en 6:14-23). 3:1-17 La ofrenda de comunión. Esta ofrenda incluye el sacrificio de un animal macho o hembra, por lo general como una expresión del agradecimiento al SEÑOR de parte del que adora. Este tipo de ofrenda es inusual en un aspecto, ya que al que ofrece el sacrificio se le permite comer parte del animal sacrificado (excepto la gordura y la sangre). (Véanse también las regulaciones adicionales en 7:11-34).

4:1-5:13 Ofrenda por el pecado. Este tipo de ofrenda es de importancia principal con relación a obtener perdón por los pecados no intencionales. Se mencionan cuatro clases generales de individuos, a cada uno de los cuales se le exige que haga un sacrificio específico: los sacerdotes, la comunidad, los dirigentes y los miembros individuales de la comunidad. En cada caso, el sacrificio tiene que ser perfecto y sin defecto. Cuando un sacerdote o la comunidad entera peca, hay que sacrificar un toro joven. En el caso de un dirigente, se señala un sacrificio menor: un macho cabrío. (Los pecados por parte de los sacerdotes se consideraban en especial serios, puesto que traían culpa sobre todo el pueblo al que representaban). En el caso de un miembro de la comunidad que peca sin intención, entra en operación una escala descendente, de sacrificios. A la mayoría se les exige que ofrezcan una cabra o un cordero. Al pobre se le exige que ofrezca una paloma o una tórtola. Los que son muy pobres deben ofrecer «dos litros de flor de harina» (más literalmente, «la décima parte de un efa», RVR), de harina fina. (Véanse también las regulaciones adicionales en 6:24-30; 16:3-22). 5:14-6:7 La ofrenda por la culpa. Este sacrificio es obligatorio por cualquier pecado no intencional que rompe alguno de los mandamientos. Al pecador se le exige que sacrifique un carnero, que haga cualquier restitución necesaria, y también que pague al sacerdote un veinte por ciento adicional. Una vez que ha hecho esto, puede descansar seguro de su perdón (véanse también las regulaciones adicionales en 7:1-6). LEVÍTICO 8:1-10:20 EL SACERDOCIO Y SUS TAREAS

Esta sección documenta la ordenación de Aarón y sus hijos para el sacerdocio (8:1-36) y su período inicial de ministerio (9:1-10:20). Una tarea central del sacerdocio tiene que ver con la distinción entre lo puro y lo inmundo. Como parte de su consagración a la santidad, se exige que Israel evite la impureza ritual de todo tipo mediante las advertencias del sacerdocio. En donde en efecto surge la impureza ritual, los sacerdotes debe purificarla de la manera apropiada. LEVÍTICO 11:1-15:33 IMPUREZA

11:1-47 Alimentos limpios e inmundos. El primer aspecto que se considera enfoca diferentes tipos de alimentos. Se declara que ciertos animales no son limpios. No se deben comer, ni se deben tocar sus cadáveres. Ejemplo de tales animales incluyen los camellos, conejos, cerdos y ratas. Cualquiera que quede inmundo desde el punto de vista ritual al tocar por accidente sus cadáveres debe purificarse ritualmente lavando sus ropas. 12:1-8 Purificación después del alumbramiento. Sin embargo, la contaminación ritual también puede surgir de otras maneras. Una mujer queda no limpia después de dar a luz, y se exige que ofrezca un sacrificio para quedar ritualmente limpia (12:1-8). La ofrenda normal sería un cordero. Sin embargo, si la mujer es pobre, puede ofrecer dos palominos. Descubrimos así que María, la madre de Jesucristo, era pobre, puesto que este fue el sacrificio que ofreció después de dar a luz a su hijo (Lc 2:24). 13:1-14:57 Enfermedades infecciosas de la piel. Una fuente principal de impureza son las enfermedades infecciosas de la piel. En tiempos bíblicos el término «lepra» se usaba para referirse a un grupo de enfermedades de la piel altamente contagiosas, lo que resultaba en hinchazón, salpullido, y úlceras. La «lepra» en cuestión no es idéntica a la enfermedad que ahora se conoce con este nombre (enfermedad de Hansen), y la NVI usa el término general «enfermedad infecciosa» como un medio de evitar este malentendido. El Antiguo Testamento establece regulaciones que están diseñadas para minimizar el riesgo para la sociedad, incluyendo la prohibición del contacto de aquellos que tienen lepra con la sociedad en general, y con el servicio levítico en particular. A los sacerdotes se les encarga la identificación de la lepra y la imposición del aislamiento a los que sufren de ella. Es posible que los leprosos vuelvan a la vida social normal solo después de haber sido declarados curados de la enfermedad. Esta declaración la debe hacer un sacerdote, después de la inspección cuidadosa de la piel del leproso. De nuevo, se exige una ofrenda antes de que la limpieza quede completa (13:1-14:57). 15:1-33 Supuraciones que causan impureza. Cualquier forma de supuración corporal se considera que deja a alguien temporalmente impuro. Al hombre que tenga cualquier clase de flujo corporal se le debe considerar como no limpio, así como también a cualquier persona o cosa que tenga contacto directo físico con él (15:1-18). De modo similar, a la mujer se le considera como no limpia durante la menstruación (15:19-30). En todo esto se exige que los sacerdotes eviten toda forma de contaminación del tabernáculo (15:31-33).

LEVÍTICO 16:1-34 EL DÍA DE LA EXPIACIÓN

Una ordenanza del Antiguo Testamento es de particular importancia para los judíos. Este es el Día de la Expiación, que se ordena como un acontecimiento anual para la remoción del pecado del pueblo de Dios. El ritual completo es complejo, e incluye que el mismo sumo sacerdote se purifique ritualmente primero a sí mismo, ofreciendo luego un toro como sacrificio por él mismo y los demás sacerdotes. Después de esto, hay qué presentar dos machos cabríos. Se escoge a uno por suerte como sacrificio, en tanto que el otro se convierte en el chivo expiatorio. («Escoger por suerte» se refiere a la práctica de echar suertes —algo similar a los dados modernos— y permitir que el resultado del lanzamiento determine la decisión, de una manera muy parecida a como la gente hoy lanza monedas al aire para tomar decisiones). Luego se sacrifica al primer macho cabrío como ofrenda por los pecados del pueblo. Después, el toro muerto y el macho cabrío se llevan fuera del campamento y se queman. El sumo sacerdote entonces pone su mano sobre la cabeza del segundo macho cabrío y transfiere todos los pecados del pueblo al desdichado animal. El chivo expiatorio más tarde se envía al desierto, llevando las culpas del pecado de Israel consigo. (Se le llamaba «chivo expiatorio» porque llevaba los pecados del pueblo sobre sus hombros). El Día de la Expiación es de importancia principal como trasfondo para entender la muerte de Jesús, punto que se destaca con claridad de un modo especial en la carta a los Hebreos (Heb 8:1-6; 10:1-18). Se ve a Jesucristo como el sumo sacerdote perfecto, que hace un sacrificio perfecto de una vez y para siempre (en lugar del rito anual del Día de la Expiación). El sacrificio que él ofrece es el de sí mismo. Por su muerte, los pecados del pueblo son transferidos a él y quitados de su pueblo. Hay que notar en específico el hecho de que a Jesús se le hace morir fuera de las murallas de Jerusalén, tal como el toro y el macho cabrío al final se quemaban fuera del campamento de los israelitas. El ritual levítico establece la escena para el sacrificio mayor y más perfecto que todavía está por venir, el cual hace realidad aquello a lo que los sacrificios del Antiguo Testamento solo apuntaban, pero no llegaban a realizar.

LEVÍTICO 17:1-27:34 MÁS REGULACIONES

El resto de Levítico establece una serie de regulaciones diseñadas a asegurar que Israel retenga su identidad distintiva. Algunas de estas están ligadas al sistema de sacrificios, otras tienen que ver con la moralidad personal, y otras se relacionan con los festivales que se le ordena a Israel que observe, como medio de recordar acontecimientos que le dieron una identidad y un propósito distintivos. 17:1-16 Se prohíbe comer sangre. La primera regulación principal tiene que ver con la sangre. Se establece un principio fundamental que es importante para entender el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento: «La vida de toda criatura está en la sangre» (17:11). Por esto al pueblo de Israel se le prohíbe que coma o beba sangre. Sin embargo, esta idea también nos permite entender la importancia que se asigna a la sangre en los sacrificios del Antiguo Testamento. En el Día de la Expiación, por ejemplo, se rociaba sobre el propiciatorio la sangre de los animales sacrificados (16:15). El énfasis considerable que ponen los escritores del Nuevo Testamento en la «sangre de Cristo» refleja el hecho de que el derramamiento de su sangre es un sacrificio expiatorio por medio del cual Cristo dio su vida a fin de que el pecado humano pueda ser perdonado. 18:1-20:27 Relaciones sexuales ilícitas; varias leyes; castigos por el pecado. Luego vienen una serie de regulaciones con respecto a las relaciones sexuales prohibidas (18:1-30) y otras regulaciones (19:1-37). De nuevo, la preocupación es mantener a Israel santo, tal como Dios mismo es santo. La seriedad con que se debe tomar el pecado se puede ver en los castigos que se imponen por el pecado (20:1-27). Israel debe mantener su carácter distintivo y no llegar a ser como las demás naciones. «No vivan según las costumbres de las naciones que por amor a ustedes voy a expulsar... Yo soy el SEÑOR su Dios, que los he distinguido entre las demás naciones» (20:23-24). La importancia de estas regulaciones se verá de forma clara en especial cuando Israel entre en la tierra prometida y se encuentre con las prácticas y creencias religiosas de los pueblos paganos que ya están presentéis allí. 21:1-22:22 Reglas para los sacerdotes. Los sacerdotes, como ya se ha notado, desempeñarán un papel específicamente importante para mantener el llamamiento santo de Israel. Por esto se presta una atención especial para asegurar la santidad de los sacerdotes (21:1-22:16) y la corrección de los sacrificios que se ofrecen (22:17-33). Un sacerdote en pecado contaminará a su pueblo; el sacerdocio, por consiguiente, debe estar libre de toda contaminación de esa naturaleza, El énfasis en la necesidad de un sacrificio

sin defecto (22:17-22) es anticipo del perfecto sacrificio que ofrecería Jesucristo, que fue en sí mismo sin defecto ni pecado. LEVÍTICO 23:1-25:54 FESTIVALES PRINCIPALES

Una sección sustancial ahora trata de los principales festivales de Israel. Los principales son los que siguen: 23:3 El sabat. El séptimo día de la semana se debe observar como santo. 23:4-8 La Pascua. Conmemora la liberación de Israel de Egipto, y se celebra cada año el día 14 del primer mes (entre marzo y abril en los calendarios modernos). 23:4-8 Fiesta de los panes sin levadura. Este festival rememora la prisa con que Israel salió de Egipto, y se celebra cada año en el primer mes durante los siete días que siguen inmediatamente después de la Pascua (entre marzo y abril en los calendarios modernos). 23:9-14 Fiesta de las primicias. Se la celebra anualmente el día 16 del primer mes (entre marzo y abril en los calendarios moderaos). Este festival celebra la bondad de Dios al hacer fértil la tierra. 23:15-22 Fiesta de las semanas. Celebrada cada año el día 6 del séptimo mes (entre mayo y junio en los calendarios modernos). Esta fiesta, que más tarde se conocería como Pentecostés, era básicamente una forma de festival de la cosecha, en la cual se agradecía por las provisiones de Dios para la alimentación en la tierra. 23:23-25 Fiesta de las trompetas. Celebrada cada año el primer día del séptimo mes (entre septiembre y octubre en los calendarios modernos) como una forma de festival de Año Nuevo. A este festival se le conoció más tarde como Rosh Jashaná. 23:26-32 Día de la expiación. Como ya se anotó antes, este día santo, observado el día 10 del séptimo mes (entre septiembre y octubre en los calendarios modernos), tiene que ver con la limpieza ritual de los sacerdotes y el pueblo de sus pecados. 23:33-44 Fiesta de los tabernáculos. Celebrada por un período de siete días empezando el día 15 del séptimo mes (entre septiembre y octubre en los calendarios modernos), conmemora el viaje de Israel de Egipto a la tierra

prometida de Canaán. Más tarde se le conocería como «Fiesta de las cabañas». 25:1-7 Año sabático. Cada séptimo año se debía permitir que la tierra descansara y se recuperara durante este período sin cultivar. 25:8-54 Año del jubileo. El año después de un período de siete años sabáticos, o, en otras palabras, cada cincuenta años. En este año del jubileo se debían cancelar todas las deudas, y darles libertad a todos los esclavos. El propósito de este festival parece haber sido prevenir el desarrollo de la pobreza de larga duración dentro de las familias. En medio de estas regulaciones se proveen más detalles con respecto al «pan de la presencia» (24:1-9), y el uso de la pena capital (24:10-23). Esta sección incluye la famosa frase «ojo por ojo, diente por diente» (24:20). El punto que se recalca aquí es que debe haber una correspondencia entre la ofensa y el castigo. A alguien que de modo deliberado le quita la vida a otro se le puede sentenciar justamente a muerte. La sentencia de muerte, sin embargo, estaría por completo fuera de lugar para alguien que le daña a otra persona un ojo o un diente, o le fractura una pierna. Esta famosa frase, que a menudo se malentiende como implicando la necesidad de venganza, en realidad es una súplica por moderación en el castigo. El castigo debe ser comparable en severidad a la ofensa. LEVÍTICO 26:1-27:34 RECOMPENSA POR LA OBEDIENCIA Y CASTIGO POR LA DESOBEDIENCIA

Levítico termina con una serie de regulaciones, reafirmando la necesidad de que Israel sea santo y observe los mandamientos que el SEÑOR le ha dado. La recompensa por la obediencia a estos mandamientos será la prosperidad, la conservación de la identidad e integridad nacional, y la continua presencia de Dios entre su pueblo (26:1-13). Sin embargo, el no ser fieles a estos mandamientos conducirá a la pérdida de la identidad, e Israel será esparcido por todas las naciones (26:27-39). De este modo convergen las promesas y las advertencias, para recordarle a Israel que su misma existencia depende por completo de la obediencia al Dios que lo sacó de Egipto y que ha prometido guiarlos a la tierra prometida que está por delante. Con ese pensamiento en mente pasamos a la narración del viaje de Israel a Canaán, que dejamos cuando Israel acampó en Sinaí. El libro de Números vuelve a tomar esa narrativa.

NÚMEROS El libro de Éxodo terminó con Israel todavía en la región del Sinaí. Números ahora retoma de nuevo la narración y nos guía por los peregrinajes de Israel conforme el pueblo avanza en su camino a Canaán. NÚMEROS 1:1-4:49 DETALLE DE LAS TRIBUS

Números empieza con un relato del número de las tribus. (La preocupación por los números en los capítulos iniciales de la obra da lugar a su título: «Números»). Conscientes de que la conquista de Canaán incluirá preparativos militares, se realiza un censo, a fin de que se pueda establecer la capacidad militar de Israel (1:1-45). También se hacen arreglos para las regiones específicas del campamento que debe ocupar cada tribu, con el tabernáculo ubicado en el centro del mismo (2:1-34). El censo resultante arroja que unos 603.550 hombres están disponibles para servicio en el ejército (1:46), lo que sugeriría que la población total israelita se acerca a los dos millones. Esto, sin embargo, causa una dificultad, porque el número de los primogénitos que se indica en otra parte es de 22.273 (3:42), lo qué señalaría upa población mucho menor en número. Si la cifra mayor es correcta, indicaría un enorme aumento en el tamaño de Israel desde sus pequeños comienzos en Egipto. Tal cosa sería una clara confirmación de la promesa de Dios de fructificación para Abraham y su posteridad. No obstante, aquí hay una dificultad con el idioma hebreo que vale la pena notar. El hebreo, por ejemplo, en 1:41 dice literalmente «cuarenta y un mil quinientos hombres». La palabra que se traduce «mil» también puede llevar otro significado en hebreo. Por ejemplo, también puede significar «jefes» (Gn 36:15), o «clanes y tribus» (Jos 22:14). Es posible que 1:41, por consiguiente, se deba traducir como «cuarenta y un jefes y quinientos hombres». Sin embargo, no está claro cuál podría ser la explicación final de los números que se anotan en esos capítulos iniciales.

3:1-4:49 Los levitas. A los levitas no se les trató como a las demás tribus, sino que se les asignó en específico tareas religiosas (tales como las establecidas antes en Levítico). Al inicio los levitas eran los ayudantes de Aarón y sus hijos, y se les dieron en especial tareas religiosas. Durante el período del peregrinaje por el desierto, por ejemplo, los meraritas (una rama de los levitas) eran responsables de llevar la armazón del tabernáculo (4:3132), en tanto que los coatitas (otra rama de la familia) debían llevar los artículos que se usaban para ministrar en el santuario (4:12). En una sección posterior (8:5-26) se aclara más la función de los levitas: deben ser los representantes del pueblo ante Dios. Por sus ministraciones, la comunidad será mantenida santa, y así libre de daño de toda clase. NÚMEROS 5:

1-10:10

MÁS REGULACIONES

La siguiente sección de la obra indica regulaciones detalladas destinadas a asegurar la pureza religiosa y moral de Israel. Esta preocupación es de importancia central; si Israel pierde su carácter distintivo, dejará de ser el pueblo de Dios. Las regulaciones precisas son ceremoniales, morales y de carácter legal (5:1-31). Muchos creyentes conocen bien la bendición que se indica en 6:24-26: «El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR te mire con agrado y te extienda su amor; el SEÑOR te muestre su favor y te conceda la paz.» 6:1-21 El nazareo. De interés particular son las regulaciones concernientes a los nazareos (6:1-21). La palabra «nazareo» se deriva de la palabra hebrea que quiere decir «consagrar» o «separar de». Se usaba el término para referirse a los hombres y mujeres que habían tomado la decisión de consagrarse a Dios al «separarse» de ciertas cosas mediante un voto especial. Este voto podía ser de duración limitada; en ocasiones era de por vida. El voto se sellaba mediante ciertos sacrificios, y por actos rituales que realizaba un sacerdote. Entre los requisitos del voto nazareo, los siguientes son de importancia especial: el requerimiento de abstenerse de todos los productos de la vid, dejar de cortarse el cabello, y evitar tocar cadáveres. El personaje más importante del Antiguo Testamento que tomó tales votos fue Sansón (Jue 13:1-5), el cual realizó este voto de por vida; otros personajes escogieron obedecer sus votos por períodos más breves de tiempo.

7:1-89 Ofrendas en la dedicación del tabernáculo. El relato anterior de la construcción del tabernáculo (Éx 40) ahora se complementa con los detalles precisos de todas las ofrendas hechas en la dedicación del tabernáculo, así como un relato adicional de la presencia visible continúa de Dios en la forma de una nube (9:15-23). 9:1-14 La Pascua. Las regulaciones concerniente a la Pascua ahora se aclaran más, en especial en el caso de los que han quedado contaminados (por ejemplo, al tocar un cadáver). La celebración de la Pascua qué se describe aquí es la segunda en la historia de Israel; la primera había sido celebrada un año antes, mientras Israel todavía estaba en Egipto. No se volvería a observar el festival sino hasta la entrada en Canaán (Jos 5:10). Una de las regulaciones de la Pascua tiene significación especial para los cristianos. Moisés ordena que no se debía romper los huesos del cordero pascual (9:12). Los relatos de los Evangelios de la crucifixión de Jesucristo indican con claridad que ninguno de sus huesos se rompió (Jn 19:36). A Jesucristo se le ve como el verdadero Cordero pascual (1Co 5:7), que lleva a cumplimiento y culminación el gran acto de la redención divina que marcaba la Pascua. NÚMEROS 10:11-12:16 EN LA FRONTERA DE CANAÁN

Después de once meses en el Sinaí, Israel al fin se dispone a marchar a la tierra de Canaán (10:11-36). Es evidente que las expectativas son altas. Moisés invita a su cuñado Hobab (10:29: Hobab es «hijo de Reuel»; «Reuel» es otro nombre para «Jetro») a que los acompañe mientras se preparan para entrar en la tierra prometida. Como descubriremos más tarde, él parece haber aceptado esa invitación; sus descendientes están entre los presentes en Canaán (Jue 1:16). 11:1-12:16 Fuego y codornices del SEÑOR; oposición a Moisés. Esta atmósfera de optimismo pronto empieza a evaporarse. El pueblo empieza a quejarse (11:1-35). «¡Las cosas eran mejores en Egipto! ¡Estamos hastiados de comer maná! ¡Queremos carne!» El SEÑOR respondió proveyéndoles bandadas de codornices que el viento arrastró del mar. Los problemas de Moisés empeoran por un desacuerdo con su hermano Aarón y su hermana Miriam (12:1-16), supuestamente debido a la esposa cusita de Moisés. (Puesto que Moisés se casó con Sófora, una madianita, parecería que ella pudo haber muerto y que Moisés luego volvió a casarse). El asunto real, sin

embargo, era el de la autoridad. ¿Quién tiene el derecho de hablar en nombre del SEÑOR? En lo que sigue se traza una firme distinción entre la relación del SEÑOR con sus profetas a través de visiones y sueños, y su relación con Moisés. Dios le habla a Moisés cara a cara (12:6-8). (Después de la muerte de Moisés, Israel esperaría la venida de un Mesías, que, como Moisés, conocería a Dios de esta manera tan íntima. Esta expectativa se cumplió al fin con la venida de Jesucristo «que vive en unión íntima con el Padre»; Jn 1:17-18). 13:1-33 Exploración de Canaán. Israel ahora se halla en el desierto de Parán, al noreste del Sinaí, en la frontera de la tierra prometida (13:1-25). Moisés envía espías para reconocer el territorio que está por delante. Sus instrucciones al grupo de reconocimiento de doce (qué incluye a Josué y a un hombre llamado Caleb, de la tribu de Judá) son minuciosas: él quiere detalles completos de los pueblos, la tierra y las ciudades que están delante de ellos, de modo que puedan prepararse para su avance. Los espías entran en Canaán por la región más al sur (el desierto de Sin), y penetran hacia el norte hasta Hebrón. Volviendo a Moisés después de cuarenta días, informan lo que han descubierto (13:26-33). ¡Sí, en la tierra en efecto abunda la leche y la miel! Pero nunca podemos tomar la posesión de esta tierra. Sus habitantes son gigantes, y nos abrumarán. 14:1-45 El pueblo se revela. El pueblo se amedrenta (14:1-4). Deciden que les iba mejor en Egipto, y anuncian su intención de escoger a alguien que los guíe para volver a su seguridad. Josué y Caleb le suplican al pueblo: la tierra es buena, y el SEÑOR estará con Israel (14:5-9). ¿Por qué deberían retroceder? Pero Israel se ha hastiado. El pueblo se rebela contra Moisés, lo que enfurece al SEÑOR (14:10-19). Moisés suplica de nuevo con éxito que se perdone al pueblo, a pesar de que han desobedecido. Pero hay un precio que Israel tiene que pagar por su desobediencia, como lo indica con claridad la respuesta del SEÑOR (14:20-38). Esta sección es dramática y representa un momento decisivo en la historia de Israel. Se debe leer con todo cuidado. Cómo resultado de su desobediencia al borde de la tierra prometida, nadie del presente pueblo de Israel vivirá para tomar posesión de la tierra. Solo los que fueron fieles al mandamiento de Dios (Josué y Caleb) vivirán para entrar en Canaán. Israel permanecerá en el desierto por cuarenta años. Solo entonces se le permitirá entrar en Canaán. Para ese momento un nuevo Israel habrá nacido, y el Israel desobediente habrá sido sepultado en el desierto. Israel queda estupefacto por esta decisión (14:39-45). Es evidente que el pueblo lamenta profundamente la decisión de no obedecer a Moisés.

Reconocen su pecado, y declaran que están, después de todo, dispuestos a entrar en la tierra prometida. Pero Moisés se niega a escucharlos. Ellos se encontrarían desobedeciendo al SEÑOR de nuevo. Como resultado, él no estaría con ellos. ¿Qué posibilidad tendrían por cuenta propia? No obstante, muchos no están preparados para tolerar este veredicto. Confiarán en sus propias fuerzas. Números registra de forma debida el resultado catastrófico de su intento abortivo de invadir a Canaán sin el SEÑOR: los amalecitas y cananitas los derrotan. La invasión queda abortada. Israel empieza a enfrentar la lúgubre perspectiva de soportar cuarenta años de deambular por el desierto. NÚMEROS 15:1-19:22 REBELIÓN CONTINUA CONTRA MOISÉS

Israel ha desobedecido al SEÑOR; sin embargo, como lo que sigue indica con absoluta claridad, la promesa de Canaán sigue vigente. Las regulaciones que ahora se le dan al pueblo tienen que ver con sus sacrificios en la tierra prometida misma, a la que Israel entrará a la larga. Promesa y demanda se ponen lado a lado: la promesa de entrar en la tierra, y la demanda de hacer lo que el SEÑOR ordena (15:1-31). Cualquier persona que desobedezca de modo deliberado a Dios debe ser «eliminada de la comunidad». Como lo indica claramente el episodio del que rompió el sabat (15:32-36), no se tolerará ninguna desobediencia. 16:1-50 Coré, Datán y Abirán. Pero la rebelión contra Moisés continúa. Un grupo de levitas, encabezado por Coré y dos colegas, acusan a Moisés de creerse superior y por encima de todos los demás. ¿Qué derecho tienen de hacerlo? Cuentan con el respaldo de Datán y Abirán, que aducen que Moisés ha fracasado por completo en su tarea de dirigirlos a la tierra en donde abunda la leche y la miel. Si acaso, todo lo que se las ha arreglado para hacer es sacarlos de la tierra en donde abundaban la leche y la miel, llevándolos al desierto. El recuerdo de la esclavitud en Egipto parece haberse desvanecido para ser reemplazado por una nostálgica añoranza de un Egipto idealizado, rico en comida y bebida. Moisés se encoleriza por la actitud de ellos. Al final de cuentas, Coré, Datán y Abirán perecen en un terremoto poco después (16:25-40). La muerte de Coré, Datán y Abirán da lugar a un nuevo descontento en Israel. Acusan a Moisés y a Aarón: «Ustedes mataron al pueblo del SEÑOR». Esta queja no solo se atribuye a unos pocos individuos, sino a «toda la congregación de los israelitas» (16:41). Es evidente que hay un descontento

y una desmoralización ampliamente extendidos en Israel. El brote de una plaga termina solo cuando Aarón hace expiación por su pueblo. Sin embargo, el descontento persiste. Se aplaca solo hasta cierto punto por el florecimiento de la vara de Aarón (17:1-13), lo que se ve como una señal de que Dios aprueba a Aarón y está en contra de sus críticos. Una vez más la esperanza futura de Israel se ve como descansando en su fidelidad al SEÑOR. A fin de asegurar el bienestar continuo de Israel, a los sacerdotes y levitas se les dan responsabilidades religiosas que tienen el propósito de prevenir la rebelión y la desobediencia del pasado (18:1-19:22). NÚMEROS 20:1-21:9 PREPARATIVOS PARA AVANZAR

Evidentemente, ha pasado algún tiempo. La referencia al «mes primero» (20:1) es en realidad el primer mes del año cuarenta después del éxodo de Egipto (véase Nm 33:38). No se ha registrado nada del período que Israel pasó en el desierto, redescubriendo su identidad, propósito y consagración al SEÑOR. No sabemos, nada de muchos acontecimientos que tuvieron lugar durante este período, y ni siquiera los lugares en los cuales Israel acampó en el curso de su peregrinaje. En el tiempo de su rebelión contra el SEÑOR, Israel estaba en Cades, escenario de la rebelión original. No sabemos en dónde Israel estuvo entre uno y otro momento. Es evidente que un nuevo Israel está en el proceso de ser formado. Los que se habían rebelado en Cades ya son viejos, o han muerto. Las muertes de Miriam (20:1) y Aarón (20:22-29) son señales del paso del antiguo Israel. Solo queda Moisés. 20:1-13 Agua de la roca. No obstante, a Moisés no se le permitirá entrar en la tierra prometida. Israel, como descubrimos pronto, sigue proclive a quejarse (20:2-13). Una escasez de agua hace que la comunidad de Israel se encolerice, y una vez más expresan sus quejas contra Moisés y Aarón. A Moisés se le ordena que le hable a una roca, y de ella brotará agua para el pueblo. Sin embargo, Moisés desobedece, y más bien golpea dos veces la roca con su vara. Esta desobediencia, tal vez motivada por la exasperación por la queja continua de Israel, enfurece al SEÑOR, y declara que ni a Moisés ni a Aarón se les permitirá entrar en la tierra prometida (20:12). Solo Josué y Caleb tendrán este privilegio. 20:14-21 Edom le niega el paso a Israel. Moisés entonces pide permiso para que su pueblo pase por la tierra de Edom (20:14-21), camino a Moab. Moab estaba situado en la orilla oriental del río Jordán, directamente al este de la región sur de la tierra de Canaán, y bordeando las orillas orientales del

Mar Muerto: En lugar de entrar a Canaán desde el suroeste, que había sido la intención de Moisés antes de la rebelión en Cades, ahora entrarán en la tierra cruzando la sección sur del río Jordán, acercándose desde el oriente. La tierra de Edom estaba entre Cades y el Jordán. De forma poco sorprendente, el rey de Edom no mira con agrado la idea de permitir que un grupo tan numeroso de personas pase por su tierra. Se rehúsa... dos veces. Consciente de que sus palabras tal vez no sean suficientes, reúne un nutrido ejército y les bloquea el paso. Israel evita entrar por territorio edomita, y avanza por sus fronteras. En el monte Hor (cuya ubicación es incierta) muere Aarón, e Israel hace duelo por él. Sin embargo, esta tristeza no dura mucho. Un rey merodeador cananita con base en el Néguev ataca a Israel y captura a algunos (21:1-3). Israel se desquita y lo derrota. Este cambio total de comparada con la de una generación anterior, suerte, fue una buena noticia para Israel. 21:4-9 La serpiente de bronce. A pesar de este triunfo militar, Moisés toma la decisión de dar un rodeo, en lugar de atravesar Edom. Eso incluye una demora, y provoca más quejas de parte del pueblo (21:4-9). Un brote de serpientes venenosas se suma a sus problemas, y produce un cierto arrepentimiento en el pueblo. Moisés hace una serpiente de bronce y la coloca sobre un poste. Esto ofrece salvación a los que han sido mordidos. Para los cristianos, este incidente tiene considerable importancia, puesto que Jesucristo hace alusión al mismo (Jn 3:14-15). Tal como Moisés salva a Israel levantando una serpiente, así Cristo redimirá al mundo siendo levantado en la cruz por amor a ese mundo. NÚMEROS 21:10-25:18 DE EDOM A MOAB

21:21-35 Derrota de los amorreos. Evitando con cuidado el territorio edomita, Israel sigue el curso del río Arnón, que es un arroyo seco (o wadi) que corre por las orillas orientales del Mar Muerto y sirve como frontera entre los amorreos y los moabitas. Así Israel puede evitar por completo el territorio moabita. Moisés entonces le pide permiso a Sijón, rey de los amorreos, para viajar por su territorio (21:21-35). Como el rey de Edom, Sijón rehúsa, y envía a un ejército para que se enfrente a los israelitas. Sin embargo, Israel presenta batalla a los amorreos, y los derrota. Como resultado, Israel se apodera de una extensión considerable del territorio norte de Moab, extendiéndose hacia el norte hasta el río Jaboc, en donde Jacob en un tiempo anterior había luchado con un ángel. Al fin, Israel se prepara para

cruzar las llanuras de Moab, alistándose para cruzar el Jordán y entrar a Canaán (22:1). 22:1-24:25 Balac llama a Balán. Los moabitas, sin embargo, no tienen idea de que Israel no se propone otra cosa que pasar por su tierra. Después de ver lo que Israel hizo a los amorreos, están aterrados (22:2-4). Este error lleva a Balac, rey de Moab, a pedir la ayuda de un experto adivino pagano bien conocido, Balán, hijo de Beor. Balac quiere persuadir a Balán para que les eche una maldición a los israelitas, y así lo invita a Moab para consultarlo (22:5-35). En su camino a Moab, sin embargo, un ángel del SEÑOR bloquea el camino de Balán. A pesar de su reputación internacional como experto espiritual, Balán no puede ver al ángel. El burro, no obstante, se rehúsa a avanzar más, reconociendo la presencia del ángel. Por último, el SEÑOR le abre los ojos a Balán y le permite ver al ángel, que le ordena que le diga a Balac solo lo que se le va a comunicar. Mientras tanto, Balac sale al encuentro de Balán, creyendo con firmeza que éste lanzará una maldición sobre Israel, y que eso detendrá al pueblo en seco. Balán entonces pronuncia cuatro oráculos (22:36-24:25) en los que bendice a Israel, lo cual encoleriza a Balac. El cuarto oráculo es el más poderoso de todos, hablando en términos fuertemente mesiánicos de una victoria venidera para los descendientes de Jacob sobre los moabitas (24:17-19). La autoridad y soberanía del SEÑOR es así demostrada en su capacidad de tomar y usar a un adivino pagano para declarar la victoria culminante del SEÑOR sobre el paganismo de la región. Sin embargo, no se debe pensar de Balán como amigo de Israel o del SEÑOR. Él puede haberse negado a maldecir a Israel como lo ordenaron los moabitas, y no obstante pudo ejercer influencia sobre la nación de otras maneras. Como se indica claramente más adelante (31:16), Balán aconseja que la mejor manera de destruir a Israel es permitiendo que los israelitas tengan relaciones sexuales con las mujeres adoradoras de los dioses cananitas locales. Esto es justo lo que sucede enseguida. 25:1-18 Seducción de Israel. A nivel militar Israel se ve a sí mismo como gozando del favor del SEÑOR. Sin embargo, el pecado continúa siendo un problema significativo en Israel. Un tema que surge como importante en todo el período temprano de Israel en Canaán es la influencia destructora de las creencias y prácticas paganas sobre la fe del pueblo de Dios. Este es el caso incluso antes de que Israel cruce a la tierra prometida (25:1-18). Mientras todavía están esperando en Sitín, al otro lado del río Jordán, frente a la ciudad cananea de Jericó, los hombres israelitas participan en varios cultos cananitas de la fertilidad que incluyen la inmoralidad sexual. Los

madianitas, que se han aliado con los moabitas contra Israel (22:4), están implicados en esta seducción espiritual del pueblo. Como resultado, se declara que son enemigos de Israel, a pesar de los vínculos históricos de Moisés mismo con esa región. NÚMEROS 26:1-30:16 EL CENSO Y MÁS REGULACIONES

26:1-27:12 Segundo censo. Unos treinta y ocho años han pasado desde que se realizó el último censo. Como preparativos para las campañas militares que les esperan por delante, ahora se lleva a cabo un segundo censo para establecer el potencial militar de la fuerza de Israel a la luz de la invasión que se avecina (26:1-65). Una nueva generación ha surgido desde el último censo: solo Moisés, Josué y Caleb quedan de los que originalmente habían salido de Egipto (26:65). El censo arroja una ligera disminución de la fuerza numérica de Israel durante los cuarenta años de peregrinaje por el desierto. Con todo, es evidente que Israel está bien preparado para cualquier campaña militar que podría estar por delante. Aunque se entiende firmemente que el éxito o el fracaso en tales operaciones depende de la continua presencia y favor del mismo SEÑOR antes que de la pura fuerza humana. 27:12-23 Josué sucesor de Moisés. Pero, ¿quién va a dirigir a Israel para entrar en la tierra prometida? El privilegio y tarea en un tiempo le había pertenecido a Moisés. Sin embargo, la desobediencia de Moisés en Cades (20:1-13) lo ha descalificado. Ni a Moisés ni a Aarón se les permite entrar en Canaán: Aarón ya está muerto (20:22-29), y Moisés morirá antes del cruce del Jordán cerca de Sitín. Con todo, se le permite ver la tierra desde una cordillera al otro lado del Jordán antes de morir (Dt 34:1-5). Así que, ¿quién dirigirá a Israel? Ya se nos ha presentado a Josué, hijo de Nun, al que se le ha mostrado como hombre de integridad, valentía y obediencia. El SEÑOR declara que Josué es el dirigente que ha escogido. De este modo queda establecida y salvaguardada la sucesión (27:12-23). 28:1-30:16 Varias regulaciones. Poco antes se nos ha presentado una disputa en cuanto a derechos de herencia (27:1-11). Esto lleva a la introducción de nuevas regulaciones con respecto a estos asuntos, lo cual se amplía en una reafirmación de las regulaciones con relación a varias clases de ofrendas (28:1-15) y a la observancia de los festivales (28:1629:40). Algunas de estas regulaciones ya se encontraron en el libro de

Levítico, y se repiten aquí para estar seguros de que se recuerden. Un conjunto final de regulaciones que tiene que ver con votos (30:1-16). NÚMEROS 31:1-36:13 DETALLES FINALES

31:1-54 Venganza sobre los madianitas. Antes ya se notó la alianza entre los madianitas y los moabitas. Él último acto de Moisés es vengarse de los madianitas por sus acciones (31:1-24). Aunque Moisés tenía conexiones familiares con Madián, ordena que mil soldados de cada una de las doce tribus destruyan a los madianitas de la región. Después de la división del botín (31:25-54), dos de las doce tribus (Rubén y Gad) piden permiso para quedarse en esa región. Se sienten atraídos por la fertilidad de la tierra, y desean quedarse en la orilla oriental del río Jordán. Esta tierra, aducen, Dios se la ha dado a Israel. Se les debe permitir que se queden aquí en lugar de obligarles a cruzar el Jordán y entrar en Canaán. 32:1-42 Las tribus de Transjordania. Moisés se siente inquieto por esta proposición. La orden de conquistar y poseer Canaán les fue dada a todos los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. La negativa de estas dos de las doce tribus a cruzar el Jordán pudiera llevar a una negativa general de parte del resto para entrar en Canaán, con similitudes nada halagüeñas a la revuelta anterior en Cades. Israel había sido obligado a deambular por el desierto por una generación después de esa rebelión. Además, Israel necesitará a todos sus hombres de lucha a su disposición para conquistar y subyugar la tierra. A la larga se logra un acuerdo. Siempre y cuando los hombres guerreros de Gad y Rubén vayan con el cuerpo principal de Israel para subyugar a Canaán, sus familias pueden quedarse detrás en las ciudades fortificadas en la región de Galaad. Después de que Canaán haya sido al fin conquistada, ellos podrán volver a unirse con sus familias al otro lado del Jordán (32:128). Así, Moisés da la tierra que antes ocupaba Sijón, rey de los amorreos, y Og, rey de Basán, a las tribus de Rubén y Gad, y también a la media tribu de Manasés, que proceden a edificar ciudades seguras en la región (32:29-42). 33:1-49 Etapas del viaje de Israel. A este episodio le sigue un recuento detallado de las etapas del viaje de Israel desde Egipto a las llanuras de Moab en las fronteras de la tierra prometida (33:1-49). Se identifican cuarenta lugares. La mayoría de estos son imposibles de ubicar, puesto que se refieren a regiones oscuras en donde se levantaron campamentos en vez de a ciudades existentes cuya ubicación se ha podido establecer. Pero esta

lista es importante, puesto que permite que se establezca la cronología de la última parte del viaje del éxodo (véase, por ejemplo, 37:37-38, que identifica la fecha del campamento en Cades y de la muerte de Aarón). 33:5-34:29 Límites de Canaán. A Moisés entonces se le ordena que tome posesión de Canaán y expulse a todos sus habitantes existentes (33:50-56). Se definen con cuidado los cuatro límites principales de la tierra que han de ocupar (34:1-29). Moisés entonces asigna las regiones de la tierra prometida a cada una de las nueve y medias tribus restantes. Rubén, Gad y la media tribu de Manasés ya han recibido su territorio «en el este, cerca del río Jordán, a la altura de Jericó, por donde salé el sol». Se hace provisión particular para los levitas (33:1-5). 35:6-34 Ciudades de refugio. Un rasgo de interés considerable es la identificación de las «ciudades de refugio». Seis ciudades, tres de las cuales deben estar ubicadas en Canaán y tres en la orilla oriental del Jordán, se deben designar de esta manera. El propósito de estas ciudades tiene que ver con la muerte accidental de un individuo, la cuál, por tradición, debía vengar alguno de la familia (el «vengador de sangre»). Alguien que se halla en posición de haber matado por accidente á otra persona puede refugiarse en una de estas ciudades, y quedarse allí gozando de seguridad. A la muerte del sumo sacerdote habrá una amnistía general, como resultado de lo cual la persona en cuestión puede volver a su propio pueblo sin temer represalias. Otras regulaciones proveen salvaguardas contra acusaciones falsas de homicidio, insistiendo en que se requiere más de un testigo antes de que se pueda ejecutar a alguien bajo tal acusación. Conforme Israel se prepara para cambiar de ser un pueblo nómada a un pueblo establecido, se puede ver que atraviesa un proceso de transición de costumbres tribales de venganza (en las cuales las familias o los clanes son responsables por vengar un homicidio) al gobierno mediante la ley civil (en la cual el estado o una asamblea de ancianos es responsable por castigar al culpable e impedir que otros hagan lo mismo). 36:1-12 Herencia de las hijas de Zelofejad. Números termina (36:1-12) volviendo al asunto de los derechos de herencia, el cual había surgido antes (27:1-11). El asunto incluye el enfoque de si la propiedad o bienes pueden ser transferidos de una tribu a otra, en el caso de un matrimonio entre personas de tribus diferentes. Moisés declara que el matrimonio entre personas de cualquiera de las doce tribus es perfectamente aceptable. La tierra tribal, sin embargo, no puede ser transferida de una tribu a otra, ni

siquiera como herencia. De esta manera se preservan las asignaciones originales del territorio dentro de Canaán. 36:13 Conclusión. Ahora Israel está reunido en las llanuras de Moab, listo para entrar a la tierra prometida. Moisés, sin embargo, sigue vivo. El siguiente libro de la Biblia, Deuteronomio, se puede ver como una renovación del pacto entre Dios y su pueblo antes de que este cruce el Jordán para poseer la tierra que les espera.

DEUTERONOMIO El título de este libro es inusual. La palabra «Deuteronomio» viene de dos palabras griegas que literalmente significan «la segunda ley», o tal vez «la repetición de la ley». Este título poco común se refiere a la copia de la ley, la cual Deuteronomio requería que el rey hiciera para sí mismo (17:18). La obra reitera la ley que el SEÑOR entregó primero a Moisés en el monte Sinaí y está registrada en los libros de Éxodo y Levítico. El libro prácticamente se compone por entero de los discursos de Moisés a Israel durante los meses finales de su vida, recapitulando la ley dada a Israel durante el período de su peregrinaje nómada por el desierto. Por esta razón se aprecia mejor a Deuteronomio leyendo los primeros cuatro libros de la Biblia (o por lo menos Éxodo y Números) como material de trasfondo. Además de las secciones significativas relativas a la ley, Deuteronomio también incluye secciones históricas. Estas secciones resumen el viaje de Israel desde el Sinaí hasta la frontera de la tierra prometida, llevando la historia hasta la muerte de Moisés y la confirmación final de Josué como su sucesor. Deuteronomio finaliza la primera sección principal de la Biblia (a la que a veces se hace referencia como «los cinco libros de la ley» o «el Pentateuco»). DEUTERONOMIO 1:1-4:43 TRASFONDO HISTÓRICO

1:1-2:6 La orden de salir de Horeb; rebelión contra el SEÑOR. El libro empieza con Israel reunido en las llanuras de Moab. Cuarenta años han pasado desde que Israel salió de Egipto. Después de la rebelión contra el mandato de Dios de entrar en Canaán unos treinta y ocho años antes (Nm 14:33-34), a Israel se le dijo que pasaría un período de cuarenta años entre el éxodo de Egipto y su entrada a Canaán. Ninguno de los que vivían en el tiempo de la rebelión en Cades, excepto Josué y Caleb, vivirían para entrar en la tierra prometida. Incluso a Moisés se le negó ese privilegio. La mención del «año cuarenta» (1:3) de inmediato despierta el entusiasmo del lector: ¡Este es el año en el que entrarán a Canaán!

Moisés empieza recordándole al pueblo que han sido llamados por Dios, que les dio promesas a Abraham, Isaac y Jacob y a sus descendientes. Relata cómo al fin Dios les dio permiso para avanzar de Sinaí (también conocido como «Horeb», como por ejemplo aquí) y entrar a la tierra prometida (1:6-8). Relata cómo se enviaron espías desde el campamento en Cades para explorar Canaán (1:19-25), y que ellos volvieron con buenos informes de lo que hallaron. Pero Israel se negó a avanzar y poseer la tierra, rebelándose contra el SEÑOR (1:26-46). Moisés también relata la historia de cómo él mismo no obedeció al SEÑOR, lo que condujo a que también fuera excluido y no pudiera entrar en la tierra prometida. Israel fue condenado a deambular por «la región montañosa de Seír» (2:1), justo al sur del Mar Muerto, por otros treinta y ocho años. Pero entonces había venido la palabra del SEÑOR: «Dejen ya de andar rondando por estas montañas, y diríjanse al norte» (2:2-3). 2:7-3:29 División de la tierra; a Moisés se le prohíbe cruzar el Jordán. Moisés relata a su pueblo la gran historia de sus triunfos conforme marchaban hacia el norte, derrotando a todos los que se interponían entre ellos y su objetivo (2:7-3:11). Este gran recital le recuerda al pueblo todo lo que Dios ha hecho por ellos en el pasado, y les anima a tener grandes expectativas acerca de lo que Dios hará por ellos en el futuro. Canaán les ha sido prometida por el SEÑOR; él es fiel a sus promesas, y hará lo que se propone por medio de un pueblo obediente y que confía. Moisés relata su propia parte en la historia: como él dividió la tierra conquistada al oriente del Jordán entre las tribus de Rubén y Gad (3:12-20). Por último relata cómo, debido a su fracaso y desobediencia, no se le permite entrar en Canaán. Se le permitirá verla desde la distancia, y se le asegura que sus descendientes la poseerán. Él mismo, sin embargo, no entrará (3:21-29). El énfasis constante en la «posesión» de la tierra es un tema principal. Abraham, Isaac y Jacob nunca poseyeron la tierra en que vivieron. Fueron nómadas, deambulando de un lugar a otro mientras vivían en una tierra que jamás pudieron llamar propia. Sus descendientes tienen que poseer la tierra de Canaán; tierra que les pertenecerá para siempre. 4:1-43 Se ordena la obediencia; se prohíbe la idolatría. Moisés insta a su pueblo a recordar estos grandes actos de Dios. En verdad, el llamado a recordar las grandes obras salvadoras del SEÑOR es un tema común en todo Deuteronomio. Israel debe recordar sus días de esclavitud en Egipto, y rememorar cómo el SEÑOR los libró de esa opresión con mano poderosa (4:1-14). El Dios de Israel es único, y solo él puede salvar. «¿Qué dios ha intentado entrar en una nación y tomarla para sí mediante pruebas, señales, milagros, guerras, actos portentosos y gran despliegue de fuerza y de poder,

como lo hizo por ti el SEÑOR tu Dios en Egipto, ante tus propios ojos?» (4:34). Solo a él hay que obedecer y solo hay que confiar en él. DEUTERONOMIO 4:44-28:68 LAS DEMANDAS DEL SEÑOR POR OBEDIENCIA

4:44-6:3 La ley y el pacto. La siguiente sección empieza con una declaración de que lo que sigue es la ley dada por Moisés a Israel, mientras el pueblo esperaba en la región moabita cerca de Bet Peor para entrar en la tierra prometida (4:44-49). La sección empieza (5:1-5) con un poderoso recordatorio del pacto hecho con Israel en Sinaí (que aquí se menciona por su nombre alterno de «Horeb»). Ya se han explorado los Diez Mandamientos (pp. 58-61) y el lector debe referirse de nuevo a esa explicación para ver los detalles completos (5:6-21). Moisés afirma que la ley y el pacto están estrechamente conectados (5:22-6:19). Dios ha prometido estar con su pueblo, y a su pueblo se le exige que obedezca las leyes de Dios. Moisés indica con claridad que la seguridad y la prosperidad de Israel en la tierra prometida dependen de su obediencia a la ley (6:1-3). 6:4-25 Ama al SEÑOR tu Dios. El pasaje que sigue ha tenido un impacto considerable tanto en el pensamiento judío como en el pensamiento cristiano (6:4-9). Moisés declara que hay solo un Dios, y, le da Israel este mandamiento: «Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu, alma y con todas tus fuerzas». Los mandamientos deben llegar a ser parte de la manera de pensar de Israel, se deben enseñar a los hijos y hablar de ellos siempre que sea posible. Vemos aquí una declaración poderosa de la importancia de la ley de Dios como medio de asegurar la identidad y la seguridad continua del pueblo de Dios (punto que también se recalca en 6:13-19). Moisés recalca que Canaán es un don de la gracia de Dios a Israel (6:1012). Es algo que Israel jamás podría haber logrado por sí mismo. Por esta razón, y otras, Israel nunca debe permitirse olvidar a Dios y todo lo que él ha hecho por su pueblo. Dios los ha sacado de la esclavitud de Egipto, y les dará ciudades que ellos no construyeron, viñedos que ellos no sembraron, y pozos que no cavaron. Todo eso es parte de la provisión inmerecida y de la gracia de Dios hacia su pueblo. Así que cuando en los años futuros los hijos de los que ahora están viviendo les pregunten el significado de las leyes que se les acaban de dar, les podrán decir cómo estas leyes son un recordatorio de todo lo que Dios ha hecho por su pueblo y de la necesidad de que ellos permanezcan fieles a él (6:20-25).

7:1-6 Expulsión de las naciones. La provisión de la gracia de Dios para su pueblo también se verá en la campaña militar que se avecina. Las victorias de Israel no se deberán al poder de sus ejércitos, sino a la presencia y poder del SEÑOR. Cuando Israel posea la tierra debe destruir todos los objetos religiosos paganos, debido a la amenaza que presentan para la santidad del pueblo de Dios. Como lo indica con claridad la historia subsiguiente de Israel, estas advertencias estaban bien fundadas. 7:7-10:22 El pueblo escogido de Dios. Ahora se hace evidente uno de los temas más poderosos de la Biblia: la elección del pueblo de Dios. Dios no escogió a Israel debido a su tamaño o fuerza. Lo escogió simplemente porque lo amaba (7:7-9). El tema de Dios mostrando su amor por su pueblo aparecerá una y otra vez en la Biblia, incluso cuando Dios está corrigiendo a su pueblo por haberse descarriado o rebelado contra él. El amor de Dios se ve en acción en las promesas que les hizo a Abraham, Isaac y Jacob. El amor de Dios por su pueblo es una base importante para la esperanza, en especial a la luz de la amenaza que otras naciones representaban para Israel (7:9-26). Ese amor se ve obrando en el castigo o corrección de Israel en el desierto (8:1-20). Aquí se recuerda la rebelión y dolor del período del desierto. Dios disciplina solo a los que ama, y el castigo de Israel durante sus cuarenta años en el desierto se ve como una muestra del amor y cuidado de Dios hacia ellos. Israel necesita aprender que «no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR» (8:3). Esas lecciones había que aprenderlas por la vía dura. Israel puede hallar que cuando se enorgullece una vez más, Dios se olvida de ellos (8:12-14). Las lecciones de su pasado deben advertirles de los peligros de olvidarse del Dios que nunca los olvida. Israel poseerá las tierras al otro lado del Jordán, no debido a su propia justicia o méritos, sino debido al amor de Dios por su pueblo y a su fidelidad a sus promesas (9:1-6). El pecado pasado de Israel, en especial la hechura del becerro de oro (9:7-10:22), es tan grande que la nación jamás podría esperar favores de Dios como resultado de su santidad, sino solo debido al amor de Dios. Así, a Israel se le ordena permanecer fiel al SEÑOR y obedecer sus mandatos. 11:1-32 Amor y obediencia al SEÑOR. Este punto se repite tan a menudo (por ejemplo, en 11:1-12) que el lector puede llegar a sentirse hastiado. Sin embargo, no se puede exagerar la importancia del asunto. La misma existencia de Israel depende de su fidelidad a Dios. Sin Dios, la nación fracasará, perderá de vista su razón de ser, y dejará de existir como nación.

La repetición frecuente de estas promesas y demandas es una indicación de lo serio que son estos asuntos y de lo fácil que Israel puede perder el derecho a su herencia. Moisés recalca lo hermosa y buena que es la tierra de Canaán (11:10-12), y cómo Israel necesita permanecer fiel al SEÑOR a fin de poseer y permanecer en esta tierra fértil. De este modo a Israel se le presenta una alternativa (11:26-32): o bien pueden obedecer los mandamientos de Dios y ser bendecidos, o pueden desobedecerlos y ser malditos. Moisés le ruega al pueblo que obedezca a Dios y reciba las ricas bendiciones del SEÑOR mediante esa obediencia. 12:1-13:18 Verdadera adoración. Es evidente la importancia de la adoración correcta. Moisés recalca de forma manifiesta que hay un peligro real de sincretismo: de que Israel simplemente se apodere de los edificios, objetos, creencias y prácticas religiosas existentes en Canaán, y al hacerlo así, se olviden del SEÑOR SU Dios. El pueblo debe mantener su carácter distintivo (12:1-32). En particular, deben resistir cualquier tentación a adorar a otros dioses (13:1-18). Deben rechazar como falso a cualquier profeta, vidente o visionario que declare que Dios quiere que ellos sigan a otros dioses. Deben ejecutar a cualquiera, aunque sea pariente cercano, que promueva tal adoración, y destruir su propiedad. Así de serios son los peligros de adorar a otros dioses. 14:1-27:26 Reglas para la vida y la adoración. Luego sigue una serie de regulaciones; por lo general volviendo a indicar o extendiendo las regulaciones ya dadas en Éxodo o Levítico. El lector puede hallar útil leer estas por completo con la intención de notar su naturaleza muy precisa y práctica. Israel será distinto, no solo debido a sus creencias religiosas, sino debido a la manera en que estas se llevan a la práctica. La práctica externa refuerza la creencia y la fe internas. Los ejemplos de estas regulaciones incluyen la práctica del «diezmo» (14:22-29; 26:1-15). Israel debe separar una décima de sus productos (la palabra «diezmo» viene de una antigua palabra que quiere decir «un décimo») con el propósito de sostener a los levitas, los extranjeros, las viudas y los huérfanos. Un pasaje de importancia especial en esta sección de regulaciones detalladas merece una atención detenida en particular. Moisés declara (18:14-22) que, después de que él haya muerto, el SEÑOR levantará a otros profetas que declararán al pueblo la palabra del SEÑOR. Se puede ver el cumplimiento de estas promesas en los profetas del Antiguo Testamento, los cuales ministraron a Israel en tiempos de crisis política o religiosa. Sin embargo, esto también llega a tener matices fuertemente mesiánicos (véase Jn 1:21, que se refiere a esta expectativa). Estas esperanzas se cumplen al

fin con la venida del mismo Jesucristo, que declara la voluntad de Dios a su pueblo de primera mano, como Dios mismo. 28:1-68 Bendiciones por la obediencia, maldiciones por la desobediencia. Esta sección termina coa otra afirmación de que obedecer a Dios resultará en bendición (28:1-14). Luego se indican claramente las consecuencias de desobedecer a Dios (28:15-68). Israel irá a la ruina. Serán desarraigados de la tierra de Canaán y esparcidos por las naciones. Moisés, con esto, le ofrece, a Israel la oportunidad de renovar su pacto con el SEÑOR al prepararse para entrar en la tierra prometida. Tal cosa forma el tema de la siguiente sección del libro. DEUTERONOMIO 29:1-34:12 CONSAGRACIÓN DE ISRAEL COMO PUEBLO DE DIOS

29:1-30:20 Renovación del pacto. En una ceremonia de gran solemnidad Moisés e Israel renuevan su pacto con el SEÑOR. Moisés empieza recordándole al pueblo de Israel todo lo que Dios ha hecho por ellos (29:18). El mismo Dios que les hizo promesas a Abraham, Isaac y Jacob continuará siendo el Dios de Israel. Pero Israel debe ser fiel al SEÑOR y rehusarse a adorar a otros dioses (29:9-29). La obediencia conducirá a la prosperidad en Canaán, y a la seguridad frente a los muchos enemigos que pueden esperar encontrar. No obstante, todo esto es condicional a la obediencia a Dios. Moisés declara que ante el pueblo se han puesto dos alternativas: la vida y la muerte. La decisión es de ellos. Si aman a Dios y guardan sus mandamientos, prosperarán y aumentarán. Si se rebelan contra Dios y lo abandonan, no vivirán mucho en la tierra que están a punto de poseer (30:1-20). 33:1-13 Josué será él sucesor de Moisés. Moisés explica que a él no se le ha permitido dirigir a Israel a cruzar el Jordán y entrar en Canaán, En su lugar Josué asumirá él mando de Israel, y el SEÑOR irá delante de su pueblo y les dará la victoria. En presencia de Israel, Moisés le vuelve a asegurar a Josué la continua presencia y favor del SEÑOR en el futuro. Moisés puede ser quitado de ellos; el SEÑOR siempre estará al lado de su pueblo. 31:14-29 Se predice la rebelión de Israel. Incluso con esta seguridad de la presencia de Dios, Moisés declara que Israel continuará rebelándose contra Dios. A pesar de todas las advertencias al contrario, Israel se dejará atraer por otros dioses, y los adorará. Sin embargo, aunque el SEÑOR predice este fracaso y pecado, esto no quiere decir que está preparado para tolerar tal

rebelión. A fin de hacerle frente a esta situación se le instruye a Moisés que ponga por escrito el libro de la ley y lo coloque junto al arca del pacto (31:2526). La verdad de esta profecía se puede ver en los acontecimientos de los siglos siguientes. Parece que este «libro de la ley» quedó inadvertido por muchos años, durante los cuales Israel de forma periódica cayó en el paganismo. En el 622 a C., durante el reinado de Josías, se volvió a descubrir (2R 22:1-20). Cuando Josías se dio cuenta de lo mucho que Judá se había apartado de los términos del pacto, ordenó que de inmediato se renovara el pacto y se introdujeran reformas para eliminar las prácticas y creencias paganas que se habían infiltrado en Israel en el período entre la muerte de Moisés y su propio ascenso al trono (2R 23:1-27). Con todo, las reformas que introdujo Josías no fueron suficientes para salvar a Israel del exilio. El tema del exilio empieza a ser de importancia por primera vez en 2 Reyes, con la deportación futura tanto de Israel como de Judá, lo cual se ve como una consecuencia directa de la desobediencia y apostasía de sus reyes. 31:30-33:29 Canto de Moisés y bendición de las tribus. Después de darles todas esas instrucciones, estímulos y advertencias a su pueblo, Moisés canta sobre la confianza en el SEÑOR (31:30-43), y anima a Josué, su sucesor escogido, a que escriba las palabras de este canto para que quede para la posteridad (32:44-47). En la bendición de las tribus que sigue (33:1-29), Moisés habla de sus esperanzas para cada una de las tribus, de una manera muy similar a como Jacob antes había bendecido a sus hijos (Gn 49:1-28). Mientras tanto, a Moisés se le ha permitido darle un último vistazo a Canaán. El SEÑOR le dice que morirá en el monte Nebo (32:48-52). Debido a su rebelión contra Dios en las aguas de Meriba, Moisés «solamente podrá [ver la tierra] de lejos» pero no se le permitirá entrar en ella (32:52). 34:1-12 Muerte de Moisés. Después de bendecir a las tribus, Moisés asciende al monte Nebo y se le permite contemplar la tierra que le rodea, que es la tierra que Israel poseerá. A Moisés se le permite verla antes de que se muera. Cuando fallece, es sepultado en Moab, y el pueblo que había sacado de Egipto hasta la frontera de la nueva nación que los espera queda sumido en un gran llanto (34:1-9). Deuteronomio concluye con una evaluación de la significación de Moisés (34:10-12). Nunca ha habido otro como él, que conocía al SEÑOR cara a cara. Sin embargo, con la venida de Jesucristo, vino alguien mayor que Moisés. «Pues la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y

la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo» (Jn 1:17). Moisés fue en verdad el «siervo del SEÑOR» (Dt 34:5); Jesucristo fue su Hijo (Heb 3:1-6).

JOSUÉ El libro de Deuteronomio concluye la primera sección principal del Antiguo Testamento, que a menudo se conoce como los «cinco libros de la ley». No obstante, la historia de Israel apenas ha empezado. Durante el período del peregrinaje por el desierto, a la nación se le dio su identidad distintiva como pueblo. Israel sabía quién era, quién los había llamado a existir, y lo que debía hacer. La narración ahora pasa a la conquista de la tierra prometida, conforme leemos cómo el pueblo de Dios, que había andado errante por cuarenta años, entra y echa raíces en la tierra prometida. Josué 1:1-18 COMISIÓN DE JOSUÉ

Con la muerte de Moisés amanece un nuevo día en la historia de Israel. El pueblo ahora es libre para entrar en la tierra prometida y por fin apropiarse de la tierra que el SEÑOR les prometió a sus antepasados muchas generaciones atrás. Está claro que los acontecimientos ahora avanzan con mucha rapidez. El SEÑOR comisiona de modo formal a Josué, el sucesor escogido, para que dirija a Israel a cruzar el Jordán (1:1-9). Se le ordena a Josué que sea fiel a las leyes dadas por Moisés, y que si lo hace así, su éxito y prosperidad estarán asegurados. Josué no desperdicia tiempo (1:10-18). Concediendo tres días para la movilización, se prepara para cruzar el Jordán. Les recuerda a los israelitas las grandes promesas que les han sido hechas, y sus responsabilidades para asegurar esas promesas se cumplan. En el caso de las tribus de Rubén y Gad, y la media tribu de Manasés, les recuerda a los hombres que deben tomar parte en la conquista de la tierra prometida antes de que puedan volver al lado oriental del Jordán para reunirse de nuevo con sus esposas y familias. Los israelitas aclaman a Josué como su líder, y le desean el mismo éxito que disfrutó Moisés. Este éxito no tarda en venir. Josué 2:1-5:12

PRIMEROS DÍAS EN CANAÁN

2:1-24 Rajab y los espías. Siguiendo un precedente establecido por Moisés treinta y ocho años atrás, Josué envía espías para informarse de lo que les espera en Canaán (véase Nm 13:1-25). A los dos espías se les ordena en específico que busquen información con respecto a la ciudad de Jericó, el primer asentamiento cananita importante que se halla en la ruta propuesta de invasión. Como la mayoría de las ciudades de su tiempo, Jericó era una «ciudad estado», comparable a las ciudades-estado griegas del período clásico. Estaba defendida por fortificaciones amuralladas sólidas, lo que la hacía un objetivo militar difícil. Como el texto lo indica más adelante, algunas casas estaban edificadas sobre o como parte misma de estas murallas, incluyendo la casa de Rajab. Los espías entran en la casa de una prostituta llamada Rajab. Está claro que el pueblo de la región está enterado de la presencia de Israel en Moab, y temerosos de lo que pudieran ser sus intenciones. Cuando se sospecha la presencia de espías israelitas en la ciudad, Rajab les ofrece seguridad y refugio (2:1-7). Explica que todos tienen miedo de los israelitas, y afirma su propia creencia de que el Señor le ha dado la tierra a Israel. Así como ella ha mostrado bondad a los representantes de Israel, les pide a los espías que le muestren bondad a ella cuando se apoderen de la ciudad (2:8-14). Los espías están de acuerdo, y le piden que cuelgue un cordón rojo en su ventana. Ella y todos los le estén dentro de la casa serán librados. Así como la sangre roja del cordero pascual marcó las casas del pueblo de Dios en el momento del éxodo de Egipto y aseguró que fueran librados de la destrucción, el cordón rojo de Rajab será la garantía de su seguridad. Entonces los espías escapan descolgándose por una cuerda y por una ventana que daba a las murallas de la ciudad. Después de eludir a sus perseguidores, presentan los informes a Josué: todos están aterrados ante Israel (2:15-24; véase también 5:1). 3:1-5:12 El cruce del Jordán; circuncisión en Guilgal. Animado con este conocimiento, Josué dicta órdenes para el cruce del Jordán, con el arca del pacto a la cabeza (3:1-17). Hay similitudes obvias entre este suceso y el cruce del Mar Rojo, no siendo la menor él fuerte sentido de expectación de que algo dramático está a punto de suceder. Después de marcar el sitio de este cruce con doce piedras (4:1-24), Josué organiza dos de las prácticas religiosas más centrales de Israel que se deben celebrar en suelo cananita. Primero, todos los varones de Israel fueron circuncidados. Durante el período de su peregrinaje en el desierto no se había realizado este rito; ahora, este acto de obediencia al pacto se realiza en Canaán (5:2-8),

seguido por la primera celebración de la Pascua en treinta y ocho años (5:912). Mientras Israel se prepara para dar los primeros pasos hacia la conquista de Canaán, recuerda cómo el SEÑOR le ha librado del cautiverio en Egipto por esta misma razón. Josué 5:13-12:24 INVASIÓN DE CANAÁN

5:13-6:27 Caída de Jericó. Jericó ahora está delante de ellos. Animado por una visión de un personaje celestial que se identifica como «comandante del ejército del SEÑOR» (5:13-15; hay paralelos aquí con el incidente de Moisés y la zarza ardiente), Josué se prepara para tomar la ciudad. La historia de cómo ordena que su ejército marche alrededor de la ciudad, seguido por el arca del SEÑOR, es uno de los incidentes más conocidos de la Biblia (6:227). En el séptimo día del asedio las murallas de la ciudad se derrumban, permitiendo que Israel tome el control total. Se libra a Rajab y a su familia. Destruyen el resto de la ciudad, incluyendo a todos sus habitantes, sea cual sea su edad. Este aspecto de la conquista de Canaán preocupa a muchos que leen el relato, en especial por primera vez. ¿Cómo puede un Dios de amor permitir tal masacre? ¿Por qué se mata a espada a ciudades enteras? ¿No había declarado Dios que perdonaría incluso a Sodoma por amor a unos pocos justos que hubiera en ella? No hay respuestas fáciles a estas preguntas. La ética de la guerra en el mundo antiguo a menudo era esencialmente básica: matar o ser muerto. Sin embargo, se debe notar un aspecto de este asunto que ayuda a poner todo en su contexto apropiado. Israel estaba entrando en una situación única en su historia, la cual nunca antes había enfrentado y nunca más volvería a enfrentar. Estaba entrando en una región que estaba poblada por pueblos de creencias paganas, que podrían destruir con facilidad la fe de Israel. Como resultado, se consideró necesario purgar de la tierra tales creencias y culturas paganas. De ninguna manera, entonces, lo que sucedió en el tiempo de la conquista de Canaán justifica la matanza de inocentes en ningún otro momento de la historia. Con la venida de Cristo podemos regocijarnos de que ya no se puede considerar tales episodios como necesarios o justificables. La situación que Israel confrontó al entrar en Canaán nunca más volverá a surgir. 7:1-26 El pecado de Acán. Al éxito de inmediato le sigue el pecado. A pesar de todas sus promesas y votos de obediencia, Israel desobedece a

Dios en la primera oportunidad que se presenta. El pecado en cuestión es el robo de una parte del botín de Jericó, que se suponía debía ser dedicado al SEÑOR. El robo sale a la luz solo debido a una derrota militar. Josué despacha a un grupo de varios miles de hombres para apoderarse de la ciudad cercana de Hai, como a veinticinco kilómetros. La ciudad no tiene muchos habitantes, y debía haber sido un objetivo fácil. La realidad es que los israelitas sufren serias pérdidas en su intento abortado de apoderarse de esa ciudad. Josué queda devastado. ¿Acaso Dios ha dejado de ser fiel a su pacto? Entonces sale a la luz la verdad: no es Dios el que ha sido infiel, sino Israel (7:1-15). Josué realiza una investigación seria, echando suertes hasta que se identifica a la parte culpable. Primero, la búsqueda se estrecha a la tribu de Judá, luego al clan de Zera dentro de Judá, y después a la familia de Zabdí dentro del clan zeraíta. Acán, miembro de esta familia, pasa al frente y admite su culpa. Ha robado algo del botín de Jericó, y lo ha escondido bajo su carpa. Por este intento de engañar tanto a Israel como al SEÑOR, él y su familia son apedreados hasta que mueren (7:16-26). Solo de esta manera podía purgarse la culpa del crimen del pueblo como un todo. 8:1-29 Destrucción de Hai. Después de purgar así la culpa del pueblo, Josué dirige su atención a Hai. Aquí se describe a la ciudad como teniendo doce mil habitantes (8:25), contra los cuales Josué envía treinta mil hombres armados (8:3). La evidencia arqueológica sugiere que Hai no era un centro principal de población en ese tiempo, y puede haber existido en un estado arruinado o medio arruinado. Hay, sin embargo, algunas dudas en cuanto a la identificación del sitio arqueológico que de forma tradicional se identifica con esa ciudad. En cualquier caso, el ataque a la ciudad (que se describe en detalle) tiene éxito. De nuevo, la destrucción total de la ciudad y sus habitantes hace surgir las cuestiones morales que ya se trataron. 8:30-35 Renovación del pacto en el monte Ebal. Ahora se presenta la historia de cómo Israel subyuga el resto de la tierra al occidente del Jordán. Incluso mientras Israel se prepara para hacerles guerra a los pueblos de la región, Josué dedica un tiempo para que el pueblo renueve el pacto con el SEÑOR, tal como Moisés lo había ordenado. Esto habría sido un asunto arriesgado: Israel está rodeado por fuerzas hostiles que están decididas a destruirlo a fin de neutralizar la amenaza que presentan a su seguridad. Sin embargo, es posible que algunos pueblos locales hayan hecho la paz con Israel: la referencia a la presencia de «inmigrantes» (8:33) puede referirse a la presencia de los gabaonitas o heveos de la región, en anticipación a los acontecimientos que se narran de forma más completa en el capítulo 9.

La importancia de la renovación del pacto en el monte Ebal es enorme. Se había edificado en Canaán un altar al SEÑOR, estableciendo su derecho de autoridad sobre la tierra y sus pueblos. Al ser fieles a los mandamientos de Moisés (Dt 27:1-8), Josué asegura el favor y la presencia continuos de Dios en la lucha venidera para lograr la hegemonía en la región. 9:1-27 El engaño gabaonita. Luego vienen tres secciones principales, las cuales tienen que ver con la manera en que Israel puede avanzar desde su posición en la región de Jericó y tomar posesión de la tierra al oeste del Jordán. Las secciones tratan respectivamente con las campañas en las regiones del sur, norte y centro de Canaán. La primera sección trata de los gabaonitas (9:1-27), un grupo de pueblos al norte de Jerusalén. Dándose cuenta de que están en peligro ante los israelitas que avanzan, las ciudades envían emisarios a Israel. Pretenden que vienen de una región distante, muy lejos de Canaán. Josué acepta hacer un trato con ellos sin consultar con el SEÑOR. Cuando resulta que sin quererlo les ha dado un juramento solemne de paz a las poblaciones cercanas, el pueblo se enfurece. No se les permitirá que destruyan a las gabaonitas. En verdad, como resulta más tarde, incluso tienen que defenderlos si alguien los ataca. Sin embargo, Josué le hace frente al engaño gabaonita obligándolos a servir como leñadores y aguadores para el altar del SEÑOR. 10:1-43 Conquista de las ciudades del sur. La segunda sección relata cómo Josué enfrenta a una coalición de reyes de las regiones del sur de Canaán, incluyendo las ciudades de Jerusalén y Hebrón (10:1-43). Los ejércitos de cinco ciudades amorreas asedian a Gabaón, lo que obliga a Josué a responder a su ruego que suplica ayuda. Después de marchar toda la noche desde su campamento en Guilgal, Josué toma por sorpresa a los amorreos que han llevado a cabo el asedio y los vence. Se rastrea a los cinco reyes amorreos y se les ejecuta. En una serie de asaltos Josué entonces asedia y saquea a las ciudades principales de la región del sur de Canaán. En una sola campaña subyuga a toda la región. Es importante notar que el saqueo de Josué de la región es en respuesta a un ataque iniciado por los pobladores de la misma. Ese mismo patrón emerge en el relato de la subyugación de la región norte de Canaán, que es lo que sigue ahora. 11:1-23 Derrota de los reyes al norte. Después de que Josué vuelve a Guilgal, las ciudades-estado de la región del norte de Canaán forman una coalición, con el solo propósito de hacerle frente a la amenaza planteada por Israel (11:1-23). Ejércitos de toda la región montañosa de Galilea se reúnen

en un sitio al que se le menciona como Merón, el cual se piensa que está como a unos doce kilómetros al noreste del lago de Galilea. Josué derrota a los ejércitos, persiguiéndolos al norte, y después volviéndose hacia el sur de nuevo para apoderarse y destruir a la ciudad importante de Jazor. Josué completa su conquista de la región derrotando a los anaquitas. Con esto, terminan las campañas militares, y «aquella región descansó de las guerras» (11:23). Josué ahora puede dividir la tierra entre las tribus, siguiendo las asignaciones establecidas por Moisés, según se describe en detalle en capítulos siguientes. Al relato de la conquista de Canaán le sigue una lista detallada de los derrotados en las campañas de Moisés y Josué (12:1-24). Como se verá con claridad en el capítulo que sigue, todavía hay regiones sustanciales de tierra que se deben conquistar; no obstante, Israel ya ha establecido una base firme de poder en la región, de la cual puede ampliarse cuando sea el tiempo apropiado. Josué 13:1-22:34 ASIGNACIÓN DE TERRITORIO A LAS TRIBUS

13:1-19:51 División de la tierra. Esta gran sección tiene que ver con los detalles específicos de la asignación de Canaán a las tribus de Israel, dando detalles precisos de las ciudades y regiones que deben ocupar. El relato empieza con detalles de la región que todavía queda por conquistar (13:1-7). Luego pasa a la tierra al este del Jordán, que ya ha sido dada a las tribus de Rubén y Gad, y a la media tribu de Manasés (13:8-32). De acuerdo a las asignaciones que hizo Moisés, se confirma esta distribución, y se divide la tierra por región. Se debe apreciar que no se pensaba de esta tierra como la «tierra prometida»; este territorio estaba al oriente del Jordán. La atención luego pasa a la tierra prometida en el sentido estricto del término: las áreas conquistadas al oeste del Jordán, que ahora se asignan por suerte a las nueve tribus y media restantes (14:1-19:48). Al mismo Josué se le asigna una ciudad en la región montañosa, en donde más adelante será sepultado (19:49-50; 24:30). 20:1-21:45 Ciudades de refugio; poblaciones para los levitas. El texto en esta parte del libro de Josué parece un documento legal, y tal vez pueda parecer de escaso interés para muchos lectores. Sin embargo, se debe recordar que esta sección de Josué representa la confirmación final de la promesa de que Israel poseerá la tierra de Canaán. A cada tribu se le asigna más que un espacio para vivir o en el que tener derechos de pastoreo; se les da el derecho de poseer las regiones que se les asigna. Esta sección larga

es el cumplimiento concreto de la promesa del SEÑOR de darles la tierra a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Ahora se está cumpliendo la promesa. Toda región y población que se nombra, incluyendo las ciudades de refugio (20:1-9) y las poblaciones para los levitas (21:1-42), son una demostración de la fidelidad de Dios a sus promesas: Así fue como el Señor les entregó a los israelitas todo el territorio que había prometido darles a sus antepasados; y el pueblo de Israel se estableció allí ... Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse, sino que cada, una se cumplió al pie de la letra (21:43-45). 22:1-34 Las tribus orientales vuelven a su territorio. Por fin, con las guerras terminadas, Josué da permiso a los soldados de las tribus de Rubén, Gad y de la media tribu de Manasés para que vuelvan a sus familias, que se habían establecido en la orilla oriental del Jordán. Sin embargo, surge un malentendido, que por poco conduce a la guerra entre las tribus de las orillas oriental y occidental del Jordán. Josué ha establecido el tabernáculo en Silo (18:1), como a quince kilómetros al noreste de Betel, en donde permanecería hasta el tiempo de Samuel (véase 1S 4:3). Pero cuando los soldados de Rubén, Gad y Manasés vuelven a Galaad, deciden levantar un altar cerca del Jordán, en territorio israelita. Esto desata una respuesta inmediata y colérica de las tribus restantes, que interpretan esta acción como un intento de establecer un altar rival al de Silo. Tal cosa sería un acto de rebelión contra el SEÑOR, lo que exigiría un castigo. Se envía a una delegación en un esfuerzo de impedir la guerra que inevitablemente hubiera seguido. No obstante, el asunto se resuelve. Las tribus al oriente se preocupan porque los que están en el lado occidental del Jordán podrían olvidarse o negar su derecho de adorar al Señor (22:24-29). Puesto que el altar estaba en Silo, al occidente, existía el peligro de que a las tribus orientales se las pudiera excluir de todo derecho de adorar al SEÑOR, o de ser parte de la comunidad del pacto de Israel. Hablando estrictamente, la tierra al oriente del Jordán no era parte de la tierra que el Señor le había prometido a Israel. Por consiguiente, se habría podido aducir que las tribus que se habían establecido en Galaad no eran parte del pueblo de Dios. El propósito del altar en Guelilot (22:10) es afirmar tanto la lealtad al Señor como el derecho a adorarlo y a participar en las bendiciones de su pueblo. Satisfechos con esta explicación, la delegación vuelve a Silo. Josué 23:1-24:33 É

MUERTE DE JOSUÉ

23:1-16 Despedida de Josué a los dirigentes. Pasan varios años de paz, durante los cuales Israel logra consolidar su posición. Parece que ha pasado por lo menos una década desde las guerras que llevaron a Israel a establecer su presencia permanente en Canaán. Ahora Josué está viejo, y se acerca su muerte. Usando palabras que recuerdan su propia comisión de parte del SEÑOR para llevar a Israel a Canaán (1:7-8), le recuerda a Israel la necesidad de permanecer fieles al SEÑOR. Prohíbe los matrimonios mixtos y toda forma de asociación entre Israel y los pobladores de Canaán, debido al potencial impacto que las religiones paganas pudieran ejercer sobre la fe de Israel. 24:1-28 Renovación del pacto en Siquén. Josué entonces convoca a las tribus de Israel a Siquén, para renovar de modo formal y solemne el pacto que habían establecido en el monte Ebal, poco después de la entrada de Israel a la tierra prometida (8:30-35). En un discurso poderoso y conmovedor Josué le recuerda a su pueblo sus orígenes e historia (24:1-43). Recapitula el llamamiento de Abraham, Isaac y Jacob, y la migración del pueblo a Egipto. Le recuerda su aflicción y desdicha en esa tierra, y como el SEÑOR los libró de su esclavitud y los condujo seguros a la tierra prometida. Josué entonces pide a todos los congregados que renueven sus votos al SEÑOR. Los que no desean hacerlo son libres de servir a otros dioses (24:1415). Josué afirma su propia consagración al SEÑOR, a lo cuál el pueblo hace eco. Libremente escogen continuar sirviendo al SEÑOR, con todo lo que eso implica (24:16-27). Por desgracia, como lo mostrarán los acontecimientos subsiguientes, ellos demostrarán ser tan proclives a la rebelión y a la desobediencia como lo fueron sus antepasados en el desierto. Sin embargo, esto está en el futuro. Por el momento, se habla solo de consagración y obediencia. Josué puede despedir al pueblo, y cada uno vuelve a su propia región de Canaán (24:28). 24:29-33 Sepultado en la tierra prometida. Tal como Deuteronomio terminó con la muerte de Moisés, así el libro de Josué termina con la muerte del fiel sucesor de Moisés. Josué, quien fue uno de los doce espías que Moisés envió para explorar a Canaán medio siglo atrás, en ocasión del intento abortado de invasión (Nm 13:16-30), ahora es sepultado en su propia propiedad en la tierra prometida, en cumplimiento de las promesas del SEÑOR. Los huesos de José, que habían traído desde Egipto, también son sepultados en esta tierra, y así él también halla reposo en la tierra prometida a sus descendientes (24:32). De esta forma termina el relato del peregrinaje

de Israel. La nación ha hallado su reposo en la tierra prometida. El libro de Josué es por lo tanto la historia de las promesas cumplidas y las esperanzas realizadas. Sin embargo, Josué no ha designado sucesor. ¿Qué sucederá después de su muerte? ¿Quién dirigirá a Israel al enfrentar los peligros que le esperan por delante? ¿Podrá algún día Israel conquistar las áreas restantes de Canaán? Ahora se cierra un capítulo de la historia de Israel, mientras otro se prepara para iniciarse.

JUECES El libro de Jueces trata de la historia de Israel desde la muerte de Josué hasta el surgimiento de Samuel, antes de que haya alguna administración permanente centralizada en la tierra. Es una crónica de la declinación de la fe religiosa y la obediencia en la tierra después de la muerte de Josué, en especial de la caída de Israel en la idolatría y las prácticas paganas. A pesar de todas las advertencias y el estímulo de parte de Josué, Israel no permanece fiel al SEÑOR. Una de las diferencias más notables entre los libros de Josué y Jueces tiene que ver con las situaciones que confronta Israel. En Josué, Israel tiene que ocupar y subyugar a Canaán, enfrentando amenazas de los varios pueblos que ya viven allí. Se muestra a Israel como un pueblo que actúa y trabaja unido contra estas amenazas qué brotan de adentro de Canaán. En Jueces, sin embargo, las principales amenazas vienen de afuera de Canaán: de pueblos al oriente del Jordán, tales como los amonitas, madianitas y moabitas. Solo en una ocasión hay alguna referencia a una amenaza desde adentro del mismo Canaán. Israel ya no es un solo cuerpo centralizado de personas, sino un grupo de tribus que se ha establecido en varias regiones de Canaán. Aun cuando el pueblo tiene una fe común y una historia común, cada vez más tienden a pensar de sus propias identidades en términos de tribus y clanes individuales, en lugar de como miembros de Israel como un todo. La palabra «juez» necesita algo de explicación. En todo este libro que consideramos ahora encontraremos una serie de individuos, tales como Débora y Samuel, a los cuales se les menciona como «jueces». En los días modernos esto se entendería significando algo así como «un árbitro imparcial en debates legales», o «alguien que dicta juicios». La palabra, no obstante, se usa en un sentido muy diferente en este libro. Su significado básico es «un dirigente carismático que Dios levantó para liberar a su pueblo de algún peligro». ¡El énfasis recae en la liberación del peligro antes que en la administración legal imparcial! Los «jueces» son en realidad personajes de salvación antes que de juicio. Y, como se verá muy claro en lo que sigue, Israel en realidad necesita esa clase de ayuda, puesto que cae en el pecado y la rebelión.

JUECES 1:1-3:6 INTRODUCCIÓN

1:1-2:5 Israel lucha contra los cananitas restantes. Jueces empieza con una revisión de la situación en Canaán después de la muerte de Josué. Grandes sectores de la tierra prometida siguen en manos de los cananitas. El primer ataque contra estos territorios restantes lo lanzan los soldados de Judá (1:2-10), que logran avances substanciales. De particular importancia es la captura de las ciudades filisteas de Gaza, Ascalón y Ecrón, y sus territorios aledaños (1:18). Cada una de estas ciudades es de importancia comercial y estratégica, estando ubicadas en las rutas principales de comercio que van de Egipto al norte. Otras tribus logran otros éxitos, incluyendo la «tribu de José», una referencia a la tribu de Efraín y a la media tribu de Manasés que escogieron establecerse en el oeste, en lugar de al oriente, del río Jordán (1:21-26). Con todo, el patrón predominante que surge es el del establecimiento de una presencia israelita en medio de una población cananita. Una y otra vez Jueces registra que Israel no pudo expulsar a los cananitas (1:27-36). Parece que el programa de expansión de Israel se agotó. Esto es un claro caso de fracaso por parte de Israel, lo que desata la ira del SEÑOR (2:1-5). 2:6-3:6 Desobediencia y derrota. La narrativa entonces cambia de ritmo. Una sección importante que sirve de puente trata de los acontecimientos después de la muerte de Josué, y pone el cimiento para una comprensión de lo que marchó mal dentro de Israel durante el período de los jueces. ¿Cómo puede una nación que ha mostrado tal dedicación y devoción bajo Josué caer en un estado de letargo y rebelión? Después de la muerte de Josué surge una generación que no conoce ni al SEÑOR ni lo que él ha hecho por Israel (2:10). Conforme los que habían estado presentes durante el período nómada de la historia de Israel van muriendo, son reemplazados por los que no experimentaron de primera mano los grandes sucesos que habían llevado a Israel a establecerse en la tierra prometida. La desobediencia y la apostasía surgen. Los israelitas empiezan a participar en las religiones paganas nativas de Canaán. En particular, adoran a Baal (2:13). Baal es un dios local al que adoran los cananitas, y tiene vínculos con la fertilidad, tanto humana como agrícola. Ligada a Baal está la diosa Astarté (al igual mencionada en 2:13), que también está ligada con los cultos de la fertilidad. La adoración a Baal y a Astarté a menudo incluye la prostitución religiosa, y también se piensa que incluía en ocasiones el

sacrificio de niños. Al adoptar estas formas de adoración, Israel abandona de forma evidente su consagración al SEÑOR. Como resultado el pueblo pierde la protección y el favor del SEÑOR, y queda vulnerable a los ataques de los merodeadores de varias clases. Jueces establece un patrón de rebelión y restauración: Israel adora a otros dioses y se halla en aflicción como resultado; el pueblo vuelve al SEÑOR y su fortuna le es restaurada. La narración provista por Jueces ilustra este patrón muchas veces. Las desdichas de Israel, de esta forma, son vistas como un resultado directo de la decisión del SEÑOR de probar a Israel y ver si la nación está preparada para serle fiel (2:20-23). En particular, la continua presencia de los cananitas en el territorio israelita se ve como una consecuencia de que Dios no le concedió la victoria a su pueblo cada vez más descarriado y desobediente (2:23). Con todo, poco a poco Israel se aleja de Dios, permitiendo los matrimonios mixtos con los pueblos locales, a pesar de la prohibición total que Josué dictó en cuanto a esta práctica (3:1-6). JUECES 3:7-16:31 APOSTASÍA Y LIBERACIÓN

3:7-5:31 Desobediencia y el canto de Débora. El resultado de esto se resume en forma nítida en el inicio de la próxima sección: «Los israelitas ... se olvidaron del SEÑOR su Dios, y adoraron a las imágenes de Baal y de Aserá» (3:7). Como resultado de haber perdido el favor de Dios, Israel se halla bajo la opresión de un rey cananita local. La liberación tiene lugar solo después de que la nación se arrepiente e invoca el nombre del SEÑOR (3:811). El mismo patrón se repite con un rey moabita (3:12-31), y con Jabín, un rey cananeo (4:1-24). En este último caso, la profetiza Débora reúne a por lo menos seis tribus de Israel, las cuales obtienen la victoria sobre Sísara, comandante de las fuerzas de Jabín. El mismo Sísara a la larga muere atravesado por la estaca de una carpa a manos de Jael, esposa de Héber (4:17-22). Israel luego vence a Jabín (4:23-24). El canto de triunfo de Débora (5:1-31) es conocido como uno de los poemas más antiguos de la Biblia, conteniendo muchas palabras y expresiones hebreas antiguas. Pone énfasis en la rectitud de Dios que se demuestra de forma pública en su victoria sobre los enemigos de su pueblo. 6:1-40 Gedeón. La narrativa pasa a tratar uno de los episodios más conocidos del Antiguo Testamento: la historia de Gedeón. Una vez más, se nota el mismo patrón: las promesas de Israel de obediencia al SEÑOR, seguidas por su caída en la incredulidad y la desobediencia. Como

resultado, Israel se halla oprimido por otros pueblos. En, este caso, los opresores son los madianitas, actuando en lo que parece haber sido una alianza poco fuerte y cambiante con otros pueblos del este del Jordán, tales como los amalecitas. A la larga, los israelitas caen en la desesperanza, y dándose cuenta de que no pueden librarse sin ayuda, invocan el nombre del SEÑOR (6:1-6). Entonces se les recuerda sus fracasos y rebelión, y se le llama al arrepentimiento a pesar de su obstinación (6:7-10). El libertador designado de Israel es Gedeón (6:11-24), miembro del clan de Abiezer de la tribu de Manasés. El padre de Gedeón, Joás, ilustra bien la manera en que Israel ha abandonado su fe en el SEÑOR: nos enteramos de que él ha construido un altar a Baal, junto con una estatua adjunta de Aserá (6:25). Gedeón no puede creer que el SEÑOR lo esté llamando: ¿No es el miembro menos importante de un clan más bien insignificante? Pero, como las Escrituras lo dicen con claridad, Dios tiene el hábito de tomar a personas que más bien se consideran a sí mismas como insignificantes, y hacer grandes cosas por medio de ellas. Gedeón es uno de estos casos. La misión de Gedeón empieza en casa. Debe purgar de su familia la adoración a Baal antes de que pueda avanzar. Destruye el altar de Baal de su padre, y lo reemplaza con un altar al SEÑOR. Lo que resulta es un clamor popular, indicando las raíces profundas que ha echado la adoración a Baal en la región (6:28-32). Sin embargo, su misión real tiene que ver con la liberación de Israel de los madianitas y sus aliados. Gedeón reúne primero a su propio clan, después a su propia tribu, y luego a las tribus vecinas, mientras se prepara para liberar a Israel. No obstante, siente una vacilación genuina en cuanto a su llamamiento. ¿Está Dios en realidad con Israel? El celebrado relato de cómo Gedeón pone un vellón para asegurarse de las intenciones del SEÑOR es demasiado bien conocido como para necesitar más comentarios (6:36-40). Su punto está claro: Gedeón quiere estar seguro de que está actuando con la autoridad y el respaldo de Dios, y no simplemente debido a algún sentimiento vago de que está siendo llamado de esta manera. 7:1-8:21 Gedeón derrota a los madianitas. A fin de cuentas, la famosa victoria de Gedeón sobre los madianitas (7:1-25) no depende de la fuerza humana, sino de la fuerza del SEÑOR. La manera en que se gana la victoria lo demuestra con claridad, y evita que Israel se vuelva demasiado confiado y arrogante con relación a su propia capacidad y poder. A Gedeón se le dice que use solo tres mil de los diez mil soldados armados que le acompañan para el ataque final, que (como su destrucción del altar de Baal) tendrá lugar de noche. Confundidos por la oscuridad, los madianitas piensan que un gigantesco ejército israelita se les viene encima. Se esparcen, y luego son

perseguidos y alcanzados por la fuerza israelita mayor de las regiones vecinas, así como también por otros que entran al conflicto una vez que ven que las cosas están saliendo a su favor. Sin embargo, el éxito de Gedeón causa resentimiento e irritación en otras partes (8:1-21). 8:22-9:57 Gedeón muere; Abimelec hecho rey. A pesar de este resentimiento en algunos sectores, se reconoce a Gedeón como el libertador de Israel, y el pueblo ofrece hacerlo a él y a sus descendientes reyes sobre ellos. Gedeón se rehúsa. Solo el SEÑOR gobernará a Israel (8:22-27). Durante el resto de la vida de Gedeón, Israel disfruta de una paz relativa, debido a su obediencia al SEÑOR. Sin embargo, una vez que Gedeón muere, Israel vuelve de nuevo a adorar a Baal (8:28-35). Incluso Abimelec, el hijo de Gedeón, se rebela contra la memoria de su padre, asesinando a los hijos de este e intentando establecerse él mismo como rey (9:1-7). 10:1-12:7 Tola, Yaír y Jefté. El patrón de desobediencia seguido de opresión continúa. Después de una seguridad relativa bajo Tola y Yaír (10:15), de nuevo estalla la rebelión. Jueces registra que los israelitas adoran a muchos dioses locales (10:6-14), lo que trae como resultado una desestabilización en la región. Israel se halla bajo el ataque de los filisteos por el oeste y de los amonitas por el este. En esta situación, de nuevo invocan al SEÑOR y piden su ayuda (10:10, 15). El SEÑOR levanta a Jefté de Galaad (11:1-12:7), que derrota a los amonitas. Al hacer esto, provoca un desdichado conflicto con los de la tribu de Efraín (12:1-6). Este pasaje tiene importancia histórica, porque nos permite fechar los sucesos en cuestión. La referencia a que Israel ha ocupado la región por trescientos años (11:26) encaja bien con lo que conocemos de la cronología de este período. 12:8-13:25 Nacimiento de Sansón. Después de Jefté, Israel disfruta de una seguridad relativa por un cuarto de siglo (12:8-15), antes de que empiece una vez más el ciclo de rebelión y opresión. Esta vez los opresores son los filisteos, que viven en la región costera occidental de Canaán (13:1). En este caso, el libertador será Sansón. Desde el momento de su nacimiento está claro que Sansón debe ser nazareo (13:5). La palabra «nazareo» se deriva de la palabra hebrea que quiere decir «consagrar» o «separarse de». El término se usaba para referirse a hombres y mujeres que habían tomado la decisión de consagrarse al SEÑOR al «separarse» de ciertas cosas mediante un voto especial (Nm 6:1-21). 14:1-16:31 Venganza de Sansón y su victoria final sobre los filisteos. Sansón parece calificar poco como juez de Israel. Lejos de ser un siervo obediente del SEÑOR, es proclive a hacer lo que le parece bien a sus propios

ojos; tal como casarse con una mujer filistea (14:1-3). Sin embargo, la mano del SEÑOR obra de una manera oculta, estableciendo a Sansón como libertador de su pueblo (14:4). La historia de Sansón es muy bien conocida, y se debe leer para disfrutarla. Esta historia tiene muchos temas relevantes para Israel, no es un tema menor la manera en que Sansón es al parecer vencido por los filisteos (16:23-30). Esto se puede ver cómo una reflexión de la manera en que muchos israelitas piensan que el SEÑOR ha sido vencido por los dioses locales paganos, tales como Dagón. Como lo demuestra la victoria final de Sansón, el SEÑOR sigue presente entre su pueblo, incluso cuando ellos escogen rebelarse contra él. Otro aspecto importante del relato de Sansón es la referencia al «espíritu del SEÑOR» viniendo sobre él con poder (14:19), un anticipo importante de la manera en que Dios fortalece a su pueblo para hacerle frente a los retos que enfrentan. En el Nuevo Testamento, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés (Hch 2:1-47) se puede ver como si estuviera en línea directa de sucesión a este incidente en la vida de Sansón. JUECES 17:1-21:25 EPÍLOGO

La tendencia de Sansón de hacer lo que se le antoja, en lugar de ser francamente obediente, demuestra ahora ser típica de lo que hace el pueblo de Israel como un todo, conforme lo indica con claridad el comentario con que concluye esta sección (21:25). Se muestra a Israel como careciendo de toda administración central. La nación no tenía rey (18:1; 19:1), y se halla en el proceso de degenerar en anarquía moral. La serie de incidentes relatados conforme el libro llega a su fin tiene el claro propósito de ilustrar la degeneración moral o religiosa de este período en la historia de Israel. Había que hacer algo. Israel tenía que ser librado de este estado de corrupción. Sin embargo, en esta etapa, dista mucho de ser claro lo que se puede hacer en cuanto al estado de las cosas. 17:1-18:31 Micaías y los danitas. Dos incidentes se destacan para una mención especial, el uno enfocando la degeneración religiosa y el otro la degeneración moral. Primero se relata el episodio de un hombre llamado Micaías que establece un lugar de adoración en Efraín, dedicado a algunos dioses locales. Instala a un levita para que presida sobre esta forma paganizada de adoración (17:1-13), lo que la tribu de Dan copia y extiende al

conquistar el territorio vecino, incluyendo la ciudad de Lais (18:1-31). El incidente, que no tiene fecha específica, claramente tiene el propósito de ilustrar lo fácil que Israel se apropia de las prácticas paganas. Aunque el altar en Silo era el único sitio legítimo de adoración en Canaán, Micaías y la tribu de Dan no tienen dificultad para establecer sus propios sitios de adoración, así como formas paganizadas de adorar al SEÑOR. 19:1-30 Un levita y su concubina. El segundo incidente tiene que ver con la corrupción moral de Israel en ese tiempo. En términos paralelos al relato de los visitantes de Lot en Sodoma (Gn 19:5), los israelitas locales de la tribu de Benjamín intentan violar homosexualmente a un viajero en la ciudad de Guibeá, antes de violar más bien a una mujer, la cual muere por la violencia del ataque. La mujer en cuestión era concubina de un levita. 20:1-21:25 Los israelitas luchan contra los benjaminitas. Israel queda apabullado por esta acción, y determina cobrar venganza contra los de Guibeá que son responsables por el acto. Sin embargo, la tribu de Benjamín defiende a su ciudad y a sus habitantes, a pesar del hecho de que eso conduce directamente a la masacre de su ejército por parte del resto de Israel y al saqueo de sus ciudades (20:1-48). Los pocos varones benjaminitas que quedan se ven obligados a atrapar a las jóvenes de la región de Silo para asegurar la presencia continua de varones benjaminitas en Israel (21:1-23), puesto que ninguna otra tribu les permitirá que se casen con las mujeres de su tribu. Este, entonces, es el triste estado de Israel al fin del período de los jueces. La decadencia religiosa y moral es evidente. Cada cual hace lo que se le antoja; no hay rey para imponer autoridad (21:25). Así que, ¿llegará Israel a ser como los cananitas, perdiendo sus creencias y prácticas distintivas? ¿O sucederá algo para restaurar la verdadera adoración al SEÑOR y la obediencia a él? El relato se vuelve a retomar en 1 Samuel. Pero primero se nos pide que hagamos una pausa en medio de esta impresionante narrativa histórica para escuchar una historia de amor que tiene lugar en el período de los jueces. Es una historia de amor que jugará una parte importante en la solución de los problemas de Israel, como se verá con claridad conforme pasamos a la historia de Rut.

RUT El libro de Rut, que recibe su nombre por uno de sus personajes centrales, tiene lugar en el tiempo de los jueces. Como se ve en el libro de Jueces, este era un tiempo de inestabilidad política y corrupción moral y religiosa. El trasfondo del libro de Rut es la hostilidad continua entre el pueblo de Moab y los israelitas, lo que refleja el resentimiento persistente de Moab contra Israel durante el período de la conquista. A estas alturas Israel ha ocupado ya muchas regiones y pueblos moabitas. La tierra asignada a Judá se hallaba justo al frente de la tierra de Moab, en el lado distante del Mar Muerto. 1:1-22 Noemí y Rut. La historia empieza con un relato de una hambruna en Israel, que obliga a una familia (Elimelec y su esposa Noemí, con sus dos hijos) a mudarse a Moab para buscar trabajo allí. Mientras están en esa región, Elimelec muere, y ambos hijos se casan con moabitas, Rut y Orfa. Con el tiempo ambos hijos mueren también, dejando a Noemí sola con sus dos nueras (1:5-6). Oyendo que la hambruna ha terminado, Noemí decide volver a su casa en Belén, e insta a Rut y Orfa a que vuelvan a Moab y a sus propios dioses. Orfa accede, pero Rut no (1:7-15). Aunque Rut no puede esperar nada de Noemí, insiste en quedarse a su lado. Ella participará de la fe de Noemí, así como también de su pueblo (1:16-17). Como resultado, las dos mujeres vuelven juntas a Belén, en el tiempo de la cosecha de cebada. 2:1-23 Rut conoce a Booz. Ahora se nos dice que Noemí tiene un pariente del lado de su esposo llamado Booz, un personaje de importancia local. Rut le pide permiso a Noemí para ir a los campos locales y recoger los rezagos del grano (2:1-2). Ella empieza a trabajar en algunos campos locales, sin saber que esos campos le pertenecen a Booz, ni que Booz es pariente de Noemí. El código de la ley dada a Moisés hacía provisión en varios puntos para el bienestar de los pobres, las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Una de tales provisiones era la insistencia en que al cosechar se debía dejar detrás algo de los productos para los extranjeros, los huérfanos y las viudas (Dt 24:19-22). De este modo, gavillas de trigo, aceitunas o uvas se dejaban en los campos después de la cosecha, las cuales los menos afortunados que el dueño y sus obreros podían recoger y usar. Booz, a oír que Rut dejó

Moab para quedarse junto a Noemí, se cerciora de que ella reciba buen cuidado (2:3-19). Volviendo a Noemí con una cantidad sustancial de grano como resultado de su trabajo, Rut le cuenta a su suegra los sucesos del día. Al enterarse que Rut trabajó en los campos de Booz, Noemí le dice que Booz es «uno de los parientes que nos pueden redimir» (2:20). La importancia de esta afirmación se debe explicar en detalle. El pariente redentor era un pariente que tenía el privilegio o deber de restaurar o preservar los plenos derechos de comunidad de los miembros de la familia que habían caído en tiempos difíciles. La palabra «redimir» aquí significa «comprar de regreso». Un ejemplo de tal dificultad la provee un pariente que se ha vendido a sí mismo como esclavo para pagar una deuda. Los deberes particulares del pariente redentor incluían la responsabilidad de redimir la tierra de la familia cuando había sido vendida, redimir a los miembros esclavizados de la familia, proveer un heredero a la familia, vengar la muerte de los miembros de la familia asesinados, y actuar como fideicomisario de los negocios de la familia. Él pariente redentor es de importancia particular en el libro de Rut. La explicación más probable de lo que sucede aquí es que Elimelec se vio obligado a vender su tierra en Judá antes de salir para Moab. Noemí habría retenido el, derecho de comprar de regreso la tierra, conservándola así dentro de la familia; sin embargo, careciendo de fondos para hacerlo, dependía de que alguno de la familia la comprara por ella. Sin esta redención, ella no podría poseer la tierra a la que tenía derechos, ni beneficiarse de ella de ninguna manera. 3:1-18 Rut y Booz en la era. Noemí entonces le instruye a Rut que vaya a la era y duerma a los pies de Booz (3:1-6). Las acciones que se relatan probablemente se interpretarían como indicadoras de que Rut desea casarse con Booz, aunque está claro que ella también desea llamar la atención al hecho de que él es su pariente redentor. Es evidente que Booz queda halagado por la atención de Rut (3:10). Sin embargo, señala que hay alguien que tiene prioridad sobre él como pariente redentor (3:12-13). Con todo, Booz promete intervenir si las cosas no resultan bien. Satisfecha, Rut vuelve a Noemí. 4:1-17 Booz se casa con Rut. Más tarde Booz va a la puerta de la ciudad, lugar tradicional para la transacción de negocios locales y asuntos legales. El pariente redentor al rato aparece por allí, y Booz presenta el tema de la redención de la tierra de Elimelec. El pariente redentor, al que nunca se identifica por nombre, acuerda en presencia de testigos comprar de vuelta la

tierra (4:1-4). Booz entonces le dice que tiene también que tomar a Rut como esposa. El pariente redentor declina, quizá preocupado por las consecuencias legales de que pudiera tener con ella algún hijo varón, el cual tendría ciertos derechos de herencia con respecto a la propiedad (4:6). Como resultado, el pariente redentor declina redimir la propiedad, y le entrega a Booz todos sus derechos sobre este asunto. Booz declara de forma pública su intención de redimir la propiedad y de casarse con Rut (4:812). Así la historia tiene un final feliz. Rut se casa con Booz y tienen un hijo, al que le ponen por nombre Obed. 4:18-22 Genealogía de David. Entonces se nos dice la significación plena de esta historia de amor. Obed mismo se casará, y tendrá un hijo al que pondrá por nombre Isaí. Isaí a su vez tendrá un hijo llamado David: el rey más grande que Israel jamás tendrá. Por medio de David, Booz y Rut son antepasados del mismo Jesucristo (Mt 1:5). Lo que se pudiera leer simplemente como una historia de amor resulta ser la providencia de Dios obrando, preparando el camino para la renovación de Israel bajo David, y su redención por medio de Jesucristo.

1 Y 2 SAMUEL El libro de Jueces dio un relato gráfico de la degeneración de Israel hacia la corrupción política, religiosa y moral después del período dorado de Josué. Deja al lector preguntándose qué sucederá luego. ¿Cómo se podrá restaurar el orden en esta situación? ¿Cómo se podrá llevar a Israel de regreso a adorar al SEÑOR? La respuesta la provee 1 y 2 Samuel, que fueron originalmente un solo libro grande, el cual fue dividido en dos mitades por los primeros traductores. Los dos libros documentan el desarrollo del reinado en Israel. La división (que no se puede considerar como parte del texto original inspirado de las Escrituras) no es por completo útil, e interrumpe el flujo de la obra. Para hacer más fácil la lectura y destacar la continuidad de la historia, trataremos los dos volúmenes como una sola obra (práctica que sé adoptará también en el caso de 1 y 2 Reyes y 1 y 2 Crónicas). Uno de los desarrollos que se deben notar en esta narrativa es el surgimiento de los términos «Israel» y «Judá» para referirse a las regiones norte y sur respectivamente de la tierra que al inicio fuera Canaán. El término «Israel» se usó originalmente para referirse a toda el área, hasta y durante el reinado de Saúl. Sin embargo, después de la muerte de Saúl, hubo guerra abierta entre los que apoyaban a Saúl en el norte y los que apoyaban a David en el sur de la nación. Dado que David mismo era miembro de la tribu de Judá, tal vez se esperaría que el término «Judá» llegara a referirse a las tribus sureñas de Efraín y Judá (Jos 19:1-9), que respaldaban a David contra la casa de Saúl. La casa de Saúl se consideraba como una continuación del gobierno de Saúl sobre todo Israel, y así retuvo el término «Israel» para referirse a su esfera de influencia, a pesar del hecho de que esto ahora se refería solo a la región norte del país. A David al inicio se le proclama rey de Judá en la ciudad sureña de Hebrón, y es solo como resultado de sus campañas militares que llega a ser rey de todo Israel. Hasta el tiempo de la muerte de Saúl había existido un corredor no israelita que hacía separación entre las tribus del norte y las tribus del sur. Este corredor incluía la ciudad de Jerusalén, que estaba dominada por los jebuseos, y la ciudad de Guézer, que estaba bajo el control egipcio. La conquista de David de Jerusalén unió

las dos mitades, proceso que al final quedó completo cuando el faraón le regaló Guézer a Salomón como regalo de bodas (véase 1R 9:16-17). Cuando el reino unido se dividió en dos después de la muerte de Salomón (930 a.C.), fue natural que el reino del norte retuviera el nombre de «Israel», y el reino del sur, centrado en Jerusalén, el nombre de «Judá». Pero esto ocurre mucho más adelante. Ahora debemos volver a la historia de cómo la monarquía llegó a establecerse en primer lugar. Se recordará que los capítulos finales del libro de Jueces con frecuencia reiteran que «en aquella época no había rey en Israel» (Jue 17:6; 18:1; 19:1; 21:25). Así que, ¿cómo llegó a establecerse la monarquía? Debemos empezar explorando la historia de cómo esto sucedió, la cual empieza con el nacimiento de Samuel. 1 SAMUEL 1:1-7:1 LLAMAMIENTO DE SAMUEL

1:1-2:11 Nacimiento de Samuel y oración de Ana. La historia de los principios de la monarquía de Israel empieza presentándonos a Elcaná y a sus dos esposas: Ana y Penina (1:1-20). Ana no tiene hijos, y este hecho la aflige profundamente, mucho más porque Penina sí tiene hijos de Elcaná, y la atormenta por su infertilidad. Ana ora pidiendo un hijo, y promete que lo dedicará al SEÑOR como nazareo (véase Nm 6:1-21). Un sacerdote local, llamado Eli, oye su súplica, y le asegura que el Dios de Israel le concederá su deseo. A su debido tiempo ella concibe y da a luz a un hijo al que le pone por nombre Samuel. Tal como había prometido, Ana dedica a Samuel al SEÑOR (1:21-27), y le exalta porque el SEÑOR se ha acordado de ella en su angustia y aflicción (2:1-10). Este notable canto de acción de gracias y confianza es similar de muchas maneras al canto de agradecimiento asociado a María, al saber que tendrá un hijo que será el Salvador del mundo (Lc 1:46-55). 2:12-36 Los hijos de Eli. Samuel acaba sirviendo en la casa de Eli y ayudando en el servicio del santuario en Silo. El estado de degeneración religiosa y moral dentro de Israel se destaca de forma vivida en el relato de la conducta de los hijos de Eli. Los hijos de Eli tenían el hábito de acostarse con las servidoras del tabernáculo de reunión, de una manera que parece reflejar las prácticas corrientes de los santuarios paganos cananeos. Samuel, sin embargo, no se mancha con este ultraje, y «seguía creciendo y ganándose el aprecio del SEÑOR y de la gente» (2:26). Un momento decisivo

tiene lugar con la visita de un «hombre de Dios» cuyo nombre no se menciona, el cual dicta juicio sobre Eli y su familia, y declara que el SEÑOR levantará a un futuro «sacerdote fiel» que empezará a poner las cosas en su lugar (2:27-36). 3:1-21 El SEÑOR llama a Samuel. Por lo que sabemos de la corrupción de Israel en esta etapa, no es de extrañar que «no era común oír palabra del SEÑOR, ni eran frecuentes las visiones» (3:1). Sin embargo, algo sucede ahora. El SEÑOR llama por nombre a Samuel, que tal vez apenas tiene doce años, mientras está acostado cerca del arca de Dios. Al inicio, pensando que es Eli el que está llamándolo, Samuel despierta al anciano. Dándose cuenta de que es el SEÑOR el que está llamando a Samuel, Eli anima al muchacho a responderle y a escuchar lo que le va a decir. El mensaje que entonces el SEÑOR le da a Samuel es inequívoco: algo serio está a punto de suceder, al mismo tiempo que ejecutará su juicio contra Eli. Eli acepta estas noticias con calma. No pasa mucho antes de que a Samuel se le reconozca ampliamente como profeta. Dios continúa dándose a conocer a Samuel en Silo. 4:1-22 Los filisteos capturan el arca. Los israelitas, hallándose en una de sus periódicas disputas con los filisteos, acaban de recibir una paliza en su más reciente encuentro. Reconociendo que su fracaso es una marca del desagrado de Dios, el pueblo decide asegurarse de que el SEÑOR esté con ellos en su próxima expedición. Resuelven llevar consigo el arca de Dios a la batalla, dando por sentado que adonde vaya el arca, el SEÑOR con certeza le seguirá. Sin embargo, como lo demuestran los sucesos, las cosas no son así de sencillas. Los paganos pueden creer que sus dioses están presentes en dondequiera que se exhiben sus símbolos. Pero lo mismo no es cierto del SEÑOR, cuya presencia está condicionada a la obediencia, la confianza y el arrepentimiento. (Se recordará cómo Dios amenazó con permitir que Israel entrara en la tierra prometida sin su presencia debido a la desobediencia de la nación en el desierto). Los filisteos derrotan por completo a los israelitas, capturan el arca de Dios y matan a los dos hijos de Eli. Al oír las noticias, Eli queda tan aturdido que se cae de su silla y muere al romperse el cuello; su nuera empieza a dar a luz prematuramente, y por ello muere (4:12-20). El nombre que ella escoge para su recién nacido antes de morir es un comentario apto del estado de Israel al momento: «Icabod» (que literalmente significa «sin gloria»). Como ella comenta, la gloria del SEÑOR se ha apartado de Israel (4:21-22). 5:1-7:2 El arca devuelta a Israel. Los filisteos hallan que la presencia del arca en medio de ellos no les da ninguna ventaja. La llevan de una ciudad a

otra, conforme la desdicha les cae encima (5:1-12). Por último, hastiados de su desdicha, los filisteos hacen arreglos para devolver el arca a Israel, llegando esta a la larga a Quiriat Yearín, en donde permanecerá por veinte años (6:1-7:2). Más tarde, David la llevará en triunfo a Jerusalén. Eso, sin embargo, está muy lejos en el futuro. 7:3-17 Samuel subyuga a los filisteos en Mizpa. Al momento, las preocupaciones de Israel se centran en los filisteos. Dándose cuenta de que sus desdichas reflejan su propia desobediencia, el pueblo llama a Samuel pidiendo consejo. El exige que ellos vuelvan a consagrarse al SEÑOR y que eliminen sus «baales y Astartés» (dios y diosa paganos cananeos). Una vez que se ha hecho esto, Samuel hace un sacrificio al SEÑOR. La victoria subsecuente de Israel ante el ataque astuto de los filisteos confirma que el SEÑOR está de nuevo con su pueblo. 1 SAMUEL 8:1-12:25 ESTABLECIMIENTO DE LA MONARQUÍA EN ISRAEL

8:1-22 Israel pide un rey. Samuel juzga a Israel por muchos años. Finalmente, lo entrega a sus hijos, a quienes nombra jueces. Ellos fracasan, para descontento y una creciente demanda popular de un rey. Israel exige ser a este respecto como todas las demás naciones que los rodean. Esta petición desagrada al SEÑOR. Él es su rey. ¿Por qué iba el pueblo a colocar a algún otro en el lugar que por derecho le corresponde a él? Sin embargo, por medio de Samuel, da una advertencia de lo que puede significar el establecimiento de una monarquía en Israel: la explotación y la dominación centralizada. Pero el pueblo ya ha decidido en forma colectiva. Quieren un rey, como todas las demás naciones. La idea de lo distintivo de Israel ha perdido su atractivo para ellos. Quieren ser como todos los demás, así que el SEÑOR a regañadientes permite que se salgan con la suya. Pero, ¿quién va a ser el rey? 9:1-10:8 Samuel unge a Saúl. El SEÑOR le dice a Samuel que espere la llegada de un joven (que más tarde sabemos que tiene treinta años) de la tribu de Benjamín, y que le unja como rey. Él libertará a Israel de la opresión de los filisteos. A su tiempo llega Saúl, y se le dice que él va a ser rey (9:127). Entonces Samuel unge a Saúl con aceite, como señal de que Dios lo escogió y está capacitado para la tarea del liderazgo (10:1-8). Este es un suceso privado; los aspectos públicos de su elección vendrán más tarde. Esta práctica de la unción es tan importante que necesita más comentario.

La unción con aceite era una práctica ampliamente extendida en tiempos del Antiguo Testamento. En los contextos de todos los días, la unción con aceite era una forma de limpieza personal, o una señal de honor a un huésped distinguido. También se ungían los cadáveres antes de la sepultura, a veces con aceites y ungüentos perfumados muy costosos. En un contexto religioso, la unción era una práctica asociada tanto con la purificación como con la sanidad. Tal práctica también tenía una significación religiosa, la cual es de principal importancia en relación con las figuras en los cargos públicos. Los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos como señal de haber sido escogidos y nombrados por Dios para estos ministerios específicos. La palabra «Mesías» (literalmente: «uno que es ungido») vino a tener el sentido de «el que Dios ha nombrado» para la redención de su pueblo. En este sentido desarrollado de la palabra el término se refiere a Jesucristo (la palabra «Cristo» es la forma griega de «Mesías»). 10:9-11:15 Saúl constituido rey. Poco después de su unción, Saúl recibe el prometido Espíritu del SEÑOR (10:9-11). Samuel entonces convoca a todo Israel para anunciar de modo formal la elección de un rey. Hay un regocijo ampliamente extendido, aunque no universal, por la selección de Saúl (10:12-27). Sin embargo, la elección de Saúl no significa que es colocado en un palacio, con sirvientes y ricos mobiliarios. Cuando lo volvimos a encontrar, él está en un campo, detrás de sus bueyes. Los resquemores iniciales con respecto a su elección pronto son superados: Saúl dirige una ofensiva exitosa contra el ejército invasor amonita (11:1-11). Entonces se le confirma públicamente como rey de Israel en Guilgal, sitio de las campañas de Josué durante el período de la conquista de Canaán (11:12-15). 12:1-25 Discurso de despedida de Samuel. En un discurso de despedida, Samuel le recuerda a Israel todo lo que Dios ha hecho por ellos, llamando la atención del pueblo a los grandes actos divinos de liberación y fidelidad. Les advierte las consecuencias de tener un rey. El bienestar de Israel depende de la obediencia tanto del rey como del pueblo al SEÑOR. Un rey no es defensa contra nada ni nadie si Israel hace lo malo a los ojos del SEÑOR. 1 SAMUEL 13:1-31:13 REINADO DE SAÚL

13:1-15 Samuel reprende a Saúl. Así empieza el reinado de Saúl, el cual durará cuarenta y dos años. Comienza con un ataque llevado a cabo por el hijo mayor de Saúl, Jonatán, contra un puesto de avanzada filisteo, lo que causa furor en Filistea contra Israel. Se reúne un gigantesco ejército filisteo,

equipado con carros: formidables armas de guerra que Israel no poseerá sino hasta más tarde en su historia. El ejército israelita con base en Guilgal empieza a reducirse, puesto que los hombres desertan frente a esta amenaza. Por último, después de siete días, Saúl le ofrece a Dios un sacrificio que debía haber sido ofrecido por Samuel. El profeta se enfurece. El desdén de Saúl de sus instrucciones equivale a la rebelión contra Dios, de quien Samuel es representante. 13:16-14:22 Israel sin armas. Las ventajas de Filistea sobre Israel son considerables. Sus ejércitos están equipados con carros y otras armas de guerra avanzadas a las cuales Israel no tendrá acceso sino hasta el tiempo de Salomón. Los filisteos también han dominado la producción de hierro. Dándose cuenta de su potencial militar, y queriendo asegurarse de que sus enemigos no tengan acceso al hierro necesario para hacer espadas y lanzas, han prohibido que se establezcan herrerías en algún lugar de Israel. Como resultado, Israel está en considerable desventaja sobre su enemigo (13:16-22). A pesar de esta desventaja, Israel puede derrotar a los filisteos por sorpresa. En la confusión resultante los filisteos acaban usando sus espadas de hierro unos contra otros en lugar de contra Israel (13:23-14:22). 14:23-15:35 El SEÑOR rechaza a Saúl como rey. La victoria de Israel se atribuye con todo cuidado al SEÑOR, y no a Saúl ni a Jonatán (14:23). En lo que sigue empezamos a darnos cuenta de que Saúl tiene una serie de debilidades que ponen en tela de duda su competencia como rey (14:24-48). Nos enteramos de su precipitado juramento, lo que conduce a que su ejército primero quede agotado por el hambre y luego se harte de sangre (algo prohibido en la ley mosaica). Incluso la decisión de Saúl de construir un altar al SEÑOR (la primera vez que ha hecho tal cosa, como lo nota el texto; 14:35) es algo así como un pensamiento tardío. A pesar de todas las debilidades de Saúl, Israel se las arregla para expulsar de su tierra a los invasores filisteos. Aunque en todo el reinado de Saúl hay guerra continua entre Israel y los filisteos (14:49-52). La obediencia de Saúl al SEÑOR también empieza a vacilar de forma sustancial. Samuel, que había ungido a Saúl como rey sobre Israel, le instruye que libre de los amalecitas a la tierra. Saúl desobedece de modo deliberado a Samuel sobre un asunto (15:1-35). En un amargo intercambio entre los dos hombres, Samuel indica con claridad que el SEÑOR ya no respalda a Saúl. Saúl ha rechazado la palabra del SEÑOR; ahora él le «ha rechazado como rey de Israel» (15:26). 16:1-14 Samuel unge a David. Tal como Samuel había ungido antes a Saúl en secreto como rey de Israel, en obediencia al SEÑOR, ahora se le dirige a

que busque su reemplazo. Se le dice a Samuel que el SEÑOR ha escogido a uno de los ocho hijos de Isaí de Belén (el cual es, como se recordará, nieto de Booz y Rut) como futuro rey. Para su sorpresa, resulta ser David, el hijo menor, a quien Isaí ni siquiera pensó que valía la pena llamar para el encuentro con Samuel. La historia de cómo el SEÑOR escoge a David para que sea rey sobre Israel está repleta de nociones importantes. De estas, quizá la más significativa es que no es la apariencia externa lo que importa en el servicio al SEÑOR. Por ejemplo, es cierto que Eliab, hijo de Isaí, era fuerte y de alta estatura (16:6); pero, a fin de cuentas, á Samuel se le dirige para que escoja a David, el menor de los hijos de Isaí, como futuro rey de su pueblo. «La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón» (16:7). Samuel unge a David con aceite, y el Espíritu de Dios viene sobre él con poder. Todavía no es rey de Israel. Sin embargo, es el hombre al que Dios ha llamado y equipado para la tarea que le espera por delante. De forma simultánea se nos informa que el Espíritu del SEÑOR se ha apartado de Saúl. 16:14-23 David al servicio de Saúl. Mientras tanto, Saúl sigue siendo rey. David llega a ser parte del círculo de la corte de Saúl (16:15-23). Sin tener conocimiento de los propósitos del SEÑOR, Saúl lleva a su círculo íntimo al hombre al que el SEÑOR ha escogido para que sea su reemplazo. Está claro que el nombramiento de David a la corte no es permanente, con el resultado de que a menudo se le halla cuidando los rebaños de su padre. Es durante una de tales ocasiones que tiene lugar el incidente que impulsa a David a colocarse al frente de la vida de Israel. 17:1-58 David y Goliat. En una de sus periódicas batallas contra los filisteos, Saúl se halla frente al gigante Goliat, del que se informa que tiene «casi tres metros» de estatura. Goliat aterra a los israelitas, sobre todo por la exigencia de que ellos envíen a alguien del lado israelita para que se enfrente con él en un combate mano a mano. Hay «la ausencia notoria de entusiasmo de parte de los israelitas en cuanto a esta oferta. David, a quien Isaí ha enviado para asegurarse de que sus hermanos mayores están bien, se ofrece como voluntario para luchar contra Goliat. Descartando la pesada armadura militar qué se le ofrece para protección, se acerca a Goliat armado solo con su honda y cinco piedras lisas como proyectiles. Él tiene la confianza de que el SEÑOR le librará (17:37). En el suceso, derriba a Goliat con su primera piedra disparada. Luego, sacando de su funda la misma espada de Goliat, mata al gigante con su propia arma. El pánico aparece

dentro del campamento filisteo, y los israelitas pueden causar estragos en sus filas mientras los invasores huyen. 18:1-30 Saúl tiene celos de David. Tal vez el resultado es inevitable. Saúl siente celos de David debido a su mayor fama. La lucha con Goliat ha captado la imaginación de todos. Es de David, y no de Saúl, de quien ahora todos hablan. Temiéndole, Saúl no puede hacer nada para impedir que su reputación crezca (18:1-16). Su intento de enviar a David a su muerte en otra confrontación con los filisteos meramente lleva a que David se gane a su hija Mical en matrimonio, y de esa manera llega a recibir incluso más celebración en sus victorias subsiguientes (18:17-30). 19:1-24:22 Saúl trata de matar a David. Por último, Saúl decide hacer matar a David. El hijo mayor de Saúl, Jonatán, que quiere mucho a David, le alerta del complot. En cierto punto el mismo Saúl trata de matar a David. Como resultado, David se vuelve fugitivo y busca refugio con Samuel en Rama (19:1-24). Pide el consejo y la dirección de Jonatán. En una conmovedora escena, los dos hombres se juran amistad antes de marchar por caminos separados (20:1-42). David ahora vive una existencia nómada, perseguido por Saúl (21:1-23:29). En cierto punto David incluso tiene una Oportunidad de quitarle la vida a Saúl, pero decide perdonarlo. Al descubrir lo cerca que ha estado de que David lo mate, Saúl se arrepiente. Sin embargo, David sospecha que el arrepentimiento puede no ser genuino, y continúa cuidándose de Saúl y sus hombres (24:1-22). 25:1-26:25 Muerte de Samuel. En medio de esta situación muere Samuel (25:1). Este es un momento de una incertidumbre considerable. ¿Quién le sucederá? ¿Quién actuará como profeta para Israel en los tiempos por delante? La pregunta queda sin contestación. De inmediato se lleva nuestra atención de regreso al continuo conflicto entre Saúl y David (25:2-44), que ha llegado a un punto en el que Saúl le ha dado a su hija Mical, que antes se casó con David, a otro hombre. De nuevo, la persecución de David por parte de Saúl lleva a que se desarrolle una situación en la que David está en posición de quitarle la vida a Saúl. Pero otra vez le perdona, con el resultado de que Saúl se arrepiente; por lo menos por el momento (26:1-25). 27:1-28:25 David entre los filisteos. Consciente de que el arrepentimiento de Saúl tiende a evaporarse después de pocos días, David se va al territorio de los mismos filisteos, creyendo que Saúl difícilmente lo perseguirá en esas regiones hostiles. Llevando un pequeño ejército de seiscientos hombres consigo, David se establece en la ciudad de Siclag, cuya identidad y ubicación precisas se desconocen. La condición de salvoconducto por la región es que sus hombres deben servir con el ejército filisteo si es preciso

(27:1-28:2). Saúl, con su arrepentimiento habiéndose debidamente agotado, consulta con una pitonisa en cuanto a su propio futuro. En una escena que demuestra cómo Saúl ha abandonado al SEÑOR a favor del ocultismo, la figura de Samuel habla de la ruina venidera de Saúl. Este queda aterrado (28:3-25), y vuelve a su campamento en el monte Guilboa para esperar lo inevitable. 29:1-30:31 Aquis envía a David de regreso a Siclag. Mientras tanto, la relación de David con los filisteos se vuelve problemática. Mientras sirven en el ejército filisteo, David y sus hombres son relevados de sus deberes, debido a que los filisteos temen que los hombres de David pueden volverse en su contra cuando vayan a la guerra contra Saúl (29:1-11). Cuando vuelven a Siclag, la hallan en ruinas como resultado de un ataque de los amalecitas. Á la larga, David y algunos de sus hombres rastrean al grupo asaltante y recuperan a todas las personas y artículos que se había llevado (30:1-31). 31:1-13 Saúl se quita la vida. El ataque filisteo planeado contra las fuerzas de Saúl en el monte Guilboa ahora tiene lugar. En lo que es claramente un ataque feroz, los filisteos matan a tres de los hijos de Saúl, incluyendo a Jonatán. Saúl mismo queda mortalmente herido por una flecha, y se quita la vida para evitar más humillación. El pánico cunde en Israel conforme las noticias de la derrota y las muertes se dan a conocer. En un conmovedor gesto, los hombres de la ciudad de Jabés de Galaad, que Saúl antes había defendido contra los amonitas (véase 11:1-11), recuperan sus cadáveres y los sepultan en Jabés. Ahora, ¿cómo puede Israel recuperarse de esta derrota catastrófica? ¿Logrará alguna vez David suceder a Saúl como rey de Israel? ¿Queda alguien en Israel que pueda ser rey? En 2 Samuel de inmediato se retoma la historia. 2 SAMUEL 1:1-5:5 ASCENSO DE DAVID AL TRONO

1:1-27 Lamento de David por Saúl y Jonatán. Estando en Siclag, David se entera de las muertes de Saúl y Jonatán por boca de un testigo ocular de los sucesos, que aduce haberle propinado a Saúl el tiró de gracia. El testigo ocular, que es una amalecita, espera que David se deleite por su pretendida acción; David ordena que se ejecute al hombre, y se lamenta por Saúl y Jonatán. La aflicción personal, sin embargo, pronto da lugar a un sentido del deber. Si Saúl está muerto, y él, David, ha sido ungido como rey de Israel, ¿no debería volver á Israel, en lugar de estar escondido en territorio filisteo?

Los filisteos consideran a David como enemigo de Saúl. Ignoran su unción secreta por parte de Samuel para que sea rey de Israel. Si hubieran sabido esto, lo habrían atacado. 2:1-3:38 Guerra entre las casas de David y Saúl. David le pide consejo al SEÑOR y sale para la ciudad de Hebrón, en donde lo aclaman públicamente y lo ungen como rey sobre Judá (2:1-7). Sin embargo, la familia de Saúl no tiene intención de entregar la monarquía a David, enemigo de Saúl. Uno de los comandantes de Saúl le da el reinado a uno de los hijos sobrevivientes de Saúl sin ninguna autorización del SEÑOR para hacerlo (2:8-10). Así queda preparado el escenario para una confrontación seria entre los dos que reclaman el trono de Israel. Al inicio, hay una confrontación en pequeña escala entre las dos partes en Gabaón, una ciudad lejos de los ejércitos filisteos. La batalla la ganan los hombres de David (2:11-32). Esta batalla resulta ser un indicativo de la manera en que las cosas se desarrollarán en el futuro. La guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, como se conocen las dos partes, seguirá por algún tiempo, con la casa de David ganando de forma gradual la hegemonía (3:1-5). Un momento decisivo se alcanza cuando Abner, el comandante que había instalado a Isboset, hijo de Saúl, como rey de Israel, se coloca bajo la autoridad de David. Se logra un acuerdo entre David y Abner (3:6-21); sin tener conocimiento de esto, Joab, uno de los más exitosos comandantes de David, lo asesina (3:22-38). David, que no tiene parte en este complot y le había prometido a Abner su vida, se encoleriza por este acontecimiento, y hace lamento público. 4:1-5:5 David llega a ser rey sobre todo Israel. Por moralmente infame que pueda haber sido el asesinato de Abner, en verdad surtió el efecto que Joab tal vez había calculado que ejercería. La casa de Saúl queda por completo desmoralizada. Percibiendo la manera en que las cosas están moviéndose, dos de los comandantes de Isboset lo asesinan y le traen su cabeza a David. David hace ejecutar a los comandantes, y sepulta la cabeza de Isboset junto con Abner en Hebrón (4:1-12). Con este acontecimiento, la resistencia de la casa de Saúl a David colapsa, y a David se le unge públicamente como rey sobre todo el pueblo de Israel (5:1-5). Ya había sido aceptado como rey por la región sur de Judá; su autoridad ahora se extiende sobre toda la región. 2 SAMUEL 5:6-10:19 PRIMEROS TRIUNFOS DEL REINADO DE DAVID

5:6-25 David conquista Jerusalén. Una vez establecido como rey de Israel, David da pasos para consolidar la posición de la nación. En un avance principal captura la ciudad jebusea de Jerusalén (5:6-16), a la que le pone por nombre «ciudad de David». Será su capital durante todo su reino, y la reforzará fuertemente para asegurar su seguridad. Al haber establecido su base en Jerusalén, David puede hacerle frente a la amenaza que todavía presentan los filisteos. Cuando ellos avanzan buscando y tratando de eliminar a David (al que, por supuesto, antes habían albergado en su propio territorio), David busca la dirección del SEÑOR sobre cómo hacerles frente. Siguiendo la dirección que se le da, los derrota, y los obliga a retirarse a su propio territorio (5:17-25). 6:1-23 Se trae el arca a Jerusalén. Con su situación militar ahora estabilizada, David hace arreglos para traer a Jerusalén el arca de Dios, que había sido dejada en la casa de Abinadad por las últimas dos décadas. Hay resistencia a esta transferencia de parte de la familia de Abinadad. Sin embargo, el arca al fin llega y la colocan en una tienda de campaña en Jerusalén, con gran regocijo (6:1-23). 7:1-29 Promesa de Dios a David. David piensa que es muy inapropiado que el arca de Dios esté en una casa de campaña, en tanto que él mismo vive en un palacio ricamente amueblado (7:1-3). Decide consultar con Natán, un profeta, el cual recibe un mensaje del SEÑOR en cuanto al arca de Dios y al futuro de los descendientes de David (7:4-17). David no necesita construirle una casa a Dios. Más bien, Dios le construirá una casa a David; es decir, una dinastía. Son los descendientes de David los que le construirán la casa al SEÑOR. El SEÑOR promete por medio de Natán establecer el trono de David para siempre, y ser su Padre, así como él será hijo del SEÑOR (7:14). Esta profecía fuertemente mesiánica será la base de las esperanzas mesiánicas futuras de Israel, que a la larga hallarán su cumplimiento en la venida de Jesucristo como Hijo de Dios. David responde con una oración de acción de gracias y de adoración (7:18-29), en la que rememora y alaba la bondad y fidelidad del SEÑOR. 8:1-10:19 Victorias de David. La fidelidad de Dios se ve incluso más al obrar en las grandes victorias que David acumula luego, en las que derrota a una serie de enemigos. De muchas maneras, la serie de victorias de David, incluyendo la derrota de los jebuseos, filisteos, moabitas, arameos y amonitas, se puede ver como una extensión de las victorias que ganó Josué en el tiempo de la conquista. Bajo David, Israel alcanza el pináculo de su poder, territorio e influencia. Sin embargo, no todo marcha a pedir de boca. En medio de sus triunfos militares, David está empezando a mostrar debilidades personales que a la larga causarán división y debilidad en Israel.

2 SAMUEL 11:1-20:26 FRACASOS POSTERIORES DE DAVID

11:1-27 David y Betsabé. Ahora aparece la primera señal de desaprobación de parte del SEÑOR en cuanto a alguna de las acciones de David. Joab, uno de los comandantes más efectivos de David, da seguimiento a la victoria contra los amonitas. David mismo se queda en Jerusalén. Allí repara en Betsabé, esposa de Urías heteo. (Aunque los heteos habían salido mucho tiempo atrás de la región de Canaán, algunos se habían quedado y establecido allí, incluyendo al Urías que encontramos aquí, y Ajimélec, al que se menciona en 1S 26:6). David, atraído por la mujer, envía a buscarla, y termina acostándose con ella. Al poco tiempo Betsabé descubre que está encinta. Bajo la ley mosaica, esta situación quiere decir que tanto David como Betsabé son culpables de la pena de muerte (Dt 22:22). David llama a Urías para que vuelva a su casa, al parecer esperando que él se acueste con su esposa y así el embarazo no se considerará sospechoso, o se le atribuirá a él. Pero Urías no se acuesta con su esposa (11:1-13). Al adulterio ahora lo complementa la decisión deliberada de David de asesinar a Urías. David hace arreglos para que Joab se asegure de que á Unas se le da una tarea peligrosa, y se le coloca en una posición en que es seguro que lo matarán. La estrategia resulta. Al correr riesgos por completo innecesarios, Joab se asegura de la muerte de Urías, tanto como de la de otros. David se entera de las noticias, y envía un breve mensaje de condolencia a Joab. Luego toma a Betsabé como esposa, y ella da a luz un hijo. Sin embargo, «lo que David había hecho le desagradó al SEÑOR» (11:14-27). 12:1-30 Natán reprende a David. Esto lleva a una confrontación entre el profeta Natán y el rey. Natán, que antes había pronunciado la bendición de Dios sobre David, ahora lo reprende, contándole una parábola. En el relato, un rico con muchas ovejas mató a la ovejita mascota de un pobre, y se la sirvió como comida a sus invitados. David se enfurece por el relato. Cualquiera que se conduce de esa manera merece morir. Natán le informa que él, David, es el hombre. Ha tomado la esposa de Urías, y lo ha entregado a él a una muerte cierta. El SEÑOR está enfadado por esas acciones, y en consecuencia enviará el desastre sobre David. Entonces tiene lugar la muerte del hijo de esta relación adúltera, para angustia intensa del rey (12:1-23). Sin embargo, las cosas parecen mejorar para David. Betsabé con el tiempo da a luz a otro hijo, al que le pone por nombre

Salomón. La campaña militar contra los amonitas logra una conclusión exitosa (12:24-31). 13:1-14:33 Absalón mata a Amnón. Otros acontecimientos señalan la degeneración y decadencia moral dentro del círculo de David. Amnón, el hijo mayor de David, viola a Tamar, hija de David con otra esposa. Esto produce una seria fricción entre Amnón y el hermano de Tamar, Absalón, lo que culmina en que Absalón mata a Amnón algún tiempo después (13:1-39). Absalón huye de Jerusalén, pero con el tiempo vuelve debido a los buenos oficios de Joab. A pesar de su gran amor por su hijo, David se niega a verlo al inicio, debido al asesinato de Amnón. A la larga, sin embargo, cede, y besa a Absalón (14:1-33). No hay ningún indicio de la traición que tendrá lugar luego. 15:1-12 Conspiración de Absalón. Pronto se ve con claridad que Absalón es ambicioso. No solo se apodera de un carro (arma avanzada de guerra que no se había usado en Israel hasta ese punto). Espera a la puerta de la ciudad a los que llegan de fuera de Jerusalén buscando justicia, y se gana su afecto prometiéndoles dicha justicia si alguna vez llega a gobernar a Israel. Después de cuatro años, Absalón vuelve a Hebrón con el objetivo de proclamarse rey. Mientras está allí, se le une uno de los más íntimos consejeros de David, Ajitofel (15:1-12). 15:13-16:14 David huye. Con el tiempo, David oye de la creciente popularidad de Absalón y se percata de que hay en marcha una conspiración. Dándose cuenta del peligro que corre, y apabullado porque su propio hijo lo ha traicionado de esta manera, David huye de Jerusalén. Sin embargo, David pide a Husay el arquita, miembro del círculo íntimo de David, que vuelva a Jerusalén, se infiltre dentro de los asesores de Absalón, e intente frustrar sus planes (15:32-37). 16:15-17:29 Consejo de Husay y Ajitofel. Cuando Husay llega a Jerusalén, descubre que Absalón ya depende por completo del consejo de Ajitofel (16:15-23). La principal preocupación de Absalón es eliminar a su padre y a sus ejércitos: por consiguiente, les pregunta tanto a Ajitofel como a Husay (de quien cree que se ha rebelado contra David) lo que debe hacer. Ajitofel no tiene dudas: Absalón debe enviar doce mil hombres de inmediato con la misión específica de matar solo a David. Una vez que David haya muerto, sus partidarios volverán a Jerusalén y le darán su lealtad a Absalón. Husay aconseja a Absalón que movilice a todo Israel y elimine tanto a David como a su ejército. Esto exigirá tiempo, y le dará a David la oportunidad de escapar. Para asegurarse de que David sabe lo que está pasando, Husay le

envía un aviso a través de mensajeros para que él pueda evadir la acción que se está planeando en su contra (17:1-22). Ajitofel, al darse cuenta de que no se está siguiendo su consejo, se ahorca (17:23). Esto se puede ver simplemente como una respuesta precipitada al rechazo de su consejo. Una explicación mucho más probable, no obstante, es que se da cuenta de que si se sigue el consejo de Husay, la revuelta de Absalón fracasará, con el resultado de que todos los conspiradores, incluyendo el mismo Ajitofel, serán ejecutados. Mientras tanto, David hace planes para hacerle frente al conflicto que se avecina. 18:1-18:9 Muerte de Absalón. Al dividir su ejército en tres secciones independientes, será difícil que Absalón descubra cuál, si acaso alguna, está protegiendo a David. David urge a sus comandantes a que traten con gentileza a Absalón si lo hallan. En el suceso, la dispersión de las fuerzas de David hace que el ejército de Absalón quede esparcido en un área amplia, incluyendo los bosques (18:6-8), con el resultado de que el mismo Absalón queda separado de sus propias fuerzas. El fin de Absalón es de alguna manera escuálido. Queda enredado por el pelo en un árbol, y lo acaban (sin el conocimiento ni permiso de David) Joab y sus compañeros (18:9-18). David se angustia profundamente por la noticia de la muerte de su hijo, y llora con amargura (18:19-33). Esto produce confusión en su ejército, lo cual irrita de forma intensa a Joab, su comandante (19:1-8). El ejército espera que David esté agradecido con ellos por librarle de Absalón, pero más bien David se angustia por su triunfo. Está claro que Joab se convence de que David ha perdido su energía y ya no sirve para rey. 19:9-20:26 David vuelve a Jerusalén. David parece volverse cada vez más incompetente como rey en el período que sigue. A su regreso a Jerusalén parece, supuestamente sin quererlo, favorecer a los hombres de Judá por sobre los de Israel, al permitirles a los primeros que lo escolten al cruzar el Jordán, lo que conduce a serias tensiones entre los dos grupos de hombres (19:9-43). Esta tensión la explota Sabá, que incita a los hombres de Israel a desertar a David. Como resultado, David se ve obligado a depender por completo de Joab y los hombres de Judá para respaldo (20:1-5). Joab persigue a Sabá a la ciudad norteña de Abel Betmacá. Habiéndole puesto asedio a la ciudad, ofrece levantar el asedio y libertar a la ciudad, siempre y cuando los ciudadanos le entreguen a Sabá. En respuesta, los ciudadanos decapitan a Sabá y arrojan su cabeza a Joab fuera de la ciudad (20:6-26). 2 SAMUEL 21:1-24:25 CONCLUSIÓN

21:1-22 Venganza por los gabaonitas; guerras contra los filisteos. En este punto termina el arregló estrictamente cronológico del material en los libros de Samuel. Las secciones finales de 2 Samuel contienen varios informes con respecto al reinado de David, arreglados como un apéndice al cuerpo principal del texto. Es evidente que el incidente relativo a los gabaonitas (21:1-14) ocurre antes de la rebelión de Absalón. No hay referencia al incidente original entre Saúl y los gabaonitas (21:1) que está detrás de este episodio, y que se entiende como la causa que originó la hambruna. El destino que se aplica a los miembros restantes de la casa de Saúl se puede ver como confirmando el rechazo de Saúl de parte del SEÑOR. Una vez que ha quedado purgada la culpa de Saúl, termina la hambruna. A esto le sigue un relato de cuatro incidentes de guerras contra los filisteos (21:15-22); y una vez más, es muy difícil fechar con alguna precisión estos acontecimientos. 22:1-23:7 Canto de alabanza de David; últimas palabras de David. El canto de alabanza de David al SEÑOR (22:1-51) claramente tiene lugar antes de su adulterio con Betsabé. También se incluye en los Salmos (véase Sal 18). Las «últimas palabras de David» (23:1-7) quizá no se deben entender como «las últimas palabras que David pronunció antes de su muerte», sino más bien como «la última poesía que David compuso antes de su muerte». David, como se nota en otras partes, fue un poeta destacado (véase 23:1), y las palabras que siguen son poesía antes que prosa. La sección es importante porque nos permite ver a David como un hombre lleno del Espíritu de Dios (23:2), que sabía que el SEÑOR había establecido un pacto eterno con su casa (23:5). El poema mira hacia delante, al día cuando habrá un rey que «gobierne a la gente con justicia ... en el temor de Dios» (23:3). Tal vez David vio esta esperanza cumplida en sí mismo: la narrativa provista por los libros de Samuel sugiere que David distaba mucho de ser un rey ideal. Solo con la venida de Jesucristo como el verdadero «Rey de Israel» surgiría este Gobernante justo. Sin embargo, como los Evangelios indican con claridad, Israel escogió rechazar y destruir a este Gobernante cuando al fin entró en Jerusalén. 23:8-24:25 David levanta el censo; un altar al SEÑOR. La lista de treinta y siete de los «soldados más valientes de David» (23:8-39) se toma por supuesto de algún archivo, y además se puede hallar en una forma más ampliada en 1Cr 11:11-41. A esto le sigue un relato del censo de Israel y Judá (24:1-25; que también se halla, con algunas diferencias, en 1Cr 21:1-

17). La fecha del incidente que se menciona en este pasaje al igual es incierta. Lo que sí está claro es que David decide determinar el número de sus tropas. Joab, su comandante, no puede entender la razón para tal cosa. No obedece a ningún propósito útil. Conforme avanza la narración, parece que el motivo por esto puede haber sido el orgullo de parte de David. Tal vez David quería apoyar un sentido de logro personal en el vasto número de soldados que podía reunir: ochocientos mil en la región del norte de Israel, y quinientos mil en la región del sur de Judá. Más tarde David lamenta su acción, la cual reconoce que ha sido pecado. Los resultados de este pecado se ven en la plaga sobre Israel, que solo termina cuando David levanta un altar al SEÑOR. De este modo a David se le describe como un rey ideal, incorporando las virtudes que estuvieron tan conspicuamente ausentes en el primer rey de Israel, Saúl. Los libros de Samuel indican con claridad que sus éxitos se deben atribuir al SEÑOR antes que a la propia sabiduría de David. Con todo, a David se le pinta de una manera asombrosamente franca y directa, sin ningún intento de esconder sus debilidades y fracasos. Su vida personal se muestra como siendo corrupta, y su juicio seriamente defectuoso a veces. Sin embargo, a pesar de estas debilidades y fracasos, el SEÑOR puede tomar y usar a David de tal manera que su reinado será estándar para las generaciones posteriores.

1 Y 2 REYES Como en 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Crónicas, los dos libros de Reyes al inicio fueron una obra larga, que los traductores dividieron en dos por conveniencia. Los dos libros de Reyes siguen directamente después de los dos libros de Samuel, con el resultado de que los cuatro libros juntos proveen un relato continuo del desarrollo e historia del reino de Israel (y más tarde de Israel y Judá) desde el establecimiento de la monarquía hasta el exilio en Babilonia. Esta continuidad se destaca con más claridad en el título que se les da a los libros en la traducción del Antiguo Testamento al griego, a la que de forma habitual se le menciona como la «Septuaginta». En esa traducción, a 1 y 2 Samuel se les menciona como «1 y 2 Reinos», en tanto que a 1 y 2 Reyes se les da los títulos de «3 y 4 Reinos». En este comentario se tratará a los dos libros como una sola unidad. Esto tiene la ventaja de permitir que se estudie el ministerio de Elías de forma continua. De otra manera, hay que dividirla en dos mitades en un punto inconveniente del relato. El lector necesita recordar que la división de Reyes en dos partes no fue parte del texto original de las Escrituras. Un rasgo central de 1 Reyes es la división del reino unido de Israel en dos partes después del reinado de Salomón. Lo que fue al inicio un solo reino, al que por lo general se hace referencia como «Israel», se divide en dos componentes en el año 930 a.C. El reino del norte, Israel, resultó ser inestable, y atravesó una serie de crisis políticas y militares hasta que al final cayó ante los asirios en 722-721 a.C. Al reino del sur, Judá, que incluía a la ciudad de Jerusalén, le fue un poco mejor. Seguiría más o menos intacto hasta que cayó ante los babilonios. Con la caída de Jerusalén en 586 a.C., la nación que había sido unida y tuvo estabilidad bajo David dejó de existir. Solo cuando los exiliados empezaron a volver de Babilonia en el 538 a.C. la nación de Judá empezó a tomar forma una vez más. I REYES 1:1-12:24 SUCESIÓN Y REINADO DE SALOMÓN

1:1-27 Adonías se coloca como rey. La sección inicial de este libro describe un cuadro nada halagador de David. El que en un tiempo fue el gran rey de Israel, ahora es un viejo que ni siquiera puede mantenerse abrigado por la noche (1:1-4). Es obvio que David no va a vivir mucho tiempo más. Por lo tanto, surge la pregunta: ¿Quién le sucederá como rey sobre Israel? David tiene muchas esposas, y un número considerable de hijos. Por eso había varios contendientes principales para la sucesión. Adonías, uno de estos hijos, decide que es el candidato más apropiado, y empieza a tramar el modo de asegurar que el reinado pase a él tras la muerte de su padre (1:5-10). Por lo que sigue, parece que se proclamó a sí mismo como rey, siguiendo un patrón establecido antes por Absalón. El siguiente paso inevitablemente sería la eliminación del mismo rey, así como de todos los demás posibles candidatos al trono. 1:28-53 David nombra a Salomón como rey. El profeta Natán, que desempeñó un papel importante a principios del reinado de David, procura asegurar la sucesión de una manera que agrade al SEÑOR. Le pide a Betsabé que hable con David en cuanto a lo que está sucediendo, a fin de detener los sucesos antes de que sea demasiado tarde. David, al oír esta información tanto de Betsabé como de Natán, hace arreglos de inmediato para que Salomón sea ungido domo rey sobre los pueblos del norte, Israel, y los pueblos del sur, Judá (1:11-40). Adonías, dándose cuenta de que le han ganado la partida, se somete al recién ungido rey (1:41-53). 2:1-46 Encargo de David a Salomón; se establece el trono de Salomón. Al fin, David muere, habiéndole encargado de modo solemne a Salomón que sea fiel al SEÑOR. Lo sepultan en su propia ciudad de Jerusalén, después de haber reinado por un período de cuarenta años, los cuales por lo general se fechan entre 1010-970 a.C. (2:1-12). Con Salomón firmemente establecido en el trono de Israel, Adonías empieza otro intento de apoderarse del trono. Le pide a Betsabé el derecho de casarse con Abisag, que pertenece al harem de David. Aunque Betsabé considera la petición de poca importancia, Salomón la reconoce como un intento de Adonías de mejorar sus credenciales como rey futuro, y ordena su ejecución (2:13-25). Luego hay más derramamiento de sangre, conforme Salomón empieza a purgar la culpa de los excesos pasados (tales como los cometidos por Joab), y para asegurarse que las amenazas potenciales al trono se eliminen (2:26-46). Una alianza con Egipto previene cualquier invasión posible de esa región durante su reino (3:1). 3:1-28 Salomón pide sabiduría. Una vez que su posición es segura, Salomón pasa a empezar a cumplir las promesas que le hizo a su padre moribundo. Le pide al SEÑOR que le de sabiduría, petición que se le concede

de buen grado con la condición de que él sea fiel al SEÑOR durante su reinado (3:2-15). La sabiduría por la que Salomón será famoso se ve como un don del SEÑOR en lugar de como un talento natural. Esa sabiduría se muestra de inmediato en acción en el caso famoso de dos mujeres que aducen ser la madre del mismo infante (3:16-28). Más tarde aprendemos que, debido a su sabiduría, gobernantes de todo el mundo procurarán hablar con Salomón (4:29-34). 4:1-5:18 Administración de Salomón. Salomón demuestra también ser un administrador de éxito. Se mencionan los nombres de los que lo ayudan en esta tarea (4:1-19), así como también las maneras en que esta sabiduría conduce a la prosperidad de su pueblo (4:20-28). Esta prosperidad lleva al cumplimiento de una promesa principal: la construcción del templo. La profecía de Natán a David había mencionado que uno de sus sucesores le construiría al SEÑOR una casa apropiada en Jerusalén. Salomón ahora cumple esa promesa, dedicando recursos sustanciales al proyecto (5:1-18). El SEÑOR le asegura que este proyecto se considerará con gran favor, y conducirán a la continua presencia del SEÑOR entre su pueblo Israel (6:1113). 6:1-7:51 Salomón construye el templo y su palacio. La construcción del templo parece haber empezado alrededor del 966 a.C., a los cuatro años del principio del reinado de Salomón, y llevó siete años terminarlo. Las descripciones detalladas que se proveen del edificio y la ornamentación del templo indican que fue un edificio sustancial e importante, señalando con claridad la importancia que Salomón le concedía al SEÑOR (6:1-10, 14-38; 7:13-51). Con todo, se nos dice que Salomón empleó en la construcción de su propio palacio casi el doble de tiempo que necesitó para la construcción del templo (7:1-12). La crítica implícita es clara: tal vez Salomón se preocupaba más por la majestuosidad de su propia residencia que por la del SEÑOR. Podemos ver aquí los comienzos de algunas preocupaciones que llegarán a ser más de un problema conforme continúa el reinado de Salomón. 8:1-9:9 El arca y la dedicación del templo. Con gran ceremonia se trae el arca del SEÑOR de la tienda de campaña en que David la había colocado y se instala en el templo (8:1-11). En su gran oración de acción de gracias y dedicación, Salomón alaba al SEÑOR por su fidelidad (8:12-21), y pide su favor y misericordia continua sobre su pueblo (8:22-53). Por último, vuelve a afirmar la necesidad de que Israel siga fiel al SEÑOR (8:54-61). A esas oraciones les siguen sacrificios en escala gigantesca, reflejando las grandes

cantidades de personas de toda la región que presencian este momento importante en la historia de su nación (8:62-66). Al arca, que había estado con Israel desde el tiempo del pacto en el Sinaí hasta el día presente, al fin se le da el lugar permanente de morada de honor que se merece. El SEÑOR se le aparece a Salomón, confirmando su presencia con su pueblo en Jerusalén y recordándole al rey la necesidad continua de obediencia y fidelidad de parte de Salomón y de sus hijos para que el SEÑOR permanezca con su pueblo. El no obedecer de esta manera inevitablemente llevará al rechazo y al desastre (9:1-9). 9:10-11:13 Riqueza de Salomón; esposas extranjeras de Salomón. Luego se nos provee más información con respecto a la inmensa riqueza de Salomón y al respeto que se le tiene en todo el mundo (9:10-28). La visita de la reina de Sabá es una amplia confirmación de su situación y fama internacionales (10:1-13). Para asegurar que entendamos plenamente su estado, se nos habla de sus muchas posesiones y logros (10:14-29), y de sus muchas esposas (11:1). Aquí, sin embargo, la nota de crítica que se insinuó en una sección anterior se hace mucho más específica y concentrada. Las esposas extranjeras de Salomón le hicieron descarriarse mediante sus creencias y prácticas religiosas paganas. Se nos dice que Salomón realmente amó a sus muchas esposas. Con todo, conforme envejecía, su dedicación al SEÑOR flaqueó. Se nos informa de modo explícito que Salomón empezó a experimentar con dioses foráneos tales como Astarté y Moloc. Se sabe que la adoración de este último en ocasiones incluía el sacrificio de niños (11:2-8). La rebelión de Salomón contra el SEÑOR nos permite ver las debilidades de David en su verdadera luz. David fue proclive a toda clase de tentaciones y errores, y 1 y 2 Samuel lo indican con claridad. Sin embargo, nunca abandonó al SEÑOR por dioses extranjeros. El resultado de la infidelidad de Salomón al SEÑOR es inequívoco. El SEÑOR se enoja con Salomón por su flagrante violación del pacto. Debido a la fidelidad de David a Dios, el SEÑOR declara que no le quitará el reino a Salomón durante su vida. Después de su muerte, sin embargo, el reino se dividirá (11:9-13). 11:14-40 Adversarios de Salomón. Los problemas de Salomón ahora empiezan. Es evidente que su flagrante desobediencia al más importante de todos los mandamientos de Dios —no tener otros dioses— hace que Dios le retire su favor y respaldo. No solo se nos dice que Hadad y Rezón se levantan contra Salomón, sino también que el SEÑOR los levantó a ambos contra Salomón. Esto no es un accidente histórico. Es el castigo del SEÑOR en acción (11:14-25). Jeroboán, uno de los oficiales de Salomón, también encabeza una revuelta contra el rey, basándose en una profecía que

pronunció Ahías, que habla de las tribus de Israel dividiéndose debido al pecado de Salomón. Después de un intento infructuoso de matarlo, Jeroboán busca refugio en Egipto hasta que es seguro regresar. De nuevo se indica con claridad que la división venidera de Israel en dos reinos es el resultado directo de la desobediencia de Salomón (11:26-40). 11:41-12:24 Muerte de Salomón. Finalmente, Salomón muere, y le sucede su hijo Roboán (11:41-43). Jeroboán ahora considera seguro volver a Israel, y le ofrece a Roboán su propia lealtad y la de su gente a condición de que los de Judá traten bien a Israel. A pesar del consejo de su corte, Roboán se rehúsa. Si acaso hará algo, será hacerle la vida más difícil a los del norte. Los del norte se enfurecen, y deciden rebelarse contra la casa de David. Nombran a Jeroboán como su rey (12:1-24). Consciente de la posibilidad de un ataque del sur, él fortifica la ciudad de Siquén y la hace su base. 1 REYES 12:25-16:34 LOS REINOS DIVIDIDOS HASTA EL MINISTERIO DE ELÍAS

12:25-33 Becerros de oro en Betel y Dan. Ahora surge un problema. Bajo David y Salomón, Jerusalén, una ciudad de Judá, había llegado a ser el centro de la adoración en Israel. Si los del norte iban al sur para adorar, podrían acabar sometiéndose a la autoridad de Roboán. Para evitar esto, Jeroboán establece su propio culto religioso en el norte, tomando prestados elementos de la auténtica adoración al SEÑOR, pero añadiendo elementos locales al parecer derivados de las tradiciones cananeas. La preocupación de Jeroboán de que los israelitas no asistan a los cultos religiosos en Jerusalén lleva a que introduzca ideas y formas religiosas de adoración que son por completo inaceptables al SEÑOR. La escena queda así preparada para la creciente influencia del paganismo en Israel. Esto se ve al inicio en el incidente de los becerros de oro en Betel y Dan (12:25-33). 13:1-14:20 El hombre de Dios de Judá; profecía de Ahías contra Jeroboán. La condenación de esta caída en el paganismo no se demora en venir. Un «hombre de Dios», cuyo nombre no se menciona, pronuncia juicio contra las prácticas paganas idólatras que ahora tienen lugar en Israel, causando consternación y desaliento en el círculo de Jeroboán (13:1-34). Con todo, Jeroboán se rehúsa a alterar sus prácticas, y continúa nombrando sacerdotes para los «altares paganos» que no pertenecen a la tradicional familia sacerdotal de los levitas. Los «altares paganos» en cuestión eran básicamente santuarios locales fuera de Jerusalén, en donde se adoraba al SEÑOR junto con otros dioses, usando formas de adoración que a menudo

tenían matices paganos. Los «altares paganos» figuran de un modo prominente en la crítica profética de Israel de aquí en adelante. Serán destruidos al fin solo bajo las reformas introducidas por Josías (que se predicen en 13:2), unos trescientos años más adelante. La profecía del desastre inminente contra el reino de Israel por su caída en el paganismo continúa con la profecía de Ahías contra Jeroboán (14:1-20). 14:21-15:24 Israel y Judá caen. Nuestra atención ahora pasa al reino del sur, Judá, y a su rey Roboán, hijo de Salomón. Descubrimos que Israel no está solo en su caída en el paganismo característico de Canaán antes de la conquista (14:21-31). La caída de Judá en el paganismo continúa bajo su sucesor Abías (15:1-8). Sin embargo, un esfuerzo de reforma se realiza bajo Asá (15:9-24), que elimina por lo menos algunas de las prácticas paganas que se habían introducido bajo sus predecesores. 15:25-16:34 Pecado y rebelión bajo reyes sucesivos. La narrativa ahora pasa a tratar sobre los sucesos en el reino del norte, Israel. A Jeroboán lo sucede como rey su hijo Nadab. Sin embargo, Nadab es asesinado por su rival Basá, que luego llega a ser rey. Su primer acto principal es asesinar a toda la familia restante de Jeroboán, en cumplimiento de la profecía de desastre pronunciada contra Jeroboán y su familia por Ahías. Sin embargo, Basá continúa fomentando las creencias y prácticas paganas, con el resultado de que el profeta Jehú pronuncia una condenación contra su casa (15:25-16:7). Este patrón de pecado y rebelión continuos se repite bajo reyes sucesivos (16:8-28). Alcanza un clímax bajo Acab, que intensifica la introducción del paganismo en Israel mediante su matrimonio con Jezabel. Este matrimonio fue arreglado durante el reinado del padre de Acab, Omrí, y parece haber sido un medio de consolidar una alianza entre Israel y la región de Tiro y Sidón. Jezabel es fenicia, y trae consigo la adoración de Baal (tal vez en alguna forma específica de su región) a Israel con su matrimonio. Una vez que Acab llega a ser rey, construye un templo y un altar dedicado a Baal, al parecer como contraparte del templo y altar dedicado al SEÑOR en Jerusalén (16:29-34). Israel se ha degenerado en el paganismo. ¿Qué se puede hacer al respecto? La respuesta reside en el ministerio de los profetas Elías y Eliseo, a los cuales pasamos ahora. 1 REYES 17:1-2 REYES 8:15 MINISTERIOS DE ELÍAS Y ELISEO

Se nos presenta a «Elías, el de Tisbé» sin ninguna advertencia previa. Nada en el texto ha preparado el camino para su llegada. El escenario ha estado determinado por la dramática escalada de la adoración a Baal en Israel bajo el reinado de Acab. Nada, sin embargo, nos ha preparado para la oposición a ella. Hasta este punto, Israel se ha alejado cada vez más de la adoración al SEÑOR bajo reyes sucesivos. Solo ahora nos damos cuenta de que algo está a punto de suceder para contener este desarrollo. 17:1-24 Primeros milagros de Elías. Cuando se nos presenta a Elías se indica con claridad que es un hombre que goza del favor del SEÑOR (17:124). Los primeros que se encuentran con él, tales como la viuda de Sarepta, ven sus primeros milagros como una confirmación de sus credenciales como hombre de Dios. Hay paralelos interesantes aquí entre Elías y Moisés, y entre Acab y el faraón. Nótese, por ejemplo, cómo Acab se rehúsa a creer en las advertencias que Elías le da de un castigo, a pesar de todas las señales, tal como el faraón se rehusó a creerle a Moisés. 18:1-15 Elías y Abdías. Conforme avanza la historia de Elías, descubrimos la plena intensidad de la campaña de Acab contra los que adoran al SEÑOR. Jezabel ha iniciado una campaña de masacre, por lo que a los profetas del SEÑOR se les busca para matarlos (18:4,13). Sin embargo, hay resistencia a esta campaña. Abdías (el cual no es el mismo individuo que es profeta y que también lleva este nombre), que era un funcionario importante en el palacio de Acab, ha escondido a cien profetas en dos lugares secretos, a fin de que puedan escapar de la masacre. 18:16-46 Elías en el monte Carmelo. En un momento de peligro y drama, Elías confronta a Acab y le da su mensaje del juicio. Exige una confrontación en el monte Carmelo entre él mismo y los profetas de Baal, a los que sostiene Jezabel (18:16-20). Elías exige que el pueblo adore bien sea al SEÑOR O a Baal. No permite que haya otra alternativa. El sincretismo (la adoración de varios dioses diferentes al mismo tiempo) queda excluido: o bien es el SEÑOR O Baal quien es el dios verdadero (18:21-25). Los profetas de Baal intentan invocarlo mediante varios actos rituales de mutilación propia. Nada sucede (18:26-29). Elías entonces pide que baje fuego del SEÑOR sobre el altar que ha construido (18:30-39). La reacción del pueblo es inmediata y furiosa. Por órdenes de Elías, matan a los profetas de Baal. Y en la tierra que había languidecido por la sequía y la hambruna durante años, de repente se oye el ruido de la lluvia fuerte (18:40-46). Es evidente que la hambruna ha sido el juicio del SEÑOR por la desobediencia de Israel. 19:1-18 Elías huye a Horeb. Sin embargo, esta gran victoria trae más peligro para Elías. Furiosa porque ha matado a sus profetas, Jezabel jura

asegurarse de que el mismo Elías no vivirá. Dándose cuenta del peligro, Elías busca refugio en el reino del sur, Judá, fuera de la esfera de autoridad de Acab. Tentado a perder la esperanza debido a su situación, Elías pide que se le permita morir. No obstante, recibe una garantía del SEÑOR, por lo que viaja por cuarenta días y noches hasta el monte Horeb (quizá otro nombre para el monte Sinaí). Tal como a Moisés antes y a Jesucristo después de él, Dios anima y fortalece a Elías durante este período (19:1-8). En Horeb, Elías le confiesa al SEÑOR su desesperanza. Es el único que queda en Israel fiel al SEÑOR, y su propia vida corre peligro. ¿Qué se puede hacer al respecto? En un famoso pasaje se nos dice cómo el SEÑOR le asegura a Elías que él está tan presente en la debilidad de un suave susurro como en el estruendo de la tempestad, el terremoto o el fuego. El SEÑOR puede hablar por medio de Elías, a pesar de su debilidad. Es más, Elías piensa de forma errónea que es el único que queda; pero en verdad, se le asegura, hay siete mil personas que no se han sometido a Baal. Vemos aquí el tema de un «remanente fiel»; es decir, un grupo reducido de fieles dentro de un grupo mucho mayor de gente incrédula, por medio del que Dios puede llevar a cabo sus propósitos salvadores (19:10-18). Este tema de un «remanente fiel» es de importancia principal en las profecías de Jeremías e Isaías, así como también en la comprensión de Pablo del destino de Israel (Ro 9-11). 19:19-21 Llamamiento de Eliseo. La primera de tales personas que se le da a conocer a Elías es Eliseo, que está atareado arando unos terrenos. Elías le llama para que sirva al SEÑOR. Eliseo deja todo para seguir a Elías, tal como los primeros discípulos de Jesucristo dejarán sus redes para seguir a Jesús. En un gesto sumamente dramático, Eliseo sacrifica a los bueyes que habían estado tirando del arado y quema el mismo arado. No hay retroceso. Su dedicación es total (19:19-21). 20:1-34 Victoria sobre los sirios. Ahora tienen lugar una serie de sucesos que son incidentales en el ministerio de Elías. Se nos dice que Israel había estado en guerra contra los sirios, y que las cosas no le estaban yendo muy bien en particular a Acab. Como resultado, cuando se le ofrece un arreglo con los sirios, Acab ni siquiera vacila en aceptar, a pesar del alto precio que se le exige por la paz. Ahora se presenta a un nuevo profeta. No sabemos su nombre. Su propósito, sin embargo, es inequívoco. A Acab se le ofrece una oportunidad para arrepentirse. El SEÑOR le dará victoria sobre los sirios, a pesar del tamaño reducido del ejército de Acab. Esto ocurre justo así (20:1-34).

20:35-22:40 Acab. Acab, sin embargo, continúa mostrándose renuente a tomar en serio al Señor. Una serie de incidentes ilustra esto (20:35-21:28), de los cuales el más importante es el episodio del viñedo de Nabot. En esta ocasión, Acab se apodera del viñedo de Nabot mediante un engaño deliberado de parte de su esposa Jezabel. Por esto, Elías condena a Acab y a sus descendientes, aunque el juicio será pospuesto hasta después de su muerte, y ejecutado en los días de su hijo. Este juicio profético es reforzado mediante el ministerio de Micaías (22:1-28), y confirmado por la muerte de Acab en la batalla (22:29-40). 22:41-2R 1:18 Declinación al paganismo. Con todo, el paganismo continúa tanto en Judá (22:41-50) como en Israel (22:51-53). El hijo de Acab, Ocozías, no da ningún paso para invertir la declinación de Israel al paganismo. Es más, incluso contribuye de forma significativa a empeorar la situación. Hallándose herido durante una rebelión en la región vecina de Moab, Ocozías decide buscar dirección divina en cuanto a sus perspectivas de recuperación. En lugar de consultar con el SEÑOR, sin embargo, envía mensajeros a la ciudad filistea norteña de Ecrón para consultar a una deidad local, Baal Zebub. (Este nombre, que literalmente significa «señor de las moscas», lo usaban los israelitas como una referencia derogatoria a Baal Zebul, que literalmente significa «Baal, el exaltado»). Elías se encoleriza: ¿Por qué el rey tiene que preguntarles algo a los dioses de los filisteos? «¿Acaso no hay Dios en Israel?» Elías envía un mensaje a Ocozías: por su desobediencia, morirá (2R 1:1-18). 2:1-25 Elías llevado al cielo. Con este episodio el ministerio de Elías llega a su fin. Le sucede Eliseo, que de inmediato demuestra poseer las mismas señales de autoridad y poder que se asociaban con Elías, (2:1-25). Elías mismo es llevado al cielo en un torbellino. En tiempos posteriores se esperaba el retorno de Elías, como señal de que el SEÑOR recordaría de nuevo y redimiría a su pueblo. Elías aparecería antes de la venida del SEÑOR (Mal 4:5-6). El ministerio de Juan el Bautista sería visto como siguiendo de forma directa al de Elías (Lc 1:17). Una comprensión de la identidad de Jesucristo que se menciona en los Evangelios es la de que él era Elías (Mt 16:14). La aparición de Moisés y Elías en la transfiguración de Cristo (Mt 17:1-13; Mc 9:2-13; Lc 9:28-36) fue una confirmación adicional de que Jesucristo vino para continuar y extender el ministerio profético de Elías a su pueblo. 3:1-8:15 Eliseo. El relato del ministerio de Eliseo continúa con detalles de los milagros por los que confirma su autoridad espiritual (3:1-8:15). Estos incidentes, que indican que Eliseo tenía la misma autoridad espiritual y la perspectiva de su predecesor, constituyen una lectura fascinante. El relato

de cómo el comandante sirio Naamán es curado de su lepra (5:1-18) es de especial importancia, puesto que muestra cómo personas significativas fuera de Israel adoran y reconocen al SEÑOR, el Dios de Israel; a pesar de que el mismo Israel a menudo lo ignoraba y desobedecía. 2 REYES 8:16-17:41 LOS REINOS DIVIDIDOS HASTA LA CAÍDA DE ISRAEL

Lo que sigue es un relato de los acontecimientos que tienen lugar en los reinos de Israel y Judá hasta el tiempo de la caída de Israel ante la invasión de los asirios. La narración puede ser algo difícil de leer, a menos que se aprecie su estructura. La estructura básica es la de una revisión de sucesos bajo los reyes de Judá e Israel, arreglados en orden cronológico. Esto quiere decir que la narrativa cambia de Israel a Judá y viceversa. La NVI hace que la lectura de estas secciones sea relativamente sencilla al identificar cada sección según el rey y el reino. Así, a la sección titulada «Pecaj, rey de Israel» (15:27-31) le sigue la sección «Jotán, rey de Judá» (15:32-38), lo que indica con claridad que la narrativa ha pasado de Israel a Judá. La situación se complica en cierto sentido debido a las «Corregencias»; es decir, los períodos cuando Israel o Judá estuvieron gobernados por dos reyes. Por ejemplo, Jeroboán II fue rey de Israel durante el período de 793753 a.C. Sin embargo, durante el primer período de su reinado (793-782) reinó junto con Joás. Al lector que desea seguir la cronología de los reyes de Judá e Israel se le refiere a la tabla en la página 274. Otro rasgo de esta sección de la obra es su frecuente uso de la fórmula: «Los demás acontecimientos del reinado de Fulano de Tal, y todo lo que hizo, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá, o Israel». Aunque esta fórmula se puede hallar antes (por ej., en 1R 14:29; 15:7), es en especial notoria en esta sección posterior debido al elevado número de reyes que se examina. Además de las crónicas de los reyes de Judá y de Israel se nota una tercera fuente: los anales de Salomón (1R 11:41). La referencia es a tres colecciones de documentos que obviamente ha tomado en cuenta el escritor de 1 y 2 Reyes. Algunos lectores cometen el error de confundir esta colección de documentos, que ya no poseemos, con los libros bíblicos de 1 y 2 Crónicas. 8:16-9:13 Jorán, rey de Judá; Jehú llega a ser rey de Israel. La narrativa empieza en el año 848 a.C., y se enfoca en el reino del sur, Judá. Descubrimos que Judá continúa provocando el desagrado del SEÑOR

mediante su rebelión contra él (8:16-29). En Israel, sin embargo, las cosas empiezan a cambiar. Eliseo ordena que Jehú sea ungido como rey sobre Israel, a pesar del hecho de que Ocozías es en realidad el rey en ese momento (9:1-13). Tal como David fue ungido rey de Israel mientras Saúl, que había incurrido en el desagrado del SEÑOR, estaba reinando, así Eliseo indica que Jehú es la elección del SEÑOR para reemplazar al desobediente Ocozías, y el instrumento del juicio del SEÑOR contra la casa de Acab (véase 1R 21:21-24). 9:14-10:35 Jehú y la casa de Acab; adoración a Baal. Los acontecimientos se suceden con rapidez. Jehú primero mata a Ocozías y a Jorán (otro de los hijos de Acab), y luego a la misma Jezabel (9:14-37). Más tarde elimina al resto de la familia y a los partidarios de Acab en una serie de purgas (10:1-17). Al haber eliminado la base de poder de la casa de Acab, Jehú dirige su atención a la adoración a Baal, que Acab había promovido. Con un engaño calculado Jehú declara que adorará a Baal mucho más de lo que Acab jamás lo hizo. Para celebrar su «conversión» a la adoración a Baal, Jehú invita a los profetas, ministros y sacerdotes de Baal a una fiesta en el templo que Acab había construido a Baal algún tiempo atrás (10:1824). Una vez que Jehú está seguro de que todos están con certeza dentro del templo, ordena que se les elimine y que el mismo templo sea destruido. La adoración a Baal es así eliminada de Israel. Sin embargo, a pesar de este acontecimiento, Jehú continúa algunas de las prácticas de Jeroboán, y así no logra restaurar la adoración apropiada al SEÑOR en Israel (10:25-36). 11:1-12:21 Atalía y Joás. Nuestra atención ahora pasa al reino del sur, Judá, y a los acontecimientos que siguieron a la muerte de su rey Ocozías (dicho sea de paso, no hay que confundirlo con el rey de Israel que lleva el mismo nombre, el cual gobernó unos treinta años antes). A Ocozías con el tiempo le sucede Joás, a pesar de un intento de Atalía, madre de Ocozías, de apoderarse del trono mediante la acción conveniente de eliminar a toda la familia real (11:1-21). Como Moisés, el infante Joás sobrevive al intento de asesinarlo. A la larga, asciende al trono a los siete años, después del asesinato de Atalía. De nuevo se hace un intento de reforma: con el tiempo se repara el templo de Jerusalén. No obstante, los altares paganos siguen intactos y continúan atrayendo adoradores (12:1-21). 13:1-15:26 Israel y Judá continúan desobedientes. Las secciones que siguen documentan una saga de desobediencia y desenfado continuos de parte de los reyes de Israel y Judá (13:1-15:26). Tres puntos se destacan como de especial importancia. Primero, las referencias continuas a los «altares paganos» que siguen intactos y continúan atrayendo la adoración y el sacrificio (14:4; 15:4). Está claro que las prácticas paganas continúan

tanto en Israel como en Judá durante todo el período que examina esta sección. Segundo, hay una referencia importante a Eliseo, en la cual se menciona brevemente su enfermedad final (13:14-20). Basándose en la cronología que sugiere esta sección, parecería que el ministerio público de Eliseo, o bien había cesado, o no se había registrado por un período de casi cuarenta años. Y tercero, hallamos la primera referencia a un ataque a la región por parte de Tiglat Piléser III, que reina sobre el Imperio Asirio de 745 a 727 a.C., durante el cual el imperio, se expande considerablemente en la región de Israel (15:19). (Otras versiones usan el nombre «Pul», que es el nombre que consta en los originales y es la forma babilónica de este nombre asirio). 15:27-31 Amenaza de Asiria. Entonces se abre una nueva y ominosa sección en la historia de Israel. En 740 a.C., Pécaj asciende al trono de Israel y continúa las prácticas paganas de sus predecesores. Ahora la amenaza de Asiria ha llegado a tener una importancia primordial, con resultados devastadores para Israel. Tiglat Piléser invade parte del territorio del reino del norte y deporta a sus pobladores a Asiria. La política de deportación estaba diseñada para reducir al mínimo el riesgo de rebelión de parte de los pueblos conquistados al reubicarlos lo más lejos posible de su tierra natal. Oseas asesina a Pécaj, y se apodera del trono en el año 732. 15:32-16:19 Jotán y Acaz, reyes de Judá. En Judá las cosas están más tranquilas, aunque el deterioro continuo hacia el paganismo continúa. Una calma relativa se registra durante el reinado de Jotán (15:32-38). En 735 a.C., Acaz asume plena autoridad como rey de Judá (parece que tal vez hubo una especie de corregencia con su padre Jotán hasta este punto). De inmediato se ve que Acaz es más similar a los reyes de Israel que a los de Judá. Sus caídas en el paganismo se identifican implacablemente, incluyendo una alianza que hace con Asiria contra Israel. Acaz saquea el tesoro del templo para asegurarse de contar con suficiente tesoro para conseguir una respuesta favorable de Tiglat Piléser III. Impresionado de modo favorable con un altar pagano que ha visto en Damasco, Acaz ordena que se fabrique un altar similar en el templo de Jerusalén. También interfiere en otros aspectos de los muebles del templo, lo que sugiere una decisión deliberada de rebelarse contra la fe tradicional de Judá (16:1-19). 17:1-6 Oseas, último rey de Israel. La narrativa ahora vuelve a Israel y al rey Oseas. Habiéndose apoderado del trono por asesinato en 732, Oseas no detiene la caída de Israel al paganismo. A Tiglat Piléser III le sucede Salmanasar V en el 727, quien más tarde invade la región de Samaria en 725 a.C. y le pone asedio por tres años. Cuando la lucha termina, una cantidad sustancial de la población de la región es deportada a regiones

muy adentrados en el imperio asirio. Israel ya no existe como nación por derecho propio. 17:7-41 Israel marcha al exilio debido al pecado. Se nos deja sin ninguna duda de que esta deportación y la pérdida de su nacionalidad son resultados directos de la desobediencia de Israel. Se documenta la plena escala de la rebelión de Israel contra el SEÑOR. La deportación es el castigo de Dios sobre un pueblo desobediente, que no le ha dado honor, ni le ha respetado ni obedecido. En la región de Samaría los asirios establecen pueblos de otras regiones del imperio (17:24-41), con una mezcla de creencias paganas y algunos elementos de la fe tradicional de Israel. Como resultado, Samaría llega a ser centro de una forma degenerada de adoración al SEÑOR. Este factor explica en forma considerable la severa tensión entre judíos y samaritanos que se encuentra en el período del Nuevo Testamento. A los judíos se les puede ver como descendientes de Judá, y a los samaritanos como descendientes de la población de raza mixta que resultó en Israel como consecuencia de la conquista de la región por parte de Asiría. 2 REYES 18:1-25:30 ÚLTIMOS DÍAS DE JUDÁ

18:1-16 Ezequías, rey de Judá. Israel, entonces, deja de existir como nación en 722 a.C. Pero, ¿qué ocurre en el reino del sur, Judá? Es evidente que una nueva era empieza en la historia de Judá con el reinado de Ezequías en 729 a.C. Reinando al inicio junto con su padre Acaz, Ezequías asume el control completo en 715. Ezequías introduce un programa serio de reforma, que aquí se describe solo de forma breve (un relato más completo se provee en 2Cr 29-31). Se destruyen los altares paganos, así como también una variedad de otros objetos paganos de adoración. Entre estos está la serpiente de bronce que Moisés levantó (18:4). Siendo en un tiempo una imagen de salvación, la misma ahora ha degenerado en un objeto de adoración idólatra y superstición. 18:17-19:37 Senaquerib, rey de Asiría. Sin embargo, la amenaza asiria no se puede ignorar. Una vez que ha conquistado a Israel, el rey asirio Senaquerib dirige su atención a la región del sur, para atacar Jerusalén. Al principio los asirios tratan de usar la persuasión verbal. Hablando en hebreo (que los pobladores regulares de Jerusalén entienden) en lugar de en arameo (el lenguaje internacional de la diplomacia, que no lo podía entender el grueso del pueblo), los asirios le dicen a Ezequías que su ruina es segura a menos que se rinda. Es evidente que esperan provocar la presión popular

en contra del propósito del rey de resistirles. Con todo, Ezequías insiste en poner su confianza en el SEÑOR. Los asirios se burlan de esto. Ninguna ciudad jamás ha logrado que su dios la salve de ellos. En esta etapa se nos presenta al profeta Isaías, a quien encontraremos con un detalle considerablemente mucho mayor más adelante). Él anima a Ezequías a que resista a los asirios, los que han incurrido en el desagrado del SEÑOR. Ezequías está de acuerdo, y ora pidiendo dirección y valor. Isaías entonces pronuncia una profecía detallada contra Senaquerib, profetizando su caída (19:20-34; véase también Is 37:21-38). Esa misma noche un desastre cae sobre el ejército asirio acampado; Severamente conmocionado, Senaquerib regresa a Nínive, en donde con el tiempo muere a manos de sus hijos (18:35-37). La profecía se cumple. 20:1-20 Ezequías y Babilonia. Ezequías recibe más estímulo y seguridad del SEÑOR por medio de Isaías (20:1-11). Ezequías parece haber sobrepasado los límites de la precaución en sus tratos con algunos de los enviados de Babilonia. En un tiempo en que los horizontes del mundo estaban dominados por Asiria, Ezequías se muestra irrazonablemente positivo hacia los babilonios. Como resultado, Isaías profetiza la caída futura de Jerusalén a manos de los babilonios (20:12-21). 21:1-25 Manasés, rey de Judá. A Ezequías le sucede su hijo Manasés, que cae en el paganismo, incluso hasta el punto de reconstruir los altares paganos que su padre había destruido e importar objetos paganos de adoración al templo. Los profetas denuncian este pecado, y profetizan el juicio venidero del SEÑOR. Judá sufrirá la misma suerte que Israel (21:1-18). Las cosas no mejoran bajo el sucesor de Manasés, Amón (21:19-26). 22:1-20 Josías y el hallazgo de los libros de la ley. Sin embargo, las cosas mejoran algo bajo Josías, que empieza a reinar en 640 a.C. Mientras realizan algún trabajó en el templo, se vuelve a descubrir el «libro de la ley» (22:1-10). Se piensa que esto es una referencia al libro de Deuteronomio, o al menos á sus capítulos centrales. Al oír su lectura, Josías queda apabullado. Se da cuenta de que Israel se ha apartado de forma radical de la ley mosaica, y que hay que hacer algo al respecto. Esta conclusión es reforzada por una profecía de Huldá, que habla de la destrucción venidera de la ciudad y el templo (22:11-20). Entonces se pone en movimiento un programa mayor de reforma (23:1-25). El catálogo de artículos paganos que se sacan del templo en sí mismo es una indicación de cuánto se había puesto en peligro la adoración al SEÑOR, incluso en la misma Jerusalén, que supuestamente era el lugar central de la verdadera adoración al SEÑOR por parte de su pueblo. Nótese que Josías incluso extiende su programa de

limpieza a la región de Samaria. Los altares paganos de esta región se demuelen y se profanan. 23:1-30 Josías renueva el pacto. Un aspecto central del programa de reforma que emprendió Josías es la renovación del pacto: la declaración de parte del rey y del pueblo de que serán fieles a la ley del SEÑOR (23:2-3). La Pascua, que se había dejado abandonada desde los días de los jueces, se vuelve a reinstaurar, y se celebra en Jerusalén (23:21-23). Josías halla favor de modo incuestionable ante los ojos del SEÑOR. Sin embargo, su obediencia no se considera como expiación adecuada por el pecado de Manasés, que había violado a cada paso el pacto entre Dios y su pueblo. La ira del SEÑOR no se enfoca en el mismo Josías, sino en Judá. La nación sufrirá la misma suerte que Israel (23:26-27). Ahora es solo cuestión de tiempo. Al lector se le ha preparado para el destino que caerá sobre Judá. Como Israel, la nación será castigada por su desobediencia. Sin embargo, ese castigo, como resulta, tendrá una forma diferente. El exilio de Jerusalén será visto como un tiempo de purificación y penitencia, en el cual el pueblo de Dios puede redescubrir su identidad y obligaciones. Pero esto está en el futuro. Ahora volvemos a la narrativa, sabiendo que el fin de Judá está a la vista. 23:31-24:7 Joacaz y Joacim, reyes de Judá. Después de la muerte de Josías en batalla (23:28-30), le suceden Joacaz y Joacim (23:31-36). Es durante el reinado de este último que el primer repicar de las campanas que marcan el fin de Judá se deja oír. En 605 a.C. el emperador babilónico Nabucodonosor derrota a los nutridos ejércitos egipcios en Carquemis, estableciendo a Babilonia como el principal poder militar y político de la región. Junto con muchos otros territorios en esta región, la tierra de Judá queda sujeta al gobierno de Babilonia, posiblemente en 604 (24:1). Joacim, que evidentemente no permanece fiel al SEÑOR (23:37), decide rebelarse contra Babilonia. Es posible que tal vez haya recibido estímulo para este movimiento por una exitosa contraofensiva egipcia contra Babilonia en 601, lo que puede haber sugerido que el poder babilónico iba a desvanecerse. Tal cosa resulta ser una terrible equivocación. Judá sufre la invasión de las fuerzas de Babilonia (24:2-4), lo que con certeza se interpreta como la ejecución del juicio prometido del SEÑOR sobre su pueblo y rey infieles. Egipto, que en un tiempo fue la esperanza de Judá, también sufre derrotado, y queda neutralizado como poder político (24:7). (Jeremías describe de modo vivido y analiza estos mismos acontecimientos, y los últimos capítulos de su profecía se deben leer a la luz de esta narrativa histórica). 24:8-25:30 Joaquín, Sedequías y la caída de Jerusalén. A Joacim le sucede Joaquín (la similitud de estos nombres es una fuente constante de confusión para los lectores) hacia fines del 598 a.C., poco antes de que los

babilonios al fin pongan asedio a la ciudad (24:8-20). Al inicio del año que sigue el rey, la familia real y el círculo de asesores reales se entregan a las fuerzas de asedio, a principios del 597 (25:1-12). Son deportados a Babilonia, junto con varios miles de cautivos. (De modo interesante, un documento de racionamiento babilónico que menciona a Joaquín se descubrió unos dos mil quinientos años más tarde, durante las excavaciones de 1899-1917, confirmando esta suerte ignominiosa del rey de Judá). Los babilonios ponen a Sedequías, un pariente de Joaquín, en el trono como su vasallo, y parecen felices de dejar las cosas así por el presente. Sin embargo, Sedequías tiene otras ideas. Tal vez estimulado por el ascenso al trono de un nuevo faraón, que parece ofrecer una amenaza real a los babilonios, Sedequías determina rebelarse contra Babilonia. La respuesta de Babilonia es masiva y decisiva. En enero de 588 ponen asedio a la ciudad. Y en julio del 586 se abren brecha por las murallas y se apoderan de la misma. El ejército defensor intenta huir, pero es destruido. Al próximo mes, un oficial de Babilonia llega a Jerusalén para supervisar la destrucción de las defensas de la ciudad y sus principales edificios, así como la deportación de sus pobladores (25:1-12). Se desmantelan los muebles del templo y se los llevan a Babilonia como botín. Es angustioso leer este relato de la destrucción del templo a la luz del relato de su construcción y ornamentación durante el reinado de Salomón (25:13-17). Toda esperanza de un pronto fin al exilio se desvanece con rapidez. A cualquiera que sea capaz de encabezar una revuelta o hacerse cargo del gobierno se le captura y ejecuta (25:18-21). El asesinato de Guedalías, el gobernador nombrado por los babilonios, a manos de Ismael hace estremecer a todos los habitantes restantes de la ciudad. Temiendo las represalias de Babilonia, muchos huyen a Egipto (25:22-26). No obstante, este desalentador relato de la caída de Judá termina con una nota positiva. En el período posterior del exilio (desde 561), los captores tratan con creciente bondad a Joaquín. Está claro que se le permite vivir (25:27-30). La casa de David no será exterminada. Vivirá en el exilio, con la esperanza de la restauración. Se piensa ampliamente que 1 y 2 Reyes fueron escritos durante el período del exilio en Babilonia. El pueblo no tenía conocimiento de que su cautiverio un día llegaría a su fin. Solo podían vivir con la esperanza de que el SEÑOR, el Dios de Israel, recordaría y al fin libraría a su pueblo.

1 Y 2 CRÓNICAS Al igual que 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes, los dos libros de Crónicas fueron al inicio una obra larga, que los traductores por conveniencia dividieron en dos. En este comentario, los dos libros se tratarán como una sola unidad, tal como se hizo con los dos libros de Samuel y de Reyes. En vista de la repetición de material que ya se ha encontrado antes, el comentario de estos libros enfocará sobre la interpretación distintiva de este material en lugar de los detalles históricos en sí. El lector que ha estado estudiando los libros de la Biblia en su orden canónico ya tendrá pleno conocimiento de los detalles históricos que subyacen en el libro, haciendo así innecesaria su repetición. A cualquiera que desee leer Crónicas en forma aislada se le anima a que no lo haga, porque está claro que el escritor de la obra da por sentado que sus lectores ya están familiarizados con el trasfondo del material en cuestión. Se recomienda encarecidamente leer los libros de Samuel y Reyes primero, antes de tratar de examinar Crónicas. Antes de examinar el texto con más detalle, será útil darle un vistazo general a Crónicas, que es lo que sigue. Ya hemos visto cómo lo que originalmente fue un solo reino, al que por lo general se hace referencia como «Israel», se dividió en dos componentes en 930 a.C. El reino del norte, Israel, atravesó una serie de crisis políticas y militares, hasta que al final cayó ante los asirios en 722-721 a.C. El reino del sur, Judá, que incluye la ciudad de Jerusalén, permaneció más o menos intacto hasta la caída ante los babilonios. Con la caída de Jerusalén en 586 a.C. la nación que había logrado unidad y estabilidad bajo David dejó de existir. Solo cuando los exiliados empezaron a volver de Babilonia en 538 a.C. la nación de Judá empieza a tomar forma de nuevo. Es evidente que los dos libros de Crónicas están escritos teniendo en mente las necesidades de la comunidad restaurada. La obra se preocupa por demostrar la continuidad entre el pasado y el presente, y por reasegurar a sus lectores la validez continua de las promesas del pacto de Dios a su pueblo. De muchas maneras, los libros de Crónicas se pueden considerar como una reunión del material que se halla esparcido en los libros de

Samuel y Reyes. Sin embargo, se provee un material adicional en muchos casos, tal vez tomado de fuentes archivadas. Parte del material adicional tiene que ver con un período muy anterior en la historia de Israel. Su inclusión recalca la continuidad de la presencia y promesas de Dios a través de toda la historia de su pueblo. También es notable que Crónicas tiende a mostrar tanto a David como a Salomón bajo una luz mucho más favorable que la que se halla en los libros de Samuel y Reyes. Los incidentes que destacan el lado débil de David (tal como su relación adúltera con Betsabé) no se mencionan. El período final de David como un viejo confinado a su cama y temblando de frío tampoco se menciona. De modo similar, a Salomón se le muestra de una manera muy lisonjera. Se omite toda mención de debate o conflicto en cuanto a la sucesión de Salomón. Fácilmente se podría obtener la impresión de que Salomón fue el único y obvio sucesor de David. No se hace ninguna mención de sus esposas extranjeras, ni de las prácticas y creencias paganas que ellas promovieron. Es evidente que uno de los propósitos de Crónicas es recalcar la importancia de David y Salomón, y el ejemplo y estímulo que ellos proveen para la comunidad restaurada que ahora ha vuelto del exilio en Babilonia. También se les ve como apuntando hacia adelante a la venida del Mesías, el rey ideal de Israel, que llevará a su cumplimiento final todo lo que David y Salomón trataron de lograr. La obra trata de animar e inspirar a la nación en un tiempo cuando su fortuna a menudo era mala, y asegurarle a Israel que el Dios que ha hecho un pacto con David y Salomón sigue siendo fiel a ese pacto hasta este mismo día. Se ve el templo como un enfoque principal para la esperanza y fe de Israel, y se presta particular atención a este tema en toda la obra. Así, la construcción del templo domina el relato del reinado de Salomón, y se ve como su principal contribución al bienestar de su pueblo. 1 CRÓNICAS 1:1-9:44 GENEALOGÍAS DE ISRAEL

La obra empieza con un análisis detallado de las personas que conectan la obra de Dios de la creación y el establecimiento de la monarquía en Israel. No se intenta explorar los asuntos históricos involucrados, tales como la manera en que Israel fue de Egipto a la tierra prometida, o cómo el pueblo tomó posesión de Canaán. El punto central que se tiene en cuenta es que hay una línea directa e ininterrumpida de continuidad dentro del pueblo de

Dios entre la creación y la monarquía. Hay también otras secciones de interés, incluyendo detalles de los descendientes de David (3:1-24). El lector de esta sección puede hallar mucho de este material de escaso interés debido a la manera de su presentación. Verse frente a una lista tras otra de nombres no es en especial inspirador. Sin embargo, hay que apreciar la razón para estas genealogías. Esta es la historia de la familia de Israel, que demuestra los sucesos y la continuidad del pueblo de Dios desde el acto de la misma creación hasta la restauración. Hay también momentos de importante interpretación teológica; por ejemplo, la aseveración explícita de que «por causa de su infidelidad a Dios, Judá fue llevado cautivo a Babilonia» (9:1). Estas interpretaciones ayudan al lector a hallarle sentido a la historia del pueblo de Dios, y a discernir los propósitos del SEÑOR detrás y dentro del flujo de la misma historia. 1 CRÓNICAS 10:1-29:30 REINADO DE DAVID

La escena cambia luego de forma radical. Se nos sumerge en el mundo del principio de la monarquía. No se provee ninguna información de trasfondo en cuanto a cómo la monarquía llegó a existir al inicio, ni el papel de Samuel en su formación y dirección. Se nos da un relato muy breve de cómo Saúl se quita la vida y por lo tanto el trono de Israel queda vacante (10:1-14). La muerte de Saúl se atribuye firmemente a su desobediencia, en especial a su uso de médiums. Como resultado, el reino de Israel pasa a David. La lucha que David confronta para llegar a ser rey de Judá, y después rey de todo Israel, se pasa por alto. El punto importante para el escritor es la interpretación teológica de lo que sucede antes que el suceso histórico preciso, un patrón que se repetirá en toda esta obra. Los detalles históricos se dejan a un lado a fin de que se pueda apreciar por completo la significación religiosa de los acontecimientos. En algunos casos, como ya hemos indicado, esto lleva a que se pasen por alto algunos incidentes. Es el mensaje lo que es de importancia primordial. 11:1-16:43 David llega a ser rey. Se aclama a David como rey de todo Israel. Sus triunfos y poder se atribuyen directamente a su obediencia y fidelidad (11:1-12:40). Al episodio de llevar el arca del SEÑOR a Jerusalén se le da una posición de considerable prominencia dentro del reinado de David, y se recalca su significación espiritual (13:1-16:43).

17:1-15 Promesa de Dios a David. Al haber llevado el arca a Jerusalén, David halla inaceptable que él, siendo rey, viva en un palacio elegante, en tanto que el arca del SEÑOR se halla bajo el techo de nada más espléndido que una tienda de campaña. Al consultar con el profeta Natán sobre este asunto, recibe la seguridad de la promesa de Dios para él y a sus descendientes (17:1-15). Hay un matiz fuertemente mesiánico en este pasaje, el cual habla de uno de los descendientes de David que será el «Hijo de Dios», y cuyo reino será firme para siempre. Este pasaje subraya algo del pensamiento del Nuevo Testamento de la significación de Jesucristo. Nos permite entender la importancia del comienzo del Evangelio de Mateo, que recalca que Jesucristo fue descendiente de David, como se exigía del Mesías. 17:16-20:8 Victorias de David. David responde a esta promesa con oración y deleite (17:16-27). Como para demostrar que estas promesas son efectivas de inmediato, se nos relatan las victorias de David en una serie de enfrentamientos principales durante su reinado (18:1-12). Las grandes victorias por las que David gana renombre se atribuyen de forma inequívoca al SEÑOR (18:13). Se selecciona una serie de tales enfrentamientos para dar una explicación más detallada, incluyendo la guerra contra los amonitas (19:1-20:3) y contra los filisteos (20:4-8). 21:1-30 David cuenta a los hombres capaces de luchar. El «censo de Israel» cobra un lugar principal en Crónicas. Un relato prácticamente idéntico se da en otro lugar (véase 2S 24:1-25), con una diferencia principal entre varias divergencias menores. En 2 Samuel, la decisión de David de realizar un censo de Israel se le atribuye al SEÑOR. Aquí, se le atribuye a Satanás (21:1). No está claro cómo se puede explicar esta diferencia. En cualquier caso, el Antiguo Testamento consideraba a Satanás como un agente que en última instancia era responsable ante Dios. Sin embargo, es el lugar de la historia lo que es de particular interés. En 2 Samuel la historia es parte de un grupo de narrativas compiladas al final de la obra. Aquí, se le coloca en el cuerpo principal de la misma, explicando el lugar específico del futuro templo de Jerusalén. El enfoque particular de Crónicas en el templo lleva a que se coloque esta narrativa directamente antes del relato de los preparativos para la construcción del templo, en lugar de relegarla a un apéndice. 22:1-29:30 Preparativos para el templo. La atención entonces pasa a los preparativos para la construcción del templo. La responsabilidad por la edificación del templo recaerá en Salomón, a quien se identifica aquí como el heredero escogido de David (22:1-19). David mismo no puede emprender la tarea. Sus manos están manchadas de sangre, como resultado de las guerras que fue obligado a librar para establecer la seguridad continua de

Israel (22:8-9). No obstante, aunque a David no se le permite empezar la construcción en sí, está claro que él ha fijado los principios básicos de la administración y adoración. Salomón, por consiguiente, será responsable de llevar a la práctica la visión e instrucciones de su padre. Esas instrucciones, junto con otros pormenores, se indican con lujo de detalle (23:1-27:34). El material de esta sección se halla únicamente en Crónicas, lo que indica un acceso a un material de archivo que no se reproduce en ninguna otra parte del Antiguo Testamento. La considerable atención que se le da a los detalles menores del culto planeado y a la administración del templo habrían sido de importancia particular para la comunidad restaurada, mientras ellos procuraban restablecer la continuidad del culto y la edad dorada de Israel bajo David y Salomón. Estos detalles precisos le habrían dado al judaísmo posexílico un muy necesitado sentido de dirección mientras procuraban restaurar el templo y su culto después de años de descuido y abandono. Luego viene una sección principal (28:1-29:30) que da los detalles de la transición del reinado de David al de Salomón. David prepara sus planes para el templo, e indica con claridad que Salomón, el heredero escogido entre sus hijos, llevará a la práctica su visión para el templo. Aquí hay un claro paralelo con Moisés (evidente en especial en el material de 28:12). Así como Moisés recibió del SEÑOR los planes para el tabernáculo, David recibe del SEÑOR los planes para el templo de Jerusalén. El pueblo reconoce a Salomón como sucesor de David (29:21-25), lo que resulta en que, a la muerte de David, Salomón le sucede como rey (29:28). 2 CRÓNICAS 1:1-9:31 SALOMÓN Y LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO

La atención ahora pasa al reinado de Salomón. Este relato se concentra prácticamente por entero en la construcción del templo de Jerusalén por parte de Salomón. Crónicas pasa directamente á la petición de sabiduría que Salomón le hace al SEÑOR (1:1-17); sabiduría que se demuestra en especial en la construcción del templo. Los preparativos para el mismo se anotan con detalle (2:1-18). También se provee una descripción completa del edificio, indicando sus dimensiones gigantescas y su fino mobiliario (3:1-5:1). Aunque Salomón en realidad dedica más tiempo a la construcción de su propio palacio que a la del templo, todos los detalles de la construcción del palacio se omiten en el relato.

Se documenta el relato de cómo se lleva al templo el arca del SEÑOR desde su posición humilde bajo la tienda de campaña que David erigió para ella (5:2-6:11), junto con la gran afirmación de la fidelidad del SEÑOR a su pueblo. La dedicación del templo al SEÑOR (6:12-7:10) es, por supuesto, un momento de gran alegría y celebración. Le sigue la reafirmación del SEÑOR de su dedicación a la casa de David y a su pueblo, a condición de que ellos sean fieles a la ley (7:11-22). Así que, ¿qué más hizo Salomón durante su reinado, aparte de construir el templo? Crónicas parece tener poco interés en cosas que no tengan que ver con los aspectos religiosos de su reinado. En una sección de conclusión, la obra anota algunas obras públicas de construcción y una expedición militar (8:1-10), pero no hace gran uso de ello. Predominan los aspectos religiosos del reinado de Salomón. En verdad, de inmediato se dirige nuestra atención a sus actividades religiosas, como vemos en sus sacrificios regulares al SEÑOR (8:12-15) en obediencia a las direcciones establecidas por Moisés. Crónicas destaca de forma explícita la continuidad entre Salomón y Moisés en este punto. La sabiduría de Salomón, que fue un don directo de Dios, llega a ser legendaria, y atrae a muchos visitantes. Crónicas anota la visita de la reina de Sabá, la cual testifica de la sabiduría del SEÑOR al poner a Salomón en el trono de Israel (9:1-12). También menciona su fabulosa riqueza (9:13-28). Por último, Crónicas registra la muerte de Salomón después de reinar por cuarenta años (9:29-31), así como la sucesión por su hijo Roboán. 2 CRÓNICAS 10:1-36:23 HISTORIA DE JUDÁ HASTA EL EXILIO

Ahora empieza una nueva sección, que es una crónica de la historia de Judá desde la muerte de Salomón hasta el exilio en Babilonia. Aquí hay paralelos obvios con el material que se puede hallar en 1R 12-2R 25. Con todo, se deben notar diferencias importantes. Por ejemplo, Crónicas también echa mano de fuentes que los escritores de los libros de Reyes no usaron, lo que resulta en que tenemos en nuestra posesión un material adicional relativo a la historia de Judá en este punto. Sin embargo, la diferencia más importante y obvia es que Crónicas se concentra solo en el reino del sur, Judá. Se debe recordar que uno de los propósitos de la obra parece haber sido ayudar a la comunidad restaurada de Jerusalén a comprender su propia historia y propósitos. Siendo que Israel

había dejado de existir como nación después de la invasión asiria y su deportación en 722 a.C., no tiene caso referirse a la historia del reino del norte, Israel, excepto cuando tiene que ver con los acontecimientos en Judá. Así, a pesar de la importancia de Elías, solo se le menciona de modo indirecto (como autor de una carta: 21:12-15). Por lo general se piensa de Crónicas como teniendo un interés especial por registrar la fidelidad de Dios a las promesas hechas a David por medio de los descendientes del gran rey hasta el tiempo en que estos libros fueron escritos. Puesto que esta sucesión tiene lugar solo dentro de los reyes de Judá, es natural que la obra enfoque solo este reino. 10:1-11:4 Israel se rebela contra Roboán. La nueva sección empieza con un relato de la división de los reinos, que explica cómo un serio desacuerdo entre Roboán y el israelita Jeroboán lleva a que las dos naciones marchen cada una por su camino (10:1-4). Aquí no se explica los orígenes de la tensión entre las dos partes. El lector debe consultar un relato más detallado en 1 Reyes para ver el trasfondo (1R 11:29-33). 11:5-27:9 Roboán, rey de Judá. Luego se documenta la historia de Roboán y sus sucesores (11:5-27:9) a grandes rasgos en paralelo con los relatos de los libros de Reyes, aunque hay diferencias en los detalles o en la evaluación de los puntos de interés. Por ejemplo, según 1R 15:14, Asá no quitó los altares paganos de Judá entre sus reformas y según 2Cr 14:3, sí lo hizo. La diferencia casi con certeza se debe a la persistencia del paganismo, que estaba representado por los lugares altos en ese tiempo, por la cual los esfuerzos decididos de Asá para eliminarlos por completo resultaron en fracaso en última instancia. Crónicas provee una evaluación generalmente positiva de Abías, en tanto que el relato más breve en 1R 15:1-8 tiene un tono mucho más negativo. Dada la complejidad de la vida de algunos de los reyes de Judá, esta divergencia en la evaluación no nos sorprende por entero. 28:1-27 Acaz, rey de Judá. El personaje al que más severamente se critica es Acaz (28:1-27). No se menciona el incidente que motivó preocupación en particular (la decisión de Acaz de construir en el templo de Jerusalén un altar basado en un modelo pagano que había visto en Damasco; véase 2R 16:1016). Con todo, se documenta plenamente su apostasía. A Acaz se le presenta en términos negativos por completo, como un rey totalmente indigno de Judá que cae en el paganismo y amenaza con destruir su reino al hacerlo. Jerusalén está repleta de altares paganos, y los mismos se restablecen en toda ciudad de su reino. Tan grande es su rebelión contra el SEÑOR que a su muerte no se le entierra en las tumbas de los reyes de Israel.

29:1-32:33 Ezequías, rey de Judá. A su sucesor, Ezequías, se le trata con un detenimiento considerable (29:1-32:33), y se le identifica como un reformador religioso principal que logra invertir la caída en el paganismo que tuvo lugar bajo su padre Acaz. Aunque Ezequías está involucrado fuertemente en un conflicto con Senaquerib en ese tiempo, Crónicas enfoca específicamente en sus actividades religiosas. Como con Salomón, son los asuntos de la fe y de la adoración lo que atrae la principal atención del cronista. La restauración de la celebración de la Pascua (30:1-27) es de importancia en particular para el cronista, puesto que recalca la continuidad de la acción y la presencia del SEÑOR entre su pueblo. La celebración de la Pascua debe haber sido un foco importante para la identidad de la comunidad restaurada después del fin del exilio. Este relato completo de la celebración de la Pascua en Jerusalén debió ser de considerable importancia para los exiliados que volvieron, al procurar restablecer su sentido de identidad y propósito. También se mencionan otros sucesos del reinado de Ezequías, incluyendo su confrontación con el ejército asirio (32:1-22). No obstante, es evidente que lo que importa aquí en especial es la fidelidad y obediencia de Ezequías. Se le describe como un rey digno de Judá, hecho que se refleja en que lo sepultan junto a los descendientes de David —un honor que se le negó a su padre infiel (32:23-33). 33:1-25 Manasés y Amón, reyes de Judá. A Ezequías le siguió en el trono Manasés, al que se le describe en términos inequívocamente negativos en otras partes (2R 21:1-18). Crónicas lo trata de un modo más favorable, y sugiere que, a pesar de su desobediencia, tiene algunas características que lo redimen (33:1-20). Por ejemplo, se menciona su intento de eliminar las prácticas paganas, y la persistencia de estas se le asigna, por lo menos en parte, a la desobediencia del pueblo. Se menciona que Manasés se arrepintió de sus pecados anteriores, noción que no se halla en ninguna otra parte. Sin embargo, su sucesor, Amón, continúa en los caminos perversos de su padre, y es asesinado (33:21-25). 34:1-35:27 Reformas de Josías. Se relata de forma extensa el reinado reformador de Josías. La narrativa relata el descubrimiento del libro de la ley (presumiblemente Deuteronomio, o por lo menos una parte de ese libro), y su impacto en Josías. No obstante, incluso antes de su descubrimiento, Josías ya se había dedicado a un programa de reforma, en el cual se destruyen varios altares e imágenes paganas. En respuesta al descubrimiento del libro de la ley, Josías renueva de modo formal el pacto entre el SEÑOR y el pueblo, jurando seguir obedientemente la ley del SEÑOR (34:29-32). A esto le sigue un relato detallado de la celebración de la Pascua

por parte de Josías (35:1-19); una vez más, se debe notar la importancia de este acontecimiento para los exiliados que volvieron. 35:20-36:14 Muerte de Josías y sus sucesores. Después de un relato extenso de la muerte de Josías (35:20-36:1), se trata de forma breve con sus sucesores inmediatos (36:2-14). Se menciona la rendición de Joaquín al ejército de Babilonia que los asediaba en 527 a.C., pero esto se describe en términos que evitan mencionar que Jerusalén estaba bajo asedio en primer lugar (36:10). De modo similar, no se menciona explícitamente la caída de Jerusalén en 586 en el breve relato del reinado de Sedequías (36:11-14). Se pasa por alto en silencio la destrucción de la ciudad, tal vez como siendo demasiado dolorosa para mencionarla de forma explícita. 36:15-23 Caída de Jerusalén. Este silencio termina con una sección de conclusión, la cual provee un análisis teológico sucinto de los días finales de Jerusalén (36:15-21). El exilio a Babilonia es el castigo de Dios sobre su pueblo por su desobediencia. Sin embargo, esta nota de juicio también está mezclada con una nota de esperanza. En tanto que el escritor del libro de Reyes no sabía que el exilio no sería permanente (por grandes que pudieran haber sido sus esperanzas, y por mucho que haya confiado en el SEÑOR), el cronista tenía el beneficio de mirar hacia atrás: pudo anotar los sucesos del exilio, sabiendo que terminarían en la liberación y restauración de Judá. Como resultado, Crónicas termina con una poderosa nota de seguridad y esperanza (36:22-23). El pueblo de Jerusalén será restaurado a su ciudad, y el templo del SEÑOR será reconstruido. Y así, con esa nota, pasamos al relato de cómo esa restauración y reconstrucción tendría lugar, al prepararnos para leer Esdras.

ESDRAS El libro de Esdras empieza con una declaración electrizante: ¡A los exiliados en Babilonia se les permitirá volver a su tierra! El exilio se ha terminado. Ahora los habitantes de Jerusalén pueden volver a su tierra y empezar a reconstruir sus vidas, su fe y su ciudad. Escrito en un estilo muy similar al de Crónicas y Nehemías (lo que sugiere que la misma persona, quizá el mismo Esdras, los escribió todos), el libro de Esdras trata de la renovación del culto en Jerusalén y la decisión de reconstruir el templo. ESDRAS 1:1-6:22 EL REGRESO DEL EXILIO

1:1-11 Ciro ayuda a que los exiliados vuelvan. Los versículos con que principia Esdras se le conocen directamente con el final de 2 Crónicas, indicando con claridad que se debe leer estas dos obras juntas como una narrativa continua. Aunque se nos dice poco de lo que le sucedió al pueblo de Jerusalén durante su tiempo en el exilio, podemos, con todo, adquirir por lo menos algo de conocimiento a partir de las dificultades que enfrentaron y de su anhelo por volver a su tierra. Esdras empieza publicando la proclamación de Ciro, el fundador del imperio persa que derrotó a los babilonios en 539, el cual da libertad a los exiliados (1:1-4). La proclamación se remonta a 538 a.C., y muestra un espíritu de generosidad y tolerancia hacia la religión de Israel que había estado conspicuamente ausente en los babilonios. 2:1-70 Lista de los exiliados que volvieron. Como resultado, muchos de los habitantes de Jerusalén y Judá se preparan para volver a su tierra, llevando consigo los tesoros del templo de Jerusalén que habían sido capturados (1:5-11). En 2:1-70 se presenta una larga lista de los exiliados que volvieron a su territorio en el primer éxodo principal desde Babilonia. Aunque esta lista puede parecer irrelevante a los lectores modernos, se debe recordar que habría sido de importancia vital para el pueblo de Dios después de volver a Judá. Les permitiría rastrear el árbol genealógico hasta

el tiempo del exilio y recalcar su continuidad con una generación anterior del pueblo de Dios. 3:1-6 Reconstrucción del altar. Para septiembre u octubre de 537 a.C. los exiliados que volvieron se han establecido en sus ciudades y han empezado a renovar sus antiguos patrones de adoración. Hay que notar que no todos los exiliados volvieron a Jerusalén; otras ciudades de Judá también recibieron a los exiliados que volvían. Se celebra la Fiesta de los Tabernáculos con un altar construido con ese propósito en especial, a pesar del riesgo de alienar a los pueblos de la región circunvecina. Todavía no hay templo en Jerusalén. Sin embargo, al edificar un altar dedicado al SEÑOR, los exiliados que volvieron pueden empezar el proceso de restaurar el culto a lo que había sido antes del exilio. 3:7-13 Reconstrucción del templo. No obstante, tarde o temprano habría que reconstruir el templo. Las ruinas del templo de Salomón, que había sido arrasado hasta el suelo por los babilonios, servirían como cimientos del nuevo edificio. Bajo la dirección de Zorobabel, que surge como el dirigente natural en Jerusalén durante este período, se hacen preparativos para reconstruir el templo en la primavera de 536 a.C. En tanto que muchos se alegran grandemente cuando se ponen los cimientos, los más viejos (que pueden recordar el gran edificio levantado por Salomón) se angustian. Está claro que el nuevo templo no tendrá la misma escala qué su predecesor. 4:1-24 Oposición a la reconstrucción del templo. Los textos aquí compilan problemas que surgieron en un período de varios años, y que abarcan el reinado de tres reyes persas (Ciro, Jerjes y Artajerjes). El primer problema que se registra fue evidentemente un problema continuo. Como parte de la estrategia general persa para mantener a Israel bajo control, parte de la población del reino del norte, Israel, había sido deportada a Siria, siendo reemplazada con gente de otros lugares del imperio asirio. Estas personas habían traído consigo sus prácticas paganas a la región de Samaria, y las habían combinado con el culto al SEÑOR. Como resultado, los samaritanos habían desarrollado una forma de religión que combinaba el culto al SEÑOR con elementos paganos. Algunos samaritanos ahora se ofrecen para ayudar en la reconstrucción del templo, pero Zorobabel no acepta, porque no quiere que la forma degenerada de adoración de ellos tenga ninguna parte en la reconstrucción del templo. Resentidos, los samaritanos hacen todo lo posible para impedir la reconstrucción del templo. Su estrategia de mayor éxito es informar a los persas que los judíos están reconstruyendo los muros de Jerusalén a fin de convertirla en una ciudad fortificada, desde la cual pueden rebelarse contra

los persas (4:12-16). Como resultado, el trabajo en el templo se detiene por un período de más de quince años. No será sino hasta el año 520 a.C., cuando un nuevo rey persa (Darío) ascienda al trono, que se podrá volver a comenzar la reconstrucción. 5:1-6:12 Carta de Tatenay a Darío y decreto de Darío. La decisión de avanzar con la reconstrucción en esta etapa está ligada al ministerio del profeta Hageo, al que consideraremos en detalle más adelante. El gobernador persa local pone objeciones a la reconstrucción, preguntando qué autorización tienen los judíos para avanzar con tal proyecto. En respuesta, se le dice que Ciro había permitido de forma explícita tal proyecto. Al consultar con sus superiores, al gobernador se le dice que la decisión en verdad había sido tomada por Ciro, y que Darío exige que el gobernador brinde toda ayuda a este proyecto. 6:13-18 Terminación y dedicación del templo. Con el respaldo del rey, la obra en el templo avanza a buen ritmo. El 12 de marzo de 516 queda terminado al fin el templo, y se le dedica al SEÑOR. El primer festival principal que se celebra en el nuevo edificio es la Pascua (6:19-22), un festival con fuertes asociaciones a la liberación de la esclavitud y la conmemoración de la fidelidad del SEÑOR. Este es un momento apropiado en el que se celebra la liberación de los exiliados de su esclavitud en Babilonia y se rememora la fidelidad del SEÑOR a su pueblo. Judíos. Un punto que vale la pena comentar aquí es el uso del término «judíos» para referirse a los exiliados que volvieron (4:23; 5:1). Hasta este momento, al pueblo de Dios se le ha llamado como «israelitas». El término «judíos» se llegó a usar en el período posterior al exilio para designar al pueblo de Dios, y se usará con este propósito de forma regular en los escritos posteriores. ESDRAS 7:1-10:44 PROGRAMA DE ESDRAS PARA LA REFORMA

7:1-8:14 Esdras y los exiliados vuelven. Una nueva etapa en la renovación religiosa del judaísmo después de su retorno del exilio empieza unos sesenta años más tarde, con la llegada de Esdras a la ciudad de Jerusalén. Aunque la nueva sección del libro que ahora empieza no da los detalles de las fechas precisas, parecería que Esdras salió de Babilonia en abril de 458, y llegó a Jerusalén en agosto del mismo año. Es evidente por la descripción que se provee que Esdras está profundamente versado en la ley

mosaica, y bien colocado para asegurar que los judíos permanezcan fieles a sus instrucciones (7:1-10). También está claro que Esdras tiene pleno respaldo de las autoridades persas, como lo indica de modo notorio el texto de la carta de Artajerjes (7:11-28). Volviendo con Esdras hay un cuerpo numeroso de exiliados, cuyos detalles se mencionan en 8:1-14. 8:15-36 El retorno a Jerusalén. Después de su viaje de Mesopotamia a Palestina (8:15-36), Esdras relata lo que sucede cuando llega a Jerusalén. El súbito cambio a primera persona en 8:1 indica que en este punto y en lo que sigue se están utilizando las memorias personales de Esdras. El libro de Esdras recurre extensamente a tales documentos en varios puntos. De particular interés es el hecho de que la sección de 4:8-6:18, que incluye citas extensas de documentos oficiales del período, está escrita por entero en arameo, el lenguaje internacional de la diplomacia durante este período. Es evidente que Esdras ha incorporado estos documentos directamente en su narrativa, sin sentir la necesidad de traducirlos. 9:1-10:44 Matrimonios mixtos. A su llegada a Jerusalén varios representantes del pueblo van a ver a Esdras, profundamente preocupados por la manera en que marchan las cosas. Informan que sus dirigentes y sacerdotes han caído de los altos estándares que se esperan de ellos al casarse con mujeres extranjeras. Esdras queda apabullado por esto, viéndolo como una directa violación de la ley de Dios (9:1-15). ¿Por qué se ve a los matrimonios mixtos como un asunto tan serio? La respuesta reside en la necesidad de preservar la identidad distintiva del pueblo de Dios. Como se puede ver en la historia de Israel y Judá antes del exilio, el matrimonio entre judíos y no judíos casi siempre llevó a la importación dentro de la adoración israelita de prácticas y creencias religiosas paganas extranjeras. Esdras mismo identifica a ocho grupos de personas, cuyas creencias religiosas se infiltraron en Israel debido a los matrimonios mixtos (9:1). Siendo que el exilio se veía como la purificación divina de su pueblo debido a su caída en el paganismo, no es de sorprender que Esdras se encolerice. Uno de los problemas que condujeron al exilio que se impuso sobre Jerusalén parece que está a punto de suceder de nuevo. Es evidente que otros también se dan cuenta de la seriedad de estos sucesos (10:1-4). Esdras actúa para evitar que esto suceda (10:5-17). Aunque el pueblo de Jerusalén ha pecado, el daño que se ha hecho se puede remediar mediante el arrepentimiento. Esdras convoca al pueblo de Jerusalén y de todo Judá a la ciudad de Jerusalén. El período en cuestión (noviembre a diciembre de

458) habría caído durante la temporada de lluvias (10:9). Esdras presenta la cuestión ante la asamblea, y recibe un abrumador respaldo para sus propuestas (10:9-15). Un comité de investigación es nombrado (10:16-17); después de tres meses, se publican sus conclusiones (10:18-44). El informe indica que alrededor de cien hombres de la región, incluyendo un número de levitas, se han casado con mujeres extranjeras. Se exigirá a estos hombres que se divorcien de sus esposas, incluso en el caso de que tengan hijos. 10:44 Conclusión. Aquí el libro de Esdras termina de forma abrupta. Una de las razones para este súbito fin tiene que ver con la relación de los libros de Esdras y Nehemías. Aunque estos dos libros se tratan como separados en las versiones modernas de la Biblia, hay evidencia de que originalmente fueron solo un libro. El suceso final anotado en Esdras (la publicación del comité de investigación) está fechado en marzo de 457 a.C. La narrativa se toma de nuevo en 445 a.C., al documentarse la contribución de Nehemías para la reconstrucción de Jerusalén. Como se verá con claridad, el ministerio de Esdras continúa bajo Nehemías, y conduce a un reavivamiento religioso importante. Cómo sucede esto es el tema del libro de Nehemías, al cual el libro de Esdras puede verse como introducción.

NEHEMÍAS El libro de Nehemías continúa la historia, empezada en el libro de Esdras, de la reconstrucción de Jerusalén y el establecimiento de nuevo del culto al SEÑOR en Judá después de la liberación de los exiliados de su cautiverio en Babilonia. Muestra los muchos desalientos y dificultades que enfrentó Nehemías, y la manera en que les hizo frente. El mismo Nehemías, como Esdras, vino a Jerusalén de otra parte del imperio persa. Esdras había venido de Babilonia, en tanto que Nehemías viajó de la ciudad principal de Susa, como a unos trescientos kilómetros al este de Babilonia. La decisión de Nehemías de viajar a Jerusalén se debe fechar en la primavera de 445 a.C., unos trece años después de que Esdras había salido para el mismo destino. NEHEMÍAS 1:1-7:73 LLEGADA Y GOBIERNO DE NEHEMÍAS

1:1-2:10 Nehemías vuelve a Jerusalén. Es evidente que Nehemías se dispuso a viajar a Jerusalén debido a los informes que había oído con respecto a los muros de la ciudad (1:1-11); lo que casi con certeza es una referencia al abandono de la obra de construcción en respuesta a la agitación samaritana (Esd 4:7-23). Nehemías, como copero de Artajerjes, era un miembro de confianza en su corte, responsable por asegurarse de que el vino del rey no hubiera sido contaminado con drogas o veneno. Pudo aprovechar este cargo privilegiado y pedir permiso para una licencia temporal de ausencia a fin de volver a su ciudad paterna de Jerusalén y reconstruirla (2:1-10). El permiso le es concedido, aunque la licencia temporal en cuestión parece haberse extendido a un período de doce años, durante el cual Artajerjes le concede el cargo de gobernador. 2:11-20 Nehemías inspecciona los muros de Jerusalén. A su llegada a Jerusalén, Nehemías hace una inspección nocturna de la sección sur de las murallas de la ciudad. No quiere que nadie se entere del propósito de su venida a Jerusalén, así que realiza esta inspección en secreto, al abrigo de la oscuridad (2:11-16). Finalmente se siente en libertad de dar a conocer sus

propósitos a los personajes destacados de la ciudad (2:17-20). Ellos reciben con deleite su sugerencia. Sambalat, que evidentemente es el opositor político principal de Nehemías, se burla de la idea. 3:1-4:23 Los constructores de la muralla; oposición a la reconstrucción. A pesar de la hostilidad por parte de Sambalat, la obra empieza con la reconstrucción de las murallas y las puertas de la ciudad. Se identifica a cada uña de las diez puertas de la ciudad, junto con los responsables de su reconstrucción (3:1-32). Crece la oposición a la reconstrucción de las murallas y las puertas, en particular de parte de rivales potenciales de una Jerusalén reconstruida. Nehemías se entera de los planes de interrumpir la obra y coloca guardias armados para impedir los ataques (4:1-23). 5:1-19 Nehemías ayuda a los pobres. Sin embargo, las intensas demandas de la obra de reconstrucción de las murallas y su protección de los ataques empiezan a cobrar su costo. El descontento popular empieza a crecer conforme las dificultades financieras empiezan a aumentar. La situación se complica por la escasez de alimentos, lo que hace que los precios de los artículos alimenticios básicos tales como el grano aumenten de modo significativo. Al final, Nehemías ya no puede ignorar el clamor (5:15). Demanda —y recibe— promesas de que los que se están beneficiando financieramente de la situación devolverán lo que han cobrado como interés y restaurarán las propiedades y los bienes que ha sido hipotecados para conseguir préstamos (5:6-13). Para mostrar su propia seriedad, Nehemías se rehúsa a su derecho tradicional como gobernador persa de tener una alimentación superior. Él participará de la misma situación que su pueblo (5:14-19). 6:1-7:3 Terminación de las murallas. La oposición a la reconstrucción continúa en otros sectores. Sambalat propaga rumores de que Nehemías se propone usar a Jerusalén como base fortificada para una rebelión contra Artajerjes (6:1-14). Sin embargo, Nehemías no presta atención a este rumor, y continúa adelante en el programa de reconstrucción. Para octubre de 445 a.C. las murallas quedan reconstruidas. El proyecto entero ha llevado cincuenta y dos días (6:15-19). Poco después se instalan las puertas, y Jerusalén es de nuevo una ciudad que puede protegerse a sí misma (7:1-3). Como precaución contra un ataque por sorpresa, Nehemías ordena que las puertas no se abran sino hasta que el día aclare, haciendo así difícil que el enemigo entre sin que se le vea con antelación. 7:4-13 Lista de exiliados que volvieron. Ahora que la ciudad puede defenderse, se puede prestar atención a reconstruir su interior, y en especial

sus casas. Como paso preliminar en este proceso Nehemías decide establecer quién está presente en la ciudad. En el transcurso del establecimiento de este proceso de inscripción, encuentra la lista de personas que volvieron del exilio con Zorobabel (7:4-73; véase Esd 2:1-70). Hay diferencias menores entre la lista que se provee en cada caso, lo que sugiere que ambos relatos recurren a la misma fuente original, la cual puede haber incluido abreviaturas o cifrados que se interpretan en forma algo diferente en ciertos puntos. NEHEMÍAS 7:73-10:39 ESDRAS Y EL AMANECER DE UN REAVIVAMIENTO RELIGIOSO

7:73-9:5 Esdras lee la ley. Es interesante notar cuán a menudo el reavivamiento y la reforma religiosa están ligados a la lectura pública de la ley. La lectura pública del «libro de la ley» bajo Josías en el período antes del exilio en Babilonia (véase 2R 23) fue una de esas ocasiones. La lectura del mismo libro por parte de Esdras es otra. Está claro que la «lectura» en cuestión incluía tanto la lectura pública en sí de la ley como la exposición de su significado e implicaciones por parte de Esdras y un grupo de levitas (8:118). El pueblo se alegró de «haber comprendido lo que se les había enseñado» (8:12). Como resultado, se sienten impulsados a confesar sus pecados y a adorar al SEÑOR (9:1-3). 9:5-38 Los israelitas confiesan sus pecados en oración. La oración extensa que se usa en esta ocasión merece un estudio detallado (9:5-8). Repasa los tratos de la gracia de Dios con su pueblo desde el tiempo de Abraham), a través del éxodo de Egipto y los peregrinajes por el desierto, durante la conquista de Canaán, y hasta el día presente. La oración incluye poderosas afirmaciones de la gracia de Dios y su total fidelidad a sus promesas. Sin embargo, el pecado continuo del pueblo de Dios también se admite de forma franca y completa. A pesar de la bondad de Dios, su pueblo se aleja de él, se rebela contra él y le desobedece. 9:38-10:39 El acuerdo del pueblo. Como resultado de estas consideraciones los dirigentes del pueblo ponen por escrito un acuerdo de consagrarse a la reforma y la renovación (9:38-10:27). Este acuerdo incluye una serie de compromisos serios, incluyendo una promesa de no casarse con extranjeros (10:30). Esta es una preocupación principal de Esdras, que antes ya había criticado con severidad a los judíos por permitir que esta práctica continuara (Esd 9:1-15). No obstante, esta promesa de obediencia

va mucho más allá de esto, e incluye un compromiso de mantenimiento del templo y sus ministros (10:31-39). NEHEMÍAS 11:1-13:31 REFORMAS POSTERIORES DE NEHEMÍAS

11:1-12:26 Los nuevos residentes de Jerusalén. La narrativa ahora vuelve a la preocupación de Nehemías por repoblar la ciudad de Jerusalén. Las murallas y las puertas ya están reconstruidas. Ahora es necesario reconstruir la población de la ciudad que una vez estuvo en ruinas. Los dirigentes del pueblo acuerdan vivir dentro de la ciudad. A estos se les unirán las familias escogidas por suerte, a las que se les pedirá que vivan en la ciudad en lugar de permanecer en las regiones rurales de Judá. En tanto está claro que algunas familias se ofrecen voluntariamente para establecerse en la ciudad, a la mayoría es preciso obligarlas (11:1-2). Se mencionan los nombres de los principales judíos que se establecen en Jerusalén (11:3-36), junto con los sacerdotes y levitas (12:1-26). 12:27—13:31 Dedicación de la muralla de Jerusalén; reformas finales de Nehemías. En lo que es evidentemente un extracto de las memorias personales de Nehemías, se registra el gran acontecimiento de la dedicación de la muralla de Jerusalén (12:27-47) y la lectura pública del libro de Moisés (referencia a Deuteronomio). Se registra la sección que excluye a los amonitas y moabitas para que no se les admita en la asamblea de Dios (esto apunta a que Dt 23:3-6 está entre los pasajes que se leyeron), y luego se pone en práctica (13:1-3). Es evidente que hay una nueva determinación para ser fieles a la letra de la ley. Así, lo que al inicio había parecido una tarea imposible, se ha realizado con éxito. Jerusalén es una ciudad una vez más, con murallas y puertas. Nehemías ya puede descansar sabiendo que ha logrado lo que se propuso hacer. Ahora vuelve a la corte de Artajerjes (13:6), en algún momento entre 433 y 432 a.C., al haber pasado doce años (véase 5:14) como gobernador de Jerusalén. Sin embargo, por razones que no se indican con claridad, Nehemías pide permiso para pasar más tiempo como gobernador de Jerusalén, y vuelve al año de su partida. A su regreso se entera de que de forma deliberada no se hace caso de sus regulaciones. Una de las bodegas, que él había ordenado que se separara en específico para guardar los diezmos y ofrendas del templo, se ha dedicado para el uso personal de Tobías. Nehemías se enfurece por la

manera en que Tobías ha logrado tal privilegio, y al instante lo revoca (13:49). Pero esto demuestra ser solo la punta del iceberg. Las disposiciones que había adoptado Nehemías para asegurar el funcionamiento adecuado del templo han caído en desuso, con el resultado de que los levitas han tenido que volver a sus campos para poder mantenerse a sí mismos. Nehemías da pasos para restablecer los acuerdos y para que el culto en el templo pueda proceder como lo había propuesto (13:10-14). Sin embargo, pronto surgen otros abusos. Las regulaciones del sabat se están desobedeciendo de forma manifiesta (13:15-22), y el matrimonio con extranjeros de nuevo está convirtiéndose en un problema serio (13:23-31). Así el libro de Nehemías termina con una nota de advertencia. Nehemías puede hacer una lista de sus muchos logros durante su tiempo en Jerusalén. Además de reconstruir las murallas y puertas de la ciudad, ha promovido reformas religiosas que han eliminado muchas de las prácticas paganas que habían empezado a infiltrarse de nuevo en el culto judío. Pero al lector se le deja con un sentido de intranquilidad. Si un distanciamiento tan significativo de la ley del SEÑOR puede tener lugar tan pronto después del retorno triunfante del exilio, ¿cómo será en el futuro? ¿Puede la nueva comunidad de Israel permanecer fiel a la ley si su primer período en la Jerusalén restaurada ha visto tantas caídas? Parece que uno de los aspectos más característicos del pecado humano es la tendencia del pueblo a rebelarse contra Dios... o, en el mejor de los casos, a servirle solo cuando esto por casualidad coincide con sus propios intereses. La historia de Jerusalén en los primeros años del período posterior al exilio muestra lo profundamente arraigado que ha llegado a estar el pecado en la naturaleza humana. Y esto plantea la pregunta: ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo puede Israel serle fiel al SEÑOR, para no decir cerciorarse de que su nombre se conozca y se honre en todo el mundo? Estas preguntas establecen el contexto para la venida de Jesucristo como Señor y Salvador. Pero eso está en el futuro. La narrativa bíblica ahora pasa a la ciudad de Susa, de la cual originalmente vino Nehemías, mientras conocemos la historia de Ester y la suerte de la comunidad judía que quedó en esa región del Imperio Persa.

ESTER El libro de Ester trata de la suerte de una comunidad judía en la ciudad de Susa, en el imperio persa, durante el reinado de Jerjes (486-465 a.C.). En tanto que otros libros del Antiguo Testamento que tratan de este período tienden a enfocarse en los sucesos de Jerusalén en esa época, Ester trata de los sucesos que enfocan a los judíos que se quedaron en la región oriental del imperio. El personaje central, de quien el libro toma su nombre, es la reina Ester, una judía que interviene a favor de su pueblo en un momento de crisis. Ester es un libro inusual en un sentido. No hay una mención explícita del nombre de Dios, ni hay ninguna referencia obvia a algún aspecto del culto o la oración. Esta ausencia de una referencia manifiesta a Dios, sin embargo, no se debe interpretar como significando que Ester es un escrito puramente secular. Es evidente que el propósito de la obra es dar una ilustración de la dirección providencial de Dios para su pueblo frente a circunstancias difíciles. No hay necesidad de llamar explícitamente la atención a la presencia o actividad de Dios. Ambas cosas se dan por sentado en todo el escrito. 1:1-2:23 La reina Vasti es depuesta y Ester se hace reina. La obra empieza estableciendo el escenario para su acción, describiendo de forma vivida el poder de Jerjes y la grandiosidad de su corte (1:1-8). Se nos presenta a su reina, Vasti (a la que en los registros griegos del reinado de Jerjes se le llama «Ametris»). Vasti fue depuesta en 483 ó 484 a.C., aunque las razones para esto no son claras. Su negativa a obedecer la orden de Jerjes tal vez refleja una lucha de poder dentro de la corte, que en la narrativa solo se insinúa (1:9-22). Con el tiempo, es reemplazada por Ester, una hermosa judía (2:1-9). Sin embargo, Ester no da a conocer el hecho de que es judía (2:10, 20). Luego se menciona el peligroso mundo de la intriga de la corte. Mardoqueo, asesor y amigo de Ester, descubre un complot para asesinar a Jerjes, el cual Ester debidamente informa al rey (2:19-23). 3:1-4:17 Amán conspira para destruir a los judíos. Mardoqueo mismo llega entonces a ser causa de un complot de parte de Amán, un noble persa,

que se irrita porqué Mardoqueo no le rinde el respeto que espera. Amán concibe una artimaña para eliminar a Mardoqueo y a los judíos restantes de todo el imperio persa. Después de echar suertes (cuyo término hebreo es Purim), se selecciona un día para la realización del acto (3:1-7). Amán persuade a Jerjes a que dicte una orden para la aniquilación de los judíos (3:8-15). Mardoqueo, al enterarse de esto, le pide a Ester que intervenga para prevenir la masacre, sugiriendo que ella bien puede haber sido puesta en un cargo tan prominente justo para este propósito (4:1-17). Este claro indicio de la providencia de Dios en acción estimula a que Ester actúe. 5:1-7:10 Petición de Ester al rey; se honra a Mardoqueo y se ahorca a Amán. Ester le pide al rey que le conceda un favor, que ella le explicará en un banquete que planea ofrecer al día siguiente, al cual invitará solo al rey y a Amán (5:1-8). Amán se deleita por este honor, y decide completar su felicidad ahorcando a Mardoqueo en una horca construida a propósito al día siguiente (5:9-14). Por desgracia, las cosas no resultan como Amán había esperado. Jerjes, al revisar algunos registros de la corte, descubre uno de cuando Mardoqueo descubrió un complot contra él, y le honra por este servicio (6:1-14). En el banquete que ella ha preparado para Jerjes y Amán, Ester revela que es judía, y le pide a Jerjes que castigue al hombre que ha acarreado la amenaza de muerte para su pueblo. Jerjes declara que el hombre que ha perpetrado tal vileza merece morir. Al saber que es Amán, ordena su ejecución inmediata (7:1-10). 8:1-10:3 Se celebra Purim; grandeza de Mardoqueo. Después de esto, Jerjes concede privilegios especiales a los judíos (8:1-16), y así ellos se vengan de los que habían deseado destruirlos (9:1-17). Los judíos inauguran un festival para conmemorar su liberación conocido como Purim, debido a la suerte que Amán echó para decidir el día de la masacre. La obra termina mencionando el ascenso de Mardoqueo al poder junto a Jerjes (9:18-10:3). Hay similitudes entre estos acontecimientos y los que se registran en el relato de José (véase Gn 39-47), en los cuales un judío también es ascendido a una posición de autoridad en una corte gentil, es decir, no judía.

JOB El Antiguo Testamento incluye diferentes tipos de escritos, incluyendo obras de historia (tales como 1 y 2 Samuel), profecía (como Isaías) y sabiduría. El libro de Job pertenece a esta categoría final de escritos. Es uno de los escritos más asombrosos del Antiguo Testamento. Enfoca una pregunta de continuo interés e importancia. ¿Por qué Dios permite el sufrimiento? O más precisamente, ¿indica el hecho de que alguien esté sufriendo que ha caído del favor de Dios? ¿Es el sufrimiento un resultado directo del pecado? ¿Es una señal de disfavor ante los ojos de Dios? Por importantes que sean estos asuntos, el creyente que lee este libro hallará que la obra no responde en realidad a estas preguntas. Hay dos razones para esto. Primero, el problema del sufrimiento ha llegado a ser de importancia crucial en la cultura occidental desde el Siglo de las Luces; es decir, desde alrededor de 1750. La tendencia es plantear el problema de una forma muy específica, enfocando la cuestión de la bondad y la omnipotencia de Dios. ¿Cómo puede un Dios de amor, bueno y todopoderoso permitir el sufrimiento en este mundo, o entre su pueblo? El libro de Job no considera esta pregunta específica, sino que se preocupa primordialmente por afirmar que Dios está allí, a pesar de todas las contradicciones y las confusiones de la vida. El libro afirma con claridad que nadie puede esperar dominar los misterios de la vida, incluyendo lo que parece ser la prosperidad de los malos y el sufrimiento de los justos. No obstante, en medio de toda esta ansiedad, podemos tener la seguridad de que Dios está presente. Hay un sentido en el cual el libro de Job se debe leer desde el punto de vista de la cruz y la resurrección de Jesucristo, a fin de apreciar la manera en que la persona en verdad justa puede atravesar el sufrimiento. Segundo, la forma literaria del libro incluye una cantidad extensa de repetición, lo que hace difícil seguir su argumentación. En lo que sigue procuraremos identificar las principales líneas de argumentación y exploración. Sin embargo, está fuera del alcance de esta obra dar un análisis detallado de las ideas a veces muy complejas que se presentan en los discursos altamente poéticos de los cinco contribuyentes. El problema del sufrimiento se presenta con frecuencia en el Antiguo Testamento. ¿Por qué parece que a los justos les va peor que a los injustos? ¿Por qué la vida es tan injusta? El libro de Job explora algunos de estos asuntos. Pero de muchas maneras, esta obra es más reconocida por el

hecho de mostrar el futuro sufrimiento de otro justo: Jesucristo. ¿Por qué Jesús tuvo que sufrir? ¿Por qué tuvo que morir? Como lo indica de forma notoria el Nuevo Testamento, la respuesta a esa pregunta no es que Jesús merecía sufrir y morir, sino que escogió sufrir y morir a fin de que otros puedan vivir y ser perdonados. El libro de Job tiene una estructura distintiva, que es preciso entender antes de que se pueda apreciar por completo. El mismo comienza estableciendo el escenario para los sufrimientos de Job, y permitiéndonos oír tras bastidores la propia comprensión de Job de su situación. Luego se nos presenta a tres de sus amigos bien intencionados: Elifaz, Bildad y Zofar. Como la bien conocida frase «los consoladores de Job» implica, estos terminan causándole a Job más angustia y confusión que la que había tenido al principio. La presuposición básica de ellos es que el sufrimiento de Job es resultado del pecado; presuposición que el lector de Job sabe que es incorrecta, debido a la información que se provee en los primeros capítulos de la obra. La primera parte del libro consiste en tres ciclos de discursos de los consoladores, a los cuales Job responde. Luego le siguen algunos comentarios de Eliú, que parece haber sido un espectador que deseó contribuir al debate en ese punto. Por último, Dios mismo responde, aclarando la confusión que han generado los galimatías teológicos de los que participan en el debate. JOB 1:1-2:13 INTRODUCCIÓN

El libro empieza con una descripción poderosa del carácter del mismo Job. No se deja ninguna duda de que Job es un hombre recto, íntegro y de fe. También se indica con claridad que Job es próspero (1:1-5). 1:6-22 Primera prueba de Job. La escena luego cambia de modo dramático a una conversación entre el SEÑOR y Satanás. La palabra «Satanás» necesita algo de aclaración. En el libro de Job, este término no se toma como un nombre propio, y siempre va precedido del artículo definido. En hebreo, por lo tanto, se traduce mejor simplemente como «el acusador» o «el opositor», y no tiene las asociaciones de mal y rebelión contra Dios que de forma tradicional se asocian con el nombre propio «Satanás». El personaje en cuestión se entiende mejor como un ángel o miembro de la corte celestial del SEÑOR que ofrece someter a prueba la fe e

integridad de Job (1:6-12). ¿Qué sucedería si Job perdiera todas las señales externas de justicia e integridad, su ganado, por ejemplo? ¿Cómo interpretaría Job tal situación? La respuesta es clara (1:13-22). Job no vacila en declarar que el SEÑOR tiene el derecho de quitar lo que ha dado. 2:1-13 Segunda prueba de Job. Pero, ¿qué sucedería si Job sufriera físicamente? Una vez más, Job se rehúsa a criticar a Dios. Está preparado para aceptar cualquier cosa que Dios desee darle, sea bienes o problemas (2:1-10). Los problemas de Job, sin embargo, ahora empeoran de modo considerable con la llegada de sus tres amigos bien intencionados. No puede haber duda alguna de que lo quieren mucho, y desean ayudarle en su tiempo de angustia (2:11-13). Al inicio, solo se sientan junto a él en silencio, siendo su presencia una señal del cariño y la simpatía que le tienen. Conforme los acontecimientos lo demuestran, hubieran hecho mucho mejor al permanecer en silencio. Sus palabras de consuelo demuestran distar mucho de ser una ayuda. JOB 3:1-14:22 PRIMER CICLO DE DISCURSOS

3:1-7:21 Job habla y Elifaz responde. El primer ciclo de discursos empieza cuando Job al fin da expresión a su frustración y angustia (3:1-26). Su angustia es tal que desea nunca haber nacido. Entonces interviene Elifaz, intentando arrojar luz sobre las cosas. Es muy evidente, aduce, que la angustia de Job resulta de su pecado. Dios nunca permitiría que un justo sufriera de esa manera. La mejor forma de proceder sería que Job fuera franco y admitiera que ha pecado. Cualquiera que atraviesa la disciplina de Dios no debe despreciarla, sino que debe aprender de ella. El mismo Dios que hirió a Job también vendará sus heridas y le sanará (4:1-5:27). La respuesta de Job a esto muestra el alcance de su angustia y confusión. ¿Por qué Dios crea a las personas, cuando ellas acaban en situación tan angustiosa y desdichada? (6:1-7:21). 8:1-10:22 Bildad y Job. Bildad interviene entonces en la conversación (8:122). Respondiendo al comentario de Job en cuanto a lo que parece ser una injusticia de Dios (6:29), Bildad recalca que Dios es justo en todos sus caminos. La suerte de los hijos de Job refleja el hecho de que eran pecadores. Sin embargo, Job destaca en respuesta que la experiencia sugiere que el fuerte triunfa sobre el débil. Considera que no hay justicia real debajo de lo que al parecer sucede en el mundo (9:1-10:22).

11:1-14:22 Zofar y Job. El tercer consolador, Zofar, hace sentir luego su presencia (11:1-20). Se ve con claridad que le falta la gentileza y la compasión de Elifaz y Bildad. Su contribución empieza con lo que evidentemente es una crítica directa a Job por su falta de piedad. Job no debería arrojar calumnias sobre Dios de esta manera, ni deberían permitírsele algunas de sus afirmaciones más desconsideradas. Job no sabe lo que está hablando. ¿Qué sabe él en cuanto a los misterios de Dios? Job debería confesar su pecado, y poner así fin a su tragedia. Si Zofar espera reducir a Job al silencio con su discurso, pronto se ve desilusionado. Job reitera su convicción básica de que en realidad hay una tensión entre esta noción y su propia experiencia. Es muy difícil para él discernir la justicia de lo que le está sucediendo (12:1-14:22). Este discurso contiene algunas de las afirmaciones más conmovedoras con respecto a la fragilidad de la vida humana (por ej., 14:1-2), y de la insoportable naturaleza de la vida humana sin esperanza (por ej., 14:7-14). JOB 15:1-21:34 SEGUNDO CICLO DE DISCURSOS

15:1-17:16 Elifaz y Job. El segundo ciclo de discursos inevitablemente incluye por lo menos algo de repetición. Si el primer conjunto de discursos de los consoladores se basó en la naturaleza y carácter de Dios mismo, el segundo grupo tiende a enfocarse más en la experiencia de la vida. El segundo discurso de Elifaz (15:1-35) empieza recordándole a Job que él no es el primero que se ha preguntado con respecto a los asuntos que están debatiendo. Concede que los malos tal vez en verdad parecen prosperar. Sin embargo, los atormentan sus conciencias, y viven en temor de las consecuencias de sus obras. Job responde que sus consoladores no son los primeros que le han dado al mundo las mismas respuestas insatisfactorias a las preguntas que él ha formulado (16:1-17:16). De nuevo, hallamos algunas afirmaciones conmovedoras con relación a la necesidad de esperanza frente a la muerte (17:14-16). Estas afirmaciones llevarán a los lectores creyentes a enfocarse en la importancia de la resurrección de Jesucristo, y la nueva esperanza que ella trae a los que saben que tendrán parte en su poder y gloria en el último día. 18:1-21:34 Bildad, Zofar y Job. Bildad recalca la suerte de los malos, a los que muestra como faltándoles toda esperanza o permanencia (18:1-21). Job responde afirmando su perplejidad, tanto por las inconsistencias del mundo como por la actitud que han adoptado sus consoladores, que parecen estar

tratando de aplastarlo (19:1-29). Zofar sugiere que puede parecer que los malos escapan sin castigo, sin embargo esto se debe simplemente a una demora temporal de la ejecución. A la larga ellos recibirán lo que se merecen, aunque por el momento parezcan prosperar. El cuadro gráfico de Zofar de la suerte de los malos en esta vida recurre tanto a los aspectos materiales como a los psicológicos del sufrimiento de ellos (20:1-29). En respuesta, Job sugiere que este sencillamente no es el caso. Los malos están seguros en sus casas, y sus familias y rebaños prosperan. ¿Donde esta la justicia en eso? A Zofar parece faltarle alguna experiencia real del mundo para hacer semejantes afirmaciones descabelladas (21:1-34). JOB 22:1-31:40 TERCER CICLO DE DISCURSOS

22:1-25:6 Elifaz, Bildad y Job. El tercer grupo de discursos, que se limita a las contribuciones de Elifaz y Bildad, es notoriamente mucho más agresivo que los primeros dos grupos. Elifaz argumenta que Job es perverso, y que su perversidad es la causa directa de su desdicha presente. Si Job tan solo se sometiera a Dios, hallaría prosperidad de nuevo (22:1-30). La respuesta de Job a esto en realidad no considera los asuntos que Elifaz trae a colación, sino que se enfoca de nuevo en lo que parece ser un acertijo sin sentido de la vida. Los malos parecen prosperar y salirse con la suya con el mal (23:1-24:25). La breve contribución de Bildad al debate (25:1-6) no añade nada nuevo. 26:1-31:40 Job habla. A esto sigue una serie extensa de discursos de Job, que en general recapitulan algunos de los puntos que ya ha expuesto con anterioridad (26:1-31:40). Dentro de esta sección, es de especial interés el segmento en 28:1-28, y vale la pena leerlo con atención. El argumento básico es que la verdadera sabiduría se halla solo en el temor de Dios. La sección empieza con un sumario de los métodos mineros antiguos, que subrayan la dificultad de obtener los metales y gemas más preciosos. Estos se hallan muy hondo en la tierra, y su adquisición es a la vez difícil y costosa (28:1-11). Sin embargo, la sabiduría no se halla en tales minas, ni se la puede comprar con ninguno de los productos preciosos de esas minas (28:12-19). Se le halla solo en el temor de Dios. Solo Dios lo entiende todo. Solo él ve los confines de la tierra, y todo lo que hay debajo de los cielos (28:24). Esta noción pone el debate en su contexto apropiado, porque saca a la luz que las mentes humanas son simplemente incapaces de concebir

los misterios más hondos; inclusive los que se están considerando al momento. A este capítulo le sigue la recapitulación nostálgica de Job de sus días de felicidad y prosperidad (29:1-25), algunas reflexiones sobre su angustioso estado presente (30:1-31), y una firme declaración de su integridad personal (31:1-40). Job está convencido de que, a pesar de todas sus dificultades y tentaciones, ha sido fiel a lo que Dios exige y espera de él. Si alguien puede demostrar lo contrario, debe decirlo. Pero Job cree, de forma apasionada y patética, que él no tiene culpa. Él no puede entender lo que está sucediendo. JOB 32:1-37:24 DISCURSOS DE ELIÚ

Todavía no se nos ha presentado al quinto contribuyente en este debate, que hace su aparición en forma repentina. En una serie de cuatro discursos, Eliú (que evidentemente es más joven que los otros cuatro hombres: 32:6-7) expresa su opinión de que lo que se ha dicho hasta aquí en realidad no enfrenta las cuestiones. En particular, indica con claridad que está convencido de que Job se las ha arreglado para justificarse a sí mismo, pero no ha logrado justificar o explicar los caminos de Dios (32:12). El tema básico de los cuatro discursos de Eliú parece ser que el sufrimiento, tal como el que Job ha experimentado, debe ser visto como la manera en que Dios disciplina a los suyos. Es inconcebible que Dios haga algo que de alguna manera sea injusto (34:10-15). Nada en el mundo está oculto para el SEÑOR (34:21-30). Por consiguiente, Dios debe saber que Job está sufriendo. La única razón para tal sufrimiento puede ser que Job ha pecado (36:5-21). Así, se liga al sufrimiento con la dureza del corazón humano y su desobediencia, y este puede ser aliviado mediante el arrepentimiento y la enmienda de la vida. De muchas maneras los argumentos de Eliú recogen temas que ya han expresado en discursos anteriores los otros tres consoladores, y añaden muy pocas cosas nuevas al debate. La controversia ahora es llevada a su conclusión por el SEÑOR mismo. JOB 38:1-42:17 AFIRMACIONES DE DIOS Y RESPUESTAS DE JOB

38:1-41:34 El SEÑOR le habla a Job. El SEÑOR ahora responde a Job con una serie de preguntas. En uno de los más hermosos pasajes poéticos del Antiguo Testamento, el SEÑOR habla de la maravilla y lo complejo de la creación (38:1-40:2). Se explora un aspecto tras otro del orden creado, indicándose con claridad la maravillosa complejidad del mundo. El repaso recurre a todo aspecto de la creación, desde el rugir del mar a la maravilla de las constelaciones en el cielo nocturno, y desde el trueno de la tempestad hasta las riquezas de la vida del mundo animal. Todo esto fue creado por el SEÑOR. ¿Creó Job todo esto? ¿Entiende él por qué el mundo es como es? ¿Está en posición de criticar a Dios? La respuesta de Job es inequívoca. Él no tiene nada que decir. Sabe que ha hablado fuera de turno. No está en posición de discutir con el Creador del mundo (40:3-5). El SEÑOR entonces habla de nuevo (40:6-41:34), afirmando su propia justicia y su firme intención de cerciorarse de que la justicia prevalece en su creación. No se ofrece ninguna explicación para las perplejidades de la vida. Más bien, hay una resonante declaración de que todo está sujeto a la justicia soberana del SEÑOR. Job tal vez no entienda; pero puede confiar. Usando un lenguaje poético altamente figurado, el SEÑOR de nuevo habla de su soberanía sobre todo aspecto de su creación. La implicación es evidente: se puede confiar en que Dios cuidará todo aspecto de su mundo. No es algo que la humanidad pueda o necesite entender. Lo importante es tener la seguridad de que el SEÑOR es Dios, y de que todo está en última instancia sujeto a él. 42:1-17 Job habla y ora. Job acepta esto (42:1-5). Es evidente que está consciente de que ha planteado cuestiones que no van a ser contestadas, y que se ha metido en áreas en donde el entendimiento humano tropieza debido a los misterios que confronta. No obstante, Job recibe seguridad. El SEÑOR está allí, incluso en medio de los acertijos de la vida. Como resultado, él ora por sus amigos, que han tratado de consolarlo (42:10), y es restaurado a la prosperidad. El mensaje general del libro de Job está claro. Dios no permite que los suyos sufran sin una buena razón. Ellos tal vez no entiendan por completo cuál pueda ser esa razón. Pero con todo, pueden descansar en la seguridad de que el SEÑOR hará lo que es correcto. La justicia no exime a nadie del sufrimiento. Para el creyente, el sufrimiento de Jesucristo es un poderoso recordatorio de que incluso los que son justos a la vista de Dios sufren. Sin embargo, también es un recordatorio de que Dios puede hacer algo mediante lo que parece ser un sufrimiento inútil. ¿Acaso el que ha traído la

redención del mundo mediante el sufrimiento de Cristo no podrá hacer que resulte algún bien del sufrimiento de su pueblo?

SALMOS El libro de los Salmos (a veces también llamado «el Salterio», se compone de una serie de colecciones de salmos, que tal vez fueron arreglados en su forma final en el siglo tercero a.C. El Salterio según lo tenemos hoy incluye varias colecciones más pequeñas, incluyendo los «Salmos de Asaf» (Salmos 73-83), los «Salmos de los hijos de Coré» (Salmos 84-85; 87-88), y los «Salmos de David» (Salmos 138-145). Los ciento cincuenta salmos compilados en esta colección de colecciones están arreglados en cinco libros como sigue: Libro 1: Salmos 1-41 Libro 2: Salmos 42-72 Libro 3: Salmos 73-89 Libro 4: Salmos 90-106 Libro 5: Salmos 107-150 Aunque el libro quizá tomó su forma final en el siglo tercero a.C., la mayoría del material es de fechas mucho más anteriores, por lo general de entre los años 1000-500 a.C. La tarea de poner fecha a ciertos salmos individuales puede ser difícil, aunque a algunos se les puede asignar una fecha con un razonable grado de certeza. Antes de comentar de forma breve sobre algunos salmos individuales, serán útiles algunos comentarios generales sobre la colección entera de salmos. Muchos salmos contienen un título. Por ejemplo, el Salmo 30 lleva el título: «Cántico para la dedicación de la casa. Salmo de David», Esto naturalmente sugeriría que este salmo fue compuesto por David con ocasión de la dedicación de la propiedad y materiales para la construcción del templo, según se relata en 1Cr 22:1-23:6. Aunque la confiabilidad de los títulos de los salmos individuales a veces se ha cuestionado, hay buenas razones para pensar que son originales y auténticos. Por ejemplo, a algunos salmos fuera del salterio por lo general se les dio títulos (tales como los que se hallan en 2S 22:1, Is 38:9 y Hab 3:1). Todavía más, la información histórica preservada en los títulos concuerda bien con el contexto del salmo en cuestión.

TÉRMINOS QUE SE USAN

Se sabe que en el momento de la traducción más antigua al griego del Salterio (alrededor del siglo segundo a.C.), los eruditos judíos ya no estaban familiarizados con el significado de algunos de los términos técnicos que se usan. Esto sugiere que para esta etapa los títulos ya habían estado establecidos por largo tiempo, y se les mantuvo por razón de la tradición incluso en esta etapa tan temprana. Ejemplos de estos términos incluyen sigaión (¿lamento?), masquil (¿una meditación?) y mictam (¿canto de expiación?). Un término de especial interés es selah, que aparece setenta y una veces en el Salterio, y en otras partes se le halla solo en el libro de Habacuc. El significado de la palabra no está del todo claro. El sentido más aceptado del término es que denota una pausa, tal vez para permitir la reflexión en lo que se acaba de cantar. Sin embargo, también es posible que se refiera al canto de un estribillo, o a levantar las voces mientras se canta esa sección del salmo. (Hay que recordar que los salmos fueron compuestos para ser cantados, lo que explica las numerosas direcciones musicales que a menudo están incorporadas en el título). AUTORÍA

La autoría del salterio es un asunto complejo. Los títulos de los salmos mismos mencionan a varias personas, incluyendo a David, Asaf y los hijos de Coré. También hay cincuenta y cinco referencias a un «director de música» no identificado. El texto hebreo de los títulos a menudo es ambiguo. Por ejemplo, la frase hebrea que se traduce como «Salmo de David» podría significar un salmo: (a) compuesto por David; (b) compuesto para o dedicado a David; (c) escrito acerca de David; o (d) escrito para que David lo usara. No obstante, la asociación de tantos salmos con David está muy de acuerdo con la idea de que él fue el «dulce cantor de Israel» (2S 23:1). Es razonable concluir, por consiguiente, que él debe haber sido responsable por la composición de muchos, sino de todos, los salmos que llevan su nombre en el título. ESTRUCTURA

Los salmos, como muchos otros pasajes extensos del Antiguo Testamento, están escritos en forma poética. Por desgracia, hay todavía un considerable debate con respecto a la naturaleza precisa de la poesía hebrea. Puesto que ya no se conoce con algún grado de certeza la pronunciación original de los salmos, los esfuerzos por recuperar el ritmo o la métrica han resultado nada

convincentes. Como resultado, los estudiosos han tendido a enfocarse en el «paralelismo»: la manera en que un verso de poesía se equilibra con otro, ya sea repitiendo el mismo punto usando palabras ligeramente diferentes («paralelismo sinónimo»), o indicando lo opuesto («paralelismo antitético»). Un ejemplo de «paralelismo sinónimo» lo provee Sal 104:33: Cantaré al SEÑOR toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento. También se pueden distinguir otros patrones. Por ejemplo, un cierto número de salmos están estructurados usando un patrón acróstico, basado en las letras del alfabeto hebreo (tales como los Salmos 25, 34, 37, 111, 112, 119 [véase p. 187], 145). CATEGORÍAS DE SALMOS

A los salmos se les puede catalogar de varias maneras. La mayoría de los salmos caen en una de dos categorías principales: Salmos de petición (a menudo llamados «lamentos»), y salmos de alabanza. También se pueden notar otras categorías menores, tales como salmos de sabiduría (Salmos 1, 37, 49, 73 y 112) y liturgias (Salmos 15, 24, 68, 82 y 115). Nos preocuparemos de las dos primeras categorías principales. Más de una tercera parte de los salmos toman la forma de oraciones de petición, la categoría más numerosa dentro del Salterio. Son principalmente oraciones que se dirigen a Dios reflexionando en pensamientos y emociones que surgen del sufrimiento humano. Esta categoría de salmos se puede dividir en dos tipos generales: «ruegos» y «quejas». El primero contiene oraciones que piden ayuda, bien sean elevadas por individuos (tales como los Salmos 3, 5, 7, 14, 17, 25 y 26) o comunidades (tales como los Salmos 12, 58, 83, 94 y 123). El segundo tipo contiene quejas a Dios por no haber actuado cuando se podría haber esperado que lo hiciera, y las elevan de la misma forma individuos (tales como los Salmos 6, 13, 22, 35 y 39) o comunidades (tales como los Salmos 9,10, 44, 60, 74 y 77). Los salmos de alabanza, como los himnos modernos, expresan deleite en Dios como Creador y Salvador. Tales salmos se pueden dividir en dos categorías generales: los que alaban la grandeza de Dios, según se revela en la naturaleza y la historia (a menudo mencionados como «himnos», tales como los Salmos 8, 19, 29, 33 y 47), y los que expresan gratitud a Dios porque ha intervenido en una situación de gran angustia o sufrimiento (a menudo mencionados como «cantos de acciones de gracia»). Tales «cantos de acciones de gracias» pueden ser entonados por individuos (tales como los Salmos 18, 30, 32, 34 y 92) o por comunidades (tales como los Salmos 67, 75,107 y 124).

TEMAS

Una serie de temas relacionados dan unidad a la rica diversidad de material que se halla en el Salterio. En su médula está el tema de la soberanía de Dios sobré su creación, lo que se refleja no solo en los salmos de alabanza que proclaman sus muchas cualidades y virtudes, sino también en los salmos de petición. Éstos últimos reflejan la creencia de que solo Dios puede atender toda petición. De principio a fin, los salmos de este modo recalcan, de forma explícita o implícita, la soberanía universal de Dios el Señor. Este tema a menudo se liga con la majestad de Dios, en especial en los salmos que celebran su entronización (tales como los Salmos 47, 93, 95, 96 y 97). Otros aspectos del carácter de Dios que son de importancia principal dentro del Salterio incluyen su santidad, justicia y bondad. El Salterio también se enfoca en la monarquía real, bien sea en la forma del mismo David o de uno de sus descendientes. Esto refleja la posición única que ocupó David y su dinastía. Dios no solo escogió a David para que fuera el pastor de su pueblo; sino que también lo designó como «hijo» (véanse Sal 2:7; 89:26-27). Esto se vincula con la selección de Jerusalén, o de forma más precisa del monte Sión, como el lugar para el templo. A este templo se le consideraba ampliamente como la morada de Dios en la tierra. Se entendía la presencia de Dios como aquella que aseguraba protección y paz para quienes vivían bajo su gobierno. La continua prosperidad y seguridad de Jerusalén llegaron de este modo a ser tema de mucha alabanza. No es sorpresa que los temas de alabanza y oración sean de importancia principal dentro del Salterio. A menudo a estos se les liga con referencias específicas a la música y los instrumentos musicales, y al agradecimiento y la alegría humanos que están en la médula de tal alabanza. En lo que sigue exploraremos algunos de los temas de cada salmo. En vista de las limitaciones de espacio será imposible explorar estos temas en detalle o con la profundidad que de modo tan manifiesto merecen. Los salmos tal vez se leen mejor en una actitud de devoción y meditación. Las notas que se proveen tienen el propósito de ayudar a destacar los puntos que pudieran ser en particular útiles para usar los salmos de esta manera devocional. LIBRO 1: SALMOS 1-41

El Salmo 1 tal vez tuvo el propósito de servir como una introducción al Salterio como un todo. Recalca la importancia de deleitarse en la ley del SEÑOR, y los beneficios que resultan de esto. Una imagen particularmente poderosa —la de un árbol plantado junto a arroyos de aguas (1:3)— se emplea para ilustrar la manera en que una relación íntima con Dios conduce al refrigerio y la renovación espiritual. El contraste con los que rechazan o ignoran a Dios se ve con claridad: estos son como paja seca, que el viento sopla y arrastra (1:4). Un tema que aparecerá muchas veces en el Salterio es que el SEÑOR cuida a su pueblo (1:6), asegurando su bienestar incluso frente a todo tipo de adversidad. El Salmo 2 pertenece a la categoría general de los «salmos de realeza», que celebran tanto la coronación de un nuevo rey de Judá como también la majestad del SEÑOR sobre su pueblo. El rey es ungido por autoridad de Dios, no por autoridad humana. Es imposible leer este salmo sin traer a la memoria, por ejemplo, el ungimiento de David como rey sobre Israel por parte de Samuel. Por esto, a otros reyes y gobernadores terrenales se les advierte que tengan cuidado; el rey disfruta de la protección del SEÑOR, así que atacarlo es inútil y equivocado. Sin embargo, también hay un fuerte elemento mesiánico en este salmo, el cual habla del rey como el «hijo» de Dios (2:7), que disfruta de la protección y el favor especial del SEÑOR. Hay un claro eco aquí de la gran promesa hecha por el SEÑOR a la casa de David (2S 7:14), de levantar un rey de sus descendientes. Para el creyente, este salmo tiene una significación especial en este respecto. Los escritores del Nuevo Testamento lo ven como apuntando a la venida del Hijo de Dios, Jesucristo. Este salmo alude al bautismo (Mt 3:17) de Jesucristo. Mediante su resurrección de los muertos, se declara que Cristo es el Hijo en quien Dios está bien complacido (Hch 13:33). De modo similar, con relación a la superioridad de Jesús sobre los ángeles y a su papel como el verdadero Sumo Sacerdote, la carta a los Hebreos destaca este versículo como teniendo pertinencia principal (Heb 2:7; 5:5). El título de Salmo 3 indica que fue escrito en un tiempo cuando David enfrentaba una seria rebelión de parte de su hijo Absalón (2S 15:13-17:22). El salmo afirma el cuidado y protección del SEÑOR frente a los enemigos, y habla poderosamente de la paz mental que este conocimiento da al pueblo de Dios. Este es el primer salmo en una colección que se atribuye de forma explícita a David.

El Salmo 4 también se atribuye a David, y de nuevo se dirige a una situación de angustia. Habla de la seguridad de los creyentes en que el SEÑOR los oirá en tiempo de necesidad (4:3). Aunque puede parecer que todo está perdido, se puede confiar en que el SEÑOR seguirá siendo fiel a los que ama. El salmo incluye una oración hermosa para que la luz de la faz del SEÑOR brille sobre su pueblo (4:6), la cual es un eco de la gran acción de gracias de Israel durante su período de peregrinaje por el desierto (Nm 6:25). El Salmo 5 también es un ruego pidiendo ayuda del SEÑOR frente al enemigo. El creyente puede tener confianza en el SEÑOR debido a la justicia de Dios, que en última instancia triunfará sobre el mal de los impíos. El malvado se ha rebelado contra Dios, y por consiguiente Dios mismo lidiará con él. Hay una idea clara aquí de que las dificultades del salmista en este momento son causadas por su fidelidad al SEÑOR. Puesto que él ha sido fiel al SEÑOR, puede esperar que él le sea fiel en pago, y que lo librará de esa situación. El creyente puede esperar con expectación (5:3), sabiendo que la protección del SEÑOR, a la que se le compara con un escudo (5:12), lo guardará de los ataques y proyectiles del enemigo. El Salmo 6 es otra oración que clama al SEÑOR por liberación en una situación de dificultad. El salmo hace sonar una nota de angustia, debido a lo incierto de las cosas (6:3), y muestra al salmista como estando en gran angustia debido a su aflicción (6:6-7). ¿Cuándo actuará el SEÑOR? El salmo recalca que la única esperanza del creyente está en el SEÑOR y no en la fuerza humana (6:2), y enfatiza la importancia del «gran amor» del SEÑOR con relación a esa esperanza (6:4). A juzgar por su título el Salmo 7 podría relacionarse con el período de la vida de David cuando Saúl lo perseguía, y al parecer su vida constantemente corría peligro. (El término sigaión del título no se entiende. Aunque parece que se relaciona con la palabra acadia para «lamento», su inclusión en realidad apunta a la antigüedad del salmo). El salmo habla de la decisión de David de refugiarse en el SEÑOR frente a su peligro, sabiendo que el SEÑOR escudará y defenderá al justo. El salmo termina con una nota de confianza, reflejando la fidelidad del SEÑOR a su pacto. Incluso en los momentos más oscuros, el pueblo de Dios puede buscar refugio en su compasión. El Salmo 8 hace resonar una nota muy diferente. Es una celebración del lugar de honor que los propósitos de Dios le han asignado a la humanidad. Empieza con una resonante declaración de la majestad de Dios. Sin embargo, mientras David reflexiona en la maravilla de la creación de Dios,

no puede dejar de asombrarse en cuanto a su propio lugar. Es asombroso que el SEÑOR en su gran obra de la creación les de tal lugar de honor a personas como él mismo. Dios ha puesto a la humanidad solo un poco más abajo de los ángeles, y les ha dado autoridad sobre el mundo y sus criaturas restantes. ¡Y él cuida de ellos! Este es en verdad un salmo de celebración y meditación en el maravilloso amor de Dios por su creación. Los Salmos 9 y 10 deberían leerse juntos, puesto que parecen haber sido originalmente un solo salmo que celebra el amor firme del SEÑOR en tiempo de angustia y necesidad. Los dos salmos, de forma junta e individual, recalcan la total fidelidad del SEÑOR a su pueblo, y su disposición a oírlos en su momento de angustia. Los Salmos 11-14 continúan el tema de la amenaza que presentan los enemigos externos, y la necesidad de mirar al SEÑOR en busca de ayuda. En maneras diferentes, y sin embargo complementarias, estos salmos identifican las amenazas con la fe, y la manera en que el SEÑOR puede tratar con estas amenazas. El Salmo 14 es de interés particular, debido a que reconoce que hay algunos que niegan la existencia de Dios (14:1). ¡Es importante notar, como el filósofo francés Pascal lo recalcó hace muchos años, que las Escrituras en ninguna parte consideran que hay necesidad de demostrar la existencia de Dios! El Salmo 15 hace resonar una nota diferente. Representa un análisis hermoso y poético de la necesidad de santidad y pureza de parte de los que desean acercarse al SEÑOR. La referencia original es en particular al templo, y tiene que ver con los que desean adorar. Sin embargo, también se puede leer desde un punto de vista específicamente cristiano, como referencia a la necesidad de tal santidad de parte de todos los que desean obtener acceso a Dios. Tal acercamiento es hecho posible por la muerte expiatoria de Cristo, que limpia y purifica a los pecadores y les permite el acceso a Dios por la sangre de Cristo. Los Salmos 16-18 de nuevo enfocan la idea del SEÑOR como lugar de refugio en tiempos de dificultad. Nótese en especial las imágenes que se usan para referirse a Dios, las cuales expresan la idea de estabilidad y permanencia. Dios es una roca y fortaleza (18:2); en otras palabras, un lugar seguro en el que uno puede buscar y hallar seguridad. Cada uno de los Salmos habla de la capacidad de Dios para redimir a los que acuden a él. El Salmo 19 trata de la gloria del SEÑOR, en especial según esto se da a conocer mediante la ley. Los versículos iniciales (19:1-6) hablan de la manera en que la gloria de Dios se revela en el orden natural, en particular en los cielos. A este conocimiento natural de Dios luego lo complementa y

refina un conocimiento de Dios mediante sus leyes, que se declara que son «más deseables que el oro ... más dulces que ... la miel que destila del panal» (19:10). Este es un Salmo especialmente hermoso en el cual meditar en una noche estrellada, o después de pensar en la compasión de Dios según se revela en su Palabra. Los Salmos 20 y 21 por lo general se piensa que van juntos, y representan la oración de un ejército en vísperas de la batalla (20:1-9), y un canto de acción de gracias el día de la victoria (21:1-13). No está claro si los dos Salmos se relacionan con la misma batalla, ni precisamente a cuál batalla se refieren. Sin embargo, dada la naturaleza violenta del reinado de David y los acontecimientos que lo precedieron, los dos Salmos encajan de forma nítida en lo que sabemos de los acontecimientos de ese período. El Salmo 22 es de considerable importancia, y es preciso considerarlo con más detalle que el resto del libro. La importancia de este Salmo se puede juzgar por el hecho de que Jesucristo cita sus palabras iniciales al morir en la cruz (Mt 27:46; Mc 15:34). Es el canto de un justo que sufre, en respuesta a los ataques de los enemigos que en ese momento tienen la ventaja. Se espera del SEÑOR liberación; sin embargo, al presente no hay indicios de tal redención. En tanto que la situación original se refiere a una de las muchas dificultades de David, el Salmo es de importancia especial para arrojar luz sobre la crucifixión de Cristo como el justo y sufriente Siervo de Dios. El Salmo evidentemente tiene que ver con los acontecimientos de la vida de David; pero también es profético, apuntando hacia adelante a acontecimientos que se cumplirían solo en la venida de Jesucristo. Habla de que el justo sufriente sufre burlas y menosprecio, rodeado de los que se mofan de él (22:6-7), lo cual es una descripción perfecta de la suerte de Jesucristo en la cruz (Mt 27:41). Los que se encontraban a su alrededor se burlaban: «Éste confía en el SEÑOR, ¡pues que el SEÑOR lo ponga a salvo!» (22:8); una de las expresiones de la multitud que también se burlaba y rodeaba a Cristo que moría (Mt 27:43). La descripción de la angustia del que sufre (22:12-16) se corresponde bien con el dolor que Jesucristo sufrió en la cruz. La perforación de las manos y los pies de Cristo en la crucifixión se profetizan aquí (22:16; véase Jn 20:25), así como también el echar suertes en cuanto a sus ropas (22:18; véanse Mt 27:35; Lc 23:34). Sin embargo, el Salmo termina con una nota de esperanza. No todo está perdido. El SEÑOR no se ha olvidado ni menospreciado a su siervo sufriente, sino que le permitirá que viva para alabar su nombre (22:24-26). La esperanza de la resurrección brilla en todo este Salmo, incluso en medio de todo el sufrimiento y la angustia.

El Salmo 23 es el más familiar de todos los Salmos, debido a su versión métrica. Es una declaración hermosa de la bondad, dirección y cuidado del SEÑOR hacia los que confían en él y le obedecen. Incluso en los momentos más oscuros de la vida, los creyentes pueden descansar seguros en su cuidado tierno. El Salmo 24 es un salmo de celebración, evidentemente compuesto teniendo en mente las necesidades de alguna gran ocasión religiosa. La ocasión más natural sería cuando David llevó el arca del SEÑOR a la ciudad de Jerusalén (2S 6:12-19), que fue un momento de gran regocijo y alabanza. El salmo afirma el señorío de Dios sobre toda su creación y su presencia continua entre su pueblo. Los Salmos 25-28 vuelven al tema de la necesidad de confiar en el SEÑOR en situaciones de dificultad, por desesperadas que pudieran serlas probabilidades contra los fieles. Cada uno representa una afirmación de confianza en el SEÑOR y una súplica por la liberación del problema, El Salmo 27 tal vez es el más hermoso de este grupo de salmos, con su poderoso uso de imágenes del SEÑOR (27:1-3) y su oración de que se le permita morar en la casa del SEÑOR y contemplar su belleza (27:4). Concluye con una poderosa afirmación de esperanza. No necesitamos aguardar hasta la muerte para ver la bondad del SEÑOR. Podemos empezar a verla mientras permanecemos en la tierra de los vivos (27:13). Con esta esperanza se puede hacer frente a las incertidumbres del futuro, y enfrentarlas con confianza y fe. El Salmo 29 se regocija en el señorío de Dios sobre su creación. A pesar del gran poder y el vasto tamaño de la creación, Dios es inclusive más grande y poderoso. El salmo es una potente afirmación de la soberanía de Dios sobre el universo, dándoles a los creyentes razón para tener esperanza frente a las grandes y a menudo aterradoras fuerzas de la naturaleza. El Salmo 30 es un salmo de dedicación, que rememora los grandes actos salvadores de Dios y la diferencia radical que el favor de Dios significa en la vida de los creyentes. La ocasión más probable para la composición del salmo, sería la dedicación de parte de David del material para construir el templo de Jerusalén (1Cr 22:1-6). El Salmo 31 es una apelación a Dios, en su justicia, para que libre a los creyentes de sus situaciones difíciles. Este salmo se refiere a Dios como «roca» y «fortaleza», destacando la fuerza y estabilidad que el SEÑOR da a la vida y a la fe (31:3). La apelación a la justicia de Dios (31:1) es importante: en el Antiguo Testamento se entiende la justicia de Dios primordialmente como la fidelidad a sus promesas para redimir a su pueblo.

El Salmo 32 enfoca la importancia de que Dios no toma en cuenta los pecados en contra de los individuos, a fin de que ellos puedan experimentar su poder salvador (32:1-2). Hay un énfasis en particular sobre la manera en que el amor de Dios rodea al fiel (32:10), lo que sugiere la imagen de un escudo protector. El Salmo 33 es un salmo de alabanza, que rememora la grandeza de Dios en la creación y la redención, y declara los grandes beneficios que resultan para su pueblo escogido (33:12). Se señala con claridad la importancia del temor del SEÑOR; los que temen al SEÑOR conocerán su protección, tanto en esta vida como en la venidera (33:19). De nuevo se usa la imagen de un escudo para destacar el carácter sumamente protector de conocer a Dios. Conocer a Dios es experimentar su salvación y protección en todo momento (33:20-22). El Salmo 34 continúa el énfasis en la importancia de temer al SEÑOR (34:9), mientras que también se registran los beneficios de la fe. Una vez más, se muestra al SEÑOR como protegiendo a los fieles (34:7). Cualesquiera que sean los problemas en que los justos puedan hallarse, pueden descansar seguros de la continua presencia y cuidado del SEÑOR (34:19-22). Los Salmos 35-41 enfocan el tema de la liberación. Se verá con claridad que este tema es de importancia principal en toda esta colección de salmos atribuidos a David, que reflexionan sobre las situaciones enormemente difíciles en que se hallaba mientras huía de Saúl tratando de salvar su vida, y luego teniendo que evadir los intentos de asesinato cuando fue rey. Cada uno de los salmos, de maneras diferentes, representa un reconocimiento de la necesidad humana y la gracia divina. Solo Dios es refugio en tiempos de angustia. Solo él es un lugar de seguridad. Aun en medio de todos estos peligros y amenazas, David sabe que su seguridad verdadera está en el SEÑOR. Nada puede quitarle esto. LIBRO 2: SALMOS 42-72

Los Salmos 42-43 fueron originalmente un solo salmo, que habla de un sentimiento real de la ausencia de Dios, ligado a una confianza en que la sensación de su presencia será renovada un día. Su versículo inicial, que asemeja al alma que busca a Dios a un venado jadeante que busca arroyos de agua (42:1), se reconoce ampliamente como uno de las imágenes verbales más hermosas que pintan las Escrituras. El mensaje básico de esta

gran visión de esperanza es que un conocimiento de la presencia de Dios volverá, a pesar de su ausencia actual. La decisión de recordar los grandes momentos del pasado (42:4) es un estímulo a esperar que esos momentos volverán. Se compara a Dios con una roca (42:9) y una fortaleza (43:2). Los salmos terminan con una declaración confiada de que el creyente que lucha alabará de nuevo a Dios, y se le asegura su presencia y su amor (43:5). El Salmo 44 describe de forma manifiesta que Israel ha sido derrotado en la batalla. Es un lamento por el fracaso pasado, y una declaración de esperanza en que las cosas cambien en el futuro. Nótese cómo se atribuye el fracaso de Israel directamente a un rechazo de parte de Dios (44:9-16). Tal como las victorias de Israel se deben al favor de Dios (44:4-8), así sus fracasos se deben al desagrado del Señor. En todo el salmo hay un sentido de aturdimiento, comparable al que permea en los discursos de Job en el libro que lleva su nombre. ¿Por qué ha sucedido esto? Si Israel hubiera sido desobediente, o se hubiera olvidado de Dios, o rebelado contra él, entonces se podría entender esta calamidad (44:17-22). Pero sigue siendo un misterio. Israel solo puede lamentarse por su fracaso, y preguntarse qué le guarda el futuro. El salmo termina con una oración por liberación futura. El Salmo 45 es un salmo festivo, evidentemente compuesto en ocasión de una gran boda real. El Salmo 46, en contraste, es una declaración de total confianza en Dios, que puede suplir todas nuestras necesidades. Llama a los oyentes a quedarse quietos y conocer que el SEÑOR es Dios. Los creyentes pueden descansar en la fortaleza del SEÑOR, hallando allí una seguridad que se les niega en otras partes. Los temas de este salmo dan la base para el famoso himno de Martín Lutero: «Castillo fuerte es nuestro Dios». El tema de la alabanza a Dios que se insinúa en el Salmo 46 se retoma y desarrolla en los Salmos 47-48. Los dos salmos se deleitan en el conocimiento del reinado universal de Dios como rey, y en su poder sobre todas las naciones y pueblos. Los salmos están saturados con una intrepidez y confianza que serían inconcebibles si no estuvieran basadas con certeza en la naturaleza y propósito de Dios. Ideas relacionadas se desarrollan en los Salmos 49-50, los cuales señalan la necesidad de confiar en Dios antes que en el consejo de los malos. El Salmo 49 recalca el peligro de cualquier forma de seguridad que se base en la riqueza o la confianza propia. Destaca la suerte inexorable de los ricos, e insta a los oyentes a evitar estas trampas. El Salmo 50 recalca la necesidad de que Israel reconozca su dependencia en Dios, en particular al guardar el pacto y ofrecer sacrificios como muestra de dependencia (50:14).

De acuerdo a su título el Salmo 51 fue compuesto por David durante la secuela de su adulterio con Betsabé (véase 2S 11:1-12:25). Es un salmo de remordimiento y arrepentimiento, que clama a Dios por perdón para el pecador contrito. El salmo destaca los devastadores efectos del pecado grave en la relación de David con Dios, y su anhelo de ser restaurado a la comunión con el SEÑOR (51:10-12). El salmo afirma tanto el pecado de David como la disposición del SEÑOR de perdonar a los que en verdad se vuelven a él con arrepentimiento y confianza. Los Salmos 52-55 representan un grupo de salmos a cada uno de los cuales se hace referencia en forma individual como masquil. No se entiende por completo el término, como ya se registró con anterioridad (p. 172); y es posible que se refiera a la naturaleza meditativa del salmo en cuestión. El Salmo 52 es una firme declaración de confianza en el SEÑOR, incluso en tiempos de gran dificultad. El Salmo 53 enfoca la necedad de los malos, y mira hacia adelante al día cuando el SEÑOR restaurará la fortuna de su pueblo. El Salmo 54 se enfoca de nuevo en la importancia de confiar en Dios en momentos de angustia y ansiedad. El Salmo 55 desarrolla este tema, ampliando tanto la seriedad de la amenaza de los malos (55:9-14) como el gozo de poder echar sobre el SEÑOR las preocupaciones de uno (55:22). Se señala el peligro particular de un amigo íntimo que se ha convertido en enemigo; indicio de la traición que sufrió Jesucristo, que fue traicionado por uno de su círculo íntimo: Judas Iscariote. Los Salmos 59-60 representan un grupo de mictams. No se sabe con claridad precisa lo que significa este término, pero puede denotar un tipo de lamento. De nuevo, el tema de la liberación en tiempos de aflicción es evidente en todo punto. En varias partes el salmista se expresa con total sinceridad, y pide a Dios que destruya a sus enemigos (por ej., 59:5). Algunos lectores hallan estas secciones de mal gusto. Sin embargo, son un testimonio importante de la disposición de David a ser por completo franco y sincero ante el SEÑOR en sus oraciones, sin esconder nada de él. Hay sabiduría en esta noción. Demasiado a menudo queremos esconder cosas de Dios, cuando deberíamos ser más honestos. Los Salmos 61-65 se describen como «Salmos de David», y se enfocan una vez más en la capacidad de Dios para suplir toda necesidad, incluso en la situación más difícil. Se debe notar algo del lenguaje poético que se usa para describir la seguridad que la presencia de Dios da, por ejemplo, la imagen de descansar a la sombra de las alas de Dios (63:7); o de estar acostado y despierto, pensando en Dios en las vigilias de la noche (63:6).

El Salmo 66 da indicaciones de haber sido compuesto para celebrar la liberación de Jerusalén de los asirios debido a la obediencia de Ezequías a la palabra del SEÑOR que le fue entregada por medio del profeta Isaías (2R 19:9-36). Se rememoran los grandes actos salvadores de Dios en el pasado, incluyendo el cruce del Mar Rojo (66:5-6), y se dan gracias por la liberación más reciente de la amenaza de un enemigo (66:8-9). Nótese cómo a la experiencia peligrosa de la cual Jerusalén fue liberada se le menciona como «purificación» (66:10). La experiencia es como fuego que purifica un metal precioso, dejando detrás un recurso más puro y más valioso. Una nota similar se hallará en el Salmo 67, que empieza (67:1) rememorando la gran bendición dada a Israel en el desierto (Nm 6:24-26). El Salmo 68 es un salmo principal de alabanza y celebración, que rememora los grandes acontecimientos en el Sinaí durante el peregrinaje de Israel por el desierto (68:7-10), la conquista de Canaán (68:11-18), y el establecimiento de Sión (o Jerusalén) como capital de Israel bajo David. El Salmo parece haber sido compuesto en ocasión de una gran procesión, para celebrar los triunfos de Dios. Pablo retoma el tema de este salmo al hablar de la resurrección y ascensión de Cristo (Ef 4:8-13). El Salmo 69 de nuevo refleja un sentido de desesperanza y tristeza frente a las amenazas de los enemigos. Si este salmo proviene del tiempo de David, no es precisamente claro a qué amenaza se refiere. Es más probable que el salmo trate de un momento de peligro en la vida de uno de los sucesores de David, como por ejemplo Ezequías. Los escritores del Nuevo Testamento vieron las referencias frecuentes del Salmo al sufrimiento a manos de los enemigos de uno como señalando a los sufrimientos y muerte de Jesucristo (véase, por ejemplo, Ro 11:9-10, que retoma los temas de 69:22-23). Temas similares se hallan en los Salmos 70-71, que representan ruegos adicionales clamando por la ayuda de Dios en situaciones de peligro y desesperanza. De nuevo se hace una apelación a la justicia de Dios (71:2); es decir, a la fidelidad al pacto y al amor compasivo del SEÑOR. El Salmo 72 toma la forma de un salmo de la realeza, ligado a Salomón, el cual representa una oración por el bienestar del rey y su pueblo. LIBRO 3: SALMOS 73-89

Este nuevo libro de salmos empieza con una serie de once salmos que se adscriben o se le asocian de alguna manera a Asaf, uno de los dirigentes de los coros establecidos por David para proveer música en el templo de

Jerusalén (1Cr 6:39; 15:17-19; 16:4-7). Los Salmos 73-83 pueden verse por lo tanto como una sola colección, con una serie de temas comunes que proveen una continuidad a través de todos estos salmos individuales. Uno de los temas más importantes que se asocian con esta colección es el del gobierno soberano de Dios sobre su pueblo y las naciones, que se ve como base para la esperanza de Israel frente a la ansiedad e incertidumbre. El primer salmo de esta serie, el Salmo 73, vuelve al tema de la aparente prosperidad de los malos. La facilidad y riqueza de la vida de los malos se muestra en una serie de imágenes poéticas (73:4-12), lo que lleva al salmista a la desesperanza. Él recupera un sentido de proporción solo al volver al santuario de Dios, y al darse cuenta de la importancia de su relación con el SEÑOR (73:23-28). Otros salmos se enfocan en temas diferentes, incluyendo las expresiones de esperanza en que el SEÑOR librará a su pueblo de la opresión de los poderes extranjeros (74, 79, 80, 83), el reconocimiento de que el SEÑOR es el Dios y Salvador de Israel (75, 76), la recordación de las grandes obras por las que el SEÑOR libró a su pueblo en el pasado (77, 78), y el castigo de Dios sobre su pueblo y las naciones (81, 82). El Salmo 84 es una hermosa meditación en la belleza de la casa del SEÑOR, y en el consuelo y solaz que da a los que vienen a ella. La imagen de la golondrina hallando nido (84:3) apunta al lugar natural de descanso del pueblo de Dios estando con el SEÑOR que los redimió y les ofrece descanso. El Salmo 85 puede reflejar la situación que encontró Esdras o Nehemías al volver de Babilonia a Jerusalén para empezar el largo proceso de reconstrucción y renovación espiritual. Representa un ruego por un reavivamiento y restauración, a fin de que la gloria del SEÑOR pueda de nuevo morar en su propia tierra (85:9). El Salmo 86 representa otra oración pidiendo ayuda en tiempo de angustia, la cual combina un fuerte sentido de confianza en el SEÑOR con un sentido de urgencia por la seriedad de la situación en que el salmista se halla. El Salmo 87 es una celebración del lugar especial de Sión como «ciudad de Dios», que mira hacia delante al día cuando todas las naciones reconocerán su estado. El Salmo 88 vuelve a los temas expresados en el Salmo 86. Es una admisión abierta del terror que sintió el salmista frente a sus enemigos, y del sentido de aturdimiento que le embarga. Como Job, no puede entender lo que le está sucediendo, o por qué Dios permite que esto tenga lugar. Sin embargo, continúa confiando en el SEÑOR y orando a él (88:13). El SEÑOR lo ha humillado. A la larga, el mismo SEÑOR lo restaurará.

Un tema similar se desarrolla en el Salmo 89, que bien puede provenir del tiempo del ataque de Babilonia contra Jerusalén, el cual condujo al exilio del rey Joaquín (2R 24:8-17). El salmo representa una oración acerca de que el SEÑOR restaurará a su pueblo, en cumplimiento al pacto hecho con David. El salmista no puede entender por qué el SEÑOR parece haber abandonado a su pueblo de esta manera, y ruega por la restauración. El Salmo 86 representa otra oración pidiendo ayuda en tiempo de angustia, la cual combina un fuerte sentido de confianza en el SEÑOR con un sentido de urgencia por la seriedad de la situación en que el salmista se halla. El Salmo 87 es una celebración del lugar especial de Sión como «ciudad de Dios», que mira hacia delante al día cuando todas las naciones reconocerán su estado. El Salmo 88 vuelve a los temas expresados en el Salmo 86. Es una admisión abierta del terror que sintió el salmista frente a sus enemigos, y del sentido de aturdimiento que le embarga. Como Job, no puede entender lo que le está sucediendo, o por qué Dios permite que esto tenga lugar. Sin embargo, continúa confiando en el SEÑOR y orando a él (88:13). El SEÑOR lo ha humillado. A la larga, el mismo SEÑOR lo restaurará. Un tema similar se desarrolla en el Salmo 89, que bien puede provenir del tiempo del ataque de Babilonia contra Jerusalén, el cual condujo al exilio del rey Joaquín (2R 24:8-17). El salmo representa una oración acerca de que el SEÑOR restaurará a su pueblo, en cumplimiento al pacto hecho con David. El salmista no puede entender por qué el SEÑOR parece haber abandonado a su pueblo de esta manera, y ruega por la restauración. LIBRO 4: SALMOS 90-106

El cuarto libro de los Salmos incluye algunos maravillosos cantos de alabanza al SEÑOR. El Salmo 90 pinta el estado sin esperanza de la humanidad pecadora apartada de Dios, recalcando en particular la brevedad de la vida humana. Los Salmos 91-94 llaman la atención a los grandes beneficios de conocer al SEÑOR. El Salmo 95 representa un llamado a la adoración, que recalca la autoridad y majestad de Dios como Creador y señala las consecuencias de la desobediencia y rebelión contra él. Luego sigue una serie de salmos que se enfocan en la alabanza a Dios como Creador del mundo y Sustentador de su pueblo. Los Salmos 96-101 repasan las obras y majestad de Dios, y se regocijan en su grandeza y

fidelidad. El Salmo 101 es el más breve de estos salmos, pero expresa bien su contenido general. Dios es el que debe ser alabado y adorado, y a cuyos grandes actos su pueblo obediente y gozoso debe responder con acciones de gracias. El tono cambia de modo abrupto en el Salmo 102, que es básicamente la oración de alguien en considerable angustia. No está claro quién compuso este salmo, ni tampoco en qué condiciones. Pero es evidente que fue compuesto con la confianza de que, inclusive en la más grande angustia y desdicha, se puede poner la confianza en el amor firme del SEÑOR. Esta nota de confianza también se encuentra en el Salmo 103, que identifica la base de tal seguridad en las obras de Dios en el pasado (103:7) y en su inherente naturaleza y carácter (103:2-5). El salmo se regocija en la disposición y capacidad de Dios de lidiar con el pecado humano, de modo que este ya no tiene que trastornar la relación entre Dios y el creyente (103:8-12). La compasión del SEÑOR por sus hijos se menciona en los términos más conmovedores: a pesar de nuestra fragilidad, Dios sigue amándonos y cuidándonos (103:13-18). Los Salmos 104-106 continúan esta nota de confianza y alabanza, y basan esto por completo en los grandes actos divinos de salvación en el pasado. El Salmo 104 se enfoca en toda la creación, repasando la grandeza del SEÑOR según se revela en las obras de su creación (104:5-26). El Salmo 105 detalla los grandes actos de redención que sacaron a Israel de Egipto y lo llevaron a la tierra prometida (105:5-45). Al rememorar la fidelidad de Dios a su pacto en el pasado, los creyentes pueden tener la certeza de la fidelidad de él hacia ellos en el presente. El Salmo 106 hace un repaso similar, aunque notando la rebeldía del pueblo durante el período del peregrinaje en el desierto. Esta falta de fe de parte del pueblo de Dios se ve como una advertencia para el presente. No se debe abusar de la fidelidad de Dios a su pacto, o darla por sentado. Es necesario que Israel mantenga su parte del pacto. LIBRO 5: SALMOS 107-150

El libro final de Salmos incluye algunos de los salmos más hermosos de alabanza en esta colección. Los temas de la grandeza de Dios en la creación y redención, en especial según se muestran en sus grandes actos de liberación, se mencionan con frecuencia. El Salmo 107 ilustra esto de manera excelente, con su repaso brillante y comprehensivo de los grandes

actos divinos de liberación en la historia de Israel. ¿Quién puede quedarse sin apreciar la grandeza del amor del SEÑOR al considerar estas grandes obras? El Salmo 108 también se enfoca en el tema del amor de Dios, y recurre al material de los Salmos 57:7-11 y 60:5-12 al hacerlo. Los Salmos 109-110 tratan de la confiabilidad de Dios frente a las dificultades y amenazas. El Salmo 109 presenta un caso de acusación falsa, y clama al SEÑOR para que libre de esta situación al escritor. El Salmo 110 es de importancia considerable para los escritores del Nuevo Testamento. Se enfoca en un rey o sacerdote mesiánico, que el SEÑOR coronará. Para los escritores del Nuevo Testamento esta gran profecía se cumple con la venida de Jesucristo como rey de Israel y verdadero sumo sacerdote (Heb 6:16-20; 7:20-22). La significación de Melquisedec (mencionado por primera vez en Gn 14:18) es un tema sobre el que se reflexiona de forma extensa en la carta a los Hebreos, que ve a este sacerdote como la clave para una correcta comprensión del papel de Jesucristo como sumo sacerdote. También Jesucristo mismo se refiere a él (Mt 22:44-45). Los Salmos 111-118 forman una conexión pequeña de salmos dentro de este libro, a la que a menudo se hace referencia como los «Salmos de aleluya» debido a su uso frecuente del término hebreo jalelu ya, que literalmente significa «alaben al SEÑOR». El tema de la bondad del SEÑOR se menciona y explora de modo constante, en especial con referencia a sus grandes obras en el pasado (examinadas en términos generales, por ejemplo, en 111:2-9) y la experiencia continua de sus bendiciones al presente (véanse 112:2-8; 113:7-9; 115:9-15). El Salmo 117, el más corto de todos los salmos, provee un sumario brillantemente nítido de los temas principales de este grupo de salmos. A esta colección le sigue de inmediato el salmo más largo de todos. El Salmo 119 tiene una estructura compleja de ciento setenta y seis versículos, arreglados en veintidós grupos de ocho versículos cada uno. Hay veintidós letras en el alfabeto hebreo, y a cada uno de estos grupos se le asigna una de tales letras. Así, al pasaje de 119:1-8 se le asigna la letra «alef», que es la primera letra del alfabeto hebreo, y al de 119:25-32, «dálet», que es la cuarta de tales letras. El tema básico de este gran salmo es la maravilla y grandeza de la palabra de Dios. Se ve a la palabra de Dios como algo que a la vez exige y ofrece. Exige obediencia, y ofrece promesa de salvación y bienestar. Vale la pena leer este Salmo de una sola vez, con el propósito de apreciar la plena riqueza de la ley de Dios y todo lo que puede significar para los creyentes. Para mencionar apenas dos de las imágenes poéticas que se usan para recalcar la importancia y placer de la ley de Dios: es como una

lámpara que guía nuestros pies (119:105), y es más dulce incluso que la miel (119:103). A esto le sigue una colección de quince salmos a los que la NVI llama «cantos de los peregrinos». Los Salmos 120-134 por lo general se piensa que se usaban en conexión con los grandes peregrinajes anuales a Jerusalén, qué culminaban en la entrada al templo del SEÑOR. La colección parece haber sido compilada de tal manera que los salmos iniciales tratan de las amenazas y dificultades de varias clases, tales como las que uno pudiera encontrar en un viaje largo en el que se halla lejos de la comodidad y seguridad del hogar. La colección concluye con la entrada al mismo santuario (134:2), cuando se ha logrado triunfalmente el propósito del viaje. El salmo más famoso de esta colección se enfoca en las dificultades del largo viaje a Jerusalén y en el consuelo que el SEÑOR da a los que emprenden ese viaje. El Salmo 121 representa una poderosa promesa de la presencia y protección de Dios durante el viaje a Jerusalén. Conforme los peregrinos contemplan las colinas que deben subir antes de alcanzar su meta, pueden obtener consuelo del continúo cuidado del SEÑOR. Los Salmos 135-136 se refieren una vez más a los grandes actos de redención del SEÑOR en el pasado. La liberación de Israel de la esclavitud en Egipto es de importancia particular en cada caso (135:8-12; 136:10-22). Sin embargo, la obra de Dios y su soberanía sobre la creación (135:6-7; 136:49) y el llamado de su pueblo (135:4) también se destacan como importantes en este caso. La meditación en las obras de Dios en el pasado da esperanza para el presente y trae a la mente el gran amor de Dios por su pueblo, el cual dura para siempre. El Salmo 137 es uno de los salmos más famosos que enfocan el doloroso exilio de Jerusalén en Babilonia. El salmo evoca el dolor de los que están separados de su tierra natal y anhelan la restauración. Termina con una maldición que muchos hallan ofensiva. No obstante, es un testimonio importante de la sinceridad total del salmista, que está preparado para presentarle al SEÑOR sus verdaderos sentimientos, en lugar de esconderlos con santurronerías. La sinceridad ante Dios con respecto a lo que uno siente es una de las características del Salterio. Es algo que se debe atesorar. En contraste, el Salmo 138 vuelve al tema de los problemas del justo, enfocándose en la fidelidad de Dios a su propósito revelado. El Salmo 139 es una poderosa declaración de la capacidad del SEÑOR para ver todo lo que hay en el corazón humano. Nada se esconde del SEÑOR. Nada ni nadie puede escapar de su presencia. El salmista invita al SEÑOR a que lo examine y exponga cualquier cosa dentro de él que sea falsa. Hay

claros paralelos entre las ideas de este Salmo y algunos de los discursos de Job, en los que le pide a Dios que le señale sus errores y pecados. Los Salmos 140-144 son salmos de angustia, que piden al SEÑOR liberación de diversas clases de peligros. El tema de la constancia del amor y fidelidad de Dios aparece con frecuencia en todos estos salmos. El conjunto final de salmos se refiere al tema de la alabanza. Los Salmos 145-150 expresan alabanza y acción de gracias a Dios por todo lo que es y todo lo que ha hecho por su pueblo. Los Salmos 145-147 repasan todas las bendiciones que el conocimiento del SEÑOR ofrece a su pueblo. Es evidente que se ve la identificación de las bendiciones de Dios como una de las causas más eficaces de alabanza, puesto que cada uno de estos salmos termina con un estallido de alabanza y adoración. El Salmo 148 toma una forma diferente, simplemente invitando a toda la creación a unirse en alabanza hacia su grande y maravilloso Creador. El Salmo 149 tiene en sí un elemento de «alaba al SEÑOR y pasa las municiones». Reconoce que la alabanza a Dios siempre tiene lugar en el mundo real, que amenaza destruir al pueblo de Dios a menos que este se defienda tanto a sí mismo como a su Dios. Por último, el salterio llega a un glorioso fin con el Salmo 150, uno de los más hermosos cantos de alabanza en el salterio, el cual convoca a todo instrumento musical a entonar la alabanza del gran Dios de Israel, que ha hecho cosas tan maravillosas por su pueblo.

PROVERBIOS El Antiguo Testamento incluye diferentes tipos de escritos, incluyendo obras de historia (tales como 1 y 2 Samuel), profecía (como Isaías) y sabiduría. El libro de Proverbios pertenece a esta última categoría de escritos, que también incluye Job y Eclesiastés. La sabiduría era un recurso muy atesorado en el mundo antiguo, y Salomón fue famoso por todo el conocimiento que Dios le dio. No hay que confundir la sabiduría con la profecía. El propósito de los «proverbios» es arrojar luz sobre el lado práctico de la vida, y pasar a las generaciones posteriores la sabiduría acumulada por las generaciones anteriores. La sabiduría a menudo se basa en la astuta observación de la vida cotidiana. La sección principal de Proverbios (10:1-22:16) consiste en una colección de dichos proverbiales breves, que se atribuyen a Salomón. La palabra hebrea que aquí se traduce como «proverbios» tiene una variedad mucho más amplia de significado que la palabra castellana correspondiente, y también puede tener el significado de «parábola» u «oráculo» (términos que sugieren la intervención de Dios en la acumulación de la sabiduría humana). Según la tradición bíblica, Salomón fue un hombre de sabiduría destacada. Se le acredita haber «dicho» unos tres mil proverbios (1R 4:32), y la colección de dichos en la sección principal de la obra sería menos que una séptima parte de esa cantidad. Esto sugiere que el grueso de Proverbios fue escrito en el siglo décimo a.C., en un tiempo de relativa paz y estabilidad apropiado para la producción de obras literarias. Sin embargo, hay indicaciones de que no todo el material compilado en Proverbios se debe directamente a Salomón. Por ejemplo, hay una referencia a los dichos de escritores desconocidos: «Agur hijo de Jaqué» y el «rey Lemuel». Aunque la obra ofrece todo indicio de haber sido escrita en el siglo décimo a.C., hay indicaciones en el mismo texto de que puede haber recibido su forma final en algún punto durante el reinado de Ezequías (c. 715-686 a.C.). Los proverbios no tienen el propósito de que se les trate como leyes a las que hay que adherirse de modo estricto. Tienen la intención de proveer una dirección práctica sobre cómo uno pudiera actuar en una situación particular. La complejidad de las relaciones humanas es tal que exige un verdadero discernimiento y sabiduría. La mayoría de los proverbios constan solo de

dos renglones, aunque también en ocasiones se encuentran dichos más largos. Se hace un uso frecuente de las comparaciones, a menudo centradas en cuadros derivados de la vida cotidiana. Su tema básico pudiera resumirse como sigue: actúa de forma sabia, y prosperarás; actúa con necedad, y fracasarás. PROVERBIOS 1:1-9:18 IMPORTANCIA DE LA SABIDURÍA

1:1-7 Prólogo. La obra empieza declarando la importancia de la sabiduría para la vida. Indica con claridad que la sabiduría no significa un conocimiento puramente secular, sino que se basa en el temor del SEÑOR (1:7). El «temor» en cuestión no se debe entender como un terror inspirado por el pensamiento de la venganza divina. Se entiende mejor como una sumisión respetuosa a la palabra y voluntad de Dios, con pleno conocimiento de su gran poder. 1:8-4:27 Exhortaciones para abrazar la sabiduría. No todos están preparados para aceptar la sabiduría. La necedad y el pecado se muestran como cosas que son seductoras y atractivas, sin embargo, meramente seducen a la gente a su ruina (1:8-19). En un poderoso pasaje se comparan los peligros de la necedad con los beneficios de la sabiduría (1:20-2:18). La sección final de este pasaje es en especial importante (2:13-18): la sabiduría es algo por lo que vale la pena darlo todo. Hay paralelos interesantes con Jesucristo comparando el evangelio a la perla «de gran valor» (Mt 13:45-46), algo que satisface como nada más logra hacerlo. Al buscar sabiduría y cuidarse de los peligros de las tentaciones del mundo, el joven puede descansar seguro de la felicidad y el contentamiento futuros (2:19-3:18). La sabiduría es como un «árbol de vida» (3:18), que nutrirá y refrescará a los que la hallan y se aferran a ella. El tema de la sabiduría se desarrolla ahora en una nueva dirección. Se declara que la sabiduría ha estado al lado de Dios durante la gran obra de la creación (3:19-20). Este tema se tratará más adelante. El pasaje ahora vuelve a explorar los beneficios adicionales de la sabiduría (3:21-35). Los que tienen sabiduría «son dignos de honra» y tendrán seguridad en el SEÑOR, Se entiende que los padres tienen un papel particularmente importante que desempeñar en el proceso de impartir sabiduría a sus hijos (4:1-27). Esto no se ve como la frase paternalista «el más viejo sabe mejor». Más bien, es una declaración de que los padres tienen la responsabilidad de

asegurarse de que sus hijos se beneficien de su sabiduría y experiencia acumuladas. 5:1-7:27 Advertencias contra el adulterio y la necedad. Una sección extensa ahora trata de ejemplos de la necedad. Se condena el adulterio debido a sus efectos negativos en las personas (5:1-23). El argumento aquí no es en realidad de carácter moral o teológico. El tono que se adopta es práctico y pragmático: el adulterio simplemente lo hace a uno desdichado. Después de una serie de advertencias (6:1-19) contra otras clases de necedades (tales como los efectos negativos de la holgazanería o de decir mentiras), el texto vuelve a su tema principal (6:20-7:27). 8:1-9:18 El llamado de la sabiduría. La naturaleza de la sabiduría misma ahora sale al frente. Se habla de la sabiduría en términos personales (8:136), un proceso que a menudo se describe como «personificación». Se describe a la sabiduría como una mujer que procura atraer a las personas, a fin de que puedan beneficiarse de su consejo. La sabiduría es la base del verdadero gobierno humano, y es el fundamento de todas las leyes justas. Luego se describe el papel de la sabiduría en la creación (8:22-31). De nuevo se personifica a la sabiduría, y se muestra como ayudante de Dios y artesano hábil en el proceso de la creación. La sabiduría llegó antes que todo lo demás. El que tiene sabiduría tiene acceso a los secretos de la creación, y podrá hallar favor a la vista del SEÑOR (8:32-36). Los aspectos personales de la sabiduría se recalcan más en la sección que sigue (9:1-18), la cual compara a la sabiduría y a la necedad con dos mujeres. La sabiduría llama a todos los que oyen su voz, y los invita a entrar en su casa y disfrutar de su mesa (9:1-6). El que acepta esta invitación hallará vida. En contraste, la necedad solo trata de seducir a los necios a su muerte (9:13-18). PROVERBIOS 10:1-22:16 PROVERBIOS DE SALOMÓN

La colección de proverbios salomónicos que sigue no se puede resumir con facilidad, y es mejor leerla en su totalidad para captar una comprensión de la clase de sabiduría que se está elogiando. Los proverbios por lo general toman la forma de afirmaciones sencillas, de un solo versículo, en dos partes. Por ejemplo: «Más vale tener poco con justicia que ganar mucho con injusticia» (16:8). Las dos partes del proverbio a menudo se expresan como contraste, con la palabra «pero» uniendo a las dos para indicar con claridad esta oposición.

Los proverbios a menudo se escriben en forma de mandamientos, por ejemplo: Mantente a distancia del necio, pues en sus labios no hallarás conocimiento (14:7). ¡A estos proverbios, se debe recalcar, no hay que colocarlos al mismo nivel de la ley del Antiguo Testamento! La fuerza del proverbio no se puede equiparar a la prohibición absoluta de, por ejemplo, adorar ídolos o asesinar. El estado general de tales proverbios se entiende mejor siguiendo la línea de que «el sabio se mantendrá lejos del necio». Los proverbios tratan acerca de consejos humanos, y no de mandamientos del SEÑOR. De aquí que, para dar un ejemplo en especial interesante, no se puede buscar la autoridad de Dios para castigar de forma física a los hijos (13:24). PROVERBIOS 22:17-31:31 COLECCIONES ADICIONALES DE PROVERBIOS

22:17-24:34 Dichos de los sabios. El resto del libro de Proverbios lo forman colecciones más breves de proverbios, no todos los cuales se atribuyen al mismo Salomón. Los «dichos de los sabios» y su apéndice (24:23-34) son fragmentos de la sabiduría del mundo, por lo general de forma más larga que los dichos breves e incisivos del mismo Salomón. Aunque algunos de los proverbios representan la sabiduría del mundo (por ej., 23:6-8), es evidente que en otros puntos aparecen nociones espirituales (por ej., 22:22-23). La referencia a «treinta dichos» (22:20) se puede entender como refiriéndose al resto de la sección (22:22-24:22), que se divide en treinta secciones, la mayoría de las cuales tiene dos versículos, de largo. 25:1-29:27 Más proverbios de Salomón. Esta colección adicional de proverbios, que se atribuye al mismo Salomón, consiste de dichos incisivos de sabiduría, por lo general de un versículo de largo. Muchos de estos proverbios se enfocan en asuntos del gobierno y la administración. 30:1-31:31 Dichos de Agur y Lemuel; epílogo. La breve colección de «dichos de Agur» y «dichos del rey Lemuel» se deriva de colecciones de materiales atribuidos a estos escritores, con relación a los cuales no sabemos nada con certeza. El libro termina con un poema que exalta la virtud de «la mujer ejemplar» (31:10-31), que consiste de veintidós versículos, cada uno de los cuales empieza con una letra sucesiva del alfabeto hebreo.

ECLESIASTÉS El libro de Eclesiastés es tal vez el más pesimista del Antiguo Testamento. Como Proverbios y Job, pertenece a la categoría de literatura de sabiduría. El libro toma la forma de una colección de proverbios y observaciones, algunos largos y otros más breves. Muchos lectores hallan el libro aturdidor, puesto que parece que lo dominan nociones que no encajan con facilidad en el patrón general de la perspectiva bíblica. El libro se entiende mejor como un comentario poderoso y convincente de lo inútil de la vida sin Dios, y de la total desesperanza y descreimiento que inevitablemente resulta de una falta de fe bíblica. Representa un retrato gráfico de la desdicha y futilidad de la vida humana sin Dios, y de la ineptitud de la sabiduría humana para descubrir a Dios en toda su plenitud. El autor de esta obra se presenta como el «Maestro» (Ekklesiastés en la traducción al griego del Antiguo Testamento), y de forma tradicional se le identifica con Salomón debido a su referencia al «hijo de David, rey en Jerusalén» (1:1). Esta designación, sin embargo, se podría usar para cualquier descendiente de David. El libro en sí mismo en ocasiones indica que fue escrito por un súbdito antes que por un gobernante, y el estilo del hebreo que se usa sugiere que el libro es posterior en fecha al tiempo de Salomón. No hay un consenso general en cuanto a alguna fecha en particular, y es probable que nunca sepamos con certeza cuándo fue escrito el libro. 1:2-3:22 Todo carece de sentido. El libro empieza con una dramática declaración de la falta de sentido en la vida (1:2). Esto se ilustra con un análisis de toda clase de sucesos (1:3-11). ¿Cuál es el punto de todo? La muerte pone fin a la vida, y extingue la memoria de los que una vez vivieron. Así que, ¿para qué seguir? Para el lector creyente, a estas palabras profundamente lúgubres las trasciende la esperanza de la resurrección a la vida eterna en Jesucristo. Eclesiastés provee un cuadro agonizante que nos permite entender cuán desesperanzadora es la vida sin Dios y sin la confianza en la vida eterna. Este es un recordatorio poderoso de la importancia de la esperanza cristiana.

Sin embargo, la obra continúa su lóbrego análisis. No son solo los sucesos de la vida los que parecen carecer de todo sentido. La sabiduría humana es un desperdicio de tiempo. ¿De qué sirve? Si acaso, todo lo que hace es producir más desdicha (1:12-18). Lo mismo en cuanto al placer (2:116). La búsqueda de placer que emprendió el escritor terminó en desastre. Todo demostró ser poco más que un «correr tras el viento» sin sentido (2:11). Es más, casi todo el logro humano tampoco tiene sentido. ¿Cuál es el punto de llegar a ser sabio, cuando la sabiduría no puede salvar a nadie de la muerte (2:12-16)? ¿Y de qué sirve esforzarse por algo, cuando todo es un desperdicio de tiempo (2:17-26)? Todo es total y completamente inútil (3:122). Los seres humanos son como animales: viven y mueren, y ese es el fin del asunto. De nuevo, el creyente que lee estas palabras acudirá con gozo a la esperanza de la resurrección, y al sentido de propósito y paz que esto da. 4:1-9:12 Un destino común para todos. Después de describir este sombrío cuadro, el escritor ahora lo llena con más detalles y ejemplos de futilidad que tiene en mente. La opresión del mundo (4:1-12), la búsqueda de promoción (4:13-16), la acumulación de riquezas (5:8-12), y la búsqueda de sabiduría, son nada más que un desperdicio de tiempo (7:1-8:1). Incluso la sabiduría tiene sus límites. En tanto que reconoce que vale la pena poseer sabiduría, el escritor levanta una seria duda. ¿Puede alguien en realidad poseer la sabiduría para empezar? La sabiduría parece muy distante y elusiva (7:2325). Las personas bien pueden comer, beber y ser felices (8:1-17), no hay nada más que buscar o esperar. Todos, sean sabios o necios, pecadores o santos, llegarán al mismo fin desdichado: la muerte (9:1-12). 9:13-12:8 Recuerda a tu creador mientras eres joven. El escritor ahora vuelve a sus meditaciones sobre la naturaleza de la sabiduría (9:13-10:20). En tanto que la sabiduría bien puede ser algo excelente, ¿por qué los necios parecen terminar en todos los mejores cargos? Al final, todas esas cosas están más allá de la comprensión humana (10:1-6). La obra termina con una reflexión sostenida sobre la futilidad de la vida. La juventud pasa muy rápido, no dejando nada sino recuerdos en medio de la presente futilidad (11:712:8). 12:9-14 Conclusión del asunto. La obra concluye con algunas reflexiones finales sobre la desesperanza de las cosas (12:9-14). El «Maestro» mismo fue sabio; pero su sabiduría le llevó solo a la desesperanza y a un hondo sentido de inutilidad. Al final, la única fuente de sabiduría real es el temor del SEÑOR. «Todo para el hombre» es: «Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos» (12:13). Si acaso hay algo de esperanza o significado, reside solo en Dios.

El creyente, al leer esta obra desde el punto de vista del maravilloso acto divino de liberación y esperanza por medio de Jesucristo, puede terminar el estudio de esta obra lóbrega y sombría haciendo eco de las palabras de Pedro: «¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva». (1P 1:3). ¡Si tan solo el escritor de este libro hubiera vivido para ver ese día glorioso!

CANTAR DE LOS CANTARES Esta breve obra, a la que a veces simplemente se le llama «Cantares», por lo general se considera como un sobresaliente poema de amor. El título literalmente significa «el más grande de los cantos». De forma tradicional se estima que fue escrita por Salomón, aunque la evidencia dentro del texto de la obra misma es insuficiente para confirmar esto con certeza. El libro está estructurado alrededor de cinco reuniones entre el amado y la amada, con reflexiones sobre los períodos durante los cuales se ven obligados a estar separados. Muchos escritores cristianos han visto esta obra como una alegoría del amor entre Cristo y su iglesia. Otros la han visto como una figura (es decir, como señal o símbolo) de la relación entre Cristo y los creyentes como individuos. En otras palabras, opinan que la obra no se debe interpretar como una celebración del amor humano, sino como una manera poética o figurada de hablar del amor espiritual de Cristo por la iglesia o por los creyentes como individuos. En un tiempo más reciente, sin embargo, ha habido una mayor disposición de parte de la mayoría de los intérpretes cristianos de este libro a verlo simplemente como un relato excelente del amor humano... un amor que es un eco del amor de Dios por su pueblo, pero que enfoca los hondos sentimientos amorosos entre un hombre y una mujer. El canto se divide en varias secciones, de las cuales las mejor marcadas son las cinco reuniones (1:2-2:7; 2:8-3:5; 3:6-5:1; 5:2-6:3; y 6:4-8:4). La manera más útil de leer esta obra es tomando cada una de las cinco reuniones por turno, y tratando de apreciar el sentido de anhelo por este encuentro y el gozo luego de su cumplimiento. Hay un paralelo incuestionable entre el gozo de la reunión de los que se aman y el creyente llegando al hogar con Dios, y no hay razón por la que el libro no se deba ver como una alegoría del amor de Dios por su pueblo si el lector halla esto útil.

ISAÍAS El libro del profeta Isaías es el primero de los cuatro «profetas mayores» (siendo los otros tres libros Jeremías, Ezequiel y Daniel). Isaías vivió y trabajó en Jerusalén en la última parte del siglo octavo a.C. Su llamado a profetizar llegó en 740 a.C., año de la muerte del rey Uzías (6:1), y se sabe que profetizó por lo menos hasta el 701 a.C., cuando el reino del norte, Israel, cayó ante Asiria. En esta etapa, Judá e Israel estaban pasando de un largo período de paz y prosperidad a uno de incertidumbre y peligro. Asiria estaba siendo cada vez más agresiva en la región, e Israel, Judá y Siria no sabían cómo reaccionar a esta amenaza. Es en este contexto de incertidumbre política y militar que tiene lugar el ministerio de Isaías. Será útil que el lector lea la historia de Jerusalén durante este período, según se relata en 2 Reyes. Esto proveerá un importante material de trasfondo a las primeras partes de esta profecía mayor. Sin embargo, la profecía no está restringida a este período de la historia de Jerusalén. Las últimas partes del libro tienen que ver con profecías de esperanza y restauración para los exiliados en Babilonia. Las primeras partes de la profecía cubren el período entre la caída del reino del norte, Israel, en 722, y el extremo peligro de Judá debido a Asiria en 701 a.C. Una sección importante de la obra (capítulos 36-39) tiene que ver con la supervivencia de Judá a esta amenaza. Una sección grande posterior (capítulos 40-55) pasa a profetizar la esclavitud subsiguiente de Judá a Babilonia y a la larga su liberación del exilio en esa tierra. La perspectiva final del libro mira más allá de los sucesos del futuro inmediato de Judá a una Jerusalén glorificada, colocada en medio de «nuevos cielos y una nueva tierra». ISAÍAS 1:1-12:6 PROFECÍA DE ESPERANZA Y JUICIO

La obra empieza declarando que lo que sigue representa las profecías de Isaías en cuanto a Judá y a Jerusalén, durante los reinados de varios reyes, lo que abarca el período de 792-686 a.C. Hay que notar que el ministerio de

Isaías tiene lugar solo en el reino del sur, Judá, y en su capital, Jerusalén. No se hace mención del reinó del norte, Israel (1:1). En esta etapa no tenemos idea de quién fue Isaías, o cómo fue llamado a ser profeta. Esos detalles se proveerán más tarde. Está claro que Isaías ve su función como la de declarar la palabra y la voluntad del SEÑOR a un pueblo que por lo general se inclina a desobedecerle. 1:2-31 Una nación rebelde. Esto se ve con claridad en el primer oráculo profético principal que registra el libro (1:2-31), y que recalca que el propio pueblo del SEÑOR se ha rebelado contra él. Israel, término que se usa en toda esta profecía para referirse al pueblo de Dios antes que al reino del norte que lleva ese nombre, se ha olvidado del SEÑOR (1:3). Incluso los animales mudos muestran más sentido que el pueblo de Dios. Israel puede ofrecer todos los sacrificios precisos, y hacer todas las cosas debidas en el templo; pero el corazón del pueblo está lejos del SEÑOR (1:10-17). La observancia exterior del culto religioso no va acompañada de amor al SEÑOR y la obediencia a él. Nótese con cuidado el estribillo: «¡Oigan la palabra del SEÑOR...!» (1:10), un característico giro profético de la frase, que indica que el profeta está hablando bajo inspiración a nombre del SEÑOR, y no por su propia cuenta. Sin embargo, este oráculo inicial de juicio termina con una nota de esperanza. Dios refinará a su pueblo (1:25-26), quitándole todas sus impurezas como el horno refina un metal precioso, y restaurará a su pueblo a su gloria anterior. 2:1-5 El monte del SEÑOR. El segundo oráculo mayor reafirma la rebeldía y desobediencia del pueblo de Dios. Este oráculo empieza con una visión asombrosa (cuyos elementos esenciales también se hallan en Mic 4:1-3) con respecto al «monte del SEÑOR» (2:1-4). Esto se refiere al monte Sión, que será el foco de adoración, paz y prosperidad cuando la obra salvadora del SEÑOR se haya realizado. Este pasaje incluye una famosa referencia a convertir las espadas en arados (2:4), mientras se describe de forma gráfica el reino de paz que el SEÑOR traerá. 2:6-4:1 El día del SEÑOR. Pero eso está en el futuro. Al presente la «casa de Jacob» (referencia al pueblo de Dios) se ha rebelado contra el SEÑOR de muchas maneras. Una crítica en particular se dirige contra la creciente influencia del paganismo en Jerusalén (2:6-8), que el SEÑOR no está dispuesto a tolerar. El profeta entonces habla de un venidero «día del SEÑOR» en el que todas estas prácticas serán barridas, conforme el SEÑOR venga en majestad y poder para purificar a su pueblo (2:12-22). Este juicio se describe gráficamente (3:1-4:1) mientras se predice la caída futura de una Jerusalén orgullosa y arrogante. Al no obedecer al SEÑOR tanto Judá como Jerusalén se han condenado a sí mismas.

4:2-6 El retoño del SEÑOR. El juicio será declarado de modo más específico en este momento, aunque ahora irrumpe un breve pasaje que promete redención. El mensaje continuo de juicio que ahora se está entregando es moderado por la esperanza futura de salvación para los que permanecen fieles al SEÑOR. 5:1-30 El canto de la viña. Ahora empieza un pasaje mayor de juicio, que enfoca la ilustración de una viña (5:1-7). Se comparan Israel con una viña, establecida, plantada y protegida con gran trabajo por parte de su dueño. No es irrazonable que él esperara que la viña produjera uvas buenas; pero al final, todo lo que logró con su trabajo fue fruta mala. El relato es una parábola de Israel, a la que Dios llamó a existir, la amó y cuidó. Esperaba que Israel fuera justo y obediente, pero solo halló derramamiento de sangre y angustia. Las cosas habían marchado muy mal. Este veredicto luego se amplía (5:8-30), conforme se documentan los crímenes e injusticias que dieron lugar a la ira del SEÑOR contra su pueblo. Por su falta de obediencia y comprensión, el pueblo de Dios debe enfrentar el exilio (5:13). 6:1-13 Comisión de Isaías. En este punto al fin descubrimos más en cuanto al mismo Isaías. El año de la muerte del rey Uzías fue 740 a.C. En ese año Isaías tuvo una visión del SEÑOR en toda su santidad y majestad. Es posible que el profeta tuviera esta visión en el mismo templo. La visión se centra en la santidad del SEÑOR, y aterró a Isaías: siendo pecador, ¿cómo puede él permanecer después de haber visto a Dios? En un acto de purificación lo toca con un carbón encendido uno de los serafines (un término que se usa solo en este pasaje, y cuyo significado pleno no está claro). Con su culpa así quitada, el profeta ahora es libre de hablar del SEÑOR a su pueblo. Entonces es llamado y comisionado para llevar la palabra del SEÑOR al pueblo, con el pleno conocimiento de que ellos se endurecerán ante lo que van a oír y se rehusarán a responder al mensaje. No está claro por qué este relato del llamado de Isaías como profeta aparece tan tarde en la obra. Podría haber parecido más natural al principio. Sin embargo, su ubicación presente en el libro recalca la importancia del material precedente, y prepara al lector para más profecías que todavía están por venir. 7:1-25 La señal de Emanuel. Ahora empieza una nueva sección histórica, que se ubica en el tiempo de la guerra entre Siria y Efraín en 735 a.C. Frente a la creciente expansión de Asiria, Siria y el reino del norte, Israel (al que a menudo se le menciona como «Efraín») tratan de persuadir a Judá para que se una en una coalición en contra de Asiria. Acaz, que es entonces rey de

Judá, se ve tentado a ponerse del lado de los asirios. Como resultado, Jerusalén se halla bajo ataque del norte. Isaías urge a Acaz a estar firme, con el conocimiento de que el SEÑOR le librará de esta amenaza (7:1-12). Como señal Isaías habla de una virgen dando a luz a un hijo al que le pondrán por nombre Emanuel. En este contexto histórico específico, Isaías tal vez quiso indicar en especial que dentro de nueve meses la amenaza que se cernía sobre Jerusalén acabaría. Es posible que los sucesos de 8:3 se relacionen a esto. Sin embargo, no se pueden ignorar las grandes implicaciones proféticas del pasaje. Es evidente que apuntan hacia adelante, al nacimiento de otro niño llamado Emanuel (Mt 1:23), que liberaría a su pueblo de su pecado. 8:1-9:7 Un niño nos es nacido. Después de hablar de la función de Asiria en los propósitos del SEÑOR (8:1-22), Isaías vuelve a la salvación venidera prometida por el SEÑOR. Enfoca su atención en la región de Galilea. Es allí que «el pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz». Aquí Isaías usa un recurso literario al que a veces se hace referencia como «futuro perfecto profético», mediante el cual se habla de un suceso que todavía está por suceder como si ya hubiera sucedido. Nacerá un niño, que será el Príncipe de paz. El famoso pasaje habla de la esperanza en la venida de un libertador en un momento oscuro en la vida del pueblo de Dios (9:1-7). Para los escritores del Nuevo Testamento esta gran profecía halla su cumplimiento en la venida de Jesucristo (véase Lc 2:14) y su ministerio en la región de Galilea. 9:8-10:34 La ira del SEÑOR contra Israel; el remanente de Israel. Sin embargo, este mensaje de esperanza de nuevo se pone en el contexto del juicio y la condenación por los pecados de Israel (9:8-10:4). Aunque Isaías indica con claridad que Dios castigará a Asiria (10:5-19), está claro que se propone usar a Asiria como su «vara de ira», mediante la cual Dios castigará a su pueblo por su desobediencia y rebelión. A su vez, Asiria se rebelará contra Dios, y se rehusará a reconocer que él tiene derecho de usarla como su instrumento (10:15-19). Solo un remanente fiel de Israel permanecerá, el cual confiará en el SEÑOR (10:20-34). 11:1-12:6 El retoño de Isaí, cantos de alabanza. De este remanente surgirá un Redentor, y traerá un nuevo período de esperanza en la historia del pueblo de Dios (11:1-10). Esta fuerte profecía mesiánica halla su cumplimiento supremo con la venida de Jesucristo, que está lleno del Espíritu de Dios. Cuando este Redentor al fin llegue, el pueblo de Dios se gozará grandemente (12:1-6), tal como Simeón se alegró cuando se dio

cuenta de que Jesucristo era el por tanto tiempo esperado Salvador de Israel (Lc 2:25-32). ISAÍAS 13:1-23:18 JUICIO CONTRA LOS VECINOS DE ISRAEL

Hasta aquí los juicios de Isaías se han dirigido primordialmente contra Judá y Jerusalén. Aunque Asiria ha sido juzgada, esto ha sido debido a su futura y prevista negativa de aceptar su papel limitado como agente del juicio de Dios, y a su intento de erigirse a sí misma como supremo poder. La atención ahora cambia a las naciones circunvecinas. Cada una de estas naciones cae bajo el examen justo de Dios, y es condenada por su fracaso. La serie de condenaciones internacionales es interrumpida solo para proclamar una profecía con respecto a Jerusalén (22:1-25). La fecha a la que se refieren los sucesos de esta profecía no es clara. Se puede referir al ataque contra Jerusalén por parte de los babilonios poco antes de su caída y de la deportación de la mayoría de su población en 586 a.C. Sin embargo, también es posible que se refiera a un asedio anterior contra Jerusalén montado por Senaquerib en 701 a.C. Al asedio posterior se hace referencia de forma explícita en varios puntos más adelante en esta obra, y es posible que este pasaje indique con antelación estas secciones posteriores. No obstante, la profecía también se pudiera ver como pronosticando la devastación de Jerusalén por parte de Babilonia en el período de 588-586 a.C., al inicio durante el asedio y luego durante la ocupación y destrucción de la ciudad. El que lee esta sección debe leer cada profecía con cuidado, notando el tema fundamental que subyace en todas: al fin, solo el SEÑOR triunfará, y las naciones pasarán al polvo de la historia. La estructura de las secciones es como sigue: 13:1-14:23 Babilonia 14:24-32 Asiria y Filistea 15:1-16:14 Moab 17:1-14 Siria e Israel 18:1-20:5 Etiopía (también conocida como Cus) y Egipto 21:1-10 Babilonia 21:11-17 Edom y Arabia

22:1-25 Profecía con respecto a Jerusalén 23:1-18 Tiro Luego es afirmado el tema básico de la victoria última del SEÑOR sobre todas las potencias terrenales y espirituales en la siguiente sección, a la cual ahora podemos pasar. ISAÍAS 24:1-27:13 LA VICTORIA FINAL DEL SEÑOR

24:1-25:12 Él SEÑOR devasta la tierra. La sección empieza (24:1-23) con una revisión de la victoria total que el SEÑOR obtendrá sobre toda fuerza que se le opone, tanto en el cielo arriba como en la tierra abajo (24:21-23). El castigo es universal, y nadie puede esperar que escapará. Sin embargo, este castigo traerá liberación para el pueblo de Dios, que ha estado sujeto a la opresión de las fuerzas cuya ruina extensa y total se acaba de predecir. Isaías puede ver el júbilo y deleite que estos grandes sucesos darán (25:112). El pueblo de Dios al final hallará que su confianza en el SEÑOR ha quedado por completo vindicada. 26:1-27:13 Un canto de alabanza y liberación de Israel. Un canto de alabanza, que se cantará en ese día, describe la fe de Israel como una ciudad fortificada, que por la fidelidad del SEÑOR puede resistir todo asalto que se lanza contra ella. Israel será liberado de todos sus conflictos y sufrimientos, y puede descansar seguro de que el SEÑOR le cuidará y salvaguardará su futuro (26:1-21). En un acto de expiación se purgará al pueblo de Dios de toda culpa. Esta expiación es casi en realidad el período venidero del exilio, que se ve como la manera de Dios de castigar al culpable y purgar de su pueblo la mancha del pecado (27:1-13). Todas las prácticas y creencias paganas al final serán eliminadas del pueblo de Dios. Como se ve con claridad en la sección que sigue, Jerusalén necesitaba profunda y exactamente esa clase de purga. ISAÍAS 28:1-35:10 CASTIGO CONTRA JERUSALÉN

28:1-30:33 Ay de la ciudad de David. La siguiente sección empieza con una declaración evidente (28:1-29:24) de que el SEÑOR castigará la incredulidad de su pueblo. La vida religiosa de Jerusalén se ha envilecido

por completo, incluso al punto de que sus sacerdotes y profetas se tambalean borrachos por haber bebido demasiado vino y licor (28:7-8). Si Jerusalén no oye la palabra del SEÑOR en su propio idioma, tendrán que escuchar lengua extranjera (28:11-13); lo que es una clara referencia a la venida de los asirios y a la amenaza de la deportación. El hecho de que Jerusalén es la propia ciudad de David no excusa la degeneración dentro de sus murallas, y no la salvará del juicio que; se avecina (29:1-10). Este mensaje de condenación continúa (30:1-33) describiendo la desdicha que le espera a Jerusalén debido a su desobediencia. Con todo, una promesa de restauración suaviza esta profecía de juicio (30:19-26). 31:1-9 Ay de los que se apoyan en Egipto. Conforme lo indica de forma evidente la sección que sigue, Isaías insiste en que Israel debe confiar en el SEÑOR, y no en su propia fuerza ni en alianzas con naciones extranjeras. El interés de Isaías se enfoca en particular en Egipto, que muchos han visto como la única fuente de ayuda contra la amenaza asiria en esta etapa. El punto de Isaías está claro: «Los egipcios, en cambio, son hombres y no dioses; sus caballos son carne y no espíritu» (31:3). La esperanza y seguridad final de Jerusalén no está en las potencias extranjeras, sino en la obediencia y confianza en el SEÑOR. Al fin, declara Isaías, Asiria caerá; pero caerá ante una espada que en última instancia no es mortal (31:8), una clara referencia a la acción de Dios para liberar a su pueblo. 32:1-35:6 El reino de justicia; gozo de los redimidos. A esto le sigue (32:1-33:24) la promesa de un rey futuro que reinará en paz y justicia en Jerusalén. Este reino irá acompañado del derramamiento del Espíritu Santo (32:15). La profecía también incluye un mensaje de castigo dirigido contra un «destructor» (33:1-9), al que tal vez se le debe identificar con Asiria. Luego viene (34:1-17) un oráculo de juicio contra Edom, y una profecía de salvación para los restaurados a Jerusalén (35:1-10). Esta profecía final mira hacia adelante al día cuando toda la naturaleza se regocijará con la entrada a Sión del pueblo redimido del SEÑOR. La profecía incluye la mención de varias señales de la edad mesiánica (35:5-6), que el Nuevo Testamento indica como cumplidas en el ministerio de Jesucristo (por ej., Mt 12:22). ISAÍAS 36:1-39:8 JERUSALÉN Y EL ASEDIO DE SENAQUERIB

La profecía ahora da paso a la historia, y se nos indican los sucesos que tuvieron lugar durante el reinado de Ezequías. Esta sección, que también se

puede hallar en una versión similar en 2R 18:13-20:19, explica la crisis política en que se desarrolla parte del ministerio de Isaías. La ocasión es un ataque mayor montado por el rey asirio Senaquerib contra varias de las ciudades de Judá. El trasfondo de este acontecimiento es importante, y es preciso explicarlo un poco más. El rey asirio Salmanasar V invadió Samaría, la capital del reino del norte, en 725 a.C., y la sitió por tres años. Cuando la lucha terminó, una cantidad sustancial de la población de la región fue deportada a regiones muy adentro del imperio asirio. El reino del norte, Israel, dejó de. existir como nación por derecho propio. Poco después de esta catástrofe, se abrió una nueva era en la historia de Judá con el reinado de Ezequías en 729 a.C. Reinando al inicio junto con su padre Acaz, Ezequías asumió el control completo en 715. Después de haber conquistado a Israel, el rey asirio Senaquerib, que sucedió a Salmanasar, dirigió su atención a la región del sur, Judá. Al hacer esto, decidió atacar Jerusalén. Es este el desarrollo que conforma el trasfondo de esta sección de Isaías. 36:1-37:20 Senaquerib amenaza a Jerusalén; Ezequías ora. Está claro que los asirios se proponían tomar Jerusalén de la manera más sencilla posible. Inicialmente, los asirios trataron de usar la persuasión verbal. Hablando en hebreo (que los habitantes regulares de Jerusalén entendían) antes que en arameo (la lengua internacional de la diplomacia, que no la entendía el pueblo regular), los asirios le dicen a Ezequías que no tiene esperanza a menos que se rinda. Es evidente que esperan provocar una presión popular contra la intención del rey de resistirles. Sin embargo, Ezequías insiste en poner su confianza en el SEÑOR. Los asirios se mofan de esto. Ningún dios jamás ha podido salvar de ellos a alguna ciudad (36:4-22). Ezequías se preocupa, y ora pidiendo dirección (37:1-20). 37:21-28 Caída de Senaquerib. Isaías insta a Ezequías a que resista a los asirios, y proclama una profecía detallada contra Senaquerib, prediciendo su caída (37:21-35). Esa misma noche un desastre cae sobre el ejército asirio acampado. Conmocionado de forma severa, Senaquerib se retira a Nínive, en donde más adelante muere a mano de sus hijos (37:36-38). La profecía se cumple. 38:1-39:8 Enfermedad de Ezequías; enviados de Babilonia. Sufriendo de una enfermedad al parecer fatal, Ezequías recibe un estímulo adicional y otra reafirmación del SEÑOR por medio de Isaías (38:1-22). Ezequías parece que se sale de los límites de la precaución en sus tratos con algunos enviados de Babilonia. En un tiempo cuando los horizontes del mundo los domina Asiria, Ezequías se muestra irrazonablemente positivo hacia los

babilonios (39:1-4). Como resultado, Isaías profetiza la caída futura de Jerusalén ante los babilonios (39:5-7). Ezequías ve estos eventos muy distantes en el futuro. Parece no darse cuenta de que sus propias equivocaciones contribuirán al castigo y purificación de su pueblo mediante el exilio en Babilonia. ISAÍAS 40:1-55:13 PROFECÍAS DE RESTAURACIÓN DEL EXILIO EN BABILONIA

La situación ahora cambia de forma radical. Las lúgubres profecías del exilio venidero se han cumplido. Jerusalén se halla en el exilio en Babilonia. Las grandes profecías de restauración que se encuentran en esta nueva sección pueden ser la obra de un profeta activo durante el exilio, y que habla directamente a la comunidad exiliada. Otra alternativa es que pueden ser las palabras de un profeta anterior, que predice tanto el exilio como la restauración subsiguiente. Algunos estudiosos piensan que estamos frente a un nuevo escritor en este punto, que dice las palabras del SEÑOR de consuelo y esperanza a una comunidad en el extranjero, cuyo exilio estaba a punto de terminar por la gracia de Dios. Si este es el caso, estamos hablando de un «segundo Isaías», que hay que distinguir del profeta que sirvió antes durante el reinado de Ezequías. El exilio de los pobladores de Jerusalén empezó en 586 a.C. y terminó casi cincuenta años más tarde en 538 a.C., cuando volvió a Jerusalén el primer grupo de exiliados, suceso que se describe en los primeros capítulos del libro de Esdras. 40:1-41:29 Consuelo para el pueblo de Dios. La nueva visión de esperanza empieza con palabras de consuelo (40:1-2). El tiempo del exilio de Jerusalén se ha acabado. Ya ha pagado por su pecado. Es libre de volver a su tierra. El profeta ve al SEÑOR marchando delante de su pueblo que vuelve, abriendo camino en el desierto para que el pueblo del SEÑOR lo recorra al regresar (40:3-5). Todos los obstáculos en su camino serán barridos, mientras que el SEÑOR guía a su pueblo a su hogar. Se proclama la fragilidad del poder humano, evidente en el colapso venidero del poder de Babilonia. Solo la palabra del SEÑOR permanece para siempre. Todo lo demás se desvanece (40:6-8). El profeta ahora relata su gloriosa visión del SEÑOR volviendo en triunfo a su propia ciudad de Jerusalén, y el entusiasmo que este regreso traerá a sus habitantes (40:9-11). El SEÑOR actuará como pastor, reuniendo a su cansado

rebaño y llevándolo a su hogar. El profeta reflexiona en la grandeza de Dios (40:12-26). Nadie puede rivalizar con él. Jerusalén puede descansar segura de que su Dios está por encima de toda comparación. Así que, él pregunta: ¿por qué Jerusalén piensa que el SEÑOR se ha olvidado de ella? (40:27-31). El mundo entero verá este gran acto de liberación, y apreciará la grandeza del Dios de Israel. ¡Ningún ídolo jamás logró la redención de esta manera! No hay otro Redentor (41:1-29). 42:1-25 El Siervo del SEÑOR; canto de alabanza al SEÑOR. La atención del profeta ahora se vuelve a la figura del «Siervo del SEÑOR», que poseerá el Espíritu de Dios y hará justicia a las naciones (42:1-4). En capítulos posteriores se dará más detalles en cuanto a este Siervo. El profeta ahora vuelve a su tema de la grandeza del SEÑOR, y de la maravillosa naturaleza de la redención que pronto vendrá al pueblo exiliado de Jerusalén (42:5-25). 43:1-44:28 El único Salvador de Israel; Israel como nación escogida. La siguiente sección recalca que el SEÑOR es el Redentor y Salvador de Israel. No hay otro salvador aparte del SEÑOR (43:1-28). Este punto es en especial importante con relación al Nuevo Testamento, que sin vacilación declara que Jesucristo es el Salvador del mundo; y con pleno conocimiento de que solo Dios es Salvador. Como Dios, Jesucristo en realidad es el verdadero Salvador del mundo. Junto con el tema de la redención hallamos el de la elección. Dios ha escogido a Israel como su pueblo (44:1-8). A esto le sigue una penetrante crítica de la idolatría (44:9-20). ¿Cómo se puede tomar en serio a los ídolos, cuando el mismo pedazo de madera se puede usar tanto para hacer un ídolo para adorar, como para hacer una fogata para calentarse? Esto es demasiado ridículo para que se tome en serio. Y Jerusalén debe recordar que es el SEÑOR, y no algún ídolo, el que ha hecho todas estas grandes cosas por ella (44:21-28). Así que, ¿cómo se va a lograr este gran acto de liberación? Antes ya vimos que Asiria fue la vara del castigo del SEÑOR contra Israel. En otras palabras, Asiria fue la agencia humana por la que se castigó a Jerusalén por su desobediencia. Y puesto que excedió su autoridad (nótese cómo se dice que Jerusalén ha sufrido el doble de lo necesario: 40:2), Asiría misma ahora debe ser humillada. 45:1-48:22 Caída de Babilonia e Israel libertado. Ahora se nos presenta a la agencia humana por la que esta humillación tendrá lugar: Ciro el grande, rey de Persia (559-530 a.C.), que conquistó Babilonia en 539 a.C. El SEÑOR ha escogido y ungido a Ciro para derribar a Asiria y libertar a su pueblo (45:1-7).

El profeta reflexiona en la alegría y deleite que esta liberación traerá al pueblo de Dios que espera con paciencia (45:8-25). A todos los dioses de las naciones se les mostrará por lo que en realidad son. Los dioses de Babilonia han resultado impotentes para impedir la caída de su ciudad e imperio. Pero el SEÑOR conducirá a su pueblo a su tierra en triunfo (46:1-13). La caída de Babilonia será tan espectacular como segura (47:1-15). El cautiverio de Jerusalén no fue resultado de debilidad alguna de parte del SEÑOR; se debió a la obstinación de Israel, que exigió que se le castigara y refinara (48:1-22). 49:1-7 El Siervo del SEÑOR. Ahora aprendemos más en cuanto al «Siervo del SEÑOR» que viene (49:1-7). Este Siervo, que el SEÑOR mismo ha escogido, realizará la misión de Israel en donde Israel mismo fracasó. Es evidente que el Siervo es una figura mesiánica, con la misión de restaurar al pueblo de Dios. También será «una luz para las naciones», y por medio de él la salvación llegará hasta los confines de la tierra (49:6). Simeón vio esta profecía asombrosa como habiéndose cumplido en Jesucristo (Lc 2:32). 49:8-26 Restauración de Israel. Entonces se explora con algún detalle el tema de la restauración de Israel, cuando el profeta ve de antemano el gran gozo que estas noticias darán al pueblo de Dios, y la consternación que causarán a sus enemigos. El pasaje también usa una ilustración muy poderosa y conmovedora para recalcar el amor del SEÑOR por su pueblo. Así como una madre jamás puede olvidarse del infante al que dio a luz y amamantó con su pecho, así el SEÑOR jamás puede olvidar a su pueblo, el pueblo que él hizo y ama (49:15-16). Luego se explica más este tema. 50:1-52:12 Obediencia del Siervo; salvación eterna de Sión. El exilio en Babilonia no quería decir que Dios había abandonado a su pueblo, roto su vínculo de pacto con ellos (proceso que se compara con un divorcio), o que los había vendido a otro. Ellos siguen siendo su pueblo (50:1-3), que él redimirá y llevará a su propio hogar. Entonces se nos dice más en cuanto al «Siervo del SEÑOR» (50:4-9). En este tercero de los cuatro «cantos del Siervo» (como se conoce por lo general a los pasajes en cuestión), aprendemos que se burlarán de él y lo menospreciarán. Este tema se desarrollará de forma más completa en el cuarto «canto del Siervo», que aparece poco después de este pasaje. Mientras tanto, los pensamientos del profeta vuelven al gozo que el retorno a sus casas dará a la comunidad exiliada de Jerusalén, y el efecto que esto tendrá en los que antes los atormentaron (50:10-51:23). Este tema luego se intensifica, conforme el profeta se imagina el placer abrumador que los acontecimientos venideros darán a Jerusalén (52:1-12).

Se verá al SEÑOR en toda su fuerza y poder. Los centinelas de Jerusalén oirán a los portadores de las buenas noticias de la liberación de la ciudad, y gritarán de alegría por lo que escucharán (52:7-10). Tal vez nunca esperaban oír tales noticias gozosas en su vida. Quizá nunca esperaron que el pueblo exiliado de Jerusalén volviera. Sin embargo, de repente un buen día lo notan: ¡Están volviendo a su tierra! (Esta misma ilustración se usa en Nahúm 1:15, en la visión del profeta del gran regocijo que acompañará a la caída de la ciudad de Nínive). 52:13-53:12 Sufrimiento y gloria del Siervo. Ahora llegamos al cuarto «canto del Siervo», que por lo general se considera como uno de los pasajes más importantes de la profecía del Antiguo Testamento en cuanto a Jesucristo. Empieza describiendo la transformación total de la manera en que en la gente ve a este Siervo. En un tiempo fue menospreciado, teniendo una apariencia desfigurada. No obstante, ahora se le ve completamente bajo una nueva luz. Algo ha sucedido para que se cambie la manera en que se lo ve (52:13-15). Así que, ¿de qué se trata todo esto? ¿Quién es este Siervo desfigurado y menospreciado? Entonces se proveen los detalles completos (53:1-12). El lector debe leer esta porción con lentitud, y saborear la manera poderosa en que este pasaje de lo más conmovedor halla su cumplimiento en el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesucristo. El Siervo es alguien que no posee belleza física. Otros lo despreciaron y rechazaron. Él sabía lo que es sufrir. Sin embargo, no sufrió por sí mismo; llevó el sufrimiento y dolor de otros. Fue traspasado (tal como el cuerpo de Cristo fue atravesado por los clavos en la cruz) por el pecado de otros. Sus heridas dieron sanidad a otros. Todos los demás habían perdido el camino. No obstante, el SEÑOR puso sobre este Siervo la iniquidad de la raza humana. El Siervo sufre por otros, y lleva sus iniquidades o pecados. Aunque él fue justo, con todo fue «contado entre los transgresores». Es de máxima importancia que Jesucristo fuera crucificado entre los criminales (Lc 22:37; 23:32-33). ¿Podría haber alguna demostración más poderosa que el hecho de que él, en cumplimiento de esta profecía, fue «contado entre los transgresores»? Él llevó el pecado de ellos, y el nuestro. El Siervo incluso oró por los que pecaron, tal como Jesucristo al morir en la cruz oró por los que estaban crucificándolo (Lc 23:34). 54:1-55:13 Gloria futura de Sión. La profecía ahora avanza, para detenerse una vez más en la maravillosa reunión venidera entre Dios y su pueblo (54:1-17), y en la confiabilidad de la palabra de Dios. Al haber prometido que esto va a suceder, el SEÑOR lo realizará (55:9-11). Esta maravillosa profecía de restauración se cumplirá pronto, demostrando la

fidelidad del SEÑOR a su palabra, y animando a los creyentes a tomar las promesas de Dios más en serio y como dignas de confianza. ISAÍAS 56:1-66:24 VISIÓN DE LA COMUNIDAD RESTAURADA

La profecía ahora cambia ligeramente de tono. Las grandes profecías de la venida de la restauración llegan a su fin. En su lugar hallamos una serie de predicciones que establecen una visión para el futuro de la comunidad restaurada describiendo su papel en los planes futuros del SEÑOR. 56:1-8 Salvación para otros. Esta nueva sección empieza describiendo el retorno de Babilonia en términos que sugieren que es una contraparte del éxodo de Egipto (56:1-8). El conjunto de regulaciones que se establecen es paralelo a las dadas a Israel después de que salió de su esclavitud en Egipto. Se hace énfasis en la necesidad de que Jerusalén mantenga la fidelidad a su pacto con el SEÑOR a fin de que se beneficie por entero de sus bendiciones. No es solo Jerusalén la que se beneficiará del SEÑOR. Él bendecirá a todas las naciones. El templo de Jerusalén será una casa de oración para todas las naciones, y no solo para Judá. Y así como el SEÑOR reunió a los exiliados de Israel, así él reunirá con ellos a otros pueblos (56:7-8). En otras palabras, Israel tiene una misión: llevar a las naciones el conocimiento del SEÑOR, a fin de que todos puedan hallar bendiciones en él. Sin embargo, como vemos en la historia de Israel en años posteriores, lo que sucedería sería justo lo contrario. Israel se volvería cada vez más exclusivista, considerando la Ley de Dios como una carta constitutiva de un privilegio nacional para los judíos, en lugar de como un manifiesto de gracia para el mundo. 56:9-57:21 Acusación de Dios contra los malos; consuelo para los contritos. La crítica del SEÑOR ahora se dirige de forma directa contra la perversidad de su pueblo, que lo ha abandonado por otros amantes. Por muy crítico que sea este pasaje, la esperanza de gracia se establece con firmeza (56:9-57:13). Los que son humildes y sinceramente contritos conocerán el consuelo de la gracia y el perdón del SEÑOR (57:14-21). 58:1-59:21 El verdadero ayuno, pecado, confesión y redención. Se recalca la importancia de la verdadera adoración, la obediencia, el arrepentimiento y la confesión por parte de Jerusalén. El pecado humano es una barrera para la bendición de Dios. Sin embargo, el SEÑOR permanecerá

fiel a su pacto, y proveerá tanto un Redentor para su pueblo como el don del Espíritu Santo. 60:1-22 La gloria de Sión. Sión (otro término para referirse a Jerusalén) recibirá gran honor y reverencia en todo el mundo debido a la grandeza de su Dios. La prosperidad material de su pueblo va aparejada con el consuelo de saber que el SEÑOR, el Dios de Israel, permanecerá con él para siempre (60:1-22). Israel atraerá a las naciones a sí misma, para que ellos puedan aprender de su Dios. Israel, por lo tanto, tiene una misión ante las naciones. 61:1-11 El año del favor del SEÑOR. Este tema se desarrolla más en un gran pasaje de profecía, el cual proclama «el año del favor del SEÑOR». La predicción habla de un personaje mesiánico, sobre el cual reposará el Espíritu del SEÑOR, y que ofrece liberación y salud a su pueblo. Jesucristo citó los versículos iniciales de esta gran profecía cuando predicó en la sinagoga de Nazaret (Lc 4:16-21); y en su ministerio se cumplieron las grandes señales y maravillas de que habla la misma. La profecía se concentra en especial en la restauración y reedificación de Jerusalén, tal vez teniendo en mente las situaciones de Esdras o Nehemías. Pero el pasaje tiene un significado mucho más amplio, apuntando a la aurora de una nueva era de consuelo y gozo para los que hasta aquí solo han conocido tristeza y desesperanza. Para el creyente, las referencias a Jesucristo son inequívocas. 62:1-63:6 El nuevo nombre de Sión. La profecía continúa con una gran visión de la grandeza futura de Sión (62:1-12), en la cual se reconocerá por todo el mundo como el lugar en el que moran los redimidos del SEÑOR. El SEÑOR recalca su total consagración a Jerusalén y a su pueblo. Sin embargo, esa consagración refleja sus intenciones tanto para la ciudad como para el pueblo. Ellos deben ser una luz que ilumine a las naciones y atraiga a la gente al SEÑOR SU Dios. El SEÑOR afirma que tratará con los enemigos de su pueblo, simbolizados por Edom, uno de los enemigos históricos tanto de Israel como de Judá (63:1-6). El SEÑOR se vengará contra los que oprimen a su pueblo, y nadie podrá resistirlo. 63:7-64:12 Alabanza y oración. El profeta entonces realiza un repaso glorioso de las grandes obras del SEÑOR en la historia, concentrándose en especial en la mañera en que el SEÑOR libró a su pueblo del cautiverio en Egipto. Solo él es el Dios de la historia. El pueblo se ve impulsado al arrepentimiento al darse cuenta de que no le han sido fieles (64:6-7). Su esperanza descansa solo en la bondad de la misericordia del SEÑOR, por la cual él se compadece de su pueblo que sufre.

65:1-25 Juicio y salvación; nuevos cielos y una nueva tierra. Continua la profecía de juicio contra los que se han olvidado del SEÑOR (65:1-12). Sin embargo, se afirma una vez más la promesa de restauración de los que permanecen fieles a él (65:13-16). Viene un tiempo cuando los fieles del SEÑOR conocerán la paz. Será un tiempo de renovación (65:17-19), en el cual la tranquilidad reinará en la tierra. La gente podrá construir casas y saber que vivirán en ellas. Podrá plantar viñedos, sabiendo que comerán de su fruto. El lobo y el cordero se acostarán juntos (65:20-25). Como sabe el creyente, esta gran visión de esperanza y estímulo halla su cumplimiento solo cuando el SEÑOR lleve la historia a su fin, y sus fieles descansen en la nueva Jerusalén (Ap 21:1-14). 66:1-24 Juicio y esperanza. Esta gran profecía llega a su fin con una visión final de restauración y esperanza. El SEÑOR ejecutará su juicio contra los que se le oponen y mostrará misericordia y compasión a los que confían en él y le obedecen. Vendrá un día cuando todos reconocerán al SEÑOR cómo Dios; incluyendo a las naciones del mundo. En esta nueva era los gentiles — los no judíos— serán escogidos para ser sacerdotes del SEÑOR. Así terminamos Isaías, con pleno conocimiento de que los fieles del SEÑOR han esperado durante el tiempo del antiguo pacto muchos de los grandes temas, promesas y privilegios del evangelio de Jesucristo. Los creyentes pueden regocijarse porque tienen el privilegio de ver muchas de estas grandes promesas y esperanzas llegando a su cumplimiento en y por medio de Cristo.

JEREMÍAS El libro del profeta Jeremías es el segundo en la serie de los cuatro «profetas mayores». Este no solo es el más largo de estos profetas mayores, sino que también es el libro más largo de toda la Biblia. Jeremías fue llamado a ser profeta en Jerusalén en el año 626 a.C. Él continuaría su ministerio durante el resto del reinado de Josías (que murió en batalla contra los egipcios en 609 a.C.), y durante los reinados de Joacaz (609), Joacim (609-598), Joaquín (598-597) y Sedequías (597-586 a.C.). Fueron años turbulentos. Al lector que desea saber más en cuanto a estos sucesos con algún detalle se le recomienda que lea la historia de los últimos días de Judá, según se presenta tanto en 2 Reyes como en 2 Crónicas. Esto le proveerá de una comprensión de los sucesos históricos que forman el trasfondo para el ministerio profético de Jeremías. La secuencia básica de acontecimientos durante el período del ministerio de Jeremías se puede resumir como sigue. Josías, que había promovido una serie de reformas religiosas que llevaron a una purificación y refinamiento de la vida religiosa de Judá, muere en 609, intentando oponerse a un avance egipcio que trata de dar ayuda a las fuerzas asirias que flaquean, y que están a punto de caer ante los ataques perseverantes de los babilonios y sus aliados, los medos. La capital de Asiria, Nínive, cae ante sus ejércitos en 612. Es solo cuestión de tiempo para que Babilonia se establezca como suprema en la región. La muerte de Josías es una especie de tragedia personal para Jeremías, puesto que se ve con claridad que el rey había mostrado simpatía tanto para el profeta como para su mensaje del SEÑOR. Los sucesores de Josías son consistentemente hostiles contra él, y a menudo desdeñan de modo franco su mensaje profético. En la escena internacional, el poder de Babilonia continúa creciendo. Los egipcios, el único poder de importancia que queda en la región, son derrotados por entero por los ejércitos babilonios en Carquemis en 605 a.C. Los egipcios se retiran para lamerse las heridas, y no desempeñan ningún papel de importancia en la política internacional durante el tiempo de Jeremías. En 605, durante el reinado de Joacim, los babilonios ponen asedio a Jerusalén y la subyugan por un tiempo. Después de más intranquilidad en

de la ciudad, los babilonios la atacan de nuevo en 598-597 a.C., llevándose a Joaquín, que había sucedido a un rey de un nombre similar en ese tiempo. Los babilonios nombran a Sedequías como rey, pero él se rebela contra Babilonia, quizá pensando que un nuevo faraón egipcio podría vencer al dominio de Babilonia en la región. Esto fue una equivocación desastrosa. Los babilonios atacan a Jerusalén en 588 a.C. y se apoderan por completo de la ciudad dos años más tarde. Nombran a Gedalías como gobernador. Jeremías se halla dentro del círculo del gobernador, que queda destrozado por el asesinato del rey poco tiempo después. El profeta busca refugio en Egipto, en donde se cree que murió. Según una tradición judía, que se refleja en Heb 11:37, lo lapidaron hasta la muerte mientras estaba exiliado en Egipto. En ocasiones es difícil seguir el argumento general del libro de Jeremías, debido a la forma en que el material está organizado dentro del libro. La obra no está organizada estrictamente en orden cronológico, lo que hace difícil seguir los sucesos de un reino a otro. Por esto, hay que prestar considerable atención para asegurarse de que los lectores aprecian la fecha aproximada y el contexto histórico de los pasajes claves, de modo que se pueda captar su plena significación. Por ejemplo, si se organizara en forma puramente cronológica, el capítulo 26 vendría entre 7:15 y 7:16, y el capítulo 45 entre 36:8 y 36:9. El libro es, de hecho, una colección compleja de documentos, que en ocasiones requiere alguna paciencia para poder seguirlo. Sin embargo, los resultados justificarán de manera incuestionable el esfuerzo que exige. JEREMÍAS 1:1-17 LLAMAMIENTO DE JEREMÍAS

El libro empieza con sucesos que tienen lugar en 626 a.C., el año trece del reinado de Josías, el gran rey reformador de Judá cuyo redescubrimiento del «libro de la ley» había conducido a una de las más grandes revoluciones religiosas en la historia de Judá (1:1-2). El llamamiento de Jeremías se describe en términos de la venida de la palabra del SEÑOR (1:2, 4). A Jeremías se le dice que Dios lo ha apartado y nombrado como profeta para las naciones. Dos visiones siguen una detrás de otra como parte del mismo llamamiento. Primero, Jeremías ve una rama de un almendro. La palabra hebrea para «almendro» es muy similar a la palabra para «vigilar», y lleva a la interpretación de esta visión en términos de la preocupación del SEÑOR por su pueblo (1:11-12).

Segundo, él ve una olla o caldero que hierve, que se inclina desde el norte. La palabra hebrea para «hervir» es muy similar a la que se usa para «será derramado», lo que lleva a que se interprete la visión como un desastre futuro que caerá desde el norte sobre Judá (1:13-14). A Jeremías se le pide que sea fiel al SEÑOR, a pesar de la gran oposición que enfrentará (1:17-19). La gran soledad y sentido de aislamiento que experimenta Jeremías durante su ministerio se indican aquí por su proclamación fiel de la palabra de Dios contra el pueblo de Judá que no desea oírla. JEREMÍAS 2:1-6:30 PRIMERAS PROFECÍAS DE JEREMÍAS

2:1-3:5 Israel se olvida de Dios. El primer conjunto de profecías de Jeremías proviene del reinado del mismo Josías. El mensaje básico es tan sencillo como incómodo para los habitantes de Judá. Judá se ha alejado del SEÑOR. Como resultado, Dios castigará y refinará a su pueblo mediante una invasión extranjera. La profecía empieza rememorando la íntima relación que existía entre Dios y su pueblo en un período anterior. Pero algo ha salido mal. Jeremías reprocha a su propio pueblo por abandonar al SEÑOR sin ninguna buena causa, y por afirmar su propia independencia. Se han olvidado del SEÑOR y han hecho lo que les place (2:1-30). Pero, ¿qué ha hecho el SEÑOR para merecer esto? ¿Qué es lo que él no ha llevado a cabo por su pueblo? ¿Por qué Israel se ha olvidado de su Dios? Israel se ha comportado como una prostituta (2:31-3:5). 3:6-4:4 Israel infiel. Una sección sustancial ahora trata de detalles específicos de la infidelidad de Judá. Judá ha llegado a ser como su hermana Israel, el reino del norte que Asiría exterminó debido a su apostasía y desobediencia. Judá se ha olvidado del SEÑOR. La ilustración de la prostitución y el adulterio se usa extensamente para destacar el alcance completo de la infidelidad de Judá al Dios fiel. El SEÑOR le suplica que vuelva a él arrepentida, porque será recibida con gusto de nuevo (3:21-4:4). 4:5-6:30 Desastre desde el norte. Si Israel no se arrepiente y vuelve, sufrirá un desastre desde el norte. Incluso ahora un poderoso ejército ya está avanzando, decidido a desolar la tierra y las ciudades de Judá (4:5-31). No obstante, Jerusalén está llena de gente perversa y llena de engaño, que ha rechazado al SEÑOR. Como resultado, una nación distante los aplastará. Sin embargo, incluso frente a esta amenaza, Jeremías sabe que no lo oirán. Él pueblo prefiere ignorar a Dios antes de enfrentar la verdad de lo que está sucediendo (5:1-31).

Esta sección termina con una visión profética de Jerusalén bajo el asedio de un agresor del norte, y del SEÑOR instando a los que la asedian mientras castigan a su pueblo desobediente (6:1-30). La ilustración del SEÑOR animando a los que tratan de destruir a Judá habría sido profundamente perturbadora para su público, que se imaginaba que tenía una situación de privilegio especial a la vista del SEÑOR, lo cual de alguna manera los eximía de los requisitos de fe y obediencia a él. JEREMÍAS 7:1-35:19 MÁS JUICIO CONTRA JUDÁ

7:1-29 Falsa religión inútil. La profecía de Jeremías continúa con una crítica incisiva de la vida religiosa de Judá. El primer conjunto de predicciones se concentra en el templo, el gran foco de la vida religiosa del pueblo (7:1-10:25). La palabra del SEÑOR viene a Jeremías, diciéndole que profetice en la puerta del templo de Salomón (7:1-2). El tema básico de sus profecías del templo se puede resumir así. Jerusalén no puede confiar en el templo para su salvación y favor continuo a la vista de Dios. El tabernáculo había sido levantado en Silo en el tiempo de la conquista de Canaán. Sin embargo, la presencia del tabernáculo no evitó que los filisteos vencieran a Silo. La casa del SEÑOR se ha convertido en nada más que una cueva de ladrones (7:11); tema al cual Jesús volverá en su ministerio en Jerusalén durante la semana final de su vida (Mt 21:13). 7:30-9:26 El valle de la Matanza; pecado y castigo. Jeremías expone de manera implacable la profunda infiltración del paganismo en la vida religiosa de Judá. En el templo se han colocado ídolos paganos. Se han restablecido los altares paganos. Incluso se ha introducido la práctica pagana del sacrificio de niños (7:30-34). El SEÑOR no tolerará este estado de cosas, y traerá el castigo para su pueblo rebelde y desobediente. Sin embargo, el pueblo parece no darse cuenta de lo serio de la situación. Fingen que sus heridas no son graves, cuando en realidad son fatales. Hablan de paz, cuando no hay paz ninguna (8:11). Jeremías no se complace en su propia denuncia profética de su pueblo. Se horroriza por la extensión del pecado de ellos y del castigo que es su recompensa inevitable y justa. Se conmueve profundamente por el estado de su pueblo (8:21-9:6). Un tiempo de refinamiento y purificación debe seguir, en el cual se quitará de Judá la escoria del paganismo y del pecado (9:7-9). La devastación será terrible. En una serie de ilustraciones

contundentes e incisivas, Jeremías muestra la carnicería que resultará cuando Jerusalén sea desolada (9:17-26). 10:1-25 Dios y los ídolos. La caída de Jerusalén en idolatría es inútil y no tiene sentido alguno. Los ídolos no pueden salvar a nadie; ni tampoco crearon el mundo. Así que, ¿por qué confiar en ellos? Al abandonar al SEÑOR, Jerusalén ha acarreado castigo sobre su cabeza. Una tempestad se cierne desde el norte, que a la larga arruinará a las ciudades de Judá y las dejará como montones de ruinas, pobladas solo por chacales que merodean. 11:1-17 Ruptura del pacto. El estilo de escritura ahora se altera. La prosa puede reemplazar a la poesía, pero el mensaje sigue siendo el mismo. Judá ha roto su pacto con el SEÑOR, y en consecuencia ella misma será quebrantada. Este pasaje recalca la condicionalidad del pacto. El SEÑOR seguirá siendo fiel a su pueblo; no obstante, el pueblo debe también serle fiel; algo que ellos conspicuamente no han hecho en el pasado (11:1-17). Por su caída en el paganismo el pueblo de Judá ha provocado la ira justa del SEÑOR.

11:18-13:27 Complot contra Jeremías; su queja y la respuesta de Dios. En este punto se nos dice una vez más el costo personal para Jeremías de su ministerio de juicio en nombre del SEÑOR. Se nos relata un atentado contra su vida (11:18-23), y el aturdimiento del profeta por los sucesos que tienen lugar a su alrededor (12:1-4). Sin embargo, el SEÑOR le asegura de nuevo a Jeremías que no hay alternativa: Judá ha pecado de forma grave, y sufrirá el desastre como resultado (12:5-17). Si continúa comportándose de esta manera, el SEÑOR mismo la desarraigará, abandonará y olvidará. A Jeremías entonces se le da una señal, en la forma de un cinturón de lino que al inicio era nuevo y no obstante se ha podrido (13:1-11). De la misma manera, el pueblo de Dios ha perdido su limpieza inicial a la vista de Dios, y ha quedado sucio y manchado por el pecado. De nuevo, Jeremías proclama la venida del castigo desde el norte (13:20), trayendo consigo devastación y destrucción. 14:1-15:21 Sequía, hambruna, espada. La profecía entonces cambia un poco en su tono, y se enfoca en lo que evidentemente fue una severa sequía en la tierra (14:1-15:9). Jeremías ve en esto otra confirmación de la ira del SEÑOR contra su pueblo. A los falsos profetas que hablan de paz duradera en la tierra, Jeremías les da una severa reprensión en nombre del SEÑOR: no habrá paz, sino solo destrucción, hambruna y plaga. El escape de esta destrucción ordenada es por completo imposible. Jeremías se angustia por este pensamiento, como se puede ver por su «confesión» que sigue (15:1021), en la que admite su dolor personal. Sin embargo, el SEÑOR le asegura a

Jeremías su presencia y respaldo, mientras el profeta trata de ser fiel a su llamamiento y no decir las palabras apaciguadoras y consoladoras que el pueblo quiere oír. 16:1-17:18 Día del desastre. El SEÑOR le da a Jeremías un tétrico mensaje de castigo, dominado por el tema del desastre. Aunque en esta profecía de ruina se pueden discernir momentos de consuelo, su tema dominante es el de la angustia y destrucción que se avecinan. Judá será desterrada de su tierra, y colocada en tierra extranjera (16:13). Si Judá se ha olvidado del SEÑOR, entonces el SEÑOR es perfectamente libre de olvidarse de Judá. Sin embargo, inclusive mientras se hace sonar esta nota sombría del exilio futuro, junto con ella se da una promesa de restauración (16:14-15). Así como el SEÑOR sacó de Egipto a su pueblo, de la misma forma él los reunirá de los lugares de exilio y destierro. 17:19-19:15 En casa del alfarero. Después de una breve sección que reitera la importancia de guardar el sabat como señal del pacto entre el SEÑOR y su pueblo (17:19-27), llegamos a lo que es tal vez la más famosa serie de incidentes en el ministerio de Jeremías. Por orden del SEÑOR, Jeremías visita la casa de un alfarero y le observa trabajar. El primero de los incidentes, y el más conocido, se concentra en la manera en que el alfarero vuelve a moldear su barro. Insatisfecho con el primer intento de hacer uña vasija, rompe el barro y lo vuelve a moldear, hasta que al final queda contento con el resultado. En esta acción Jeremías ve una parábola de los tratos de Dios con su pueblo. Tal como el alfarero está en libertad de hacer lo que le place con su barro, así el SEÑOR está de igual forma en libertad de romper y volver a moldear al pueblo de Judá (18:1-17). Mientras tanto, Jeremías enfrenta una hostilidad y una crítica crecientes, que por cierto siente muy hondo (18:18-23). No obstante, permanece fiel a su comisión de proclamar la palabra del SEÑOR. Él siguiente episodio gira de nuevo alrededor de una visita a la casa del alfarero, esta vez para comprar una vasija de barro. Se le ordena que rompa la vasija en público, como señal de la manera en que el SEÑOR destrozará á su pueblo por su desobediencia. Tanto Judá como Jerusalén serán destrozadas debido al paganismo de su pueblo (19:1-15). 20:1-18 Jeremías y Pasur; queja de Jeremías. Esta acción irrita a uno de los sacerdotes, quien logra que Jeremías sea azotado y humillado (20:1-6). Aunque Jeremías profetiza que su atacante va a sufrir el exilio en Babilonia, no se amilana por la experiencia. En un pasaje que revela un gran cuestionamiento propio e incertidumbre (20:7-18), Jeremías habla de su

profundo sentimiento de que el SEÑOR lo ha engañado. Sus profecías no le han traído nada que no sea ridículo y ruina. Sin embargo, sabe que no puede permanecer en silencio. Debe proclamar la palabra del SEÑOR, sabiendo que esta es la voluntad de Dios. No obstante, todo el proceso le ha hecho tan desdichado que desea nunca haber nacido. 21:1-14 Dios rechaza la petición de Sedequías. Aquí empieza una nueva sección. Mucho del material previo ha tenido que ver con el reino de Josías. El nuevo material ahora avanza de modo abrupto para tratar con los sucesos del reinado de Sedequías, el último rey de Judá. Los babilonios nombraron a Sedequías como gobernante en Jerusalén. Ahora él, tal vez interpretando de manera equivocada el clima político y militar, piensa que ha llegado el tiempo de rebelarse contra Babilonia. Esto resulta ser un juicio desastroso de parte suya. La situación que se describe en este pasaje sugiere que su fecha es de alrededor de 588 a.C., cuando los babilonios pusieron sitio a Jerusalén en respuesta a la rebelión de Sedequías. Sedequías le pide a Jeremías una respuesta favorable del SEÑOR ante esta situación de emergencia. Pero Jeremías no quiere tener parte en el asunto. El SEÑOR usará a los babilonios para castigar a Jerusalén por su desobediencia y rebelión. La resistencia solo conducirá a la muerte. La sumisión al exilio en Babilonia conducirá a la vida. Jerusalén quedará en ruinas. 22:1-23:8 Juicio contra reyes malvados; el vástago justo. Jeremías predice que futuros viajeros pasarán por las ruinas de la ciudad, hablando de la desobediencia de su pueblo y de la respuesta de su Dios a estas cosas (22:1-9). La profecía de Jeremías condena tanto a los reyes presentes como pasados de Judá por sus fracasos (22:10-30). Una nota de esperanza se hace sonar en medio de esta profecía implacable de ruina. Quedará un remanente, y surgirá un nuevo rey del linaje de David, el cual redimirá a su pueblo (23:3-8). Este pasaje alcanza su cumplimiento final en Jesucristo. 23:9-24:10 Dos canastas de fruta. Después de un mensaje poderoso denunciando a los falsos profetas, que solo le dicen a la gente lo que quiere oír (23:9-40), llegamos a otra visión profética. Esta vez la visión tiene que ver con dos canastas de higos, una que contiene buen fruto y la otra fruta podrida. Jeremías interpreta la primera como un símbolo del pueblo de Jerusalén que ha sido llevado al exilio en Babilonia, y la última como Sedequías y su corte, los cuales se quedan en Jerusalén. La primera un día regresará a su ciudad natal; pero la última no tendrá más lugar en los propósitos de Dios (24:1-10).

25:1-14 Setenta años de cautiverio. Jerusalén debe enfrentar setenta años de exilio en Babilonia, después de los cuales el SEÑOR castigará a Babilonia a su vez, y libertará a su pueblo. Babilonia, que ha esclavizado a tantas naciones, a su vez será esclavizada por otras. El período de setenta años se puede considerar como principiando con las limitadas deportaciones de 605 a.C., y terminando con el primer retomo de los exiliados en 538 a.C. 25:15-26:24 La copa de la ira; Jeremías amenazado de muerte. Luego viene otra visión, en la que Jeremías ve la copa de la ira de Dios. Las naciones beben de ella, y andan a tropezones. Mientras están borrachas, morirán por la espada (25:15-38). Se avecina una tormenta que barrerá a las naciones, una clara referencia a los avances de los babilonios. Jeremías una vez más enfrenta amenazas como resultado de la naturaleza implacablemente negativa de su profecía. Estas amenazas vienen de los niveles más altos, y es evidente que Jeremías está en serio peligro de que lo maten (26:1-24). La amenaza se contrarresta, pero es obvio que las palabras de Jeremías no hallan ni favor ni atención en los niveles más altos de Jerusalén. Los falsos profetas (incluyendo a Jananías y Semaías, a los que conoceremos en breve), que proclaman que Jerusalén será liberada de Babilonia y disfrutará de un período de paz, tienen la atención del rey. ¿Tal vez el SEÑOR quiere que Jerusalén se rebele contra Babilonia y recupere su libertad? 27:1-22 Judá debe servir a Nabucodonosor. Las predicciones que siguen indican con claridad que Jeremías tiene conocimiento de estas falsas profecías, y del ficticio e injustificado sentido de seguridad que dan a la corte real. Jerusalén se verá obligada a someterse a Babilonia. No hay alternativa. El exilio es el castigo que Dios le aplica a Jerusalén. La única esperanza del pueblo está en aceptar lo que Dios ha ordenado para ellos, con el conocimiento de que a la larga eso resultará en su restauración. 28:1-17 El falso profeta Jananías. Los falsos profetas no quieren saber nada de esto. Ahora se menciona en específico a uno de ellos: Jananías declara que el SEÑOR pronto romperá el poder de Babilonia y restaurará todos los artículos del templo que se habían llevado los babilonios. Jeremías, que lleva en su cuello una yunta como símbolo de la necesidad de someterse a Babilonia, se opone a la profecía de Jananías, para intenso disgusto de este último. Jananías rompe la yunta de Jeremías como protesta; sin embargo, Jeremías gana de forma evidente la discusión. Antes de dos meses, el falso profeta ha muerto. 29:1-31:40 Una carta a los exiliados. Jeremías entonces les escribe a los exiliados en Babilonia, animándoles a que se establezcan, compren tierras y

casas, y se casen. Su exilio será largo (29:1-23). Esto contradice en verdad las expresiones optimistas de los falsos profetas, incluyendo a Semaías. Aunque no se nos dice la naturaleza precisa de su profecía, sabemos que Semaías ha aducido de modo falso ser profeta, tratando de desacreditar a Jeremías (29:24-32). Israel en efecto será restaurada del exilio y el SEÑOR establecerá un nuevo pacto con ellos (30:1-31:40), pero todavía no. Tiene que haber un tiempo de purificación y refinamiento. 32:1-44 Jeremías compra un terreno. Para demostrar la convicción que Dios le ha dado de que el SEÑOR en verdad restaurará a su pueblo a Jerusalén, Jeremías compra un lote de tierra en su ciudad natal de Anatot. Para los que lo observaban aturdidos y curiosos, esto debe haber parecido absurdo. ¿Por qué comprar un terreno cuando los babilonios están a punto de capturar a Jerusalén? Sin embargo, la convicción de Jeremías sigue firme: aunque el exilio se acerca rápido, debido al pecado de Judá, algún día el pueblo volverá a poseer tierras en su propia nación. 33:1-35:19 Promesa de restauración; advertencia a Sedequías. La restauración vendrá después del exilio (33:1-26). Se repite la profecía mesiánica de 23:5-6, para subrayar la confiabilidad de lo que se ha dicho (33:15-16). El pacto será restaurado y renovado. Esta sección principal termina con más advertencias de la seriedad de la situación de Judá y Jerusalén (34:1-35:19). Nadie puede escapar, ni siquiera Sedequías. JEREMÍAS 36:1-38:28 Los AYES DE JEREMÍAS

36:1-32 Joacim quema el rollo de Jeremías. Está claro que el mensaje de Jeremías es muy, pero muy poco popular, en especial en los círculos de la corte. Esto se refleja en la manera en que se le trata, que se documenta en esta sección del libro. El primer incidente registrado tiene lugar en 605 a.C., en el cuarto año del reinado de Joacim. Durante este año Jeremías habla de forma franca acerca de que Jerusalén irá al cautiverio por un período de setenta años (25:1-14). El SEÑOR le ordena a Jeremías que apunte todas sus predicciones. Jeremías lo hace así, usando a Baruc tanto como secretario como su portavoz público. Las profecías de Jeremías quedan de este modo escritas en un rollo. Después de leer en voz alta dichas profecías en un salón cerca del templo, se invita a Baruc a que las lea de nuevo ante un grupo de funcionarios de la corte. Aterrados por los juicios que han oído pronunciar, insisten en que el rey debe oírlos.

El rey, sin embargo, no se impresiona. Conforme se va leyendo cada sección de la profecía, él corta esa sección del rollo, y echa los pedazos en un bracero encendido. Ni el rey ni su círculo íntimo se conmueven lo más mínimo ni se preocupan por la profecía de Jeremías. Es más, su reacción inmediata es detener y silenciar tanto a Jeremías como a Baruc. Mientras tanto, Jeremías tiene que repetir sus profecías, para que Baruc pueda escribirlas de nuevo. No se ha hecho ninguna copia. En esta sesión de dictado parece que Jeremías añade profecías adicionales a las que proclamó al inicio (véanse las «muchas otras cosas semejantes» en 36:32). 37:1-21 Jeremías en la cárcel. Este patrón de indiferencia artificiosa a las profecías de Jeremías continúa bajo Sedequías. Al principio, Sedequías le permite a Jeremías un considerable grado de libertad (37:1-5), tal vez dando por sentado que, con los movimientos de las tropas egipcias obligando a los babilonios a retirarse, no tiene necesidad de preocuparse por el futuro. Sin embargo, los babilonios rechazan el avance egipcio y pronto pueden volver al asedio de Jerusalén. En este punto, que por lo general se fecha en el 588 a.C., Jeremías pronuncia una profecía de juicio que habla del fin de Jerusalén (37:6-10). Tal vez de modo necio trata de salir de la ciudad durante el período del retiro de Babilonia para atender asuntos de la propiedad de la familia en la región de Benjamín, en donde está ubicada su ciudad natal de Anatot. Se le acusa de desertar y pasarse a los babilonios, y lo mandan a la cárcel (37:11-21). La situación se parece a la historia de José de muchas maneras, en especial con relación al período que pasó languideciendo en la cárcel. Sedequías a la larga lo llama de la cárcel y le pregunta si ha habido alguna palabra del SEÑOR. Espera oír buenas noticias. La palabra de castigo que sigue, hablando de su propia captura por parte de los babilonios, en realidad no es lo que esperaba. Sin embargo, Sedequías ordena que a Jeremías se le mantenga en condiciones más humanas y que reciba una provisión de pan fresco. 38:1-28 Echan a Jeremías a una cisterna. El nuevo estilo de encarcelamiento de Jeremías incluye estar obligado a permanecer dentro del patio de la guardia. Aunque no se le permite salir, sí puede recibir visitas. Es evidente que los visitantes le preguntan por las palabras de la profecía y las transmiten a los que están fuera. Jeremías insta a los que lo oyen a someterse a Babilonia como la única esperanza de salvación (38:1-3). Alarmados por el impacto de estas profecías en la moral de la ciudad, los funcionarios piden que se le haga callar, preferiblemente de forma permanente. A la larga, determinan un curso de acción que permite que el

profeta viva, por lo menos por un tiempo, pero que no profetice. Lo echan en una profunda cisterna de lodo dentro del patio de la guardia (38:4-6). El rey, al oír la suerte de Jeremías, ordena que lo saquen de la cisterna. Jeremías una vez más le informa al rey en privado que el único curso de acción disponible para él es rendirse a los babilonios. Entonces lo hacen volver al patio de la guardia, en donde permanece hasta que al final la ciudad cae. Sedequías ha ignorado su consejo (38:7-28). JEREMÍAS 39:1-45:5 CAÍDA DE JERUSALÉN

39:1-40:6 Caída de Jerusalén; Jeremías puesto en libertad. La siguiente sección principal del libro es una crónica de la caída final de Jerusalén en julio de 586. Es el relato más detallado que hay de la caída de la ciudad en el Antiguo Testamento, y se debe leer con todo cuidado. Los babilonios capturan a Sedequías. Incendian los principales edificios de la ciudad. A los pobladores de la ciudad y a todos los que ya se han rendido los llevan al exilio en Babilonia (39:1-10). Dejan a algunos en la tierra y en la ciudad, en su mayoría pobres que no causarán problemas para los babilonios que ocupan la tierra. A Jeremías se le deja, sin embargo, por diferentes razones. Él ha llamado la atención de Nabucodonosor (39:11-18) por razones que no son claras. Tal vez se enteró del consejo de Jeremías de rendirse a los babilonios, y lo considera un aliado. En cualquier caso, a Jeremías no se le permite que salga de Jerusalén. Más bien, debe vivir en la casa de Guedalías, a quien los babilonios han nombrado gobernador. Guedalías tiene su sede en la ciudad de Mizpa, al norte de Jerusalén. Los sucesos que conducen a esta transferencia de la prisión a la casa del gobernador se relatan con detalle desde el punto de vista del comandante babilonio Nabuzaradán (40:1-6). 40:7-43:13 Asesinato de Guedalías y huida a Egipto. Parecería que todo marcha bien ahora para Jeremías, pero el desastre está a punto de caerle encima. Guedalías es asesinado, junto con una pequeña guarnición de soldados de Babilonia que son responsables de su seguridad (40:7-41:15). Hay temores de una represalia masiva de Babilonia contra los judíos que quedan en la región. Muchos quieren dejar la región de inmediato y buscar seguridad en Egipto. Se le pide a Jeremías que ore pidiendo dirección. Su profecía habla de la ruina de los que abandonen su nación para huir a la

seguridad de Egipto. Si se quedan donde están, no tendrán que enfrentar la ira de Babilonia (41:16-42:22). Esto no es lo que muchos de los principales oficiales militares quieren oír. Acusan a Jeremías de mentir, y se preparan para marcharse a Egipto. Queda claro por lo que sigue que a Jeremías, Baruc y a los judíos restantes de la región no se les da voz en este asunto: se les obliga a dejar Judá e irse a Egipto (43:1-7). Así que ahora hay dos remanentes de Judá: uno que ha sido deportado a Babilonia, y el otro que ha huido a Egipto. Es evidente que Jeremías continúa actuando como profeta para la comunidad exiliada de judíos en Egipto, prediciendo la destrucción de Egipto mismo a manos de los babilonios (43:8-13). 44:1-30 Desastre debido a la idolatría. La última profecía de Jeremías que quedó registrada se enfoca en la nueva amenaza de idolatría que surge en Egipto. Jeremías habla de la ira del SEÑOR contra su pueblo. No solo han abandonado Judá, en donde deberían haberse quedado como remanente, sino que también han adoptado las prácticas y creencias religiosas paganas de los mismos egipcios. Como resultado, enfrentarán el desastre (44:1-14). El público judío de Jeremías no se impresiona. Aducen que sus problemas empezaron cuando Josías los obligó a dejar de hacer sacrificios a los dioses paganos. Todo marchaba bien mientras adoraban a «la reina del cielo» (término babilónico que se usa para referirse a la diosa Istar). Cuando Josías puso fin a eso, las cosas marcharon desastrosamente mal (44:15-19). Jeremías se enoja mucho por estas sugerencias, y profetiza la total destrucción de la comunidad judía en Egipto (44:20-30). 45:1-6 Mensaje para Baruc. No se oye nada más en cuanto a Jeremías. Se da por sentado que murió en Egipto. Esta sección del libro entonces termina con un breve relato de las palabras de Jeremías a Baruc, aunque él había escrito las palabras del profeta muchos años antes. JEREMÍAS 46:1-52:34 PROFECÍAS CONTRA LAS NACIONES

El libro de Jeremías concluye con una serie de predicciones contra las naciones (46:1-51:64). Las fechas de estas profecías no son claras. Aunque la ubicación de las mismas pudiera sugerir que fueron proclamadas durante el tiempo en que Jeremías estuvo en Egipto, el contenido general de ellas indica que datan de un período anterior en su carrera. El tema general del desastre inminente a manos de los babilonios sugiere que su fecha fue

alrededor de 605 a.C., la fecha de la batalla de Carquemis, en la cual los babilonios derrotaron por completo a los egipcios. Tal vez se han compilado en esta sección del libro debido a las similitudes entre las predicciones, las cuales examinan a una variedad de naciones, empezando con Egipto y terminando con Babilonia. La mayor atención se le presta a Babilonia misma (50:1-51:64), pero los mismos temas se pueden discernir en todos estos capítulos: la destrucción se avecina para las naciones que rodean a Babilonia. Los babilonios son el instrumento de la venganza y castigo del SEÑOR contra las naciones de esta región y, sin embargo, ellos mismos no escaparán del castigo. Han ido demasiado lejos. La obra termina con otro relato de la caída de Jerusalén (52:1-34), que parece que recurre a la misma fuente de 2R 24:18-25:30. No obstante, en varios puntos (tales como el relato de la suerte de Sedequías, 52:10-11) el relato de Jeremías es más detallado. Por lo general se piensa que fue Baruc el que compiló esta sección de la obra para proveer información histórica adicional con respecto a los sucesos alrededor de la caída de Jerusalén, mostrando cómo esos acontecimientos dieron cumplimiento a las profecías de Jeremías. También tiene el propósito de que el libro termine con una nota positiva, con la esperanza de la restauración. Jeremías y la segunda oleada de exiliados puede haber desaparecido en Egipto, pero la esperanza de la restauración de los exiliados en Babilonia se mantiene viva.

LAMENTACIONES El libro de Lamentaciones consiste de cinco poemas o «lamentos» por la destrucción de Jerusalén a manos de Babilonia en 586 a.C. Cuatro de los cinco poemas tienen una forma muy similar, y se basan en las veintidós letras del alfabeto hebreo. Según una tradición antigua, fueron compuestos por el mismo Jeremías. Aunque esto no se puede demostrar, el libro en verdad parece haber sido escrito en algún momento entre 586 y 538 a.C. El hecho de que el libro provea una descripción tan gráfica de la destrucción de Jerusalén sugiere que la mayoría del material se debe fechar poco después de la caída de la ciudad en 586 a.C., cuando los sucesos descritos todavía estarían vívidos en la memoria de aquellos que los habían atravesado. 1:1-22 El primer lamento se enfoca en el rechazo de Jerusalén por parte del SEÑOR. Presenta un vívido cuadro de una ciudad desolada. Después de haber sido en un tiempo una gran nación, Judá ha quedado por completo humillada y pisoteada. No hay nadie presente para consolarla en el momento de su caída. Incluso el SEÑOR parece haber abandonado a su pueblo a la ira del invasor babilónico. Esto no es un accidente de la historia. Es una aplicación deliberada e intencional de castigo sobre un pueblo desobediente de parte del Dios que en un tiempo los amó. Se reconoce con sinceridad la rebelión del pueblo. Dios, en su justicia, tiene todo el derecho de hacer esto. El lamento recalca la desdicha que la desobediencia de Judá ha acarreado sobre sí. En este primer lamento no se expresa ninguna nota de esperanza. El tema dominante es el del castigo merecido, y la vergüenza y dolor que ha traído a un pueblo que en un tiempo se enorgullecía de existir. 2:1-22 El segundo lamento trata de un tema relacionado. Es una meditación acerca de la ira del SEÑOR contra Jerusalén. La destrucción de Jerusalén es el resultado justo de haber provocado la ira del SEÑOR. Él ha dejado desolado su propio lugar de morada. Los profetas y sacerdotes de Jerusalén le fallaron a su propia ciudad. No le advirtieron de la seriedad de sus pecados, ni de la devastación futura que sufriría como consecuencia. (Jeremías fue casi la única excepción, a esta regla: la mayoría de los «profetas» esperaban que Babilonia cayera, y dejara a Judá en paz). Sin

embargo, ¿por qué el SEÑOR trata a su pueblo de esta manera? El dolor y la tristeza de la situación son imposibles de soportar. 3:1-66 El tercer lamento tiene un tono diferente, y mucho más positivo. Trata de la necesidad del arrepentimiento personal y colectivo, y de la esperanza resultante de renovación. Esta sección es sustancialmente más larga que los otros cuatro lamentos, y toma la forma de tres grupos de veintidós versículos. Dentro de cada grupo, los versículos están de nuevo organizados de acuerdo al orden del alfabeto hebreo. Aunque este lamento se presenta como las palabras de un individuo, está claro que el individuo en cuestión (que bien podría ser el mismo Jeremías) habla a nombre de su pueblo. El lamento reflexiona sobre la aflicción que el pueblo ha sufrido, su necesidad de volverse al SEÑOR, y la maravillosa compasión del SEÑOR por los que se vuelven a él (nótese en especial 3:21-33). 4:1-22 El cuarto lamento vuelve a tratar sobre el pecado de los dirigentes del pueblo. Después de repasar una vez más la angustia del pueblo, el lamento vuelve a asignar la culpa por esta desdicha. La responsabilidad recae en los profetas y sacerdotes (4:13-14), que deberían haber sabido mejor. Su fracaso ha conducido a la caída de la nación. Sin embargo, también se reconoce un fracaso más amplio de parte del pueblo (4:17). No obstante, este lamento también termina con una nota de esperanza: aunque Sión está siendo castigada por sus pecados, ese castigo tendrá un fin (4:22). 5:1-22 El quinto y último lamento toma la forma de una oración por la restauración del pueblo de Dios. Se edifica sobre los indicios de esperanza que se hallan en los dos lamentos previos. En tanto que una vez más se señala la devastación de Jerusalén, el lamento le suplica al SEÑOR la renovación y la restauración (5:21). Con todo, no se puede dar por sentado la compasión del SEÑOR. El lamento termina con un reconocimiento de que la ira justa del SEÑOR puede llevar al rechazo total de su pueblo. Lamentaciones, de esta forma, termina con una nota oscura. Sin embargo, como la historia lo demostrará, ese rechazo no es total. No está muy distante el día cuando el SEÑOR volverá a cambiar la suerte de Sión, y restaurará a su pueblo a su tierra natal.

EZEQUIEL El libro de Ezequiel es el tercero de los cuatro «profetas mayores», y se centra en los grandes asuntos de la apostasía, el pecado y el exilio que también dominan en Isaías y Jeremías. Ezequiel trata de un período de la historia de Judá en el que la amenaza del exilio se ha vuelto tanto real como urgente. Después de la derrota que Babilonia infligió a los egipcios en la batalla de Carquemis (605 a.C.), el camino quedó libre para que Babilonia dominara la región entera, incluyendo Judá. Este desarrollo es el trasfondo de algunas de las principales profecías de Jeremías con respecto a la amenaza del exilio. La amenaza se cumpliría en su totalidad en 586 a.C., cuando el asedio del ejército de Babilonia terminó en la conquista de Jerusalén y la deportación de su población. Sin embargo, una deportación anterior tuvo lugar en 597 a.C., cuando Joaquín y un grupo de como diez mil pobladores fueron deportados. Este grupo incluyó a Ezequiel. Ezequiel, por lo tanto, profetiza en cuanto al estado de los asuntos en Jerusalén desde su exilio cercano en Babilonia. No hay evidencia de que Ezequiel alguna vez haya salido de Babilonia. Los exiliados se establecieron en Babilonia, junto al «río Quebar» (1:1), que era en realidad un canal de irrigación. Se nos dice que Ezequiel había nacido en una familia sacerdotal, y de forma usual habría esperado servir en el templo de Jerusalén. En 593, cuando habitualmente hubiera empezado sus tareas sacerdotales en el templo, Ezequiel fue llamado a ser un profeta para los exiliados. Este ministerio profético se realiza por completo en Babilonia, y cubre el período de 593-573 a.C. Durante el primer período de su ministerio el templo de Jerusalén todavía estaba en pie. El grueso del libro tiene que ver con esta fase. Las visiones iniciales de Ezequiel se centran en el culto idólatra que se había introducido en el templo. Su mensaje es sencillo: Jerusalén caerá por sus pecados. Con la caída final de la ciudad, y la destrucción del templo (586 a.C.), empieza una nueva fase en su ministerio (33:21-22). Un ministerio que se caracterizó por la condenación y el juicio da lugar a uno de estímulo y seguridad. Pronuncia ante los exiliados profecías con respecto a la restauración futura de su pueblo. Habrá un nuevo templo y una nueva tierra para el pueblo de Dios.

EZEQUIEL 1:1-3:27 LLAMAMIENTO DE EZEQUIEL

1:1-28 Los seres vivientes y la gloria del SEÑOR. Cuando Ezequiel tenía treinta años el SEÑOR lo llamó para ser profeta mientras estaba en el exilio en Babilonia (1:01). Su edad es significativa: al cumplir los treinta años se esperaba que el sacerdote empezara el servicio en el templo. Ezequiel, de esta forma, empieza un servicio al SEÑOR de una clase más bien diferente de la que habría esperado. La deportación que llevó a Ezequiel a Babilonia tuvo lugar en 597 a.C.; su llamado a ser profeta se fecha en 593 (1:2). Este llamado se establece en el contexto de una visión de Dios (1:4-28), la cual algunos escépticos han interpretado de forma no convincente como el aterrizaje de una nave espacial. La visión destaca con claridad la gloria de Dios, tema principal para Ezequiel. 2:1-3:15 Llamamiento de Ezequiel. El SEÑOR entonces llama a Ezequiel, refiriéndose a él como «Hijo de hombre», un terminó que usará con frecuencia (unas noventa y tres veces) en esta obra. El SEÑOR le ordena a Ezequiel que le diga al pueblo justo lo que se le dice, ya sea que les guste o no (2:7). Como muestra de su llamamiento se le da un rollo, en el que están escritas palabras de «lamentos, gemidos y amenazas». Se le ordena a Ezequiel que se coma este rollo, y descubre que su sabor es dulce. Pero las palabras que a Ezequiel se le ordena decir a los exiliados en esta etapa distan mucho de ser dulces. Son palabras de juicio y condenación con respecto a Jerusalén. Abrumado por esta visión y llamamiento, Ezequiel descansa por siete días. Luego se le dan detalles de lo que debe decir. 3:16-27 Advertencia a Israel. Ezequiel debe ser un «centinela del pueblo de Israel» (3:17). Tal como se colocaba a los hombres en las murallas de Jerusalén para que advirtieran de cualquier ataque que se aproximaba, o la llegada de mensajeros, así Ezequiel debe advertir del castigo inminente para su pueblo mediante la palabra del SEÑOR. Si Ezequiel no advierte a su pueblo de este castigo, se le considerará responsable por las consecuencias. Si les advierte y ellos no quieren escuchar, su destino subsiguiente es responsabilidad propia de ellos (3:18-21). Ezequiel se prepara así para su ministerio profético, advertido de antemano que estará tratando con «un pueblo rebelde», que es improbable que escuche sus palabras por mucha autoridad que posean. EZEQUIEL 4:1-24:27

JUICIO CONTRA JERUSALÉN

4:1-5:17 Se simboliza el asedio de Jerusalén. Ahora empiezan las profecías de juicio contra Jerusalén. Una serie de actos dramáticos y simbólicos presentan la seriedad del pecado de Jerusalén. Primero, a Ezequiel se le dice que dibuje en un adobe a la ciudad de Jerusalén como estando bajo asedio (4:1-3). Luego se le pide que se acueste sobre su lado izquierdo, y después sobre su lado derecho (4:4-8). Esta acción simboliza el pecado del reino del norte, Israel, y del reino del sur, Judá. No está claro qué significan los números trescientos noventa y cuarenta. Es posible que trescientos noventa se refiera al número de años entre la caída de Salomón en la desobediencia y la caída de Jerusalén, y que cuarenta se refiera al número de años que Manasés promovió las prácticas paganas en Judá. La siguiente ilustración incluye a Ezequiel imitando las condiciones que existen dentro de la ciudad bajo asedio (4:9-17), en la cual la población se ve reducida a comer una dieta de grano y legumbres, y a usar estiércol como leña. A esto le sigue la acción de Ezequiel de rasparse la cabeza y quemar una tercera parte de su pelo, otra tercera parte la corta con una espada, y otra tercera parte la esparce al viento (5:1-4). Esta acción simboliza la suerte de la población de Jerusalén. Para beneficio de los que ven esas acciones, pero no entienden su significado, se provee entonces una explicación detallada (5:5-17). Jerusalén caerá bajo asedio. Una tercera parte de su población morirá por la plaga o el hambre, otra tercera parte morirá a espada, y otra tercera parte será esparcida entre las naciones. 6:1-7:27 Profecía contra las montañas de Israel. Ezequiel dirige ahora su atención a las montañas de Israel, en donde se ubican los lugares altos y otros sitios de culto y prácticas paganas (6:1-14). Todos serán destruidos, junto con los que adoran en ellos. Se permitirá que sobrevivan solo algunos del pueblo. Un desastre está a punto de suceder, y la población de Judá será deportada en cadenas (7:1-27). Las prácticas paganas detestables que tienen lugar en Judá en este momento serán la causa de su caída y total humillación. 8:1-9:11 Idolatría en el templo; a los idólatras se los mata. Las prácticas detestables no se hallan solo en los lugares altos de las montañas de Israel. Incluso están teniendo lugar dentro del templo de Jerusalén, que supuestamente es el lugar más santo de Judá (8:1-18). Ezequiel relata cómo el Espíritu lo arrebata y lo lleva a Jerusalén, en donde ve la gloria del SEÑOR en el templo. Sin embargo, alrededor del templo tienen lugar toda clase de ritos paganos. Los habitantes de Jerusalén incluso están adorando a Tamuz,

el dios babilonio de la fertilidad (8:14). Ezequiel queda apabullado. No obstante, no está solo. Es evidente que algunos de Jerusalén también están aturdidos por lo que ha sucedido. En su visión Ezequiel ve a estos fieles siendo marcados en la frente con la letra «tau», la última letra del alfabeto hebreo, que parece una cruz (9:4). (Esto representa una fascinante espera anticipada de la práctica cristiana de marcar a los creyentes con una cruz en el bautismo). Ellos serán librados de la destrucción que sigue. 10:1-11:25 La gloria sale del templo, pero se promete el retorno de Israel. Ezequiel entonces ve que la gloria del SEÑOR sale del templo (10:120). En una serie de imágenes que rememoran la visión inicial de la profecía junto al río Quebar, Ezequiel ve la gloria del SEÑOR llenando el templo. Pero no se queda allí. Lenta y majestuosamente cruza el umbral del santuario. El SEÑOR ha salido de su templo. Este ya no cuenta con la protección de la presencia del SEÑOR. Como para confirmar el aplastante estado espiritual de Jerusalén, a Ezequiel se le permita oír la conversación de los dirigentes de la ciudad. Ellos están confiados en que la amenaza del ataque de Babilonia ha cedido. Pueden volver a edificar casas. Sin embargo, la realidad es por completo diferente. La destrucción se avecina a la casa de Israel (11:1-15). Con todo, una nota de consolación se introduce en este punto (11:16-25). Israel será esparcido en las naciones, pero el SEÑOR traerá de regreso al pueblo. Sus corazones de piedra serán reemplazados por corazones de carne. El pacto será renovado una vez más. 12:1-14:23 Se simboliza el exilio; el juicio es ineludible. Sin embargo, el tema del exilio surge una vez más. A Ezequiel se le ordena realizar un acto simbólico para enfatizar el destino final de su pueblo. Se le dice que empaque sus pertenencias y las ponga sobre sus hombros. Esto será un símbolo de la larga y ardua caminata al exilio que hará su pueblo (12:1-28). A pesar de todas las trivialidades y palabras melosas de los falsos profetas, no se podrán escapar del castigo del exilio. Estos falsos profetas hablan de paz cuando no hay paz. No tienen autoridad para hablar en nombre de Dios (13:1-16), y la idolatría no se tolerará. El pueblo de Jerusalén ha abandonado al SEÑOR por los ídolos extranjeros. Ahora el SEÑOR separará de sí mismo a tal pueblo (13:17-14:11). No puede haber escape del castigo venidero. Habrá sobrevivientes, pero la devastación resultante indicará con claridad innegable que el SEÑOR tiene el control (14:12-23). 15:1-8 Jerusalén, vid inútil. Entonces una serie de profecías se enfocan en Jerusalén misma. Jerusalén se asemeja a una vid; imagen que a menudo se usa para referirse a Israel (Sal 80:8-13; véase también la imagen relacionada de Israel como un viñedo improductivo en Is 5:1-7). Donde otros profetas, tales como Isaías, por lo menos permitieron que Israel produjera

algún fruto (aunque fuera de mala calidad), Ezequiel parece tratar a Jerusalén como inútil por completo. En el mejor de los casos la vid de Jerusalén proporcionará buena leña. 16:1-63 Una alegoría de la Jerusalén infiel. Luego sigue otra parábola, que asemeja a Jerusalén a una niña abandonada al nacer, sin ningún cuidado ni atención después de haber nacido. Sin embargo, el SEÑOR tuvo compasión de esta niña abandonada, le dio buena comida y la cuidó hasta su juventud. ¿Y cuál es la recompensa del SEÑOR por todo esto? La niña que él cuidó con ternura se ha convertido en prostituta (16:1-19). La implicación de esta profecía parece ser que los orígenes de Jerusalén están en el paganismo. Fue David el que capturó la ciudad de los jebuseos (2S 5:6-9). La profecía de Ezequiel parece sugerir que su pasado pagano está volviendo a reaparecer. Esta es en verdad la implicación de la descripción de la infidelidad de Jerusalén al SEÑOR con las naciones que la rodean (16:2034). Entonces se indica con claridad y sin ambigüedad el resultado de esta degeneración: Jerusalén será dejada desnuda ante sus amantes, de modo que ellos puedan verla en toda su vergüenza. Las naciones en las que ella confiaba la verán asediada y destruida. Lo que Jerusalén ha hecho hace que Sodoma parezca respetable (16:35-52). No obstante, incluso en esta profecía de juicio aparece un rayo de esperanza. Jerusalén con el tiempo será restaurada, pero no antes de que estas cosas hayan sucedido (16:5363). 17:1-24 Dos águilas y una vid. A esta profecía le sigue una parábola de dos águilas y una vid (17:1-24). Las dos águilas en cuestión son Nabucodonosor (17:3) y un faraón egipcio (17:7; el candidato más probable es Ofra). La visión de Ezequiel es que Babilonia llevará a algunos de los habitantes de Jerusalén (el «Líbano» de 17:3) a Babilonia (el «país de mercaderes»). Allí ellos florecerán. Pero los habitantes qué queden en Jerusalén se mezclarán con Egipto y se secarán. Se explica en detalle el significado de la parábola (17:11-21). Sin embargo, el mismo SEÑOR se asegurará de que su pueblo prospere. Volverá a plantarlos, y se cerciorará de su seguridad y prosperidad (17:22-24). 18:1-19:14 La persona que peque morirá. Sigue una poderosa afirmación de la responsabilidad individual y la realidad del perdón del SEÑOR. Los hijos no serán castigados por los pecados de los padres; y los que en verdad se arrepienten vivirán. Ezequiel dice con claridad que el SEÑOR se agrada cuando los perversos se vuelven de sus caminos y viven (18:1-32). El SEÑOR no se complace en la muerte de los pecadores. Desea que se arrepientan y

disfruten del privilegio de una vida continuada. La implicación es clara. Jerusalén solo puede culparse a si misma por su presente calamidad, De nada sirve hacer una lista de los pecados del pasado. Es la desobediencia del presente lo que importa. Con todo, el arrepentimiento sigue siendo una posibilidad real si tan solo ellos se dieran cuenta del alcance de su pecado y se alejaran de él. De otra manera, sus príncipes serán desarraigados y destruidos (19:1-14). 20:1-49 Israel rebelde; juicio y restauración. La naturaleza rebelde de Israel se afirma de nuevo en términos inequívocos (20:1-29). La profecía en cuestión se fecha en 591 a.C., y toma una forma familiar. Ezequiel traza la historia de la rebelión de Israel contra el SEÑOR desde el tiempo de su estadía en Egipto hasta su entrada en la tierra prometida. Es un catálogo continuo de fracasos y rebeliones por parte de Israel, y de piedad y compasión por parte del SEÑOR. Pero ahora ha llegado el tiempo del castigo. No obstante, una vez más se hace sonar una nota de esperanza. Habrá restauración después de este juicio (20:30-49). 21:1-23:49 Babilonia, espada del juicio divino. Se identifica sin ambigüedad a Babilonia como espada con la que el SEÑOR castigará a su pueblo (21:1-32). Incluso ahora la espada está a punto de ser sacada de su vaina, y se usará contra los justos y malos de Jerusalén. La visión de Ezequiel de destrucción sugiere que todos perecerán en la ira consumidora del SEÑOR. La casa de Israel ha pecado hasta tal punto que se ha convertido en escoria a la vista del SEÑOR. El metal precioso del pueblo de Dios será refinado con fuego ardiente, a fin de que puedan ser purificados (22:1-31). En la parábola que sigue (23:1-49) se comparan en detalle las alianzas políticas de Judá con los poderes extranjeros con la prostitución. Judá e Israel, que parecen ser lo que las hermanas representan, han abandonado al SEÑOR por otros amantes. Ahora deben pagar el precio. 24:1-27 La olla. La siguiente profecía se fecha a principios de 588 a.C. Las noticias de Jerusalén son tétricas. Los babilonios han puesto asedio a la ciudad. La profecía de Ezequiel usa la imagen de una olla que representa a Jerusalén, la cual antes se felicitaba a sí misma por la escala tan pequeña de las deportaciones de 597 a.C. Todas las mejores piezas de carne fueron dejadas en la olla. Pero ahora el calor ha sido avivado. La olla hervirá hasta secarse. La carne restante se quemará. En otras palabras, Jerusalén será destruida (24:1-14). Esta sección termina con la muerte de la esposa de Ezequiel (24:15-27). EZEQUIEL 25:1-32:32 Í

PROFECÍAS CONTRA LAS NACIONES

La siguiente sección de la profecía trata con las naciones que rodean a Judá. Este patrón de predicciones ya se ha hallado en las profecías de Isaías y Jeremías. El juicio sobre Judá de ninguna manera quiere decir que sus vecinos están exentos. El tema básico que se establece en los escritos proféticos es que el castigo empieza con la familia de la fe, pero no está restringido a ella. Las siete predicciones que se presentan aquí tratan de los enemigos tradicionales de Judá: las naciones de Amón (25:1-7), Moab (25:8-11), Edom (25:12-14), Filistea (25:15-17), Tiro (26:1-28:19), Sidón (28:20-26) y Egipto (29:1-32:32). Las profecías contra Tiro y Egipto son sustancialmente más largas que el resto. El tema básico es que las naciones conocerán que Dios es el SEÑOR mediante sus actos poderosos, incluyendo la devastación que les vendrá encima. Babilonia no está incluida en la lista de naciones. Se menciona, sin embargo, como el agente por el cual el SEÑOR aplicará el castigo a estas naciones orgullosas, tales como Tiro (26:7-14) y Egipto (30:10-12). Es importante notar que Ezequiel, en común con los otros grandes profetas, ve al SEÑOR como realizando sus propósitos mediante las naciones paganas. Aunque ellas no le reconocen como el SEÑOR, con todo son instrumentos de su providencia. Para Isaías, Asiria fue la vara de la ira de Dios contra su pueblo infiel; sin embargo, cuando Asiria se volvió arrogante, Babilonia la castigó. Otra vez una nación pagana sirvió para realizar los propósitos de Dios en la historia. De igual manera, cuando Babilonia haya cumplido su utilidad para el SEÑOR, a su vez Ciro el grande la derribará, el cual es visto de nuevo como el instrumento de la justicia de Dios. En verdad, Isaías incluso llega a declarar que Ciro fue «su ungido» (Is 45:1), usando un lenguaje reservado de forma habitual para los reyes y sacerdotes de Israel. Jeremías también ve a Babilonia como el instrumento escogido de Dios para la disciplina y purificación de su pueblo. EZEQUIEL 33:1-39:29 PROMESAS DE CONSUELO Y RESTAURACIÓN FUTUROS

33:1-20 Ezequiel como centinela. La siguiente sección principal del libro se debe fechar después de la caída de Jerusalén. Hasta este punto las profecías de Ezequiel han estado dominadas por los temas del juicio y el

exilio. Ahora los temas de esperanza y restauración empiezan a cobrar prominencia. Aunque algunos pasajes son de una naturaleza más crítica y de juicio, hay un cambio distintivo de sentimiento. La sección empieza con un llamado al pueblo para que se arrepienta. El SEÑOR no se complace en la muerte de nadie, y preferiría mucho más que los pecadores se vuelvan a él en arrepentimiento y vivan. Sin embargo, el tono de la profecía sigue siendo de reprensión. 33:21-33 Se explica la caída de Jerusalén. Hasta este punto no ha habido confirmación de ninguno de los sucesos que Ezequiel ha profetizado. Jerusalén estaba a gran distancia de Babilonia. Le llevó a Esdras cuatro meses recorrer la distancia (Esd 7:8-9) bajo lo que evidentemente se consideraban buenas condiciones. El único medio por el cual las noticias de la caída de Jerusalén podían llegar a Babilonia era mediante un mensajero. Los dos sucesos claves son la caída de las murallas de la ciudad y el incendio del templo (2R 25:3-4, 8-9), los cuales se pueden fechar el 18 de julio y el 14 de agosto de 586 a.C. Lo más temprano que se podría esperar que cualquier confirmación de estos sucesos llegara a los exiliados en Babilonia habría sido, por consiguiente, en diciembre de 586. En una profecía que puede ser fechada el 8 de enero de 585 a.C., casi cinco meses después de la destrucción del templo, Ezequiel recibe confirmación de parte de alguien que ha logrado escapar de Jerusalén de que estos sucesos en verdad han tenido lugar (33:21-22). Ahora que la caída de la ciudad es de conocimiento público, Ezequiel es libre de hablar de la esperanza de la restauración. 34:1-31 Pastores y ovejas. La primera profecía principal de restauración sigue de inmediato. El SEÑOR declara que los «pastores de Israel» (término que por supuesto incluye a los reyes, sacerdotes y profetas de Israel) le han fallado a la nación por completo. Como resultado, el pueblo del SEÑOR (al que aquí se le compara con ovejas) ha sido esparcido. Después de varias críticas a los pastores por su falta de responsabilidad, el SEÑOR declara que él mismo será el pastor de su pueblo. Reunirá a sus ovejas desde los lugares a los cuales han sido esparcidas y las restaurará. Las conducirá a pastos seguros, curará sus heridas, buscará a las descarriadas y fortalecerá a las débiles. Este gran pasaje hace eco de temas que se desarrollan en otros sitios (tales como Sal 23:1-6), en especial en la venida de Jesucristo cómo el buen pastor, que pone su vida por sus ovejas (Jn 10:11-18). 35:1-36 Una profecía a los montes de Israel. La profecía ahora pasa a condenar a Edom por regocijarse por la suerte de Israel (35:1-15). En una gran profecía de restauración, dirigida a los «montes de Israel», el SEÑOR promete que de nuevo los restaurará a su estado anterior. Volverán a ser

habitados, y sus ruinas serán reconstruidas (36:1-12). El SEÑOR llevará a su pueblo a su tierra desde los lugares a los cuales han sido esparcidos. La restauración nacional será acompañada por la renovación personal, conforme los corazones de piedra son reemplazados por corazones de carne (36:13-38). 37:1-14 El valle de huesos secos. El gran tema de la restauración del pueblo entonces llega a su clímax con el pasaje más famoso de Ezequiel: la visión de los huesos secos. El profeta recibe una visión de un valle lleno de huesos secos. Es evidente que están por completo muertos y parecen estar más allá de cualquier esperanza de volver a vivir, de manera muy similar a la forma en que el pueblo de Dios parece estar más allá de toda esperanza de revivificación. Sin embargo, el SEÑOR tiene otras ideas. En un acto asombroso, que tiene paralelos directos con el relato de la creación de Adán (Gn 2:7), el SEÑOR reúne los huesos para que formen cuerpos y sopla vida en ellos. De la misma manera, el SEÑOR soplará vida nueva en su pueblo y lo restaurará. La situación puede parecer sin esperanza: no obstante, el mismo SEÑOR que puede restaurar la vida a los huesos secos también restaurará a su pueblo. Aunque el enfoque primario de esta profecía es el rescate de Jerusalén de manos de Babilonia y su restauración a su tierra natal, es imposible leer las últimas partes de este pasaje (37:12-14) sin considerar de antemano la gran esperanza del evangelio de la resurrección de la vida eterna. 37:14-39:29 Una nación bajo un Rey. La visión entonces se complementa con una profecía acerca de un rey futuro que, como David, reinará sobre su pueblo. Bajo su gobierno, Jerusalén de nuevo conocerá todos los beneficios del pacto del SEÑOR, incluyendo la presencia del SEÑOR entre su pueblo (37:15-28). Esta sección concluye con una profecía detallada contra «Gog» (38:1-39:29). No está claro quién es esta figura. Lo que sí es evidente, sin embargo, es la firme dedicación de parte del SEÑOR de hacer regresar a su pueblo del cautiverio y derramar en ellos su Espíritu (39:25-29). EZEQUIEL 40:1-48:35 EL NUEVO TEMPLO Y LA NUEVA TIERRA

40:1-42:20 El nuevo templo. Ahora empieza la parte final de esta gran profecía. Fechada en 573 a.C., la misma se centra en visiones del templo y el pueblo restaurados. La primera visión tiene que ver con el templo. La visión de Ezequiel del templo sugiere un edificio comparable al gran logro

arquitectónico de Salomón, pero con el área del atrio ampliada. Está claro que la visión de Ezequiel apunta a la restauración de un templo por lo menos tan impresionante como el de Salomón, pero desprovisto de todas las influencias paganas que se habían infiltrado en el área y culto del templo bajo los reyes sucesivos de Judá. 43:1-48:35 La gloria vuelve al templo. Ahora se llega al clímax de esta visión. Antes Ezequiel había sufrido el dolor de ver a la gloria del SEÑOR saliendo del templo, como señal de que Dios abandonaba a su pueblo rebelde (10:1-22). Ezequiel ha hablado de la restauración de esa presencia (por ej., 37:27); y ahora, en su visión, él ve que dicha presencia es restaurada. La gloria del SEÑOR vuelve al nuevo templo (43:1-5). El SEÑOR morará de nuevo entre su pueblo. Ahora continúa la visión del templo restaurado (43:6-48:35), abrazando todo aspecto de la vida de la nación: sus príncipes, sacerdotes y fronteras. Pero está claro que el tema central es que el SEÑOR morará de nuevo entre su pueblo. Y es por eso, concluye el profeta, que a la ciudad de Jerusalén de aquí en adelante se la llamará con un nombre diferente: «AQUÍ HABITA EL SEÑOR» (48:35).

DANIEL El libro de Daniel es la cuarta y última parte de los «profetas mayores». El libro trata de sucesos que ocurren mientras Jerusalén está en el exilio en Babilonia. Bajo sucesivos reyes babilónicos tienen lugar una serie de deportaciones de Judá. La más significativa acontece en el 586 a.C., cuando se deja a Jerusalén en ruinas después de la caída final de la ciudad. Sin embargo, han ocurrido también deportaciones anteriores, incluyendo la de 597, cuando Joaquín y como diez mil personas (incluyendo al profeta Ezequiel) fueron deportados. Aunque esta parecería ser la fecha más natural para la deportación de Daniel y sus colegas, el libro de Daniel mismo sugiere que existieron deportaciones limitadas en la secuela de la batalla de Carquemis en 605 a.C. Los babilonios, después de derrotar con fuerza a los egipcios, dirigieron su atención a subyugar lo que ellos denominaban la «tierra de los heteos», que incluía a Judá. Está política de subyugación puede haber incluido la deportación. El libro de Daniel recalca la importancia de permanecer fiel a Dios, inclusive bajo circunstancias difíciles, e ilustra esto mediante el relato de Daniel y sus tres compañeros en Babilonia. La última parte del libro consiste de ciertas visiones del juicio y la retribución venideros, que a menudo incluyen símbolos de pueblos y naciones. El estilo de escritura, que por lo general se denomina como «apocalíptico», recalca el control soberano de Dios sobre la historia, y su victoria final sobre las fuerzas que pueden haber parecido tener la hegemonía por el momento. Los capítulos finales del libro a menudo han sido un tema de considerable especulación, y muchos escritores hallan en ellos profecías precisas de sucesos modernos, tales como el surgimiento de la Alemania nazi o la Unión Soviética. Sin embargo, es mejor ver estas visiones como relativas al surgimiento y la caída de imperios del mundo antiguo, antes que intentar usarlos para predecir el futuro. El propósito primordial de estas visiones es dar seguridad a los que las recibieron al inicio. DANIEL 1:1-6:28 HISTORIA DE DANIEL

1:1-21 Educación de Daniel en Babilonia. Se nos presenta a Daniel y a sus tres compañeros, que han sido deportados a Babilonia en uno de los ataques babilónicos recientes de Nabucodonosor a la región. Hay similitudes obvias entre los relatos de José y Daniel. Ambos tienen que ver con judíos que se hallaron llevados a naciones extranjeras, y a la larga lograron abrirse paso hasta ocupar cargos importantes dentro del gobierno del rey de esas naciones. A pesar de su negativa a comprometer su obediencia al Dios de Israel comiendo la comida y el vino del rey (que bien podrían haber sido ofrecidos a los ídolos), Daniel y sus amigos se ganan el aprecio por su sabiduría, y el rey los consulta con regularidad. 2:1-49 El sueño de Nabucodonosor. Como el faraón anterior a él, Nabucodonosor tiene un sueño, que ni él ni ninguno de sus astrólogos paganos pueden descifrar. Tal como el faraón consultó con José, así el rey a la larga consulta con Daniel (2:1-26). La interpretación que Daniel da del sueño es profética: él gran poder y autoridad de Nabucodonosor a la larga darán paso a una serie de reinos menores. Al final, Dios mismo establecerá un reino que no será destruido (2:27-45). Esta interpretación del sueño agrada al rey, y recompensa a Daniel por sus esfuerzos (2:46-49). 3:1-30 La estatua de oro y el horno ardiente. Sin embargo; el favor que Daniel halla a los ojos del rey parece haber sido relativamente breve. El rey ordena que se haga una enorme estatua de sí mismo, y la levanta cerca de Babilonia. Exige que todos sus oficiales se postren y adoren a la estatua como señal de obediencia al mismo rey (3:1-7). Todos lo hacen de forma obediente, excepto Daniel y sus compañeros, que permanecen fieles al mandamiento de no adorar ninguna imagen (Éx 20:3-5). Los astrólogos le informan al rey esta negativa a acatar sus instrucciones, quizá celosos por el éxito de Daniel al interpretar el sueño que los había dejado perplejos. Como resultado se llama a los compañeros de Daniel (a los que aquí se les menciona por sus nombres babilónicos: Sadrac, Mesac y Abednego) para que comparezcan ante el rey, y se les ordena que obedezcan. (Al mismo Daniel no se le menciona en esta narrativa). Al negarse ellos, se les condena a muerte, y se les arroja dentro de un horno. Su liberación de las llamas mueve al rey a reconocer la grandeza del Dios de ellos (3:8-30). 4:1-5:30 Nabucodonosor sueña con un árbol y una escritura en la pared. Ahora Daniel se muestra una vez más como un intérprete de sueños divinamente inspirado (4:1-37). El sueño tiene que ver con la caída de Nabucodonosor y su locura. Luego viene otro ejemplo de la capacidad que Dios le ha dado a Daniel para interpretar las cosas que aturden a cualquiera.

El suceso en cuestión es un banquete ofrecido por Belsasar, sucesor de Nabucodonosor como rey (5:1-30), el cual es interrumpido por la aparición de una mano que escribe sobre la pared. Profundamente estupefacto, el rey invita a los astrólogos y magos para que intenten interpretar las palabras que la mano ha escrito. Ellos fracasan. Entonces se llama a Daniel, y él interpreta las palabras como refiriéndose al juicio de Dios sobre el rey. Las palabras son Mene, Mene, Téquel y Parsin, términos inequívocos que Daniel interpreta como refiriéndose al derrocamiento de Belsasar por parte de los medos y los persas. El asesinato subsiguiente del rey y el surgimiento de «Darío el Persa» (tal vez el nombre con el que se conocía en Babilonia a Ciro el grande) demuestra una vez más el alcance de la sabiduría de Daniel. 6:1-28 Daniel en el foso de los leones. Bajo Darío, Daniel continúa prosperando, y se le nombra como uno del triunvirato que administra sus extensos territorios. Daniel logra tanto éxito que es probable que llegara a ser el favorito del rey. Sin embargo, los celos profesionales ponen fin a todo esto. Sus rivales intentan acabar con sus perspectivas de ascenso (para no mencionar su vida). La única base para una acusación está en el culto a Dios. En todos los demás aspectos es impecable (6:1-5). Hay un punto importante aquí, que también hace eco en 1 Pedro: los creyentes deben asegurarse de que las únicas acusaciones que el mundo pueda lanzar contra ellos tengan que ver con su fe en Dios, y no con su conducta moral. Los rivales de Daniel obtienen la aprobación del rey (sin darle a conocer su complot contra Daniel) para que dicte una nueva ley que establezca que nadie puede adorar a ningún otro dios que al mismo Darío. Daniel debidamente no acata esta orden, y ora a Dios. (Nótese, sin embargo, que lo hace en privado, y no como para llamar la atención pública a sus acciones y hacerse culpable de alguna clase de desplante público). Sin embargo, sabiendo que él orará a Dios de esta manera, sus enemigos se las arreglan para sorprenderlo y descubrirlo en oración, y exigen que el rey lo eche en el foso de los leones. Es evidente que el rey no quiere hacer esto, y demuestra su afecto por Daniel; pero tiene que cumplir su palabra (6:6-18). No obstante, Dios libra a Daniel de una muerte cierta, para un alivio indudable del rey. Es más, hay una dimensión evangelizadora en esta acción: Darío, profundamente impresionado por el poder y la fidelidad del Dios de Daniel, ordena que ahora en su reino se adore a este Dios (6:19-28). DANIEL 7:1-12:13 VISIONES DEL FIN

El estilo del libro ahora cambia. Se presenta con cierto detalle una serie de visiones que recibió Daniel. Al reflexionar sobre estas imágenes debemos tener cuidado de no interpretarlas mal, o de aplicarlas sin pensar en otros períodos de la historia, tal como el nuestro. Las profecías que se anotan aquí fueron dadas a Daniel con su propia situación en mente. No se pueden tratar como predicción detallada de todo suceso principal de la historia del mundo hasta el día presente. Más bien se deben ver como permitiéndole a Daniel tener una visión del futuro del imperio que lo había tomado cautivo, para que él pueda enfrentar el presente con el conocimiento de lo que Dios ha preparado para él y su pueblo. 7:1-28 El sueño de Daniel de las cuatro bestias. La primera visión principal es de cuatro bestias: un león, un oso, un leopardo y una bestia no identificada que evidentemente es de presencia aterradora. Cada una de esas bestias representa un imperio: el león corresponde al imperio de Babilonia, el oso al imperio medo persa, el leopardo al imperio establecido por Alejandro Magno, y la cuarta bestia parece simbolizar al imperio romano. El punto básico es que Babilonia dará paso a otros imperios, a todos los cuales a la larga les sucederá el reinado de Dios mismo, que dará la victoria a su pueblo. Esta visión es en particular importante para los lectores cristianos por dos razones. Primero, la misma habla de un personaje «con aspecto humano» (7:13-14) que viene en las nubes (aquí mencionado como el «venerable Anciano») y al que Dios le da autoridad para que gobierne sobre las naciones, las cuales le adoran. Jesucristo entendió esto como refiriéndose a sí mismo, en especial a su venida en triunfo para juzgar al mundo al fin del tiempo (Mt 24:27-31; Mc 14:62; Ap 1:17). Segundo, la referencia a la cuarta bestia parece ser una referencia al imperio romano... el imperio que persiguió a los seguidores de Jesucristo. El creyente que lee esta profecía puede ver el cumplimiento de esta predicción de un reinado del terror, pero también tiene la certeza de que tal terror no triunfará sobre el pueblo de Dios. 8:1-27 La visión de Daniel de un carnero y un macho cabrío. La segunda visión muestra a un carnero y a un macho cabrío. El carnero representa a los reyes medo persas, y el macho cabrío al rey del imperio establecido por Alejandro Magno (que aquí se le menciona como el «rey de Grecia»). Este ultimo vencerá y desplazará al anterior. Una parte posterior de la profecía (8:23-25) se refiere a la venida de Antíoco IV, uno de los perseguidores más crueles de los judíos.

9:1-11:1 La oración de Daniel. El impacto de estas visiones es por supuesto considerable, en especial cuando llegan las noticias de la caída de Jerusalén. En respuesta, Daniel eleva una de las oraciones más penetrantes y útiles del Antiguo Testamento (9:1-27). La oración es una afirmación de la compasión, la grandeza, el amor y la fidelidad de Dios, incluso frente al pecado y la rebelión de su pueblo. La oración apela a Dios en su justicia y misericordia para que libre a su pueblo de su dilema. Daniel dice con claridad que esta oración no se basa en ninguna justicia humana, sino en la gran misericordia de Dios mismo (9:18). En respuesta, Daniel recibe un mensaje de esperanza con respecto al futuro de Jerusalén y la venida del «príncipe elegido» (9:25). Este sentido de esperanza lo confirma una visión (10:1-11:1), en la cual Daniel mismo siente que Dios le fortalece y anima. 11:2-12:13 Los reyes del sur y del norte; los tiempos del fin. Al final, Daniel recibe otra visión, que se enfoca en reyes posteriores, los cuales reinarán durante el período del gobierno griego de la región (11:2-12:13). De particular importancia es la referencia al «horrible sacrilegio» (11:31). Esto se considera ampliamente como una profecía de la destrucción dentro del templo de Jerusalén o de actos de profanación contra él, tales como los que tuvieron lugar bajo Antíoco IV en 169 a.C. A esto le siguen una serie de profecías con respecto a un rey desconocido (11:36-45), y una promesa final de que, sin importar lo que suceda en el futuro, el SEÑOR será fiel a su pueblo (12:1-13). Daniel mismo puede descansar seguro de que, aunque él está exiliado en Babilonia, un día recibirá su «recompensa» (12:13). Este pasaje es de importancia particular debido a sus claras referencias a una resurrección a la vida. En las palabras finales, el profeta mira hacia adelante al conocimiento seguro de la resurrección y la vida eterna, que son unos de los más grandes gozos del evangelio cristiano.

OSEAS Ahora empieza una nueva sección del Antiguo Testamento, a la que usualmente se le menciona como «los profetas menores». Este término de ninguna manera implica que sus profecías son de menor valor que las de los «profetas mayores», tales como Isaías. Solo se refiere al hecho de que los doce libros que ahora siguen son más breves que obras tales como Isaías o Jeremías. Oseas, el primero de estos escritos, proviene de mediados del siglo octavo a.C. Es evidente que Oseas, como Amos, viene del reino del norte, Israel, y profetiza allí durante sus días finales antes de que los asirios lo destruyan y su pueblo sea llevado al exilio. A pesar de esto, sin embargo, el libro mismo parece haber sido escrito en el reino del sur, Judá, lo que sugiere que Oseas puede haber huido buscando seguridad en esa región después de la caída de Israel. OSEAS 1:1-3:5 INFIDELIDAD DE ISRAEL

1:1-11 La esposa e hijos de Oseas. El libro empieza describiendo la vida familiar de Oseas. En respuesta a la orden del SEÑOR, Oseas se casa con Gómer, una mujer que ya es culpable de adulterio. Después de darle a Oseas un niño, ella más tarde tiene otros dos hijos. El modo de expresarse del pasaje que se refiere a estos dos últimos hijos es significativo (1:6, 8): no se le atribuyen a Oseas. Parece que son hijos de otro hombre. En este relato de infidelidad pasada y presente, debemos ver un símbolo de la infidelidad de Israel al SEÑOR. A cada uno de los hijos se le pone un nombre que simboliza los problemas que han surgido entre el SEÑOR y su pueblo. En particular, Indigna de compasión (que literalmente quiere decir «no amada») señala la completa exasperación del SEÑOR por la rebeldía de su pueblo, lo que le lleva a decidir rechazarlos... una decisión que se puede ver resumida en el nombre del tercer hijo, Pueblo ajeno (que literalmente significa «no pueblo mío»).

La fórmula del pacto queda así invertida. Mientras el SEÑOR en un tiempo declaró que era el Dios de Israel, y que ellos eran su pueblo, ahora hallamos una severa declaración de que «ni ustedes son mi pueblo, ni yo soy su Dios» (1:8). Sin embargo, de inmediato sigue una promesa de restauración futura (1:9-11). Esto sigue un patrón, el cual es evidente en los escritos de los profetas mayores, de ira moderada con compasión. Aunque Israel está siendo castigado por su infidelidad, se le promete que la restauración está en un lado lejano de ese castigo. 2:1-23 Castigo y restauración de Israel. En el libro de Oseas, el tema principal es el de la infidelidad del reino del norte, Israel, a su SEÑOR. Esto se ve con claridad en el canto que sigue, el cual habla del abandono de Israel del Dios que le ama, a fin de perseguir a otros dioses... una clara referencia a las frecuentes caídas de Israel en el paganismo, que es un rasgo tan conspicuo de su vida nacional en esta etapa. Las prácticas y creencias religiosas cananitas se han infiltrado en todo aspecto de la vida nacional, y han comprometido su relación especial con el SEÑOR. Sin embargo, el SEÑOR habla de su intención de atraer a Israel una vez más. Le cortejará una vez más, en un intento de traer de regreso los días de su primer amor en Egipto (2:14-19). 3:1-5 Reconciliación de Oseas con su esposa. La reconciliación final de Oseas con su esposa se ve de esta manera como algo más que la resolución feliz de una situación doméstica. Es un símbolo de la reconciliación que el SEÑOR desea con su pueblo infiel Israel. En verdad, es más que eso. Es también una afirmación de esperanza, porque lo que una vez parecía un resultado imposible en el contexto de una relación personal, también puede ser posible entre el SEÑOR y SU pueblo. OSEAS 4:1-10:15 DESOBEDIENCIA Y CASTIGO DE ISRAEL

4:1-5:15 La acusación contra Israel. En la profecía de Oseas domina la acusación de que Israel ha abandonado su relación de pacto con el SEÑOR. El adulterio de Gómer se debe ver como símbolo del estado de la relación de Israel con el SEÑOR. La nación lo ha abandonado por otras relaciones de corto plazo, en las que la gratificación instantánea ha hecho sombra a toda otra consideración. Lo que sigue documenta con algún detalle el adulterio y la infidelidad religiosa de Israel. Ellos han abandonado al SEÑOR por ídolos y altares paganos (4:1-19). Sus sacerdotes no han detenido esta caída en el

paganismo. Sus dirigentes incluso han acudido a Asiria buscando ayuda, cuando deberían haber confiado en el SEÑOR (5:1-15). 6:1-7:16 Israel impenitente. Ahora sigue uno de los más hermosos pasajes de la profecía de Oseas. Habla del amor del SEÑOR por su pueblo, y de su deseo apasionado de curar sus heridas y restaurarlos. Es el SEÑOR el que ha herido a su pueblo. Es él quien los restaurará. La venida del SEÑOR se compara con la llegada de las lluvias que riegan la tierra y la alimentan. En este pasaje el profeta concibe a su pueblo volviendo en arrepentimiento al SEÑOR (6:1-3). Sin embargo, esto es solo un sueño. De inmediato se nos lleva de regreso a la cruda realidad, en la cual Israel se rehúsa con obstinación a hacer algo parecido (6:4-7:16). Por consiguiente, debe seguir el castigo. Es interesante notar los apartes para Judá en esta profecía. Aunque la profecía se dirige contra el reino del norte, Israel, aquí y allá se hace referencia a Judá; por lo general con algo parecido a «y esto también se aplica a ti, Judá». Un ejemplo de esto se ve en 6:11; otros ejemplos se pueden hallar en 4:15; 5:5; 5:10 y 11:12. De ninguna manera a Judá se le permite alegrarse por la desdicha o los pecados de su nación vecina del norte. Ella es igual de vulnerable. 8:1-10:15 Israel cosechará torbellino. Luego se indica con detalle la violación de Israel del pacto con el SEÑOR. Israel ha caído en la idolatría, ha escogido a reyes a quienes el SEÑOR no quiere, y se ha olvidado del Dios que de forma tan manifiesta no se ha olvidado de ellos (8:1-14). Se acerca un día para rendir cuentas (9:1-9). Incluso así, el SEÑOR vuelve a los tiernos recuerdos de Israel en su juventud, cuando la nación salió de Egipto (9:10). La nación era joven e inocente en esos días. Luego entraron en Canaán y cayeron (9:11-17). Conforme Israel aumentaba en prosperidad, se apoyó cada vez más en ese progreso y en sus recursos materiales, y cada vez menos en el SEÑOR. El pueblo comenzó a adorar a dioses tangibles, tales como los ídolos (10:1-15). OSEAS 11:1-14:9 LA PROMESA DE RESTAURACIÓN

11:1-11 El amor de Dios por Israel. Esta alienación hace mucho más difícil soportar el recuerdo del primer período de amor entre el SEÑOR y su pueblo, cuando salieron juntos de Egipto. En esos días el SEÑOR y su pueblo tenían

una relación íntima (11:1). Como un niño que crece, sin embargo, Israel se alejó del SEÑOR y se olvidó de la bondad de Dios en su juventud (11:2-4). ¿Por qué Israel se ha olvidado del SEÑOR por tales cosas? La justicia demanda que Israel sea castigado. No obstante, el SEÑOR en su compasión está renuente a hacerlo. ¿Cómo puede él volverse contra su pueblo? De esta forma, el SEÑOR mira hacia adelante a la restauración que está más allá del castigo que inevitablemente debe venir sobre su pueblo desobediente (11:5-11). 11:12-14:9 El arrepentimiento trae bendición. Entonces se afirma una vez más el pecado de Israel (11:12-12:14), con otras ilustraciones de su naturaleza y extensión. Israel ha adquirido su riqueza no siempre por medios honrados, y el pueblo ha usado esta riqueza para pagar tributo a poderes extranjeros. ¿Y qué del SEÑOR? ¿Por qué no le rinden tributo? Israel ha quedado lisiado por su adoración a dioses foráneos y su sumisión a poderes extranjeros. El pueblo de Israel le exigió al SEÑOR un rey; y cuando el SEÑOR les concedió esa petición, acabaron confiando en los reyes antes que en Dios (13:1-16). Sin embargo, este catálogo de pecado y proclamación de juicio no es la última palabra del SEÑOR para su pueblo. En una visión tierna el profeta todavía puede ver a su pueblo declarando su intención de volverse al SEÑOR, después de admitir que lo necesitan profundamente. En su compasión, el SEÑOR sanará sus heridas y los restaurarán la comunión con él (14:1-9).

JOEL Poco se sabe en cuanto a Joel, aparte del nombre de su padre. Es difícil fechar la profecía contenida en este libro, puesto que no hay claras referencias a ningún suceso histórico que permitiera que se le asigne a esta obra una fecha, aunque sea provisional. Algunos han sugerido que la obra puede fecharse tan temprano como el siglo noveno. Otros señalan una fecha posterior, sugiriendo que la misma puede haber sido escrita después del retorno del exilio. 1:1-2:11 Una invasión de langostas. El tema central de la obra es la venida del «día del SEÑOR». La ocasión de las profecías iniciales se puede hallar en un desastre que ha tenido lugar. Una economía rural, que dependía mucho de los cultivos para la alimentación tanto de seres humanos como de animales, quedaría devastada por una plaga de langostas. Joel describe con algún detalle el caos y desdicha que causan las langostas, e interpreta esto como una señal de un juicio que se avecina, en el cual el SEÑOR devasta a su pueblo (1:1-20). Un día de tinieblas se acerca, en el cual la destrucción vendrá sobre Sión (2:1-11). Aunque la referencia es primordialmente a la venida de una vasta nube de langostas, está claro que Joel ve en esta catástrofe una señal del castigo del SEÑOR. 2:12-27 La respuesta del SEÑOR. Este desastre tiene el propósito de mover a un pueblo indolente al arrepentimiento. Este arrepentimiento debe ser de corazón y completo. El SEÑOR no quiere señales externas de arrepentimiento (tales como el rasgar la ropa). Lo que se exige es una transformación interna: «Rásguense el corazón y no las vestiduras» (2:13). Incluso en esta etapa tardía, con la amenaza del juicio y destrucción presente para que todos la vean, no es demasiado tarde para arrepentirse. A esta sección le sigue una profecía de restauración, la cual es evidente que se relaciona con la demanda de arrepentimiento. La tierra puede haber sido devastada, pero será restaurada. La tierra una vez más volverá a producir grano, vino y aceite. El ejército de langostas morirá y se pudrirá (2:18-20). Pronto se olvidarán la desdicha y la vergüenza de los años de la langosta.

2:28-32 El día del SEÑOR. Esta promesa de restauración luego se complementa con una esperanza todavía mayor: el SEÑOR derramará su Espíritu sobre toda persona... varones y mujeres, jóvenes y viejos. Este será un día de salvación, en el cual todo el que invoque el nombre del SEÑOR será salvado. Esta gran profecía se cumpliría en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino con gran poder e inauguró el ministerio y predicación pública de la iglesia cristiana (Hch 2:16-21). Debido a la resurrección, Jesucristo ha sido declarado de forma pública como el SEÑOR. Como resultado, cualquiera que invoca su nombre será salvado. Esta profecía de Joel provee uno de los indicadores más importantes de la gran obra de Dios que está por delante como resultado de la venida de Jesucristo. 3:1-21 Bendiciones para el pueblo de Dios. El capítulo final del libro mira hacia adelante a la restauración tanto de Judá como de Jerusalén, en la cual todas las naciones serán traídas a juicio (3:1-3). Se mencionan los pecados de los enemigos de Israel, incluyendo la venta de niños para la prostitución y de judíos a los griegos. Con la restauración de Israel se desharán los logros de sus enemigos. El SEÑOR en su juicio desarraigará y destruirá a los enemigos de Israel (3:4-16). De esta forma el profeta se vuelve para contemplar el futuro, en el cual una Jerusalén restaurada, libre del temor de todos sus enemigos, reina suprema (3:17-21). Su prosperidad material está en contraste con la esterilidad y pobreza de sus enemigos. Las naciones serán castigadas por su culpa; Jerusalén, sin embargo, será perdonada. El SEÑOR morará en Jerusalén, lo que asegurará su seguridad y bienestar. Esta profecía parecería poco más que una aspiración nacionalista, en la cual un profeta judío mira hacia delante a la dominación del mundo por Jerusalén. Sin embargo, es evidente que esto no es así. El don del Espíritu claramente tiene el propósito de ser dado a todas las naciones; profecía que se cumplió con la venida del Espíritu en Pentecostés. Aunque el Espíritu en efecto descendió sobre las personas en Jerusalén, fue dado a individuos de todas las naciones y no solo a los judíos. Leyendo esta profecía desde el punto de vista del Nuevo Testamento podemos verla como un anticipo glorioso de la venida del Espíritu Santo sobre todo el pueblo de Dios; es decir, aquellos por los que Cristo murió y que responden con arrepentimiento y fe a su muerte salvadora. Lejos de ser un manifiesto nacionalista, el libro de Joel mira hacia adelante al otorgamiento universal de los dones a todos los creyentes.

AMÓS Aunque nació en Judá, el reino del sur, Amos parece haber ministrado primordialmente en el reino del norte, Israel, durante el reinado de Uzías, rey de Judá (792-740 a.C.) y Jeroboán II, rey de Israel (793-753). Aunque se sabe poco en cuanto a Amos con certeza, sabemos que venía de la región de Tecoa, en Judá, y se le menciona tanto como pastor (1:1; 7:14-15; nótese, sin embargo, que el término hebreo puede significar uno «que cría ovejas») como alguien que cultiva higueras (7:14). Es probable que fuera un agricultor acomodado que dejó su casa en Judá para profetizar en el reino del norte, Israel La parte principal de su ministerio tal vez la realizó en un período de dos años en algún momento durante los años 767-753, centrado en el santuario de Betel. No hay suficiente información arqueológica disponible para permitir fechar con algún grado de certeza el terremoto mencionado en el versículo inicial. La profecía toma la forma del juicio tanto contra las naciones como contra Israel por sus pecados. Se declara que Israel no es mejor que las naciones que la rodean. Es más, Israel lleva una responsabilidad incluso mayor por sus pecados debido a que es el pueblo escogido de Dios. Varias referencias en la profecía dejan claro que era un tiempo de prosperidad nacional. Hay pocas indicaciones del desastre que Israel sufriría a manos de Asiria en 722721, lo que conduciría a la caída del reino del norte. La profecía se queja en particular de la falta de justicia social en Israel, y de que Israel no ha permanecido fiel al pacto. Aunque el tema dominante de la profecía de Amos es de condenación y juicio, el libro termina asegurando la restauración para un remanente del pueblo. AMOS 1:1-2:16 PROFECÍAS CONTRA LAS NACIONES

1:1-2:5 Juicio sobre los vecinos de Israel. La profecía empieza con una serie de declaraciones contra los vecinos de Israel. Para apreciar el impacto que esta serie de predicciones tendría en su público, el lector debe apreciar que la condenación de Damasco (1:3-5), la ciudad filistea de Gaza (1:6-8),

Tiro (1:9-10), Edom (1:11-12), Amón (1:13-15) y Moab (2:1-3) habría sido recibida con una amplia aprobación por parte del público de Amos. Eran los enemigos del pueblo de Dios, los cuales les habían hecho difícil la vida durante el período del reino unido y después. El hecho de que estaban siendo condenados por su arrogancia sería aplaudido ampliamente por los que lo oyeron y pertenecían a Israel. Sin embargo, un sentimiento distinto de intranquilidad habría resultado de la siguiente profecía, que pronuncia el juicio contra Judá (2:4-5). En esta predicción hallamos que se condena al reino del sur casi exactamente de la misma manera que como a Tiro y Moab, aunque Judá era parte del pueblo de Dios. La ciudad de Jerusalén, que aquí se declara como marcada para la destrucción (2:5), era el sitio donde se ubicaba el templo, la casa de Dios. Este sentido de intranquilidad sería reemplazado por un sentido de desesperanza y cólera cuando el profeta dirige su atención al mismo Israel. 2:6-16 Juicio contra Israel. El juicio contra Israel es más largo y más detallado que la condenación contra las demás naciones. Amos declara que ha habido una ruptura de la justicia social en Israel y como ejemplos se mencionan una serie de pecados lamentables. Israel ha llegado a ser casi tan malo como sus vecinos paganos. Las consecuencias de este incumplimiento de la ley del SEÑOR serán severas: Israel será destrozado, y ni siquiera sus mejores soldados o armas de guerra lo salvarán. AMÓS 3.1-6:14 CONDENACIÓN DE ISRAEL

3:1-15 Se convocan testigos contra Israel. Las acusaciones que se lanzan contra Israel ahora continúan con vigor. Primero, se recalca la posición privilegiada de Israel. ¿A qué otra nación sacó de Egipto el SEÑOR? ¿A qué otro pueblo escogió como propio (3:1-2)? Aunque tanto Judá como Israel se incluyen en esta enumeración de los privilegios de ser el pueblo de Dios, es evidente que el mensaje de Amós se dirige en específico contra Israel. Ser el pueblo de Dios tiene sus obligaciones, e Israel no ha hecho honor a ellas. El SEÑOR llama a todas las naciones que le rodean para que oigan su juicio contra Israel. Los pecados que se destacan en particular para mencionarlos aquí son el regreso a las prácticas paganas asociadas con el santuario de Betel bajo Jeroboán I (1R 12:26-33) y la riqueza excesiva de los comerciantes de Israel, lo que condujo a la construcción de mansiones extravagantes (3:13-15).

4:1-5:17 Un lamento y un llamado al arrepentimiento. Ahora se desarrolla más el tema básico del mensaje de Amós, con la mención de los pecados que han surgido dentro de Israel y han dado lugar al juicio del SEÑOR contra su pueblo (4:1-12). Israel puede haber guardado muchos de los requisitos del pacto, pero se jactó por hacerlo. Para humillar a su pueblo el SEÑOR envió entonces hambruna y sequía, pero al parecer no sirvió de nada. Una vez más el SEÑOR insta a su pueblo a volverse a él, a arrepentirse y vivir (5:1-17). El mensaje «busquen al SEÑOR y vivan» se repite en todo este pasaje. Israel se ha alejado de él. Ha llegado el tiempo de regresar, antes de que el SEÑOR adopte maneras más drásticas de obligar a su pueblo a volverse a él. 5:18-6:14 El día del SEÑOR. El profeta ahora pasa al tema del «día del SEÑOR». Esta frase se usa extensamente en los escritos proféticos del Antiguo Testamento para referirse al gran día de la victoria en el cual el SEÑOR triunfará sobre sus enemigos y establecerá su gobierno sobre las naciones. Es evidente que muchos en Israel esperaban ese día, viéndolo como una señal clara de esperanza. El día del SEÑOR sería uno de buenas noticias para Israel. Pero esto no es así, declara Amos (5:18-27). El SEÑOR juzgará a Israel tanto como juzgará a todos los demás. Ese día será «de oscuridad y no de luz». ¿Por qué Israel anhela ese día? ¿No se da cuenta de lo que le traerá? Amos expone la complacencia y el engreimiento de Israel, que parece pensar que sus grandes festivales religiosos, ofrendas y sacrificios son suficientes para asegurar su continua buena posición a la vista de Dios. Sin embargo, el favor de Dios depende de la justicia social y la rectitud a sus ojos, y no de la observancia mecánica de los rituales del culto. Si el «día del SEÑOR» trae algo para Israel, será el exilio en una tierra más allá de Damasco. Se exploran más el engreimiento (6:1-7) y el orgullo (6:8-14) de Israel, añadiéndose más peso a la severidad de este juicio. AMÓS 7:1-9:10 VISIONES DE JUICIO

7:1-17 Langostas, fuego y una plomada. La siguiente sección de la profecía gira alrededor de una serie de visiones, en las cuales a Amos se le muestra lo que el futuro tiene para Israel. El primer conjunto de visiones empieza con un enjambre de langostas, que el SEÑOR ha preparado como castigo sobre su pueblo (7:1-3). En respuesta a la súplica de Amos, que

clama misericordia, se retiene este juicio. Lo mismo sucede con relación a otro juicio, esta vez por fuego (7:4-6). A esto le sigue una visión de una plomada (7:7-9), la cual muestra cuánto se ha alejado Israel de la verticalidad. El SEÑOR llamó a Israel, a ser fiel a lo que él se proponía con el pueblo. Pero ahora la plomada muestra hasta dónde la nación se ha alejado de sus intenciones. Amasías, que es el sacerdote a cargo del santuario en Betel, no recibe bien este mensaje de juicio. Está claro que Amasías piensa que su situación profesional está siendo socavada por las palabras de este aficionado (la palabra «vidente» parece que se usa en forma derogatoria). Amos responde que él no es un profeta profesional: es simplemente alguien a quien el SEÑOR ha llamado para que le hable al pueblo de Israel, y el mensaje es con respecto al exilio que se avecina. Amasías preferiría que él guardara silencio. Él SEÑOR, sin embargo, desea que hable (7:10-17). 8:1-9:10 Una canasta de fruta madura. Este esquema de declarar lo que el SEÑOR le ha mostrado a Amos continúa con la visión de una canasta de fruta madura (probablemente higos). La fruta madura señala que ha llegado el tiempo para el juicio de Israel (8:1-14), cuyos pecados de nuevo se identifican y se comentan. La naturaleza del juicio que vendrá se aclara con otra visión (9:1-10), en la que Amos ve al SEÑOR listo para empezar a juzgar a su pueblo desde el altar de su templo. Israel esperaba que el altar fuera un lugar de seguridad, pero más bien resulta ser el punto de arranque para el castigo del SEÑOR sobre su pueblo. Su pueblo rebelde será perseguido de modo implacable adondequiera que pueda tratar de escapar del juicio venidero. Israel no puede depender de su situación especial ante Dios para que lo salve de este juicio. Puede ser que Israel se sienta seguro porque el SEÑOR lo sacó de Egipto. Sin embargo, el SEÑOR fue responsable por otras migraciones importantes de los pueblos en la historia (9:7), y ya no considera Israel especial en este respecto. 9:11-15 Restauración de Israel. Este movimiento implacable hacia el juicio, no obstante, a la larga conducirá a la restauración. En un fuerte pasaje mesiánico, Amos mira hacia delante a la venida de otro día que amanecerá después del terrible día del juicio. En este día, se reconstruirán las ciudades arruinadas de la tierra, y el campo de nuevo producirá vino y productos en abundancia. Un Israel restaurado será otra vez plantado en la tierra, para nunca más ser desarraigado de nuevo. En particular, la casa de David (a la que aquí se hace referencia como «choza» para indicar el lamentable estado al que ha declinado) será restaurada, con nueva autoridad sobre las

naciones (9:11-12). Los enemigos de Israel (de los cuales solo se menciona a Moab) estarán sujetos al reino de esta casa restaurada de David. Se puede ver que esta profecía al fin se ha cumplido con la venida de Jesucristo como Rey de Israel y Señor de todas las naciones.

ABDÍAS Muy poco se conoce con respecto a este profeta y las circunstancias en que profetizó. No hay referencias a sucesos históricos dentro de la profecía que se pudieran fechar con absoluta certeza. La fecha más probable para la misma parece ser algún momento entre 605-586 a.C. Este período vio los ataques de Babilonia a Judá y Jerusalén, culminando con la caída de Jerusalén y la deportación de su pueblo en 586... tal vez para deleite de los pobladores de Edom, enemigos históricos de Judá, los cuales aparecen en forma prominente en esta profecía. Sin embargo, se debe recalcar que solo podemos especular que este es el trasfondo más probable del libro, que es el más corto del Antiguo Testamento. vv. 1-14 Después de la caída de Jerusalén, Edom se había apoderado de algunos territorios que antes le pertenecieron a Judá (Ez 35:3-15). Ahora los extranjeros han asolado a la misma Edom. Abdías ve esto como un castigo justo sobre la nación debido a su orgullo. Por su orgullo Edom será humillada (2-4) y destruida por completo mediante la complicidad de sus antiguos amigos y aliados (5-7). La nación que se rehusó a ayudar a Judá en su hora de necesidad, y que se benefició de la caída de Jerusalén, ahora experimentará por sí misma el dolor de la derrota y la humillación (8-14). vv. 15-21 Abdías entonces retoma el tema del «día del SEÑOR» venidero (1521). Amós había visto este día venidero como trayendo juicio en lugar de esperanza para Israel (Am 5:18). Abdías, sin embargo, lo ve en términos mucho más positivos. Jerusalén ha pagado por sus pecados. La venida del «día del SEÑOR» ahora puede significar solo restauración y liberación para Jerusalén, y el castigo de los que la han asolado y humillado. El SEÑOR es a la vez justo y poderoso. Por consiguiente, su pueblo puede confiar en él.

JONÁS El libro del profeta Jonás difiere de modo significativo de los restantes once profetas menores. En tanto que los otros once libros se preocupan primordialmente por las palabras del profeta en cuestión, el libro de Jonás se preocupa mucho más por sus obras. Hay un sentido de qué es lo que Jonás hace, antes que cualquier cosa que dice, lo que es de importancia para el que lee el libro. En verdad, prácticamente no se nos da ninguna indicación de lo que Jonás dice con exactitud. Es el relato lo que en realidad importa... un relato que está entre los más conocidos del Antiguo Testamento y que aparece de forma prominente en las colecciones de relatos bíblicos para niños. El libro indica que es probable que los sucesos a los que se refiere tuvieran lugar en el período de 800-750 a.C. La ciudad que aparece en la narrativa es Nínive, ciudad principal de Asiria, que llegó a ser la capital del imperio asirio en algún punto alrededor de 700 a.C. Para la etapa posterior del siglo noveno, Nínive era ampliamente considerada como el centro del mundo civilizado debido a su importancia militar. El libro mismo tal vez fue escrito en una etapa posterior, e inclusive puede proceder del período posterior al exilio. Sin embargo, la fecha del mismo no es de importancia central para su mensaje. 1:1-16 Jonás huye del SEÑOR. El libro empieza con un relato del llamado de Jonás para que vaya a Nínive y predique. La respuesta de Jonás es inmediata: aborda con rapidez un barco que se dirige justo en la dirección opuesta. (De «Tarsis» por lo general se piensa que es la ciudad de Tarteso, que los fenicios establecieron en España. Pudiera haber representado el punto de la tierra más distante de Babilonia para el escritor de este libro profético). Una violenta tempestad interrumpe el viaje y causa pánico entre los marineros paganos. Echando suertes identifican a Jonás como la causa de su dilema, y lo arrojan por la borda (1:1-16). Es importante notar cómo los marineros paganos se refieren a Dios por el título específico de «SEÑOR» (1:14), reconociendo así su soberanía en el asunto.

La practica de echar suertes era un medio de tomar decisiones muy extendido en el Cercano Oriente antiguo, y lo usaron los creyentes del Antiguo Testamento que deseaban hallar dirección divina; por ejemplo, para repartir el territorio de Canaán a Israel (Jos 18:10). No obstante, también se usó en específico para identificar a los individuos culpables, como en el caso de exponer el pecado de Acán (Jos 7:13-18, en donde la referencia es a «ser señalado por suertes»). Aunque los paganos fueron los que echaron suertes, el SEÑOR fue responsable por la selección de Jonás. 1:17-3:3 La oración de Jonás. Sin embargo, Jonás no ha sido abandonado a la destrucción. Se le dará una oportunidad de reconsiderar sus acciones y arrepentirse. «Un gran pez» se lo tragó (1:17, que puede haber sido una ballena). El período de tres días durante los cuales Jonás permaneció dentro del pez es una predicción de que Jesucristo permanecería en las entrañas de la tierra hasta su resurrección al tercer día (Mt 12:40). Durante este período Jonás reflexiona sobre su situación, y su gratitud por su liberación va mezclada con el arrepentimiento por su propio fracaso. Conforme la oración se acerca a su fin, Jonás llega a su conclusión: él corregirá sus fracasos y hará lo que había prometido. Como resultado, Jonás se halla de nuevo en tierra firme. Cuando el SEÑOR lo llama de nuevo, pidiéndole que vaya a Nínive, él obedece (2:1-3:3). 3:4-10 Jonás va a Nínive. No se nos da ninguna indicación de la manera en que Jonás proclama al SEÑOR al pueblo de Nínive. No se indican ni las palabras que usa ni las ocasiones en que habla. El punto real del relato de Jonás está en otra parte. El punto es que el pueblo pagano de Nínive responde al SEÑOR. Aunque no usan el nombre especial de «el SEÑOR» para referirse a Dios, está claro que le reconocen. El SEÑOR acepta su arrepentimiento. Hay claros paralelos aquí con otros dos libros del Antiguo Testamento, Ester y Daniel, los cuales hablan de los gentiles respondiendo de forma positiva a las exigencias del SEÑOR. 4:1-11 La cólera de Jonás por la compasión del SEÑOR. Jonás, sin embargo, se enfada por la compasión del SEÑOR. La razón para esto no se indica con claridad en el texto mismo, pero es muy probable que la actitud de Jonás refleje una forma de nacionalismo israelita que creía que los grandes beneficios de conocer al SEÑOR debían estar disponibles solo para el pueblo de Dios; en otras palabras, para los judíos. ¿Por qué el SEÑOR tenía que mostrar compasión con los gentiles, en especial cuando ellos eran hostiles hacia Israel? Basado en esta teología nacionalista, el SEÑOR debería ser compasivo hacia Israel, y castigar a los que estaban fuera de sus límites. El SEÑOR le dedica muy escaso tiempo a la actitud más bien petulante de Jonás (4:1-4).

El relato de Jonás termina, tal vez en forma un poco abrupta, con el incidente de una enredadera (o más probablemente de una planta de aceite de castor). El punto que se hace en esta sección de conclusión de la obra parece ser este. Jonás sufre por el calor y la incomodidad. En su gracia, el SEÑOR alivia su malestar proporcionando una planta que le produce sombra. Cuando la planta muere, Jonás se enoja con el SEÑOR. Sin embargo, su situación es exactamente la misma que antes de la llegada de la planta. Está incómodo una vez más. No hay ningún indicio de gratitud de parte de Jonás por el alivio temporal que le dio la planta. Como la historia lo indica con claridad, Jonás parece inclinarse a quejarse, pase lo que pase. Si el SEÑOR fue lo suficientemente compasivo como para aliviar la incomodidad de Jonás por un tiempo, ¿no mostraría la misma compasión al perdonar al pueblo arrepentido de una gran ciudad? Podemos ver en esta sección final una declaración poderosa del amor universal y la gracia perdonadora de Dios, de la cual todos nos beneficiamos (4:5-11). La universalidad de la gracia y la compasión de Dios se proclama de forma plena en el Nuevo Testamento, con su apasionado llamado a hacer discípulos a todas las naciones (Mt 28:17-20).

MIQUEAS Miqueas, que procedía de una población de las colinas de Judá, profetizó en. el reino del sur en algún momento entre 750-686 a.C. Su clara predicción de la caída de Samaria, la capital del reino del norte, Israel, indica que por lo menos parte de su ministerio tuvo lugar antes de 722-721 a.C., cuando los asirios pusieron punto final a la existencia independiente de Israel. Hay paralelos importantes entre Miqueas y parte de Isaías, lo cual refleja en parte el hecho de que ambos profetizaron alrededor de un mismo tiempo. En particular, ambos profetas mezclan las profecías de destrucción con las de esperanza, como un medio de señalar la restauración que está más allá del inevitable castigo de Judá por sus pecados. 1:1-16 Juicio contra Samaria y Jerusalén. La obra empieza identificando los reinos durante los cuales profetizó Miqueas, y nota que sus profecías tienen que ver tanto con Samaria (capital de Israel) como con Jerusalén (capital de Judá). Lo que sigue es un ataque poderoso y contundente a la corrupción de la vida en las grandes ciudades de los dos reinos. Tal vez los orígenes de Miqueas en una población pequeña le llevan a criticar de modo especial la forma de vida de las ciudades. Con todo, los pecados que identifica y a los que se opone representan serias violaciones del pacto entre el SEÑOR y su pueblo. El juicio del SEÑOR sobre su pueblo se avecina. 2:1-3:12 Falsos profetas. Para Miqueas, tanto Judá como Israel son culpables de una serie de ofensas inaceptables, incluyendo la opresión de los débiles por parte de los fuertes, el despojo de la tierra de las personas por parte de los poderosos terratenientes, y la esclavitud de niños desvalidos (2:1-5). Los sacerdotes y profetas, que deberían haber estado hablando en contra de estos acontecimientos, no lo han hecho para nada. Se han consolado con la idea inaceptable de que ningún daño puede venirle al pueblo de Dios. Cualquiera que promete abundancia de vino y licor sería aceptable como profeta para esta gente engreída. Los dirigentes del pueblo están igual de satisfechos consigo mismos, prefiriendo profecías que les aseguran la paz ante que las duras realidades del juicio venidero que el SEÑOR enviará sobre su pueblo (2:6-3:12).

4:1-13 El monte del SEÑOR. Esta profecía de juicio se complementa con una visión de esperanza. Es significativo que Miqueas hace eco de algunas de las palabras de su casi contemporáneo Isaías (Is 2:2-5) al mirar hacia adelante a una edad de oro en la que reinará la paz y la prosperidad. ¿Quiere decir esto que Miqueas es parecido a uno de los falsos profetas que condena por hablar de paz? No. Significa que Miqueas está mirando más allá de la calamidad del juicio inminente y viendo la esperanza que está por delante. En esos días la gente será atraída al monte del SEÑOR, y convertirán sus espadas en arados. Será el fin de la guerra (4:1-5). El remanente de Jerusalén será traído en triunfo a su tierra. Aun cuando Jerusalén perderá su monarquía (suceso que tuvo lugar como resultado de la caída de Jerusalén en 586), será redimida de todos sus enemigos (4:613). 5:1-4 Un gobernante prometido de Belén. Esto lleva a Miqueas a hablar del gobernante venidero de Judá e Israel. Este gobernante surgirá del pueblo de Belén, en la región de Efrata, y dará paz y seguridad a su pueblo. Para los cristianos esta gran profecía finalmente se ha cumplido en Jesucristo. Cristo, descendiente directo de David, nace en esta ciudad real. Sus orígenes en verdad «se remontan hasta la antigüedad»; es más, estuvo presente con Dios en la creación. Podemos ver aquí una clara predicción de la venida de Jesucristo como el pastor de su pueblo, conduciéndolos a una seguridad que trasciende toda paz que el mundo puede darles. 5:5-6:16 Liberación y destrucción. Luego se indica con claridad la necesidad de este libertador que vendría. Los asirios vienen y devastarán la tierra. El remanente de Jacob (en otras palabras, los que sobrevivan dentro de Israel y permanezcan fieles al SEÑOR) será esparcido entre las naciones. Al esparcirlos de esta manera, por medio de los asirios, el SEÑOR pondrá fin a sus formas paganas de adoración (5:5-15). El SEÑOR no quiere sacrificios complicados, sino humildad y obediencia del pueblo al que ama (6:1-8). Israel debe abandonar su uso fraudulento de los pesos y las medidas falsificadas, y buscar la justicia para su pueblo. Si no lo hace, no sobrevivirá para beneficiarse de sus propias cosechas. Un acto de juicio que interviene permitirá que otros se beneficien de la comida, vino y aceite que ha producido y almacenado (6:9-16). 7:1-20 Israel se levantará. En medio de toda esta desdicha y corrupción, la fe de Miqueas en el SEÑOR sigue firme. Él seguirá esperando la venida del SEÑOR (7:1-7), tal como espera que a la larga Israel sea librado y restaurado (7:8-13). Por esta razón la obra termina con nota de alabanza, conforme Miqueas ve al SEÑOR pastoreando a su pueblo, para envidia de los que los rodean. El SEÑOR mostrará compasión por su pueblo. Su ira no dura para

siempre, y al final liberará a su pueblo de los pecados e iniquidades que los han atrapado (7:14-20). Aquí, de nuevo, podemos ver un nuevo indicio profético glorioso del evangelio de Jesucristo y todos los beneficios que trae al pueblo de Dios.

NAHÚM Poco se sabe en cuanto a Nahúm. Él trabajó en el reino del sur, Judá, en el período que siguió a la caída del reino del norte, Israel, ante los asirios. El libro se puede fechar con un grado razonable de certeza en el período entre la caída de la ciudad egipcia de Tebas (663 a.C.) y la caída de la capital de Asiria, Nínive (612 a.C.). Se menciona al primer suceso como pasado, y al segundo como algo que todavía está por suceder. Aunque es evidente que el libro está escrito teniendo en mente las necesidades de Judá, una parte sustancial de su profecía se dirige en realidad contra Nínive misma. Es evidente que Judá se siente cada vez más amenazada por el imperio asirio en el período que siguió a la caída de Israel y su capital, Samaria. 1:1-15 La ira del Señor contra Nínive. Es con este trasfondo de temor y ansiedad que se presenta la profecía de Nahúm. La profecía inicial concibe la alegría que acompañará a la derrota de Nínive. Usando una imagen que utiliza también Isaías para recalcar el gozo de la restauración de Jerusalén después del cautiverio en Babilonia (Is 52:7), Nahúm mira hacia adelante al regocijo que acompañará la noticia de la caída de Nínive (1:15). El SEÑOR romperá las cadenas que Asiria tiene sobre su pueblo, y los librará de esta amenaza. A diferencia de Isaías y Jeremías, que vieron a Asiria como el instrumento escogido del SEÑOR para juicio y castigo de su pueblo rebelde, Nahúm trata a Asiria solo como un opresor extranjero, cuyo yugo se debe terminar. 2:1-3:19 Nínive caerá. La segunda profecía (2:1-13) mira hacia adelante, tanto a la restauración de Israel a su gloria anterior como también a la caída asombrosa de Nínive. En su visión el profeta puede ver el terror que cae sobre la una vez grandiosa ciudad, mientras sus habitantes huyen procurando salvar sus vidas, dándose cuenta de que la grandeza y la seguridad del pasado han desaparecido para siempre. Él SEÑOR está contra Asiria; por consiguiente, Asiria caerá. En la tercera sección de la profecía (3:1-19), Nahúm compara la caída venidera de Nínive a la caída pasada de Tebas, capital del Alto Egipto (que aquí se menciona por su nombre hebreo No Amón). Tan aborrecida es Asiria que no hay nadie que lamente su fin. El mundo, y no solo Judá, será un mejor lugar sin la tiranía de Asiria.

HABACUC Habacuc profetizó en el reino del sur, Judá, en algún momento alrededor de la batalla de Carquemis (605 a.C.). Esta batalla que resultó, en la derrota total de los ejércitos egipcios, marcó el fin de toda resistencia seria a los avances de Babilonia en la región. No pasó mucho tiempo antes de que Judá se hallara ella misma bajo amenaza de Babilonia... amenaza que llevaría al ataque contra Jerusalén y a la deportación parcial de sus habitantes en el 597 a.C., así como al asalto final en 588, lo que a la larga condujo a la caída de la ciudad y a la deportación de la mayoría de su población en 586 a.C. El texto del libro en sí mismo no nos permite fechar la profecía con mayor precisión. 1:1-11 Queja de Habacuc. El libro empieza con una queja: ¿Por qué el SEÑOR permite que tanto mal tenga lugar en Judá? Parece que no se observa la justicia, y que la violencia ha llegado a ser ocurrencia de todos los días (1:1-4), La respuesta del SEÑOR a esta queja es dramática. Algo en verdad está a punto de suceder con relación a este estado inaceptable de cosas. Él llamará a los babilonios como agentes de su castigo, Los babilonios no son justos. En verdad, son gente que considera su propia fuerza como una diosa. Pero serán el agente de Dios para castigar los pecados de Judá. 1:12-2:20 Segunda queja de Habacuc. La segunda queja de Habacuc se centra en este punto (1:12-2:1): ¿Cómo puede un Dios justo usar a gente tan malvada como agentes de su castigo? Después de todo, la nación de Judá es pecadora; pero los babilonios son todavía peores. Así que, ¿por qué usar a una nación perversa para castigar a un pueblo que, aunque pecador, es más justo que ellos? La respuesta que se da enfoca la suerte de Babilonia (2:2-20). Los babilonios también serán castigados por su maldad. Una serie de ayes se dirige contra Babilonia, indicando con claridad qué el SEÑOR de ninguna manera condona su conducta. Los justos deben aprender a vivir por fe (2:4; véase también Ro 1:17). En otras palabras, deben aprender a poner su confianza en el SEÑOR y a darse cuenta de que sus caminos, aunque evidentemente están más allá de la comprensión humana, son justos, y

lograrán sus metas. El conocimiento del SEÑOR cubrirá toda la tierra, tal como el agua cubre el mar (2:14). 3:1-19 La oración de Habacuc. La profecía termina con una oración de Habacuc en respuesta a todo lo que ha aprendido. Como muchos de los salmos, la oración toma la forma de un canto. Rememora las grandes obras del SEÑOR en el pasado, y la devastación que causó su presencia. El canto se enfoca en las maneras en que el SEÑOR actuó para librar a su pueblo de sus opresores, tales como en el cruce del Mar Rojo (3:13-14). Sin que importe lo que suceda, Habacuc declara que continuará alabando y confiando en el SEÑOR. Solo él es el Salvador y Señor, y la esperanza de su pueblo.

SOFONÍAS Por la propia descripción de Sofonías es evidente que pertenecía a la familia real de Judá, siendo descendiente directo de Ezequías, rey de Judá, 715686 a.C. Sofonías profetiza durante el reinado de Josías (640-609 a.C.), que fue uno de los períodos más importantes de reforma religiosa en Judá. El redescubrimiento del «libro de la ley» condujo a una reforma religiosa importante, y a una renovación colectiva del pacto con el SEÑOR que había sido violado por el paganismo que floreció bajo monarcas anteriores. 1:1-13 Advertencia de la destrucción venidera. Parecería que las profecías de Sofonías fueron pronunciadas antes de estas reformas. Es muy evidente, por el tono general, que la vida religiosa de Judá había alcanzado uno de los puntos más bajos de todos los tiempos, y que se precisaba de la amenaza del inminente castigo divino para estimular al rey y a la nación a cualquier clase de reforma y renovación. La gran advertencia de destrucción en Judá habla de un legado continuo de adoración a Baal, adoración a las estrellas, y devoción al dios Moloc, notorio principalmente por el culto de sacrificios de niños asociado con su nombre. Estas prácticas son por completo inaceptables. 1:14-2:3 El gran día del SEÑOR. El profeta entonces pasa al venidero «día del SEÑOR», tema común entre muchos de los profetas de este período. La venida del SEÑOR a un pueblo tan corrupto y rebelde solo puede traer castigo. Será un tiempo de aflicción y angustia, conforme el SEÑOR aplica a su pueblo desobediente un castigo hace mucho tiempo merecido. Nada puede interponerse en el camino de este juicio: la riqueza y el poder son inútiles. Solo la justicia y la humildad de parte de Judá ofrecen alguna esperanza para que no se aplique este aterrador juicio. 2:4-3:20 Futuro de Jerusalén. A esta profecía le sigue una serie de predicciones contra las naciones que rodean a Judá (2:4-15), detallando el juicio que con certeza vendrá sobre ellas. Sin embargo, Jerusalén misma, supuestamente sitio de la casa de Dios, también recibe condenación (3:1-8). El SEÑOR está enojado porque Jerusalén se rehúsa a temerle o a aceptar su

corrección. Como resultado de su negativa de honrar al SEÑOR, Jerusalén será castigada por sus pecados. A ese castigo, no obstante, le seguirá un nuevo período en su historia. Jerusalén será purificada, purgada tanto de sus caminos paganos como de los habitantes orgullosos y altaneros. La purificación de la ciudad resultará en que será habitada solo por los mansos y humildes, aquellos que confían en el SEÑOR (3:9-13). Estas personas se regocijarán, sabiendo que el período de su castigo se ha acabado y que pueden de nuevo ser objeto del deleite y amor de su SEÑOR (3:14-17). Serán traídos a su tierra de las regiones a las que habían sido enviados en vergüenza, y tendrán la satisfacción de verse restaurados a plena vista de las naciones que los rodean.

HAGEO Al profeta Hageo se le menciona en específico por nombre en el relato de la reconstrucción del templo de Jerusalén después del retorno del exilio. Junto con Zacarías, Hageo pertenece al período de la profecía posterior al exilio, en la que el SEÑOR da a conocer sus caminos y su voluntad a su pueblo después de que ellos vuelven del exilio en Babilonia, a donde fueron llevados luego de la caída de Jerusalén. El trasfondo del ministerio de Hageo está en la decisión de Ciro el grande, conquistador del imperio de Babilonia, de permitir a los pueblos que habían sido deportados que volvieran a su tierra natal (Esd 1:2-4). En el caso de los habitantes de Jerusalén, se les da permiso para que inicien la reconstrucción del templo. Sin embargo, el trabajo pronto se detiene por varias razones. La profecía de Hageo tiene que ver con la necesidad de empezar la obra de reconstrucción como un asunto que constituye una obligación hacia el SEÑOR. 1:1-14 Un llamado a construir la casa del SEÑOR. La fecha de la profecía, que consiste de cuatro mensajes del SEÑOR, se puede establecer con precisión. El llamado a profetizar (1:1) puede fecharse a fines de agosto de 520 a.C. El último mensaje se fecha a mediados de diciembre del 520, casi cuatro meses más tarde. El primer mensaje (1:2-11) es una orden para reconstruir el templo. ¿Por qué los pobladores de Jerusalén están construyendo casas costosas para sí mismos y no construyendo una casa para el SEÑOR? ¿Es sorpresa alguna que Jerusalén se halle en una situación tan desdichada, cuando la gente trata a su Dios de tal manera? Mientras no se reconstruya la casa del SEÑOR, Jerusalén seguirá desolada. Es claro que este mensaje surte el efecto deseado. La reconstrucción del templo empieza bajo Zorobabel (1:12). 2:1-9 La gloria prometida de la nueva casa. El segundo mensaje es tan asombroso como sencillo: el SEÑOR está con su pueblo. Esta afirmación profundamente aseguradora se puede interpretar de dos maneras, y casi con certeza así debe ser. Primero, es una declaración de que el SEÑOR está del lado de su pueblo. Ya no está contra ellos, como había estado cuando llamó a los asirios o babilonios como agentes de su ira contra Israel y Judá. Segundo, se asegura la presencia del SEÑOR entre su pueblo. Tal como la

visión de Ezequiel del templo restaurado incluyó un momento dramático en el que la gloria de SEÑOR volvió al templo que antes había dejado, así a Hageo se le asegura que el SEÑOR estará con su pueblo restaurado. El nuevo templo superará en gloria al edificio anterior, que los babilonios habían destruido. Traerá paz al pueblo. 2:10-19 Bendiciones para un pueblo contaminado. El tercer mensaje tiene que ver con la contaminación del pueblo. Parece que entre los exiliados que volvieron muchos habían llegado a tener la impresión de que, debido a su exilio en Babilonia, ahora estaban libres de pecado. Si tal idea hubiera logrado una aprobación amplia, a la larga les hubiera llevado a dejar de preocuparse por la ley del SEÑOR, y a dejar de interesarse en obedecerle. Hageo demuestra que el pecado se esparce con más facilidad que la santidad. Hay un peligro real de que el pueblo de Dios se contamine debido a una falta de interés en la santidad. Sin embargo, la santidad de parte del pueblo es, aduce Hageo, una precondición esencial para las bendiciones del SEÑOR. Al reconstruir el templo el pueblo demostrará su consagración al SEÑOR. Él entonces devolverá el elogio y bendecirá al pueblo. 2:20-23 Zorobabel, anillo de sellar del SEÑOR. El cuarto y final mensaje es breve. Afirma el compromiso del SEÑOR con Zorobabel. El SEÑOR ha escogido a Zorobabel y lo ha hecho «semejante a un anillo de sellar», lo cual es una referencia evidente al mismo Zorobabel como siendo un voto o garantía de la fidelidad del SEÑOR a su pueblo. Esa fidelidad no está en tela de duda, sino que es evidente que el pueblo necesita ser tranquilizado y tener una señal física de las promesas del SEÑOR. Aquí podemos ver una predicción importante de uno de los muchos propósitos de la obra de Jesucristo: asegurarnos de la fidelidad de Dios, tanto por sus palabras como por sus obras. Como Pablo señala, todas las promesas de Dios hallan su «sí» en él (2Co 1:20) y solo en él.

ZACARÍAS Como a su contemporáneo Hageo, a Zacarías se le puede fechar en el período inmediatamente después del retorno a Jerusalén del exilio en Babilonia. El llamamiento de Hageo se puede fechar en agosto del 520 a.C. El llamamiento de Zacarías tuvo lugar unos pocos meses más tarde, en octubre o noviembre del mismo año. Aunque las visiones de Hageo duraron solo unos pocos meses, el ministerio profético de Zacarías se extendería por un período mucho más largo. Zacarías estuvo entre el grupo grande de exiliados que volvieron a Judá en 538 a.C. bajo el liderazgo de Zorobabel. Como Ezequiel, también era sacerdote. Sin embargo, Zacarías nació durante el cautiverio en Babilonia. Nunca había visto a Jerusalén antes de 538 a.C. Como Hageo, Zacarías desea animar al pueblo de Jerusalén a reconstruir el templo. Junto con estos mensajes de estímulo y reprensión por la inacción se debe hallar una serie de fuertes profecías mesiánicas. ZACARÍAS 1:1-6:15 OCHO VISIONES NOCTURNAS

1:1-6 Un llamado a volverse al SEÑOR. El libro empieza identificando a su autor como el nieto de Idó, cuyo nombre se halla en la lista de Nehemías de los que volvieron de Babilonia (Neh 12:4). La fecha del llamamiento al profeta se puede fijar en octubre o noviembre de 520, algún tiempo después del retorno inicial de los exiliados. Las palabras iniciales de la profecía declaran tanto la necesidad como la posibilidad de volver al SEÑOR. Israel puede haber vuelto a Jerusalén; todavía tiene que volver plenamente al SEÑOR que lo exilió como castigo y luego lo restauró. Con certeza la experiencia del pueblo en el exilio les habría enseñado a escuchar a los profetas del SEÑOR. 1:7-21 El hombre entre los arrayanes. Luego sigue una serie de visiones nocturnas, la primera de las cuales proviene de como tres meses antes del llamamiento del profeta. La primera visión (1:7-17) es la de un jinete entre arrayanes. El SEÑOR ha castigado a su pueblo enviándolo al exilio por

setenta años. Sin embargo, las naciones que le rodean han castigado a Judá más de lo que se merece (1:14-15; una idea similar se halla en Is 40:12). Ahora se dará a conocer a su pueblo la misericordia tierna y la compasión del SEÑOR. Sus poblaciones prosperarán, y la casa del SEÑOR será reconstruida en Jerusalén. La segunda visión (1:18-21) demuestra que las grandes potencias que fueron responsables por el caos que descendió sobre Judá, Israel y Jerusalén, serán derrotadas a su vez. 2:1-3:10 Un hombre con un cordel de medir. La tercera visión es la de un hombre con un cordel de medir (2:1-13). Esta visión extendida señala a la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén. El SEÑOR mismo morará con su pueblo. El SEÑOR ha escogido a Jerusalén como su lugar de morada, y será su gloria principal. Además de su declaración de que Jerusalén será reconstruida, la visión también indica la relativa juventud de Zacarías (2:4) La cuarta visión (3:1-10) señala hacia adelante a la limpieza del pecado de Israel, y a su restauración como nación sacerdotal del SEÑOR. El simbolismo contenido en esta visión es en especial importante. A Josué, el sumo sacerdote que con Zorobabel ha traído al pueblo de regreso de Babilonia (Esd 2:2; Neh 7:7) —que no es el dirigente anterior que supervisó la conquista de Canaán— se le ve al inicio llevando ropas sucias. Luego se le quitan al sumo sacerdote las ropas sucias y se las reemplaza con otras limpias. De la misma manera, el SEÑOR quitará los pecados de Israel y los reemplazará con su justicia. 4:1-14 El candelero de oro y los dos olivos. La quinta visión es de un candelero de oro sólido. Los «siete tubos» se entienden mejor como refiriéndose a conductos por los que se alimenta la provisión de aceite de oliva para la lámpara. La imagen, de esta forma, hace énfasis en la constancia y abundancia del aceite que mantiene la lámpara encendida. Esto se refuerza por la referencia a los dos olivos, que proveerán una fuente constante de aceite. Sin embargo, hay un significado más hondo en esta visión. El aceite se usaba para la unción, en especial para la unción de los sacerdotes y los reyes, los cuales tuvieron un papel especial que desempeñar en la historia del pueblo de Dios. La visión identifica a Zorobabel y a Josué como continuando las funciones reales y sacerdotales de las generaciones anteriores, que en última instancia serán cumplidas con la venida del Mesías. 5:1-6:15 Otras visiones. Las visiones finales son más breves. La sexta visión toma la forma de un rollo volando (5:1-4), simbolizando la validez

universal de la ley del SEÑOR, y la condenación que traerá a los que la ignoran o la desobedecen. La séptima (5:5-11) se enfoca en una canasta, en la que los pecados de la nación se quitarán de la tierra y se transferirán a Babilonia. La octava y final visión (6:1-8) repite los temas básicos de la primera visión, recalcando la victoria final del SEÑOR sobre todos sus enemigos. En lo que sigue, Zacarías ve a Josué, el sumo sacerdote, siendo coronado (6:9-15). Esta acción lo identifica como el que será responsable por la reconstrucción del templo» No obstante, hay fuertes matices mesiánicos en este pasaje, los cuales apuntan al Mesías venidero siendo a la vez sacerdote y rey (6:13); una profecía que se cumple en la venida de Jesucristo como el sumo sacerdote perfecto y el verdadero rey de Israel. ZACARÍAS 7:1-14:21 ARREPENTIMIENTO Y RESTAURACIÓN

7:1-9:8 El SEÑOR promete bendecir a Jerusalén. Unos dos años después de la octava visión nocturna que se relató arriba, la palabra del SEÑOR viene de nuevo a Zacarías. Después de condenar a Jerusalén por una falta de verdadera justicia, misericordia y compasión (7:1-10), el SEÑOR declara la importancia de escucharle y obedecerle (7:11-14). Sin embargo, a pesar de todas sus faltas, Jerusalén sigue siendo especial a la vista del SEÑOR. Él la ha escogido y la ha amado. En una importante expresión, el SEÑOR declara que él siente «grandes celos por Sión» (8:1); lo que quiere decir que su amor por ella es tal que no puede soportar el pensamiento de que Jerusalén sea amada por algún otro. En el pasado Jerusalén había sido objeto de maldición; ahora será objeto de bendición. El mismo SEÑOR que ordenó él exilio como castigo para su pueblo ahora ordena la bendición para este. Los que están presentes notarán y querrán descubrir a este SEÑOR por sí mismos, para que así puedan participar en la alegría de Jerusalén (8:1-23). Sus enemigos serán destruidos. En un vistazo panorámico de la región, el profeta identifica a todos los enemigos históricos del pueblo de Dios, y ve su caída (9:1-8). 9:9-11:17 La venida del rey de Sión. Ahora empieza un fuerte pasaje mesiánico (9:9-13). En una gran visión de esperanza el profeta ve al gran Rey mesiánico, descendiente de David, entrando a la ciudad en triunfo, trayendo consigo salvación. Notoriamente, no entra en un caballo de guerra, sino con humildad. Irá cabalgando en un burro, tal como David y sus hijos se

contentaron con cabalgar en mulas (2S 18:9). Este gran pasaje alcanzará su máximo cumplimiento con la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén (Mt 21:1-11). El SEÑOR vendrá y salvará a su pueblo (9:14-11:3). Es más, la profecía mesiánica que se acaba de registrar ahora recibe el complemento de otra, en la cual al rey y pastor mesiánico se le considera como digno de unas meras treinta piezas de plata (11:4-17). El cumplimiento de esta profecía en la traición de Jesucristo por parte de Judas Iscariote es un recordatorio de lo que Israel pensaba de su largamente esperado Mesías cuando él al final apareció. 12:1-9 Los enemigos de Jerusalén serán destruidos. El libro llega a su conclusión con una visión del fin, en la cual Jerusalén de nuevo está bajo asedio. Los que la asedian ya no son los babilonios, sino grandes ejércitos traídos de toda la tierra. Tal vez esta profecía se refiere al asedio de Jerusalén en el año 70 d.C., cuando los romanos destruyeron la ciudad. Sin embargo, las referencias a la victoria de Jerusalén sobre sus enemigos también se pueden entender en términos del establecimiento final de la nueva Jerusalén en el cielo, a la que nadie puede derrocar. 12:10-13:6 Lamento por el que traspasaron; limpieza del pecado. Ahora aparecen dos temas, que se pueden entender solo en su pleno sentido a la luz del Nuevo Testamento. El primero es la referencia a los habitantes de Jerusalén mirando «al que traspasaron», cuya muerte se lamenta como la del primogénito o hijo único (12:10). Estos temas se cumplen en la crucifixión de Jesucristo, que fue traspasado por sus verdugos cuando lo clavaron en la cruz (Jn 19:34, 37), rodeado por los que miraban. Aquí tenía lugar la muerte del Hijo unigénito de Dios (Jn 3:16), el Primogénito de toda la creación (Col 1:15,18). El segundo es la profecía de una fuente que limpiará a los descendientes de David de todos sus pecados e impurezas (13:1), lo que evidentemente ya vinculado a un profeta futuro que es herido por sus amigos (13:6). Estos versículos vislumbran con claridad la traición de Jesucristo, que muchos reconocieron como profeta (Mc 8:28; Jn 4:19), por parte de uno de sus amigos. También señalan hacia adelante a la limpieza del pecado que es posible por la muerte de Cristo (Hch 22:16; 1Co 6:11; Ap 22:14). 13:7-9 El pastor herido; las ovejas esparcidas. La fuerte profecía mesiánica continúa, y Zacarías mira hacia adelante a la venida de un pastor futuro que será herido, con el resultado de que sus ovejas serán desparramadas. El pastor es una imagen mesiánica favorita, apuntando a la venida de un pastor rey como David. De nuevo, el lector cristiano de este pasaje de inmediato reconoce el cumplimiento de esta profecía en los

sucesos que rodearon a la muerte de Jesucristo: en el momento de su crucifixión, sus discípulos fueron esparcidos cómo ovejas sin pastor (Mt 26:31, 56; Mc 14:27,49-50). 14:1-21 El SEÑOR viene y reina. Por último, la profecía retorna al tema del «Día del SEÑOR». En ese día habrá una vez más ataques contra Jerusalén y su pueblo. Sin embargo, el SEÑOR triunfará en medio de esta calamidad, y al final vencerá a todos los enemigos de Jerusalén. Aunque es posible ver esta profecía como una muestra de crudo nacionalismo, mirando hacia adelante a la dominación judía del mundo, está claro que esta no es la intención de las palabras. Desde la perspectiva cristiana es evidente que la profecía apunta hacia adelante a la tribulación de la iglesia cristiana en el mundo, y les asegura a los creyentes la victoria final del Señor sobre los enemigos de la fe. La visión de Zacarías de la pureza del templo (14:21) solo se cumplirá en la nueva Jerusalén. No hay templo en la nueva Jerusalén, porque el Señor mora allí en toda su plenitud. Pero ninguna impureza de ningún tipo se hallará allí (Ap 21:22-27). Dios reinará supremo, y su pueblo descansará de todos sus trabajos y temores.

MALAQUÍAS Como Hageo y Zacarías, Malaquías parece haber profetizado en el período posterior al exilio, en algún punto después del regreso de los exiliados de Babilonia a Jerusalén. Esto lo sugieren varias consideraciones, incluyendo la estrecha similitud entre los pecados que este libro condena y los que condena de forma notoria Nehemías. Por lo general, se piensa que Malaquías (cuyo nombre literalmente significa «mi mensajero») fue el profeta final del período del Antiguo Testamento. Si este es el caso, su obra representa un punto importante de transición entre él Antiguo Pacto y el Nuevo, apuntando hacia adelante a la venida del SEÑOR a su pueblo en Jesucristo. 1:1-5 Jacob amado, Esaú aborrecido. La profecía empieza con una afirmación del amor de Dios por su pueblo Israel. (Hay que notar que el término «Israel» se usa aquí para indicar «el pueblo de Dios» antes que «el reino del norte». Mucho después de la caída del reino del norte ante la conquista asiria en 722-721 a.C., el término «Israel» continuó siendo usado en este sentido incluyente por parte de los profetas posteriores, y también en los escritos del Nuevo Testamento). Ese amor se contrasta con el rechazo del SEÑOR de Esaú y sus descendientes, los edomitas (véase la profecía de Abdías). Israel es especial a la vista de Dios, de una manera que no lo es ninguna otra nación ni pueblo. 1:6-2:9 Sacrificios defectuosos. A pesar de esta relación especial entre el SEÑOR e Israel, no todo marcha bien. Israel está empezando a mostrar un grado de desdén por el SEÑOR al hacer trampa en sus regulaciones para los sacrificios. ¿A quién le importa la clase de animal que se ofrece en los sacrificios? Cualquier cosa servirá. El SEÑOR declara su disgusto por el surgimiento de tales actitudes en su propio pueblo (1:6-14). Se critica con severidad a los sacerdotes de Israel por su fracaso con respecto a esto (2:19). Israel ha violado el pacto con el SEÑOR de muchas maneras, de las cuales dos se destacan en un comentario especial. 2:10-16 Judá infiel. En primer lugar, los hombres israelitas se están casando con mujeres extranjeras. Al hacerlo así están introduciendo en

Israel a personas con creencias religiosas extrañas. Casarse con una mujer extranjera es importar sus dioses a la tierra del SEÑOR. Nehemías se había opuesto con vigor a esta práctica (Neh 13:23-29), e impuso un procedimiento estricto que prohibía tales matrimonios mixtos. En segundo lugar, los israelitas se estaban divorciando de sus esposas, a pesar del pacto solemne de dedicación que sostiene al matrimonio. En verdad, es posible que estos dos asuntos se relacionen entre sí: tal vez los hombres israelitas se estaban divorciando de sus esposas israelitas a fin de casarse con mujeres extranjeras. 2:17-3:5 El día del juicio. Los pecados de Israel de este modo enfurecen y hastían al SEÑOR. Hay que hacer algo al respecto. El SEÑOR propone que enviará a «mi mensajero» (que en hebreo es el mismo término usado para el título de la profecía, Malaquías) para preparar el camino para un suceso grande y dramático: la venida del mismo Señor a su templo. Debido a su pecado, Israel no podrá enfrentarse a este acontecimiento. La venida del Señor no traerá consolación, sino un fuego refinador que en verdad purificará, pero que también hará doler. La venida del Señor conducirá a la purificación de su pueblo, un proceso que será tan doloroso como necesario. 3:6-4:6 Se le roba a Dios; el Día del SEÑOR. Con todo, la promesa de perdón y restauración sigue en pie. A pesar del obvio pecado de Israel, la promesa de reconciliación continúa real y dispuesta. Si Israel se vuelve al Señor, él se volverá a Israel (3:6-18). Si tan solo Israel guardara lo que se exige de la nación (por ejemplo, con respecto al diezmo), todo marcharía bien. No obstante, las señales no son buenas. Como resultado el Señor proclama la venida de el «Día del Señor» (4:1). En ese día los arrogantes serán exterminados, en tanto que los justos disfrutarán a la luz del sol de justicia (4:2). ¿Cuándo será este gran día? ¿Cuándo visitará el Señor su templo? ¿Cuándo vendrá el Señor? Malaquías no lo dice. Lo que sí dice, sin embargo, es que el Señor enviará al profeta Elías antes de que venga ese día a preparar el camino para su venida (4:5-6). Así que, si Elías viniera de nuevo, la gente sabría que un gran día está a punto de llegar, y será un día que ofrece a la vez una amenaza y una promesa. Muchos años después, tal vez cuando algunos ya habían abandonado la esperanza, apareció Juan el Bautista en el Jordán, vestido a la manera de Elías y declarando que había venido para preparar el camino para uno más grande que él mismo... se puede entender la razón del gran sentido de expectación que se desarrolló.

Esto nos lleva al gran suceso de la venida de Jesucristo y sus implicaciones para el mundo: tema del Nuevo Testamento, al que pasamos ahora, esperando con anhelo el cumplimiento de las grandes esperanzas de Israel.

EL NUEVO TESTAMENTO

MATEO Mateo es el primero de los cuatro Evangelios. Cada uno de los Evangelios tiene características distintivas. Tal vez el rasgo más notable del Evangelio de Mateo es su preocupación por demostrar la manera en que Jesucristo cumple tanto las profecías como las expectativas del pueblo judío. Parece que Mateo se interesó en especial en mostrar a sus lectores cómo Jesucristo era justo la persona hacia la que apuntaba el Antiguo Testamento. Los primeros tres Evangelios incluyen mucho material en común. Se considera ampliamente que esto se debe al hecho de que los tres se nutren de varias fuentes comunes, tales como las colecciones de los dichos de Jesús que se sabían de memoria en la etapa más temprana. Algún material es común en los tres Evangelios. Mateo y Lucas tienen cosas en común (que son mucho más largos que Marcos); y algunas cosas se hallan solo en Mateo o Lucas. En cualquier caso, el evangelista (como se conoce a los escritores de los Evangelios) se apoyó en su propio conjunto de fuentes históricas para dar a sus lectores acceso a detalles de la figura central de la fe cristiana. La superposición entre los primeros tres Evangelios se refleja en el nombre que a veces se les da: los «Evangelios sinópticos», de la palabra griega sinopsis o «sumario». Los escritos más antiguos de la iglesia cristiana no son los mismos Evangelios, sino algunas de las cartas de Pablo. Así que, ¿por qué deben los Evangelios haber sido escritos más tarde que las cartas? Por las primeras décadas de su historia la iglesia cristiana dependió de relatos memorizados de las palabras y obras de Jesús. Por lo general, se considera el Evangelio de Marcos como el primero que fue escrito, tal vez a mediados de los años sesenta. A menudo se piensa que Mateo también fue escrito en la década de los setenta, aunque algunos estudiosos todavía defienden la posibilidad de que haya sido escrito antes. Muchos estudiosos también fechan el Evangelio de Lucas en la década de los setenta, aunque sigue abierta la posibilidad de una fecha anterior. MATEO 1:1-2:23 EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO

1:1-17 Genealogía de Jesús. El interés inmediato de Mateo es decirles a sus lectores acerca del trasfondo de la figura central del evangelio: Jesucristo. Por consiguiente, empieza considerando el trasfondo de su nacimiento. Primero, rastrea el árbol genealógico. Muestra que Jesús es descendiente de las grandes figuras del Antiguo Testamento como David y Abraham. Este punto habría sido en especial importante para los lectores judíos de este Evangelio. Ellos se darían cuenta de que Jesús tenía las conexiones familiares necesarias para ser el «Mesías»; es decir, «el ungido de Dios», que traería un nuevo período en la historia del pueblo de Dios. Se identifica a Jesús (1:1) como «hijo de David» (fuerte título mesiánico), y como «el Cristo» (1:17). Nótese también que a José se le menciona como «esposo de María» (1:16), antes que como «padre de Jesús». Mateo está preparando a sus lectores para las circunstancias inusuales que rodearon el nacimiento de Jesús, las cuales pasa a relatar. Hay algunas diferencias interesantes entre la genealogía presentadas aquí y la que menciona el Evangelio de Lucas (Lc 3:23-37). Mateo tiende a rastrear la ascendencia de Jesús por José, en tanto que la preferencia de Lucas es rastrearla por María. Esto se corresponde con el interés particular de Mateo en José y el de Lucas en María. Mateo relata el nacimiento de Jesús, por ejemplo, desde la perspectiva de José, en tanto que Lucas lo relata desde la de María. Mateo de este modo destaca el hecho de que, legalmente hablando, Jesús es hijo de David. Nótese también que Mateo destaca cómo el nacimiento de Jesús se ubica estratégicamente en la historia del pueblo de Dios (1:17). Abraham marca los orígenes de Israel. Dios lo llamó a que dejara su hogar y llegara a ser «una gran nación» (Gn 12:1-3). Catorce generaciones más tarde la historia de Israel entró en una nueva fase gloriosa, con el reino de David. Este fue seguido catorce generaciones más tarde por el exilio de Jerusalén a la gran ciudad de Babilonia. Los profetas del Antiguo Testamento vieron esto como otro momento decisivo en la historia de Israel, marcando un nuevo período en los tratos de Dios con su pueblo. Fue un tiempo de renovación, purificación y castigo. Catorce generaciones después de este exilio nació Jesucristo. La implicación es clara: otro momento decisivo en los tratos de Dios con su pueblo está a punto de tener lugar. La palabra «Cristo» merece un mayor análisis. Demasiado a menudo se la trata como un sobrenombre, de modo que «Jesucristo» parece estar en el mismo nivel que «Juan Pérez». Sin embargo, la segunda palabra en realidad es un título. La mejor traducción del nombre de la figura central de los

Evangelios es «Jesús el Cristo» o «Jesús el Mesías» (la palabra griega cristos, de la cual obtenemos la palabra «Cristo», quiere decir «ungido» o «Mesías»). La afirmación de que el Mesías al final ha venido (1:17) en verdad sería una buena noticia para muchos judíos. Es importante demostrar, por consiguiente, la base para esta creencia. ¿Qué hay en la vida de Jesús que lleva a esta conclusión? De muchas maneras, lo que procura el Evangelio de Mateo es ayudar a sus lectores a apreciar que el largamente esperado Mesías al fin ha venido en la persona de Jesús de Nazaret. 1:18-25 El nacimiento de Jesucristo. El relato del nacimiento de Jesús es bien conocido, pero vale la pena leerlo de nuevo, saboreando sus detalles. María estaba «comprometida para casarse con José», pero no había tenido ninguna relación sexual con él. Cuando se halló que estaba encinta, José, por supuesto, temió lo peor, y se preparó para realizar en privado el papeleo necesario para el divorcio. Por bondad hacia María, resolvió evitar un juicio público, lo que hubiera resultado en que ella sería apedreada hasta morir (Dt 22:23-24). Sin embargo, mientras él considera este curso de acción, un «ángel del Señor» le habla en un sueño, y expone con claridad la verdad del asunto. María está encinta del Espíritu Santo. El niño que nacerá no será un niño ordinario. Debe ponerle por nombre «Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (1:21). Nótese que a José no se le permite escoger el nombre del niño. Para los escritores bíblicos, ponerle nombre a alguien es tener autoridad sobre esa persona (como cuando a Adán se le permitió ponerle nombre a todas las criaturas vivas, Gn 2:19-20). A José se le dice que le ponga por nombre al niño «Jesús», porque el nombre es una indicación vital de la significación del niño que lo llevará. Va a ser un Salvador. Mateo entonces nos introduce a un tema principal de su Evangelio: el cumplimiento de la profecía. En doce puntos Mateo nos muestra cómo los sucesos de la vida y la muerte de Jesús cumplieron la gran esperanza profética del Antiguo Testamento. Aquí Mateo destaca cómo el nacimiento de Jesús le da cumplimiento a Is 7:14, que habla de que una virgen dará a luz un hijo como señal al pueblo de Dios. De nuevo, el nombre dado al niño es enormemente significativo: se le llama «Emanuel», que quiere decir «Dios con nosotros» (1:23). El nombre conlleva dos ideas vitales, las cuales son centrales al Evangelio: «Dios con nosotros» quiere decir que «Dios está de nuestro lado» en nuestra lucha contra el pecado, la desesperanza y la muerte; y que «Dios está entre nosotros» ya que ha escogido morar con los hombres y mujeres del mundo. Esta idea cristiana central (por lo general conocida como la «doctrina de la encarnación») es de especial importancia

en el Evangelio de Juan (véase Jn 1:14). Al cumplir esta gran profecía (y las otras que siguen), Jesús se muestra como la culminación de las grandes esperanzas y expectativas del Antiguo Testamento. 2:1-12 La visita de los sabios. Mateo luego detalla otros sucesos que rodearon el nacimiento de Jesús, los cuales continúan el tema del cumplimiento de la profecía. Se identifica el lugar de nacimiento de Jesús como «Belén de Judea» (2:1), una población como a ocho kilómetros al sur de Jerusalén. La significación de este lugar se explica más adelante (2:4-6), y apunta a la profecía (Mi 5:2) de un gobernante y pastor futuro del pueblo de Dios que nacerá en esta ciudad real. Sin embargo, los primeros adoradores del Cristo recién nacido no son judíos; son gentiles. Aunque traen tres regalos (2:11), no sabemos si eran tres «sabios», como lo dice la vieja tradición cristiana. Los «sabios» (2:1) eran casi ciertamente astrólogos de las tierras al oriente de Judea, tales como Persia. La referencia a la «estrella» (2:1, 9-10) es importante. Esto apunta con claridad a un evento inusual y significativo en el cielo, quizá una supernova, o tal vez dos o más planetas ocupando posiciones muy cerca uno del otro. Pero también retoma el gran tema del Antiguo Testamento de la estrella que «saldrá de Jacob» (Nm 24:17), ampliamente visto como una profecía mesiánica. Tanto la adoración futura de Jesucristo por parte de los gentiles y la victoria de Dios sobre la adoración de los objetos celestiales se indica por anticipado en este maravilloso relato de cómo los sabios «postrándose lo adoraron» (2:11). Los regalos que le ofrecen son preciosos, y son un medio por completo apropiado para honrar a un futuro rey. No obstante, el rey Herodes (también conocido como «Herodes el grande») se siente profundamente amenazado por estos sucesos, que por supuesto piensa que conducirán a la pérdida de su propia autoridad. Si el «rey de los judíos» real (2:2) ha nacido ahora, ¿qué lugar habrá para Herodes, que había sido instalado como rey de Judea por las autoridades romanas? Herodes da pasos para eliminar a Jesús, y ordena la masacre de todos los niños de Belén menores de dos años (2:16). Este incidente puede recordarle a los lectores la historia de Moisés, que también fue librado de la masacre de los niños pequeños ordenada por un rey atemorizado (Éx 1:22-2:10). 2:13-18 Escape a Egipto. Advertido en un sueño de la intención de Herodes de matar a Jesús, José se lleva a María y a Jesús a Egipto buscando seguridad. Mateo señala cómo esta acción cumple con la profecía del Antiguo Testamento (Os 11:1). Israel fue a Egipto en tiempos de José, y finalmente sería sacado por Dios en el tiempo del éxodo. Mateo ve el mismo patrón en la vida de Jesús. Así el capítulo 2 de este Evangelio termina con

un relato de como José, María y Jesús se establecen en la pequeña población de Nazaret, en la región de Galilea. MATEO 3:1-4:11 COMIENZO DEL MINISTERIO DE JESÚS

3:1-12 Juan el Bautista prepara el camino. Algunos años han pasado. Mateo empieza su introducción al ministerio de Jesús presentando a Juan el Bautista, hijo de Zacarías y Elisabet (Lc 1:5-80). Es obvio que Juan crea sensación, con las multitudes acudiendo en masa al desierto para oírle hablar. A Juan se le reconoce como el precursor de Jesús. En cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento, Juan viene como el que fue prometido para preparar «él camino para el Señor» (3:3, citando Is 40:3 y Mal 3:1). Juan, que evidentemente encuentra una considerable resistencia de parte de las autoridades religiosas judías (3:7-10) ve su papel como el de preparar el camino para alguien más grande que él mismo. Juan puede soló bautizar en agua. El que viene bautizará con el Espíritu Santo (3:11). Así que, ¿quién es esta persona misteriosa? 3:13-17 Bautismo de Jesús. Mateo no nos tiene en suspenso por mucho rato. Jesús aparece en escena (3:13). Juan se rehúsa a bautizarlo. Jesús no tiene pecado, así que no necesita ser bautizado, lo cual es un símbolo de arrepentimiento. Pero Jesús insiste. El resultado es uno de los momentos más poderosos en el ministerio de Jesús: el Espíritu Santo desciende sobre él, y recibe la aprobación de Dios que afirma que Jesús es su Hijo amado (3:17). Nótese que Jesús no llega a ser Hijo de Dios en su bautismo. Dios confirma lo que ya es un hecho. 4:1-11 Tentación de Jesús. Tal como Israel pasó cuarenta años en el desierto, siendo probado y preparado para su entrada final a la tierra prometida, así Mateo nos dice cómo Jesús se prepara para su misión en medio de Israel mediante su tentación: un período de cuarenta días y noches en el desierto, en el que Jesús confronta y resiste con éxito la tentación. Las pruebas se centran en si Jesús usará su poder y autoridad como Hijo de Dios para su propia ventaja o para los fines para los cuales le han sido dados. Hay importantes anticipos de la cruz en este pasaje, en especial en la sección que tiene que ver con la tentación a arrojarse del punto más alto del templo, sabiendo que sería salvado (4:6). ¿Se bajará Jesús de la cruz y escapará de la muerte? ¿O se quedara allí, fiel hasta el fin, redimiendo a aquellos por los que vino a morir? Para el final de este

período está claro que Jesús será obediente á la voluntad de su Padre. Está listo para empezar su ministerio público. MATEO 4:12-13:58 MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA

4:12-17 Jesús empieza a predicar. El ministerio de Jesús ahora empieza en la región de Galilea. En cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento (4:14), Jesús empieza a predicar su mensaje en esta región. Tiene dos temas centrales (4:17): la necesidad de arrepentimiento y la venida del reino de Dios. Mateo relata cómo este mensaje halla una respuesta en el llamamiento de los primeros discípulos: Pedro, Andrés, Jacobo y Juan (4:18-22). Son pescadores —no académicos, ni maestros religiosos, y ni siquiera gente educada. Ellos ilustran de manera suprema la atracción impresionante que Jesús demuestra tener sobre las personas... una atracción que Mateo entonces documenta desde el principio del ministerio de sanidad de Jesús (4:23-25). Incluso en esta etapa inicial Jesús crea sensación. 5:1-7:29 El sermón del monte. Pero Jesús no es meramente un sanador. Ha venido a traer las buenas nuevas del reino de Dios. De inmediato Mateo nos presenta una sección principal de la enseñanza de Jesús, que por lo general se conoce como el «sermón del monte» (5:1-7:29). Una de las características más distintivas del Evangelio de Mateo es la manera en que arregla las enseñanzas de Jesús de forma conveniente en cinco bloques de material, de los cuales este es el primero. Cada bloque termina con palabras similares (7:28; 11:1; 13:53; 19:1; 26:1). Esta división quíntuple puede sugerir que el autor ve su obra como una nueva ley (reflejando los cinco libros del Pentateuco: Génesis a Deuteronomio) y a Jesús como el nuevo y más grande Moisés. El sermón recalca las altas demandas que los creyentes son llamados a esforzarse para alcanzar, mientras descubren que es imposible cumplirlas sin la gracia de Dios mismo. Para muchos comentaristas el sermón presenta una serie de normas por las que los creyentes deben esforzarse, aunque en última instancia no logren alcanzarlas en sus propias vidas. Esto no quiere decir que las demandas son perfeccionistas o idealistas sin remedio. Simplemente apuntan al hecho de que ser creyente marca una diferencia en la manera en que tales personas viven, e indica las metas a las que deben aspirar, aunque no puedan alcanzarlas. Es como ser puesto en el camino correcto y

estimulado a empezar a recorrerlo. Aunque los creyentes no lleguen al final de ese camino, por lo menos saben que andan en la dirección correcta. 5:1-12 Las bienaventuranzas. El sermón empieza con una serie de pronunciamientos a los que ampliamente se les conoce como «las bienaventuranzas». Cada pronunciamiento empieza con la palabra «Dichosos...». El término «dichoso» se malentiende con facilidad, En realidad no quiere decir «feliz» o «afortunado». Es posible, como Jesús destaca, ser bienaventurado aun cuando no se es feliz. Alguien es «bienaventurado» si ha hallado favor y aceptación ante los ojos de Dios. Incluso si la situación o estado terrenal del creyente es humilde o de aflicción, puede saber que ha hallado favor a la vista de Dios; lo que es mucho más importante. Nótese cuántas de las bienaventuranzas hacen énfasis en que una situación humilde (tal como la mansedumbre), o una situación de necesidad (tal como la lamentación o la persecución) se ve como conduciendo a la bendición. 5:13-16 Sal y luz. Luego a los creyentes se les compara con la sal (5:13) y la luz (5:14-16). Los creyentes son «la sal de la tierra», porque pueden darle una nueva calidad al mundo. Tal vez teniendo en mente la sal en su forma mineral (en la que el agua puede lavar con facilidad la sal, dejando solo la roca detrás), Jesús recalca lo fácil que los creyentes pueden perder su «salinidad» a menos que se preocupen por preservarla. Los creyentes son también como lámparas, que pueden iluminar a un mundo oscuro, conduciendo a las personas a hallar y alabar a Dios. 5:21-48 El cumplimiento de la ley. Se declara entonces que la venida de Jesucristo es el cumplimiento de la ley, y no una contradicción de ella. De ninguna manera la venida de Jesús significa la abolición de la ley. Él ha venido para completarla (5:17-20). En Cristo, los propósitos e intenciones de la ley alcanzan su clímax y su realización final. Él es aquel al que la ley y los profetas apuntaban. Mientras que de ninguna manera aprueba las interpretaciones precisas y detalladas de la ley que prevalecían en el judaísmo de su tiempo, Jesús indica con claridad que el Antiguo Testamento continúa desempeñando un papel importante en la vida de los creyentes. La relación entre la ley del Antiguo Testamento y la vida de fe se explora con algún detalle en los escritos de Pablo, y se volverá a eso más adelante en esta obra. En verdad, lejos de abolir la ley, Jesús la intensifica. El homicidio no es simplemente la acción física de matar. Es un asunto de las motivaciones que están debajo de la acción. El adulterio no se trata simplemente de la acción física de dormir con el cónyuge de otro. Es una cuestión de la motivación

para esa acción. Si alguien pide que se camine una milla, Jesús les pide que vayan dos. El tema básico es claro: la justicia que es la meta última del nuevo pacto en realidad excede la del viejo pacto. De este modo, no hay base en la enseñanza de Jesús para alguna acusación de «antinomianismo» (es decir, de un desdén o desprecio de la ley moral) en la vida cristiana. Los creyentes están obligados a hacer el bien. Sin embargo, Jesús insiste en que la motivación para hacer tales buenas obras no debe ser ganar favor ante el público, sino agradar a Dios, que ve y recompensa en secreto (6:14). Esto también se aplica a la oración. Jesús critica las oraciones ruidosas, largas y pomposas en público, y declara que las oraciones de los individuos (con lo cual él no quiere dar a entender la adoración pública en la iglesia) deben idealmente ser en privado, para evitar esa tentación. En cualquier caso, la eficacia de la oración no depende de su verbosidad (6:5-8). 6:9-15 El Padre nuestro. Después de establecer el contexto en que se debe elevar la oración, Jesús presenta una oración modelo, que ha llegado a ser parte integral de la vida de los creyentes cristianos a través de los siglos. Por lo general se le conoce como «el Padre nuestro». Su sencillez, brevedad e intimidad establecen un modelo para la clase de oración que Jesús desea que sus seguidores adopten. La oración afirma la paternidad de Dios, nos recuerda que le debemos a él nuestros orígenes, y que él cuida de sus hijos. Nos recuerda que Dios es santo (el término «santificado» tiene el significado básico de «mantener santo»), y que esta santidad se debe reflejar en la manera en que el creyente se dirige a Dios en oración, habla de él al mundo, y le adora. Pide que Dios haga su voluntad en las vidas de los creyentes; una oración peligrosa, dado lo que Dios a veces quiere que su pueblo haga por él. La oración luego pasa a las necesidades de los creyentes: su necesidad física de alimento y su necesidad espiritual de perdón, consuelo y protección de la tentación. En este punto la oración termina. Sin embargo, algunas versiones posteriores del texto del Evangelio de Mateo añaden una sección final en conclusión dándole gloria a Dios, la cual se lee de esta manera en la versión Reina Valera: «Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén». Esta versión más larga halló lugar en las formas tradicionales del culto público en muchas denominaciones cristianas. Sin embargo, aunque la oración ha terminado, los comentarios de Jesús sobre su importancia siguen. En un pasaje que no se debe soslayar, Jesús recalca que el perdón de Dios de nuestros pecados va ligado a nuestro perdón de los pecados de otros (6:14-15), punto ilustrado por una parábola famosa más tarde en este Evangelio (18:21-35).

6:16-34 El ayuno y la providencia de Dios. Jesús ahora vuelve al tema de darle gloria a Dios, y no de cortejar el favor de los religiosos (6:16-18). Como cimiento de este punto está el principio básico de que es más importante acumular un tesoro imperecedero en el cielo que trabajar por algo aquí en la tierra que no durará (6:19-24). Los creyentes deben aprender a confiar en la providencia de Dios, lección que Jesús ilustra con las aves de los cielos y los lirios del campo. Lo importante es mirar a Dios, y no al mundo, y confiar en la bondad de Dios y buscar su justicia (6:25-34). 7:1-23 Cuando se juzga a otros; respuestas a la oración; conducta apropiada. El sermón continúa con un recordatorio de la pecaminosidad de la naturaleza humana, que nos lleva a criticar a otros cuando deberíamos examinarnos nosotros mismos (7:1-6). Jesús afirma tanto la importancia de la oración como la bondad de Dios para responder a nuestras necesidades. Al igual que los padres humanos, tan inadecuados como son, con todo quieren el bien de sus hijos, así Dios se deleita en responder a las peticiones de sus hijos (7:7-12). La importancia de la conducta apropiada se recalca de varias maneras (7:13-23). Tal como un buen árbol produce buen fruto, así la persona que en realidad viene a la fe naturalmente producirá buenas obras. 7:24-29 Constructores sabios y necios. El sermón termina con una parábola acerca de una casa construida sobre la peña y una casa construida sobre la arena (7:24-27). Aquí Jesús indica con claridad que es de vital importancia que la casa de la fe se construya sobre un cimiento sólido, que sobrevivirá a las peores tormentas que la vida pueda producir. Solo al edificar sobre Jesucristo y su evangelio podemos estar seguros de la estabilidad y la paz que Dios quiere para nuestras vidas. La multitud queda profundamente impresionada por esta enseñanza, y reconoce a Jesús como alguien que, a diferencia de sus propios maestros, enseñaba con autoridad (7:28-29). Esa autoridad queda ahora confirmada por una serie de sucesos antes de que lleguemos a la segunda sección principal de enseñanza (10:5-42). Con una serie de sanidades asombrosas, Jesús demuestra que hay algo en él que lo distingue de todos los demás. Todas las señales de autoridad y poder espiritual están presentes en su ministerio: tanto en lo que dice como en lo que hace. El «sermón del monte» se enfoca en lo que Jesús dice; nuestra atención ahora se dirige hacia lo que Jesús hace. 8:1-17 Jesús sana a María. La sanidad del leproso (8:1-4) ilustra la capacidad y disposición de Jesús para sanar, así como también su afirmación de la ley del Antiguo Testamento: nótese cómo envía al leproso sanado al sacerdote para confirmación de la sanidad. La curación del siervo

del centurión (8:5-13) demuestra la importancia de la fe para la sanidad. Tal como lo aclaran las palabras de Jesús, esto también muestra tanto que los gentiles son atraídos a Jesucristo como que ellos pueden beneficiarse de su ministerio. (Como oficial de más alto rango, el centurión habría sido romano, no judío). Todas estas sanidades, junto con muchas otras, son un cumplimiento directo de la profecía del Antiguo Testamento (8:14-17). 8:18-9:8 La autoridad de Jesús. Después de recalcar el costo de seguirle, Jesús continúa demostrando su autoridad sobre el orden natural y espiritual: sea al calmar la tempestad, echar fuera demonios, o sanar a un paralítico (8:18-9:8). Las multitudes se asombran de su autoridad. De forma significativa, los demonios reconocen su verdadera identidad, alabando a Jesús como el «Hijo de Dios» (8:29). 9:9-13 Llamamiento de Mateo. El llamamiento de Mateo (considerado ampliamente como el compilador de este Evangelio) es de interés especial (9:9-13). Mateo, al que se le llama por su nombre original de «Leví hijo de Alfeo» en el relato de Marcos del mismo incidente (Mc 2:13-17), era un recaudador de impuestos, y por consiguiente miembro de un grupo de judíos muy aborrecidos y considerados como proscritos por sus propios coterráneos. En ese tiempo la región de Palestina estaba ocupada por los romanos. Y no se trataba solo de que los recaudadores de impuestos se asociaban con el poder gentil de ocupación; sino que también cobraban más impuestos de los que debían, lo que era una manera de asegurar su propio bienestar. Como resultado, los judíos los detestaban y los consideraban como traidores. Sin embargo, Jesús llama a uno de ellos para formar parte de su círculo interno. En esta acción podemos ver uno de los aspectos más importantes del ministerio de Jesús: su aceptación de aquellos a los que el judaísmo consideraba más allá de toda esperanza de redención, incluyendo las prostitutas, los gentiles y los recaudadores de impuestos. Jesús resume esto con su declaración de que ha venido a llamar a los pecadores, y no a los justos (9:13). Hay un rastro incuestionable de fuerte ironía en esta declaración. ¿Tal vez aquellos, como los fariseos, que pensaban que eran justos, eran simplemente justos a sus propios ojos? El vino nuevo glorioso del evangelio no puede ser contenido por los odres viejos y cansados del judaísmo (9:14-17). 9:18-38 Jesús sana. Luego se registran una serie de sanidades. Una es de interés particular. La mujer que había estado sangrando por doce años (9:20) era considerada impura por los judíos debido a su excreción de un fluido corporal. Sin embargo, Jesús no vacila en sanarla. Jesús ve como digno de ser salvado a alguien que el judaísmo consideraba impuro.

10:1-42 Jesús envía a los doce. Ahora empieza una nueva fase en el ministerio de Jesús. A sus doce discípulos les da autoridad para continuar su ministerio (10:1-4), y les instruye al enviarlos. Ellos deben llevar las buenas nuevas de la venida del reino de Dios, junto con las señales que le acompañan de sanidad y renovación, al pueblo de Israel (10:5-42). Nótese que al inicio Jesús envía a sus discípulos solo a los judíos, y les instruye que eviten a otros, tales como los samaritanos. Es evidente que Jesús considera a los judíos como el pueblo de Dios, que tiene el derecho de oír antes que cualquier otro las buenas nuevas de lo que el Señor está haciendo por su pueblo. Conforme los sucesos lo demuestran, el rechazo de Jesús y del evangelio por parte del judaísmo conduce a la apertura del evangelio y todos sus beneficios a toda persona, tema que es en especial importante para Pablo. Considerando de antemano este rechazo, Jesús indica con claridad que sus discípulos pueden esperar una fuerte reacción al predicar estas buenas nuevas en Israel. No obstante, les asegura la protección continua y la provisión de Dios conforme ellos parten. En momentos de gran tensión el Espíritu Santo les dará las palabras que deben hablar. 11:1-19 Jesús y Juan el Bautista. El relato ahora vuelve a Juan el Bautista, a quien Herodes había echado en la cárcel (véase 14:3-4). Juan envía a sus seguidores a preguntarle a Jesús si él es el tan esperado Mesías, o si deben esperar por algún otro (11:2-3). En respuesta Jesús menciona las grandes señales de la venida del Mesías que habían sido profetizadas en el pasado (Is 35:4-6; 61:1). Como se puede ver por su ministerio a estas alturas, estas profecías se habían cumplido. Es evidente que el Mesías en verdad había llegado. Jesús declara que Juan marca el fin de una edad. Él es el Elias que el Antiguo Testamento prometió que vendría antes de la venida del mismo Señor (Mal 4:5). Las palabras de Jesús nos dejan sin ninguna otra alternativa que concluir que él mismo es el Señor. 11:20-12:14 Falta de arrepentimiento; el descanso del sabat: Aunque muchos responden a Jesús» es claro que muchos se rehúsan a arrepentirse (11:20-24); pero a los que en realidad se arrepienten Jesús les ofrece descanso y refrigerio (11:25-30), Este tema del descanso se desarrolla en el relato de Jesús quebrantando las leyes del sabat al recoger trigo y sanar a la gente en el día de reposo (12:1-13). Aquí se destacan dos puntos con claridad. Primero, Jesús tiene autoridad sobre el sabat. Segundo, el sabat fue instituido con el fin de dar a la gente descanso, y no de añadir todavía más a sus cargas. 12:15-50 Profecía del Antiguo Testamento y autoridad de Jesús sobre los espíritus malignos. Ahora se retoma una vez más el tema de la relación de Jesús con la profecía del Antiguo Testamento. Mateo muestra

cómo el ministerio de Jesús cumple una de las más grandes profecías mesiánicas del Antiguo Testamento (12:15-21; véase Is 42:1-4). También informa cómo la resurrección de Jesús llevará al cumplimiento de la «señal de Jonás» (12:38-42) a través de su resurrección de entre los muertos. Sin embargo, el tema de la autoridad de Jesús sobre los espíritus malignos también es significativo en esta sección (12:22-37, 43-45). Es evidente que Jesús tiene autoridad sobre tales espíritus. Surge entonces la cuestión con respecto a la base de esta autoridad. Las multitudes atribuyen la misma a su estado mesiánico. Sus adversarios intentan arrojar dudas sobre Jesús sugiriendo que tiene autoridad sobre los demonios porque está ligado a «Beelzebú, príncipe de los demonios» (12:24). Esta afirmación es el pecado imperdonable: la blasfemia contra el Espíritu Santo, por la que los grandes actos de Dios se atribuyen a Satanás. 13:1-52 Parábolas del reino. Ahora empieza una tercera sección principal de enseñanza (13:1-58), que incluye algunas de las más famosas «parábolas del reino». El hecho de que Jesús enseñe en parábolas es significativo en sí mismo, puesto que señala el cumplimiento de otra profecía del Antiguo Testamento (13:35; véanse Sal 78:2; Os 12:10). La palabra hebrea que se sugiere aquí tiene varios significados, incluyendo «acertijo» o «dicho oscuro». Como se ve con claridad, estos «dichos oscuros» los pueden entender solo aquellos a los que se les ha dado el privilegio de entenderlos. Algunos pueden oírlos, y sin embargo no lograr entender para nada de qué tratan. Verán, pero no percibirán (13:10-17). La primera de tales parábolas es la parábola del sembrador (13:1-9, 1823). Esta parábola señala cómo la misma semilla cae en diferentes clases de suelo. Lo que a la larga le sucede depende de la calidad del terreno. De la misma manera, Jesús siembra la semilla de la palabra de Dios por medio de su predicación. El efecto que ejerce en las personas depende de cómo las mismas responden a ella. Si alguien no responde, o se aleja, no se debe a algún fracaso de parte de la semilla. La segunda parábola se enfoca en un campo de trigo, en el cual un enemigo del agricultor ha sembrado hierbas malas (13:24-30, 36-43). El trigo y la cizaña crecen por lo tanto lado a lado. Antes de arriesgarse a dañar el trigo tratando de librarse de las hierbas malas en esta etapa, el agricultor decide esperar hasta la cosecha. Entonces los separará. Lo mismo será con los buenos y los malos del mundo. Serán separados solo en el juicio final. Antes que arriesgarse a hacerle daño a los justos, Dios esperará hasta el fin para separar las cosas... y separarlas de forma permanente. El mismo punto también se recalca en la parábola de la red (13:44-50).

Dos parábolas breves: el crecimiento de una semilla y el esparcimiento de la levadura en la masa, ilustran la manera en que el reino de Dios puede expandirse a partir de principios pequeños (13:31-33). El valor y la atracción del evangelio se ilustran luego con la parábola del tesoro enterrado y la de la perla de gran valor (13:44-45). 13:53 Profeta sin honra. Esta sección del Evangelio de Mateo concluye con el informe del rechazo de Jesús por parte de su propia gente de Nazaret. A pesar de todas las señales de autoridad y poder espiritual, la gente de Nazaret lo rechaza. Debido a la falta de fe, Jesús no realiza ningún milagro en su ciudad natal. Esto señala un importante principio general: si no hay fe, no hay milagros. La fe es una condición previa para beneficiarse de Cristo. MATEO 14:1-20:34 FASE FINAL DEL MINISTERIO DE JESÚS

14:1-36 Decapitación de Juan el Bautista; popularidad de Jesús. Una nueva fase empieza con la ejecución de Juan el Bautista (14:1-12). Como resultado de esto Jesús intenta retirarse de su ministerio público. Sin embargo, las multitudes no le permitirán que esté a solas. La alimentación de los cinco mil (14:13-21) ilustra el enorme tamaño de las multitudes que ahora le siguen, así como también señala la compasión y el poder de Jesús. Su autoridad sobre el orden natural se recalca de nuevo cuando él anda sobre las aguas y calma luego la tempestad. De nuevo, vemos el gran interés que hay en Jesús, que es evidente en las grandes multitudes que se reúnen dondequiera que él va (14:22-36). 15:1-39 Jesús y el judaísmo. Ahora se enfoca otra vez en la relación de Jesús con el judaísmo de sus días. El asunto de la limpieza ritual surge como algo importante, y los fariseos protestan contra el hecho de que los discípulos no observen las tradiciones de la limpieza ritual (15:1-19). Jesús afirma que los fariseos están poniendo las tradiciones humanas por encima de la palabra de Dios. No es el comer con las manos sin lavar, sino los pensamientos malos del corazón, lo que hace inmunda a una persona. A este reproche dirigido contra el tradicionalismo de los fariseos le sigue un incidente que muestra como la gente fuera del judaísmo (en este casó, una mujer de la región de Tiró y Sidón) era atraída a Jesús, poniendo su fe en él (15:21-28). La alimentación de los cuatro mil (15:29-39), que es muy similar al relato anterior de la alimentación de los cinco mil, de nuevo señala tanto el atractivo como la autoridad de Jesús.

16:1-12 Fariseos y saduceos y la exigencia de una señal. No obstante, no todos están preparados para aceptar la autoridad de Jesús. Los fariseos y los saduceos (los dos partidos religiosos principales) lo someten a una prueba, y exigen una señal por la que se pueda verificar tal autoridad (16:14). Jesús les indica «la señal de Jonás», una clara referencia a su resurrección venidera (véase 12:39-40). Después de advertir a sus discípulos en contra de la influencia de los fariseos y los saduceos (16:5-12), Jesús y sus discípulos se van a la región de Cesarea de Filipos. Es allí qué tiene lugar uno de los incidentes más importantes del ministerio de Jesús. Esta vez, sin embargo, son los discípulos, antes que Jesús, el foco de atención. 16:13-20 La confesión de Pedro en cuanto a Cristo. Jesús les hizo a sus discípulos la pregunta básica: ¿Quién dice la gente que soy yo? (Él usa la expresión técnica «Hijo del hombre» para referirse a sí mismo en este caso). Los discípulos contestan informándole las varias opiniones que han oído: Jesús es uno de los, profetas, o Juan el Bautista que ha vuelto a la vida, o tal vez Elias. Pero Jesús insiste: ¿Y ustedes qué piensan? ¿Quién dicen ustedes que soy yo? Esta es una pregunta de importancia vital. A diferencia de las multitudes, los discípulos han estado con Jesús durante la mayoría de su ministerio. Le han observado y escuchado. Ahora les pregunta cuál es su conclusión. Pedro habla por ellos cuando responde que está convencido de que Jesús es el Cristo (es decir, el Mesías), el Hijo del Dios viviente (16:13-20). En otras palabras, Jesús es el tan esperado Mesías que ha venido a su pueblo. Jesús declara que Pedro tiene razón. Esta no es una conclusión que él podría haber alcanzado sin ayuda. Dios mismo le ha ayudado a deducir esta conclusión tan importante. Tal vez preocupado porque el título de «Mesías» se pudiera entender en un sentido puramente político, Jesús les pide a sus discípulos que no le digan a nadie que se han dado cuenta de su verdadera identidad. Con facilidad se podría haber malentendido al Mesías como un dirigente político triunfalista, preocupado solo por liberar a la nación de la fuerza romana de ocupación. 16:21-28 Jesús predice su muerte. No obstante, es evidente que los mismos discípulos también han entendido mal con relación a Jesús. Inmediatamente después de su confesión de que él es el Mesías, Jesús declara que debe ir a Jerusalén, sufrir, morir y luego resucitar de entre los muertos. Tiene la obligación de hacer esto. Es parte de su llamamiento. Tiene que hacerlo. Pero los discípulos no pueden captar esta idea. No era parte de su noción tradicional del Mesías que él sufriera y muriera. Pedro protesta, y Jesús lo reprende (16:21-28).

17:1-13 La transfiguración. Ahora sigue un preludio importante de la resurrección. El relato de la transfiguración (17:1-13) demuestra la continuidad de Jesús con los ministerios de Moisés y Elias, mientras que al mismo tiempo provee un preludio anticipado de la gloria de la resurrección de Cristo, Una aprobación de la identidad y autoridad de Jesús desde el cielo confirma su ministerio y su misión. 17:14-18:20 Humildad y pecado dentro de la iglesia. Después de informar acerca de otras sanidades y enseñanzas en la región (17:14-27), llegamos al cuarto grupo principal de enseñanza en este Evangelio (18:1-35). Este enfoca sobre la importancia de la humildad (18:1-9) y los creyentes individuales (18:10-14). Jesús indica con claridad la manera en que se debe manejar el pecado dentro de la iglesia, y afirma que donde dos o tres están reunidos en su nombre, él mismo está presente entre ellos (18:15-20). 18:21-35 Parábola del siervo despiadado. Esta sección de enseñanza incluye una parábola principal relativa al perdón. Jesús habla de un individuo que es criado de un rey, y que incurre en una deuda gigantesca. Tan grande es la deuda que él y toda su familia tendrían que ser vendidos como esclavos a fin de satisfacer las obligaciones. El criado suplica que se cancele su deuda. En su misericordia, el rey acepta. Sin embargo, el criado pronto exige el pago inmediato de una deuda trivial que le debe otro criado. Cuando este hombre desdichado no puede pagar, el otro lo echa a la cárcel. El rey se enoja por esta conducta, y revoca su perdón de la deuda gigantesca. Esta parábola complementa la importante sección de conclusión de la oración modelo (6:14-15), y habla de que nuestro perdón depende de que perdonemos a otros «setenta y siete veces» (o tal vez «setenta veces siete»). En otras palabras, hay que ofrecer el perdón una y otra vez, sin límites. 19:1-30 Divorcio, niños pequeños; el joven rico. Después de esto Jesús cruza el Jordán y realiza un ministerio de enseñanza y sanidad en el área. Parte de ese ministerio de enseñanza incluye una aclaración sobre la enseñanza de Moisés con respecto al divorcio (19:1-12), y una afirmación importante acerca de los niños pequeños (19:13-15). A esto le sigue un encuentro con el joven rico (19:16-30), en el cual se trata la pregunta de las condiciones para la salvación. Después de descubrir que el joven ha guardado con fidelidad los mandamientos, Jesús le pide que venda todo lo que tiene y le siga. Esto desalienta al joven, que se aleja muy entristecido. Nótese que Jesús no hace ningún intento por acomodar su posición. Es difícil que un rico entre en el reino de Dios; pero Jesús no dice que sea imposible. Es evidente que la riqueza constituye un obstáculo real para venir a Dios. No obstante, como Jesús lo dice con claridad, con Dios todo es

posible. Nadie está fuera de los propósitos salvadores de Dios, que ha prometido salvación a los que ponen su fe en Jesucristo. 20:1-16 Parábola de los viñadores. Este tema de la fidelidad de Dios a sus promesas se retoma en la parábola de los obreros de la viña (20:1-16). La parábola se enfoca en un dueño de tierras que ofrece a algunos trabajadores un denario, o sea, el salario diario usual, para que trabajen en su viña por un día. Más tarde contrata a otros más, prometiéndoles el mismo salario, aunque ellos trabajarán por un período más corto. Hace lo mismo de nuevo al mediodía, y después a media tarde. Al anochecer, le paga a todos los trabajadores el mismo salario, a pesar de que algunos han trabajado todo el día y otros solo dos o tres horas. Los obreros que fueron contratados al principio del día sé enfurecen: no es justo, declaran. Sin embargo, el dueño ha sido fiel a sus promesas. La importancia de la parábola para los creyentes se encuentra en dos niveles diferentes. Primero, les permite ver que, aunque Dios llamó a los gentiles después de los judíos, ambos tienen el derecho a la misma recompensa de la salvación. También les recuerda que la promesa de perdón y salvación sigue abierta, aunque algunos tal vez respondan a esa oferta solo tarde en el día. 20:17-19 Jesús predice su muerte en rescate por muchos. A los lectores se les recuerda una vez más el alto precio de esa salvación, cuando Jesús de nuevo predice su traición, sufrimiento y resurrección. Estos pasajes también nos recuerdan que la muerte de Jesús no fue un accidente. Es algo que fue propuesto y predicho. Jesús muere porque tiene que morir; no hay otra manera en que la humanidad pecadora pueda ser redimida. La crucifixión tiene que suceder. A esta predicción de sufrimiento y muerte le sigue una declaración profundamente conmovedora de parte de Jesús. Él ha venido a servir, y a dar su vida en rescate por muchos (20:20-28). La palabra «rescate» indica un pago que se hace para conseguir la libertad. Por la muerte de Jesucristo los creyentes son librados de la esclavitud del pecado. Los gobernantes seculares pueden señorearse sobre la gente. Los dirigentes cristianos, sin embargo, deben servir a su gente, como Cristo sirvió antes que ellos. La compasión de Jesús en el ministerio se demuestra luego al sanar a dos ciegos (20:29-34). MATEO 21:1-28:20 LA SEMANA FINAL

21:1-11 La entrada triunfal. Mientras todo esto ha estado sucediendo, Jesús y sus discípulos se han ido acercando cada vez más a Jerusalén. Según Dt 16:16 todos los hombres judíos debían celebrar la Pascua en Jerusalén. En esta ocasión la Pascua tendría una significación especial para Jesús, que resultó ser el verdadero Cordero pascual, sacrificado por los pecados del mundo. Jesús les había dicho a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, ser traicionado y crucificado. Ahora se prepara para entrar en la misma gran ciudad (21:1-4). Él entra en ella con humildad, montado en un burro, en cumplimiento de una gran profecía mesiánica del Antiguo Testamento (Zac 9:9). Jesús entra en Jerusalén como su rey, suceso en especial celebrado por los cristianos el Domingo de Ramos. Es evidente que muchos estaban esperando este suceso. Las multitudes le saludan, honrándole y cantándole alabanzas (21:5-11). Aunque se trata a Jesús como rey, las multitudes se refieren a él como profeta (21:11). Ellos todavía tienen que descubrir que él es a la vez profeta y rey... y también salvador. 21:12-22 Conflicto con las autoridades religiosas. La semana final de la vida de Jesús está repleta de enseñanzas y conflictos con las autoridades religiosas. El primer incidente principal es la celebrada limpieza del templo, en la que Jesús expulsa a los comerciantes y vuelca las mesas de los cambistas y vendedores de palomas (21:12-17). La protesta es tal vez solo en parte contra la comercialización en las áreas del templo. Casi ciertamente representa la cólera de Jesús contra la necesidad de cualquier forma de pago o compra antes de que el individuo pueda adorar a Dios. La maldición de la higuera (21:18-22) representa la ira de Jesús contra el judaísmo de sus días, que era vacío cuando debía haber dado mucho fruto. 21:23-46 Preguntas y rechazo a Jesús. La controversia ahora surge con intensidad creciente. Sus críticos cuestionan de nuevo la autoridad de Jesús (21:23-27), los cuales demuestran ser incapaces de dar una respuesta adecuada al desafío que él les presenta. Jesús recalca que es más importante hacer la voluntad de Dios que hablar al respecto. Las prostitutas y recaudadores de impuestos tienen preferencia sobre los fariseos por esta razón (21:28-32). Este punto es reforzado por la parábola de los labradores malvados (21:33-46), que es una ilustración excelente y perturbadora de la manera en que el judaísmo había rechazado a los profetas de Dios... y de cómo también estaba a punto de rechazar al Hijo de Dios. La matanza final del Hijo nos recuerda las predicciones de Jesús de su propia muerte en Jerusalén, mediante la cual sería sellado su rechazo final por parte del judaísmo. La pregunta de quién entrará en el reino de Dios se considera luego mediante la parábola del banquete de bodas (22:1-14). Se preparó una gran

fiesta de bodas, y se invitó a unos pocos selectos. Cuando ellos se rehusaron a ir o no se presentaron, la invitación se extendió a todos. El punto de la parábola es sencillo. La invitación del evangelio se le ofreció primero a Israel. Cuando Israel no respondió, o rechazó la invitación, la misma fue extendida por completo a los gentiles. Sin embargo, la invitación no es incondicional. Así como los invitados a las bodas deben vestirse de manera apropiada para la fiesta, el arrepentimiento y la fe son necesarios para entrar en el reino de Dios. 22:15-46 Más preguntas controversiales. Jesús entonces trata de una serie de cuestiones controversiales que le presentan los fariseos y saduceos, que intentan tenderle una trampa. Los fariseos intentan al inicio atrapar a Jesús enredándole en una controversia que tiene que ver con las autoridades romanas (22:15-22). ¿Deben los judíos pagar impuestos a los romanos o no? Los fariseos se oponían a pagar tales impuestos. Los herodianos (que apoyaban con fuerza a los romanos) los favorecían. Ambos grupos se oponían a Jesús. De cualquier manera que respondiera, Jesús perdería, bien fuera promoviendo la traición o respaldando a los romanos. Jesús no opta por lo uno ni lo otro, evadiendo la trampa que le tienden. Él llama la atención a la imagen del césar en las monedas que se usaban para pagar el impuesto. Lo que es del césar se le debe dar al césar. Lo que es de Dios se le debe dar a Dios. Como la humanidad fue creada a imagen de Dios (Gn 1:26-27), esta respuesta es en realidad una declaración de la necesidad de que la gente se dedique a él. A esto le sigue una pregunta planteada por los saduceos con respecto al matrimonio en la resurrección (22:23-33). En un esfuerzo por tenderle una trampa a Jesús al conceder que no hay resurrección le hacen una pregunta, basada en el matrimonio en el cielo, destinada a demostrar la imposibilidad lógica de la resurrección. Jesús destaca que, puesto que no hay matrimonio en el cielo, el argumento de ellos cae por tierra. Debido a que los saduceos son reducidos al silencio por esto, los fariseos le preguntan cuál de los mandamientos de la ley es el mayor (22:34-40). Esta no es una pregunta específica en cuanto a los diez mandamientos. Se consideraba por lo general que la ley tenía seiscientos trece mandamientos. A Jesús se le pregunta cuál de ellos es el de suprema importancia. Al traer a colación Dt 6:5 y Lv 19:18, Jesús provee una respuesta sucinta a la pregunta... y luego les plantea una pregunta propia a los fariseos (Mt 22:41-46). Como está planteada, la pregunta no tiene respuesta fácil, y los adversarios de Jesús quedan callados. 23:1-39 Siete ayes. Jesús continúa su ministerio controversial en Jerusalén condenando la religión de sus días por sus muchos defectos (23:1-39). Las

críticas en particular se dirigen contra el carácter externo y formal de la religión de los fariseos. Ellos se preocupaban demasiado a menudo por temas triviales, y habían descuidado los grandes asuntos de la justicia y la fe. «Cuelan el mosquito, pero se tragan el camello» (23:24). (La referencia aquí es al tipo más pequeño y más grande de las criaturas impuras). 24:1-35 Señales del fin del mundo. Jesús ahora empieza la sección quinta y final de su enseñanza. La misma se enfoca en el fin del mundo (24:125:46). Esta sección, a la que a veces se le llama «el discurso del monte de los Olivos», alerta a los discípulos con respecto a los problemas que están por delante. La angustia y el dolor que aguardan en el futuro se describen de forma vívida. Muchos de estos dichos hallan por lo menos un cumplimiento parcial en la destrucción de Jerusalén por parte de los ejércitos romanos en el año 70 d.C. Ese será un tiempo de traición, de persecución y de falsa enseñanza. Es evidente, sin embargo, que la referencia final de Jesús es al fin del mundo mismo, en un tiempo y fecha que son desconocidos para todos excepto para el Padre. Ni siquiera el Hijo sabe esto (24:36). Vendrá como ladrón en la noche (24:42-44); dicho de Jesús que Pablo toma y usa en 1Ts 5:2. 24:36-25:13 El día y la hora son desconocidos. La repentina venida del fin lleva a Jesús a poner un énfasis particular en la necesidad de estar alerta. A diferencia del dueño que no estaba preparado para cuando el ladrón se metió en su propiedad, los creyentes no deben estar desprevenidos para la venida del Señor. Este punto se recalca con claridad en la parábola de las diez jóvenes (25:1-13), que exhorta a sus lectores: «Manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora». 25:14-30 Parábola de las monedas de oro. El tema del retorno del Señor también se explora desde un ángulo diferente en la parábola de las monedas de oro (25:14-30). La atención aquí se enfoca en lo que los siervos hacen durante la ausencia del amo. La parábola relata sobre un dueño que les confía sus talentos (cantidades de plata, que sirven como dinero) a sus siervos durante su ausencia, y de la variedad de maneras en que los siervos usan el dinero. El punto principal es que el dueño volverá, sin advertencia, para ver lo que ha pasado en su ausencia. No obstante, además de esto la parábola recalca otros tres puntos. Primero, los talentos son dones de Dios. Los siervos no se habían ganado el dinero: le pertenecía al patrón, que se los confió durante su ausencia. Ellos eran administradores, no dueños, del dinero. Eran responsables por su uso sabio durante la ausencia del patrón. Segundo, los dones de Dios son dados para que se les use. El amo que vuelve se enfurece con el siervo que

enterró su talento y se rehusó a usarlo. De este modo, los creyentes son responsables por usar estos dones en el mundo, y se les exigirá cuentas por la manera en que los han usado. Y tercero, los dones de Dios aumentan cuando se usan. La parábola habla de tres siervos, dos de los cuales usaron sus talentos, mientras que el tercero lo enterró en el suelo. Este talento final se mantuvo sin alteración en su hueco en la tierra. No se usó y por consiguiente no aumentó. Los otros dos siervos, no obstante, hallaron que el dinero que se les había confiado aumentó debido a su uso sabio. La fe no se ahonda cuando se permite que se estanque, sino cuando se aplica. 25:31-46 Las ovejas y las cabras. A esto le sigue la parábola de las ovejas y las cabras, que presenta el tema del juicio. La parábola señala la separación última de los buenos y los malos, desarrollando las ideas que se hallan ya en la parábola de la mala hierba (13:24-30, 36-43) y de la red (13:47-50). La parábola destaca con claridad la importancia de las buenas obras en la vida cristiana como marca de una verdadera consagración a Cristo. 6:1-13 Preparativos para la muerte de Jesús. El ritmo de la narración ahora se acelera de forma dramática. Faltan dos días para la Pascua, y Jesús predice una vez más su crucifixión que se avecina. Mientras tanto, las autoridades judías hacen arreglos para arrestar a Jesús, los cuales culminan con la decisión de Judas Iscariote de ir ante los jefes de los sacerdotes y ofrecerse para entregarles a Jesús. El Señor mismo es ungido en preparación para la sepultura mientras todo esto está sucediendo. 26:17-30 La última cena. Después de dar indicios de la muerte venidera de Jesús de muchas maneras, Mateo ahora relata los sucesos de la última cena. Este acontecimiento es la celebración de la comida pascual, que tiene lugar la noche antes de la crucifixión. Para los judíos, la cena servía como recordatorio del gran acto de liberación por el que Dios sacó a su pueblo de Egipto. Jesús celebra esta comida con sus doce discípulos. Es evidente que se trata de una ocasión de gran intimidad. Sin embargo, él anuncia entonces que uno de ellos, uno de sus más cercanos colegas, le traicionará. Los discípulos quedan sorprendidos por esto. Con todo, Jesús insiste en que así debe ocurrir. Las Escrituras lo habían predicho (como en Is 53:1-12), y así debe suceder. Pero esto de ninguna manera excusa a su traidor, que ahora se identifica de forma pública como Judas. (Nótese que Judas se refiere a Jesús meramente como «rabí» o maestro, en tanto que los demás se refieren a él como «Señor»). Jesús entonces les ofrece a sus discípulos el pan partido como una señal de su cuerpo que pronto será quebrantado, y el vino como señal del nuevo pacto qué será establecido por su sangre, a través de la cual será posible el perdón de los pecados. Al continuar

comiendo el pan y bebiendo el vino en memoria de Jesucristo, los cristianos aseguran que nunca olvidarán la plena significación de su muerte salvadora. 26:31-46 Negación de Pedro; Jesús y los discípulos en Getsemaní. El grupo entonces se va al Monte de los Olivos, en donde Jesús explica que los discípulos se alejarán debido a los sucesos que están a punto de tener lugar en cumplimiento de la profecía mesiánica de Zac 13:7 (26:31-35). Sin embargo, en este momento de oscuridad y lobreguez brilla un rayo de esperanza. Jesús declara que después de haber resucitado irá delante de los discípulos a Galilea. Pedro se niega a creer esto. Suceda lo que suceda, él estará al lado de su Señor. No obstante, Jesús le reprende con gentileza: esa noche Pedro le negará tres veces. La debilidad de los discípulos se hace evidente de inmediato cuando van a Getsemaní (26:36-46). Clara y profundamente preocupado por el conocimiento de lo que le espera por delante, Jesús acude a la oración. Sus discípulos simplemente se quedan dormidos. La oración de Jesús es en especial importante, Él ora que, si es posible, «este trago amargo» le sea quitado. En este contexto el trago amargo es un símbolo de la angustia y el sufrimiento. Es evidente que la plena humanidad de Jesús se expresa en esta oración. No quiere morir; pero si Dios ha planeado que él debe hacerlo, entonces soportará ese dolor. Muchos comentaristas ven en esta oración una evidencia de que el peso total del pecado humano está siendo puesto sobre Jesús, separándolo de su Padre. En la cruz él experimentará un sentimiento de ser abandonado por completo por Dios debido al peso del pecado humano. Aquí, en Getsemaní, podemos empezar a ver nuestro pecado siendo transferido a Cristo. 26:47-56 Arresto de Jesús. Al fin llega el momento de la traición. El hecho de que hubiera sido profetizada de ninguna manera disminuye su tragedia y angustia. Judas, saludando de nuevo a Jesús como mero «rabí», le traiciona con una señal de amor: un beso. Jesús se ha resignado a esto. Las Escrituras deben cumplirse. Obediente aquí a la voluntad de su Padre, como siempre, Jesús permite que lo lleven detenido, mientras sus discípulos se esparcen como ovejas cuyo pastor ha sido herido (26:47-56). 26:57-68 Ante el Consejo. Entonces llevan a Jesús ante los representantes de los dirigentes religiosos judíos. (A un juicio religioso ante el sumo sacerdote le sigue un juicio civil ante el gobernador romano Poncio Pilato). Pedro le sigue a una distancia segura. Según la ley judía, se necesitaban dos testigos varones para conseguir una condena de cualquier clase. Esto plantea algunos problemas, puesto que no se presenta ningún testigo. A la larga, aparecen dos con una versión tergiversada de algunas de las palabras

de Jesús. Habría sido posible declararlo culpable basándose en esta obvia distorsión. Sin embargo, el sumo sacerdote le pregunta en específico a Jesús si él es «el Cristo, el Hijo de Dios». En respuesta a esta pregunta directa Jesús responde afirmativamente. Nótese que Jesús jamás reclamó por sí mismo ser el Mesías (que es lo que significa el término griego «Cristo»). Pero cuando otros se dan cuenta de quién es él (como los discípulos en Cesarea de Filipos, 16:13-17), ó se le pregunta de forma específica si es el Mesías, acepta serlo. El sumo sacerdote se enfurece porque alguien haga tales afirmaciones, y declara que es culpable de blasfemia. Y así lo sería cualquiera que dijera esto, a menos que fuera el Mesías y el Hijo de Dios. El castigo por la blasfemia era la muerte. Sin embargo, con una excepción, los romanos habían privado al Sanedrín (es decir, la corte suprema judía de setenta y un miembros, consistente de los jefes de los sacerdotes, ancianos y maestros de la ley) del derecho de sentenciar a alguien a la muerte. Esto era prerrogativa de las autoridades romanas. Así que llevan a Jesús a los romanos. Ellos decidirían qué hacer con él. 26:69-75 Pedro niega a Jesús. La narración ahora pasa a Pedro, que ha estado esperando afuera en el patio, manteniendo su distancia de lo que está sucediendo dentro de la casa. Es obvió que está muy receloso. Algunos de los siervos lo notan y le preguntan. ¿No había estado él con Jesús? ¿No es él seguro uno de sus seguidores? Pero Pedro niega tener nada que ver con Jesús... tres veces. Después de la tercera negación, canta el gallo, y Pedro se da cuenta de que no solo le ha fallado a Jesús, sino que lo que Jesús predijo en cuanto a su fracaso se ha hecho realidad. Vale la pena comentar en cuanto al «canto del gallo». Los romanos dividían la noche en cuatro «vigilias»: «anochecer», de las seis a las nueve de la noche; «medianoche» de las nueve a las doce de la noche; «cuando canta el gallo», de las doce de la noche a las tres de la madrugada; y «amanecer», de las tres a las seis la madrugada., Estas cuatro vigilias son mencionadas en Mc 13:35. El «canto del gallo» puede en realidad ser una referencia al toque de trompeta que marcaba el fin de la tercera vigilia de la noche antes que al canto de un gallo. 27:1-10 Judas se ahorca. No obstante, el fracaso de Pedro queda opacado por completo por el de Judas, que traicionó a Jesús por treinta piezas de plata en cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento (la profecía en cuestión parece reunir tanto a Jer 19:1-13 como a Zac 11:12-13). Judas siente mucho el peso de su culpa, y por supuesto quiere arrepentirse y recibir perdón por lo que ha hecho. Pero los dirigentes judíos, que aquí se pueden tomar como un símbolo del judaísmo de ese tiempo, no tienen

ningún perdón que ofrecer. Le dicen a Judas que eso es su responsabilidad. Vemos en este pasaje una de las más grandes paradojas del evangelio: Judas, que tal vez necesita el perdón más que cualquiera, es quien dio lugar a la muerte de aquel por quien en última instancia viene el perdón. 27:1-31 Jesús ante Pilato. La narración ahora pasa a Jesús, al que llevan ante Poncio Pilato, gobernador romano de Judea del 26 al 36 d.C. Pilato confronta a Jesús con las acusaciones que le han presentado contra él, y se sorprende cuando Jesús no le responde. Sin embargo, podemos ver en esto el cumplimiento de una profecía importante del Antiguo Testamento: que el Mesías sufriente guardaría silencio ante sus acusadores (Is 53:7). La inclinación de Pilato, que encontraría apoyo por parte de su esposa, la cual cree en la inocencia de Jesús, probablemente habría sido ordenar algún castigo que sirva de lección, pero sin llevar las cosas más allá. No obstante, la multitud es instigada hasta el frenesí por los agitadores, y exige que Jesús sea crucificado. Pilato, que tiene el derecho de dejar en libertad a un preso en la Pascua, ofrece poner en libertad bien sea a Jesús o a un convicto llamado Barrabás. La multitud exige que se ponga en libertad a Barrabás y que se le dé muerte a Jesús. Barrabás es así el primero en beneficiarse directamente de la muerte de Cristo. Debería haber muerto; pero Jesús muere en su lugar. Lavándose las manos de todo el asunto, Pilato envía a Jesús para que se le azote y se le crucifique. Entonces los soldados romanos humillan a Jesús, vistiéndole con una caricatura de ropas reales, incluyendo una corona de espinas. La flagelación que aplicaban los romanos era cruel. Se sabía que causaba la muerte de sus víctimas antes de que fueran crucificadas. Bajo la ley judía, a las víctimas se les podría aplicar solo cuarenta latigazos. Esto invariablemente se reducía a treinta y nueve, como un acto de lenidad. Pero bajo la ley romana, no había límites a la extensión del sufrimiento que se podía infligir. El flagelo que se usaba para este propósito por lo general consistía de varias correas de cuero con pequeños trozos de metal o hueso en las puntas. Este destrozaba la piel de los flagelados, con el resultado de que muchos no sobrevivían al castigo. 27:32-43 La crucifixión. Es evidente que esta flagelación debilitó severamente a Jesús, y así él no pudo cargar con su propia cruz. Se obliga a Simón de Cirene a que la lleve por él. Por último, llegan al Gólgota, el lugar de la ejecución. A este lugar también a menudo se le menciona como «Calvario», de la palabra latina calvaria que quiere decir «calavera», significado literal de «Gólgota». Cuando Jesús cuelga de la cruz, los que

están viéndole morir se burlan de él, mientras los soldados romanos echan suertes sobre sus ropas. Estos sucesos cumplen la gran profecía del Antiguo Testamento de la suerte del justo sufriente según el Sal 22 (véase Sal 22:7-8, 18). La identificación de Jesús con este ser sufriente se confirma por su grito de total desolación (27:46), al cual se hace referencia en el versículo inicial de este importante salmo. Es en este punto que Jesús experimenta el sentido de la ausencia de Dios. El pecado que está llevando por su pueblo ahora lo ha separado de su Padre. 27:45-56 Muerte y sepultura de Jesús. Finalmente, Jesús muere. La oscuridad cae sobre la tierra, tal vez señalando el hecho de que la «luz del mundo» (Jn 8:12) se ha extinguido. Entonces tienen lugar una serie de sucesos, los cuales apuntan al significado de lo que acaba de ocurrir. La apertura de las tumbas señala hacia adelante a la resurrección de Cristo. Sin embargo, la ruptura de la «cortina del templo» es de interés en particular. La «cortina del templo» era un rasgo en especial importante del tabernáculo del Antiguo Testamento (Ex 26:31-35). Se la incluyó a fin de proveer un medio de restringir el acceso al «Lugar Santísimo», el sector del tabernáculo que se consideraba como sacrosanto. Aunque la cortina tenía una función práctica importante con relación a la adoración de Israel, llegó a tener un significado más hondo. El hecho de que la cortina prevenía que los adoradores regulares entraran al «Lugar Santísimo» llegó a verse como señalando a una separación más honda entre Dios y la humanidad pecadora. La cortina así llegó a ser un símbolo de la barrera colocada entre Dios y la humanidad por el pecado humano. La ruptura de esta cortina en la crucifixión (27:51) es un símbolo de uno de los principales beneficios obtenidos por medio de la muerte de Cristo: la barrera entre Dios y la humanidad causada por el pecado había sido derribada, de manera que ahora hay acceso libre a Dios para los creyentes debido a la muerte de Cristo (Ro 5:1-2). A los discípulos, descubrimos ahora, no se les halla por ninguna parte. Mateo con todo cuidado identifica a algunos testigos de la muerte de Jesús. No se menciona ni a un solo discípulo. Parece que ellos se han esparcido como ovejas sin pastor, tal como Jesús lo había predicho. Los testigos que se citan son el centurión romano, que declara que Jesús es el «Hijo de Dios» (27:54)... un testimonio de vital importancia que proviene de un gentil. El sumo sacerdote, simbolizando a su propio pueblo judío, se ha rehusado a aceptar que Jesús es el Hijo de Dios. Sin embargo, aquí podemos ver la aceptación de este hecho entre los gentiles, lo que es un preludio tanto de la misión a los gentiles cómo del enorme atractivo que el evangelio demostraría tener para los que están fuera del judaísmo. Los otros testigos

son mujeres. Nótese como Mateo las menciona por nombre (27:55-26), de modo que no se les olvide. Por último, Jesús es sepultado en una tumba prestada (27:57-61). Las mujeres todavía están allí, guardando vigilia sobre la tumba, al final de este largo día: el primer viernes santo. Con todo, la profecía de la resurrección no ha sido olvidada, por lo menos no por parte de los dirigentes judíos. A fin de evitar cualquier' intento de parte de los discípulos de robarse el cuerpo de Jesús, y así esparcir rumores falsos de su resurrección, piden que Pilato ponga una guardia ante la tumba (27:62-66). 28:1-15 La resurrección. Y de esta forma llegamos al tercer día, el domingo. En un breve relato del descubrimiento de la tumba vacía nos enteramos de que Jesús ha resucitado de los muertos y que ha ido delante de los discípulos a Galilea. Las mujeres que fueron las primeras en descubrir la tumba vacía tienen miedo de lo que ha sucedido (28:1-10). También los líderes judíos, que se dan cuenta de las implicaciones de la resurrección. El Jesús que ellos habían acusado de blasfemia y exigido que se le crucificara podría resultar ser el Mesías y su Señor. Se siembran rumores para intentar desacreditar la resurrección (28:11-15). Sin embargo, como aprendemos de los otros Evangelios y de Hechos, de nada sirve. 28:16-20 La gran comisión. Y así el Evangelio de Mateo llega a su famosa conclusión. Aunque algunos discípulos continúan dudando que Jesús haya resucitado de los muertos, él les asegura tanto de la realidad de su resurrección como de su presencia continua hasta el fin del mismo tiempo. La gran comisión es confiada a los discípulos: ellos deben ir y hacer discípulos entre todas las naciones, llegando más allá de los límites de Israel hasta los lugares más distantes de la tierra. El hecho de que usted está leyendo este Evangelio es un testimonio de su eficacia para hacer precisamente eso. Hay un eslabón entre la fe cristiana de hoy y la gran comisión dada hace tantos años atrás. Los creyentes pueden predicar el evangelio con la plena autoridad del Cristo resucitado, descansando en la certeza de su presencia y poder hasta que él vuelva de nuevo.

MARCOS El Evangelio de Marcos es el segundo de los tres Evangelio Sinópticos, y se le considera ampliamente como el primero que fue escrito. En general, se acepta que este Evangelio fue escrito por «Juan Marcos», al que se le conoce como compañero tanto de Pedro (1P 5:13) como de Pablo (Hch 12:12, 25). Se piensa que el Evangelio fue escrito en Roma, derivando expresamente de los recuerdos de Pedro. Los vívidos detalles que son un rasgo tan distintivo de este Evangelio (tal como la referencia específica al «cabezal» en el barco en 4:38) y el retrato en ocasiones crítico de los discípulos (como en 8:14-21) se entienden mejor si Pedro fue la fuente de los relatos que se consideran. Por estas y otras razones los estudiosos tienden a considerar al Evangelio de Marcos como el primero de los Evangelios que fue escrito, con Mateo y Lucas ampliando sus relatos de la vida de Jesús basándose en fuentes adicionales que tenían a su disposición. Pedro fue ejecutado durante la persecución que desató el emperador romano Nerón en contra de los cristianos durante el período del 64 al 68 d.C., y es posible que la muerte de Pedro fuera el estímulo que Marcos necesitó para asegurarse de que el evangelio quedara por escrito. Uno de los rasgos más notorios del Evangelio es su énfasis en las obras de Jesús en lugar de en su enseñanza. El enfoque de Marcos en la cruz antes que en la enseñanza de Jesús le da a su Evangelio un énfasis distintivo. No obstante, Marcos incluye algunas de las principales parábolas y dichos de Jesús. MARCOS 1:1-6:29 MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA

1:1-8 Juan el Bautista prepara el camino. En tanto que Mateo y Lucas proveen detalles del nacimiento de Jesús, Marcos nos sumerge directamente en los sucesos de su ministerio, empezando con el trasfondo del mismo en Juan el Bautista. Se recapitula la gran profecía de la venida del Señor a su pueblo, en especial su señalamiento de que vendría alguien de antemano para preparar su camino. Luego se nos presenta de inmediato

a Juan el Bautista, el que se ve como cumpliendo esta profecía del Antiguo Testamento. La descripción de Juan es significativa; hay fuertes similitudes con Elías (2R 1:8). Puesto que se esperaba que Elías viniera antes de la venida final del Señor a su pueblo (Mal 4:5) a fin de preparar el caminó para este gran acontecimiento, esta definición tiene una importancia considerable. Como Juan mismo lo indica con claridad, él está solo preparando el camino. Alguien más grande que él mismo viene luego. 1:9-13 Bautismo y tentación de Jesús. Aunque podemos adivinar de quién está hablando, Marcos entonces confirma lo que sospechamos. Aparece Jesús, y Juan lo bautiza en el Jordán (1:9). Con paso veloz, Marcos nos lleva a través de los sucesos de la preparación de Jesús para el ministerio. Mateo y Lucas proveen muchos más detalles (por ejemplo, en cuanto a las tentaciones de Jesús, a la que Marcos dedica solo una línea). Marcos corre, como sí tuviera ansias de que no desperdiciemos tiempo para descubrir quién es Jesús y por qué él es de tan gran importancia. 1:14-20 Llamamiento de los primeros discípulos. Parece que el acicate para el ministerio de Jesús es el encarcelamiento de Juan el Bautista. Una vez que esto ha sucedido, Jesús empieza a proclamar las «buenas nuevas de Dios». El reino de Dios está cerca. Hay una necesidad urgente de arrepentirse. La frase «reino de Dios» no se debe entender en un sentido geográfico o territorial. No se refiere a una región de la tierra gobernada por Dios, sino al gobierno majestuoso de Dios mismo. La primera evidencia de la irrupción de este reinado majestuoso de Dios se puede ver en el llamamiento de los primeros discípulos. En respuesta al llamado de Jesús, los discípulos lo dejan todo y siguen a este hombre. Parece haber algo en él que los atrae. Él posee autoridad, la cual ellos obedecen. 1:21-45 Jesús expulsa a un espíritu maligno y sana a muchos. La narración ahora pasa de Galilea a Capernaúm, donde tiene lugar el primer reconocimiento público de su verdadera identidad. El lector ya sabe que Jesús es el Hijo de Dios (1:1, 11). Este hecho ahora es reconocido públicamente por un espíritu maligno (1:21-28), sobre el cual es evidente que Jesús tiene autoridad. Tal incidente provoca una honda impresión en los que lo contemplan. La noticia se esparce con rapidez. Algo dramático está sucediendo. Esto es confirmado por una serie de sanidades, debido a las cuales la gente busca mucho más a Jesús (1:29-45). Sin que importe cuánto trata Jesús de evadir la publicidad, su nombre está en los labios de todos. 2:1-12 Jesús sana a un paralítico. Pero, ¿quién es Jesucristo? ¿Y qué autoridad tiene en realidad? Esta cuestión sale a relucir en el siguiente capítulo. Lo que al principio parece ser otra sanación resulta tener

implicaciones serias para una comprensión correcta de la identidad de Jesús. Como parte de la curación del paralítico, Jesús declara que los pecados del hombre son perdonados. Los maestros de la ley se enfurecen por esto. ¡Solo Dios puede perdonar pecados! Acusan a Jesús de blasfemia, y en cierto sentido tienen razón para hacerlo. Solo Dios puede perdonar pecados. Al atribuirse esta autoridad, Jesús se está colocando en el lugar de Dios. No obstante, el lector cristiano de este pasaje notará dos cosas. Primero, que el hombre en efecto queda sano. Jesús en realidad posee la capacidad para sanar; y de aquí la autoridad para perdonar. Segundo, la resurrección posterior de Jesús de los muertos afirma que en verdad es el Hijo de Dios (Ro 1:3-4), y por lo tanto posee la autoridad necesaria para perdonar los pecados. Sin embargo, en esta etapa inicial de su ministerio no hay indicios de lo que vendrá luego. Esto cambiará pronto... pero todavía no. 2:13-17 Llamamiento de Leví. Jesús entonces añade a un recaudador de impuestos a su grupo de discípulos íntimos, para cólera de los que le observan. (Marcos y Lucas se refieren al individuo en cuestión por su nombre original, «Leví» o «Leví hijo de Alfeo». En el relato de Mateo del mismo incidente se usa el nombre apostólico «Mateo»). Los recaudadores de impuestos eran muy despreciados y considerados como proscritos por sus coterráneos. En este tiempo la región de Palestina estaba ocupada por los romanos. No se trataba solo de que los recaudadores de impuestos se asociaban con el poder gentil de ocupación. También cobraban más impuestos de los que debían, como una manera de asegurar su propio bienestar. Como resultado, los judíos los detestaban y los consideraban como traidores. Sin embargo, al llamar a uno de ellos a su círculo íntimo, Jesús demuestra su aceptación de aquellos que están más allá de toda esperanza de redención según el judaísmo, incluyendo a las prostitutas, los gentiles y los recaudadores de impuestos. Jesús resume esto con la declaración de que ha venido a llamar a los pecadores y no a los justos (2:17). Es incuestionable que hay un rastro fuerte de ironía en esta declaración. Tal vez aquellos, como los fariseos, que piensan que son justos, son meramente santurrones. 2:18-22 Se cuestiona a Jesús sobre el ayuno. La crítica continúa. Jesús no solo llama a los proscritos a su círculo íntimo, sino que no les impone requisitos rigurosos de ayuno. Jesús responde indicando que no hay necesidad de ayunar mientras el novio, obvia referencia a sí mismo, está todavía entre sus invitados. El vino nuevo glorioso del evangelio no puede ser contenido por los odres viejos y cansados del judaísmo (2:22). 2:23-3:6 Señor del sabat. Sin embargo, la crítica persiste de forma implacable. Los fariseos critican a Jesús por recoger trigo en el sabat. Jesús

responde que el Hijo del hombre (referencia a sí mismo) tiene autoridad sobre el sabat. La implicación clara es que el Creador tiene autoridad sobre su creación. En cualquier caso, Jesús señala que el sabat fue ordenado para beneficio de la gente, y no al revés, y cita el ejemplo de David para mostrar que, sus acciones tienen excelentes precedentes. También insiste en que tiene derecho de sanar en el sabat, y desafía a cualquiera que piense de otra manera que lo demuestre. Hay un largo silencio. Furiosos por esto, los fariseos (que por lo general son nacionalistas y están en contra de los romanos en su política) y los herodianos (que apoyan con fuerza a los romanos), que de forma habitual no querían tener nada que ver unos con otros, empiezan a tramar cómo destruir a Jesús. 3:7-19 Nombramiento de los doce apóstoles. Sin embargo, mientras ellos están haciendo eso, las multitudes se reúnen alrededor de Jesús, al que reconocen como el Hijo de Dios los espíritus malignos sobre los que él tiene autoridad (3:7-12). En este punto Jesús llama junto a sí a doce discípulos (3:13-19), a los cuales llama también «apóstoles»... palabra que literalmente significa «los enviados». A ellos les da autoridad para hablar y actuar en el nombre de Jesús, y desempeñarán un papel central en su ministerio. Incluso en esta etapa se nota el lóbrego acto de la futura traición (3:19). Después que Judas hubo traicionado a Jesús y se suicidó, fue reemplazado por Matías (Hch 1:15-26), conservando de esté modo el número de doce. ¿Por qué este número es tan importante? Una posibilidad es que retoma el tema de las «doce tribus de Israel», con Jesús siendo el que restaurará el pueblo de Dios a lo que el Señor quería que fuera. 3:20-35 Jesús y Beelzebú. Entonces surge la cuestión con respecto a la base para la autoridad obvia de Jesús. Como resulta imposible negar que exista la misma, sus adversarios sugieren que esta autoridad sobre los demonios se basa en algún vínculo con Beelzebú, «el príncipe de los demonios». Jesús declara que este es el pecado imperdonable: la blasfemia contra el Espíritu Santo, por la cual los grandes actos de Dios, vistos en y mediante el ministerio de Jesús, se atribuyen a Satanás. 4:1-34 Una serie de parábolas. Luego sigue una serie de parábolas que enfoca sobre la imagen de las semillas. La primera en la serie es la parábola del sembrador (4:1-20), que utiliza la ilustración de un sembrador esparciendo semillas sobre la tierra como un cuadro de la predicación de la palabra de Dios en el mundo. Jesús nota cómo es que la misma semilla cae en diferentes clases de tierra. Lo que a la larga sucede con la semilla depende de la calidad del terreno. De la misma manera, Jesús siembra la semilla de la palabra de Dios por medio de su predicación. El efecto que ella

ejerce en las personas depende de cómo estas responden. Si alguien no responde, o se aleja, no se debe a ningún fracaso de parte de la semilla. La segunda parábola trata de una lámpara sobre una repisa, apartándose brevemente del tema de las semillas y echando mano de la ilustración de la luz (4:21-25). Tal como a una lámpara se le permite iluminar un cuarto, así los efectos del evangelio pueden sentirse en el mundo. Más tarde se vuelve al tema de las semillas que crecen, permitiendo que se tengan en cuenta dos puntos. Primero, la ausencia de toda señal de crecimiento no necesariamente quiere decir que la semilla no ha logrado establecerse (4:26-29). El reino de Dios puede crecer en secreto, antes de que su presencia se vuelva visible al mundo. Segundo, una semilla pequeña tal como una semilla de mostaza puede dar lugar a una planta muy grande (4:30-34), así como el reino de Dios crecerá de sus pequeños principios. 4:35-5:20 Se confirma la autoridad de Jesús. Aquí tiene lugar una serie de acontecimientos en rápida sucesión, confirmando la autoridad de Jesús sobre el orden natural y sobrenatural. En un relato repleto de finos detalles, lo cual sugiere que Marcos tuvo acceso a un relato de primera mano del incidente, aprendemos de la autoridad de Jesús sobre el viento y las olas, para aturdimiento de sus discípulos (4:35-41). Y en la sanidad de un hombre poseído por los demonios (5:1-20) vemos de nuevo que los espíritus malignos reconocen la identidad de Jesús como Hijo de Dios y se someten a su autoridad. Una vez más, el asombro y el temor se mezclan entre los que le observan, que se quedan perplejos por lo que ven que tiene lugar ante sus ojos. 5:21-43 Una niña muerta y una mujer enferma. Por último, Jesús demuestra que tiene autoridad sobre la muerte misma, al traer de regreso a la vida a la hija adolescente de Jairo, un miembro prominente de la sinagoga local (5:21-24, 35-43). Junto con este milagro también aprendemos otro incidente de sanidad. Jesús sana a una mujer que había estado sangrando por muchos años, y que era considerada ampliamente como si estuviera más allá de toda esperanza de curación. Sin embargo, esto es más que un acto de sanidad. Es también un acto importante de afirmación. Los judíos habrían considerado inmunda a la mujer, debido a su secreción de un fluido corporal. No obstante, Jesús no vacila en sanarla. Lo que el judaísmo considera como impuro, Jesús lo ve como digno de salvar. Este es uno de los pocos pasajes del Evangelio que registran, y explican, las palabras arameas precisas usadas por Jesús (siendo otro Mc 7:34). 6:1-13 Profeta sin honor; Jesús envía a los doce. Sin embargo, a pesar de estos grandes acontecimientos y actos de autoridad y poder espiritual,

Jesús encuentra que su propio pueblo no lo acepta (6:1-6). Incluso ante todas las señales de autoridad y poder espiritual, la gente de Nazaret lo desprecia y se rehúsa a reconocerle. Jesús mismo se asombra de su falta de fe. Debido a la falta de fe de ellos Jesús no hace ningún milagro en su propio pueblo. Tal cosa indica un principio general importante: si no hay fe, no hay milagros. La fe es una condición previa para beneficiarse de Cristo. La fe de los discípulos, no obstante, se afirma entonces. Los doce son enviados a predicar el evangelio, con el resultado de que los demonios son expulsados y los enfermos sanados (6:7-13). Esto señala con claridad la fe, tanto de parte de los discípulos como de parte de aquellos a los que se les proclaman las buenas nuevas. 6:14-29 Decapitación de Juan el Bautista. La narrativa entonces vuelve a Juan el Bautista. En uno de los incidentes más conocidos de los Evangelios nos enteramos de la manera en que la hija de Herodías (llamada Salomé, según el historiador judío Josefo) procura la ejecución de Juan el Bautista al poner a Herodes bajo un compromiso. Su madre Herodías detestaba a Juan el Bautista debido a la oposición de Juan a su matrimonio con Herodes. Ella había dejado a su primer esposo, Felipe, a fin de casarse con el hermano de éste, que era el mismo Herodes. Juan había destacado que esto iba estrictamente en contra de la ley de Moisés, lo que causó un considerable resentimiento de parte de Herodías. 6:30-56 Jesús da de comer a los cinco mil y camina sobre el agua. Ahora volvemos al ministerio de Jesús (6:30-4). Después de que los discípulos vuelven de su misión, Jesús intenta hallar un tiempo para estar a solas con ellos. Sin embargo, las multitudes no se lo permiten. El hecho de que da de comer a cinco mil personas nos muestra que ahora a Jesús le siguen grandes multitudes, y dan fe de la compasión y poder de Cristo. La autoridad de Jesús sobre el orden natural se recalca de nuevo cuando camina sobre el agua y calma después la tempestad (6:45-56). Nos damos cuenta de nuevo del enorme interés en él, evidente en las nutridas multitudes que se reúnen dondequiera que él va. Esta sección principal del Evangelio de Marcos termina así, demostrando la impresionante autoridad de Jesús. Tal autoridad es obvia en su enseñanza y en su autoridad sobre tanto el orden natural como el sobrenatural. Está claro que Jesús es alguien muy especial. Pero, ¿es simplemente un hacedor de milagros? ¿Es solo un gran maestro? ¿O hay en Jesús algo más que esto? Conforme el Evangelio de Marcos continúa, empieza a surgir la plena significación de la identidad de Jesús.

MARCOS 7:1-10:52 EL MINISTERIO POSTERIOR DE JESÚS

7:1-23 Limpio e inmundo. Ahora el enfoque de nuevo es sobre la relación de Jesús con el judaísmo de sus días. La cuestión de la limpieza ritual surge como importante, con los fariseos protestando contra los discípulos porque no observan las tradiciones de limpieza ritual. Jesús afirma que los fariseos están poniendo las tradiciones humanas por encima de la palabra de Dios. No es comer los alimentos con las manos sin lavar, sino los pensamientos malos del corazón, lo que hacen inmunda a una persona. Marcos recalca que Jesús declara todos los alimentos limpios. 7:24-37 La fe de una mujer sirofenicia. A esta represión dirigida contra el tradicionalismo de los fariseos le sigue un incidente que muestra cómo las personas fuera del judaísmo (en este caso una mujer sirofenicia de la región de Tiro y Sidón) se sienten atraídas hacia Jesús y ponen su fe en él (7:2430). El punto importante de este incidente es la realidad de la fe de la mujer. A pesar de no ser judía ella puede beneficiarse de Cristo. Después de dejar esa región y volver a Galilea, Jesús continúa sanando y demostrando su autoridad (7:31-37). Nada de lo que él hace silencia a las multitudes, que continúan proclamando sus obras por todo el país. 8:1-26 La autoridad de Jesús demostrada y cuestionada. La alimentación de los cuatro mil (8:1-10), que es muy similar al relato anterior de la alimentación de los cinco mil, apunta una vez más tanto a la atracción como a la autoridad de Jesús. Pero no todos están preparados para aceptar esa autoridad. Los fariseos lo ponen a prueba, y exigen una señal para que tal autoridad pueda ser verificada (8:11-13). Jesús se rehúsa a darles una señal, y advierte a sus discípulos en contra de la influencia malévola de los fariseos y herodianos (8:14-21). Luego ocurre otro milagro de sanación, en el cual se le restaura la vista a un ciego (8:22-26). 7:27-30 Confesión de Pedro en cuanto a Cristo. Jesús y sus discípulos se van luego a la región de Cesárea de Filipos. Es aquí donde tiene lugar uno de los incidentes más importantes del ministerio de Jesús. Esta vez, sin embargo, son los discípulos antes que Jesús el foco de atención. Él les pregunta a sus discípulos la pregunta básica: ¿Quién dice la gente que soy yo? Los discípulos le cuentan las diversas opiniones que han escuchado: Jesús es uno de los profetas, Juan el Bautista vuelto a la vida, o tal vez Elías. Pero Jesús insiste: ¿Y qué piensan ustedes? ¿Quién dicen ustedes que soy yo? Esta es una pregunta de importancia vital. A diferencia de las multitudes, los discípulos han estado con Jesús durante la mayor parte de su

ministerio. Le han observado y le han escuchado. Ahora se les pregunta cuál es su conclusión. Pedro habla por todos ellos cuando responde que está convencido de que Jesús es el Cristo (8:27-30). En otras palabras, Jesús es el tan esperado Mesías que ha venido a su pueblo. Tal vez preocupado porque el título de «Mesías» se pueda entender en un sentido puramente político, Jesús les pide a sus discípulos que no le digan a nadie que se han dado cuenta de su verdadera identidad. El Mesías podría fácilmente ser malentendido como un dirigente político triunfalista, preocupado solo por liberar a su nación de la fuerza romana de ocupación. 8:31-9:1 Jesús predice su muerte. No obstante, es evidente que los discípulos mismos también tienen un entendimiento equivocado con relación a Jesús. Inmediatamente después de la confesión de ellos de que él es el Mesías, Jesús declara que debe ir a Jerusalén, sufrir, ser rechazado, morir, y luego resucitar de entre los muertos. Esto es una parte integral de su llamamiento. Debe hacerlo, pero los discípulos no pueden lidiar con esto. No era parte de la noción tradicional del Mesías de que debía sufrir y morir. Pedro protesta contra lo que Jesús les dice... y Jesús lo reprende. Está claro que la cruz va a ser un tema principal en el relato de Marcos del ministerio de Jesús. 9:2-13 La transfiguración. Sin embargo, otro indicio anticipado importante de la resurrección sigue ahora. El relato de la transfiguración demuestra la continuidad de Jesús con el ministerio de Moisés y Elías, mientras que al mismo tiempo provee un indicio anticipado de la gloria de la resurrección de Cristo. Una aprobación de la identidad y autoridad de Jesús desde el cielo confirma su ministerio y misión. Nótese la reacción de los discípulos: quedan aterrados (9:6). Precisamente esta es la misma emoción que surgió ante la misma resurrección (16:8), de la cual la transfiguración es una muestra. 9:14-32 Sanación de un muchacho con un espíritu maligno. Después de otra demostración del poder de Jesús sobre los espíritus malignos (9:14-29), vuelve a aparecer el tema del sufrimiento venidero de Jesús (9:30-32). Los discípulos continúan aturdidos por esta predicción. La misma no concuerda con sus expectativas de cómo sería el Mesías. Se esperaba que el Mesías fuera una figura de triunfo, y no de sufrimiento. No obstante, Jesús indica con claridad que el triunfo venidero de la resurrección puede tener lugar solo mediante la cruz. También se debe apreciar que las referencias de Jesús en cuanto a «resucitar» habrían sido incomprensibles para los discípulos. Es de suponer que los discípulos estaban acostumbrados a la idea de la resurrección. La

verdad, sin embargo, es que ninguna de las dos principales creencias judías en ese período relacionadas con esta idea tiene alguna semejanza con la resurrección de Jesús. Los saduceos negaban por completo la idea de una resurrección (hecho que Pablo pudo explotar en un momento incómodo: Hch 23:6-8) en tanto que la expectativa de la mayoría era la de una resurrección general en el día último, al final de la historia misma. La resurrección de Jesús simplemente no se conformaba a las expectativas contemporáneas. Los discípulos tal vez habrían interpretado las palabras de Jesús como refiriéndose a su resurrección final en el día último, y no a su resurrección en la historia. Esto habría sido incomprensible. Nosotros nos hemos acostumbrado a la idea de la resurrección de Jesús, pero necesitamos apreciar lo difícil que debe haber sido para los discípulos captar esta idea en ese tiempo. 9:33-50 Estatus, tentación y ser como sal. Ahora empieza una sección de enseñanza. Después de señalar la falta de importancia de las cuestiones del estatus y la importancia del liderazgo servidor (9:33-41), Jesús trata con el problema del pecado y la necesidad de estar alerta a la tentación (9:42-49). Se debe tener cuidado de eludir la tentación en la propia vida de uno, tanto como de evitar hacer que otros tropiecen por medio de la tentación. A los discípulos se les dice que sean como la sal, para que puedan traer una nueva calidad al mundo (9:50). Tal vez con la sal en su estado mineral en mente (en el que el agua puede lavar la sal con facilidad, dejando solo la piedra detrás), Jesús recalca lo fácil que los creyentes pueden perder su «salinidad» a menos que se preocupen por preservarla. 10:1-31 Enseñanza y sanidad en Judea. Después de esto Jesús emprende un ministerio de enseñanza y sanidad en la región de Judea. Parte de ese ministerio incluye una aclaración de las enseñanzas de Moisés con respecto al divorcio (10:1-12), y una afirmación importante sobre los niños pequeños (10:13-16). A esto le sigue el encuentro con el joven rico (10:17-31), en la cual se considera la cuestión de las condiciones para la salvación. Después de descubrir que el joven ha guardado con fidelidad los mandamientos, Jesús le pide que venda todo lo que tiene y le siga. Esto desalienta al joven, que se aleja muy entristecido. Nótese que Jesús no hace ningún esfuerzo por hacer acomodos en su posición. Es difícil que algún rico entre en el reino de Dios, como lo indica con claridad la famosa comparación entre el rico entrando en el reino de Dios y un camello pasando por el ojo de una aguja, pero Jesús no dice que es imposible. Está claro que la riqueza presenta un obstáculo real para venir a Dios. Sin embargo, como Jesús indica notoriamente, con Dios todo es

posible. Nadie está fuera de los propósitos salvadores de Dios, que ha prometido salvación a todos los que ponen su fe en Jesucristo. 10:32-34 Jesús predice de nuevo su muerte. A los lectores se les recuerda de nuevo el alto precio de esa salvación cuando Jesús predice de nuevo su traición, sufrimiento y resurrección. Estas palabras nos recuerdan una vez más que la muerte de Jesús no es un accidente. Es algo que fue propuesto y profetizado. Jesús muere porque tiene que morir; no hay otra manera en qué la humanidad pecadora pueda ser redimida. La crucifixión tiene que ocurrir. Esta es la tercera predicción de su pasión en el Evangelio de Marcos. 10:35-52 Petición de Jacobo y Juan; curación del ciego Bartimeo. A esta predicción de sufrimiento y muerte le sigue una declaración profundamente conmovedora de Jesús. En respuesta a una discusión por una minucia entre los discípulos sobre quién es el más grande, Jesús destaca que el rango en el reino de los cielos lo determina Dios, y se adquiere mediante el sufrimiento que él mismo está a punto de sufrir. Jesús también afirma la importancia del liderazgo servidor. Él ha venido a servir, y a dar su vida en rescaté por muchos (10:35-45). La palabra «rescate» indica un pago que se hace por el cual se obtiene libertad. Por la muerte de Jesucristo los creyentes son librados de la esclavitud al pecado. Los gobernantes seculares actúan con prepotencia. Los dirigentes cristianos, sin embargo, deben servir a su gente, tal como Cristo sirvió antes que ellos. La compasión de Jesús en su ministerio se demuestra nuevamente al sanar a un ciego. Aunque este hombre era ciego desde el punto de vista físico, tenía vista espiritual: de inmediato reconoció a Jesús cómo Hijo de David (10:4652). Mientras ocurre todo esto Jesús y los discípulos se han estado acercando cada vez más a Jerusalén, ciudad en la cual Jesús había indicado que su traición y muerte tendrían lugar. La sanidad del ciego sucedió en Jericó, apenas a veinte kilómetros de Jerusalén. La entrada a Jerusalén, con todo lo que esto implica, ahora es inminente. MARCOS 11:1-16:8 PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS

11:1-11 La entrada triunfal. Jesús ahora se prepara para entrar en la gran ciudad misma (11:1-10). Él entra con humildad, montado en un burro, en cumplimiento de una gran profecía mesiánica del Antiguo Testamento (Zac

9:9). Jesús entra en Jerusalén como su rey, acontecimiento en especial celebrado por los cristianos el Domingo de Ramos. Está claro que había muchos que estaban esperando este suceso. Las multitudes lo saludan, las cuales le honran y cantan sus alabanzas. Sin embargo, Marcos indica con claridad que Jesús se preocupa por el templo. De inmediato, después de entrar a Jerusalén, Jesús va al templo y lo examina (11:11). Nada sucede esa noche. Jesús está cansado y sé va a Betania, como a tres kilómetros de distancia. Pero al día siguiente empieza la acción. 11:12-25 Jesús limpia el templo; la higuera se seca. Un indicio de lo que motivó la cólera de Jesús contra el templo quizá se puede obtener en el incidente de la higuera (11:12-14). Al salir de Betania hacia Jerusalén, Jesús ve una higuera, la cual da la impresión de tener fruto, pero al mirarla más de cerca resulta que no lo tiene. Tal vez podemos ver en este incidente la base para la cólera de Jesús contra el templo. El árbol que se suponía que debía dar fruto tiene solo hojas. El templo, que se suponía debía ser una casa de oración pana todas las naciones, apuntando a la venida de las buenas nuevas de Dios para los gentiles, ha degenerado en un símbolo del nacionalismo y el privilegio religioso judío. Entrando en el templo Jesús expulsa a los mercaderes y vuelca las mesas de los cambistas y de los que vendían palomas (11:15-17). La protesta tal vez es solo en parte contra la comercialización en las áreas del templo. Casi con certeza representa la cólera de Jesús en contra de que se necesite alguna forma de pago o compra antes de que un individuo pueda adorar a Dios. Pero en un nivel más hondo, vemos a Jesús proclamando el fracaso de Israel para llevar las buenas nuevas de su Dios al mundo... un punto que afirma su cita de Is 56:7. Cuando Jesús y los discípulos vuelven a Betania esa noche, notan que la higuera se ha secado (11:20-25), tal como Israel se ha secado espiritualmente al no cumplir sus responsabilidades. 11:27-12:12 La autoridad de Jesús cuestionada. La controversia ahora se desarrolla con intensidad creciente. Una vez más sus críticos cuestionan la autoridad de Jesús (11:27-33) y no pueden dar una respuesta adecuada al desafío que este les presenta. La parábola de los labradores malvados (12:1-12) enseña la manera en que el judaísmo había rechazado a los profetas de Dios, y es una predicción de la manera en que ellos también rechazarán al Hijo de Dios. La matanza del hijo nos recuerda las predicciones de Jesús de su propia muerte en Jerusalén. 12:13-17 El pago de impuestos al césar. Jesús entonces trata algunas cuestiones controvertidas presentadas por los fariseos y saduceos, que intentan ponerle una trampa para que haga comentarios incautos. Los

fariseos hacen un intento inicial para atrapar a Jesús envolviéndolo en una largamente sostenida controversia que tenía que ver con las autoridades romanas. ¿Debían los judíos pagar impuestos a los romanos o no? Los fariseos se oponían a pagar tales impuestos. Los herodianos (que defendían con fuerza a los romanos) los favorecían. Ambos grupos se oponían a Jesús. Bien fuera que Jesús acabara respaldando la traición o apoyando a los romanos, la respuesta resultaría en su descrédito a los ojos de muchos, y también podría conducir a un posible arresto por sedición. Jesús no toma ninguna de esas alternativas, evadiendo la trampa que le han puesto. Dirige la atención a la imagen del césar en las monedas usadas para pagar el impuesto. Lo que es del césar se le debe dar al césar, y lo que es de Dios se le debe dar a Dios. Así como la humanidad fue creada a imagen de Dios (Gn 1:26-27), esta respuesta en realidad es una declaración de la necesidad de que la gente se dedique a él. 12:18-27 Matrimonio en la resurrección. A esto le sigue una cuestión que plantean los saduceos, los cuales no creen en la resurrección, y que tiene que ver con el matrimonio una vez que hayamos resucitado. Ellos intentan tenderle una trampa a Jesús para que conceda que hay dificultades lógicas insuperables asociadas con la idea de una resurrección. La pregunta se enfoca en el matrimonio en el cielo, planteando la cuestión de lo que le sucede a una mujer con muchos esposos. Jesús señala que, como no hay matrimonio en el cielo, el argumento de ellos es echado por tierra. 12:28-34 El más grande mandamiento. Uno de los maestros de la ley le presenta a Jesús un desafío sobre la cuestión de cuál es el mayor mandamiento de la ley. Se debe apreciar que ésta no es una pregunta en cuanto a los Diez Mandamientos, sino con respecto al número mucho mayor de mandamientos contenidos en la ley mosaica. Se consideraba por lo general que la ley tenía seiscientos trece mandamientos: a Jesús se le está pidiendo que indique cuál de ellos era de suprema importancia. En su famosa respuesta Jesús combina Dt 6:5 y Lv 19:18 para proveer una afirmación brillante del propósito fundamental y del objetivo de la ley del Antiguo Testamento. 12:35-44 ¿De quién es Hijo el Cristo? La ofrenda de la viuda. Después de responder al desafío de sus adversarios, Jesús les hace una pregunta a los fariseos (12:35-40). La pregunta tiene que ver con la interpretación de uno de los salmos mesiánicos (Sal 110), y resulta ser incontestable. Después de dejar aturdidos a sus adversarios, Jesús critica a los maestros de la ley por su debilidad demasiado humana, contrastándolos con una pobre viuda, a la que elogia mucho por su generosidad y desprendimiento

(12:41-44). La viuda puso «dos monedas de cobre muy pequeñas» en los cofres que se hallaban junto a los muros del atrio de las mujeres. El punto que Jesús quiere destacar es sencillo, y sin embargo fundamental: la mujer, aunque dio poca cantidad, dio «todo lo que tenía». 13:1-31 Señales del fin del mundo. Jesús continúa su ministerio en Jerusalén enfocándose en el fin del mundo. Esta sección, a la que a veces se le menciona como el «discurso del Monte de los Olivos», alerta a los discípulos en cuanto a los problemas que están por delante. La angustia y el dolor que aguardan en el futuro se describen de forma vívida. Muchos de estos dichos hallarán su cumplimiento por lo menos en parte en la destrucción de Jerusalén a manos de los ejércitos romanos en el año 70 d.C. Será un tiempo de traición, persecución y falsas enseñanzas. Sin embargo, es evidente que la referencia final de Jesús es al fin del mundo mismo, en un tiempo y fecha que son desconocidos para todos excepto para el Padre celestial. Ni siquiera el Hijo sabe esto (13:32). La repentina venida del fin conduce a Jesús a poner un énfasis particular en la necesidad de estar alerta. 14:1-26 Jesús es ungido en Betania; la Cena del Señor. Solo faltan dos días para la Pascua, y Jesús predice una vez más su crucifixión que se avecina. Mientras esto sucede, Jesús es ungido por una mujer anónima en preparación para la sepultura (14:1-11). Los discípulos se enfadan por la extravagancia de este gesto. Jesús, no obstante, los reprende. La acción de la mujer será acordada siempre que el evangelio sea predicado. Entretanto Judas se prepara para traicionar a Jesús —la primera indicación que tenemos de que esta acción predicha está a punto de tener lugar— Jesús vuelve al tema de la recordación, celebrando la comida pascual con sus discípulos (14:12-26). Marcos ha dado indicios de la suerte venidera de Jesús de muchas maneras y ahora presenta su relato de la última cena. Esta es una cena pascual, que tiene lugar la noche antes de la crucifixión. Para los judíos la comida pascual era un recordatorio del gran acto de liberación por medio del cual Dios sacó de Egipto a su pueblo. Jesús celebra esta comida con los doce discípulos en un aposento alto, que ha sido preparado para ellos de antemano. Para desaliento de los discípulos, Jesús declara que uno de ellos —uno de sus más íntimos colegas— le traicionará. Tal cosa debe suceder. Está profetizada en las Escrituras (como en Is 53:1-12), así que tiene que ocurrir. Pero esto de ninguna manera excusa al traidor. Jesús entonces pasa al tema de la recordación. La comida pascual incluye pan y vino. Jesús ahora le da un nuevo significado a cada uno de

estos dos elementos. Declara que el pan es su cuerpo, y el vino es su «sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos». Hay una clara referencia aquí a la declaración anterior de Jesús de que él dará «su vida en rescate por muchos» (10:45). Este pasaje es rico en alusiones al establecimiento del pacto entre Dios e Israel en Sinaí, y apunta al establecimiento de un nuevo pacto entre Dios y su pueblo por medio de la muerte de Cristo. 14:27-42 Jesús predice la negación de Pedro; Getsemaní. El grupo sale al Monte de los Olivos, en donde Jesús predice que los discípulos se esparcirán debido a los sucesos que están a punto de tener lugar, en cumplimiento de la profecía mesiánica de Zac 13:17 (14:27-31). Pedro se rehúsa a creer esto. Suceda lo que suceda, él estará al lado de su Señor. Sin embargo, Jesús le reprende con gentileza; esa noche Pedro le negará tres veces. La debilidad de los discípulos de inmediato se vuelve evidente cuando se van al huerto del Getsemaní (14:32-42). Clara y hondamente preocupado porque sabe lo que está por delante, Jesús acude a la oración. Les pide a sus discípulos que estén alerta. Ellos, no obstante, se quedan dormidos. No tienen la fuerza física para mantenerse despiertos. La oración de Jesús es de importancia especial. La intimidad de la oración es evidente por el uso de la palabra Abba (14:36), que es un término arameo para «Padre» y se halla solo en este punto en los Evangelios Sinópticos. Jesús ora que, si es posible, «este trago amargo» sea quitado de él. En este contexto, el trago amargo es un símbolo de aflicción y sufrimiento. Está claro que la plena humanidad de Jesús se expresa en esta oración. No quiere morir, pero si Dios ha propuesto que debe hacerlo, él soportará su dolor. Los comentaristas ven en esta oración una evidencia de que el pleno peso del pecado humano está empezando a doblegar a Jesús, separándolo de su Padre. En la cruz experimentará un sentimiento de ser abandonado completamente por Dios debido al peso del pecado humano. Aquí, en Getsemaní, podemos empezar a ver que nuestro pecado está siendo transferido a Cristo. 14:43-52 Arresto de Jesús. Por fin llega el momento de la traición. El hecho de que ha sido predicha de ninguna manera disminuye su tragedia y angustia. Judas, saludando a Jesús como mero «rabí», le traiciona con una señal de amor: un beso. Jesús está resignado. Las Escrituras deben cumplirse. Obediente aquí a la voluntad de su Padre como siempre, Jesús permite que le lleven detenido, mientras sus discípulos se desparraman. Algunos comentaristas ven la impresionante alusión a un joven que huye desnudo de la escena como una posible referencia al mismo Marcos, que bien puede haber estado presente en el escenario de la traición.

14:53-65 Ante el Consejo. Jesús entonces es llevado a la fuerza ante el Sanedrín (es decir, la corte suprema judía de setenta y un miembros, que consistía de los jefes de los sacerdotes, ancianos y maestros de la ley), los máximos dirigentes religiosos judíos. A este juicio religioso ante el sumo sacerdote le seguiría un juicio civil ante el gobernador romano Poncio Pilato si fuera necesario. Bajo la ley judía, se necesitaban dos testigos varones para conseguir una condena de cualquier clase. Esto plantea algunos problemas, puesto que no se presenta ningún testigo consistente contra él. A la larga, aparecen dos con una versión tergiversada de algunas de las palabras de Jesús. Habría sido posible declararlo culpable basándose en esta obvia representación falsa. El sumo sacerdote le pide a Jesús que responda a estas falsas acusaciones; y se asombra cuando no responde nada. Sin embargo, podemos ver en esto el cumplimiento de una profecía importante del Antiguo Testamento: que el Mesías sufriente guardaría silencio ante sus acusadores (Is 53:7). No obstante, el sumo sacerdote entonces le pregunta a Jesús en específico si él es «el Cristo, el Hijo del Bendito». En respuesta a esta pregunta directa Jesús responde afirmativamente. Nótese que Jesús nunca afirmó por sí mismo ser el Mesías (que es lo que significa el término griego «Cristo»). Pero cuando otros se dan cuenta de que él lo es (como los discípulos en Cesarea de Filipos, Mt 16:13-17), o le preguntan de forma específica si él es el Mesías, acepta que lo es. El sumo sacerdote se enfurece porque alguien haga tales afirmaciones, y declara que es culpable de blasfemia. Y así lo sería cualquiera que dijera esto, a menos que fuera el Mesías y el Hijo de Dios. El castigo por la blasfemia era la muerte. Sin embargo, con una excepción, los romanos habían privado al Sanedrín del derecho de sentenciar a cualquiera a la pena de muerte. Esto era prerrogativa de las autoridades romanas. 14:66-72 Pedro niega a Jesús. La narración ahora pasa a Pedro, que ha estado esperando afuera en el patio, manteniendo su distancia de lo que está sucediendo dentro de la casa. Una criada lo nota, y le cuestiona. ¿No ha estado él con Jesús el nazareno? De seguro que es uno de sus seguidores. Pero Pedro niega tener nada que ver con Jesús... tres veces. Después de la tercera negación, el gallo canta, y Pedro se da cuenta de que no solo le ha fallado a Jesús, sino de que la predicción de este con relación a su fracaso se ha convertido en realidad. Se derrumba y llora. La referencia al «canto del gallo» es importante. Los romanos dividían la noche en cuatro «vigilias»: «anochecer», de las seis a las nueve de la noche; «medianoche», de nueve a doce de la noche; «cuando el gallo canta», de las doce de la noche a las tres de la mañana; y «amanecer», de

las tres a las seis de la mañana. Estas cuatro vigilias se mencionan antes en este Evangelio en 13:35. El «canto del gallo» puede en realidad ser una referencia al toque de trompeta que marcaba el fin de la tercera vigilia de la noche antes que al canto de un gallo propiamente dicho. Aunque algunas versiones del texto de Marcos hacen referencia al canto del gallo dos veces, muchos manuscritos tempranos se refieren al mismo solo una vez. 15:1-32 Pilato y la crucifixión de Jesús. La narración ahora vuelve a Jesús. Es temprano en la mañana del viernes que resultó ser el último día de la vida de Jesús. El Sanedrín finalmente llega a su decisión, y entrega a Jesús a Poncio Pilato, gobernador romano de Judea entre los años 26 y 36 d.C. Pilato confronta a Jesús con las acusaciones presentadas contra él. Al inicio exige saber si Jesús es el «rey de los judíos». El interés de Pilato en el asunto es tal vez político. Si Jesús había estado haciendo algún tipo de proclamación de ser un rey judío, quizá eso equivaldría a un llamado abierto a los judíos para rebelarse contra Roma. Pilato pasa luego a las acusaciones específicamente religiosas presentadas contra Jesús por los jefes de los sacerdotes. Para su asombro, Jesús se rehúsa a responder a estas acusaciones. De nuevo podemos ver en esto el cumplimiento de una profecía esencial del Antiguo Testamento acerca de que el Mesías guardaría silencio ante sus acusadores (Is 53:7). Está claro que Pilato no puede hallar nada en Jesús que merezca la pena de muerte. Sin embargo, se halla bajo una enorme presión de parte de la multitud, que insiste en que se le crucifique. Pilato tiene el derecho de dejar en libertad a un prisionero en la Pascua. Ofrece poner en libertad a Jesús o a un convicto llamado Barrabás. La multitud exige que ponga en libertad a Barrabás y se le de muerte a Jesús. Barrabás es de este modo el primero en beneficiarse directamente de la muerte de Cristo. Él debería haber muerto; Jesús murió en su lugar. Pilato envía a Jesús para que se le azote y le crucifiquen. Entonces los soldados romanos humillan a Jesús, vistiéndole con una imitación barata de un traje real, y hasta una corona de espinas. Se le humilla de forma ritual como el «rey de los judíos» (15:16-20), título que también se incluirá en la acusación contra él, la cual luego sería escrita en un tablero de madera y colocada encima de su cabeza en la cruz. La flagelación que aplicaban los romanos era cruel se sabía que podía causar la muerte de las víctimas antes de que fueran crucificadas. Es evidente que Jesús quedó severamente debilitado por la flagelación, por lo que no pudo llevar cargada su propia cruz. Simón de Cirene es obligado a llevarla por él. Al fin llegan al Gólgota, el lugar de la ejecución. A este lugar a menudo también se le llama «Calvario», de la palabra latina calvaria que

quiere decir «calavera», significado literal de «Gólgota». Mientras Jesús cuelga en la cruz los que lo ven morir se burlan de él, en tanto que los soldados echan suertes por su ropa. Estos acontecimientos le dan cumplimiento a la gran profecía del Antiguo Testamento de la suerte del justo sufriente del Salmo 22 (véase Sal 22:7-8, 18). La identificación de Jesús con este ser sufriente se confirma por su grito de total desolación (15:34), al que se hace referencia en el versículo inicial de este importante Salmo. Aquí Jesús experimenta el sentimiento de la ausencia de Dios. El pecado que está llevando por su pueblo ahora lo ha separado de su Padre. Las multitudes alrededor de Jesús demandan que descienda de la cruz y se salve a sí mismo. Sin embargo, él se queda allí, y salva más bien a la humanidad pecadora (15:21-32). 15:33-41 Muerte de Jesús. Finalmente, Jesús se muere. La oscuridad cae sobre la tierra, tal vez apuntando al hecho de que la «luz del mundo» (Jn 8:12) se ha extinguido. La «cortina del templo» se rompe de arriba a abajo, suceso de relevante importancia a la luz de la significación salvadora de la muerte de Cristo. La «cortina del templo» era un importante componente del tabernáculo del Antiguos Testamento (Éx 26:31-35). Fue incluida a fin de proveer un medio de restringir el acceso al «Lugar Santísimo», el sector del tabernáculo que se consideraba sacrosanto. Aunque la cortina tenía una función práctica con relación al culto de Israel, llegó a tener una significación más profunda. El hecho de que la cortina evitaba que los adoradores regulares entraran al «Lugar Santísimo» llegó a verse como señalando una separación mucho más honda entre Dios y la humanidad pecadora. De esta forma, la cortina llegó a ser un símbolo de la barrera colocada entre Dios y la humanidad por el pecado humano. La ruptura de esta cortina en la crucifixión es un símbolo de uno de los beneficios principales que se obtuvieron con la muerte de Cristo: la barrera entre Dios y la humanidad producida por el pecado humano ha sido derribada, y así ahora hay acceso libre a Dios para los creyentes debido a la muerte de Cristo (Ro 5:1-2). Marcos ahora llama nuestra atención sobre el testimonio de un centurión romano, el cual declara que Jesús es el «Hijo de Dios» (15:39)... un testimonio de importancia vital que proviene de un gentil. Como se ha pensado a menudo, el Evangelio de Marcos fue escrito en Roma (nótese, por ejemplo, la referencia al «pretorio» en 15:16), así que la importancia del testimonio de este oficial romano habría tenido una pertinencia especial para los lectores a los que estaba destinado este Evangelio. 15:42-47 Sepultura de Jesús. Marcos también llama nuestra atención al papel de tres mujeres: María Magdalena, María la madre de Jacobo y José, y Salomé (15:40-41). Aunque los discípulos brillan por su ausencia, las

mujeres permanecen como testigos de la muerte de Cristo... tal como estas mismas mujeres serían las primeras testigos de la resurrección. Al final, sepultan a Jesús en una tumba prestada (15:42-47). No se mencionan a los discípulos. Los arreglos para el entierro los hace un dirigente religioso judío prominente, José de Arimatea, que evidentemente muestra simpatía por Jesús. Dos de las tres mujeres todavía están allí, guardando vigilia frente a la tumba, al final de este largo día... el primer viernes santo. 16:1-8 La resurrección. Temprano en la mañana del domingo las tres mujeres van de nuevo para ungir el cadáver de Jesús en la tumba. El día anterior había sido el sabat, en el cual no se permitía tal actividad. De nuevo no hay mención de los discípulos, que por supuesto están desmoralizados por completo. Al acercarse a la tumba las mujeres se dan la cuenta de que está vacía, y se enteran de que Jesús ha resucitado. Aterradas, huyen (16:18). Se debe notar que todos los cuatro Evangelios le atribuyen a las mujeres el descubrimiento de la tumba vacía. El único acontecimiento de la Pascua relatado explícitamente en detalle por los cuatro escritores de los Evangelios es la visita de las mujeres a la tumba de Jesús. Marcos nos dice los nombres de estas mujeres testigos (María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé) tres veces (Mc 15:40, 47; 16:1). Sin embargo, el judaísmo descartaba el valor del testimonio de las mujeres, considerando que solo los hombres tenían un estatus legal significativo con respecto a esto. La noticia más grande que el mundo jamás ha conocido es así revelada primero a personas cuyo estatus como testigos era ínfimo. El punto es de considerable importancia con relación a la confiabilidad histórica de los Evangelios. ¿Habría alguien inventado una historia en el cual su clímax fuera atestiguado primero por personas cuyo testimonio contaría con un escaso peso en ese tiempo? Sin embargo, los Evangelios no titubean en informar los hechos tal como fueron. Sin modificarlos para hacerlos más aceptables y creíbles. 16:9-20 Fin del evangelio según manuscritos posteriores. En este punto termina el evangelio de Marcos. Algunas versiones posteriores del texto incluyen la sección del 16:9-20, que relata la aparición de Jesús a sus discípulos e incluye (16:12) una referencia al incidente en el camino a Emaús (descrito en detalle en Lc 24:13-35). Sin embargo, la mayoría de los estudiosos concuerdan en que el texto termina en 16:8. Las mujeres están aterradas por su descubrimiento. ¿Qué puede querer decir eso? Tal como los discípulos se aterraron en la transfiguración, así la resurrección al inicio evoca temor. Este dará lugar luego a la alegría... pero solo una vez que se haya apreciado la plena realidad de lo que ha sucedido.

LUCAS Lucas es el tercero de los Evangelios Sinópticos. El Evangelio de Lucas es la primera parte de una obra en dos partes, siendo la segunda Hechos de los Apóstoles. Tomadas juntas, estas dos obras constituyen el escrito más largo del Nuevo Testamento. Ambas obras están dedicadas a un hombre llamado Teófilo (que significa literalmente «que ama a Dios»), el cual bien puede haber sido un simpatizante creyente acomodado e influyente de Roma. Lucas mismo tal vez fue gentil por nacimiento, con un notorio dominio del griego escrito. Era médico, y compañero de viaje de Pablo en varios momentos durante su carrera. Es evidente que el Evangelio de Lucas ha sido escrito teniendo presentes los intereses y necesidades de los lectores no judíos, al parecer con una preocupación especial por destacar la pertinencia de las «buenas noticias» para los pobres, oprimidos y necesitados. No está claro cuándo fue escrito el Evangelio de Lucas. El abrupto final del relato de la prisión de Pablo en Hechos de los Apóstoles sugiere una fecha anterior para la obra en dos partes, tal como algún momento en el período entre el año 59 y 63 d.C. Sin embargo, muchos estudiosos afirman que Lucas tomó como referencia el Evangelio de Marcos en algunos puntos, sugiriendo que se debe fechar este Evangelio más tarde que el segundo, y señalando que fue escrito posiblemente en la década de los 70. LUCAS 1:1-2:52 NACIMIENTO DE JESUCRISTO

1:1-4 Introducción. Lucas empieza su Evangelio indicando su propósito de dar un relato lo más exacto posible de los acontecimientos que están detrás del evangelio cristiano, tomando como referencias los relatos de testigos oculares. El mismo método será usado tanto en el Evangelio como en Hechos: fuentes confiables verificadas y compiladas, para producir un relato coherente tanto de los cimientos como de la diseminación posterior del evangelio cristiano.

1:5-25 Nacimiento de Juan el Bautista. Lucas, echando mano de fuentes no disponibles para los otros evangelistas (como se conoce a los escritores de los Evangelios), nos provee entonces de una información detallada con respecto al nacimiento de Juan el Bautista (1:5-25). Juan nace en una familia sacerdotal. Hay claras similitudes entre la situación de Zacarías y Elisabet y la de Elcana y Ana (véase 1S 1:1-2:11). En cada caso el niño nace por la providencia de Dios, y llega a ser profeta. También hay similitudes entre Juan el Bautista y el profeta Samuel: por ejemplo, ambos tomaron votos nazareos de obediencia, lo que incluye un voto de abstenerse de las bebidas alcohólicas (Nm 6:1-4; Jue 13:4-7; 1S 1:11). Incluso antes de nacer Juan queda así marcado como una figura especial dentro de la providencia de Dios. Será como Elias (1:17), que irá delante del Señor para preparar su camino. El profeta Malaquías del Antiguo Testamento había declarado que el Señor enviaría al profeta Elías para preparar el camino para su venida (Mal 4:5-6). Así que, si Elías viniera de nuevo, un gran día estaría a punto de rayar, en el cual el Señor vendría a su pueblo con juicio y salvación. De esta forma, incluso en esta etapa temprana, tenemos una fuerte indicación de que la venida del Señor a su pueblo no está muy distante. 1:26-45 Se predice el nacimiento de Jesús; María visita a Elisabet. Esto es confirmado por la visita del ángel Gabriel a María poco después, en la cual le anuncia que ella tendrá un hijo (1:26-38). En un mensaje que reúne muchas de las grandes esperanzas mesiánicas del Antiguo Testamento, el ángel le dice a María que ella ha hallado gracia a los ojos de Dios, y que dará a luz un hijo al que llamará Jesús. Estará en sucesión de David como gobernante de su pueblo. Aunque María es virgen, tendrá un hijo por el poder del Espíritu Santo. María visita luego a su parienta Elisabet, momento en el que comparten las noticias de todo lo que les ha sucedido a ambas (1:39-45). Por lo que sigue (1:56) es evidente que María se quedó con Elisabet hasta el noveno mes, es decir, hasta el nacimiento de Juan. 1:45-56 Canto de María. En el gran canto de alabanza que sigue, María expresa su alegría por las noticias que ha tenido y por todo lo que eso significará para Israel (1:46-55). El canto, al que a menudo se le denomina el «Magníficat» (de la palabra inicial en la traducción estándar del texto al latín), tiene una fuerte similitud con el gran canto de alabanza de Ana, cuando ella se regocijó al saber que tendría un hijo (1S 2:1-10). El canto de María recalca la gran fidelidad de Dios a su pueblo, y su misericordia y favor a los que, como ella, son humildes y mansos. Es evidente que un gran acto de divina liberación se halla próximo.

1:57-66 Nacimiento de Juan el Bautista. Este sentido de expectación aumenta con el nacimiento de Juan el Bautista, y cuando el pueblo se da cuenta de que la mano de Dios está sobre él. En el canto, que celebra el nacimiento de su hijo, Zacarías proclama la gran fidelidad de Dios a su pueblo (1:67-80). El canto, al que a menudo se le denomina el «Benedictus» (de la palabra inicial en la traducción estándar del texto al latín), declara que, en su gran fidelidad a su pueblo, el Señor Dios de Israel ha levantado una nueva esperanza de salvación dentro de su pueblo. Su hijo, Juan, irá delante del Señor para preparar el camino para su venida. La salvación y el perdón están cerca. 2:1-20 Nacimiento de Jesús. Lucas ahora pasa directamente al clímax de estos dos primeros capítulos: el nacimiento de Jesús mismo. La sección empieza relacionando los acontecimientos de la historia de la salvación con los de la historia del mundo (2:1-7). Lucas fecha el nacimiento de Jesús usando como referencia al reinado de dos personajes. Primero, tuvo lugar durante el tiempo de César Augusto, el primer emperador romano, cuyo reinado abarcó el período del 31 a.C. al 14 d.C. Segundo, ocurrió durante la gobernación de Cirenio de Siria. Esto es un poco más difícil de fechar, con un rango de fechas sugeridas de unos pocos años después del año 1 d.C. En ese tiempo se realizó un censo, presumiblemente con propósitos de impuestos, como resultado del cual José y María fueron a la ciudad real de Belén. Mientras estaban allí nació Jesús. La acción de las autoridades imperiales condujo así al cumplimiento de la gran profecía mesiánica de Mi 5:2. De forma tradicional, el sitio del nacimiento de Jesús se ha identificado con un establo basándose en la referencia al «pesebre» (2:7), que es en esencia un comedero de animales. La narración ahora pasa a un grupo de pastores en los campos cercanos en la noche (2:8-20). Un ángel declara el nacimiento de un Salvador, que es Cristo el Señor. El texto griego de Lucas es muy complejo en este punto, y tal vez se interpreta mejor como sigue: ha nacido un niño, que a la vez y al mismo tiempo es Salvador, Mesías y Señor. En otras palabras, el ángel proclama que uno que salvará a su pueblo, que es el tan esperado Mesías, y que es Señor, ha nacido. Como resultado, ellos van y hallan al recién nacido, y difunden la noticia de su nacimiento. 2:21-40 Presentación de Jesús en el templo. Al niño le ponen por nombre Jesús, acatando el mensaje del ángel a María (2:21-24). En obediencia a la ley de Moisés circuncidan al niño, y como primogénito de la familia, lo dedican al Señor. María ofrece un sacrificio por su purificación después de completar el intervalo de cuarenta días que especifica la ley (Lv 12:2-8). El

sacrificio que se menciona es el designado para los más pobres del pueblo, lo que implica la situación de pobreza en la que vivían María y José. Dos incidentes tienen lugar ahora, los cuales confirman más la significación espiritual del niño Jesús. Simeón, a quien el Espíritu Santo le había concedido un don especial de discernimiento, reconoce a Jesús como el Mesías que viene (2:25-35). Su canto de alabanza, al que a menudo se le denomina como el Nunc dimitis (de sus palabras iniciales en la traducción estándar del texto al latín), habla de que el Señor al fin le ha permitido ver la venida de la salvación a Israel, tanto para la glorificación del pueblo de Dios como para la revelación de Dios a los gentiles. A esto le sigue un encuentro con la profetiza Ana (2:36-40), que proclama la significación de Jesús para «todos los que esperaban la redención de Jerusalén». 2:41-52 El niño Jesús en el templo. Esta sección del Evangelio de Lucas concluye con un relato de como María y José perdieron a Jesús durante una visita al templo unos doce años más tarde (2:41-50). El relato, que se ofrece desde la perspectiva de María y José, refleja su asombro por la sabiduría de Jesús y por su afirmación de que debía estar en la casa de su Padre. Solo después será claro el pleno significado de esta afirmación. Este patrón se encuentra en todos los Evangelios. Las palabras y obras de Jesús a menudo solo cobran su plena significación a la luz de su cruz y su resurrección; por ejemplo, sus comentarios en cuanto a reconstruir el templo (Jn 2:19-22), y su predicción de que sería traicionado y de su muerte (Mc 9:31-32). No obstante, incluso en esta etapa tan temprana, los indicios están allí para que los que tienen sabiduría los vean. ¿Dónde consigue Lucas toda esta información? ¿Quién es la fuente de todos estos datos? La fuente más obvia es la misma María, que había sido testigo ocular de mucho de lo que leemos en esta sección. Los comentarios de que María «guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas» (2:19) y de que ella «conservaba todas estas cosas en el corazón» (2:51) son un indicio claro de que María guardó todo esto en su memoria, y de que Lucas está tomando como referencia esos recuerdos para compilar los dos capítulos de apertura de su narración. En tanto que Mateo tiende a relatar la historia del nacimiento y vida temprana de Jesús desde el punto de vista de José, Lucas lo relata desde el punto de vista de María. LUCAS 3:1-9:62 MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA

3:1-20 Juan el Bautista prepara el camino. Lucas de nuevo se cuida de relacionar los acontecimientos de la historia de la salvación con los de la historia del mundo. Siguiendo la tradición de los antiguos historiadores, fecha el inicio del ministerio de Jesucristo con referencia a los años del reinado de los gobernantes regionales o internacionales (3:1-2). Algunos de estos son relativamente fáciles de fechar. Poncio Pilato fue gobernador romano (o más estrictamente procurador) de Judea del 26 al 36 d.C. El «año quince del reinado de Tiberio César» se puede fechar en el período, del 28 al 29 d.C. Otras fechas son más difíciles de determinar, porque no disponemos de suficiente información acerca de los que intervienen. Aunque serían bien conocidos para los lectores de Lucas, sean judíos o gentiles, ahora es mucho más difícil afirmar las fechas con certeza. Sin embargo, está claro que el ministerio de Jesús empieza, según Lucas, poco antes del año 30 d.C. Lucas más adelante menciona que Jesús «tenía unos treinta años cuando comenzó su ministerio» (3:23). Este ministerio empieza con un encuentro con Juan el Bautista. Lucas proporciona bastante información de trasfondo con respecto a Juan (3:3-20). Es obvio que Juan produce sensación, con las multitudes saliendo en tropel a los desiertos para oírle hablar. Se reconoce a Juan como el precursor del Mesías; en verdad, incluso se sugiere, y Juan lo refuta con rapidez, que él mismo pueda ser ese Mesías (3:15-17; la palabra griega «Cristo» quiere decir «Mesías»). En cumplimiento a la profecía del Antiguo Testamento, Juan viene como el que fue prometido para preparar «el camino del Señor» (3:4, citando Is 40:3 y Mal 3:1). Juan ve su papel como preparando el camino para alguien más grande que él mismo. Él puede solo bautizar con agua; el que viene bautizará con el Espíritu Santo (3:16). En un aparte, Lucas luego nos cuenta lo que más tarde le sucederá a Juan, por criticar a Herodes por la seducción de Herodías, esposa de su hermano (3:19-20). 3:21-38 Bautismo y genealogía de Jesús, Lucas luego nos dice que Jesús estuvo entre los que fueron baptizados por Juan (3:21-22). Una voz del cielo afirma la identidad de Jesús como el Hijo de Dios, en cumplimiento de la gran esperanza mesiánica establecida en el Sal 2:7. Jesús no llega a ser el Hijo de Dios en su bautismo. Dios confirma lo que ya es verdad. Sin embargo, aunque Jesús es en realidad el Hijo de Dios, Lucas recalca que la mayoría de las personas simplemente piensan de él como el hijo de José. En su genealogía, Lucas hace énfasis en Jesús como descendiente de Adán, no solo de Abraham (3:23-28). Mientras Mateo recalca los orígenes judíos de Jesús, Lucas apunta a su significación más amplia para la raza humana como un todo. Aunque de ninguna mañera niega la importancia especial de Jesús para el judaísmo, Lucas quiere destacar su significación

universal. Hay diferencias entre la genealogía que se presenta aquí y la del Evangelio de Mateo (Mt 1:2-16). Las diferencias en las genealogías de David y en adelante se explican mejor sobre la base de la presuposición de que Mateo rastrea la ascendencia de Jesús después de David a través de José, en tanto que la preferencia de Lucas es rastrearla después de David por medio de María. Como se notó antes, esto se corresponde con el interés particular de Lucas en María y de Mateo en José. 4:1-13 Tentación de Jesús. Tal como Israel pasó cuarenta años en el desierto, siendo probado y preparado para su entrada final a la tierra prometida, así Lucas nos dice cómo Jesús se prepara para su misión al pueblo de Israel mediante su tentación... un período de cuarenta días y noches en el desierto, en el cual Jesús confronta la tentación y la resiste con éxito. La prueba se centra en si Jesús usará su poder y autoridad como Hijo de Dios para ventaja propia o para los fines para los cuales le fueron dados. Para el fin de este período está claro que Jesús será obediente a la voluntad de su Padre. Está listo para empezar su ministerio público. 4:14-44 Jesús rechazado en Nazaret. Ese ministerio ahora empieza con su rechazo público de parte de su propia gente en Nazaret. Lucas ha recalcado que Jesús estaba lleno del Espíritu (4:1, 14). Inspirado así vuelve a Jerusalén, siendo ya objeto de intenso debate, para adorar en la sinagoga local. Aunque el texto no lo indica de forma explícita, parece que Jesús ya había ministrado extensamente antes de venir a Nazaret. A estas alturas ha llegado a ser bien conocido, y es evidente que era un maestro frecuente en las sinagogas de toda la región, pero en Nazaret halla un franco rechazo. Leyendo la gran profecía mesiánica de Is 61:1-2, declara que esta profecía se ha cumplido en él mismo. La profecía hace referencia a la predicación de las buenas noticias y a la curación de los ciegos, elementos esenciales del ministerio de Jesús. Esto sugiere con fuerza que Jesús se aplica a sí mismo estas palabras, sabiendo que los detalles de su ministerio público lo confirmarán, pero lo que halla más bien es rechazo y enojo. Como indican con claridad los episodios que siguen, incluso los demonios aceptan a Jesús como el «Santo de Dios» (4:31-37) y el «Hijo de Dios» (4:38-44), en tanto que su propio pueblo no quiere ni oír de él. A pesar de este rechazo, Jesús continúa predicando en las sinagogas, recibiendo por supuesto una cálida bienvenida de parte de los otros. 5:1-11 Llamamiento de los primeros discípulos. Jesús entonces llama a sus primeros discípulos. Aunque está claro que hasta la fecha ha sido muy admirado por muchos, ahora invita a algunos a asumir una posición de

especial favor a su lado. Los primeros discípulos son pescadores, y Jesús declara que los hará «pescadores de hombres». 5:12-26 Continúa el ministerio de sanidad de Jesús. La curación de un leproso (5:12-16) ilustra la capacidad y disposición de Jesús para sanar, tanto como su afirmación de la ley del Antiguo Testamento; nótese cómo envía al leproso sanado al sacerdote para confirmación de la curación. Lo que al principio parece ser otra sanidad (5:17-26) resulta tener implicaciones serias para una correcta comprensión de la identidad de Jesús. Como parte de su curación del paralítico, Jesús declara que los pecados del hombre son perdonados. Los maestros de la ley se enfurecen por esto. ¡Solo Dios puede perdonar pecados! Acusan a Jesús de blasfemia, y en cierto sentido tienen razón para decirlo. Solo Dios puede perdonar pecados. Al atribuirse esta autoridad, Jesús está colocándose en el lugar de Dios. El creyente que lee este pasaje notará dos cosas: primero, que el hombre queda sano. Es evidente que Jesús posee la capacidad para sanar, y por consiguiente la autoridad para perdonar. Y segundo, la resurrección posterior de Jesús de los muertos afirma que en verdad es el Hijo de Dios (Ro 1:3-4), y por lo tanto posee la autoridad necesaria para perdonar pecados. Sin embargo, en esta etapa temprana de su ministerio no hay indicio de lo que vendrá luego. Eso cambiará pronto... pero todavía no. 5:27-32 Llamamiento de Leví. Jesús añade luego a su grupo de discípulos íntimos a un recaudador de impuestos llamado Leví, para enojo de los que le observan. (Marcos y Lucas se refieren a este individuo por su nombre original, «Leví» o «Leví hijo de Alfeo», mientras que en el relato de Mateo del mismo incidente se usa el nombre apostólico «Mateo»). Los recaudadores de impuesto eran muy despreciados por sus coterráneos y se les consideraba como proscritos. En ese tiempo la región de Palestina estaba ocupada por los romanos. No se trataba solo de que los recaudadores de impuestos se asociaran con el poder gentil de ocupación, sino de que también cobraban más impuestos de los que debían, como manera de asegurar su propio bienestar. Como resultado, los judíos los detestaban y los consideraban traidores. Sin embargo, al llamar a uno de ellos a su círculo íntimo, Jesús demuestra su aceptación de aquellos que el judaísmo consideraba más allá de toda esperanza de redención, incluyendo a las prostitutas, los gentiles y los cobradores de impuestos. Jesús resume esto con su declaración de que ha venido a llamar a los pecadores, no a los justos (5:32). 5:33-6:11 La autoridad de Jesús cuestionada. Las críticas contra Jesús continúan implacables. Jesús no solo llama a los proscritos a su círculo íntimo, sino que tampoco les impone requisitos rigurosos de ayuno. Jesús

responde señalando que no hay necesidad de ayunar mientras el novio, obvia referencia a sí mismo, todavía está con sus invitados. El nuevo vino glorioso del evangelio no puede ser contenido por los odres viejos y cansados del judaísmo (5:33-39). No obstante, la crítica continúa (6:1-11). Los fariseos critican a Jesús por recoger trigo en el sabat. Jesús responde que el Hijo del hombre (referencia a sí mismo) tiene autoridad sobre el sabat. La clara implicación es que el Creador tiene autoridad sobre su creación. En cualquier caso, Jesús destaca que el sabat fue ordenado para beneficio de la gente, y no al revés, y cita el ejemplo de David para mostrar que sus acciones tienen excelentes precedentes. También insiste en el derecho de sanar en el sabat, y desafía a cualquiera que piense lo contrario a que lo demuestre. 6:12-19 El sermón de la llanura. Después de reunir a sus doce discípulos (6:12-16), Jesús entonces pronuncia lo que a veces se conoce como el «sermón de la llanura», que incluye algo del material que se halla en el «sermón del monte» (Mt 5:1-7:29). El sermón, el cual dirige a sus discípulos antes que a los que acaba de sanar, recalca las altas demandas que los creyentes deben esforzarse por alcanzar, mientras que se dan cuenta de que es imposible alcanzarlas sin la gracia de Dios mismo. 6:20-26 Bendiciones y ayes. El sermón empieza con un conjunto de pronunciamientos que se conocen como «las bienaventuranzas» (6:20- 23). Cada pronunciamiento empieza con la palabra: «Dichosos...». El término «dichoso» se puede malentender con facilidad como queriendo decir «feliz» o «afortunado». Sin embargo, es posible, como Jesús destaca, ser bienaventurado incluso cuando no se es feliz. Alguien es «bienaventurado» si ha hallado el favor y la aceptación de Dios. Incluso si el estatus o la situación terrenal de los creyentes es humilde o angustioso, pueden saber que han hallado favor a la vista de Dios, lo que es mucho más importante. El punto se recalca en la serie de «ayes» que siguen (6:24-26); los que han hallado seguridad y satisfacción terrenal pueden fácilmente perder el favor de Dios. 6:27-45 Amar a los enemigos; juzgar a otros; un árbol y su fruto. Luego se indican las normas esperadas dentro del reino de Dios. El carácter de gran sacrificio propio de la vida redimida se presenta en una serie de mandamientos, cada uno ilustrando la naturaleza radical de las exigencias del evangelio. Para muchos comentaristas el sermón fija una serie de normas hacia las que los creyentes deben apuntar, aunque en última instancia no las logren alcanzar en sus vidas. Esto no quiere decir que las exigencias son perfeccionistas o irremediablemente idealistas. Las mismas

recalcan el hecho de que ser creyente significa una diferencia en la manera en que viven tales personas, e indica las metas a las que deben apuntar, aunque no puedan alcanzarlas. El sermón continúa con un recordatorio de la pecaminosidad de la naturaleza humana, lo que nos lleva a criticar a otros cuando deberíamos examinarnos nosotros mismos (6:37-42). Así como el árbol bueno produce buen fruto, la persona que en realidad ha venido a la fe naturalmente producirá buenas obras (6:43-45). 6:46-7:10 Los constructores sabios y necios; fe en Jesús. El sermón termina con la parábola de la casa construida sobre la roca y la casa construida sobre la arena. Jesús indica aquí con claridad que es de importancia vital que la casa de la fe se levante sobre un cimiento sólido, que sobrevivirá a las peores tormentas que la vida pueda producir. Solo al tener fe en Jesucristo y su evangelio podemos estar seguros de la estabilidad y la paz que Dios quiere para nuestras vidas. Como para hacer este punto absolutamente claro, Lucas relata entonces una serie de incidentes que destacan la importancia de la fe en Cristo. La fe del centurión romano en la capacidad de Jesús para sanar a su criado se destaca, elogia y recompensa (7:1-10), así como la de una mujer pecadora (7:36-50). Su fe, declara Jesús, la ha salvado (7:50). 7:11-32 Jesús y Juan el Bautista. La cuestión de la identidad de Jesús surge ahora de nuevo. Después de que Jesús revivifica al hijo de una viuda (7:11-17) se le acercan dos discípulos de Juan el Bautista, el cual estaba languideciendo en la cárcel (7:18-32). Juan desea que le pregunten a Jesús si él es el Mesías cuya venida él había proclamado, o si deben esperar por algún otro. Jesús responde destacando que todas las grandes señales que están asociadas con la venida del Mesías se han cumplido en él. Una lista de profecías mesiánicas, incluyendo la citada por Jesús en Nazaret, se ven claramente cómo habiéndose cumplido en el ministerio de Jesús (7:22; véanse Is 29:18-19; 35:4-6; 61:1-2). Jesús afirma que en verdad él es aquél para el que Juan había estado preparando el camino en cumplimiento de la profecía. 7:33-50 Se critica a Jesús como amigo de pecadores. Sin embargo, la crítica persiste. Se continúa criticando a Cristo por ser «amigo de pecadores» (7:33-35). En respuesta Jesús recalca que mientras más grande es el pecado, mayor es la gratitud de su perdón (7:36-50). Al perdonar el pecado de una mujer local, Jesús hace surgir de nuevo la cuestión de su autoridad. Solo Dios puede perdonar pecados, así que la gente se pregunta: ¿Quién es este «que hasta perdona pecados»? (7:48-49; véase 5:20-26). Atraídos a Jesús, los doce y un grupo de mujeres, muchas de las cuales se mencionan por nombre (8:1-3), le siguen y le ministran.

8:4-15 Parábola del sembrador. La parábola del sembrador utiliza la ilustración de un sembrador que esparce la semilla en la tierra como una imagen de la predicación de la palabra de Dios en el mundo. Jesús señala que es la misma semilla la que cae en diferentes clases de suelo, y lo que a la larga le sucede depende de la calidad del terreno. De la misma manera, Jesús siembra la semilla de la palabra de Dios por su predicación. El efecto que la misma ejerce en las personas depende de cómo estas responden a la palabra. Si alguien no responde, o se aleja, no se debe a ningún fracaso de parte de la semilla. 8:16-21 Una lámpara en una repisa. Una segunda parábola echa mano de la imagen de la luz. De la misma forma que se permite que una lámpara ilumine un cuarto, así los efectos del evangelio se deben sentir en el mundo. En un dicho que refuerza la importancia de la fe, y la acción como resultado de esa fe, Jesús afirma que sus hermanos son «los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica» (8:19-21). 8:22-39 La autoridad de Jesús confirmada. Luego tienen lugar una serie de sucesos que confirman la autoridad de Jesús sobre el orden natural y sobrenatural. En su acción de calmar una tormenta se muestra a Jesús como teniendo autoridad sobre el viento y las olas, para aturdimiento de sus discípulos (8:22-25). Y al sanar a un endemoniado (8:26-39) vemos de nuevo que los espíritus malignos reconocen la identidad de Jesús como «Hijo del Dios Altísimo», sometiéndose a su autoridad. De nuevo el asombro y el temor se mezclan en los que observan, que se quedan aturdidos por lo que ven que tiene lugar ante sus ojos. 8:40-56 Una muchacha muerta y una mujer enferma. Jesús demuestra que tiene autoridad sobre la muerte misma al traer de regreso a la vida a la joven hija de Jairo, un prominente miembro de la sinagoga local. Jesús también sana a una mujer que había estado sangrando por muchos, años, y a quien muchos consideraban más allá de toda esperanza de curación. Sin embargo, esto es más que un acto de sanidad. Es también un acto importante de afirmación. Para los judíos, esta mujer era inmunda, debido a su excreción de un fluido corporal. Jesús se rehúsa a reconocer esta barrera en su ministerio. Ningún obstáculo humano artificial se levantará entre el Salvador y aquellos a los que ha venido a salvar. 9:1-17 Jesús envía a los doce y alimenta a cinco mil. Jesús envía a los doce a predicar el evangelio, con el resultado de que echan fuera a los demonios y sanan a los enfermos (9:1-6). Este y otros informes llegan a oídos de Herodes, que antes había decapitado a Juan el Bautista (incidente relatado en detalle en Mc 6:14-29). Herodes, como muchos otros, está

confundido en cuanto a la identidad de Jesús. ¿Es Juan el Bautista que ha vuelto a la vida? ¿O es Elías? (9:7-9), Después de un breve interludio, en el cual Lucas relata la alimentación de los cinco mil (Lc 9:10-17), se trata de nuevo de este tema: ¿Quién es Jesús? 9:18-27 Confesión de Pedro en cuanto a Cristo. Esta es precisamente la pregunta que Jesús les hace a los discípulos. Los discípulos hablan de las distintas opiniones que han escuchado: Jesús es uno de los profetas, o Juan el Bautista que ha vuelto a la vida, o tal vez Elías. Pero Jesús insiste: ¿Y qué piensan ustedes? ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Esta es una pregunta de importancia vital. A diferencia de las multitudes, los discípulos habían estado con Jesús durante la mayor parte de su ministerio. Le habían observado y le habían escuchado: Ahora se les pregunta cuál es su conclusión. Pedro habla por todos ellos cuando responde que está convencido de qué Jesús es «el Cristo de Dios» (9:20). En otras palabras, Jesús es el tan esperado Mesías, que ha venido a su pueblo. Tal vez preocupado porque el título de «Mesías» pudiera ser malentendido en un sentido puramente político, Jesús les pide a sus discípulos que no le digan a nadie que se han dado cuenta de su verdadera identidad (9:21). El Mesías podría ser entendido con demasiada facilidad como un dirigente político triunfalista, preocupado solo por liberar a su nación de las fuerzas romanas de ocupación. Inmediatamente después de la confesión de Pedro de que él es el Mesías, Jesús declara que debe ir a Jerusalén, sufrir, ser rechazado, morir y luego resucitar de entre los muertos. Esta es una parte integral de su llamamiento. Debe ser un Mesías sufriente. 9:28-45 La transfiguración; el poder de Jesús sobre los espíritus malignos. Ahora sigue un importante anticipo de la resurrección a través del relato de la transfiguración (9:28-36). Esto demuestra la continuidad de Jesús con los ministerios de Moisés y Elías, mientras que al mismo tiempo provee un preludio anticipado de la gloria de la resurrección de Cristo. Una aprobación de la identidad y autoridad de Jesús desde el cielo confirma su ministerio y misión. Después de otra demostración del poder de Jesús sobre los espíritus malignos (9:37-43), vuelve a aparecer el tema del sufrimiento de Jesús que se avecina (9:44-45). Los discípulos continúan aturdidos por esta predicción. La misma no concuerda con sus expectativas de lo que sería el Mesías. Se esperaba que el Mesías fuera una figura de triunfo, no de sufrimiento. 9:46-62 ¿Quién será el mayor? El costo del discipulado. Este período temprano del ministerio de Jesús llega a su fin (9:46-62) con una discusión

entre los discípulos acerca de cuál de ellos sería el mayor. La respuesta de Jesús deja en claro qué las normas terrenales de supremacía y rango no sirven de nada en el reino de Dios. A esto le siguen una serie de afirmaciones inequívocas con respecto al costo del discipulado. Todo lo demás debe ocupar un segundo lugar luego de seguir a Cristo (9:57-62). LUCAS 10:1-19:27 MINISTERIO POSTERIOR DE JESÚS

10:1-37 Jesús envía a los setenta y dos. Jesús ahora comisiona a setenta y dos discípulos para que continúen la obra de proclamación de las buenas nuevas del reino de Dios (10:1-24). Los autoriza para que hablen en su nombre, y ellos regresan gozosos para contarle los resultados de su ministerio. A Jesús mismo se le pregunta entonces lo que debe hacer un individuo para heredar la vida eterna (10:25-28). Jesús permite que el que le pregunta halle por sí mismo la respuesta, y luego afirma la importancia de amar a Dios y de amar al prójimo, combinando Dt 6:5 y Lv 19:18. Sin embargo, el que le pregunta tiene otra pregunta: ¿Quién es mi prójimo? Jesús responde a esta pregunta con la parábola del buen samaritano (10:3037), que saca a relucir el odio tradicional entre judíos y samaritanos para recalcar el punto de que la misericordia no debe estar sujeta a los prejuicios sociales o nacionales. 10:38-11:13 María y Marta; el Padre nuestro. Del episodio de María y Marta (10:38-42) por lo general se piensa que ilustra la importancia de pasar tiempo con Jesús, disfrutando del privilegio de su presencia y enseñanza, en lugar de atarearse y afanarse con otras cosas. ¡Eso puede esperar! El tema de pasar un tiempo con Jesús se explica luego en una sección que tiene que ver con la oración. Jesús presenta una oración modelo, por lo general conocida como «el Padre nuestro». Su sencillez, brevedad e intimidad establece un modelo para la clase de oración que Jesús desea que sus seguidores adopten (11:1-4). La oración afirma la paternidad de Dios, recordándonos que le debemos a él nuestros orígenes, y que él cuida de sus hijos. Nos recuerda que Dios es santo (el término «santificado» tiene el significado básico de «mantener santo») y que esta santidad se debe reflejar en la manera en que los creyentes se dirigen a Dios en la oración, hablan de él al mundo y le adoran. La oración después pasa a las necesidades de los creyentes: su necesidad física de alimento, y su necesidad espiritual de perdón, consuelo y protección de la tentación. Así como incluso los padres

humanos pecadores desean el bien para sus hijos, de la misma forma Dios dará su Espíritu Santo a los que se lo pidan (11:5-13). 11:14-32 Jesús y Beelzebú; la señal de Jonás. Sus adversarios entonces intentan arrojar dudas sobre Jesús sugiriendo que tiene autoridad sobre los demonios debido a que está ligado a «Beelzebú, príncipe de los demonios» (11:14-28). Jesús rechaza vigorosamente este intento de atribuir su autoridad a Satanás. La incredulidad de sus críticos se subraya todavía más por sus exigencias de una señal, por medio de la cual se podría justificar la autoridad de Jesús. Jesús les señala la «señal de Jonás», una clara referencia a su resurrección futura (11:29-32; véase Mt 12:3942). 11:33-12:2 Jesús critica a los fariseos. Ahora sigue una serie de enseñanzas que tiene que ver con cuestiones que surgen en esta etapa durante el ministerio de Jesús. En particular Jesús critica a los fariseos por su conducta hipócrita, que se enfoca en las cosas externas y descuida las cuestiones internas de la fe y la motivación. Careciendo de toda doctrina real de gracia, meramente imponen cargas en otros sin hacer nada por ayudarlos. Los discípulos deben guardarse de tales personas y de la amenaza que ellos representan. 12:13-13:9 Vigilancia. A esto le sigue una serie de enseñanzas que se enfocan en el tema de la vigilancia. Los discípulos no deben ser como el rico insensato (12:13-21) que almacenó riquezas en la tierra sin considerar las dimensiones eternas de la vida. Tampoco deben afanarse demasiado por los aspectos físicos de la vida (12:22-34): si Dios cuida de las aves y de los lirios del campo, ¿acaso no cuidará de ellos? De lo que los discípulos deben preocuparse es de que la venida del Señor los halle desprevenidos. Una serie de ilustraciones destaca la importancia de estar preparados para el retorno de su Maestro ausente (12:35-48), lo que apunta a la venida de Cristo. El tema de «estar preparado para el fin» se desarrolla entonces en varias direcciones diferentes. La venida de Jesús traerá división, y no paz (12:49-53). Los discípulos deben estar atentos a las señales del fin, así como la gente lo hace con las señales de un cambio en el clima (12:54-59). La necesidad de arrepentimiento urgente se ilustra por el incidente de la torre de Siloé y la higuera sin frutos amenazada con su destrucción a menos que fructifique (13:1-9). 13:10-14:35 Jesús continúa sanando y enseñando. La sanidad y la enseñanza continúan. La refutación vigorosa de Jesús en contra de los que critican su sanidad en el sabat recibe una aprobación amplia. La parábola de la semilla de mostaza apunta a cómo el reino de Dios puede crecer rápidamente desde un principio pequeño (13:19). El tema de la sanidad en el

sabat se explora más cuando Jesús es invitado a comer en la casa de un fariseo local (14:1-14). Jesús usa esta ocasión para recalcar la diferencia entre la comprensión terrenal y espiritual del rango y la importancia. El tema de la comida conduce a la parábola del gran banquete (14:1524). Esta parábola trata de una fiesta a la cual son invitados unos pocos selectos, pero por varias razones ellos no asisten. La invitación entonces se extiende a todos. Es evidente que la parábola tiene que ver con la extensión de las buenas nuevas del reino desde los limites estrechos de Israel hasta los gentiles. Sin embargo, Jesús indica con claridad que el reino de Dios no se trata simplemente de una cuestión de fiestas. Llegar a ser y seguir siendo su discípulo incluirá dolor, sufrimiento y pérdida. Es algo que se debe pensar con cuidado, y no emprenderse a la ligera (14:25-35). 15:1-32 Parábolas de lo perdido. A esto le siguen tres parábolas, cada una de las cuales se enfoca en la alegría de recobrar algo que se había perdido, refutando las objeciones de los fariseos y maestros de la ley en contra de la bienvenida que Jesús les ofrecía a los llamados «pecadores». ¿Por qué razón no debería Dios regocijarse por el retorno de los perdidos? La primera parábola se centra en la recuperación de una oveja perdida (15:3-7); la segunda en el hallazgo de una moneda perdida (15:8-10); la tercera, que es la celebrada parábola del hijo pródigo, en el regreso del hijo descarriado a su padre (15:11-32). Esta tercera parábola ilustra de manera excelente el gozo que siente el padre por el retorno de su hijo, al que había dado por perdido. También destaca el sentido de irritación que siente el hijo mayor del padre, que no comprende por completo la razón para el deleite de su padre por la restauración de su hermano. 16:1-18:14 Las parábolas continúan. Luego sigue una serie de parábolas, salpicadas con relatos de incidentes en el camino a Jerusalén (16:1-19:27). La parábola del administrador astuto (16:1-15) destaca la necesidad de planear para el futuro, en particular a la luz del juicio venidero. La parábola en cuestión es difícil de interpretar, y tal vez se le entienda mejor como sigue. Era una práctica común cobrarle un poco más a los compradores. El administrador en realidad estaba reduciendo las deudas de los precios inflados cobrados por su amo al precio real que valían los artículos. Como resultado, el dueño podía hallar algún consuelo por lo que había hecho, y los clientes considerarían al administrador de un modo favorable. El relato del rico y Lázaro (16:19-31) ilustra tanto los males de las riquezas como la importancia de la resurrección para establecer la autoridad de Jesús. Sin embargo, Jesús sugiere que la humanidad es tan pecadora que es poco probable incluso que escuchen a alguien que vuelve de entre

los muertos de esta manera. Tal vez ese pecado es inevitable. No obstante, hay una necesidad real de evitar ser causa de pecado para alguien (17:1-4). Se recalca la importancia de la fe (17:5-10), la cual se ilustra por el incidente en el que diez leprosos son sanados (17:11-19). Solo uno, que es samaritano, tiene la gracia de agradecerle a Jesús por lo que ha hecho. Jesús lo elogia por hacerlo así, y le asegura que su fe lo ha restaurado. Luego él vuelve al tema de la venida del reino, y en especial recalca la necesidad de estar alerta (17:20-37). Dos parábolas ilustran entonces aspectos de las buenas nuevas. La parábola de la viuda insistente (18:1-8) explica cómo incluso un juez injusto responde a la petición persistente. Cuánto más, sugiere Jesús, Dios, que es un juez justo y misericordioso, responderá a la oración persistente de su pueblo. A esto le sigue la parábola del fariseo y el recaudador de impuestos (18:9-14), que destaca la importancia de la humildad. El fariseo le agradece a Dios por sus muchas virtudes. El recaudador de impuestos admite con sinceridad su miseria y su pecado. No hay indicios de que el fariseo fuera un hipócrita. Prácticamente es cierto que hacía todo lo que mencionó, excediendo las exigencias de la ley. Por ejemplo, la ley ordenaba ayunar solo el día de expiación; sin embargo, él ayunaba dos veces a la semana. El punto que se quiere destacar es sencillo: la humildad conduce a la misericordia y al perdón. 18:15-30 Niños; Jesús y el dirigente rico. La clase de humildad que se elogia se ilustra luego con dos incidentes diferentes. En el primero Jesús declara que las personas deben recibir al reino de Dios con la confianza, el deleite y la dependencia de los niños pequeños (18:15-17). En el segundo, el encuentro con el dirigente rico (18:18-30) destaca el obstáculo que las riquezas presentan para la aceptación a la vista de Dios. Después de descubrir que este dirigente ha guardado con fidelidad los mandamientos, Jesús le pide que venda todo lo que tiene y le siga. Esto desalienta al hombre, que se aleja muy entristecido. Está claro que la riqueza presenta un obstáculo real para venir a Dios. No obstante, como Jesús lo indica con claridad, con Dios todo es posible. Nadie está fuera de los propósitos salvadores de Dios, que ha prometido salvación a los que ponen su fe en Jesucristo. 18:31-43 Jesús predice de nuevo su muerte; un mendigo ciego recibe la vista. A los lectores entonces se les recuerda de nuevo el alto precio de esa salvación cuando Jesús de nuevo predice su traición, sufrimiento y resurrección (18:31-34). Este pasaje nos recuerda que la muerte de Jesús no es un accidente. Es algo que había sido planeado y profetizado. Jesús muere porque tiene que morir; no hay otra manera en que la humanidad

pecadora pueda ser redimida. La crucifixión tiene que suceder. A esta predicción de sufrimiento y muerte le sigue la sanidad de un ciego (18:3543), lo que ilustra tanto la importancia de la fe como del discernimiento espiritual de este hombre que es ciego físicamente, pero que reconoce al «Hijo de David» cuando pasa. 19:1-10 Zaqueo, el recaudador de impuestos. El impacto personal de Jesús se demuestra ahora en el encuentro con Zaqueo, el recaudador de impuestos. Como ya se señaló antes, los recaudadores de impuestos eran odiados debido a su falta de honradez y a su colaboración con las autoridades romanas. Zaqueo, sin embargo, se siente atraído por Jesús. A pesar de su situación social como despreciado, Jesús le da la bienvenida y visita su casa para enfado de los que le observan. Sin embargo, el encuentro resulta ser transformador. Zaqueo se arrepiente de su falta de honradez y ofrece más de la adecuada restauración por cualquier cosa que haya recibido de modo fraudulento. Para Jesús esto provee otra ilustración de su misión de buscar y hallar a los perdidos. 19:12-27 Parábola del dinero. Aquí se explora el tema del retorno del Señor con la parábola del dinero, que se corresponde en términos amplios con la parábola más familiar de los talentos: Mt 25:14-30. La atención en la misma se centra en lo que los criados hacen mientras el amo está lejos. La parábola habla de un amo que les confía sus minas (cantidades de plata, que sirven como dinero) a sus criados durante su ausencia, y de la variedad de maneras en que los criados usan ese dinero. El punto principal que se recalca es que el amo volverá sin advertencia para ver lo que ha sucedido en su ausencia. LUCAS 19:28-24:53 PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO

19:28-44 La entrada triunfal. Mientras está sucediendo todo esto, Jesús y sus discípulos se han estado acercando cada vez más a Jerusalén. Jesús les ha dicho a sus discípulos que debe ir a Jerusalén, ser traicionado y crucificado. Ahora él se prepara para entrar en la gran ciudad. Entra con humildad, montado sobre un burro, en cumplimiento de una gran profecía mesiánica del Antiguo Testamento (Zac 9:9). Jesús entra en Jerusalén como su rey, acontecimiento que los cristianos celebran de manera especial el Domingo de Ramos. Está claro que hay muchos que estaban esperando este acontecimiento. Las multitudes le saludan, honrándole y cantando alabanzas, para fastidio obvio de los fariseos.

19:45-48 Jesús en el templo. La semana final de la vida de Jesús está repleta de enseñanzas y de conflictos con las autoridades religiosas. El primer incidente principal es la limpieza del templo, en la cual Jesús expulsa a los mercaderes y voltea las mesas de los cambistas y de los que vendían palomas. La protesta tal vez es solo en parte contra la comercialización en las áreas del templo. Casi ciertamente representa la cólera de Jesús contra la idea de que se requiera alguna forma de pago o compra antes de que un individuo pueda adorar a Dios. 20:1-19 La autoridad de Jesús cuestionada. La controversia ahora se desarrolla con creciente intensidad. Una vez más sus críticos cuestionan la autoridad de Jesús (20:1-8), demostrando ser incapaces de dar una respuesta adecuada al desafío que Jesús les plantea sobre la autoridad de Juan el Bautista. La parábola de los labradores malvados (21:9-19) representa una ilustración excelente y perturbadora de la manera en que el judaísmo había rechazado a los profetas de Dios, y de cómo también estaba a punto de rechazar al Hijo de Dios. La matanza final del hijo nos recuerda las predicciones de Jesús de su propia muerte en Jerusalén, con la cual quedará sellado su rechazo final de parte del judaísmo. Sin embargo, aunque ha sido rechazado, esto no será el fin de la historia, como el comentario profético con respecto a la piedra rechazada lo indica con claridad (20:17; véase Sal 118:22). (La «piedra angular» se refiere a la piedra que se colocaba en un arco y que sostenía unido a todo el edificio). 20:20-26 El pago de impuestos al césar. Jesús entonces trata de una serie de cuestiones controvertidas que le presentan los agentes de las autoridades religiosas, que intentan ponerle una trampa. Un intento inicial es atrapar a Jesús enredándolo en una controversia que tiene que ver con las autoridades romanas. ¿Deben los judíos pagar impuestos a los romanos o no? Los fariseos se oponían a pagar tales impuestos. Los herodianos (que apoyaban con fuerza a los romanos) los favorecían. Ambos grupos se oponían a Jesús. De cualquier manera que respondiera, Jesús perdería, bien fuera respaldando la traición o respaldando a los romanos. Jesús no opta por ninguna de esas alternativas, evadiendo la trampa que se le puso. Llama la atención a la imagen del césar en las monedas que se usaban para pagar el impuesto. Lo que es del césar se le debe dar al césar, y lo que es de Dios se le debe dar a Dios. Como la humanidad fue creada a imagen de Dios (Gn 1:26-27), esta respuesta en realidad es una declaración de la necesidad de que la gente se dedique a él. 20:27-44 La resurrección y el matrimonio. A esto le sigue una cuestión planteada por los saduceos con respecto al matrimonio en la resurrección (20:27-40). Intentando tenderle una trampa a Jesús para que acepte que no

hay resurrección, le hacen una pregunta basada en el matrimonio en el cielo, destinada a demostrar la imposibilidad lógica de la resurrección. Jesús destaca que, puesto que no hay matrimonio en el cielo, el argumento de ellos es echado por tierra. Luego aumenta la vergüenza de sus opositores mostrando su incapacidad de hallarle sentido a la profecía mesiánica del Sal 110:1 (20:41-44). 20:45-21:38 Señales del fin del mundo. Después de recalcar la importancia de la humildad y elogiar la generosidad de una viuda pobre (20:45-21:4), Jesús dirige su atención al fin del mundo (21:5-38). Esta sección alerta a los discípulos de los problemas que están por delante. La angustia y el dolor que aguardan en el futuro se describen de forma vívida. Muchos de estos dichos hallarán su cumplimiento en parte durante la destrucción de Jerusalén a manos de los ejércitos romanos en el año 70 d.C. Será un tiempo de traición, persecución y falsas enseñanzas. Sin embargo, es evidente que la referencia final de Jesús es al fin del mundo mismo, cuando él, cómo «Hijo del hombre», vendrá de nuevo en gloria para juzgar al mundo. El punto es que los discípulos no deben asustarse cuando vean esas cosas suceder. Cuando sucedan, esto será una señal de que su hora de redención al fin ha llegado. 22:1-38 La última cena. Lucas entonces prepara la escena para los días finales de la vida terrenal de Cristo en el tiempo de la Pascua, cuando Israel recordaba el gran acto de liberación por él que Dios rescató a sus antepasados de la esclavitud en Egipto (22:1-12). Según Dt 16:16, se exigía que todo hombre judío celebrara la Pascua en Jerusalén misma. En esta ocasión, la Pascua tendría una significación especial para Jesús, que resultó ser el verdadero Cordero pascual, sacrificado por los pecados del mundo. La redención está cerca. Conforme Lucas empieza a relatar los días finales de Cristo en Jerusalén, nos damos cuenta del poder del pecado en el presente. Lucas relata cómo los dirigentes judíos traman librarse de Jesús. Satanás entra en Judas Iscariote, y el amor al dinero triunfa sobre el amor a Dios. La Pascua era en verdad una celebración de un acto pasado de liberación; sin embargo, el poder del pecado persiste. Algo tiene que ser hecho para lograr una victoria de una vez por todas sobre el pecado. En lo que sigue aprendemos cómo la muerte de Cristo es la clave para este desarrollo vital. Mientras los judíos se preparaban para sacrificar sus corderos pascuales, Jesús se preparaba para morir. Mientras Israel recordaba un acto pasado de redención, Dios estaba realizando una nueva y mayor obra de redención en medio de ellos. Habiéndose reunido en el aposento alto, Jesús y sus

discípulos celebran la Pascua (22:14-23). Con gran solemnidad Jesús les dice a los apóstoles que nunca más volverá a celebrar la Pascua «hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios». La Pascua es vista como apuntando a algo más allá de sí misma, a algo mucho más grande que todavía está por cumplirse. Conforme la comida procede, el significado pleno de las palabras de Jesús empieza a ser claro. De la misma forma que el Cordero pascual fue inmolado, así Jesús sería inmolado. Su cuerpo sería quebrantado, y su sangre derramada. Y por medio de su muerte sé establecería un «nuevo pacto». Las palabras de Jesús son significativas: la Pascua está a punto de cumplirse en él y por él. Pero, ¿qué quiere decir un «nuevo pacto»? La palabra griega que se usa aquí tiene el sentido de «testamento» como en «la última voluntad». Apunta a un conjunto de promesas y una herencia, que será efectiva a la muerte del testador. Jesús está declarando que por su muerte las promesas de perdón y vida eterna entrarán en efecto, permitiendo que los creyentes reciban la herencia de la vida eterna. No obstante, a estas palabras prometedoras le sigue un recordatorio de la realidad y presencia del pecado, cuando Jesús declara que uno de sus discípulos le traicionará. Lucas continúa relatando los días finales de Cristo en la tierra al volver al tema de la presencia y el poder del pecado (22:24-38). Incluso en este momento solemne, conforme la muerte de Cristo se acerca, los discípulos empiezan a discutir entre sí. ¿Está Lucas diciéndoles a sus lectores cuánto necesitaban los apóstoles la redención? ¿Está dando indicios de lo débil que es la naturaleza humana no redimida? Si es así, nos está permitiendo comprender y apreciar mucho más la muerte de Cristo en la cruz para librar a la humanidad pecadora del poder del pecado. La persistente presencia del pecado se puede ver en la negativa confiada de Pedro de que nunca le fallaría a Jesús. «Estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte» (22:33). A la luz de lo que a la larga sucede, esas palabras suenan más bien superficiales y huecas. Jesús declara que ha venido para ser un siervo entre su pueblo. Él es un siervo rey, a diferencia de los reyes de los gentiles que ambicionan el poder. Ese servicio se ve de modo supremo en el hecho de que está dispuesto, en cumplimiento de la profecía, a ser «contado entre los transgresores». Se siente la creciente urgencia de la situación, mientras Jesús habla de que esta gran profecía «se está cumpliendo». Esto trae a colación otras secciones de dicha profecía, tales como: «el SEÑOR hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros» (Is 53:6, 12). Aunque Jesús no tiene pecado,

se sujeta a ser tratado como si fuera un pecador a fin de redimir a los pecadores. 22:39-53 Jesús arrestado en el Monte de los Olivos. Jesús y los discípulos entonces abandonan el aposento alto, donde estaban más seguros, tal vez buscando el frío de la noche (22:39-53). Muchos comentaristas ven el peso del pecado humano empezando a doblegar a Jesús en este punto. El Cordero de Dios ha tomado sobre sus hombros el peso del pecado humano, y está siendo doblegado por el mismo. ¿Empieza aquí a participar de la condición humana de estar inseguro en cuanto a Dios? En realidad, su profundamente conmovedora oración sugiere una vacilación en cuanto al futuro mezclada con una obediencia total: «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya» (22:42). (El «trago amargo» es una referencia tradicional del Antiguo Testamento al sufrimiento). Lucas destaca el dolor y la angustia de Jesús en este punto, notando que «su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra». No debemos pensar que la pasión de Cristo empezó solo en el momento de la crucifixión. Lucas indica con claridad que Jesús atravesó por una agonía mental al reflexionar en lo que le esperaba. Parte de esa agonía tiene que ver con la traición de uno de sus amigos más íntimos. El relato de la traición de Jesús por medio del beso de Judas es quizá uno de los incidentes más conocidos de los Evangelios. Muchos comentaristas han señalado la ironía del acontecimiento: un gesto de afecto se convierte en un acto de traición. Hay una moraleja aquí. La historia de la iglesia nos recuerda que los que declaran su amor a Cristo todavía pueden traicionarlo con sus acciones. Aun en este momento de traición, la bondad de Jesús todavía reluce. En un momento de necedad uno de sus seguidores le corta la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús sana al hombre, tal como había sanado a tantos otros durante su ministerio. Incluso conforme su crucifixión se acerca, él todavía muestra la compasión de Dios por los que necesitan sanidad. 22:54-62 Pedro niega a Jesús. Lucas relata después otro episodio de fracaso. Jesús acaba de ser traicionado por un discípulo, Ahora otro le negará. Pedro, el más íntimo de los apóstoles de Jesús, se había sentido confiado de su propia dedicación a Cristo. Había declarado que estaba dispuesto a ir a la cárcel o incluso a la muerte por él. Pero Cuando las cosas se ponen arduas, Pedro descubre que es un fracaso total. Repetidas veces niega tener nada que ver con Cristo. Entonces, en un momento de total

desesperanza, recuerda sus valientes palabras y se avergüenza. Según las palabras de Lucas, «saliendo de allí, lloró amargamente». 22:63-67 Los soldados se mofan de Jesús; los jefes de los sacerdotes lo interrogan. Jesús ya enfrentó la traición y la negación, y ahora se ve frente a la burla, mientras los guardias empiezan a mofarse de él y a ridiculizarlo. Todo esto constituye un cumplimiento de la profecía: «Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos» (Is 53:3). Por último, se ve frente a la incredulidad y rebelión, cuando es llevado ante los jefes de los sacerdotes. Ellos exigen saber si él es «el Cristo» (22:67) o «el Hijo de Dios» (22:70). De acuerdo a las creencias judías de ese tiempo, la aparición del Mesías haría que su pueblo se postrara ante él en adoración. Sin embargo, cuando Jesús admite que es el Hijo de Dios, todo lo que los jefes de los sacerdotes hacen es entregarlo a los romanos para que lo ejecuten. Lucas nos recuerda que el pecado, con su tendencia profundamente enraizada a rebelarse contra Dios, ha permeado el mismo corazón de Israel. Israel no podía salvarse a sí mismo. Necesitaba un Redentor. La pura tragedia de la pecaminosa situación humana se ve en esto: cuando un Redentor finalmente vino, fue rechazado con desprecio. 23:1-25 Jesús ante Pilato y Herodes. Entonces conducen a Jesús para que enfrente al gobernador romano, Poncio Pilato (23:1-12), acusado por sus adversarios judíos de ser «el Cristo, un rey» (23:2). Una vez más Lucas llama nuestra atención a la ironía de la situación. El pueblo del Mesías debía haberse arrodillado a sus pies. Más bien se encuentra de pie. Debería haberle adorado. Más bien lo acusa. Las acusaciones que se presentan contra Jesús se pueden ver cómo deliberadamente tergiversadas para hacer que Pilato tenga el peor concepto posible con relación a él. Lo acusan de oponerse al «pago de impuestos al emperador» y de que afirma ser un rey. Ambas acusaciones están calculadas para levantar las sospechas del gobernador romano, ansioso de reprimir toda sedición o rebelión en sus territorios. Al presentar el mensaje religioso de Jesús en términos políticos, los jefes de los sacerdotes esperan desacreditarlo. Pero resulta que fracasan. Pilato no vacila en declarar que Jesús «no ha hecho nada que merezca la muerte», y entonces envía a Jesús a Herodes, el cual se burla de él, pero no puede hallar fundamento para la acusación presentada en su contra. Sin embargo, esto no satisface a las multitudes, que evidentemente están decididas a destruirlo.

Ahora se nos presenta a Barrabás, al que «habían metido en la cárcel por una insurrección en la ciudad, y por homicidio» (23:19). Lucas presenta a Barrabás como un hombre culpable de rebelión y homicidio, el cual conforme a la ley merecía morir. Las multitudes exigen la muerte de Jesús y la liberación de Barrabás. Pilato repite su firme creencia en que Jesús no merece la muerte por ninguna razón. Sin embargo, al final, él no está por completo en control de la situación. Por último, se somete a la enorme presión que está ejerciendo la multitud. Suelta a Barrabás y envía a Jesús a la ejecución. 23:26-46 Crucifixión y muerte de Jesús. Así llegamos al relato que Lucas nos da del sufrimiento y la muerte de Jesucristo, una sección del evangelio de Lucas que a menudo se menciona como «la narración de la pasión», del término latino passio, «sufrimiento» (23:26-46). Jesús está tan cansado que Simón de Cirene tiene que llevar su pesada cruz en los hombros (23:26). Le crucifican entre dos ladrones (23:33), y Jesús ora por los que lo están ejecutando (23:34)... de nuevo en cumplimiento de la profecía (Is 53:12). Aquellos a los que había venido a redimir se burlan y se mofan de él (23:35). Las multitudes exclaman con desdén: «Que se salve a sí mismo, si es el Cristo de Dios, el Escogido». Los soldados se burlan de él y le dicen que se salve a sí mismo (23:36-37). Uno de los criminales lo maldice, y le exige que se salve (23:39). Pero Cristo sigue en esa cruz. En lugar de salvarse a sí mismo, salva a la humanidad pecadora. Uno de los dos criminales se conmueve profundamente por lo que tiene lugar, y pone su fe en él, recibiendo la seguridad de que va con Cristo al paraíso (23:42-43). Al fin, Jesús se muere. Lucas registra algunos de los acontecimientos que acompañan su muerte, y deja a sus lectores preguntándose por su significado. «Toda la tierra quedó sumida en la oscuridad» (23:44). La luz del mundo se había extinguido. «La cortina del santuario del templo se rasgó en dos» (23:45). La cortina simbolizaba la barrera colocada entre Dios y la humanidad debido al el pecado. Con la muerte de Cristo, esta barrera ha sido derribada. 23:47-56 La inocencia de Jesús. Lucas entonces vuelve al tema central de la inocencia de Cristo. Después de citar a Poncio Pilato como testigo de que Jesús no tenía culpa alguna, Lucas ahora llama como respaldo al oficial romano de mayor grado presente: «Verdaderamente este hombre era justo» (23:47). Se piensa que las declaraciones de Pilato y del centurión son de vital importancia para Lucas: su evangelio tal vez estuvo destinado en parte a lectores romanos, que pueden haber oído rumores de que Jesús era un criminal que había sido ejecutado o un rebelde político. Lucas pone las cosas en su lugar: Jesús no murió por sus propios pecados, sino por los

pecados de otros. Lucas también recalca que no toda figura religiosa judía de importancia aprobaba lo que había sucedido, señalando a José de Arimatea (23:50-51) como ejemplo de alguien que quedó profundamente intranquilo por los acontecimientos. 23:50-56 Sepultura de Jesús. Finalmente, Lucas se refiere a la sepultura de Jesús. Todo este pasaje está teñido de una gran tristeza. No hay ningún indicio de una expectativa acerca de la resurrección. La promesa de Jesús de la resurrección parece haber quedado en el olvido. El cuadro que Lucas nos pinta es el del grupo dedicado y cariñoso de personas que se aseguran de que su amigo muerto Jesús sea enterrado tranquilamente y con dignidad. Lucas recalca que «las mujeres» fueron testigos de todo lo que describe (23:49, 55). 24:1-12 La resurrección. «¡Ha resucitado!» (24:6). Con estas palabras las vidas de todos los que vieron a Cristo morir quedan trastornadas. Conforme Lucas relata lo que pasó en ese primer día de resurrección, podemos percibir la sorpresa total y la incredulidad de todos los involucrados. Aquí no hay un grupo de discípulos ingenuos, decididos a cualquier costo a creer que Cristo ha resucitado. Aquí tenemos a un grupo de hombres y mujeres obstinados, confrontados con una evidencia que lanza su mundo hacia la confusión, mientras intentan captar las significativas implicaciones de lo que está sucediendo. ¡El hombre que habían conocido y amado, el hombre que habían visto crucificado, el hombre que habían enterrado ellos mismos, ha resucitado! Los Evangelios insisten en que la reacción inicial ante la resurrección fue de temor (24:5): los discípulos no logran comprender lo que está sucediendo. Sin embargo, el ángel les recuerda la gran promesa que Cristo les había hecho antes de su muerte (24:6-7). Él había predicho que sería traicionado, crucificado, y que luego resucitaría. En un momento de asombro los discípulos recuerdan (24:8). Pero de nuevo Lucas recalca que los discípulos no van a dejarse arrastrar a conclusiones precipitadas. Quieren tiempo para pensar las cosas y captar el significado de sus implicaciones. El relato de las mujeres «les pareció una tontería» (24:11). Incluso Pedro se fue, «extrañado de lo que había sucedido» (24:12). 24:13-35 En el camino a Emaús. En medio de toda esta emoción y confusión, Lucas nos aleja hacia un camino tranquilo, que lleva de Jerusalén a Emaús (24:13-35). Dos discípulos, uno de los cuales se llama Cleofas, conversan con asombro sobre los acontecimientos del día (24:13-17). De nuevo Lucas nos hace saber que todavía no están seguros de qué deben concluir de estos sucesos (24:19-24). Mientras conversan, un tercer hombre

se les une. El Cristo resucitado está presente con ellos, y sin embargo los discípulos no lo reconocen. El extraño entonces les abre las Escrituras, explicándoles que «tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria» (24:26). De nuevo encontramos el tema de la necesidad de la muerte de Cristo. La misma no fue un accidente. Él tenía que sufrir y morir para comprar la libertad y el perdón para su pueblo. Jesús lleva a estos discípulos asombrados a través de las profecías del Antiguo Testamento, conforme «les; explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras» (24:27). Con todo, todavía no se dan cuenta de quién es él. El momento de la verdad surge poco después, cuando se da a conocer a ellos al partir el pan (24:30-31). De repente todo empieza a tener sentido. Se percatan de quién es y de todo lo que esto implica. Dos cosas suceden como resultado. Ellos comprenden quién es él, y todo lo que les ha dicho en cuanto a las Escrituras adquiere sentido (24:32). Luego los discípulos comienzan a testificar de la realidad de la resurrección (24:33-35). 24:36-53 Jesús se les aparece a los discípulos, y la ascensión. Lucas luego nos lleva de regreso a Jerusalén, al grupo de los apóstoles (24:36-53). Jesús se les aparece. Una vez más la reacción es el temor en lugar del gozo (24:37). Los apóstoles todavía no pueden creer en realidad lo que ha sucedido. Sin embargo, Jesús, sabiendo de las dudas que ellos no expresan, les vuelve a asegurar que es él. Las marcas en sus manos y pies están allí para demostrarlo (24:39). De nuevo Jesús explica con paciencia todo lo que le ha sucedido (24:44-45). La realidad de su sufrimiento y muerte ahora es superada por el poder de su presencia resucitada. De forma gradual el temor da lugar a la alegría y al asombro (24:41). Sus dudas quedan resueltas. La seguridad de la resurrección conduce entonces a que los apóstoles reciben el encargo de proclamar esas buenas nuevas al mundo. Lo que ha sucedido nos son simplemente buenas noticias para los discípulos, que han recuperado a un amigo. Son buenas nuevas para el mundo, que ha ganado un Salvador. Los apóstoles deben ir a ese mundo. «Ustedes son testigos de estas cosas» (24:48). Es solo cuando los discípulos mismos en realidad creen que Cristo ha resucitado que se les dice que vayan y les digan a otros las noticias. El punto de Lucas es claro: la resurrección de Jesús es digna de confianza. No obstante, los discípulos no van a testificar sin ayuda. El poder por el cual Dios resucitó a su Cristo de entre los muertos será canalizado hacia el testimonio y la predicación de los apóstoles. Ellos serán «revestidos del

poder de lo alto» (24:49), una referencia a la venida prometida del Espíritu Santo, que dará poder a su pueblo para proclamar las buenas nuevas del Cristo resucitado a todas las naciones. Y, después de recibir la bendición del Señor en Betania, los discípulos «regresaron a Jerusalén con gran alegría» (24:52). Las buenas noticias que se les han confiado no son una carga que deben compartir, sino que traerán gozo. De la misma forma, los creyentes de hoy han sido llamados a participar en el testimonio de los apóstoles acerca de la presencia resucitada de Cristo en sus vidas. Pueden cerrar sus Biblias seguros de la confiabilidad del evangelio y con la alegría que este puede ofrecer a un mundo que necesita oírlo. En la segunda parte de su obra, el libro de Hechos, aprendemos cómo ese mundo responde a estas noticias.

JUAN El Evangelio de Juan es notoriamente diferente de los primeros tres Evangelios, tanto en términos del estilo en que está escrito como por la manera en que presenta su material. A menudo se piensa que es el evangelio más apropiado para la lectura devocional, puesto que usa imágenes poderosas para señalarles a sus lectores el pleno impacto de Jesucristo en los creyentes, así como su significación para el mundo. En el evangelio mismo se dice que su autor es «el discípulo a quien Jesús amaba» (por ej., 13:23-26; 18:15-16). La tradición lo ha identificado con el apóstol Juan, aunque se debe notar que el texto del evangelio mismo no hace esta afirmación de forma explícita. Hay razones para pensar que el evangelio puede haber sido escrito para las iglesias de la región de Éfeso. La fecha de la escritura del evangelio no está clara. El texto del mismo sugiere que tanto Pedro como el «discípulo amado» están muertos (véase 21:19, 22-23), señalando así una fecha en algún punto posterior al 70 d.C. Esto también lo sugieren otros factores. La mayoría de los estudiosos sugieren una fecha hacia el fin del primer siglo (tal vez alrededor de 85 d.C.), aunque la posibilidad de una fecha más temprana sigue abierta. JUAN 1:1-51 TRASFONDO DEL MINISTERIO DE JESÚS

1:1-18 El Verbo se hizo carne. Es obvio enseguida que hay algo diferente en el Evangelio de Juan. Mateo, Marcos y Lucas empiezan sus Evangelios señalando acontecimientos importantes en la historia que arrojan luz sobre el trasfondo del ministerio de Jesús; tales como sus antepasados, los sucesos que rodearon su nacimiento, o la venida de Juan el Bautista. Pero Juan es diferente. De inmediato se nos lleva detrás de los bastidores de la historia para aprender acerca del trasfondo de la venida de Jesucristo según se ve desde la perspectiva de Dios mismo. El Evangelio empieza con una sección a la que usualmente se hace referencia como el «prólogo» (1:1-18), el cual es una especie de «prefacio» que prepara la escena para la venida de Cristo. Incluso antes de que se nos

presente algún suceso de la historia sabemos el trasfondo de la venida de Jesús. Él no es otro que «el Verbo» hecho «carne» (1:14). El prólogo empieza recordando las grandes palabras del relato de la creación en Génesis, llevándonos de regreso precisamente al principio del tiempo (1:1; véase Gn 1:1). La palabra «Verbo» (griego: logos) se usa para referirse a Cristo. El uso de esta palabra tiene una importancia enorme, puesto que apunta a la capacidad de Dios para comunicarse y darse a conocer por medio de Jesucristo, tema principal del Evangelio de Juan. De inmediato está claro que hay una relación directa entre la obra de Dios de la creación y su obra de redención. El pasaje indica con claridad que la creación fue la obra de Dios a través de Cristo (1:3), tal como la redención también es obra de Dios por medio de Cristo. Este proceso de redención incluye a Cristo entrando en el mundo. La imagen ahora cambia del verbo a la luz, conforme Juan destaca el juicio que la venida de Cristo trae al mundo. La luz muestra las cosas tal como son en realidad, y así traen tanto juicio como la esperanza de limpieza. Aunque el mundo es oscuro, no puede vencer a la luz que ahora irrumpe en su lobreguez (1:3-5; nótese que la palabra griega que la NVI traduce como «no han podido extinguirla» también significa «vencer»). Ahora estamos preparados para la venida de Juan el Bautista (1:6-9). Juan fue testigo de la venida de la luz al mundo. Él mismo no era esa luz. No obstante, señalaba su venida. Sin embargo, cuando esa luz al fin entró en el mundo, el mundo escogió rechazarla (1:11-13). Su propio pueblo le rechazó, una clara referencia a la negativa de parte del judaísmo de reconocer al Mesías cuándo finalmente vino. Sin embargo a los que en efecto reconocieron a Cristo se les concedió el privilegio de ser hechos hijos de Dios. Juan entonces resume la importancia de Jesús en su famosa declaración de que «el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros» (1:14). La gloria de Cristo es la misma gloria de Dios mismo… una gloria que se nos ha permitido ver y experimentar en Cristo. Muchos escritores cristianos usan el término «encarnación» para referirse a la venida de Cristo. La palabra significa «estar en la carne», y se refiere a que Dios vino a este mundo en la persona de Jesucristo. Luego se indica de antemano el testimonio de Juan el Bautista: esta en verdad es la persona de la cual yo he sido enviado a dar testimonio. Aun cuando nadie ha visto a Dios cara a cara (Moisés, después de todo, solo captó un vislumbre de la espalda de Dios desapareciendo en la distancia), Dios ha determinado darse a conocer por medio de Jesucristo (1:15-18). ¿Y por qué Jesucristo puede dar a conocer a Dios de esta

manera? Para Juan, la respuesta es sencilla y esencial. Jesús da a conocer a Dios porque Jesús es Dios mismo. 1:19-28 Juan el Bautista niega ser el Cristo. Ahora entramos en el campo de la historia humana. La escena ha sido preparada para la venida de Jesucristo. En este momento nos disponemos a oír cómo él hizo su aparición en el escenario de la historia. Juan empieza su relato dirigiendo nuestra atención hacia el ministerio de Juan el Bautista, que afirma que su propósito es preparar el camino para la venida del Señor. Niega de forma enfática que él mismo sea alguien de importancia. No es, por ejemplo, el tan esperado profeta, ni el Mesías. Simplemente está allí para señalar a alguien más. 1:29-34 Jesús el Cordero de Dios. Pero, ¿a quién? Ya sabemos la respuesta a esto por el prólogo. Y ahora vemos esta respuesta actualizada en la historia, cuando Jesús viene a Juan (1:29-34). Juan de inmediato da testimonio de Cristo, indicando con claridad que este es el personaje cuya venida él fue enviado a proclamar. Este no es otro que el Hijo de Dios mismo. Algunos de los propios discípulos de Juan se sienten atraídos hacia Jesús y pasan algún tiempo juntos. Aunque al inicio se refieren a él como «Rabí» (término usado para referirse a un maestro), como resultado de su encuentro con Jesús empiezan a referirse a él como el Mesías (1:35-42). 1:35-51 Los primeros discípulos de Jesús. Luego siguen otros encuentros con Jesús, conforme sus primeros discípulos empiezan a difundir las noticias acerca de él entre sus vecinos (1:43-51). Felipe indica de forma explícita la significación de Jesús: él es «aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas» (1:45). En otras palabras, él es el cumplimiento de todas las grandes esperanzas y expectativas del Antiguo Testamento. Natanael, al que Felipe le ha explicado todas estas cosas, se muestra escéptico, y se pregunta si algo bueno puede salir de Nazaret. La respuesta de Felipe es sencilla: «Ven a ver»... en otras palabras, resuelve tus dudas encontrándote con Jesús tú mismo. Este es un modelo importante para la evangelización, puesto que aleja la atención de las personas de las discusiones y disputas, conduciéndolas directamente a la persona de Cristo. Por supuesto, cuando Natanael encuentra a Jesús, se convence. Aquí está el «Hijo de Dios» y el «Rey de Israel» (1:49). JUAN 2:1-12:11 MINISTERIO PÚBLICO DE JESUCRISTO

2:1-11 Jesús convierte el agua en vino. El ministerio público de Jesús empieza con una celebración: una fiesta de bodas en Caná de Galilea. La ocasión es notoria debido al milagro que Jesús realiza allí. La fiesta corre el peligro de detenerse bruscamente debido a que el vino se ha acabado. Cerca hay seis vasijas grandes de piedra llenas de agua, la cual se usaría en los ritos judíos de purificación. Jesús convierte esta agua en vino, con tan buen efecto que el «encargado del banquete» considera que era incluso mejor que el vino que en un inicio habían estado usando. Por supuesto, es fácil tratar esto simplemente como un milagro. No hay dudas de que lo fue: Juan lo describe como «la primera de sus señales» (2:11). Pero también es más que eso. Puede ser considerado en varios niveles simbólicos. Por ejemplo, al decir que el nuevo vino era mejor que el viejo, está señalando la superioridad del nuevo pacto sobre el antiguo. De igual manera, es importante que el agua transformada iba a ser usada originalmente para el rito de purificación. Una religión de limpieza ritual es así transformada con el fin de que «alegre el corazón del hombre» (como el Sal 104:15 describe el efecto del vino). 2:12-25 Jesús limpia el templo. La escena cambia. Es la temporada de la Pascua, y Jesús va a Jerusalén para la fiesta. Según Dt 16:16, todo hombre judío debía obligatoriamente celebrar la Pascua en Jerusalén misma. Más adelante la Pascua adquiriría un significado especial para Jesús, quien descubriremos que es el verdadero Cordero pascual, sacrificado por los pecados del mundo. Pero en esta ocasión Jesús dirige su atención al templo y a los abusos que se han abierto paso dentro de sus recintos. Juan coloca el incidente de la limpieza del templo al principio del ministerio de Jesús, en tanto que los Evangelios Sinópticos (es decir Mateo, Marcos y Lucas) lo ubican durante la semana final de su ministerio. El motivo para esta divergencia no es por completo claro, aunque dos razones pueden explicar con facilidad la diferencia. Primero, se puede sugerir que estamos tratando con dos diferentes ocasiones de limpieza del templo, una que tiene lugar al principio y la otra al final de su ministerio. Esto lo respaldan las diferencias en detalles entre los relatos (por ejemplo, Juan menciona la venta de ganado y ovejas y el uso de un látigo, lo cual no se incluye en los relatos de los Evangelios Sinópticos del mismo incidente). En forma alterna se puede sugerir que Juan ha colocado el relato de la limpieza del templo al principio del ministerio de Jesús para destacar la importancia teológica del suceso. Al colocar el relato al principio del ministerio, Juan destaca el hecho de que Jesús estaba ejerciendo el juicio durante todo su ministerio, y no solo al final. El incidente es de importancia particular debido al malentendido que surge de algunas de las palabras de Jesús. Su referencia a destruir el

templo (2:19) se malinterpreta como refiriéndose al edificio físico en el cual su protesta ha tenido lugar. Esta acusación reaparece en el momento de su juicio ante el sumo sacerdote (Mt 26:60-61). Los que lo observan protestan diciendo que la construcción del templo han llevado cuarenta y seis años hasta la fecha (finalmente quedaría terminado en el año 64 d.C., después de que el trabajo empezó alrededor del 20 a.C., un hecho que sugiere que este incidente tuvo lugar alrededor del 26 d.C.). No obstante, el significado real de las palabras de Jesús solo llegará a ser claro después de la resurrección misma. Su referencia a levantarlo de nuevo en tres días es una referencia a sí mismo. Esto es importante, puesto que señala la manera en que muchos de los dichos de Jesús y sus obras se pueden entender de forma plena y completa solo a la luz de su resurrección. 3:1-21 Jesús enseña a Nicodemo. Está claro que muchos son atraídos a Jesús debido a sus señales milagrosas (2:23). Sin embargo, esto puede ser poco más que una atracción superficial, basada en un interés pasajero. Jesús exige una dedicación mucho más radical que esta de parte de los que desean ser sus seguidores, como lo indica con claridad su reunión con Nicodemo. Esta reunión es uno de los episodios más conocidos del Evangelio de Juan, y merece un estudio cuidadoso. Nicodemo, como muchos otros, se siente atraído hacia Jesús. Debido a su posición de categoría dentro del judaísmo, visita a Jesús de noche, de modo que su interés no comprometa su posición dentro del Sanedrín, la corte suprema judía de setenta y un miembros, compuesta por los principales sacerdotes, ancianos y maestros de la ley. Declara que él y otros saben que hay algo especial en Jesús. Solo alguien con una relación especial con Dios puede realizar tales señales milagrosas. La respuesta de Jesús aturde de forma evidente a Nicodemo. Solo alguien que «nace de nuevo» puede ver el reino de Dios. Nicodemo da por sentado que esto se refiere a un nuevo nacimiento físico, en el cual sería necesario volver a entrar en el vientre de la madre. No obstante, las palabras de Jesús tienen un significado mucho más profundo. Como se aclara, él se refiere a un nacimiento espiritual, en el cual alguien que ya posee vida a un nivel físico llega a nacer a un nivel espiritual. La persona ya está viva, en el sentido de que existe físicamente. Sin embargo, todavía tiene que descubrir la vida en toda su plenitud, lo que viene solo al nacer de nuevo. Las referencias a la carne y al espíritu (3:6) indican con claridad este punto. Pero todavía hay más en la idea que esto. La palabra griega que se traduce «de nuevo» (anotzen) también puede significar «de arriba» (la hallamos usada en este sentido en el relato de Mateo de la ruptura de la cortina del templo «de arriba abajo» —literalmente, de arriba a debajo— en Mt 27:51). Este

nuevo nacimiento no tiene lugar de abajo, sino de Dios mismo. Para ver el reino de Dios es necesario nacer del agua y del Espíritu (3:5), referencia tanto al lado físico como espiritual de la vida. También es posible que Jesús quiera distinguir entre la limpieza externa del agua y la renovación interna producida por el Espíritu Santo. Así que, ¿qué autoridad tiene Jesús para hacer tales afirmaciones? Jesús trata este asunto y recalca que solo alguien que ha descendido del cielo, y que volverá a ascender allí de nuevo, tiene la autoridad y la capacidad de hablar en cuanto a las cosas celestiales (3:13). Aquí vemos una clara afirmación de la importancia de la resurrección para establecer la autoridad de Jesús. En la encamación Jesús bajó a la tierra, con plena autoridad para hablar acerca de Dios. La resurrección demuestra esta autoridad de forma pública, así como también es el medio por el que «el que descendió del cielo» volverá allí. Jesús entonces proclama el vínculo vital entre su propia muerte venidera y los plenos beneficios del evangelio. En una referencia a Moisés cuando libró a Israel de la plaga de las serpientes (Nm 21:8-9), Jesús habla de la liberación de los creyentes de la muerte por la dádiva de la vida eterna que será posible por su muerte. En este caso, la «vida eterna» no es alguna clase de extensión infinita de la existencia diaria. Más bien, se refiere a una nueva calidad de vida, que empieza aquí y ahora por fe, y que es consumada y cumplida por la resurrección. Esta vida eterna es hecha posible solo por el amor de Dios, que se muestra en el asombroso hecho de que ama al mundo tanto que su Hijo unigénito morirá por él (3:16). Hay ecos importantes aquí de la experiencia de Abraham cuando se le pidió que entregara a su único hijo Isaac (Gn 22:1-14). Lo que a Abraham no se le exigió al final que hiciera, Dios voluntariamente lo hizo a fin de que la humanidad pecadora pudiera tener la esperanza de la vida eterna. La muerte del Hijo de Dios es de esta forma el precio de la vida eterna. Sin embargo, a pesar de la maravillosa dádiva que Dios ofrece, el mundo no quiere tener nada que ver con ella (3:19-21). Prefiere la oscuridad a la luz, y la perspectiva lóbrega de la muerte a la gloriosa esperanza de vida eterna. 3:22-36 El testimonio de Juan el Bautista en cuanto a Jesús. La narración ahora pasa a la región rural de Judea, en la cual Juan continúa su ministerio (3:22-36). Al dar se cuenta de su fama e influencia crecientes, Juan recalca que esto descansa en la autoridad de Jesús de hablar por Dios, autoridad que es evidente que Juan no considera que él mismo posea. Jesús habla las palabras de Dios, y tiene autoridad suprema. Por esta razón

—¿y tal vez aquí podemos sentir un poquito de tristeza?— Jesús debe seguir creciendo, mientras Juan pasa a segundo plano. 4:1-26 Jesús habla con una samaritana. Cuando Jesús y sus discípulos van de Judea a Galilea, de forma ineludible tienen que pasar por Samaria, que por tradición era hostil a los judíos (4:1-4). Jesús, cansado del camino, decide descansar junto al sitio habitual del pozo de Jacob (que no se identifica de modo específico en las Escrituras), mientras sus discípulos van a comprar algo de comida en la población cercana de Sicar. Mientras descansa, una mujer samaritana viene a sacar agua del pozo. Se da un diálogo que es uno de los más conocidos de este Evangelio (4:9-26). La samaritana al inicio se queda asombrada de que Jesús quiera hablarle. Ella es tanto una samaritana (con quienes los judíos tradicionalmente no deseaban tener ningún trato) como también una mujer (y por consiguiente los hombres judíos la evadirían en público, a fin de evitar cualquier forma de tentación sexual o algo impropio). La conversación al inicio se enfoca en el tema de la sed. Jesús se ofrece a proveerle «agua que da vida» (a diferencia del agua estancada del pozo) que la saciará de una manera que nunca más volverá a tener sed (4:13). La mujer se queda perpleja por esto. Sin embargo, queda profundamente impresionada por el conocimiento de Jesús de los secretos de su vida privada (4:16-18). Es evidente que hay algo especial en él. Pero, ¿qué es? La mujer saca la conclusión de que Jesús es un profeta (4:19). Sin embargo, pronto descubre que incluso esto es inadecuado para hacerle justicia a la significación de Jesús. Ella habla de su fe en la futura venida del Mesías, y el entendimiento que él traería. Jesús entonces declara que él mismo no es otro que este Mesías (4:26). La mujer empieza así hallando a un hombre sediento, luego a un profeta, y por último al tan esperado Mesías. 4:27-42 Los discípulos vuelven a reunirse con Jesús; A su regreso, los discípulos se quedan estupefactos al hallar a Jesús hablando con una samaritana. No obstante, los efectos de esta conversación son obvios. Los samaritanos de la ciudad han escuchado los comentarios de la mujer y se acercan a Jesús para saber más con respecto a él. Al principio, su interés surge por las noticias de ella con relación a él. Sin embargo, cuando ellos mismos lo conocen, su fe queda establecida en el propio Jesús antes que en el testimonio de la mujer sobre él. Ellos reconocen que Jesús es el Salvador del mundo. 4:43-5:15 Jesús sana al hijo de un funcionario; la sanidad en el estanque. Esta fe en Jesús como el Salvador del mundo luego es ampliamente justificada por el milagro de sanación en la región de Galilea

que tiene que ver con el hijo de un funcionario, el cual conduce a la fe a todos los que presencian el suceso (4:43-54). Este incidente de sanación luego se identifica como «la segunda señal que hizo Jesús» (la primera fue la transformación del agua en vino en Caná de Galilea). A esto le sigue algún tiempo más tarde el milagro de sanación en Jerusalén (5:1-15). Este incidente es importante por varias razones. Demuestra la autoridad de Jesús para sanar al enfermo, y también para sanar en el sabat... un eco importante del tema de que «el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado» (Mc 2:2328). No obstante, también es importante destacar la pregunta (5:6) que Jesús le plantea al inválido: ¿Quieres ser sanado? La sanidad sigue solo después de que el inválido ha admitido su necesidad de ser sanado, ha reconocido la capacidad de Jesús para sanar, y ha aceptado la sanidad que él le ofrece. De la misma manera, el perdón que Jesús hace posible puede ser solo recibido por los que reconocen su necesidad de ser perdonados, reconocen la capacidad de Jesús para perdonar sus pecados, y finalmente aceptan y reciben ese perdón. 5:16-47 Vida por el Hijo. Este acto de sanación causa controversia. Pero Jesús continúa afirmando su autoridad. Su autoridad descansa en su relación con su Padre. Hay una relación muy íntima entre Padre e Hijo, con el resultado de que el Hijo tiene la plena autoridad de actuar por el Padre, en especial con relación al juicio. El Padre también ha declarado que su vida, que es una referencia a la vida eterna, será puesta a disposición del mundo por medio de su Hijo. Esta importante afirmación, por supuesto, se justificará por completo mediante la resurrección. Sin embargo, Jesús hace estas declaraciones en esta etapa temprana a fin de dejar en claro que tiene la autoridad de hablar por Dios en todo su ministerio.

Jesús critica en particular a los que no responden al testimonio que otros, tales como Juan el Bautista, dan acerca de él. Juan fue como una lámpara preparando el camino para la luz mayor que debía venir. No obstante, hay otro testimonio que Jesús considera que la gente debe haber entendido y reconocido: el testimonio de las Escrituras. Jesús aquí se refiere al Antiguo Testamento. Antes vimos como Natanael reconoció a Jesús como «aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas» (1:45). Pero, ¿por qué otros no han hecho lo mismo? Jesús destaca que hay muchos que piensan que la vida eterna se obtiene al estudiar las Escrituras como un fin en sí mismo. A decir verdad, la vida eterna se obtiene por un

encuentro con aquel a quien las Escrituras apuntan: el mismo Jesucristo. Si estas personas se tomaran la molestia de estudiar los escritos de Moisés de forma apropiada, se darían cuenta de que él ha escrito acerca de Jesús. 6:1-24 Jesús alimenta a los cinco mil y camina sobre el agua. Nuestra atención ahora pasa de nuevo a los milagros de Jesús. Juan nos provee un relato de la alimentación de los cinco mil, ilustrando una vez más la autoridad de Jesús sobre el orden natural (6:1-15). La respuesta a este milagro es significativa: la gente empieza a llegar a la conclusión de que «en verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo» (6:14). La referencia aquí es al Profeta, prometido por Moisés, que Dios levantaría en el futuro (Dt 18:15-19). La autoridad de Jesús sobre el orden natural entonces se demuestra una vez más al andar sobre el agua (6:16-24). Sin embargo, la importancia real de estos pasajes está en que conducen al gran discurso sobre el «pan de vida», que desarrolla temas ya planteados por la milagrosa alimentación de los cinco mil. 6:25-59 Jesús el pan de vida. El asunto que Jesús explora se enfoca en el tema del pan. ¿Por qué la gente dedica tanto esfuerzo a buscar pan, cuando simplemente esto perece? ¿Por qué no trabajar por algo que durará para siempre? En lugar de comer un pan que los saciará físicamente, y además solo por un tiempo, ¿por qué no comer el pan que conduce a la vida eterna? Las multitudes que le rodean al inicio piensan que Jesús se refiere al maná, el alimento que fue provisto de modo providencial para Israel en su peregrinaje por el desierto, pero Jesús se refiere a sí mismo, y lo que sigue lo aclara. Jesús declara que él es el «pan de vida» (6:35). Este dicho es de importancia particular, puesto que es el primero de los dichos «yo soy». La forma de estos dichos es gramaticalmente inusual, destacándose por esta razón del resto del texto. El punto es difícil de apreciar para los lectores que no están familiarizados con el griego. Sin embargo, la importancia del punto es que hay una directa similitud entre estos dichos y Ex 3:14, en el que Dios se revela a si mismo a Moisés como «Yo soy el que soy». Por lo tanto, existe una declaración implícita de divinidad de parte de Jesús dentro de cada uñó de estos dichos. Los siete dichos «yo soy» en este Evangelio son los siguientes: 6:35, 48 El pan de vida. 8:12; 9:5 La luz del mundo. 10:7, 9 La puerta de las ovejas. 10:11,14 El buen pastor.

11:25 La resurrección y la vida. 14:6 El camino, la verdad y la vida. 15:1, 5 La vid verdadera. Jesús es el «pan de vida», que ha venido del cielo y dará vida al mundo (6:33). Todo el que come de él será resucitado en el día último y tendrá vida eterna. El pan que Jesús ofrecerá al mundo es su propia carne. Él es el «pan de vida» (6:48). Los que comieron del maná en el desierto murieron, pero los que se alimentan de Cristo tendrán vida eterna. Vez tras tez hallamos a Jesús reiterando que ha venido del cielo a fin de darle vida al mundo. Así que, ¿cómo se beneficia una persona de este pan? ¿Qué significa la referencia a «comer» de este pan? Jesús indica con claridad que está hablando de la fe. Cualquiera que «cree tiene vida eterna» (6:47). La ilustración de comer señala la más cercana de las relaciones entre Jesús y el creyente, en la cual Cristo llega a ser parte de la vida del creyente. 6:60-71 Muchos discípulos dejan a Jesús. Sin embargo, estos dichos causan división. Muchos de los que habían sido atraídos a Jesús dejan de seguirlo. Pero tal cosa es algo que se debía esperar. Jesús destaca que solo los que el Padre ha preparado vendrán a él. Esto no es una decisión puramente humana. No obstante, los doce permanecen con él. Como Pedro destaca, solo Jesús tiene palabras de vida. No hay nadie más que se compare a él. El tema del pecado luego surge de forma breve, cuando Jesús declara que uno de los doce lo traicionará. 7:1-24 Jesús va a la Fiesta de los Tabernáculos. Ahora empieza una sección principal (7:1-8:59), que se enfoca en la creciente oposición a Jesús y la respuesta a esto. La ocasión inicial para esto es la Fiesta de los Tabernáculos, que es el principal festival judío que celebraba la provisión providencial de Dios para su pueblo durante el período del peregrinaje en el desierto, cuando Israel salió de Egipto hacia la tierra prometida (7:1-3; véase Lv 23:33-43). Los discípulos de Jesús van de Galilea a Jerusalén para observar el festival. Jesús les sigue más tarde en secreto, sabiendo que estará sujeto a un escrutinio crítico. A mitad del festival, Jesús se aparece en los recintos del templo de Jerusalén y empieza a enseñar (7:14-24). La reacción inicial es de asombro: ¿Cómo puede este hombre saber tanto, cuando nunca se ha sometido a ningún estudio formal? (Una reacción similar se puede ver en el relato de Lucas del conocimiento asombroso de la ley de Jesús a los doce años; Lc 2:46-47). Sin embargo, Jesús declara que su sabiduría no se origina en sí mismo. Se deriva directamente de Dios, que es quien le ha enviado.

7:25-52 ¿Es Jesús el Cristo? Este punto entonces se indica con mayor intensidad, y provoca una considerable controversia. Las afirmaciones de Jesús de haber sido enviado por Dios y de hablar con su autoridad provocan a algunos a verse tentados a descargar la violencia física contra él, y a otros a poner su fe en él. Unos creen que es el profeta que vendría, otros que es en realidad el Mesías. Algunos contradicen esta idea. El Mesías será descendiente de David, y vendrá de Belén; Jesús, sin embargo, viene de la región de Galilea. Aunque Jesús en verdad pasó la mayor parte de su vida en Nazaret (que estaba en la región de Galilea), es evidente que estos observadores no conocían las circunstancias de su nacimiento ni su linaje histórico (véase Mt 1:1-2:1). Esta ignorancia también se refleja en los comentarios de los fariseos, que desdeñan a Jesús como si fuera un don nadie. Ningún profeta jamás saldrá de Galilea (7:45-52). El pasaje también es de importancia debido a la referencia de Jesús a la futura venida del Espíritu (7:37-39). El Espíritu vendrá solo cuando Jesús haya sido glorificado —una clara referencia a la resurrección. Y cuando el Espíritu en efecto venga, será como «ríos de agua viva» dentro de los creyentes, trayéndoles nueva vida y frescor. 7:53-8:11 Una mujer sorprendida en adulterio. Ahora sigue una sección que no está presente en los manuscritos más antiguos del Evangelio de Juan. Los manuscritos que sí la incluyen a veces la colocan en otros lugares, tales como al final de Juan 21, e incluso al final de Lucas 21. El incidente en cuestión, sin embargo, encaja por completo con lo que sabemos del ministerio de Jesús. El incidente tiene que ver con una mujer que está a punto de ser apedreada hasta morir por haber cometido adulterio. ¿Se debería aplicar esa sentencia? La pregunta es muy similar a la pregunta acerca de si era apropiado pagar los impuestos al césar. Si Jesús decía que no era apropiado hacerlo, habría estado en franco conflicto con la ley. Pero Jesús defiende la ley, en tanto que impone una condición para su ejecución que la hace imposible. El que esté «libre de pecado» (no el pecado específico de adulterio, sino cualquier pecado en general) puede aplicar la sentencia. Los acusadores de la mujer se escabullen, empezando por los de mayor edad (que presumiblemente habían acumulado la mayor carga de pecado). El pasaje es una ilustración excelente de la manera en que el pecado ha penetrado la naturaleza humana. 8:12-59 Validez del testimonio de Jesús. Luego surge más controversia (8:12-59). Jesús declara que es «la luz del mundo» (8:12), y este es el segundo de los grandes dichos «yo soy». El punto aquí es que, en un mundo de oscuridad y pecado, Jesús es la luz por la cual las personas son salvadas de su perdición. Padre e Hijo juntos testifican que esto es verdad.

Los seres humanos, incluso si son descendientes de Abraham, son esclavos del pecado e incapaces de librarse de su esclavitud. Solo Jesús mismo está libre de pecado (8:46) y es capaz de dar a conocer la verdad que hará libres a las personas. Abraham y los profetas fueron grandes personas, pero murieron como todas las demás. Sin embargo, habrá algo diferente en cuanto a Jesús, una clara referencia a la resurrección. Su público queda aturdido por la intrepidez de su afirmación. Esta afirmación se desarrolla aun más con la declaración dramática de parte de Jesús: «Antes de que Abraham naciera, ¡yo soy!» (8:58). Como el dicho «yo soy» que empezó esta sección (8:12), la estructura griega de esta afirmación echa mano del nombre de Dios revelado a Moisés (Éx 3:14), y da fuertes indicios de la eternidad de Jesucristo. El lector creyente del Evangelio de Juan ya sabe esto. El prólogo (1:1-18) contiene una fuerte afirmación de la preexistencia de Cristo y de su participación en la obra misma de la creación. Antes de qué Abraham o el mundo llegasen a existir, Jesucristo ya existía y estaba activo. Para el creyente, esta es una gloriosa afirmación de la divinidad de Cristo. Para muchos observadores judíos de ese tiempo, no fue nada menos que una blasfemia. Así que trataron de apedrear a Jesús, tal como habían tratado antes de apedrear a la mujer sorprendida en adulterio. 9:1-41 Jesús sana a un ciego de nacimiento. Jesús continúa demostrando su autoridad para sanar y enseñar. En una confirmación apropiada de su afirmación de ser la «luz del mundo» (8:12; 9:5), sana a un hombre que había nacido ciego. Esta gran sanación llega a ser el enfoque para la declaración de Jesús de que él mundo está espiritualmente ciego, y de que necesita ser sanado para ver y beneficiarse de la luz del mundo. La controversia resulta tanto por la sanación en sí misma como por sus implicaciones. Los fariseos, que tratan de restarle importancia, se hallan humillados por la insistencia de parte del ciego sanado, que quiere decirles a todos acerca de su sanidad y del que lo sanó. Frustrados por completo, lo «expulsaron» (9:34), una probable referencia a algún tipo de excomunicación. Sin embargo, el que fue ciego meramente viene a la fe en Jesucristo y le adora (9:38), lo cual es un reconocimiento de la divinidad de Cristo, puesto que a los judíos les estaba permitido adorar solo a Dios y a ningún otro (Éx 20:4-5). Su propio pueblo lo había rechazado, pero halló aceptación en Jesús. 10:1-21 El pastor y su rebaño. La narración ahora cambia de un debate de Jesús como «la luz del mundo» a Jesús como «el buen pastor». Esta sección incluye dos de los siete dichos «yo soy». La sección empieza estableciendo la representación del pueblo de Dios como ovejas, una

imagen que sería familiar debido a su extenso uso en el Antiguo Testamento (por ej., véanse Sal 74:1; 78:52; 79:13; 100:3; 119:176). De una manera muy similar, a Dios mismo a menudo se le muestra como Pastor de su pueblo (por ej., véanse Gn 49:24; Sal 23:1; 80:1; Jer 31:10). Basándose en esta bien conocida imagen, Jesús declara, en el tercero de los dichos «yo soy», que él es «la puerta de las ovejas» (10:7, 9). Esta poderosa imagen enfatiza el siguiente punto: hay solo una manera en que las ovejas pueden hallar seguridad, y es por medio de él. Solo por medio de Jesucristo puede alguien escapar de los peligros de un mundo caído, y hallar seguridad y descanso adentro. Cualquiera que entra a través de Jesús hallará salvación, pastos y vida (10:9-10). La consideración ahora pasa a la imagen del pastor. En el pasado, Israel había sufrido á manos de dirigentes irresponsables, sin interés y egoístas, a los que se hace referencia como «falsos pastores». En su gran visión profética del futuro de Israel, Ezequiel miraba al día cuando el mismo Señor pastorearía a su pueblo (Ez 34:1-17). Al referirse a sí mismo como «el buen pastor» (10:11), Jesús declara que ese momento ha llegado. Su interés por sus ovejas es tal que pondrá su vida por ellas, y como los sucesos lo demostrarán, en efecto la pone. Él hará esto de buen grado y voluntariamente, en obediencia a su Padre, que luego lo restaurará a la vida. 10:22-42 Incredulidad de los judíos. Estos dichos, y muchos otros, enfurecen a algunos de la audiencia judía. Le acusan de blasfemia. «Tú, siendo hombre, te haces pasar por Dios» (10:33). Jesús rechaza este argumento. No hay blasfemia en que él mismo diga que es el «Hijo de Dios» si sus palabras y obras demuestran que así es. Si sus críticos no escuchan lo que dice, ¿por lo menos no preguntarán a qué apuntan sus grandes milagros? Sin embargo, a pesar de la hostilidad oficial, muchos continúan poniendo su fe en él. 11:1-44 La muerte de Lázaro. La autoridad de Jesús entonces es confirmada de una manera dramática en uno de los episodios más conocidos del Evangelio de Juan: la revivificación de Lázaro. Lázaro es hermano de María y Marta, dos hermanas que viven en Betania, y a las cuales se les menciona en otras partes del Nuevo Testamento (Lc 10:38-42). Está claro que Jesús conoce a la familia. Al oír que Lázaro está enfermo, Jesús luego de un tiempo regresa para estar con ellas. Cuando al fin llegan a la ciudad, Lázaro ya ha estado muerto por cuatro días. Este período es importante, puesto que recalca que Lázaro ya está por completo más allá de toda esperanza de resucitación.

Cuando Jesús llega, Marta sale a su encuentro a saludarle. Él le asegura que su hermano resucitará. La respuesta de Marta hace referencia a la creencia judía general (que los saduceos, sin embargo, no abrazaban) de que los muertos resucitarán en el fin del mundo (11:23-24). Jesús entonces dramáticamente declara, en el quinto de los dichos «yo soy», que él es «la resurrección y la vida» (11:25). Esta declaración directa afirma algo más que la creencia cristiana central de que la resurrección y la vida eterna son posibles en Jesucristo. Declara que Jesús mismo es la vida que es hecha posible por su resurrección. La vida eterna es una cuestión de estar con Cristo. La resurrección significa ser resucitado con Cristo, estar con Cristo. Jesucristo no es simplemente la base del evangelio, también es su contenido. Lo que Jesús dice aquí tiene una significación enorme, y merece que se observe con cuidado. Primero, declara que todo el que «cree en mí vivirá, aunque muera» (11:25). Esta parte de la declaración indica con claridad que todo el que pone su fe en Jesucristo tiene la esperanza de la resurrección y la vida eterna, y que ya no tiene por qué temerle a la muerte. La segunda parte de la afirmación amplifica esto hasta cierto punto: «Todo el que vive y cree en mí no morirá jamás» (11:26). Esto destaca un punto ligeramente diferente, y es que tener fe en Jesús significa empezar algo ahora, de modo que, por lo menos en cierto sentido, tal persona nunca morirá. La muerte implica separación. El punto de Jesús es que podemos comenzar una relación personal con él ahora por fe, y que la muerte no puede de ninguna manera separar al creyente de Cristo. La respuesta de Marta a esto es inmediata. Ella pone su fe tanto en el mensajero como en el mensaje, y reconoce que él en verdad es el Mesías (o «Cristo»), el Hijo de Dios que ha venido al mundo (11:27). Esa confianza de inmediato halla justificación. Jesús muestra que tiene autoridad incluso sobre la muerte, y trae a Lázaro de regreso de entre los muertos para asombro de todos. Aun los muertos oyen su voz y responden a ella. Lo mismo hacen los vivos, y profundamente impresionados por lo que ven, muchos de los amigos de María ponen su fe en él (11:45). 11:45-57 El complot para matar a Jesús. Sin embargo, cuando el Sanedrín, o sea, la corte suprema judía, que consistía de los jefes de los sacerdotes, ancianos y maestros de la ley, oye de estos acontecimientos, no responde con fe. Más bien hacen planes para destruir a Jesús (11:46-57). Caifás, sumo sacerdote en ese tiempo, se preocupa de forma evidente por la amenaza de la intervención romana si las cosas se salen de control y muchos responden a Jesús. Argumenta que la muerte de Jesús por su pueblo seria preferible antes que la nación entera sea exterminada. Sus

palabras son simplemente una declaración de realismo político, pero tienen un sentido mucho más hondo que lo que él pretende decir o se imagina. Esto se debe a que Jesús en verdad morirá por su pueblo, aunque no a fin de evitar la amenaza de la intervención de Roma, que tuvo lugar por medio de una venganza masiva en el año 70 d.C., sino para hacer posible que los pecados de ellos sean perdonados. 12:1-11 Jesús ungido en Betania. La cercanía de la muerte de Jesús sale entonces a relucir cuando María lo unge con un ungüento costoso. Conforme la Pascua se acerca, Jesús se prepara para morir por su pueblo. JUAN 12:12-17:26 DISCURSOS DE DESPEDIDA DE JESUCRISTO

12:12-19 La entrada triunfal. La entrada triunfal en Jerusalén tiene lugar contra este trasfondo de amenazas hacia Jesús de parte de las autoridades religiosas judías. Sin embargo, a pesar de todas sus amenazas y críticas, cada vez más personas vienen a la fe en él. Cuando leemos el relato de su entrada, encontramos de nuevo un tema que ya se señaló antes, y es que los discípulos no entienden en ese momento y de forma plena lo que está sucediendo, sino que llegaron a apreciar su importancia completa a la luz de la resurrección (12: 12-19). 12:20-36 Jesús predice su muerte. Jesús entonces predice su muerte, y declara que esta es la razón suprema por su venida al mundo. Cuando sea levantado de la tierra en la cruz, traerá a todos a sí mismo (12:32). Este versículo representa una aclaración dramática de la gran profecía de Isaías de la venida del Siervo sufriente (Is 52:13-53:12). Se había dicho que este Siervo «será exaltado, levantado y muy enaltecido» (Is 52:13). Tal cosa se podría haber entendido mal, como queriendo decir «lo harán “importante” y se le dará una posición importante en el mundo». Ahora nos dimos cuenta de que significa algo muy diferente. El Siervo sufriente será levantado en una cruz, para que todos lo vean. La esperanza de resurrección para ese Siervo en verdad está allí, pero primero debe ser levantado en la cruz y morir a plena vista de un público que se mofa de él. 12:37-50 Los judíos continúan en su incredulidad. Así que, ¿por qué tan pocos creen en él? ¿Por qué esta atmósfera de incredulidad persistente? ¿No ha mostrado Jesús su autoridad en todo lo que ha dicho y realizado? Juan ahora lleva nuestra atención al hecho de que este rechazo e incredulidad habían sido predichos en los grandes escritos proféticos del

Antiguo Testamento, destacando en particular las profecías de Isaías. Juan declara que Isaías había visto la gloria de Jesús mismo, y estaba hablando de Cristo en las profecías en cuestión. 13:1-17 Jesús lava los pies de sus discípulos. La sección ahora pasa a los grandes «discursos de despedida», o sea, a las palabras que les dice Jesús a sus discípulos más íntimos mientras se prepara para ser separado de ellos y crucificado. Una vez que Judas ha salido del grupo reunido, Jesús puede hablar abiertamente a los que quedan en cuanto a lo que le espera por delante, pero primero Juan prepara la escena para estos discursos (13:130). Es justo antes de «la fiesta de la Pascua» cuando Israel recordaba el gran acto divino de liberación en el pasado, por el cual Dios libró a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Se sacrificaba un cordero pascual en memoria de este gran suceso. Con gran habilidad Juan lleva la atención sus lectores a una noción central del evangelio. Un nuevo pacto de liberación divina está a punto de tener lugar, con Jesús como el verdadero Cordero pascual que da su vida como sacrificio por los pecados de su pueblo. Juan recalca que Jesús sabe que va a morir (13:1, 3). Su muerte no es un accidente, ni ningún fin prematuro a una carrera promisoria como maestro religioso. Él es el Salvador del mundo, que se prepara para morir por los que ama. El pasaje recalca la humildad de Jesús. Está listo para lavar los pies de sus discípulos (13:4-5). En un seminario cristiano en la India hay una estatua de Jesús lavando los pies de Pedro. Los visitantes hindúes al seminario a menudo se detienen para admirarla. Dan por sentado que muestra a un discípulo postrado en adoración a los pies de Jesús. Luego se asombran al notar que es Jesús el que está arrodillado. «¡Cuánto debe amar a sus discípulos!», comentó alguno. Después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús explica la importancia de esta acción (13:12-17). Aquí vemos una ilustración suprema de la idea del «Rey siervo»: alguien que tiene autoridad, pero que la ejerce para servir antes que para dominar a otros. 13:18-30 Jesús predice que se le traicionará. Uno de los grandes temas del Nuevo Testamento es que Jesús lleva a su cumplimiento las grandes profecías del Antiguo Testamento. Muchas de estas profecías tienen un tono positivo; hablan de la venida del Mesías a su pueblo y de las cosas maravillosas que él realizará. Sin embargo, algunas son más melancólicas, ya que hablan de la traición del Mesías por parte de uno de sus amigos íntimos. Juan indica de nuevo con claridad que la traición a Jesús no es un accidente. Tristemente, es algo que tiene que suceder. Jesús les explica esto a sus discípulos para que ellos no se desalienten cuando suceda

(13:19). No se trata solo de que va a ser traicionado. Tal vez lo más sorprendente de todo es que será traicionado por uno de los que participan con él de la última cena. Aquí, Juan hace notar la propia angustia de Jesús (13:21), mientras que se enfrenta a los lúgubres sucesos que están por delante. Nunca debemos pensar que la muerte fue una cosa fácil para Jesús. Pero, ¿cuál de los discípulos será? ¿Quién le va a traicionar? Uno de los temas que ya hallamos antes en el Evangelio de Juan es que Jesús sabe los secretos más íntimos del corazón de la gente. Hallamos, por ejemplo, que tanto Natanael como la samaritana se sorprendieron porque él sabía sus pensamientos más secretos y de una manera muy íntima. No es una sorpresa enterarnos de que él sabe quién lo va a traicionar (13:22-27): será Judas. En un penetrante pasaje, Jesús le dice a Judas que vaya y haga lo que tiene que ser hecho (13:27). Al salir Judas del salón y de la presencia de Cristo, Juan hace este famoso comentario: «Ya era de noche» (13:30). Judas ha salido de la presencia de la Luz del mundo, y se ha ido a las tinieblas de un mundo caído y pecador. Por medio de Judas, la luz del mundo será extinguida. Por el poder de Dios, sin embargo, será encendida de nuevo. 13:31-38 Jesús predice su muerte y la negación de Pedro. Luego de la salida de Judas, Jesús puede hablar franca y abiertamente a sus discípulos fieles. Los «discursos de despedida» que ahora siguen representan momentos de gran intimidad entre Jesús y sus discípulos, conforme él les explica lo que va a suceder y los prepara para el futuro. Primero, Jesús repite lo que ha dicho antes, que pronto será separado de ellos (13:33). No obstante, esto conduce tanto a su propia glorificación como a la glorificación de Dios por medio de él. Con todo, el énfasis principal de este pasaje recae en la necesidad de los discípulos de amarse unos a otros (13:34-35). Jesús los ama tanto que morirá por ellos, y esa misma calidad de amor debe ser evidente en las vidas de los creyentes. El mundo no puede ignorar un amor de ese tipo (13:35). Pedro entonces le pide a Jesús que explique adonde va y le pide que le permita ir con él (13:36-38). Jesús explica que a Pedro le será concedido su deseo, pero todavía no. Cuando Pedro protesta, Jesús predice que Pedro lo negará tres veces «antes de que cante el gallo». La referencia al «canto del gallo» necesita algo de comentario. Los romanos dividían la noche en cuatro «vigilias»: «anochecer», de las seis a las nueve de la noche; «medianoche», de las nueve a las doce de la noche; «cuando el gallo canta», de las doce de

la noche a las tres de la madrugada; y «amanecer», de las tres a las seis de la mañana (véase Mc 13:35). El «canto del gallo» puede en efecto ser una referencia al toque de trompeta que marcaba el fin de la tercera vigilia de la noche antes que al canto de un gallo. 14:1-4 Jesús consuela a sus discípulos. Es evidente que los discípulos se angustian por el pensamiento de que Jesús los va a dejar. Jesús lo sabe y los consuela. Los discípulos deben aprender a confiar en él. Jesús sabe lo que está haciendo y adonde va. En medio de esta afirmación, hallamos una promesa: que adonde Cristo va, los discípulos le seguirán. No estarán separados, sino que conocerán el gozo de volver a reunirse con él. Ellos, y todos los creyentes, serán invitados privilegiados en la casa de su Padre. 14:5-14 Jesús, el camino al Padre. Pero, ¿cómo pueden ellos hallar el camino hacia allá? Tomás plantea la. incómoda pregunta llena de sentido común que puede haber estado pasando por las mentes de los demás (14:5). Jesús responde con una afirmación poderosa y útil: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (14:6). Jesús no muestra el camino para luego abandonar a sus discípulos a su propia suerte. Él los lleva allá, acompañándolos mientras recorren ese camino. Es más que un buen maestro religioso, que les dice a sus seguidores qué hacer y qué creer. Él es el buen pastor, que ama, apacienta, alimenta y guía a sus ovejas. Pero, ¿cómo podemos saber cómo es Dios? Jesús proporciona de nuevo una respuesta poderosa (14:7-13). Dios es como Cristo. Ver a Jesús es ver al Padre (14:9). Para dar un ejemplo, Jesús demostró su amor al estar preparado para dar su vida por ellos. No hay amor mayor que este. Y así es el amor de Dios. Jesús es como una instantánea de Dios, la «imagen de Dios invisible», como dice Pablo (Col 1:15). No obstante, el amor de Cristo por los creyentes también se debe mostrar en el amor que los creyentes se muestran los unos a los otros. 14:15-31 Jesús promete el Espíritu Santo. Sin embargo, el tema principal de esta sección es el otorgamiento del Espíritu Santo. A los creyentes no les corresponde luchar con sus propias fuerzas, en medio de un mundo hostil e incrédulo. Les será dado «otro Consolador» (14:16), que el Padre les enviará. Este es un pensamiento enormemente alentador. La palabra «Consolador» tiene varios significados, incluyendo el de «Consejero». La idea que comunica es de alguien que asegura a los creyentes que todo va a ir bien, y los anima y los estimula para que hagan cosas que de otra manera nunca podrían hacer. Sin tal ayuda divina, los creyentes serían incapaces de vivir y trabajar de modo efectivo para Dios en el mundo. Cuando Dios emite una orden, también provee dones para preparar a su pueblo para las tareas

que les esperan. Los creyentes no son como «huérfanos» (14:18). Pueden estar seguros de la presencia y el cuidado continuo de Dios mientras ponen en práctica su llamamiento en el mundo. El Espíritu Santo es el don de Dios para su pueblo, que dota a los creyentes con lo que necesitan para obedecer las órdenes de Cristo (14:21). Pero tal vez Jesús solo está diciendo estas cosas para animar a sus discípulos. Quizá no tienen ninguna base en realidad. Posiblemente consciente de tales pensamientos, Jesús pasa a tranquilizarlos. Estas no son sus propias palabras. Son palabras de su Padre (14:24) que le envió. Como la resurrección confirma, Jesús habla como el que tiene derecho de hacer promesas a nombre de Dios, promesas en las que se puede confiar. Ampliando la idea del Espíritu Santo como «Consolador», Jesús les asegura a sus discípulos que el Espíritu les hará recordar todo lo que él les enseñó (14:26). Luego dice algunas palabras enormemente consoladoras a sus discípulos: «Mi paz les doy» (14:27). Esta no es una paz como el mundo la entiende. Las ideas seculares sobre la paz pueden incluir la ausencia de conflicto, pero no pueden dar gran consuelo o paz mental frente a la muerte. La paz que Jesús ofrece da esperanza frente a la muerte, y asegura que su amor nunca abandonará a su pueblo. Por esto los discípulos no necesitan «angustiarse» o «acobardarse». De nuevo, como la resurrección recalca con claridad, esto no es pensamiento ilusorio, sino una seguridad basada en el poder de un Dios amoroso. Por último, Jesús tranquiliza a sus discípulos acerca de otro asunto. Aunque «viene el príncipe de este mundo» (14:30), él no tiene poder sobre Jesús. La referencia es a Satanás y a sus aliados, tales como el pecado y la muerte. Jesús morirá, pero ese no es el fin de la historia. Lo mejor todavía está por venir. 15:1-17 La vid y las ramas. Ya hemos notado la importancia de los grandes dichos «yo soy» en el Evangelio de Juan. En este pasaje vemos que Jesús es la «vid verdadera» (15:1, 5). La imagen de una vid tiene raíces profundas en el Antiguo Testamento. Jesús la usa para recalcar la importancia de «permanecer en él». Los creyentes están unidos a Jesús, como las ramas están unidas a una vid. Tal como una rama puede dar fruto solo si permanece enlazada a la vid, así los creyentes pueden dar fruto solo si permanecen en Cristo. Si no permanecen así, se secarán y se morirán (15:6). Al parecer no se intenta dar ninguna referencia al castigo eterno en la imagen de las ramas muertas que «se recogen, se arrojan al fuego y se queman». El punto que se quiere destacar es simplemente que no se puede hacer gran cosa con una rama muerta, excepto usarla como leña. No obstante, los creyentes no tienen el propósito de ser algo como esto. Al permanecer cerca de Cristo darán mucho fruto, como Dios propuso que lo

dieran. Pero aparte de Cristo, es decir, separados de él, no pueden hacer nada (15:5). La imagen de la vid también es importante debido a la idea de podar (15:2). Esta es una de las maneras más importantes del Nuevo Testamento para tratar con el sufrimiento. Tal como un padre disciplina solo a los que ama, así el Padre solo podará las ramas que espera que den fruto. Los creyentes deben aprender a ver su sufrimiento, dificultad y adversidad como una forma de poda divina, por medio de la cual Dios les hace mejores creyentes y más eficaces testigos suyos en el mundo. A las ramas inútiles, se las descarta. Solo se podan las que valen la pena. Ahora volvemos al tema del amor de Cristo por sus discípulos y del amor que los discípulos deben tener los unos por los otros. Si este tema parece familiar, se debe a su importancia. Hay una conexión natural entre el amor del Padre por el Hijo, el amor del Hijo por los creyentes, y el amor de los creyentes los unos por los otros (15:9-10, 17). De una manera muy similar, hay una conexión estrecha entre la obediencia, el amor y el gozo (15:10-12). La obediencia al amor de Cristo es la única ruta al gozo duradero. Jesús entonces dice palabras que nos son familiares y que necesitamos volver a descubrir, saboreando su pleno significado. «Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos» (15:13). No hay nada más grande que alguien pueda dar que la vida misma, y eso es lo que Jesús dará por los que ama. No puede dar nada más, y de forma voluntaria da su vida a fin de que otros puedan vivir. Este es un pensamiento profundamente conmovedor, que les recuerda a los creyentes lo precioso que son para Cristo. Pero hay más en esa gran afirmación. Aquellos por los que Cristo muere no son sus «siervos», sino sus «amigos» (15:14-16). Al lavarles los pies a sus discípulos, Jesús indicó can claridad que no estaba listo para reinar sobre ellos. Ellos no van a ser sus siervos viles, sino sus amigos, Aquellos que él ha escogido, y a quienes ama. Los creyentes no son los que han escogido a Jesús, sino aquellos a los que Jesús ha escogido (15:16). Esto puede parecer extraño al principio. Los creyentes pueden pensar: ¿Con certeza nosotros en efecto escogimos seguirle? ¿Con certeza fue nuestra decisión? Pero Jesús aquí señala la noción más profunda de que Dios atrae a la gente hacia sí, preparando el camino conforme ellos vienen a él. Al mirar hacia atrás, a cómo vinieron a la fe, los creyentes pueden a veces ver la mano de Dios obrando, moviéndolos de cierta manera que a la larga los condujo a descubrirle. Los creyentes son creyentes porque estaban destinados a serlo.

15:18-16:4 El mundo aborrece a los discípulos. Jesús ahora pasa a tratar acerca de la hostilidad del mundo contra los creyentes. Aunque el mundo fue creado por Dios, ahora este se ha rebelado contra su Creador, rehusándose a reconocer su autoridad sobre él. El mundo por consiguiente aborrece a Jesús, que afirma el derecho de Dios sobre su creación y declara que es pecadora. «Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa por su pecado» (15:22). El odio para Jesús se extiende a los discípulos: «Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes, me aborreció a mí» (15:18). La. hostilidad del mundo hacia Jesús es así transferida a sus siervos. Ser creyente significa potencialmente sufrir por causa de Cristo, que sufrió primero a fin de que los creyentes pudieran ser llamados por su nombre. Ser creyente es ser llamado a salir del mundo (15:19), y a soportar la fuerza de su furia por haber perdido su control sobre nosotros. 16:5-33 La obra del Espíritu Santo; la aflicción se convierte en gozo. Ahora vemos los sentimientos encontrados de alegría y tristeza que experimentaron los discípulos al enterarse del sufrimiento y muerte inminentes de Cristo. Por un lado, se horrorizan de que el hombre que aman y adoran vaya a ser quitado de en medio de ellos para morir de una manera tan atroz. Por otro lado, saben que su muerte traerá la salvación al mundo. El «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1:29) debe ser inmolado antes de que pueda quitar ese pecado. En este pasaje Jesús confronta esos sentimientos encontrados y vuelve a tranquilizar a sus discípulos: «Se han entristecido mucho. Pero les digo la verdad: les conviene que me vaya» (16:6-7). Jesús vuelve luego al gran tema de la venida del Espíritu Santo, el «Consolador», cuya presencia y poder guiará y dará fuerza a los discípulos, conforme ellos enfrentan el futuro por Cristo. La tarea de persuadir al mundo de su pecado no es algo que los creyentes puedan lograr sin ayuda. Los ayudará el Espíritu Santo (16:8-9). La venida del Espíritu en Pentecostés se puede ver como el cumplimiento de esta profecía. Después Jesús habla de su resurrección (16:16). De inmediato es evidente que las palabras de Jesús causan alguna confusión en sus discípulos. Ellos simplemente no pueden captar todo lo que él está diciendo. No parece tener sentido. Se quedan perplejos. Sin embargo, Jesús sabe lo que están pensando (16:19). Jesús usa una analogía para destacar cómo la aflicción puede convertirse en gozo. La analogía es la de una mujer que da a luz a un hijo (16:20-22). El dolor físico de dar a luz da paso al gozo de saber que una nueva vida ha venido al mundo. De la misma manera, el dolor físico

de la muerte de Cristo dará paso al gozo de saber que la esperanza de la vida eterna ha amanecido en un mundo triste y oscuro. Por último, Jesús les habla a sus discípulos de su amor y cuidado continuo para ellos, y les concede el privilegio de poder acercarse al Padre en su nombre (16:23-24). Todo lo que pidan en su nombre les será dado. Esto no quiere decir que Dios dará a los creyentes todo lo que quieran siempre y cuando solo añadan la frase «en el nombre de Jesús» mecánicamente a sus oraciones. Más bien quiere decir que Dios les concederá todo lo que necesitan para «permanecer en Cristo» y dar mucho fruto en su nombre. La tarea cristiana de evangelizar y cuidar a los demás puede ser grande, pero así también son los dones que Dios provee para ministrar en su nombre. El tema ahora cambia ligeramente, mientras Jesús se refiere a su propia misión. «Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo de nuevo el mundo y vuelvo al Padre» (16:28). Cristo se humilló a sí mismo para poder venir al mundo y redimir a la humanidad pecadora. «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna». Después de haber cumplido su misión, él será exaltado por el Padre. Pero eso está en el futuro. Mientras tanto, los discípulos serán esparcidos después de la muerte de Jesús y tendrán aflicción y tristeza en este mundo. No obstante, en medio de todas estas dificultades puede haber consolación al saber que Jesús ha vencido al mundo (16:33). Lo que parece el triunfo del mundo es temporal. La muerte de Jesús parece ser la victoria del mundo sobre Cristo. La resurrección muestra que es el mundo el que ha sido derrotado, y que Cristo es el triunfador. Los creyentes necesitan poner esto en perspectiva al contemplar la tristeza y desesperanza del mundo. Este conocimiento ofrece la seguridad de la paz. El mundo puede causar toda clase de ansiedades a los creyentes que se preguntan lo que está sucediendo, y si Dios en realidad está allí. Pero Cristo les asegura a sus discípulos: «¡Anímense! Yo he vencido al mundo». 17:1-26 Jesús ora. A esta sección le sigue una oración extensa de Jesús (17:1-26), a la que a menudo se le denomina la «oración del sumo sacerdote» debido a los temas de ofrenda y sacrificio que se ven a lo largo de toda ella. La hora ha llegado (17:1). Antes en este Evangelio, Jesús a menudo ha indicado que su hora todavía no ha llegado (por ej., 2:4; 7:6, 30; 8:20), pero ahora ese momento ha llegado. Dios le ha dado a Jesús la

autoridad para traer al mundo el conocimiento acerca de él, y al hacerlo así traer vida eterna. La tarea ha sido cumplida. Es tiempo de irse. Pero, ¿qué hay de aquellos que se quedan? ¿Qué sucederá con los discípulos? Jesús ora por ellos. Sus discípulos han puesto su confianza en él, y se quedarán en el mundo después de que él haya sido quitado. Jesús ora para que puedan conocer la protección de Dios y la unidad en todo lo que les espera. Ya no son «del mundo». Sin embargo, la oración de Jesús no es que sean quitados del mundo, sino que sean protegidos y animados mientras testifican al mundo permaneciendo en él. No obstante, Jesús también mira hacia adelante por el gran camino de la historia hasta los que pondrán su fe en él por el testimonio de los discípulos. Ora por ellos también, para que puedan conocer la unidad y sean capaces de experimentar la alegría de poder ir a donde él está a punto de ir, y de estar con él. Jesús ora que el amor que el Padre tuvo por el Hijo pueda estar presente entre ellos en todo lo que les espera (17:25-26). JUAN 18:1-21:25 PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO

18:1-11 Arresto de Jesús. Los discursos de despedida llegan a su fin. Las palabras dan lugar a las acciones mientras Jesús se prepara para enfrentarse a la muerte. Jesús y sus discípulos cruzan el arroyo de Cedrón al este de Jerusalén, y entran en un huerto de olivos. Es allí donde los encuentran Judas y un pelotón de soldados. El momento de la traición ha llegado. Haciendo a un lado un patético esfuerzo de parte de Pedro de evitar el arresto, Jesús afirma que está preparado para «beber el trago amargo» que el Padre le ha dado. Él atravesará el sufrimiento que es parte integral de la misión para la que Dios le ha enviado al mundo. 18:12-21 Jesús llevado ante Anás; negación de Pedro. Jesús entonces es llevado a la fuerza ante Anás y Caifás, y Pedro lo sigue junto con «otro discípulo», posiblemente el mismo Juan. Aunque Caifás era el sumo sacerdote, parece que había un afecto popular persistente por Anás, que había sido depuesto del cargo de sumo sacerdote por los romanos en el 15 d.C. Aunque ya no tenía ningún cargo oficial de importancia, continuaba ejerciendo una considerable influencia (18:12-14). Mientras tiene lugar el proceso de interrogación, Pedro niega tener nada que ver con Jesús. El desafío no viene de alguien de importancia, sino meramente de una esclava.

Sin embargo, aun así Pedro niega tener nada que ver con Jesús. Y le niega dos veces más antes de que el gallo cante (18:25-27; véase 13:38). 18:19-40 Él sumo sacerdote interroga a Jesús; Jesús ante Pilato. Mientras tanto, él sumo sacerdote somete a Jesús a un interrogatorio. Al inicio Jesús recalca que el sumo sacerdote y sus funcionarios habían tenido una amplia oportunidad de preguntarle en cuanto a sus enseñanzas mientras enseñaba en público en el templo. ¿Por qué todo este secreto? ¿Por qué no interrogarle abiertamente? El Evangelio de Juan no da muchos detalles en cuanto a las acusaciones precisas que los acusadores presentan contra Jesús. Sin embargo, es evidente que son lo suficientemente serias como para justificar su entrega a las autoridades romanas (18:28-40). Es evidente que Pilato, gobernador romano de Judea del 26 al 36 d.C., queda perplejo por las acusaciones presentadas contra Jesús. Los dirigentes judíos quieren evitar entrar en el palacio romano, de manera que no queden afectados por la impureza ritual que resultaría de su contacto con los gentiles en vísperas del principal festival religioso de la Pascua. Pilato, por consiguiente, se ve obligado a salir del palacio y confrontar a la multitud afuera. La cuestión que Pilato tiene que determinar es si hay algún fundamento para dictar sentencia de muerte contra Jesús. Considera el asunto de si Jesús es un rey, y recibe la respuesta de Jesús de que su reino «no es de este mundo» (18:36). Pilato toma esto como queriendo decir que Jesús admite que es un rey, y ahora se refiere a Jesús, tal vez con sorna, como el «rey de los judíos». Como puede liberar a un prisionero para la Pascua, ofrece poner en libertad a Jesús. La multitud, sin embargo, exige que libere a Barrabás, que había teñido parte en una insurrección contra Roma. 19:1-27 Jesús sentenciado a ser crucificado. Después de ordenar que se azote a Jesús, Pilato le trae de nuevo ante la multitud. Les informa que no hay fundamento legal para la sentencia de muerte. No quiere crucificarlo. No obstante, el clamor aumenta. La multitud insiste en que, puesto que Jesús afirma ser el Hijo de Dios, merece morir. Tratan de obtener ventaja, recalcando el impacto negativo de cualquier informe que reciba el césar, el emperador romano, acerca de alguien que afirma ser «rey de los judíos». Ante esto, Pilato cede. Mientras los judíos declaran que no tienen otro rey que el césar, Pilato entrega a Jesús para ser crucificado (19:1-16). En el lugar de la crucifixión, la acusación contra él es escrita para que todos la vean: «JESÚS DE NAZARET, REY DE LOS JUDÍOS». En muchas pinturas y representaciones de la crucifixión esta inscripción se representa por cuatro letras (INRI), que son las iniciales de la frase en latín: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, que quiere decir: «Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos».

Los soldados a cargo de la ejecución echan suertes sobre su ropa. Al hacerlo, sin saberlo cumplen la gran profecía del Sal 22:18, que habla del destino de un justo que sufre. Al llamar la atención sobre este Salmo, Juan también quiere que sus lectores noten los muchos otros paralelos entre la descripción profética de los sufrimientos del justo y los sucesos reales de la misma crucifixión. Y observando desde una distancia segura está el discípulo que Jesús amaba, lo cual se considera ampliamente como una referencia al autor de este Evangelio, Juan, que entonces queda identificado como testigo ocular de los sucesos que tienen lugar. 19:28-42 Muerte y sepultura de Jesús. Por último, Jesús se muere (19:2837). Sus palabras finales son: «Todo se ha cumplido». El griego original de estas palabras tiene el sentido de: «Se ha cumplido», o tal vez en ciertos contextos: «Todo queda resuelto o pagado». Este no es un grito de desesperanza. Es un grito de éxito. Lo que había que hacer queda hecho. Para Juan, Jesús es el verdadero Cordero pascual, que muere en la cruz más o menos en el mismo momento en que se inmolaba el cordero pascual. Tal como el Cordero pascual tenía que ser perfecto y sin ningún hueso quebrado (Éx 12:46), así ocurre en el caso de Jesús, el Cordero pascual sin pecado que es inmolado por el pecado del mundo. Parece haber sido una práctica normal romperles las piernas a las víctimas de la crucifixión, para acelerar su fin al negarles todo medio de sostenerse a sí mismos en la cruz. Sin embargo, en el caso de Jesús esto no es necesario, lo cual conduce de nuevo al cumplimiento involuntario por parte de los soldados romanos de una gran profecía del Antiguo Testamento. Más bien a Jesús se le abre el costado con una lanza para asegurarse de que esté muerto, como resultado de lo cual «al instante le brotó sangre y agua», al parecer como descripción de la sangre coagulada. No puede haber dudas de que Jesús está muerto. José de Arimatea, acompañado de Nicodemo, hace arreglos para su sepultura en una tumba prestada cercana (19:38-42). Por ser el sabat, no hay nada más que se pueda hacer. Habrá que esperar hasta el domingo para concluir el proceso de sepultura. 20:1-9 La tumba vacía. Llega el domingo. María Magdalena es la primera en visitar la tumba «cuando todavía estaba oscuro». El relato de Marcos ubica esta visita «apenas salido el sol» (Mc 16:2), cuando la oscuridad de forma gradual habría ido dando lugar a la primera luz del día. Es evidente, sin embargo, que algo dramático ha sucedido durante la noche. Está claro que la reacción inicial de María es que las autoridades, ya sean judías ó romanas, se han llevado el cuerpo de Jesús. No hay ningún indicio de que haya expectativas en cuanto a la resurrección, punto que Juan les explica a sus lectores (20:9). Todo lo que ellos pueden ver es que el cuerpo de Jesús

ya no está allí. Los lienzos sepulcrales en que Jesús había sido envuelto siguen en la tumba. No obstante, él ha desaparecido (20:1-9). 20:10-23 Jesús se les aparece a María Magdalena y a los discípulos. Los discípulos vuelven a casa (20:10). No hay ninguna señal de alegría ante el pensamiento de la resurrección de Jesús. La atmósfera es de total desconsuelo. No se trata solo de que Jesús haya muerto, sino de que ni siquiera se les ha permitido darle una sepultura apropiada y despedir al hombre que tanto amaban. Sin embargo, María se queda en el sitio de la tumba vacía. Sin darse cuenta de lo que en realidad ha tenido lugar, se asombra al encontrar a un personaje detrás de ella y piensa que es «el que cuidaba el huerto» (19:41) en el que estaba la tumba (20:11-15). El «hortelano» entonces le habla. Y al igual como las ovejas conocen la voz de su pastor (10:3-5), María sabe quién le está hablando. Sin poder contenerse por la alegría, corre a contarles a otros lo que —o mejor dicho, a quién— ha visto (20:16-18). Al inicio ellos deben solo aceptar el testimonio de ella, pero pronto se dan cuenta por sí mismos de la realidad de la resurrección, cuando Jesús se presenta entre ellos en su gloria resucitada esa misma noche (20:19-23). Hay un paralelo fascinante aquí con la historia de la samaritana. Al principio, la gente de su ciudad creyó en Jesús por lo que ella dijo, pero luego descubrió por sí misma que era verdad (4:42). De la misma manera, los discípulos también confían en María antes de que Jesús mismo confirme todo lo que ella les había dicho. 20:24-29 Jesús se aparece a los discípulos. Sin embargo, Tomás no lo cree. Él no está en la reunión en la que Jesús se les aparece a sus discípulos, y se muestra profundamente escéptico cuando le cuentan los detalles de la resurrección. Quiere pruebas. Quiere ver las huellas de los clavos en las manos de Jesús y tocar sus heridas, tanto de los clavos como de la lanza. Al verse frente al Cristo resucitado, se postra en adoración. Su confesión es de la mayor importancia: «¡Señor mío y Dios mío!». Esta es una de las afirmaciones más claras en el Nuevo Testamento de la divinidad de Jesucristo. Pero también es importante notar cómo Jesús mira hacia delante, a las dudas de los que vendrían a la fe más tarde. Para Tomás fue fácil. El pudo tener sus dudas resueltas por medio un encuentro con Cristo. Los que vendrían más adelante, incluyendo a los lectores de esta sección, son más bienaventurados que él, porque han creído sin acceso a este tipo de prueba. 20:30-31 Una explicación. Esta sección del Evangelio termina con una explicación (20:30-31). Juan ha tenido que ser selectivo en lo que incluyó en su evangelio. Hay mucho más que se pudiera haber incluido. Pero lo que

hallamos en este Evangelio ha sido escrito con un propósito: llevarnos a la fe en el mismo Jesucristo, para que nosotros también podamos, junto con todos aquellos de quienes hemos leído, creer que él es el Mesías y el Hijo de Dios, llegando así a tener la misma vida eterna que ha sido el tema de este Evangelio. 21:1-23 Jesús y la pesca milagrosa; la restauración de Pedro. El Evangelio como un todo llega ahora a su fin con un epílogo, recalcando una vez más la realidad de la resurrección (21:1-14). Todas las dudas en cuanto a la resurrección se despejan. Es evidente que Jesús ha resucitado, y que estas noticias junto con todo lo que implican para el mundo deben proclamarse. Pero la atención se concentra en dos discípulos: Pedro y el «discípulo a quien Jesús amaba» (casi con certeza una referencia al mismo Juan). En un conmovedor diálogo (21:15-23), Jesús le encarga a Pedro la responsabilidad de cuidar de sus ovejas y también mira hacia adelante al día de la propia muerte de Pedro (se piensa que él murió como mártir en Roma bajo el emperador Nerón alrededor del 64 d.C.). A pesar de su negación de Jesús, ahora Pedro es restaurado. Jesús habla palabras de rehabilitación y le da una nueva comisión: «¡Sígueme!». No importa lo que les suceda a los demás, cómo indica con claridad el comentario de Jesús en cuanto al otro discípulo (21:20-22). Lo importante es seguir a Jesús, independientemente de lo que eso signifique para otros. 21:24-25 Conclusión. Juan termina entonces su evangelio. Está claro que hay mucho más que quiere decirles a sus lectores. Solo que no hay suficiente espacio para expresar toda lo que quisiera. No obstante, hay mucho más para estimular el pensamiento y para trasmitir la plena significación de Jesucristo, que es «la luz del mundo» y «el pan de vida» para los que tienen hambre y los que hasta ahora han andado en la oscuridad.

HECHOS «Hechos» o «Hechos de los Apóstoles», como a menudo se le llama, es la segunda parte del relato de Lucas acerca de los orígenes de la iglesia cristiana, y continúa luego del Evangelio que se le atribuye. Juntos, el Evangelio de Lucas y la historia de la iglesia inicial constituyen el documento más grande del Nuevo Testamento. En su Evangelio, Lucas le dijo a «Teófilo» (tal vez un funcionario romano bien situado que se había interesado en el cristianismo) acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Sin embargo, la historia no se acaba allí. Para el tiempo en que Lucas estaba escribiendo, el cristianismo se hallaba en buen camino para llegar a ser una fuerza importante en el imperio romano. Así que, ¿cómo progresó el cristianismo desde sus humildes orígenes en Palestina hasta el mismo centro del imperio romano? ¿Cómo llegó a ejercer tal influencia en tan corto tiempo? Lucas se propone mostrar cómo el evangelio se esparció como incendio forestal por el imperio romano. Pone mucho cuidado para hacer una distinción entre el poder divino que está detrás del evangelio (tal como la resurrección de Cristo y el otorgamiento del Espíritu Santo) y los agentes humanos que sirvieron para esparcirlo (tales como Pedro y Pablo). Lucas empieza con un relato vivido de la ascensión del Cristo resucitado y la venida del Espíritu Santo con poder. Aunque la obra se titula «Hechos de los Apóstoles», quizá con igual propiedad se le podría describir como «Hechos del Espíritu Santo». Habiéndonos permitido apreciar el poder del evangelio, Lucas pasa a tratar de las personas que se consagraron a él. Los primeros doce capítulos se enfocan en Pedro y en la serie de dramáticos sucesos que llevaron al evangelio cristiano a quedar firmemente arraigado en Jerusalén y las regiones circunvecinas. Luego de mostrar cómo el evangelio se arraigó en Palestina, Lucas pasa a mostrar cómo de forma gradual llegó a establecerse en gran parte del imperio romano. El resto de la obra se enfoca en Pablo, un personaje familiar para los lectores del Nuevo Testamento. Lucas explica el trasfondo de Pablo, y muestra cómo llegó a ser primero creyente y luego el «apóstol a los gentiles». Lucas da un relato vivido del impacto que Pablo ejerció en la expansión de la iglesia cristiana desde Palestina hasta las regiones que en

la actualidad ocupan Turquía y Grecia. Da detalles de los tres viajes misioneros que Pablo emprendió por el Mediterráneo oriental, y termina con una descripción de su viaje final como preso a la misma Roma. Lucas nos da acceso a algunos de los sermones de Pablo, permitiéndonos apreciar la manera en que presentó el evangelio en una variedad de situaciones diferentes. HECHOS 1:1-12:25 LOS PRIMEROS DÍAS DE LA IGLESIA CRISTIANA

1:1-11 El don provisto. Lucas empieza su segunda obra recordándoles a sus lectores los grandes sucesos de la resurrección y la orden de Cristo de no irse de Jerusalén, sino de esperar el don que Dios había prometido (1:4). Pero, ¿qué es ese don? ¿Y cuándo vendría? De inmediato Lucas responde a esta pregunta, recordándoles a sus lectores que Juan el Bautista bautizaba a sus seguidores solo con agua, en tanto que Jesús bautiza «con el Espíritu Santo» (1:5). El bautismo de Juan simboliza la regeneración. El bautismo que Jesús ofrece trae renovación real y un nuevo nacimiento. Los discípulos habían sido llamados a ser «testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» para Cristo (1:8); Esta es una responsabilidad grandiosa y abrumadora. Los creyentes no deben quedarse ociosos, preguntándose a dónde se había ido Jesús (1:10-11). Su tarea es darle a conocer a ese mismo Cristo a todo el mundo. Sin embargo, Lucas indica con claridad que este gran desafío va acompañado de un gran don igual de capacitador. «Cuando venga el Espíritu Santo sobre» ellos, los discípulos «recibirán poder» (1:8). Aquí hallamos uno de los grandes temas del Nuevo Testamento: Dios da dones para capacitar a su pueblo para enfrentar los retos y tareas que él les asigna. La iglesia todavía necesita esos dones de modo imprescindible al enfrentar los nuevos retos y oportunidades que le esperan. 1:12-14 Comunión. Este pasaje inicial concluye con una vívida descripción de la comunión estrecha que disfrutaba la iglesia inicial (1:1314). Son pocos, pero están llenos de confianza y expectación. Los que una vez habían sido una banda de hombres y mujeres desmoralizados y desalentados que habían visto a su líder ejecutado, ahora son un grupo entusiasta de evangelistas esperando para proclamar las buenas noticias de

su Salvador resucitado a todo el mundo. Y como veremos, no tendrán que esperar mucho. En ese momento la iglesia cristiana era reducida en número. Lucas menciona la cifra de ciento veinte creyentes (1:15). También es demasiado fácil para el lector casual de Hechos perder de vista la importancia de este punto. Sabemos por la historia que la iglesia crecería enormemente. Pero trate de imaginar que no sabe nada de esto. Trate de imaginarse que está leyendo tal cosa por primera vez, sin saber lo que va a suceder. En un período en que religiones nuevas nacían a cada minuto, ¿qué posibilidades tendría un grupo tan pequeño de personas? ¿Lograría su mensaje siquiera sobrevivir? El hecho de que lo logró es, como Pablo lo destaca, un recordatorio de que el evangelio no descansa en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios. 1:15-26 Matías seleccionado para reemplazar a Judas. El pasaje pasa a describir la búsqueda de un reemplazo para Judas. Pero, ¿por qué se necesitaba un reemplazo? Una sugerencia es que los doce apóstoles eran el equivalente del Nuevo Testamento de las doce tribus de Israel. Además, tal como Pedro ve en la profecía del Antiguo Testamento sombras de la traición a Jesús (1:20), también ve allí la necesidad de un reemplazo. Nótese cómo la autoridad de las Escrituras va ligada a la acción del Espíritu Santo (1:16). ¿Qué requisitos se pensó que eran necesarios para que alguien participara en el «ministerio apostólico» (1:25)? El requisito básico parece haber sido que el apóstol fuera uno que estuvo presente junto con los once apóstoles restantes desde el punto en que Jesús fue bautizado por Juan hasta el momento de la ascensión (1:21-22). Entonces se escoge a Matías echando suertes (1:26). Este es un curso de acción excepcional en circunstancias excepcionales, recordándoles a los creyentes que Dios debe intervenir en la selección de los dirigentes de la iglesia. El mismo sigue un precedente bien establecido del Antiguo Testamentó, en el cual los asuntos de seria importancia espiritual a veces se determinaban permitiendo que el Señor decidiera las cosas al echar suertes. 2:1-13 El Espíritu Santo viene en Pentecostés. Ahora llegamos a uno de los pasajes más importantes del Nuevo Testamento. Antes vimos cómo los discípulos recibirían poder «cuando venga el Espíritu Santo sobre» ellos (1:8). En este pasaje significativo se describe el cumplimiento de esa promesa. «Todos fueron llenos del Espíritu Santo» (2:4). No hay indicación de que los discípulos estuvieran esperando que algo como esto tuviera lugar. Parece que los tomó por sorpresa, mientras se hallaban reunidos «el día de Pentecostés» (2:1). Lucas lucha con las palabras, intentando describir

lo que sucedió cuando vino el Espíritu Santo. Fue «un ruido como el de una. violenta ráfaga de viento» (2:2). Lo que parecían «unas lenguas como de fuego» (2:3) se posaron sobre los presentes. Es obvio que algo dramático e inesperado ha tenido lugar, para lo cual ninguna forma de expresión existente es adecuada. Lucas tiene que acuñar nuevas imágenes y analogías al tratar de relatar los sucesos sin precedentes. Gente de todo el mundo civilizado de ese tiempo escuchan y entienden el evangelio (2:5-12). Están «desconcertados y perplejos» (2:12) por lo que oyen. Es evidente que algo insólito está teniendo lugar ante sus ojos. Las barreras de cultura y lenguaje se derriban, conforme Dios atrae a sí mismo a un pueblo nuevo, tomándolos de toda nación bajo el cielo. Sin embargo, incluso las más grandes obras de Dios son recibidas con burla por los que no lo entienden. Los que estaban alrededor del Cristo que moría se mofaron de él. Y los que presencian el derramamiento del Espíritu hacen lo mismo. “Los discípulos deben haber bebido demasiado licor” (2:13), dicen. Incluso hoy, la gente se burla de los creyentes debido a su experiencia de conversión o a sus creencias religiosas. Como Lucas nos recuerda, ¡eso no es nada nuevo! 2:14-41 Pedro habla a la multitud. En medio del entusiasmo y la confusión, Pedro predica el primer sermón cristiano que se registra. Puesto que su público es principalmente judío, hace un uso considerable de la profecía del Antiguo Testamento, mostrando cómo esta señala tanto a la muerte y resurrección de Jesús como a la venida del Espíritu Santo. Mateo usa a menudo un enfoque similar en su Evangelio, al atraer la atención a las muchas maneras en que Jesús cumple la profecía del Antiguo Testamento. Pedro empieza refutando la idea de que él o sus colegas estén borrachos; después de todo, solo son las nueve de la mañana (2:15). Algo mucho más significativo está sucediendo. Pedro explica su significado apelando a una de las grandes profecías del Antiguo Testamento (Jl 2:2832), que habla de que Dios derramaría su Espíritu sobre toda persona «en los últimos días» (2:17). Para entender a Pedro, necesitamos estudiar este pasaje del Antiguo Testamento con más detalle. En su profecía, Joel habla de la venida de un día futuro en el cual Dios vendría a su pueblo con poder y les aseguraría de nuevo su presencia y cuidado (Jl 2:27). La dicha de Judá y Jerusalén serán restauradas, y todas las naciones se reunirán (Jl 3:1-2). En ese día Dios «derramará» su «Espíritu sobre todo el género humano» (Jl 2:28). El don del Espíritu Santo conducirá a la profecía y la visión. El derramamiento del Espíritu es así visto como una señal de este tan esperado «día del Señor». La venida del Espíritu se ve de esta forma como

una señal de un momento de importancia vital en la historia del pueblo de Dios, en el cual «todo el que invoque el nombre del SEÑOR escapará con vida» (Jl 2:32). Como Pedro indica con claridad, esto quiere decir que la salvación ahora está disponible para todos. En la primera parte de este sermón, Pedro muestra cómo la venida del Espíritu Santo es el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. Luego se enfoca en la persona de Jesús y su significación para el mundo. Pedro empieza esta nueva sección del sermón declarando que Jesús es «un hombre acreditado por Dios» (2:22), que Dios realizó una serie de milagros, maravillas y señales por medio de él, como todos lo saben, y lo reconoció como viniendo de Dios. Pedro recalca que la muerte de Cristo en la cruz no fue un accidente, sino algo que tuvo lugar «según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios» (2:23). En tanto que esto no elimina la responsabilidad humana por la muerte de Cristo, pone esa muerte en un contexto muy diferente. Dios se propuso lograr algo por medio de la muerte de Cristo. Lo que Israel rechazó, Dios lo selló con su aprobación mediante la resurrección. El tema de la resurrección domina esta parte del sermón de Pedro. Dos ideas distintas se pueden distinguir en medio de sus ricos temas. Primero, el puro gozo de que Jesús está vivo. La muerte no pudo retenerlo (2:24, 26, 32). Segundo, el darse cuenta de que la resurrección significa que Jesús ha sido «exaltado por el poder de Dios» (2:33). Más que eso, el Espíritu Santo es dado por medio de Cristo. «Habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen» (2:33). Pedro lleva esta sección del sermón a un clímax destacando cómo dos pasajes mesiánicos de los Salmos solo pueden referirse a Jesús (2:25-35). «Por tanto, sépalo bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías» (2:36). (El término «Mesías» significa «ungido»). Jesús es el tan prometido Mesías, que tiene autoridad sobre su pueblo. El impacto de la predicación de Pedro en su público es inmediato y estremecedor. «¿Qué debemos hacer?» (2:37). La multitud se da cuenta de que la conclusión de Pedro exige una respuesta; no simplemente concordar con lo que se ha estado diciendo, sino un cambio real de corazón y mente. Dos palabras resumen la respuesta que él les pide a sus oyentes. Primero, deben arrepentirse (2:38). El arrepentimiento es cuestión de una reorientación interna, de dar media vuelta en la vida de uno alejándose del pecado y volviéndose hacia Dios. La señal externa y pública de este cambio interno es el bautismo sobre el que Pedro insiste ante sus oyentes (2:38, 41). Segundo, después de haber reconocido la necesidad de

arrepentimiento, el camino está abierto para recibir (2:38) el don del Espíritu Santo. El arrepentimiento y la renovación van mano a mano como parte y esencia de la promesa de Dios a su pueblo. Pedro indica con claridad que esta promesa es para todos. No existe una cláusula en letras menudas, por medio de la cual se restringe solo unos pocos escogidos, a una élite privilegiada, o a un grupo nacional (2:39). El mensaje es retador y transformador. A las nueve de la mañana había ciento veinte creyentes. Para la noche de ese mismo día, tres mil habían sido añadidos a su número (2:41). 2:42-47 La comunión de los creyentes. Lucas también nos da noción de la calidad del compañerismo de los convertidos en ese tiempo. Los nuevos creyentes crecieron gracias a la enseñanza de los apóstoles (tal como la presentada en muchos de los sermones que se registran en Hechos), el compañerismo, el partimiento del pan y la oración (2:42). Es un tiempo de gran entusiasmo y expectativa (2:43). La gente esperaba que las cosas sucedieran, y como Lucas indica con claridad, suceden con el resultado de que la iglesia crece a diario (2:47). El cuadro de que los creyentes tenían todo en común (2:44) ha servido como modelo para muchas comunidades cristianas. Incluso si suena idealista hoy, tal cosa continúa recordándoles a los creyentes que todo lo que tienen les ha sido dado por Dios para el bien común. 3:1-10 Pedro sana al mendigo cojo. El relato ahora cambia de ritmo. Nos alejamos de la frenética actividad de Pentecostés a una ocasión en la que Pedro y Juan encuentran a un hombre cojo de nacimiento en una de las puertas del templo (3:2, 10). La situación del mendigo es irremediable. Nada se puede hacer por él. Su única esperanza para sobrevivir es mendigar. De muchas maneras, se le puede considerar como representando a la lastimosa condición de la humanidad caída: somos impotentes para cambiar nuestra situación, y nuestra única esperanza es aguantarla. Pedro, sin embargo, le ofrece al hombre lo que en realidad necesita: sanación. «No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy» (3:6). Aquí hay una poderosa y conmovedora ilustración de la esperanza que el evangelio le ofrece al mundo. El Nuevo Testamento a menudo usa el término «sanidad» para referirse a la salvación que viene por Cristo. La palabra de inmediato sugiere la idea de una restauración a la integridad, incluyendo tanto la enfermedad física como las relaciones personales rotas. Es una palabra que tiene un significado mucho más profundo para nuestro mundo moderno, que se da cuenta de sus enfermedades y sin embargo a menudo carece tanto de los recursos

como de la voluntad para hacer algo al respecto. Es un término en especial importante para Lucas, que era médico de profesión. Tal vez el aspecto más poderoso de este incidente tiene que ver con la reacción de los que conocen al cojo (3:9-10). Es obvio que su situación ha cambiado. Algo le ha sucedido. Ya no es un mendigo enfurruñado. Le ven «con sus propios pies, saltando y alabando a Dios» (3:8). 3:11-26 Pedro habla a los espectadores. El impacto de la sanción del mendigo cojo es enorme. Se reúne una multitud, curiosa por saber más de lo que ha sucedido (3:11). La oportunidad es demasiado buena para dejarla pasar: Pedro predica un sermón. Su preocupación inicial es refutar la idea de que él tiene algún poder especial que ha sanado al cojo. No hay nada especial en Pedro mismo (3:12). Por otro lado, sí hay algo especial en el Cristo resucitado que ha conducido a tal suceso espectacular esa tarde. «Por la fe en el nombre de Jesús, él ha restablecido a este hombre» (3:16). De nuevo vemos cómo la transformación personal es una de las formas más poderosas y contundentes de testificar del evangelio. Los argumentos de si Dios existe o no tienden a estancarse muy rápidamente. Sin embargo, es difícil discutir con alguien que quiere hablar de la diferencia que el cristianismo ha hecho en su vida. Tal vez los creyentes de hoy puedan aprender de este ejemplo. Pedro recalca otra Vez la importancia de la resurrección de Cristo (3:15) y la manera en que el Mesías sufriente cumplió las grandes esperanzas proféticas del Antiguo Testamento (3:18-26). El Antiguo Testamento apunta hacia el futuro, mirando más allá de sí mismo a la venida del Mesías y «tiempos de descanso» (3:1.9) para el pueblo de Dios. El mensaje de Pedro es directo y sencillo: esos tiempos ya han llegado. Las grandes esperanzas de los profetas y patriarcas ahora se han cumplido. «Ustedes, pues, son herederos de los profetas y del pacto que Dios estableció con nuestros antepasados» (3:25). No obstante, esta promesa requiere una respuesta de los que la escuchan. Pedro les pide a sus oyentes que se conviertan de sus malos caminos (3:26). Es importante apreciar que el evangelio cambia la vida de la gente, y no simplemente la manera en que la gente piensa. 4:1-4 La predicación de la resurrección de Jesús. Los sucesos después de Pentecostés atraen mucha atención y aseguran que la gente tenga un oído dispuesto para el evangelio. El número de los creyentes ahora ha crecido a cinco mil (4:4) como resultado de la predicación del evangelio. Pero no todos están complacidos por estos nuevos acontecimientos. Algunos se sienten distintivamente amenazados por ellos. Las autoridades religiosas están furiosas por la predicación apostólica de la resurrección de

Jesús (4:2). Incluso hoy, algunos sugieren que los cristianos no deberían predicar la resurrección, puesto que esta empequeñece a otros maestros religiosos (¡que no han resucitado de los muertos!). Hechos nos recuerda que para los cristianos la resurrección de Jesús no es negociable, es algo tan importante que se debe proclamar, sean cuales sean los resultados. «Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (4:20). 4:5-22 Pedro y Juan ante el Consejo. Después de echarles a la cárcel por una noche, llevan a Pedro y a Juan ante la corte religiosa para que respondan por sus acciones (4:5-7). No obstante, las autoridades se ven frente a un dilema. Todos saben de la sanación del cojo. Esto no es algo que se pueda negar. Los argumentos se pueden refutar, pero es mucho más difícil tratar con los milagros. (¡Nótese de nuevo la importancia de la transformación personal como una forma de testimonio!) Pedro y Juan se defienden declarando que solo pueden ser fieles a lo que han visto y oído. «Sepan, pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre está aquí delante de ustedes, sano gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret, crucificado por ustedes pero resucitado por Dios» (4:10). Solo él puede dar salvación (4:12). ¿Cómo pueden guardar silencio? Podrán ser solo «gente sin estudio ni preparación» (4:13), pero su testimonio tiene un poder y convicción interna que no se puede negar, por lo menos no cuando el cojo está a mano para respaldarlos (4:14). 4:23-31 La oración de los creyentes. Pedro y Juan vuelven a la iglesia para informar lo que les ha sucedido (4:23). Es evidente que los creyentes reunidos están profundamente preocupados por los informes de hostilidad hacia el evangelio (4:24). De forma instintiva acuden a la oración. Recuerdan la soberanía de Dios y su bondad, y se consuelan con el hecho de que los escritores inspirados del Antiguo Testamento hablaron de tal hostilidad contra Dios y su Mesías (4:25-28). Obedecer a Dios nunca contará con la aprobación del mundo. La oposición actual al evangelio encaja en este patrón de desplante y resistencia de parte de los gobernantes del mundo y los religiosos. Así que los creyentes reunidos le piden a Dios la fuerza y la determinación necesarias para enfrentar el futuro, con sus grandes retos y oportunidades (4:29-30). Como Lucas indica con claridad, reciben el estímulo y la seguridad que necesitan. Lucas cuenta cómo «todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno» (4:31). Sin embargo, no se trata de intrepidez humana, como un cierto tipo de bravatas. Es una confianza segura en el poder y propósito de Dios para sostener —entonces

y ahora— a los que le obedecen y predican el evangelio con convicción y firmeza. 4:32-5:11 Los creyentes comparten sus posesiones. En varios puntos Lucas explica la visión que encendía a los primeros creyentes, una visión que todavía puede ser un reto e inspirar hoy. Como hemos visto, esos primeros creyentes estaban entusiasmados con su fe, pero también se preocupaban por poner esa fe en acción, dentro y fuera de la iglesia; Esta importante sección nos da una idea de las preocupaciones sociales de la iglesia, y reta a los creyentes de hoy a que consideren sus propias actitudes hacia otros creyentes y hacia la sociedad en general. Lucas explica la manera en que los primeros creyentes son transformados por el evangelio. Aunque los apóstoles continúan fielmente predicando la resurrección de Jesús (4:33), esa predicación se complementa con la promoción de actitudes parecidas a las de Cristo dentro de la iglesia. «Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían» (4:32). Se ven las posesiones como dones de Dios, dadas para el bien de la iglesia. Es necesario compartirlas para el bien común. Como resultado, no había ningún necesitado (4:34-35). Esto no es comunismo. Es simplemente el amor cristiano en acción. Lucas luego ofrece algunos ejemplos, positivos y negativos, de actitudes cristianas con relación a las posesiones. Se elogia a Bernabé por sus actitudes desprendidas (4:36-37). Ananías y Safira, por otro lado, pretenden dar a la iglesia todo lo que recibieron por la venta de un terreno, pero en secreto retienen una parte del dinero (5:1-2). Cuando se les confronta con Su engaño, ambos mueren, tal vez de síncopes cardíacos (5:5,10). Este pasaje despierta ansiedad en algunos lectores debido a lo que parece ser rigurosidad, y en especial por las palabras severas de Pedro a ambos. Sin embargo, está claro que la crítica a Ananías y Safira se debe a su falta de sinceridad y su intento de engañar a los apóstoles. HECHOS 5:12-8:40 ÉXITO Y PERSECUCIÓN CRECIENTES

5:12-16 Los apóstoles ministran. Al continuar la narración de la iglesia inicial, se ve con claridad que el evangelio continúa teniendo una enorme aceptación durante estos primeros días. La gente respetaba a los creyentes, y sin embargo temía unirse a ellos (5:13). Tal vez vemos aquí algo similar al problema que enfrentó Nicodemo. Aunque se sentía atraído hacia Jesús, tenía miedo de que esto fuera de conocimiento público. Como resultado,

visitó a Jesús de noche para que nadie lo supiera (Jn 3:1-16). No obstante, a pesar de esta renuencia de parte de muchos, es evidente que algunos pueden vencer el estigma de seguir a Cristo, y declaran su fe de manera pública (5:14). 5:17-42 Los apóstoles perseguidos. Pero este éxito trae consigo el resentimiento de parte del sumo sacerdote y sus partidarios, que «se llenaron de envidia» (5:17) por cada nuevo éxito del evangelio. Este tema se vuelve cada vez más frecuente en Hechos, conforme Lucas documenta la creciente hostilidad hacia el evangelio de parte de las autoridades judías a todo nivel. De un modo interesante, Lucas a menudo incluye informes de hostilidad oficial hacia los creyentes junto con noticias del respaldo popular (5:26), indicando que la gente del pueblo no participa de los prejuicios de sus dirigentes. El instinto inicial de las autoridades religiosas es reprimir el movimiento por la fuerza, echando a la cárcel a sus dirigentes. Este modo de proceder fracasa. Los apóstoles, puestos en libertad por la providencia divina, simplemente siguen predicando el evangelio dentro del mismo atrio del templo (5:19-20), llevando «todo este mensaje de vida» a un público cada vez más numeroso. A la larga se obliga a los apóstoles a comparecer ante el Sanedrín, que es una asamblea de las principales figuras religiosas (5:26). La irritación del sumo sacerdote contra ellos es obvia (5:28). ¿Porqué todavía siguen hablando de Jesús? ¿Por qué no guardan silencio? La vida sería más fácil para todos. La respuesta de Pedro es importante: «¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!» (5:29). Según afirma, es imposible guardar silencio en cuanto a la verdad de lo que Dios ha hecho en Cristo. Nadie puede guardar silencio con relación a la exaltación de Cristo y a la promesa de dar «a Israel arrepentimiento y perdón de pecados» (5:31). Los apóstoles son testigos de estas cosas. ¡No pueden dar falso testimonio! La situación empeora. La idea original era poner a los apóstoles en aprietos. Sin embargo, ahora resulta que el mismo Sanedrín es sometido a juicio, debido a que evidentemente no han respondido a Dios cuando vino a su pueblo. No obstante, la tensión se distiende gracias a la intervención de Gamaliel, un respetado maestro de la ley (5:34). Su argumento triunfa, y es de considerable importancia. Si este movimiento es de Dios, declara, es incontenible (5:38-39). Habían existido muchas enseñanzas religiosas espurias en el pasado. Si esta era real, sobreviviría. «Pero si es de Dios, no podrán destruirlos, y ustedes se encontrarán luchando contra Dios» (5:39). Al mirar hacia adelante y a la expansión futura de la iglesia, según Lucas la

describe en esta obra, podemos ver la sabiduría de su consejo, y tenemos que estar de acuerdo con su conclusión: el evangelio en verdad es «de Dios». 6:1-15 La selección de los siete. En este punto la expansión de la iglesia requiere que se tomen medidas adicionales para asegurar que no se descuide ninguna de sus tareas misioneras y pastorales (6:1-7). La selección de los siete es una indicación de la creciente adhesión de judíos de afuera y del aumento resultante de este sector en la membresía de la iglesia. Los siete, incluyendo a Esteban, tienen nombres griegos, lo que sugiere que todos fueron seleccionados de este sector de la iglesia. Sin embargo, este crecimiento encuentra una oposición cada vez mayor de parte de ciertos cuerpos judíos, con el resultado de que Esteban es acusado de blasfemia y traído ante el Sanedrín; es decir, ante la corte suprema judía de setenta y un miembros, que consistía de los jefes de los sacerdotes y los ancianos y maestros de la ley (6:8-15). 7:1-53 Discurso de Esteban ante el Sanedrín. En su defensa, Esteban pronuncia un apasionado discurso ante el Sanedrín (7:1-53). El discurso es un sumario impresionante de la manera en que Dios ha preparado el camino para el evangelio. Empieza con el llamamiento de Abraham (7:1-8), y le sigue el rastro al desarrollo del pueblo de Dios desde el momento de su descenso a Egipto hasta su salida posterior de allí (7:9-44), a través de su entrada en la tierra prometida (7:45) y del establecimiento de la monarquía (7:46). Es importante notar la porción considerable de este sermón dedicada a Moisés, al que se le ve como estableciendo el hecho de que el pueblo de Israel es proclive a desobedecer a Dios. ¿Han cambiado estas cosas? Israel es igual hoy, declara Esteban (7:51). Siempre que un profeta apareció en medio de ellos, su reacción instantánea fue matarlo, antes que escucharle (7:52-53). El hecho de que mataron a Jesucristo es simplemente el ejemplo más reciente de una larga cadena de rebelión y desobediencia. 7:54-8:1 Apedreamiento de Esteban. Esto enfurece al Sanedrín, que determina apedrearlo a muerte por blasfemia y de inmediato (7:54-8:1). Antes de que tengan oportunidad de hacer esto, Esteban declara que ha tenido una visión en la que puede ver al «Hijo del hombre» —referencia al mismo Jesucristo— de pie a la diestra de Dios. Esto indica no solo que Jesús ha sido aceptado y vindicado por Dios. Implica que Jesús ahora tiene igual estatus que Dios, lo que solo les da más cólera a los tradicionalistas. Y así muere Esteban, el primer mártir cristiano. Lucas luego menciona de paso que entre los testigos que aprueban su muerte está un hombre llamado Saulo, el cual figurará de manera prominente en el resto del relato que da de la iglesia inicial.

8:1-3 La iglesia perseguida y esparcida. Como resultado de este martirio, la iglesia se ve sujeta a una cruel persecución, lo que hace que sus miembros se dispersen por toda la región (8:1-40). Se identifica a Saulo como uno de los cabecillas de este esfuerzo de destruir al cristianismo. Sin embargo, el proceso de persecución solo dispersa a los apóstoles por toda la región, y les permite testificar del evangelio en una región mucho más amplia que antes. Leemos que Felipe predica en la región norteña de Samaria, y luego se dirige al sur hacia Gaza. En cada caso encuentran una respuesta positiva. (Más tarde aprendemos que el evangelio llega incluso a Chipre y Antioquía como resultado de esta dispersión; 11:19-21). 8:4-25 Felipe en Samaria y Simón el hechicero. La predicación del evangelio en Samaria conduce a un incidente de considerable importancia; una confrontación con un hechicero llamado Simón (al que a menudo se le conoce como «Simón el mago»). Cuando el evangelio halla un resultado abrumadoramente positivo en Samaria por medio de la predicación de la palabra y la realización de señales y maravillas, Simón se siente atraído por la idea de comprar algo de los dones espirituales de los apóstoles para sí mismo. Pedro lo castiga severamente por esta idea. 8:26-40 Felipe y el etíope. Mientras tanto. Felipe, que se ha dirigido al sur, tiene una reunión con un funcionario de alto rango del palacio de la reina de los etíopes (8:26-40). El etíope puede haber sido un prosélito judío (nótese cómo había viajado a Jerusalén para adorar, y su familiaridad con el Antiguo Testamento). Ahora que está regresando a casa, se halla perplejo ante una porción del profeta Isaías que va leyendo en su carruaje. El pasaje en cuestión es Is 53:7-8, sección que trata de la venida del «Siervo sufriente». Felipe le pregunta si puede entender lo que está leyendo. El etíope invita a Felipe a que se le una y le explique el texto. Felipe entonces demuestra cómo este texto, y otros, apuntan a las buenas noticias de Jesucristo. Como resultado, el etíope toma la decisión de ser bautizado allí mismo, y sigue su camino regocijándose. 9:1-19 Conversión de Saulo. Pero, una conversión más significativa sé vislumbra en el horizonte. La narración ahora vuelve a Saulo. Debido a su esfuerzo de eliminar a la iglesia, todo lo que ha logrado es dispersarla, con el resultado de que el evangelio se extiende mucho más allá de Jerusalén. Al seguir intentando eliminar al cristianismo, cambia su mirada de Jerusalén a Damasco (9:1-19). Mientras viaja por el camino a Damasco, con la idea de liberar a la ciudad de la presencia cristiana creciente, tiene un encuentro con Jesucristo resucitado. Oye a Cristo llamándole por su nombre, y este le pregunta a Saulo por qué está persiguiéndolo. Cegado por la visión, se ve obligado a que sus ayudantes lo lleven de la mano a Damasco.

Sin embargo, Ananías, uno del creciente número de creyentes de la ciudad, recibe una visión en la cual se identifica y se ubica a Saulo. Se le pide que atienda a este hombre, que va a ser un «instrumento escogido para ... las naciones» (9:15). Al hallar a Saulo, Ananías le impone las manos, con el resultado de que Saulo recupera la vista. Como demostración de su fe recién hallada, se bautiza. Este relato de la conversión de Pablo se halla tres veces, con variaciones pequeñas, en Hechos (véanse también 22:3-16; 26:9-18). También se halla en forma abreviada en los propios escritos de Pablo (Gá 1:13-17). La brevedad de este relato refleja el hecho de que es evidente que Pablo da por sentado que sus lectores están ampliamente familiarizados con el relato de su conversión, y de que él desea solo usar el relato para establecer sus credenciales como apóstol. 9:20-31 Saulo en Damasco y Jerusalén. Así Saulo, que antes fue perseguidor de la iglesia, ahora se convierte en su defensor. Lucas cuenta cómo Saulo puede demostrar de modo irrefutable que Jesús es el Mesías, para asombro de todos los que conocen su trasfondo y para irritación de la población judía de Damasco. Durante su período en la región (que en otras partes se identifica como de tres años de duración; Gá 1:17-18), queda claro que él crece de manera considerable en estatura y sabiduría. Como resultado, se encuentra bajo amenaza de muerte de parte de los que una vez lo respaldaban. Enterándose de un plan para matarlo, bajan a Saulo por el muro de la ciudad en una canasta, y él escapa y se va a Jerusalén, en donde continúa su ministerio evangelizador hasta que su propia seguridad personal hace imperativo que se vaya a Tarso. 9:32-42 Pedro en Lida y Jope. La atención ahora pasa de Saulo a Pedro (9:32-43), que continúa su obra de evangelización y sanidad en la región al noroeste de Jerusalén, alrededor de las ciudades de Jope (actualmente la ciudad de Haifa) y Lida. En cada caso realiza milagros de sanación entre los judíos. Pero una crisis seria está a punto de surgir. Hasta aquí, las buenas noticias han sido llevadas a los judíos, sean griegos o hebreos. Pero, ¿qué hay acerca de a los gentiles? ¿Se beneficiaran ellos del evangelio? 10:1-48 Cornelio manda a llamar a Pedro, y la visión de Pedro. La cuestión surge para Pedro por un mensaje que recibe de un centurión romano llamado Cornelio (10:1-8). Aunque no es judío, es un hombre «temeroso de Dios», término que se usaba para referirse a un gentil que simpatizaba con el judaísmo, pero que no se había convertido formalmente en un prosélito. En una visión, Cornelio se entera de la presencia de Pedro, y envía mensajeros para pedir una reunión con él. Mientras los mensajeros se acercan a Jope, Pedro mismo tiene una visión (10:9-16; véase también 11:5-14) en la cual ve a varias criaturas siendo bajadas en lo que parece una

sábana. Algunas son inmundas, y por consiguiente prohibidas para los judíos. Sin embargo, Pedro oye una voz que le ordena que las coma. Él se rehúsa. No comerá nada inmundo o impuro. No obstante, se le dice en respuesta que nada de lo que Dios ha creado es inmundo o impuro. Preguntándose lo que significaría la visión, Pedro baja para recibir a los mensajeros que están esperándole. El significado de la visión pronto se aclara (10:17-48). La misma es una declaración de que ya no se debe tratar a los gentiles como impuros o de segunda clase. Cuando Pedro llega a la casa de Cornelio, ha entendido el significado de la visión. Aunque Cornelio es un gentil, y a pesar de que la ley prohibía a los judíos tener contacto con los gentiles, Pedro declara que esas barreras ahora han quedado derribadas. «Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia» (10:34-35). Mientras Pedro habla de la gran obra de Dios por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo, sucede algo asombroso. El Espíritu Santo desciende sobre todos los que están oyéndole: judíos y gentiles. Es evidente que el mismo Espíritu es recibido por todos los presentes. El Espíritu se rehúsa a hacer distinción entre judíos y gentiles: todos hablan en lenguas y alaban a Dios. Cualquier duda que le quedara a Pedro ahora queda removida, así que los bautiza en el hombre de Jesús. 11:1-18 Pedro explica sus acciones. Esta acción no es bien recibida por la iglesia de Jerusalén. Llaman a Pedro a rendir cuenta de sus acciones. ¿Por qué Pedro fue a la casa de unos gentiles (algo que los judíos consideraban contaminador)? Los creyentes judíos están furiosos porque está claro que Pedro ha violado una parte de la ley mosaica (11:1-3). Pedro responde relatando la visión que tuvo en Jope (11:4-14), así como sus consecuencias. Su línea de pensamiento es clara: nadie tiene el derecho de resistirse a Dios. Si Dios les ha dado el mismo don a los gentiles que le dio a los judíos, ¿qué derecho tiene él, Pedro, de interponerse en el camino de su pleno reconocimiento? El grupo de creyentes no solo se persuade por este argumento, sino que se deleitan de que Dios haya permitido que los gentiles participen de los grandes beneficios de Cristo (11:15-18). 11:19-30 La iglesia en Antioquía. Nuestra atención ahora vuelve a los efectos de la persecución iniciada por Saulo algún tiempo atrás. Como resultado de ella, los discípulos se habían esparcido por toda la región, lo que resultó en una propagación más rápida del evangelio de lo que hubiera ocurrido de otra manera. Como tan a menudo ha resultado ser el caso, un

tiempo de persecución llega a ser un tiempo de expansión. Ahora nos enteramos del establecimiento de comunidades cristianas en la región de Antioquía (11:19-30). Este acontecimiento es de importancia estratégica. A estas alturas de su historia, el imperio romano estaba dominado por medio de tres ciudades. Primero y primordialmente estaba Roma misma. La segunda ciudad más grande del imperio era la ciudad egipcia de Alejandría. Y la tercera era Antioquía. A su debido tiempo, el evangelio se establecería en las tres ciudades. Ahora nos enteramos de que se ha afianzado en la ciudad de Antioquía. Los lectores de Lucas, familiarizados con la política de la región oriental del imperio romano, de inmediato se darían cuenta del significado de este acontecimiento, y del gran consuelo que esto habría traído en un tiempo de persecución en otras partes. También nos enteramos de otro suceso importante asociado con Antioquía: es en esta ciudad que la palabra «cristianos» se usa por primera vez para referirse a los creyentes (11:26). Hasta este punto se ha usado una variedad de palabras. Este término ahora pasará a ser de uso general. 12:1-19 Escape milagroso de Pedro de la cárcel. El rápido crecimiento de la iglesia a estas alturas es visto como una amenaza por muchos dentro de la comunidad judía. También es causa de preocupación para los herodianos, un grupo de judíos que respaldaban la presencia de Roma en la región. Lucas ahora documenta una serie de sucesos que tienen que ver en específico con los herodianos (12:1-25). El término «rey Herodes» (12:1) se refiere a «Agripa I», sobrino del Herodes que había decapitado a Juan el Bautista. (El término «Herodes» a menudo se usaba para referirse a la familia de la dinastía herodiana sin identificar a cuál de los varios miembros de la familia se quería mencionar). Después de decapitar a Jacobo, hermano de Juan (Mt 4:21), es evidente que Herodes quería tratar a Pedro de la misma manera en que había tratado a Jesús antes que él: sería juzgado públicamente en la Pascua. El resultado inevitable de ese juicio sería la muerte, tal vez por crucifixión. Pero no es la voluntad de Dios que Pedro muera a estas alturas. En un acto de liberación, Pedro es librado de sus cadenas y escapa de la cárcel, para cólera de Herodes. 12:21-23 Muerte de Herodes. Entonces se documenta la muerte subsiguiente de Herodes (12:21-23). Es probable que esta muerte tuviera lugar después de la fuga de Pedro. Lucas sugiere que un intervalo de tiempo —«después» (12:19)— separa a este escape de la muerte del rey. Mientras celebraba un festival en honor del emperador Claudio en el 44 d.C. se aclama a Herodes como si fuera un dios, y él no hace ningún esfuerzo por negar tal aclamación. De inmediato los atacan dolores violentos, de los cuales muere unos pocos días después. El relato de Lucas de los sucesos

se corresponde muy bien con el que es presentado por el historiador judío Josefo, lo que confirma la credibilidad de Lucas como historiador. 12:24-25 El cristianismo continúa propagándose. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos oficiales y semioficiales por reprimir el evangelio, el cristianismo continúa esparciéndose. El resto de Hechos se enfoca en el ministerio de un individuo que, junto con sus compañeros, demostrará ser fundamental para la difusión del evangelio en todo el mundo mediterráneo oriental: Saulo, que como veremos (13:9) pronto llega a ser conocido por el nombre más familiar de Pablo. Habiéndose afianzado en la tercera ciudad del imperio, el evangelio ahora pasará inexorablemente a ganar terreno en su ciudad más grande, Roma misma. Aunque Pablo no es responsable por la difusión del evangelio en Roma, le escribe a la iglesia en esa ciudad, tal vez a principios del año 57 d.C., y a la larga es recibido y respaldado por esa iglesia cuando llega allá a principios del año 59 d.C. Pero eso es mirar al futuro. Nuestra atención ahora vuelve al relato de Lucas, que ahora regresa a Antioquía. HECHOS 13:1-28:31 DIFUSIÓN DEL EVANGELIO DE ANTIOQUÍA A ROMA

13:1-3 Bernabé y Saulo enviados. Mientras los miembros destacados de la iglesia están adorando y ayunando, el Espíritu Santo identifica a Bernabé y a Pablo como poseedores de una comisión especial que cumplir para el Señor (13:1-3). Después que los dirigentes de la iglesia les imponen las manos, ellos empiezan su viaje de predicación, enseñanza y evangelización. Este es el primero de los viajes misioneros de Pablo (13:4-15:35), el cual quizá haya tenido lugar en algún momento alrededor de los años 46-48 d.C. En este momento Pablo probablemente habría tenido como cuarenta y cuatro años de edad. Han pasado unos catorce años desde su conversión, tiempo durante el cual ha estado ocupado primordialmente con la obra misionera en las regiones de Siria (Gá 1:21). Ahora es llamado a acometer un proyecto misionero mucho más ambicioso. Para este viaje, a Pablo y a Bernabé se les une Juan Marcos (al que se le menciona simplemente como Juan en 13:5, pero que de forma más general se le conoce como Marcos). Marcos era primo de Bernabé (Col 4:10), y de manera habitual se piensa que fue el autor del Evangelio que lleva su nombre. 13:4-52 En Chipre y Antioquía de Pisidia. Así, en el 46 d.C., estos tres compañeros emprenden un viaje a la costa sur de Asia Menor, región en el noreste del Mediterráneo que constituye la nación de Turquía en los días

presentes. Su viaje al inicio los lleva a la isla de Chipre (13:4-12). Aunque Lucas no menciona esto durante su narración, en algún punto en esta etapa temprana del viaje Pablo sufre de su «espina en el cuerpo» (1Co 2:3; 2Co 12:7), que puede haber tomado la forma de una enfermedad tal como el paludismo. A estas alturas del viaje Marcos deja al grupo y se regresa a Jerusalén (13:13). No está claro por qué ocurre esto. En cualquier caso, Pablo y Bernabé siguen solos hasta otra ciudad llamada Antioquía, en la provincia de Galacia, y que por lo general se le conoce como «Antioquía de Pisidia» para distinguirla de la ciudad del mismo nombre en Siria (13:14-52). Durante el tiempo que están en Antioquía de Pisidia, Pablo predica un sermón en el sabat en la sinagoga local proclamando que Jesús es el tan esperado Mesías. Por medió de Jesucristo, Dios ha hecho disponible el perdón de los pecados de una manera que la ley de Moisés nunca podría haber permitido. El mensaje es recibido con una respuesta entusiasta. Invitan a Pablo para que hable de nuevo al siguiente sabat en la misma sinagoga. Algunos de sus miembros, no pudiendo esperar tanto para oír más, buscan a Pablo y a Bernabé para tener otras conversaciones. Esto irrita a algunos de los dirigentes judíos locales que se las arreglan para hacer que se expulse a Pablo y a Bernabé de la región. 14:1-28 En Iconio y de nuevo en Antioquía de Siria. El mismo patrón de acontecimientos se repite en Iconio (14:1-6). En las ciudades cercanas de Listra y Derbe reciben a los apóstoles con tanto entusiasmo que les toman por dioses; una impresión que ellos logran desvanecer, mientras que al mismo tiempo proclaman las buenas nuevas (14:7-18). Esta vez, sin embargo, la oposición judía local es más violenta, e intentan matar a Pablo apedreándolo (14:19-20). Sin dejarse amilanar, Pablo establece pequeñas comunidades cristianas en la región, y luego vuelve a visitar a las que ya ha iniciado mientras vuelve sobre sus pasos de regreso a Antioquía (14:21-28). El evangelio ahora está firmemente arraigado fuera de Palestina. 15:1-40 El concilio de Jerusalén. Pero dentro de Palestina las cosas se están poniendo difíciles. Las divisiones han empezado a aflorar dentro de la iglesia sobre la cuestión de la circuncisión. Un sector de la iglesia afirma que es esencial que los creyentes varones se circuncidan. En realidad, parecen considerar al cristianismo como una afirmación de todo aspecto del judaísmo contemporáneo, con la excepción de una creencia adicional: que Jesús es el Mesías. A menos que los varones se circuncidan, no pueden ser salvados (15:1). En ausencia de Pablo, las cosas se han puesto serias, con una amenaza real de división dentro de la iglesia.

A fin de resolver esta cuestión Pablo y Bernabé viajan de Antioquía a Jerusalén. Lucas nos provee un relato del primer concilio general de la iglesia cristiana, es decir, el concilio de Jerusalén en el 49 d.C. (15:2-29). Al principio los fariseos convertidos dominan el debate, los cuales insisten en la necesidad de defender la ley de Moisés, incluyendo los requisitos de la circuncisión, Sin embargo, el relato de Pablo del impacto impresionante del evangelio entre los gentiles hace que se ponga en tela de juicio la sabiduría de este enfoque. Si tantos gentiles están siendo ganados para el evangelio, ¿por qué habría que interponer en su camino algo innecesario? Pablo concede la necesidad de evitar los alimentos que han sido sacrificados a los ídolos, que es un asunto con el que tratará en otras partes en sus cartas (1Co 8:7-13), pero no hay necesidad de la circuncisión. Esta posición logra un amplio respaldo, y se resume en una carta que se hace circular en Antioquía (15:30-35). No obstante, aunque el asunto queda resuelto a nivel teórico, seguirá siendo un tema candente para muchas iglesias en el futuro, conforme la relación entre el nuevo vino del evangelio y los odres viejos del judaísmo continúa siendo controvertida. Después de resolver este asunto en Palestina, Pablo decide volver a Galacia para asegurarse de que las iglesias que había iniciado sepan de esta decisión. (De manera incidental, se debe hacer notar que la carta de Pablo a los Gálatas está dominada por este asunto). Así emprenden un segundo viaje misionero (15:36-18:22), alrededor del 50-52 d.C. Al inicio Pablo espera que Bernabé lo acompañe. Sin embargo, este último quiere llevar a Marcos con ellos, a lo que Pablo se rehúsa, por razones que no son claras, pero que parece que tienen que ver con el regreso prematuro de Marcos en el primer viaje misionero. 16:1-15 Timoteo se une a Pablo y a Silas. La primera etapa del viaje los lleva por tierra a Galacia (15:36-41). En Listra, se les une Timoteo, que llegará a ser uno de los colegas de mayor confianza de Pablo (16:1-5). Entonces avanzan al extremo noroeste de Asia Menor. En Troas, cerca del sitio de la antigua ciudad de Troya, se les une el mismo Lucas, que incuestionablemente es un testigo ocular de muchos de los relatos de esta parte del viaje (nótese el uso del «nosotros» en muchos de los informes de esta sección). Cruzando el mar Egeo, pisan tierra en la región de Macedonia, donde pasan algún tiempo en la ciudad de Filipos, una importante colonia romana. Por primera vez las buenas nuevas están siendo predicadas en Europa. Es aquí que Lidia, una mujer comerciante acomodada, se convierte y es bautizada (16:13-15). Su casa más tarde llega a ser un centro de actividad misionera en la región. No es sorpresa que

Pablo más tarde escriba a la iglesia que ha iniciado durante esta temporada en la ciudad. 16:16-17:10 Pablo y Silas encarcelados y puestos en libertad. De forma inevitable, de este éxito resulta la oposición, con el resultado de que Pablo y Silas son echados a la cárcel (16:16-40). Sin embargo, una vez que las autoridades se enteran de que son ciudadanos romanos, los ponen en libertad de inmediato, y ellos pueden volver a casa de Lidia antes de avanzar a la región de Tesalónica. Allí Pablo puede haber aceptado un empleo temporal como constructor de carpas (1Ts 2:9) a fin de sostenerse a sí mismo mientras realizaba la obra misionera en la región. Como resultado de su predicación en la sinagoga local (17:1-9) se establece una iglesia (a la cual más adelante escribirá sus primeras dos cartas, 1 Tesalonicenses y 2 Tesalonicenses). 17:10-34 En Berea y Atenas. Después de pasar por Berea (17:10-14), el grupo al fin llega a Atenas, todavía ampliamente considerada como el centro intelectual del mundo antiguo (17:15-34). La ciudad tenía una reputación por su interés fugaz en las últimas ideas y la moda intelectual, y parece haber visto en Pablo una fuente de algunas ideas nuevas interesantes. Es aquí que Pablo predica su famoso discurso en el Areópago o «Colina de Marte». En lugar de enredarse en discusiones teológicas por minucias, Pablo declara que es de conocimiento común que hay un Dios Creador, que tiene autoridad sobre hombres y mujeres. Pero, ¿quién es este Dios? ¿Y cómo se le puede conocer? Pablo ha notado que en la ciudad hay un altar dedicado a «un Dios desconocido» y declara que eso que los atenienses adoran como algo desconocido es lo que él proclama como alguien a quien se puede conocer. Colocando de esta forma el cimiento para el evangelio, presenta el mensaje cristiano básico de la necesidad de arrepentimiento. La recepción que se le da a su charla no es en particular entusiasta. Con todo, el evangelio ahora ya ha sido proclamado en Atenas. 18:1-28 En Corinto. No hay ninguna carta de Pablo a los atenienses. Parece que ninguna iglesia se inició en esa ciudad; pero en el puerto de Corinto, más al sur, Pablo encuentra unos escuchas mucho más simpatizantes (18:1-28). En ese tiempo Corinto era un enorme puerto marítimo, con muchas puertas abiertas para la evangelización dentro de la comunidad judía local, así como también dentro de la mucho más numerosa población gentil. Pablo se quedó allí por dieciocho meses. Es evidente que este fue un tiempo importante. Estimulado por los informes del crecimiento de la iglesia en la región de Macedonia, Pablo escribió sus dos cartas a los creyentes tesalonicenses. Ayudado por Priscila y Aquila la iglesia creció considerablemente, atrayendo a los convertidos tanto judíos como gentiles. É

19:1-41 Pablo en Éfeso. No obstante, Pablo ardía en deseos de avanzar. En algún punto en el 53 d.C. Pablo sale en su tercer viajo misionero (18:2321:17). La conversión de Apolos, judío de la ciudad egipcia de Alejandría, condujo a una actividad evangelizadora renovada en otras partes de la región. Sin embargo, Apolos parece haber dejado fuera varios aspectos del evangelio. En tanto que su predicación persuade a muchos de que Jesús es el Cristo, parece no hacer mención del don del Espíritu Santo. Por ejemplo, parece que el bautismo se entendía como poco más que una muestra externa de limpieza, sin ninguna comprensión real de renovación espiritual. Sin embargo, una vez que este malentendido se aclaró, Apolos puede realizar su amplio ministerio evangelizador en Corinto. Pablo, no obstante, ahora está dedicado a la evangelización en la ciudad de Éfeso. La ciudad es una fortaleza de superstición pagana centrada en la diosa Diana. Esté culto recibe el respaldo de muchos comerciantes locales, que se aprovechan de eso para ganarse la vida. Pero debido al ministerio de Pablo la ciudad sé vuelve una fortaleza de la iglesia cristiana (19:8-20). Aunque tal cosa no tiene lugar sin dificultades. Un platero local se las arregla para provocar un motín que al final un funcionario local logra aplacar con alguna diplomacia (19:23-41). 20:1-21:16 La iglesia de Jerusalén. La atención de Pablo ahora pasa a la iglesia de Jerusalén, cuya obra él desea respaldar. Viajando por tierra Pablo se dispone a viajar a Jerusalén, con el objeto de recoger dinero para sostener la obra de la iglesia en esa ciudad (20:1-16). En la ciudad de Mileto, cerca de Éfeso, Pablo reúne a los miembros de la iglesia de Éfeso a fin de despedirse de ellos (20:17-38). Mientras viaja a Jerusalén parece darse cuenta de las dificultades que le esperan allí. Una serie de advertencias recibidas en el camino señalan que le espera una gran hostilidad por delante (21:1-16). Sin embargo, a su llegada a la ciudad los creyentes de la misma lo reciben calurosamente (21:17-26). Los dirigentes creyentes locales le aconsejan que muestre respeto por las leyes judías, y que evite ofender. Como es evidente por medio de sus acciones, Pablo decide acatar ese consejo. Pero no resulta. Casi de inmediato Pablo es blanco del odio de algunos fanáticos judíos locales. En una escena que a veces se parece a los relatos que dan los Evangelios del arresto y juicio de Jesús, las multitudes se desenfrenan. El comandante romano local ordena que arresten a Pablo (21:27-36). El intento de Pablo de defenderse ante sus acusadores judíos, usando el arameo, solo los enfurece más (21:37-22:21). En esta defensa Pablo da un relato de sus credenciales judías, y cuenta cómo tuvo lugar su conversión. Las cosas parecen marchar bien hasta que Pablo habla de su

misión de llevar las buenas nuevas a los gentiles (22:21). En este punto, la multitud pierde los estribos. Su esfuerzo de defenderse ante el Sanedrín expone la división entre fariseos y saduceos con relación la resurrección, y esto de nuevo produce un motín. 22:22-24:1 Pablo preso. A fin de protegerlo, ponen a Pablo bajo arresto, y lo envían bajo escolta a la sede del procurador romano de Judea que estaba en Cesárea (22:22-23:33). Pablo pasará dos años —del 56 al 58 d.C.— preso en Cesárea. La duración de este encarcelamiento refleja el derrocamiento del procurador Antonio Félix debido a que se le acusó de crueldad contra los rebeldes judíos, y su reemplazo a larga por Porcio Festo. 24:1-27 El juicio ante Félix. En un inicio se juzga a Pablo ante Félix. Este juicio no logra resolver nada. El relato de los procedimientos nos da una tercera versión de la conversión de Pablo, y también indica que no hay hostilidad en particular de parte de este importante ciudadano romano hacia el cristianismo. Está claro que Félix se preocupa por el impacto del cristianismo en la región altamente volátil que es responsabilidad suya administrar. Sin embargo, el mismo no tiene conflicto con ninguna de sus ideas básicas. Este punto habría sido importante para los lectores de Lucas, muchos de los cuales es probable que hayan sido romanos... tal vez incluyendo al mismo «Teófilo». 25:1-12 El juicio ante Festo. Parece que el juicio entró en un receso como resultado del destronamiento de Félix. Después de dos años lo reemplaza Festo (24:27) y el juicio puede volver a empezar. Es evidente que los dirigentes judíos consideran a Pablo como una amenaza seria, y desean llevar a cabo el caso contra él de la forma más contundente y rápida que sea posible (25:1-12). No obstante, Pablo puede más que sus adversarios. Sabiendo que ellos desean juzgarlo ante una corte religiosa judía en Jerusalén, él enfatiza que no es culpable de ningún crimen a la vista de Roma, de nuevo un punto importante para los lectores romanos de Lucas. Pablo reclama su derecho a ser juzgado en una corte romana, ante el emperador o su representante, un privilegio al que tenía derecho todo ciudadano romano. 25:13-26:32 El rey Agripa. Sin estar seguro de cómo proceder, Festo consulta con Herodes Agripa II (al que se le menciona como «rey» aquí, pero que en realidad no era más que una figura decorativa), que se hallaba en una visita de buena voluntad a la región (25:13-27). Agripa se interesa por oír al mismo Pablo, y le da audiencia (26:1-32). De nuevo Pablo relata cómo se convirtió, lo que hace que Agripa medite en si él mismo debería convertirse. Puesto que está claro que no hay nada en lo que Pablo dice que

equivalga a traición, Agripa favorece la idea de ponerlo en libertad, pero Pablo ha exigido ser juzgado en Roma. El asunto ahora está fuera de las manos de ellos, y él tiene que viajar a Roma. Otra vez hay que apreciar el impacto de este suceso en los lectores romanos de Lucas. La transferencia de Pablo a Roma es en realidad el resultado de un tecnicismo antes que de alguna culpa probada de parte suya. 27:1-28:10 Pablo viaja a Roma. Así Pablo se embarca hacia Roma en algún punto a fines del año 58 d.C. (27:1-28:10). Es evidente que Lucas está presente en este viaje; nótese el uso constante del pronombre «nosotros». Él es un historiador honrado, y les permite a sus lectores entender cuáles partes de Hechos se deben a sus propios informes de testigo ocular y cuáles a los informes de otros. El relato del viaje, con sus muchos peligros que culminan en el naufragio en Malta, es una obra maestra de la narración, en la cual un detalle minucioso tras otro se entreteje en el mosaico del relato. Después de verse obligados a pasar el invierno en la isla de Malta, con el tiempo llegan a Poteoli, en la bahía de Nápoles, durante la primavera del año siguiente. Allí los reciben los miembros de las iglesias locales, que evidentemente han estado esperando saludar a este famoso dirigente cristiano de la región oriental del imperio romano. Conforme se acercan a Roma misma, se les unen más creyentes de la gran ciudad, que habían viajado para recibirlo. 28:11-16 Llegada a Roma. No hay que subestimar la importancia simbólica de este punto. Pablo ya había escrito su gran carta a los creyentes de Roma, tal vez a principios del año 57 d.C., y por consiguiente sería conocido en las iglesias de la región. El evangelio ya ha echado raíces firmes en la «ciudad eterna», y la compasión y el cariño que le muestran a Pablo sus hermanos creyentes es un testimonio importante de la influencia creciente del evangelio en la región. 28:17-31 Pablo predica el evangelio bajo guardia. Aunque bajo restricciones, Pablo puede vivir una vida relativamente libre en la ciudad mientras espera su juicio. De la manera típica paulina el apóstol empieza un ministerio evangelizador a sus principales críticos: los judíos (28:17-28). En su discurso Pablo recalca que la venida de Jesús representa el cumplimiento de la ley y los profetas, de manera muy similar a como la negativa del judaísmo oficial de responder al Mesías en su llegada fue el cumplimiento de las predicciones bíblicas acerca de la dureza de corazón y la rebeldía de Israel. Por esta razón, Pablo ha llegado a ser apóstol a los gentiles, que están preparados para escuchar.

Luego, de forma repentina, el relato termina. Lucas afirma que Pablo es libre de moverse y hablar, y que ejerce un ministerio evangelizador exitoso por dos años (28:30-31). Aunque técnicamente está esperando la llegada de las acusaciones de parte de sus acusadores, a modo de poder enfrentar el juicio en Roma, con todo está en libertad de hablar de Cristo. Por lo tanto, ¿qué sucede después? ¿Por qué este fin abrupto de Hechos? Nadie lo sabe. Por algunas de sus cartas sabemos que Pablo esperaba ser puesto en libertad pronto (Fil 2:24; Flm 22), dejando abierta la posibilidad de que después de su tiempo en Roma haya viajado a otras partes, tal vez en un cuarto viaje misionero. Por ejemplo, la carta a los Romanos sugiere una posible visita a España (Ro 15:24, 28). Por cierto, algunos escritos cristianos tempranos fuera del canon del Nuevo Testamento hablan de una tradición que afirma que llegó allá. Si Pablo en efecto fue puesto en libertad en el año 61 ó 62 d.C., no hay razón por la que no podría haber emprendido tal viaje. En verdad, hay referencias en las cartas pastorales (1Ti 1:3; 3:14; 2Ti 4:13, 20; Tit 1:5) que indican viajes a regiones que Lucas no registra que haya visitado en ocasiones previas, como por ejemplo Creta, Nicópolis y Colosas. Todavía más, el historiador antiguo de la iglesia, Eusebio, indica que Pablo fue puesto en libertad después de su primer período de encarcelamiento. Pero no lo sabemos. Hay otra explicación. Durante la persecución de los cristianos en Roma bajo el emperador Nerón, un número de dirigentes creyentes fueron ejecutados como mártires en el 64 d.C. Se cree ampliamente que tanto Pedro como Pablo estuvieron entre ellos. Los lectores romanos de Lucas habrían sabido esto, y se habrían dado cuenta de que Pabló no fue culpable de ningún crimen a los ojos de la ley romana. Había muerto como mártir por una razón, y solo una: su fe.

ROMANOS Es probable que Pablo escribiera su carta a los creyentes de Roma a principios del año 57 d.C., mientras estaba en Corinto durante su tercer viaje misionero. Ningún apóstol jamás había visitado a Roma antes. La carta, por consiguiente, le provee a la iglesia de Roma los elementos básicos de la enseñanza cristiana. Aunque la mayoría de las cartas de Pablo están dirigidas a iglesias que personalmente había establecido y enseñado, la iglesia de Roma nunca había recibido instrucción de nadie de su estatura. Por eso, esta carta es de importancia especial para los cristianos hoy. 1:1-7 Introducción. La carta empieza con una declaración de la autoridad personal de Pablo como apóstol (1:1). El tema de la misma va a ser el evangelio de Jesucristo. De inmediato Pablo recalca que el evangelio fue prometido de antemano en el Antiguo Testamento. Esto no es una novedad, sino un acto de salvación prometido y esperado desde hace mucho tiempo, que lleva a su clímax la gran obra de preparación del Antiguo Testamento (1:2). Este evangelio se centra en las buenas noticias acerca de Jesucristo, Hijo de Dios, cuyas credenciales en cuanto a esto fueron establecidas primero porque fue un descendiente directo de David, y segundo, por su resurrección de los muertos (1:3-4). A Pablo se le ha confiado la tarea de llamar a las personas para que respondan a estas buenas noticias... buenas noticias que explorará en el curso de esta carta. 1:8-15 Pablo anhela visitar Roma. Después de saludar a sus lectores como hermanos en Cristo, Pablo les dice que se regocija en el testimonio de la iglesia de Roma, y les menciona su deseo de visitarlos con el fin poder ser de algún servicio para ellos. Él ha podido servir a las congregaciones de otras partes del mundo. Ahora anhela viajar a la propia Roma y proclamar el evangelio en toda su plenitud en el mismo centro del imperio romano (1:813). Pablo se considera bajo obligación de proclamar estas buenas nuevas a todos, sin importar su nacionalidad o clase social (1:14-15). ROMANOS 1:16-46:39 PRINCIPALES TEMAS DEL EVANGELIO

Luego Pablo le da plena expresión a su gozo en el evangelio. Es difícil no notar el gozo obvio de Pablo (1:16-17). El poder de Dios estaba obrando para la salvación de todo el que cree. Nótese el énfasis en el término «todos». No debe haber ninguna barrera humana interpuesta en el camino del evangelio. Por fe, una justicia que viene de Dios está disponible para todo el que tiene fe. Una justicia que, como Pablo explicará más adelante en su carta, pone al que cree en una relación apropiada con Dios. Pablo ve esta gran afirmación del evangelio como el cumplimiento de la visión del profeta Habacuc (Hab 2:4), en la cual el justo vivirá por la fe en Dios. 1:18-32 La ira de Dios contra la humanidad. Para comprender la plena importancia de esta revelación de la justicia de Dios, Pablo analiza la situación de pecado en que la humanidad se halla (1:18-32). La gloria de Dios se ha dado a conocer a todos mediante su maravillosa obra de creación. Sin embargo, la humanidad no solo ha ignorado a Dios, sino que de forma deliberada ha escogido rebelarse contra él. En lugar de adorar al mismo Creador, ha adorado aspectos de su creación. La humanidad se ha alejado radical y totalmente de lo que Dios propuso. Incluso los que piensan que están por encima de tales cosas están en realidad contaminados por ellas. Simplemente no se han dado cuenta de la manera tan profunda en que sus juicios y motivos están afecta dos por el pecado. Todos, sin importar si son judíos o gentiles, están lejos de la gloria de Dios (2:1-11). 2:1-29 El justo juicio de Dios. Pablo recalca un tema en particular en este punto. Está claro que se preocupa por contrarrestar la idea que parece haber ganado influencia por lo menos entre algunos judíos: la idea de que la ley mosaica era una especie de carta constitutiva de privilegio nacional, que eximía a Israel del juicio de Dios. Los gentiles serían condenados por Dios debido a su pecado, pero ya que Israel poseía la ley mosaica, era inmune a tal juicio. Pablo descarta este tipo de argumento. Si acaso, el juicio de Dios se dirigiría contra los judíos primero, precisamente porque ellos conocían la ley. La circuncisión no asegura la aceptación por Dios. Esta es meramente una señal externa. Lo que en verdad importa es la realidad interna de la fe y la confianza en Dios, algo que se exige de los judíos y los gentiles por igual (2:12-29). 3:1-20 Nadie es justo. Esto no quiere decir que ser judío no tenga sus cosas buenas (3:1-8). Lo que sí quiere decir es que el judío no tiene un acceso privilegiado a Dios. Todos, ya sean judíos o gentiles, son pecadores. Todos, ya sean judíos o gentiles, necesitan el perdón de Dios. Pablo compila una variedad impresionante de citas bíblicas para destacar el hecho de que la humanidad está por completo contaminada por el pecado (3:9-20). La ley mosaica es impotente para librar del pecado. Aunque puede identificar al

pecado y despertar la conciencia humana al hecho de ser pecadores, no puede hacer nada con respecto a lo que revela. La ley es, de este modo, como un médico que ha diagnosticado una enfermedad fatal, pero que no puede remediarla de ninguna manera. A lo sumo destruye toda ilusión que podamos tener, pero no puede mejorar las cosas. 3:21-31 Justicia por fe. Hasta ahora. Todo esto ha cambiado con la venida de Jesucristo. La ley y los profetas apuntaban a este gran suceso, en el que la justicia de Dios se daría a conocer fuera de los límites de la ley mosaica. Así como todos han pecado, así todos serán libremente justificados por la gracia de Dios. Por fe en Jesucristo todos pueden participar de esta justicia. Jesús fue presentado por Dios como un «sacrificio de expiación» (expresión también traducida como «propiciación»). En otras palabras, la muerte de Cristo es el único y solo medio por el que el pecado de la humanidad puede ser limpiado y perdonado. Y así como todos han pecado, de la misma forma todos pueden beneficiarse de la muerte de Cristo. 4:1-25 Abraham justificado por fe. Pablo entonces demuestra que el mismo Abraham fue «justificado» (es decir, colocado en una relación correcta con Dios) por su fe. El gran patriarca no mantuvo la relación correcta con Dios por medio de la circuncisión. Eso vino después. Esa relación con Dios fue establecida mediante la fe de Abraham en la promesa de Dios para él (Gn 15:6). La circuncisión fue simplemente la señal externa de esa fe. No estableció esa fe, sino que confirmó algo que ya estaba allí. La gran promesa de Dios a Abraham fue hecha antes de la circuncisión o la promulgación de la ley mosaica. Así, todos los que participan de la fe de Abraham son hijos de Abraham. Es posible que los gentiles participen de la fe de Abraham en las promesas de Dios, y de todos los beneficios que resultan de esta fe, sin necesidad de la circuncisión o de estar atados a los detalles minuciosos de la ley mosaica. Es la muerte de Cristo y su resurrección, y no la observancia externa de la ley mosaica, lo que constituye la base suprema de la relación con Dios. 5:1-11 Paz y gozo. Por consiguiente, afirma Pablo, los creyentes pueden regocijarse en el conocimiento de que han sido justificados por la fe (5:1-5). Por fe en Dios los creyentes tienen acceso a su presencia, y a la esperanza, paz y amor que vienen solo por la obra salvadora de Cristo en la cruz. Aunque los pecadores eran impotentes para hacer algo con relación a su situación, Dios en su gracia escogió intervenir en el momento preciso. Pablo se regocija en el asombroso amor de Dios por los pecadores. Tal vez podamos entender por qué alguien pudiera querer dar su vida por una persona muy buena. ¡Sin embargo, el amor de Dios se muestra al dar Cristo

su vida por los pecadores! Por medio de su muerte, ahora tenemos reconciliación con Dios (5:6-11). 5:12-21 Muerte por Adán, vida por Cristo. Al haber utilizado a Abraham como ejemplo de fe, Pablo ahora explora la relación entre Cristo y Adán (5:12-21). En esta útil comparación podemos ver la manera en que Dios escogió revertir la obra de Adán por medio de la obra de Cristo. La desobediencia de Adán llevó al pecado, la condenación y la muerte. Pero la obediencia de Cristo condujo al perdón, la justificación y la vida eterna. Así como toda la humanidad participa en el estado de pecado que resultó de la caída de Adán, de igual forma todos los que ponen su fe en Cristo participarán del gozo glorioso de la gracia y la paz que resultan de la obediencia de Cristo a la voluntad de su Padre. 6:1-14 Muerto al pecado, vivo en Cristo. Como resultado, los creyentes han muerto al pecado y resucitado a una nueva vida en Cristo (6:1-7). Este cambio, que se simboliza en el bautismo, no quiere decir que la resurrección ya haya tenido lugar. Más bien, significa que el creyente ha «muerto al pecado», es decir, que el poder del pecado sobre el creyente ha quedado roto, con el resultado de que este ahora puede experimentar una nueva vida de fe en la cual es Cristo, antes que el pecado, quien reina. Así como Cristo fue crucificado, así la vieja naturaleza del creyente, junto con su esclavitud al pecado, ha muerto, a fin de que una nueva naturaleza pueda nacer. Pablo les asegura de este modo a los creyentes que pueden considerarse «muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús» (6:8-14). Ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia. 6:15-7:25 Esclavos de la justicia; lucha con el pecado. Ha ocurrido así un cambio de lealtad por medio de la fe (6:15-23). Debido a la fe los creyentes ya no son «esclavos al pecado» sino son «esclavos de Dios». En lugar de ser leales al pecado, lo que conduce solo a la recompensa de la muerte, los creyentes deben su lealtad a Dios, que ofrece la dádiva de la vida eterna en Cristo. Los creyentes han muerto a la autoridad de la ley debido a su fe (7:16). Como resultado, son libres de su poder para condenar, para que puedan descubrir la gracia que se ofrece por el evangelio. No hay nada de malo con la ley. Ella no hace pecar. Simplemente expone la realidad y poder del pecado, y previene que la gente caiga en una falsa seguridad con respecto a su propia situación y capacidades (7:7-12). Pablo trata entonces el problema del pecado (7:13-25). Este pasaje es difícil de interpretar, puesto que no está claro si Pablo se refiere aquí a su vida como judío piadoso antes de su conversión, o a su vida como cristiano después de su conversión. Su referencia a estar «vendido como esclavo al

pecado» (7:14) por cierto sugiere que está refiriéndose a su vida antes de ser cristiano. Sin embargó, el uso del tiempo presente en toda esta sección sugiere que Pablo se refiere a algo que todavía era aplicable cuando estaba escribiendo. El debate es muy complejo y no se puede resolver con facilidad. Sea cual sea la respuesta a esta pregunta, es evidente que Pablo destaca el poder del pecado y la total impotencia de la naturaleza humana para librarse de su garra. Incluso si las personas quisieran librarse de este, hallarían que sus buenas intenciones quedan frustradas por el pecado (7:1723). Así que, ¿qué se puede hacer al respecto? Si tuviéramos que descansar en nuestros propios medios, la respuesta sería sencilla: nada. Sin embargo, como declara Pablo, no se nos ha dejado abandonados a nuestros propios medios. ¿Quién nos rescatará? ¡Dios lo hará! Por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo el poderoso dominio del pecado ha quedado roto. 8:1-17 Vida por el Espíritu. Como resultado, las alegrías de la vida cristiana están disponibles para los creyentes. Ya no hay condenación para los que creen. Han sido hechos libres por Cristo. Lo que la ley nunca pudo hacer, Dios lo hizo al enviar a Cristo para que muriera por los pecadores. Como resultado, los creyentes son «hijos de Dios», un hecho que está cimentado de forma objetiva en Cristo, y que es confirmado por el testimonio interno del Espíritu Santo (8:1-17). Por fe han sido adoptados en la familia de Dios, y como resultado de esto, ahora participan de los plenos derechos de herencia del Hijo de Dios, Jesucristo. Los creyentes son de este modo «herederos de Dios y co-herederos con Cristo». Esto les da esperanza, porque afirma que participarán en todo lo que él ya ha recibido: sea sufrimiento o gloria. 8:18-39 Gloria futura; más que vencedores. Y esta gloria vale la espera y el sufrimiento (8:18-27). Pablo asemeja la vida de fe a una mujer que está a punto de dar a luz. Ella siente dolor, pero sabe que resultará una nueva vida. Todo el sufrimiento y el dolor de la vida presente se verán en su perspectiva apropiada una vez que los creyentes hayan sido glorificados con Cristo. Ellos pueden descansar seguros de que Dios obra para su bien en todas las cosas (8:28-30), aunque no entiendan plenamente todo lo que está sucediendo. Los creyentes pueden saber que no hay nada en toda la creación o el mundo por venir que pueda separarlos del maravilloso amor de Dios, dado a conocer en Cristo (8:31-39). ROMANOS 9:1-11:36 EL PROBLEMA DEL RECHAZO DE ISRAEL

Después de presentar los principales temas del evangelio, Pablo pasa a tratar con la difícil cuestión que ha mencionado al paso, pero que no ha tratado por completo en lo que ha dicho hasta aquí. ¿Por qué Israel rechazó al Mesías? ¿Y por qué Israel, que es el propio pueblo de Pablo, se halló rechazado por Dios? Esta cuestión preocupa a Pablo en una porción sustancial de la carta (9:1-11:36). Al prepararnos para explorar esta sección de su misiva debemos entender que Pablo no está tratando en específico con la cuestión de la predestinación (la cuestión de que Dios decide la felicidad o la desdicha humana de antemano, desde la eternidad). Esta palabra no se usa ni una sola vez en esta sección. La cuestión clave que Pablo está considerando tiene que ver con el propósito de Dios de levantar a Israel como portador de sus buenas noticias, para luego al parecer rechazarle una vez que el Mesías hubo llegado. ¿Por qué sucedió esto? La respuesta que Pablo da es compleja, y necesita que se le considere con toda atención. También se debe notar la actitud de Pablo: es evidente que está afligido y preocupado por este asunto, y desea profundamente que su propio pueblo sea salvado. Después de todo, han recibido los pactos de Dios y la ley, y el Mesías ha surgido de sus filas (9:1-5). Sin embargo, el hecho de ser un descendiente físico de Abraham no garantiza mantener una relación correcta con Dios (9:6-8). Como Pablo lo dice: «No todos los que descienden de Israel son Israel». No obstante, Dios ha levantado, guiado y preservado a Israel porque intenta usar a la nación como medio de llevar a todas las naciones el conocimiento de sí mismo. Por esto hizo surgir a la nación en primer lugar. Israel es, de principio a fin, una creación y posesión de Dios. Y así como el alfarero tiene el derecho de volver a moldear a su creación para asegurarse de que esta hace lo que él quiere que haga, de la misma forma Dios tiene el derecho de volver a modelar a Israel para asegurarse de que se cumplan los objetivos que se propone (9:19-29). El uso de la imagen del alfarero es significativo (9:21). La misma imagen fue usada por Jeremías (Jer 18:6) para hallarle sentido a la manera en que Dios estaba tratando con Jerusalén en el tiempo de la invasión babilónica. 9:30-10:21 La incredulidad de Israel. Con todo, Israel decidió confiar en su propia justicia basada en la posesión de la ley mosaica (10:1-21). En lugar de someterse a la justicia de Dios, que para Pablo viene por el evangelio, escogió apoyarse en la ley, sin darse cuenta de que Cristo era la meta suprema de esa ley (10:4; la palabra «fin» aquí se entienden mejor como «meta» u «objetivo»). Israel tenía el propósito de proclamar esta justicia de Dios al mundo... y si Israel no la proclamó, ¿cómo iba alguno a oírla? Israel sabía de la venida de Cristo, pero no hizo nada paira darlo a conocer (10:14-

15). Come resultado, estás buenas noticias fueron confiadas a los gentiles, en cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. 11:1-10 El remanente de Israel. Sin embargo, esto no significa que Dios ha rechazado a todos y cada uno de los que componen a Israel (11:1-36). Pablo indica con absoluta claridad que el evangelio se ofrece a los judíos y a los gentiles sin distinción. Los judíos como individuos, así como los gentiles como individuos, pueden tener acceso a Dios por medio de la fe, debido a lo que Cristo ha hecho. Pero ser miembro de Israel en sí mismo no asegura este acceso. Es la fe lo que importa, y no la nacionalidad o la señal externa de la circuncisión. Al desarrollar este punto Pablo se refiere a la idea de un «remanente» dentro de Israel, una idea que se ilustra por los siete mil israelitas del tiempo de Elías que no adoraron a Baal. A pesar del rechazo de Cristo por parte de los dirigentes y las instituciones de Israel, muchos judíos han llegado a la fe en Cristo. Ellos son el nuevo remanente fiel. 11:11-36 El modelo de un olivo. Entonces, ¿cuál es la relación entré el judío y el gentil? Pablo usa el modelo de un olivo, en el cual se han injertado nuevas ramas. El tronco del árbol es Israel, y las ramas injertadas los gentiles. Ellos han sido traídos a Israel debido a su fe. La iglesia es, de este modo, lo que se suponía que debía ser Israel: la comunidad de fieles que, como Abraham, confía en las promesas de Dios y proclama esas noticias al mundo. La iglesia se edifica sobre el cimiento de la obra salvadora de Dios y su revelación en y por medio de la historia de Israel. Sin esa preparación en la historia de Israel, no habría iglesia; así que los gentiles le deben su salvación a la obra de Dios en y por medio del pueblo judío. Dentro de la iglesia no puede haber lugar para el nacionalismo judío ni para la hostilidad gentil hacia los judíos. Sin embargo, la obra de Dios ahora ha llegado mucho más allá de los estrechos confines del judaísmo, qué se había convertido en una religión de privilegio nacional. ROMANOS 12:1-15:14 CONSEJO PRÁCTICO

12:1-21 Sacrificios vivos. Después de abordar esta cuestión teórica, que era una preocupación viva en la iglesia de Roma como en las iglesias de otras partes, Pablo pasa a dar un consejo práctico a sus hermanos creyentes de Roma. A la luz de la muerte al pecado por medio de la fe, les insta a que no se conformen al mundo, sino que sean transformados o renovados (12:1-3). Pablo luego explica las cualidades que espera hallar en particular en los creyentes. Estas incluyen una conciencia de los varios

papeles que desempeñan los cristianos como individuos en la vida de la iglesia (12:4-8), y la demostración del amor en los muchos diferentes aspectos de la vida cristiana (12:9-21). 13:1-14 Sumisión a las autoridades. Un asunto que era en especial importante para la iglesia de Roma era la relación entre los creyentes y el poder secular. ¿Cómo deben los creyentes responder a un gobierno no cristiano? Roma era el centro del imperio, y por consiguiente era natural que los creyentes de la ciudad se enfrentaran con este asunto en la vida cotidiana. El consejo de Pablo sigue siendo de importancia fundamental: los creyentes deben someterse a las autoridades gobernantes, puesto que han sido establecidas por Dios para poner orden en este mundo (13:1-7). No obstante, es evidente que Pablo da por sentado que el gobierno secular permanecerá dentro de su esfera asignada de autoridad. ¿Qué sucede si el gobierno se sale de esa autoridad al rebelarse contra Dios y perseguir a su pueblo? Pablo no trata este asunto. Sin embargo, su línea de pensamiento parecería sugerir que al hacer esto el gobierno habría excedido sus límites, y ya no se podría esperar que los creyentes lo respeten o lo obedezcan, Siguiendo a Jesucristo, Pablo vuelve a afirmar la importancia de la ley, así como su resumen en términos de amar al prójimo como a uno mismo (13:814; véanse también Mt 19:19; Mc 12:31; Lc 10:27). También afirma que la esperanza futura cristiana le da un nuevo significado a la vida en el presente. Los creyentes andan en la oscuridad, pero con el conocimiento seguro de que el día de la salvación está más cerca que cuando creyeron al principio. Esta esperanza les da confianza mientras avanzan en la vida, de fe, sabiendo que el día de la vida eterna se acerca. (Muchas de las parábolas de los Evangelios relativas al tema de vigilar enfatizan un punto similar). 14:1-15:13 Débiles y fuertes. Pablo entonces pasa a tratar sobre el asunto de ofender a otros creyentes, cuya fe puede ser más débil. Esto continúa siendo un asunto importante para muchos cristianos. ¿Qué, pregunta Pablo, se le puede decir a alguien que, por ejemplo, se rehúsa a comer carne? Las líneas básicas de su argumentación se pueden indicar como siguen, y continúan siendo de importancia vital en la vida de la iglesia. Todo alimento es limpio, así que no hay necesidad de que alguien se rehúse a comer carne o beber vino basándose en la fe. Sin embargo, algunos en efecto se niegan a comer o beber tales artículos por razones de conciencia. Así que, ¿por qué destruir la obra de Dios por causa de un asunto tan trivial? Si la fe de alguien es tan débil que piensa que hay necesidad para tales escrúpulos, aquellos

cuya fe es fuerte deben respetar las nociones de los que tienen una fe más débil. Los que son fuertes en su fe deben soportar los defectos de los que son débiles. Como resultado, los creyentes deben aprender a aceptarse y respetarse unos a otros, a fin de que la obra de Dios pueda avanzar. 15:14-16:27 Conclusión. La carta llega entonces a su fin. Pablo expresa su propia comprensión de su misión especial a los gentiles (15:14-22), así como los resultados de su ministerio en la región oriental del Mediterráneo. Declara su esperanza de poder visitar la iglesia de Roma a fin de tener compañerismo con ellos (15:23-33). Luego elogia a los muchos creyentes que conoce (16:1-23). Lo que es en especial notable en esta lista impresionante de individuos es cuántos son mujeres. A una de ellas (Junias, 16:7) incluso se la describe como apóstol, lo que sugiere que se le reconocía como predicadora del evangelio en la región. La carta termina con una doxología o exclamación de alabanza, en la cual Pablo da gracias a Dios por revelar su evangelio a todas las naciones (16:25-27).

1 CORINTIOS Corinto era una de las ciudades principales de Grecia, y a menudo se calcula que tenía una población de más de quinientos mil habitantes. Era un puerto y centro comercial importante, y Pablo evangelizó allí durante su tercer viaje misionero. La carta fue escrita desde la ciudad de Éfeso, en Asia Menor, y tal vez su fecha fuera de algún momento antes de la fiesta de Pentecostés del año 55 d.C. Estuvo motivada por varios factores, incluyendo una visita de algunos miembros prominentes de la iglesia de los corintios y una carta que trajeron otros visitantes de Corinto que pedía dirección en varios puntos. La carta resultante de Pablo es en esencia pastoral en su orientación, aunque incluye una defensa vigorosa de algunos de los temas centrales del evangelio. 1:1-9 Saludos y acción de gracias. La carta empieza con los saludos que Pablo envía a sus hermanos y hermanas creyentes en Corinto (1:1-3), seguida por una fuerte declaración de la esperanza cristiana de la resurrección, basada en la total fidelidad de Dios (1:4-9). Aquí, como en otras partes, se nos recuerda que la fe de los creyentes está firmemente cimentada en una relación con un Dios digno de confianza y fiel. 1:10-17 Divisiones en la iglesia. De inmediato Pablo procede a señalar una de sus principales causas de preocupación: las divisiones que están surgiendo en Corinto. Los griegos eran notorios por formar facciones. Si bien esto hacía que la política griega fuera mucho más interesante de lo que pudiera haber sido de otra manera, era potencialmente desastroso en el caso de la iglesia. Las facciones parecen girar en torno a las personalidades. Pablo aquí destaca a tres: él mismo, Apolos (véase Hch 18:24-28) y Cefas (otro nombre para Pedro, y posiblemente como una referencia a los creyentes que ponían un énfasis particular en su herencia judía). Pablo, como uno de los individuos alrededor de los cuales gira este culto a la personalidad, está muy enojado. El evangelio de Cristo no debe ser dividido por sus agentes humanos. Hay un peligro real de que la cruz de Cristo sea despojada de su poder como resultado.

1:18-2:16 Cristo, la sabiduría y el poder de Dios. Este pensamiento lleva a Pablo directamente a una consideración principal del lugar de la cruz en la vida cristiana (1:18-2:5). Pablo destaca cómo la cruz presenta un desafío a las ideas humanas acerca de la sabiduría y el poder. Los judíos insistían en buscar señales de algún tipo, y los griegos exigían sabiduría. Pero a fin de cuentas, ni unos ni otros encontraron lo que buscaban. Para Pablo el cristianismo es por completo un asunto acerca de «Cristo crucificado»; frase que bien puede significar «la persona crucificada de Jesucristo» o «un Mesías crucificado». La segunda interpretación de la frase es bastante probable, puesto que representa una contradicción total de la creencia judía de que el Mesías sería una figura de triunfo, lo cual la cruz contradijo por completo. Para Pablo las normas humanas de sabiduría —tales como las asociadas con los griegos—- fueron trastornadas por la cruz. Los creyentes no necesitan preocuparse de ser, según las normas del mundo, débiles o necios. Son necios o débiles solo cuando los juzga el mundo. A la luz de la cruz son fuertes y sabios. Dios ha escogido de forma activa lo que es débil y humilde a la vista del mundo, a fin de mostrar la total necedad de las normas mundanas. Pablo también recalca el punto importante de que el evangelio no descansa en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios. Esto quiere decir que la resistencia y la fortaleza del evangelio no descansa en la elocuencia de sus predicadores, sino en el poder de Dios que sostiene y sustenta tanto al evangelio como a los que lo proclaman (2:1-5). Al final, la verdadera sabiduría viene solo de Dios por medio del Espíritu Santo. La sabiduría es algo que Dios revela antes que una cosa que los seres humanos pueden esperar hallar por sí mismos (2:6-16). Este énfasis en la importancia del Espíritu Santo aparecerá muchas veces en esta carta, y es de suprema importancia para Pablo. No obstante, la exposición adicional del papel del Espíritu Santo tendrá que esperar hasta más adelante en la carta. Pablo ahora vuelve a las divisiones que habían surgido dentro de iglesia de Corinto. 3:1-4:21 En cuanto a las divisiones en la iglesia. Uno de los problemas que enfrentaba la iglesia de Corinto era su inmadurez espiritual. Era una iglesia joven, tal vez con apenas unos pocos años de existencia. Como resultado, Pablo pudo ofrecerles algunos de los elementos básicos cristianos en lugar de una plena exposición del evangelio (3:1-2). Tal como un niño recién nacido no puede recibir alimento sólido, y depende solo de la leche, así Pablo halló que solo podía ofrecerles a los corintios leche en vez alimento sólido. Ellos no eran lo suficientemente maduros como para recibir

algo más. Esta inmadurez se refleja en las disputas y actitudes mundanas que tenían lugar dentro de la iglesia. Las facciones son simplemente la transferencia de los conflictos del mundo a la iglesia (3:3-4). No obstante, ¿por qué se estaba permitiendo que esto sucediera? Pablo y Apolos, dos centros de tales cultos a la personalidad, habían tenido diferentes papeles en el establecimiento de la iglesia en Corinto. Al inicio la imagen es de semillas que crecen. Pablo dio inicio a las cosas (Hch 18:411); Apolos les dio seguimiento (Hch 18:24-28). Sin embargo, ambos estaban participando en la misma tarea general. Dios es el que en realidad importa. Ellos simplemente estaban trabajando en el trasfondo (3:5-9). ¿Por qué entonces los corintios no se daban cuenta de esto? La ilustración ahora pasa de las semillas a las casas. La vida cristiana en última instancia se fundamenta en Cristo mismo. Cristo es el único cimiento en el cual se puede edificar la vida de fe (3:10-15). Continuando con este tema de los creyentes como «edificios», Pablo afirma que los creyentes son templos de Dios, y que el Espíritu Santo mora dentro de cada uno de ellos (3:16-23). Uno de los muchos puntos importantes que destaca esta comparación es que la relación con Dios establecida por la conversión cambia a las personas. No se trata solo de algo externo, sino de una relación transformadora en la que Dios viene a morar dentro de los suyos. Pablo luego pasa a reprocharle de forma gentil a la iglesia de Corinto por no haber respondido completa y fielmente al evangelio que les había sido confiado (4:1-21). Él no tiene intención de humillar a sus hermanos y hermanas corintios. No obstante, piensa que debe de alguna manera llamar la atención de ellos sobre estos asuntos. Los corintios no aprendieron de él a comportarse de esta manera. En cada caso los problemas que surgieron fueron un resultado directo de la importación de los valores seculares a la iglesia. 5:1-6:20 Inmoralidad sexual. Pablo empieza considerando el crecimiento de la inmoralidad sexual dentro de la iglesia de Corinto (5:1-13). La iglesia había llegado a ser incluso peor que el mundo en algunos aspectos. Pablo indica con claridad que esta clase de conducta no se debe tolerar. En tanto que los creyentes tienen que vivir en el mundo, a pesar de su corrupción, deben hacer todo esfuerzo posible para evitar ser contaminados por aquellos que de modo evidente son inmorales sexualmente. Pablo vuelve a este tema unos pocos párrafos más adelante (6:9-20), en donde identifica la base teológica de esta inmoralidad. Está claro que algunos creyentes corintios piensan que su fe les da libertad de toda obligación moral. En

respuesta, Pabló recalca el punto fundamental de que no son libres por completo. Han sido comprados por un precio, y por consiguiente se requiere que sean obedientes a su Maestro, que no es otro que Dios mismo. 6:1-8 Pleitos judiciales entre creyentes. Pablo entonces se refiere a su decepción por el hecho de que la obsesión secular con los pleitos judiciales se haya infiltrado en la iglesia (6:1-8). ¿No pueden resolver estas cosas por sí mismos, sin pregonar sus diferencias ante los no creyentes? Es evidente que Pablo piensa que esto es un testimonio pésimo ante el mundo. 7:1-40 Matrimonio. Luego surge la cuestión del matrimonio. Pablo parece iniciar esta consideración citando una carta que los corintios le habían escrito. Al parecer él cita la frase: «Bueno le sería al hombre no tocar mujer» (RVR), en lugar de aprobarla. Se sabe que Pablo favorecía de manera firme el matrimonio (véanse Ef 5:23-33; Col 3:18-19); en verdad, en un punto incluso identifica la negativa a casarse con un tipo de herejía (1Ti 4:1-3). La frase, por consiguiente, tal vez debería incluirse entre comillas, junto con otras citas o lemas aceptados en Corinto (tales como 6:12-13). En lo que sigue Pablo ofrece una fuerte defensa tanto del matrimonio como de las relaciones sexuales plenas dentro del mismo. El matrimonio no es un pecado, y nadie debería desalentar que este se lleve a cabo. Cada creyente debe resolver según sea mejor para él o ella, a fin de que pueda servir al Señor de todo corazón y de forma tan eficaz como sea posible. 8:1-13 Alimentos sacrificados a los ídolos. Pablo entonces trata de un asunto que presentaba dificultades para muchos creyentes en las ciudades griegas y romanas: ¿Se deberían evitar los alimentos que han sido ofrecidos a los ídolos? Se sabe que por lo menos existían doce templos paganos en ese tiempo, aunque tal vez no todos se usaban para la adoración de esta clase. La respuesta de Pablo es sencilla: No hay problema con el alimento. El problema está en el creyente que tiene una conciencia escrupulosa en cuanto a este asunto. Aunque los creyentes pueden comer tales alimentos sin ansiedad, deben respetar la conciencia de los creyentes más débiles, que hallan esto escandaloso. La fe es un don demasiado precioso como para arriesgarse a comprometerlo de esta manera. Aunque no hay nada de malo con comer tales alimentos, no se deberían comer si al hacerlo se ofende a otro creyente. 9:1-11:13 Confianza en la vida cristiana; la Cena del Señor. Después de hablar de los derechos y las responsabilidades del apostolado, Pablo pasa al tema de la confianza en la vida cristiana (10:1-11:1). Advierte que no hay campo para la complacencia de ningún tipo. Israel se volvió complaciente durante el período del peregrinaje en el desierto... y miren lo que les pasó

como resultado. La gracia de Dios es algo que nunca se debe dar por garantizado. Tampoco debe imponerse. Sin embargo, Pablo añade a esta advertencia una promesa: aunque Dios derribará el orgullo humano, lo hará de una manera que tendrá en cuenta cuánto cada creyente puede aguantar, y permitirá una salida para los que la necesitan (10:11-13). Pablo se preocupa en particular por los excesos en la Cena del Señor (10:14-22) y los abusos de la libertad cristiana (10:23-11:1). En respuesta a esto último, recalca la importancia de la responsabilidad hacia otros. La vida cristiana es corporativa, y esto quiere decir que los creyentes como individuos deben prestar atención a los escrúpulos y preocupaciones de otros; un principio que ya ha indicado con claridad al tratar con el asunto de la carne ofrecida a los ídolos. 11:2-16 Lo apropiado en la adoración. Después de mencionar la Cena del Señor, Pablo pasa a tratar el tema de la adoración en general. Esta sección presenta varios problemas a los lectores, los cuales se deben destacar. Primero, Pablo indica que las mujeres deben cubrir sus cabezas durante el culto público (11:2-16). La pregunta principal que surge aquí es esta: ¿Está Pablo estableciendo una regulación local para la iglesia de Corinto alrededor del 55 d.C., o una regulación permanente para toda la iglesia cristiana de todo tiempo y lugar? La mayoría de los intérpretes opinan que en este pasaje Pablo está estableciendo una regla local, en respuesta a circunstancias específicas. De modo similar, las estipulaciones de Pablo en cuanto al largo del cabello se deben considerar como una respuesta a los factores locales de Corinto, reflejando tal vez el hecho de que el pelo largo en el hombre y el pelo corto en una mujer se consideraban como señales de homosexualidad... algo que Pablo no toleraba dentro de su iglesia. En esto, Pablo declara que simplemente está siguiendo la práctica común. 11:17-34 La Cena del Señor. Pablo da luego una explicación adicional con respecto a la Cena del Señor. Preocupado porque a esta comida se le está tratando con irrespetuosidad, Pablo explica por qué fue instituida en un inicio. Él quiere trasmitir lo que ha recibido (11:23), usando un vocabulario que implica de forma evidente que está transmitiendo una práctica o creencia solemne e inalterable, que se remonta al mismo Señor Jesucristo. Las palabras que Pablo cita llevan una fuerte similitud a las usadas por Jesucristo mismo en la última Cena (véase Lc 22:17-20). Comer el pan y beber la copa son acciones recordatorias de la muerte salvadora de Cristo, y no se deben tomar a la ligera. En particular, es necesario que los creyentes se examinen a sí mismos para asegurarse de que no se ponen bajo juicio.

12:1-11 Dones espirituales. Pablo ahora pasa a hablar de los aspectos carismáticos del culto, tratando en específico el papel del Espíritu Santo. El don del Espíritu Santo es dado para el bien y la edificación de la iglesia como un todo. El Espíritu obra de muchas maneras, dependiendo del individuo en cuestión. Cada una de estas maneras es igualmente válida. Lo importante es que toda «manifestación especial del Espíritu» conduzca al bien común, y no a la gratificación individual. 12:12-31 Un cuerpo, muchas partes. Pablo recalca este punto mediante la analogía de la iglesia como un cuerpo. Tal como el cuerpo humano tiene muchas partes, cada una con diferentes funciones, así la iglesia tiene muchos miembros, cada uno con papeles diferentes que desempeñar. Todos son necesarios. Su interdependencia es considerable, con el resultado de que cuando un miembro sufre, todos sufren. No hay lugar para la arrogancia en el cuerpo, ni tampoco ningún miembro puede declarar que los otros no son necesarios. Al haber establecido este punto en general, Pablo pasa a la cuestión específica de las «manifestaciones del Espíritu». A algunos les es dado el don espiritual (o «don del Espíritu», pues el griego se puede traducir de ambas maneras) de la profecía, a otros el de la enseñanza, a otros más el de ser apóstol, y así sucesivamente. Todos son necesarios para el bien de la iglesia. No todos hablan lenguas, pero, ¿y qué? El punto importante es que algunos lo hacen, y así contribuyen a la vida de la iglesia como un todo. Pablo coloca así el cimiento para una teología que reconoce la gran diversidad de los dones del Espíritu, sin declarar que alguno de ellos sea de suprema importancia o que se le pueda descartar como siendo innecesario. 13:1-13 Amor. Sin embargo, Pablo llama la atención a un aspecto de la obra del Espíritu que él considera de importancia vital para la vida de la iglesia: el amor. El apóstol selecciona cuatro dones espirituales (13:1-3), y recalca el punto de que ninguno de ellos tiene ningún valor real a menos que vaya acompañado por el amor: No obstante, no se debe pensar que el amor es un don del Espíritu. Más exactamente es un fruto del Espíritu (Gá 5:22); algo que es resultado natural de la presencia del Espíritu en la vida del creyente. No a todos les es dado el don de hablar en lenguas, pero todos deben mostrar el fruto del amor. La necesidad de algunos de los dones del Espíritu pasará, pero el amor permanecerá para siempre. Mucho después de que la profecía haya cesado y la gente haya dejado de hablar lenguas, el amor continuará siendo de importancia vital para la iglesia. 14:1-40 Dones de profecías y de lenguas y el orden del culto. Después de mostrar la importancia. del amor, Pablo vuelve al tema de los dones del

Espíritu con más detalle (14:1-39). (Él tal vez insinuaba que los corintios tenían muchos dones del Espíritu, pero carecían de amor). En tanto que afirma la importancia de hablar en lenguas y de la profecía, Pablo expresa alguna preocupación en cuanto a la manera en que esto tenía lugar en Corinto. La cuestión del buen orden en el culto público surge como algo de importancia principal, y no solo debido a la impresión que hablar en lenguas pudiera producir en los que no son miembros del grupo o en los visitantes. Es necesario hablar con palabras que se puedan entender. De otra manera, la iglesia no será edificada en la fe. Todo se debe hacer de una manera apropiada y en orden (14:40). Uno de los aspectos de la enseñanza de Pablo con respecto al culto público ha atraído la atención en especial: el requisito de que las mujeres deben guardar silencio en el culto y pedirles en casa a sus esposos que les expliquen las cosas que no entendieron (14:33-40). De nuevo, esto parece ser una regla local que refleja condiciones específicas. Es evidente que la preocupación de Pablo tiene que ver con el orden en el culto, que no debe ser interrumpido por conversaciones dentro de la congregación. Los estudiosos han sugerido que la congregación de Corinto debe haber incluido muchos hombres letrados, pero pocas mujeres educadas. La necesidad de que las mujeres pidan a sus esposos que les expliquen las cosas se debe ver por consiguiente como algo específico para esta congregación, en lugar de como un comentario universal sobre la capacidad de la mujer para entender. 15:1-58 La resurrección de Cristo. No obstante, tales asuntos son puestos en perspectiva cuando Pablo pasa a considerar su mayor preocupación con respecto a Corinto: la negación de la resurrección de Cristo (15:1-58). Usando un lenguaje muy solemne, Pablo declara que la resurrección es un elemento no negociable de la fe cristiana. La afirmación central de la fe cristiana es que Cristo murió por nuestros pecados y luego resucitó (15:1-4). Pabló recalca el punto de que esto fue un acontecimiento público, del cual hubo muchos testigos, algunos de los cuales todavía vivían cuando él estaba escribiendo esto. Incluso él, Pablo, puede testificar de la realidad de la resurrección (15:57). Sin que importe a cuántos de los apóstoles la gente le pregunte, recibirá la misma respuesta: Cristo ha resucitado de entre los muertos. Y los corintios aceptaron eso también en un inicio (15:8-11). Sin embargo, ahora algunos de ellos estaban negando la resurrección de Cristo, ¿Por qué? No se trata solo de que el testimonio del acontecimiento sea altamente confiable, como Pablo acaba de demostrar, sino de que la fe

cristiana no tiene sentido sin la resurrección (15:12-19). La esperanza cristiana completa carecería de todo cimiento. Sin la resurrección no hay esperanza de vida eterna ni perdón de pecados (véase Ro 4:24-25). Una actitud de «comamos y bebamos, que mañana moriremos» sería el único enfoque realista. Pero la realidad es totalmente diferente: Cristo en efecto ha resucitado de entre los muertos. No puede ni tiene que haber duda en cuanto a esto. Y debido a que Cristo ha resucitado, los creyentes también serán resucitados. Pablo usa el término «primicias» (15:20) para referirse a la resurrección de Cristo. En otras palabras, Cristo es el primero en la gran cosecha de la resurrección, que incluirá a todos los creyentes. Al haber defendido con vigor la realidad de la resurrección, Pablo pasa después a considerar la naturaleza del cuerpo resucitado de los creyentes (15:35-58). El punto que Pablo está enfatizando en este difícil pasaje es que hay una conexión directa entre el cuerpo terrenal y el cuerpo resucitado, aunque serán por completo diferentes. La semilla que muere en la tierra da lugar a una planta que no se parece en nada a la semilla; sin embargo, hay una conexión directa entre la simiente y la planta. De la misma manera, la muerte del cuerpo natural dará lugar al cuerpo resucitado, que no necesita parecerse en nada al cuerpo presente. ¡Pero la conexión subsiste! No obstante, esta clase de especulación tiene una importancia limitada para Pablo. Lo que sí posee una importancia vital es que la resurrección de Cristo en efecto tuvo lugar, y que la resurrección de los creyentes en efecto sucederá. La vida cristiana se puede vivir con la seguridad y la esperanza certeras de la resurrección. Los creyentes saben por medio de Jesucristo, Dios les ha dado la victoria sobre el pecado y la muerte... y sabiendo eso pueden servirle con toda su capacidad. 16:1-18 Conclusión. Por último, Pablo pone fin a su carta pidiéndoles a sus lectores que contribuyan para las iglesias de Jerusalén (16:1-4), y haciendo unas pocas peticiones personales con respecto a sus planes misioneros futuros (16:5-18). En el curso de estas peticiones menciona por nombre a los que lo han sostenido y ayudado en sus tareas misioneras. Pablo finalmente envía saludos de parte de las iglesias de la región de Asia (es decir, la región alrededor de Éfeso). Es evidente que muchas de ellas eran iglesias que radicaban en hogares, incluyendo la que se reunía en la casa de Aquila y Priscila (16:19-20). La carta tal vez terminó cuando Pablo añadió unas pocas líneas de su puño y letra. El grueso de la carta debe haber sido escrito por un secretario profesional o escribano. Ahora Pablo añade algunas ideas de su puño y letra (16:21-24). Estas palabras finales miran hacia adelante con anhelo

apasionado a la venida del Señor, mientras encomienda a sus amados hermanos y hermanas al amor y la gracia de su común Salvador y Señor, Jesucristo.

2 CORINTIOS La segunda carta de Pablo a la iglesia de Corinto fue escrita en algún momento a fines de 55 d.C., antes de que él invierno al fin llegara. La carta fue escrita desde Macedonia, la región al norte de la provincia romana de Acaya (en donde se ubicaban tanto Corinto como Atenas). El tono de la carta es sombrío, y es evidente que las cosas no habían mejorado mucha en Corinto desde la primera carta de Pablo unos seis meses antes. Tal vez algunas de las dificultades que se abordan en esa primera carta se habían resuelto. Ahora nuevos problemas habían surgido en su lugar. 1:1-11 El Dios de toda consolación. La carta empieza con saludos a sus lectores (1:1-3), en los que por supuesto Pablo espera incluir a los creyentes de toda la región de Acaya y no solo a los de Corinto. El tema que domina los primeros versículos de la carta es el de la consolación que Dios les ofrece a los creyentes (1:4-7). Términos tales como «compasión» y «consolación» se usan para referirse al profundo sentido de paz que los creyentes pueden experimentar al conocer la presencia consoladora de Dios en medio de su sufrimiento. El mismo Pablo ha estado atravesando un tiempo muy difícil (1:8-11). Aunque no identifica las adversidades que ha atravesado, es evidente que espera que sus lectores hayan oído por lo menos algo al respecto. 1:12-2:17 El cambio de planes de Pablo. Ahora pasa a tratar una acusación inquietante que algunos en Corinto están lanzando contra él: que le falta sinceridad hacia la iglesia de Corinto, debido a que había cancelado los planes de una visita a la ciudad (1:12-2:11). Pablo indica con claridad que solo después de mucho pensarlo canceló la visita. Deseaba evitarle a la iglesia el dolor que tal encuentro podría producir, debido a las críticas que habría estado obligado a hacer. Sin embargo, puesto que la iglesia misma había tomado acción contra los que le criticaban, él considera el incidente concluido. En cualquier caso, está claro que Pablo considera que la mano de Dios había estado en su plan de viajar a Corinto (2:12-17), así como también está consciente de la asistencia de la gracia de Dios en todo momento en su ministerio. Le ha sido dado el privilegio de predicar las buenas de Cristo,

permitiendo que el aroma de Cristo esté presente en medio del hedor de un mundo en putrefacción. 3:1-18 El nuevo pacto. Pablo ahora pasa a hablar del tema del privilegio gozoso de ser un ministro del nuevo pacto (3:1-6). El contraste con el antiguo pacto es evidente en todo punto. Aunque se puede decir que el pacto dado por medio de Moisés refleja los valores de Dios, el nuevo pacto lo supera en todo aspecto. El antiguo pacto no logró establecer una relación correcta entre la humanidad y Dios, en tanto que el nuevo puede hacer precisamente esto (3:7-11). Tal como se colocaba un velo sobre los rollos de la ley en las sinagogas, así la ley ponía un velo entre la gente y Dios. Pero ahora, por medio de Cristo, ese velo ha sido quitado (3:12-18). 4:1-5:10 Tesoros en vasijas de barro. Sin embargo, el tesoro del evangelio ha sido confiado a seres humanos débiles y frágiles. Este es un tema principal en esta carta: la suficiencia de la gracia de Dios para compensar la debilidad de los creyentes. Para Pablo, uno de los grandes gozos del evangelio es que Dios haya escogido dar a conocer las buenas nuevas de la redención en Cristo mediante el ministerio de personas comunes (4:1-18). El tesoro del evangelio ha sido colocado en vasijas de barro. Aunque los creyentes se dan cuenta de su debilidad y están sujetos a toda clase de persecuciones y hostilidades, pueden descansar en la seguridad de que Dios mismo los sostendrá. En todo caso, la mortalidad humana a la larga dará paso a la inmortalidad debido al evangelio de la gracia (5:1-10). La endeble carpa de las vidas humanas dará paso al edificio sólido de los cuerpos resucitados. 5:11-6:13 El ministerio de reconciliación. Al haber explicado la debilidad y mortalidad de los ministros del evangelio, Pablo ahora pasa al evangelio mismo (5:11-21). En un pasaje excelente declara que debido al evangelio los pecadores ahora han llegado a ser una nueva creación mediante su conversión. Algo sucede que los transforma. Y esa transformación tiene su base en Dios mismo, pues «en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo». Como resultado de la obra de Jesucristo nuestro pecado ha sido transferido a él, y su justicia ha sido transferida a nosotros. Y el ministerio de proclamar estas buenas noticias ha sido confiado a los creyentes, que son llamados a ser «embajadores de Cristo» en el mundo. Ellos son «colaboradores de Dios» (6:1-2). Pablo entonces documenta su propia adversidad personal de nuevo (6:3-13). Él ha tenido que sufrir por el evangelio. Otros deben esperar lo mismo. 6:14-7:1 No se unan en yugo con los no creyentes. Un breve pasaje trata luego de algunas preocupaciones prácticas relativas a la conducta cristiana.

Está claro que Pablo se preocupa por el resultado de que los creyentes «se unan en yugo con los no creyentes». Esto se podría entender como una referencia específica a los matrimonios mixtos entre creyentes y no creyentes, que se halla en línea con la crítica profética del matrimonio mixto entre judíos y gentiles. Pero es más probable que Pablo se preocupe por el empleo de paganos dentro de la iglesia, incluso en las funciones de enseñanza. Tal como los profetas del Antiguo Testamento se preocupaban de que las prácticas paganas pudieran contaminar la fe de Israel por medio de los matrimonios mixtos entre judíos y paganos, así Pablo se preocupa de asegurar que la fe cristiana no sea adulterada por el paganismo de la misma manera. 7:2-9:15 La ofrenda para Jerusalén. Es evidente que Pablo se preocupa de que su carta anterior a los corintios pueda haber causado alguna ofensa entre sus lectores. Si ese fue el caso, se entristece por el agravio causado, pero con todo piensa que tenía razón para tratar estos asuntos con ellos. Sin embargo, está claro que Pablo piensa, para su obvio deleite, que las cuestiones que le habían preocupado antes ya están resueltas (7:2-16). Estos asuntos quedaron en el pasado, así que puede presentar de nuevo el asunto de la ofrenda que espera usar para ayudar a sostener a la iglesia madre de Jerusalén. Tal como el Señor Jesucristo se hizo pobre por causa de los creyentes, así los creyentes deben dar para sostener la obra del ministerio en otras partes (8:1-15). Pablo declara su intención de tomar toda precaución para asegurar que el dinero sea administrado de la forma apropiada, y señala que su colega Tito visitará Corinto en persona para supervisar dichos asuntos (8:16-9:5). Pablo también hace referencias a otro «hermano» anónimo (8:22), que bien pudo haber sido Lucas o Bernabé. Al solicitar una ofrenda monetaria, Pablo deja claro su creencia de que los creyentes en todo el mundo deben apoyarse unos a otros de toda manera posible (9:6-15). Aquí se desarrolla el tema de la mayordomía. Aunque la preocupación de Pablo es recoger dinero para una ofrenda para Jerusalén, los principios generales se aplican en toda la vida cristiana. Los dones de Dios no les pertenecen a los que les son dados. Les son encargados, con la expectativa de que los usarán. A fin de que el evangelio avance, una ofrenda y una siembra generosas se requieren de todos. Así como es Dios el que provee la semilla para empezar, los creyentes simplemente están usando los propios dones de Dios en su servicio. Al dar con generosidad de esta manera los creyentes están haciendo dos cosas: supliendo las necesidades del pueblo de Dios, y dándole gracias y gloria a Dios. La implicación de los comentarios de Pablo parece ser que las iglesias de Macedonia, que eran mucho menos acomodadas que las iglesias de Acay a, habían dado

generosamente... así que, ¿por qué los corintios no deberían ser igual de generosos! 10:1-11:33 Defensa de Pablo sobre su ministerio. El tono de la carta ahora cambia de modo abrupto. Los primeros nueve capítulos son de carácter gentil, tal vez como un reflejo del aprecio creciente de Pablo y su ministerio dentro de la iglesia de Corinto. Pero Pablo todavía tenía sus adversarios, y ahora pasa a confrontarlos a ellos y a las críticas que estos hacen de su ministerio. La primera acusación que confronta es la de que él no es lo suficiente «espiritual» para ser un verdadero apóstol (10:1-6), o que tiene un sentido exagerado de su propia capacidad para hablar (10:7-11). Pablo rechaza tales críticas. Él será juzgado por la eficacia de su ministerio en Corinto y en otras partes, y en toda la extensión en la cual Dios se ha complacido en obrar por medio de él (10:12-18). No hay lugar para la jactancia aquí. Hay, sin embargo, una necesidad real de ser honrado por lo que Dios ha hecho en su ministerio y por medio de él. Pablo luego recalca que ha predicado el evangelio en Corinto sin ningún sostenimiento de ellos. ¿Se habrían persuadido más de sus afirmaciones apostólicas si él hubiera vivido a costa de la generosidad de ellos? Mientras él realizaba su ministerio evangelizador en Corinto fue sostenido por las iglesias de Macedonia. De ninguna manera se le puede acusar de haber explotado a los corintios (11:115). Pablo provee entonces un impresionante catálogo de las adversidades que él había sufrido durante sus viajes misioneros (11:16-33). Al leer esta lista de adversidades nos damos cuenta de lo poco que Lucas nos ha dicho de los sacrificios personales de Pablo por causa del evangelio. El relato que Lucas nos da del ministerio evangelizador de Pablo hace referencia a algunas dificultades, pero no tiene los detalles que Pablo nos brinda. El punto de Pablo en este pasaje es que él ha sufrido grandemente al ejercer su ministerio apostólico. Por lo tanto, ¿por qué se le critica por afirmar ser un apóstol? 12:1-10 La espina de Pablo. Pablo menciona una adversidad en particular: la «espina en el cuerpo». El apóstol indica que hay algunos que tienen algo de lo que pueden jactarse; como alguien que ha tenido una experiencia mística de Dios, siendo arrebatado hasta los cielos. Pero jactarse puede llevar a la arrogancia antes que a la humildad. Pablo destaca la importancia de la humildad en su propia experiencia haciendo una referencia a la «espina». No está claro qué era en realidad esta «espina». La explicación más probable es que se refiera a una enfermedad que Pablo contrajo durante el curso de sus viajes misioneros, la cual limitó severamente sus acciones. La posibilidad más indicada señala que la misma habría sido malaria.

No obstante, es la pertinencia espiritual de la «espina», más que su identidad precisa, lo que en realidad importa. La misma le enseñó a Pablo a descansar en la gracia de Dios en lugar de en su propia fuerza. También destacó que su propia debilidad era más que compensada por la fuerza de Dios. Pablo oyó al Señor decirle estas palabras, que resumen de manera suprema estos puntos: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (12:9). 12:11-13:11 La preocupación de Pablo por los corintios. Como no ha logrado visitar Corinto en el pasado reciente (como hemos visto para irritación de algunos de la iglesia; 1:15-2:1), Pablo ahora afirma su intención de visitar a los corintios por tercera vez (12:14-21). Él mismo se costeará los gastos de su ministerio, y no exigirá nada de la iglesia de Corinto. En un momento de revelación propia, Pablo confiesa su ansiedad con respecto a su visita venidera: puede que tal vez haya cosas en Corinto que le pudieron ocasionar angustia (12:21). Sin embargo, por difícil que fuera el asunto, Pablo está decidido a mantener la disciplina dentro de la iglesia (13:1-10). Los retos a su autoridad apostólica no le impedirán insistir en las responsabilidades morales de los creyentes. Pablo puede vivir con los retos a su propio prestigio personal. No obstante, no tolerará violaciones a la conducta cristiana. 13:11-14 Saludos finales. La carta así llega a su fin con una nota negativa. La necesidad de Pablo de expresar su preocupación por la iglesia de Corinto lleva a que la sección final de esta carta tenga una nota de crítica. Con todo, en su saludo final (13:11-14) Pablo afirma la gracia de Dios. A pesar de todas las debilidades humanas, la gracia de Dios está obrando en las iglesias. Y así Pablo termina con unas palabras que han pasado a formar parte de la fraseología cristiana a través de los siglos, y que se conocen simplemente como «la gracia» (13:14). Al usar estas palabras en sus oraciones los creyentes se recuerdan a sí mismos de su continuidad con la comunidad cristiana inicial de Corinto. Aunque ellos vivieron casi dos mil años antes, tenían el mismo Señor y la misma fe que los creyentes de hoy. Cada vez que usan esta oración, los cristianos afirman que el tiempo y el espacio no son barreras para participar de una fe común en Cristo.

GÁLATAS La carta de Pablo a los gálatas fue escrita en algún momento alrededor del año 53 d.C. No está claro si las iglesias en cuestión se agrupaban en la región norte o central de Galacia, o si estaban ubicadas en las ciudades del sur de Galacia que Pablo había visitado durante su primer viaje misionero, tales como Antioquía de Pisidia, Iconio y Derbe. Otra posibilidad es que la carta fuera escrita poco después del concilio de Jerusalén (Hch 15), que levantó cuestiones muy similares a las que Pablo considera en esta carta. 1:1-2:10 El apostolado de Pablo y el evangelio. La carta empieza con un saludo y una afirmación de la situación de Pablo como apóstol (1:1-2). Su autoridad apostólica no se deriva de alguna agencia humana, sino de una comisión directa del Cristo resucitado; una clara referencia a las circunstancias que rodearon su conversión, a la cual él vuelve al presente. Después de una breve declaración de algunos de los grandes temas del evangelio (1:3-5), incluyendo la salvación del pecado por medio de Cristo, Pablo pasa a la cuestión que le preocupa. Las iglesias de Galacia —iglesias que él mismo había iniciado— están en proceso de abandonar el evangelio. Pablo insiste en que ellos deben ignorar a todo el que predica un evangelio que difiera de el que él les ha entregado (1:6-10). Pablo empieza estableciendo su autoridad como apóstol, proveyendo detalles de su conversión. Él deriva el evangelio de forma directa y personal del Cristo resucitado. No es culpable de repetir alguna tradición puramente humana, ó de inventar un evangelio que satisfaga su propio gusto. Está siendo obediente al mismo Cristo que encontró en el momento de su conversión (1:11-12). Para beneficio de los que no conocen su historia personal, Pablo da un breve relato de su conversión (1:13-24). Esto ofrece un resumen de los acontecimientos que están documentados con más detalle en Hch 9:1-31. El mismo no tiene el propósito de ser exhaustivo, sino simplemente de demostrar que Pablo tiene la autoridad de Cristo para predicar el evangelio en su nombre, y que esta autoridad es reconocida por los otros apóstoles (2:1-10). Ellos reconocen que a Pablo se le ha encargado la tarea de

proclamar el evangelio a los gentiles, tal como Pedro tiene la tarea igual de importante de predicar el evangelio a los judíos. Pablo es así de enfático con respecto tanto a los cimientos divinos de su llamamiento como a su reconocimiento público de parte de los otros apóstoles. 2:11-21 Pablo se opone a Pedro. Sin embargo, admite tener diferencias con Pedro. Pablo aquí nos da una noción importante de la tensión real dentro de la iglesia inicial, que ahora ha hecho sentir su presencia también en Galacia. El desarrollo que a Pablo le preocupa es el surgimiento de un partido judaizante; es decir, un grupo dentro de la iglesia que insiste en que los creyentes gentiles deben obedecer todo aspecto de la ley mosaica, incluyendo la necesidad de ser circuncidados. De acuerdo a Pablo, la fuerza principal detrás de este partido es Jacobo. No el apóstol Jacobo, que murió en el año 44 d.C., sino el hermano de Jesucristo, el cual fue muy influyente en la convocación del concilio de Jerusalén y escribió la carta del Nuevo Testamento que lleva su nombre (Santiago). Para Pablo esta tendencia es altamente peligrosa. Si los creyentes pueden obtener su salvación por la observancia rigurosa de la ley, ¿cuál es el propósito de la muerte de Cristo? Es la fe en Cristo, y no la observancia escrupulosa o religiosa de la ley mosaica, la base de la salvación. Nadie puede ser justificado (es decir, colocado en una relación correcta con Dios) debido a que guarda la ley. La just